Relacion Acerca dce las Antiguedades de los Indios, Fray Ramon Pane
FRAY RAMON PANE
RELACION ACERCA DE LAS ANTIGÜEDADES DE LOS INDIOS (1493-1498)
nueva versión con notas, mapa y apéndices por jóse
juan arrom
3 edición
SIGLO VEINTIUNO 3K1 NUESTRA
COLECCIÓN AMÉRICA NUESTRA ▲ américa
antigua
AMÉRICA NUESTRA es una nueva colección que Siglo XXI proyecta como una expresión coherente del examen de la realidad que nuestros países viven desde siglos: tierra colonizada que no logra liberarse. Queremos difundir, con sistema, textos que exhiban tanto la grandeza de las culturas destruidas por la Conquista como los testimonios de la lucha por la liberación que llega hasta nuestros días y que tiene expresión en la obra y las ideas de los hombres que las orientan.
Nada mejor para definir esa intención que las palabras que escribió José Martí: "... la historia de América, de los incas acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra, nos es más necesaria... Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser de nuestras repúblicas..."
FRAY RAMON PANE:
"RELACION ACERCA
DE LAS ANTIGÜEDADES DE LOS INDIOS":
el primer tratado escrito en américa
nueva versión, con notas, mapa y apéndices
por JOSÉ JUAN ARROM
ÍNDICE
ESTUDIO PRELIMINAR 1
RELACIÓN DE FRAY RAMÓN ACERCA DE LAS
ANTIGÜEDADES DE LOS INDIOS, LAS CUALES, CON DILIGENCIA, COMO HOMBRE QUE SABE
LA LENGUA DE ELLOS, LAS HA RECOGIDO POR MANDATO DEL ALMIRANTE 21
APÉNDICES 83
A. Cristóbal Colón 85
B. Pedro Mártir de Anglería 91
C. Fray Bartolomé de las Casas 102
Registro de vpces
tainas 118
Noticia bibliográfica 122
La Relación acerca de las antigüedades de los indios, del
fraile jerónimo Ramón Pané, marca un hito en la historia cultural de América.
Compuesta en la isla Española en los primeros días de la conquista, es la única
fuente directa que nos queda sobre los mitos y ceremonias de los primitivos
moradores de las Antillas. Si se tiene en cuenta que se terminó de redactar
hacia 1498, su importancia trasciende los límites insulares: resulta, por su
fecha de composición, el primer libro escrito en el Nuevo Mundo en un idioma
europeo. Y como fray Ramón fue también el primer misionero en aprender la
lengua e indagar las creencias de un pueblo indígena, su Relación constituye la piedra angular de los
estudios etnológicos en este hemisferio.[1]
1. La primacía de Pané en estas y otras disciplinas se está reconociendoen círculos cada vez más amplios. A fines del sigIo XIX el Conde de la Viñaza señalaba ya que "Román Pané (sie}••• fue el primer europeo de quien particularmente se sabe que hablo una lengua de América" (Bibliografia española de las lenguas indigenas de America, madrid, 1892, p 10 Madrid, 1892, p. 10). En 1906 Edwatd Gaylor Bourne, profesor de la Universidad de Yale, traduce el texto al inglés y declara que: "[Fray] Ramon's report of his observations and inquiries is not only the first tteatise ever written in the field of American antiquities, but to this day remains our most authentic record of the relision and folklore of the long since extinet tainos" (ColUMBUS, RAmon PANE AND the beginnings of American anlhropology, Worcesrer, 1906, publicado también en Proceedings of the Americann Antiquarian Society, New Series, Worcesrer, Mass., xvn, 1906, 310-384). En 1920 el misionero alemán Robert Streit declara que "el monje jer6nimo bien merece el título de honor de primer etnógrafo de América" ("Fr. Roman Panes O. S. Hier., der eme Ethnograph Amerikas", Zeilschr¡¡t für Missionwissenuha/t, Münster, x, 1920, 192-193). En 1945 Max Henríquez Ureña, perteneciente a una familia de insignes maestros, lo llama "el primer maestro de los indios" (PanorafTUI de la literatura dominicana, Río de janeiro, 1945, p. 11). En 1950 el padre Coastantino Bayle dice que a Pané "cabe la gloria de primer catequista conocido, primer misíonólogo y primer emólogo de América" (Bl clero secular y la evangelización de América, Madrid, 1950, p. 42). Rodolfa Barón Castro, quien ha contribuido considerablemente a difundir la importancia de fray Ram6n más allá de los reducidos círculos de los especialistas, 10 califica como "iniciador de la alfabetizaci6n en el Nuevo Mundo" (Oficina de Educaci6n Iberoamericana, Aspectos de la alfabetización en Iberoamérica, Madrid, 1966, pp. 201-206). Germán Arciniegas ha publicado recientemente un informativo artículo sobre Pané al que tirula "Nuestro primer antropólogo" (Américas, Washington, vol. 23, núms, 11 y 12, noviembre-diciembre de 1971, pp. 2-10).
El informe de
Pané es, por consiguiente, una de las obras clásicas de la antropología
americana. En sus páginas fray Ramón anotó los nombres, funciones y atributos
de los dioses tainos y relató lo que los aborígenes pensaban que les sucedía a
las almas después de la muerte. Describió las ceremonias de los sacerdotes o
behiques y las curaciones que éstos realizaban. Recogió los mitos que le
contaron sobre el origen del sol y la luna, la creación del mar y los peces,
la aparición del hombre en las islas y la domesticación y aprovechamiento de
la yuca. Narró algunos pormenores de la evangelización de la Española y
explicó el significado de diversas voces tainas. Y hasta refirió la triste
profecía, hecha por un antiguo cacique, de que habría de llegar una gente
vestida que asolaría y mataría a sus infelices descendientes.
Es explicable, por supuesto, el interés que este documento ha despertado a lo largo de los casi cinco siglos que lleva de haberse escrito. Y también que de él corran numerosas versiones en los principales idiomas europeos. Ahora bien, debido a las adversas circunstancias que luego se explicarán, por una razón u otra esas versiones han sido insatisfactorias y han dado lugar a las inexactitudes que vician los trabajos que en ellas se fundan. Urge, por tanto, hacer un esfuerzo por esclarecer esas dificultades e intentar llevar a cabo una edición que ofrezca un texto fidedigno y fácilmente asequible a los investigadores que se interesan en las cuestiones históricas, lingüísticas y etnográficas que se desprenden de tan singular documento.
Comencemos, a
ese efecto, por precisar la cronología de la obra. Al iniciar el relato Pané
declara que era "un pobre ermitaño de la Orden de San Jerónimo”, que por
mandato de Colón fue a vivir entre los indígenas para informarle luego lo que
hubiera podido "aprender y saber de las creencias e idolatrías de los
indios”. Por otra parte, fray Bartolomé de Las Casas, que trató personalmente a
nuestro fraile, afirma que éste "vino a esta isla al principio con el Almirante”.[2]
Si vino con el Almirante, desde luego no pudo haber sido en el primer viaje:
sabido es que los tripulantes que en 1492 quedaron en el fuerte de la Navidad
fueron exterminados a los pocos meses por el cacique Caonabó y su gente. Y
puesto que por la propia cuenta de Pané, según se verá más adelante, en 1496
hacía unos dos años que estaba dedicado a tareas evangelizadoras en la
Española, es lógico asumir que llegaría en 1494, es decir, en el segundo viaje.
De este viaje no se tiene la lista completa de los pasajeros.3 Pero
consta que en él fueron de unas mil doscientas a mil quinientas personas, y que
entre ellas iban algunos sacerdotes, la mayoría enrolados en Cataluña, de donde
era natural Pané. Y como de ese viaje se conocen con exactitud las fechas,
puede darse por sentado que fray Ramón salió de Cádiz el 25 de septiembre de
1493, llegó a la Navidad el 28 de noviembre del mismo año, continuó a bordo
mientras se escogía sitio para fundar la nueva colonia, y desembarcó en la
Isabela el 2 de enero de 1494.[3]
Una vez en la Española, fray Ramón informa que fue "a la Magdalena,
a una fortaleza que hizo construir don Cristóbal Colón”, en cuya fortaleza
quedó "en compañía de Artiaga, capitán de ella”. Y que, hallándose allí,
"vino el dicho señor Almirante en socorro de Artiaga y de algunos
cristianos asediados por los enemigos, súbditos de un cacique principal llamado
Caonabó” (Relación, cap. xxv). La rebelión
de los indígenas y la llegada de Colón a la Magdalena también pueden fecharse
con bastante certeza: el Almirante, en compañía de su hermano Bartolomé y de
Alonso de Hojeda, salió de la Isabela al frente de una fuerte columna el 24 de
marzo de
3 Samuel Eliot Morison, que ha
estudiado detenidamente los viajes de Colón, respecto a este segundo viaje
dice: "The payrolls and crew lists have never been found, and we know the
ñames of very few of the men" (Admiral of the Ocean Sea, a Ufe of Cbristopher
Columbas, Boston, 1944, p. 395).
4 Ibid., pp. 398-428.
1495; dos días
después él y su gente dieron batalla al cacique Guatiguaná, cuyas huestes
derrotaron en Puerto de los Hidalgos, y de allí siguieron en socorro de la
Magdalena.5 La llegada de Colón a dicha fortaleza debió ser, por
consiguiente, hacia fines de marzo de 1495. Y para ese tiempo fray Ramón había
estado en la isla más de un año.
De la
entrevista que tuvo con Colón en aquella ocasión, y del subsiguiente viaje que
emprendió, fray Ramón relata lo siguiente:
los caciques fueron;
- Cacique Caonabo, Cacicazgo Maguana, apresado y muerto en 1495. lo reemplaza su hermana la Cacique ANACAONA hermana del cacique Bohechio, cristianiza su cacicazgo y paga tribuos al rey de España al igual que su hermano, a la muerte de su hermanao en 1502 heredo tambien ese cacicazgo.
- Cacique Guanacanagarix, Cacicazgo Marién. aliado de los españoles, cristianizo y mestizo a todo su cacicazgo.
- Cacique Guarionex, Cacizazgo Magua, caso a su hermana Con un ayudante de Cristobal Colon y con ayuda del Padre Ramon Pané, cristianizo y mestizo a todo su cacicazgo. Contruyeron el Fuerte Concepcion. El español Roldan violo a su esposa y despues acabaron con el cacique en 1495
- Cacique Cayacoa, Cacicazgo de Higuey. murio en extrañas circunstancia por la muerte de un perro español.
- Cacique Bohechío, Cacicazgo Jaragua, el mas anciano de los cacique, y su territorio el mas avanzado culturalmente, Cristianizo su cacicazo, reconoce la soberania de los reyes catolicos, les paga tributo
El
señor Almirante me dijo entonces que la provincia de la Magdalena o Macorix
tenía lengua distinta de la otra, y que no se entendía el habla por todo el
país. Pero que me fuera a vivir con otro cacique principal, llamado Guarionex, señor de mucha gente, pues la lengua de éste se entendía por toda la
tierra. Así, por su mandato, fui a vivir con el dicho Guarionex. Y bien es
verdad que le dije al señor Gobernador don Cristóbal Colón: "Señor, ¿cómo
quiere Vuestra Señoría que yo vaya a vivir con Guarionex no sabiendo otra
lengua que la de Macorix? Deme licencia Vuestra Señoría para que vaya conmigo
alguno de los de Nuhuirey, que después fueron cristianos, y sabían ambas
lenguas”. Lo cual me concedió, y me dijo que llevase conmigo a quien más me
agradase. Y Dios por su bondad me dio por compañía al mejor de los indios...
Era Guaicabanú, que después fue cristiano y se llamó Juan...
Salimos yo y Guaicabanú y fuimos a la Isabela, y allí esperamos al Señor Almirante hasta que volvió del socorro que dio a la Magdalena. Y tan pronto como llegó, nos marchamos adonde el señor Gobernador, nos había mandado, en compañía de uno que se llamaba Juan de Ayala, que tuvo a su cargo la fortaleza que dicho gobernador don Cristóbal Colón hizo fabricar a media legua del lugar donde nosotros habíamos de vivir ... la cual fortaleza se llamaba La Concepción. Nosotros estuvimos, por consiguiente, con aquel cacique Guarionex casi dos años [Relación, cap. xxv].
https://elprofeyovanny.blogspot.com/p/antecedentes-y-evolucion-de-la-division.html
5.Ibid., pp. 488-490; tambien lLas casa, Historia de las Indias., lib, I, cps. CIV y CV.
Los datos que Pané acaba de consignar sobre las fortalezas y sus capitanes coinciden totalmente con los que recogió Las Casas.[4] Y en cuanto a la cronología, corroboran su validez los pormenores que a continuación se han de examinar. Si fray Ramón llegó al cacicazgo de Guarionex en la primavera de 1495, los "casi dos años” que allí pasó nos llevarían hasta fines de 1496. Y en efecto, fray Ramón apunta: "Viendo que Guarionex se apartaba y dejaba lo que le habíamos enseñado, resolvimos marcharnos e ir donde mejor fruto pudiéramos obtener... Y así fuimos a otro cacique principal, que nos mostraba buena voluntad diciendo que quería ser cristiano.
El cual cacique se llamaba Mabiatué” (Relación, cap. xxv). La fecha aproximada de este viaje puede fijarse con motivo de un lamentable episodio. Al segundo día de haberse marchado fray Ramón, seis súbditos de Guarionex tomaron unas imágenes que el fraile había dejado y las enterraron en un conuco, como solían hacer con algunos de sus propios ídolos para que la tierra diese mejores frutos. Pero como los recién llegados no entendían de tales ritos propiciatorios, pensaron que habían querido escarnecerlas.
8
Las Casas, Historia de las Indias,
lib. I, cap. CX; en la ed. de México, 1951,
vol. I, p. 429
Y agrega Pané: "Se dio conocimiento a Bartolomé Colón, que tenía aquel gobierno por el Almirante su hermano, que se había ido a Castilla. Éste, como lugarteniente del virrey y gobernador de las islas, formó proceso contra los malhechores y, sabida la verdad, los hizo quemar públicamente” (cap. XXVI).
Limitando nuestro comentario a
la cronología, se sabe que Colón partió para Castilla en marzo de 1496, dejando
el gobierno en manos de su hermano hasta que regresó en agosto de 1498.7
Coincide, pues, la fecha de salida del fraile de tierras de Guarionex, hacia
fines de 1496, con la de la ausencia de Colón.
Surge ahora
una duda difícil de resolver. Durante su residencia en el cacicazgo de
Guarionex, o sea entre la primavera de 1495 y la de 1496, Pané debió de
obtener los informes sobre las creencias de los tainos que consignó en los
primeros veintiún capítulos de los veintiséis que constituyen la Relación. Ahora bien, ¿entregó esos
veintiún capítulos a Colón antes de regresar éste en marzo de 1496? ¿O le comunicó
verbalmente el resultado de sus pesquisas hasta ese momento, pero terminó la Relación años después? Por lo pronto es
patente que el deplorable episodio que acaba de relatarse ocurrió con posterioridad
a la partida del Almirante. Igualmente, en el capítulo XXVI
fray Ramón puntualiza que
"el primero que recibió el santo bautismo en la isla Española fue Juan
Mateo, el cual se bautizó el día del
7 Morison, pp. 497 y 564.
evangelista San
Mateo, año de 1496”. Como San Mateo cae el 21 de septiembre, también ese
bautizo se hizo después de haber salido Colón. Además, los acontecimientos que
sigue narrando el ermitaño tampoco terminan en esta última fecha. Ese Juan
Mateo es el mismo de quien anteriormente había dicho: “Dios por su bondad me
dio por compañía al mejor de los indios ... Era Guaicabanú, que después fue
cristiano y se llamó Juan”. Y explicando las circunstancias de su
fallecimiento, comenta: "El primero que recibió la muerte, y el agua del
bautismo, fue un indio llamado Guatícaba,8 que después tuvo el
nombre de Juan ... Y así murió su hermano Antón, y con él otro ... Los que
quedaron vivos, y aún viven hoy, son cristianos ... y ahora hay muchos más
cristianos por la gracia de Dios” (cap. xxvi). Si quedaron otros que "aún
viven hoy” y hubo luego "muchos más cristianos”, es patente que los
últimos capítulos de la Relación se
terminaron con posterioridad al bautizo efectuado el 21 de septiembre de 1496.
La
confrontación entre ciertos datos externos y la anterior evidencia interna
refuerza la hipótesis de que al emprender Colón su regreso conocía el resultado
de las pesquisas de fray Ramón, pero todavía no había recibido el manuscrito de
la Relación. Los datos externos
consisten en que Pedro Mártir de An- glería, en epístolas fechadas entre el 13
de junio de 1497 y el 12 de mayo de 1499 da noticias de algu-
8 Gua-(t}i-ca ba-nu
y Gua-ti-ca-ba-(nu) son, suplida en corchetes
las letras omitidas, el mismo nombre.
nos de los mitos
recogidos por Pané.9 Esas noticias, empero, son aisladas, breves,
imprecisas. Y en ninguna de las epístolas menciona una fuente escrita; al
contrario, en la última advierte que informaba "lo que recientemente me
han referido de ellos”.10 Todo lo cual hace pensar que en ellas
Anglería simplemente relataba a sus amigos italianos alguno que otro pormenor
desgajado de las conversaciones que sostenía con el Almirante.
Una evidencia
interna más. Al concluir Pané el relato, vuelve a mencionar al cacique Mabiatué
—a quien ahora llama Mahubiatívire—11 "el cual hace ya tres
años que continúa con buena voluntad, diciendo que quiere ser cristiano” (cap.
xxvi). Teniendo en cuenta que este cacique había expresado su deseo de ser
cristiano entre 1495 y 1496, estos tres años adicionales nos llevarían, por
consiguiente, hasta fines de 1498.
La
constatación de los viajes de Pané en la Española así como la fecha de
composición de la obra permiten esclarecer dos cuestiones de no escasa importancia.
Invalidan, en primer lugar, un grave reparo. Fernando Ortiz ha objetado que
nuestro fraile, "según Las Casas, sólo entendía una de las tres lenguas
de los indios de Quisqueya, la de los macorixes, que no era la general de la
isla”.[12]
Y Pedro Henríquez Ureña, coincidiendo con Ortiz, declara que "la lengua
que habló Pané no fue el taino, general de la isla, sino la del Macorix de
abajo: véase Las Casas, Apologética historia
de las Indias, cap. 120”.[13]
Ahora bien, lo que Las Casas dijo en el referido capítulo es lo
siguiente: "Este fray Ramón escudriñó lo que pudo, según lo que alcanzó de
las lenguas, que fueron tres las que había en esta isla; pero no supo sino la
una de una chica provincia que arriba dijimos llamarse Macorix de abajo, y
aquélla no perfectamente, y de la universal
supo no mucho, como los demás, aunque más que otros, porque ninguno,
clérigo, ni fraile, ni seglar, supo ninguna perfectamente de ellas si no fue
un marinero de Palos o de Moguer, que se llamó Cristóbal Rodríguez”. Al testimonio
de Las Casas, y en especial a lo que hemos subrayado, puede dársele ahora un
sentido menos negativo. Como se ha visto, fray Ramón vivió varios años entre
los tainos y tuvo tiempo, sobre todo con la adhesión y ayuda de Guaicabanú,
para aprender algo de la nueva lengua y obtener los informes que deseaba. E
invalidan, en segundo lugar, que la Relación
se terminara en 1496, como se ha venido afirmando hasta el presente.[14]
De acuerdo con los datos que hemos aducido, se acabaría con posterioridad a
dicho año, es decir, no antes de 1498.
La trayectoria del manuscrito después de esa fecha es más accidentada aún. Puesto que Colón había vuflto a la Española en agosto de 1498 y estuvo allí hasta agosto de 1.500,[15] es de suponer que fray Ramón se apresurara a terminarlo para entregarlo entonces al Almirante, y que fuera el propio Almirante quien lo llevara a España al retorno del tercer viaje. Esa conjetura concuerda con el hecho de que, si Anglería no menciona la existencia del manuscrito antes de 1499, hay constancia de que sí lo manejó entre 1500 y 1504. Es más, la lectura del extraño documento despertó de tal modo su interés que lo compendió —esta vez con declaración explícita de la fuente e inclusión de numerosos nombres tainos— en una extensa epístola en latín, dirigida al cardenal Ludovico de Aragón. La epístola pasó a formar parte de la Década primera (libro IX, capítulos 4 al 7).
Como esa década se dio a la imprenta, en traducción italiana, en 1504,[9]
su publicación confirma que Anglería lo había manejado en España antes de dicho
año.
En España
también vio el manuscrito fray Bartolomé de Las Casas. Impulsado por el noble
empeño de acopiar cuanto dato sirviese para defender la humanidad del indio,
de allí extractó las noticias que sobre las creencias de los tainos consigna en
los capítulos cxx, clxvi y clxvii de su Apologética
historia de las Indias.
Fue además
incluido, en su totalidad, en el capítulo lxi de la Historia
del almirante don Cristóbal Colón por su hijo don Fernando. La obra de
Fernando, escrita en español, quedó inédita al morir éste en 1539. De ella
hizo una traducción al italiano Alfonso de Ulloa, versión que se imprimió en
Venecia en 1571.17 Pero después de esa fecha, nada ha vuelto a
saberse ni del manuscrito de Fernando ni del de Pané.18 Por
consiguiente, lo único que hasta el presente se conoce de la Relación es el resumen en latín de Anglería,
el extracto en español de Las Casas y la traducción al italiano de Ulloa.
Si la
traducción de Ulloa hubiese sido modelo de pulcritud tal vez se habrían evitado
muchas de las dificultades que oscurecen la Relación.
Pero no fue ése el caso. Como se verá al leerla, son numerosas las erratas e
incongruencias que corrompen el texto. Y a más de esos descuidos, subsanables a
veces me-
17
Historie del S. D. Fernando Colombo; nelle quali
s’ha particolare ir vera relatione della vita ir de’fatti dell'Ammiraglio D.
Christoforo Colombo, suo padre. -. Nuouamente di lingtia spagnola tradotte nel- l’italiana dal
S. Alfonso Vlloa. In Venetia, Apresso Francesco de'Fran- ceschi
Sánese, MDI.XXI.
18
La pérdida del manuscrito de Fernando dio
lugar a que en el siglo XIX se pusiera en tela de
juicio la autenticidad de la obra traducida por Ulloa. Con tal motivo algunos
creyeron que era una superchería de Ulloa, y otros que era obra de Pérez de
Oliva o tal vez del propio Las Casas. El asunto se ha resuelto con el hallazgo
y publicación de una copia del manuscrito de Oliva. Se titula Historia de
la inwnción de las Yndias y se ha publicado en
Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 1965.
diante una atenta
lectura, Ulloa creó una nueva fuente de errores al italianizar muchos de los
términos que allí aparecen. A las fortalezas de Magdalena y Concepción las
llama Maddalena y Concettione, lo cual, hasta cierto punto, es aceptable. Pero
cuando al capitán de la segunda, Juan de Ayala, lo llama Giovanni di Agiada, la
italianización del apellido puede prestarse, y de hecho se ha prestado, a mayores
confusiones: en más de una versión aparece retraducido como Juan de Aguado.
Algo por el
estilo ha ocurrido con el nombre mismo del autor. El título de la versión
italiana comienza así: "Scrittura di fra Román delle antichitá de
gl’indiani...” El primer párrafo del texto se inicia con estas palabras:
"lo, frate Román, povero eremita. ..” A lo largo del opúsculo Ulloa escribe
igual-' mente "Reman”, con una excepción, en el capítulo xxv bis, en que
lo llama "Romano”, para volver, a renglón seguido, a llamarle
"Román”. En ese mismo capítulo, y luego en el colofón, aparece el nombre
completo como "Román Pane”. Siguiendo a Ulloa, no han faltado quienes
simplemente se han conformado con acentuar el nombre de pila y llamarle Román.
Pero ¿era Román? Al consignar la fuente de sus informes Anglería escribe
"fratis Ramoni”.19 Las Casas, al mencionarlo en la Apologética, apunta: "El Almirante ...
había mandado a un catalán que había tomado el hábito de ermitaño, y le
llamaban
19 Cito por la
edición de Alcalá de Henares, 1516, fol. 21 sin numerar.
fray Ramón”. Y de
nuevo: "También hubo en esta isla dos frailes de San Francisco, legos,
aunque buenos, que yo también como a fray Ramón conocí”.[20] Si Anglería, a vista del
documento, traduce "Ramoni”, y Las Casas, que lo conoció, le llama
Ramón, Ramón debió de ser y no Román. Otro tanto ha pasado con el apellido.
Muchos son los eruditos que siguiendo a Ulloa lo escriben como voz llana: Pane.
Rinaldo Caddeo, pensando que el apellido hubiese sido "Pan”, comenta:
"Ramón Pan e non Román Pane scrisse forse D. Fernando”.[11]
Ahora bien, atendiendo a la procedencia catalana de nuestro fraile, cabe
pensar que en realidad haya sido voz aguda: Pané, como Barraqué, Bisbé, Farré,
Marcané, Mareé, Mercadé o Parladé —apellidos todos de familias antillanas de
ascendencia catalana.
Si tales
deslices ocurren con nombres y apellidos españoles, podrá el lector imaginar lo
que ha pasado con los términos tainos que aparecen en la Relación. Estos términos, polisilábicos y
totalmente extraños para amanuenses e impresores europeos, se prestaron a que
en los sucesivos traslados fácilmente se confundieran unas letras y se saltaran
otras. El doble proceso de descuidos y violentas italizaciones de un modo u
otro los afecta a todos. Entre los nom- gres ya citados, el topónimo Macorix
aparece como "Maroris”, el antropónimo Caonabó como "Caoua- bo”, y al
pobre Juan Mateo unas veces se le llama "Guaicabanú” y otras
"Guaticaba”. Por el mismo estilo, a los conucos se les llama, con un
plural italianizado, "conichi”, a los jobos "iobi” y a la yuca unas
veces "giuca” y otras "giutola”. Y nada se diga de los nombres de los
dioses y héroes culturales: el de uno de ellos, Bayamanaco, aparece transcrito
de cuatro formas distintas: Bassamanaco, Aiamauaco, Baia- manicoel y
Gamanacoel.
A las dificultades citadas cabe agregar que la Relación, aun antes de que la tradujera Ulloa, era ya de por sí desordenada y confusa. El propio fray Ramón advierte en el capítulo V: "Y puesto que ellos no tienen escritura ni letras, no pueden dar buena cuenta de cómo han sabido esto de sus antepasados, y por eso no concuerdan en lo que dicen, ni aun se puede escribir ordenadamente lo que ellos refieren”. En el capítulo siguiente incide en lo mismo y añade: "Por lo cual creo que pongo primero lo que debiera ser último, y lo último primero”. En el VIH, echando sobre sí parte de la culpa, apunta: "Puesto que escribí de prisa, y no tenía papel bastante, no pude poner en su lugar lo que por error trasladé a otro”. Y dándose cuenta de la insuficiencia de la información que a veces recoge, en el capítulo XI abiertamente confiesa: "De esto no he sabido más, y poco ayuda lo que llevo escrito”. A lo que pudiera añadirse el siguiente comentario de Las Casas al extractar el testimonio de Pané: "Todo esto refiere fray Ramón haber de los indios entendido. Algunas otras cosas dice confusas y de poca sustancia, como persona simple y que no hablaba del todo bien nuestra castellana lengua como fuese catalán de nación”.22
Ese es, pues,
el estado del texto que nos proponemos retraducir y editar. Puesto que la
versión de Ulloa resulta, perdido el manuscrito original, lo que más cercano
nos queda a lo que escribió Pané, seguiremos con la mayor fidelidad posible la
edición príncipe de dicha traducción. A ese fin nos abstendremos de todo
retoque estilístico, sea para evitar la repetición de palabras y de giros
sintácticos, para suprimir redundancias, o para mejorar la prosa con cualidades
de que carecía la modesta pluma de Pané. Si el lector halla el estilo monótono
y a menudo pedestre, así es el de la versión de Ulloa y así, probablemente,
sería también el del "pobre ermitaño”. Y lo que aquí interesa es la
fidelidad al texto y no los embellecimientos literarios.
En cuanto a los términos tainos, si se tratara de la transcripción paleográfica del manuscrito, lo indicado sería, desde luego, reproducirlos tal como se encontraran allí. Nuestro caso es distinto y admite, por consiguiente, otra solución. Ulloa, según se ha dicho, trató de adaptar a las grafías italianas las voces que Pané había transcrito siguiendo normas españolas. Pero no observó reglas fijas e incurrió en frecuentes vacilaciones y omisiones. Añádase que, com-
23 las Casas, Apologética historia, cap. CLXVII; en la ed. cit., p. 447.
paradas sus transcripciones con las de Anglería y
Las Casas, es patente que a menudo confunde la u y la n,
la e y la o, la c
y la r y que indistintamente representa
con la grafía italiana gi sonidos que
en español hoy diferenciamos escribiéndolos con j o con y.
En tales circunstancias hemos tenido que escoger entre reproducir los términos
tal como los escribe Ulloa, a sabiendas de que son formas estragadas, o
intentar una mejor lectura recastellanizando y a veces reconstruyendo la
escritura de aquellas voces. Pese al patente riesgo que esto implica, hemos
optado por la segunda solución. Pero, eso sí, se consignan en notas las grafías
exactas que aparecen en Ulloa. Y en esas notas, además, se registran las
variantes que se hayan encontrado en Anglería, Las Casas u otras fuentes, se
indican las razones —o las dudas— que hemos tenido para escoger la forma que
se da en el texto, y se sugiere, cuando nos ha sido posible, el significado
que el término pudiera haber tenido en la lengua taina. De ese modo, quienes
se interesen en leer de corrido la Relación
no tendrán que toparse con dudosas formas italianas del siglo xvi indebidamente
incrustadas en una traducción española del siglo xx, ni con caducas variantes
de términos indígenas hoy plenamente incorporados a nuestro idioma. Y quienes
gusten examinar la cuestión, tanto en su aspecto textual como en el
etnolingüístico, encontrarán en dichas notas los datos que al respecto hayamos
podido aportar. Advirtamos, empero, que algunas de las grafías sugeridas
tendrán a veces un carácter inevitablemente hipotético. Cuando se trabaja
sobre un idioma desaparecido hace casi cinco siglos, y del cual sólo han
quedado tenues vestigios, la labor de reconstrucción y esclarecimiento no siempre
puede resultar en certidumbres. Téngase, por consiguiente, como un esfuerzo
por plantear problemas cuya solución apenas comenzamos a vislumbrar.
Siendo el
principal propósito de esta edición servir de base a futuras pesquisas de
antropólogos, mitólogos y lingüistas, hemos creído de utilidad añadir en
sendos apéndices las versiones de quienes directamente aprovecharon el
manuscrito, es decir, las breves noticias de Colón, el resumen de Anglería y el
extracto de Las Casas. Así les será más fácil a los investigadores confrontar
los pasajes que les interesen y ver en su debido contexto las citas que se han
usado en las notas. Para mantener la unidad idiomática de la edición, los
párrafos de Colón y el resumen de Pedro Mártir también se dan nuevamente
traducidos al español.
Por último,
bien pudiera suceder que algún día reaparezca el manuscrito de Pané, buscado
inútilmente hasta ahora.23 Y que, cuando se logren métodos más
precisos para estudiar determinados idiomas y mitos amerindios, tal vez se
resuelvan algunas de las dudas que hoy sólo han quedado esbozadas. Lo
importante, empero, es que esta traducción sirva desde ahora para que otros
investigadores puedan basar sus pesquisas sobre un texto menos estragado.24
Reconocimientos. Agradezco a la Comisión Ful- bright Española que me otorgara en 1968 una beca para examinar impresos y manuscritos relacionados con el descubrimiento y conquista de las Antillas. Y deseo, ante todo, dar las gracias a don Ramón Bela y a doña Matilde Medina, director y directora asociada de dicha Comisión en Madrid, quienes gentilmente facilitaron mis labores y me brindaron su cordial amistad. Igualmente doy las gracias a Georges May, entonces decano de Yale College, quien eficazmente intervino para que se me concediera una beca itocke- feller que me permitió ausentarme de mis labores académicas durante ese año. Deseo asimismo consignar mi gratitud a los profesores Liliana y Eduard Gramberg y Ottavio di Camillo, excelentes conocedores tanto de la lengua italiana como de la española, por la amabilidad con que atendieron mis consultas en cuanto a la fidelidad de la traducción.
24“ Basándome en este nuevo texto, y
ampliando el alcance de las notas, preparo un estudio de los mitos y el arte
iconográfico de los tainos. De esas investigaciones he dado a conocer, a modo
de anticipo, el artículo "El mundo mítico de los tainos: Notas sobre el
Ser Supremo", en Tesaurus, Boletín del Instituto Caro y Cuervo, Bogotá, XXII, 1967, 378-393. Este
artículo se ha reproducido en la Revista Dominicana de Arqueología y
Antropología, Santo Domingo, I, núm. 1, enero-junio
de 1971, 181-200.
Relación de Fray Ramón 1 acerca de las antigüedades de los indios, las cuales, con diligencia, como hombre que sabe la lengua de ellos, las ha recogido por mandato del AlmiranteYo, fray Ramón, pobre ermitaño de la Orden de San Jerónimo, por mandato del ilustre señor Almirante y virrey y gobernador de las Islas y de la Tierra Firme de las Indias, escribo lo que he podido aprender y saber de las creencias e idolatrías de los indios, y de cómo veneran a sus dioses. De lo cual ahora trataré en la presente relación. Cada uno, al adorar los ídolos que tienen en casa, llamados por ellos cemíes,2 observa un particular modo y superstición. Creen que está en el cielo y es inmortal, y que nadie puede verlo, y que tiene madre, mas no tiene principio,3 y a éste llaman Yúcahu Bagua Maórocoti,4 y a su madre llaman Atabey, Yermao, Guacar, Apito y Zuimaco, que son cinco nombres.5 Éstos de los que escribo son de la isla Española; porque de las otras islas no sé cosa alguna por no haberlas visto jamás.6 Saben asimismo de qué parte vinieron, y de dónde tuvieron origen el sol y la luna, y cómo se hizo el mar y adonde van los muertos. Y creen que los muertos se les aparecen por los caminos cuando alguno va solo; porque, cuando van muchos juntos, no se les aparecen. Todo esto les han hecho creer sus antepasados; porque ellos no saben leer, ni contar sino hasta diez.7
CAPÍTULO I
De qué parte han
venido los indios y en qué modo
La Española tiene una
provincia llamada Caonao,8 en la que está una montaña, que se llama
Cauta 9, que tiene dos cuevas nombradas Cacibajagua10 una y Amayaúna11
la otra. De Cacibajagua salió la mayor parte de la gente que pobló la isla.12
Esta gente, estando en aquellas cuevas, hacía guardia de noche, y se había
encomendado este cuidado a uno que se llamaba Mácocael;13 el cual,
porque un día tardó en volver a la puerta, dicen que se lo llevó el Sol. Visto,
pues, que el Sol se había llevado a éste por su mala guardia, le cerraron la
puerta; y así fue transformado en piedra cerca de la puerta. Después dicen que
otros, habiendo ido a pescar, fueron presos por el Sol, y se convirtieron en
árboles que ellos llaman jobos,14 y de otro modo se llaman
mirobálanos. El motivo por el cual Mácocael velaba y hacía la guardia era para
ver a qué parte mandaría o repartiría la gente, y parece que se tardó para su
mayor mal.
CAPÍTULO II
Cómo se separaron los
hombres de las mujeres
Sucedió que uno, que
tenía por nombre Guahayona,15 dijo a otro que se llamaba Yahubaba,16
que fuese a coger una hierba llamada digo,17 con la que se limpian
el cuerpo cuando van a lavarse. Éste salió antes de amanecer, y le cogió el Sol
por el camino, y se convirtió en pájaro que canta por la mañana, como el
ruiseñor, y se llama yahubabayael.18 Guahayona, viendo que no
volvía el que había enviado a coger el digo, resolvió salir de la dicha cueva
Caci- bajagua.
CAPÍTULO III
Que Guahayona,
indignado, resolvió marcharse, viendo que no volvían aquellos que había
mandado a coger el digo para lavarse
Y dijo a las mujeres:
"Dejad a vuestros maridos, y vámonos a otras tierras y llevemos mucho
güeyo.19 Dejad a vuestros hijos y llevemos solamente la hierba con
nosotros, que después volveremos por ellos”.
CAPÍTULO IV
Guahayona partió con
todas las mujeres, y se fue en
23
busca de otros países,
y llegó a Matininó,20 donde en seguida dejó a las mujeres, y se fue
a otra región, llamada Guanín;21 y habían dejado a los niños pequeños
junto a un arroyo. Después, cuando el hambre comenzó a molestarles, dicen que
lloraban y llamaban a sus madres que se habían ¡do; y los padres no podían dar
remedio a los hijos, que llamaban con hambre a las madres, diciendo "mama”
para hablar, pero verdaderamente para pedir la teta. Y llorando así, y pidiendo
teta, diciendo "toa, toa”,22 como quien pide una cosa con gran
deseo y muy despacio,23 fueron transformados en pequeños animales,
a manera de ranas,24 que se llaman tona,25 por la
petición que hacían de la teta; y de esta manera quedaron todos los hombres sin
mujeres.
CAPÍTULO v
Que después hubo mujeres
otra vez en la dicha isla Española, que antes se llamaba Haití,ts y
así la llaman los habitantes de ella; y aquella y las otras islas las llamaban
Bohío *7
Y puesto que ellos no
tienen escritura ni letras, no pueden dar buena cuenta de cómo han oído esto de
sus antepasados, y por eso no concuerdan en lo que dicen, ni aun se puede
escribir ordenadamente lo que refieren. Cuando se marchó Guahayona,28
el que se llevó todas las mujeres, asimismo se llevó las mujeres de su
cacique,28 que se llamaba Anacacuya,30 engañándolo como
engañó a los otros. Y además un cuñado de Guahayona, Anacacuya, que se iba con
él, entró en el mar; y dijo dicho Guahayona a su cuñado, estando en la canoa:31
"Mira qué hermoso cobo32 hay en el agua”, el cual cobo es el
caracol de mar. Y cuando éste miraba al agua para ver el cobo, su cuñado
Guahayona lo tomó por los pies y lo tiró al mar; y así tomó todas las mujeres
para sí, y las dejó en Matininó,33 donde se dice que hoy día no hay
más que mujeres. Y él se fue a otra isla, que se llama Guanín, y se llamó así
por lo que se llevó de ella, cuando fue allá.
CAPÍTULO VI
Que Guahayona volvió
a la dicha Cauta,3h de donde había sacado las mujeres
Dicen que estando
Guahayona en la tierra adonde había ido, vio que había dejado en el mar una mujer,
de lo cual tuvo gran placer, y al instante buscó muchos lavatorios para
lavarse, por estar lleno de aquellas llagas que nosotros llamamos mal francés.35
Ella le puso entonces en una guanara, que quiere decir lugar apartado;88
y así, estando allí, sanó de sus llagas. Después le pidió licencia para seguir
su camino y él se la dio. Llamábase esta mujer Guaboni- to.37 Y
Guahayona se cambió el nombre, llamándose de ahí en adelante Albeborael
Guahayona.38 Y la mujer Guabonito le dio a Albeborael Guahayona
muchos guanines y muchas cibas,39 para que las llevase atadas a los
brazos, pues en aquellas tierras las cibas 40 son de piedras que se
asemejan mucho al mármol, y las llevan atadas a los brazos y al cuello, y los
guanines los llevan en las orejas, haciéndose agujeros cuando son pequeños, y
son de metal casi como de florín.41 El origen de estos guanines
dicen que fueron Guabonito, Albeborael42 Guahayona y el padre de
Albeborael. Guahayona se quedó en la tierra con su padre, que se llamaba
Hiauna. Su hijo por parte de padre se llamaba Híaguaili Guanín, que quiere
decir hijo de Hiauna,43 y desde entonces se llamó Guanín, y así se
llama hoy día. Y como no tienen letras ni escrituras, no saben contar bien
tales fábulas, ni yo puedo escribirlas bien.44 Por lo cual creo que
pongo primero lo que debiera ser último y lo último primero. Pero todo lo que
escribo así lo narran ellos, como lo escribo, y así lo pongo como lo he
entendido de los del país.
CAPÍTULO vil
Cómo hubo de nuevo
mujeres en la dicha isla de Haití,*5 que ahora se llama la Española
Dicen que un día
fueron a lavarse los hombres, y estando en el agua, llovía mucho, y que estaban
muy deseosos de tener mujeres; y que muchas veces, cuando llovía, habían ido a
buscar las huellas de sus mujeres; mas no pudieron encontrar alguna nueva de
ellas. Pero aquel día, lavándose, dicen que vieron caer de algunos árboles,
bajándose por entre las ramas, una cierta forma de personas, que no eran
hombres ni mujeres, ni tenían sexo de varón ni de hembra, las cuales fueron a
cogerlas; pero huyeron como si fuesen anguilas.46 Por lo cual
llamaron a dos o tres hombres por mandato de su cacique, puesto que ellos no
podían cogerlas, para que viesen cuántas eran, y buscasen para cada una un
hombre que fuese caracaracol,47 porque tenían las manos ásperas, y
que así estrechamente las sujetasen. Dijeron al cacique que eran cuatro;48
y así llevaron cuatro hombres, que eran caracaracoles. El cual caracaracol es
una enfermedad como sarna, que hace al cuerpo muy áspero. Después que las
hubieron cogido, tuvieron consejo sobre cómo podían hacer que fuesen mujeres,
puesto que no tenían sexo de varón ni de hembra.
CAPÍTULO VIII
Cómo hallaron remedio
para que fuesen mujeres
Buscaron un pájaro
que se llama inriri,49 antiguamente llamado inriri cahubabayael,50
el cual agujerea los árboles, y en nuestra lengua llámase pico. E igualmente
tomaron a aquellas mujeres sin sexo de varón ni de hembra, y les ataron los
pies y las manos, y trajeron el pájaro mencionado, y se lo ataron al cuerpo. Y
éste, creyendo que eran maderos, comenzó la obra que acostumbra, picando y
agujereando en el lugar donde ordinariamente suele estar el sexo de las
mujeres. Y de este modo dicen los indios que tuvieron mujeres, según cuentan
los más viejos. Puesto que escribí de prisa, y no tenía papel bastante, no pude
poner en su lugar lo que por error trasladé a otro; pero con todo y eso, no he
errado, porque ellos lo creen todo tal como lo he escrito. Volvamos ahora a lo
que debíamos haber puesto primero, esto es, a la opinión que tienen sobre el
origen y principio del mar.
CAPÍTULO IX
Cómo dicen que fue
hecho el mar
Hubo un hombre
llamado Yaya, del que no saben el nombre;61 y su hijo se llamaba
Yayael, que quiere decir hijo de Yaya.62 El cual Yayael, queriendo
matar a su padre, éste lo desterró, y así estuvo desterrado cuatro meses; y
después su padre lo mató, y puso los huesos en una calabaza,63 y la
colgó del techo de su casa, donde estuvo colgada algún tiempo.54
Sucedió que un día, con deseo de ver a su hijo, Yaya dijo a su mujer:
"Quiero ver a nuestro hijo Yayael”. Y ella se alegró, y bajando la
calabaza, la volcó para ver los huesos de su hijo. De la cual salieron muchos
peces grandes y chicos. De donde, viendo que aquellos huesos se habían
transformado en peces, resolvieron comerlos.
Dicen, pues,
que un día, habiendo ido Yaya a sus conucos,66 que quiere decir
posesiones, que eran de su herencia, llegaron cuatro hijos de una mujer, que se
llamaba Itiba Cahubaba,66 todos de un vientre y gemelos; la cual
mujer, habiendo muerto de parto, la abrieron y
sacaron fuera los cuatro dichos hijos,67 y el primero que sacaron
era caracaracol, que quiere decir sarnoso,58 el cual caracaracol
tuvo por nombre [Deminán];59 los otros no tenían nombre.
CAPÍTULO X
Cómo los cuatro hijos
gemelos de Itiba Cahubaba, que murió de parto, fueron juntos a coger la calabaza
de Yaya, donde estaba su hijo Y ayael,s0 que se había transformado
en peces, y ninguno se atrevió a cogerla, excepto DeminánS1
Caracaracol, que la descolgó, y todos se hartaron de peces
Y mientras comían,
sintieron que venía Yaya de sus posesiones, y queriendo en aquel apuro colgar
la calabaza, no la colgaron bien, de modo que cayó en tierra y se rompió.
Dicen que fue tanta el agua que salió de aquella calabaza, que llenó toda la
tierra, y con ella salieron muchos peces; y de aquí dicen que haya tenido
origen el mar. Partieron después éstos de allí, y encontraron un hombre,
llamado Conel,62 el cual era mudo.
CAPÍTULO XI
De las cosas que
pasaron los cuatro hermanos cuando iban huyendo de Yaya
Éstos, tan pronto
como llegaron a la puerta de Ba- yamanaco,63 y notaron que llevaba
cazabe,64 dijeron: "Ahiacabo guárocoel”,65 que
quiere decir: "Conozcamos a este nuestro abuelo”.66 Del mismo
modo De- minán Caracaracol,67 viendo delante de sí a sus hermanos,
entró para ver si podía conseguir algún cazabe, el cual cazabe es el pan que
se come en el país. Caracaracol, entrado en casa de Bayamanaco,68 le
pidió cazabe, que es el pan susodicho. Y éste se puso la mano en la nariz, y
le tiró un guanguayo69 a la espalda; el cual guanguayo estaba lleno
de cohoba,70 que había hecho hacer aquel día; la cual cohoba es un
cierto polvo, que ellos toman a veces para purgarse y para otros efectos que
después se dirán. Ésta la toman con una caña de medio brazo de largo, y ponen
un extremo en la nariz y el otro en el polvo; así lo aspiran por la nariz y
esto les hace purgar grandemente. Y así les dio por pan aquel guanguayo, en
vez del pan que hacía; y se fue muy indignado porque se lo pedían.. .71 Caracaracol,
después de esto, volvió junto a sus hermanos, y les contó lo que le había
sucedido con Bayamanacoel,72 y del golpe que
le había dado con el guanguayo en la espalda, y que le dolía fuertemente.
Entonces sus hermanos le miraron la espalda, y vieron que la tenía muy
hinchada; y creció tanto aquella hinchazón, que estuvo a punto de morir. Entonces
procuraron cortarla, y no pudieron; y tomando un hacha de piedra se la
abrieron, y salió una tortuga viva, hembra; y así se fabricaron su casa y
criaron la tortuga.73 De esto no he
sabido más; y poco ayuda lo que llevo escrito.
Y también dicen que el Sol y la
Luna salieron de una cueva, que está en el país de un cacique llamado
Mautiatihuel,74 la cual
cueva se llama Iguanaboína,75 y ellos la
tienen en mucha estimación, y la tienen toda pintada a su modo, sin figura
alguna, con muchos follajes y otras cosas semejantes. Y en dicha cueva había
dos cemíes, hechos de piedra, pequeños, del tamaño de medio brazo, con las
manos atadas, y parecía que sudaban. Los cuales cemíes estimaban mucho; y
cuando no llovía, dicen que entraban allí a visitarlos y en seguida llovía. Y
de dichos cemíes, al uno le llamaban Boínayel 16 y al otro Márohu.77
CAPÍTULO XII
De lo que piensan
acerca de andar vagando los muertos, y de qué manera son, y qué cosa hacen
Creen que hay un
lugar al que van los muertos, que se llama Coaybay,78 y se encuentra
a un lado de la isla, que se llama Soraya.79 El primero que estuvo
en Coaybay dicen que fue uno que se llamaba Maque- taurie Guayaba,80
que era señor del dicho Coaybay, casa y habitación de los muertos.
CAPÍTULO XIII
De la forma que dicen
tener los muertos
Dicen que durante el
día están recluidos, y por la noche salen a pasearse, y que comen de un cierto
fruto, que se llama guayaba,81 que tiene sabor de [membrillo},82
que de día son .. ,83 y por la noche se convertían en fruta, y que
hacen fiesta, y van juntos con los vivos. Y para conocerlos observan esta
regla: que con la mano les tocan el vientre, y si no les encuentran el ombligo,
dicen que es operito,84 que quiere decir muerto: por esto dicen que
los muertos no tienen ombligo. Y así quedan engañados algunas veces, que no
reparan en esto, y yacen con alguna mujer de las de Coaybay,85 y
cuando piensan tenerlas en los brazos, no tienen nada, porque desaparecen en
un instante. Esto lo creen hasta hoy. Estando viva la persona, llaman al
espíritu goeíza,88 y después de muerta, le llaman opía;8T
la cual goeíza dicen que se les aparece muchas veces tanto en forma de hombre
como de mujer, y dicen que ha habido hombre que ha querido combatir con ella, y
que, viniendo a las manos, desaparecía, y que el hombre metía los brazos en
otra parte sobre algunos árboles, de los cuales quedaba colgado. Y esto lo
creen todos en general, tanto chicos como grandes; y que se les aparece en
forma de padre, madre, hermanos o parientes, y en otras formas. El fruto del
cual dicen que comen los muertos es del tamaño de un membrillo. Y los
sobredichos muertos no se les aparecen de día, sino siempre de noche; y por eso
con gran miedo se atreve alguno a andar solo de noche.
CAPÍTULO XIV
De dónde sacan esto y quiénes les hacen estar en tal
creencia
Hay algunos hombres,
que practican entre ellos, y se les dice behiques,88 los cuales
hacen muchos engaños, como más adelante diremos, para hacerles creer que
hablan con ésos [los muertos], y que saben todos sus hechos y secretos; y que,
cuando están enfermos, les quitan el mal, y así los engañan. Porque yo lo he
visto en parte con mis ojos, bien que de las otras cosas conté solamente lo que
había oído a muchos, en especial a los principales, con quienes he tratado más
que con otros; pues éstos creen en estas fábulas con mayor certidumbre que los
otros. Pues, lo mismo que los moros, tienen su ley compendiada en canciones
antiguas,89 por las cuales se rigen, como los moros por la
escritura. Y, cuando quieren cantar sus canciones, tocan cierto instrumento,
que se llama mayohabao,90 que es de madera, hueco, fuerte y muy
delgado, de un brazo de largo y medio de ancho. La parte donde se toca está
hecha en forma de tenazas de herrador y la otra parte semeja una maza, de manera
que parece una calabaza con el cuello largo. Y este instrumento tocan, el cual
tiene tanta voz que se oye a legua y media de distancia. A su son cantan las
canciones, que aprenden de memoria; y lo tocan los hombres principales, que
aprenden a tañerlo desde niños y a cantar con él, según su costumbre. Pasemos
ahora a tratar de otras muchas cosas acerca de otras ceremonias y costumbres de
estos gentiles.
CAPÍTULO XV
De las observaciones de estos indios behiques,91 y cómo profesan la medicina, y enseñan a las gentes, y en sus curas
medicinales muchas veces se engañan 9!
Todos, o la mayor
parte de los de la isla Española, tienen muchos cemíes93 de diversas
suertes. Unos contienen los huesos de su padre, y de su madre, y parientes, y
de sus antepasados; los cuales están hechos de piedra o de madera. Y de ambas
clases tienen muchos; algunos que hablan, y otros que hacen nacer las cosas
que comen, y otros que hacen llover, y otros que hacen soplar los vientos. Las
cuales cosas creen aquellos simples ignorantes que hacen aquellos ídolos, o por
hablar más propiamente, aquellos demonios, no teniendo conocimiento de nuestra
santa fe. Cuando alguno está enfermo, le llevan el behique, que es el médico
sobredicho. El médico está obligado a guardar dieta, lo mismo que el paciente,
y a poner cara de enfermo. Lo cual se hace de este modo que ahora sabréis. Es
preciso que también se purgue como el enfermo; y para purgarse toman cierto
polvo, llamado cohoba 94 aspirándolo por la nariz, el cual les
embriaga de tal modo que no saben lo que se hacen; y así dicen muchas cosas
fuera de juicio, en las cuales afirman que hablan con los cemíes, y que éstos
les dicen que de ellos les ha venido la enfermedad.
CAPÍTULO XVI
De lo que hacen
dichos behiques
Cuando van a visitar
a algún enfermo, antes de salir de casa toman hollín de las ollas o carbón
molido, y se ponen la cara toda negra, para hacer creer al enfermo lo que les
parece acerca de su enfermedad;
y luego cogen algunos
huesecillos y un poco de carne. Y envolviendo todo esto en alguna cosa para
que no se caigan, se lo meten en la boca, estando ya el enfermo purgado con el
polvo que hemos dicho. Entrado el médico en casa del enfermo, se sienta, y callan
todos; y si hay niños los mandan fuera, para que no impidan su oficio al
behique, ni queda en la casa sino uno o dos de los más principales. Y estando
así solos, toman algunas hierbas del güeyo95 ... anchas, y otra
hierba, envuelta en una hoja de cebolla, media cuarta de larga; y una de los
dichos güe- yos 98 es la que toman todos comúnmente, y trituradas
con las manos las amasan; y luego se la ponen en la boca para vomitar lo que
han comido, a fin de que no les haga daño. Entonces comienzan a entonar el
canto susodicho; y encendiendo una antorcha toman aquel jugo. Hecho esto
primero, después de estar algún tiempo quieto, se levanta el behique, y va hacia
el enfermo que está sentado solo en medio de la casa, como se ha dicho, y da
dos vueltas alrededor de él, como le parece; y luego se le pone delante, y lo
toma por las piernas, palpándolo por los muslos y siguiendo hasta los pies;
después tira de él fuertemente, como si quisiera arrancar alguna cosa. De ahí
va a la salida de la casa y cierra la puerta, y le habla diciendo: "Vete
a la montaña, o al mar, o adonde quieras”. Y con un soplo, como quien sopla
una paja, se vuelve una vez más, junta las manos y cierra la boca; y le
tiemblan las manos, como cuando se tiene mucho frío, y se sopla las manos, y
aspira el aliento, como cuando se sorbe el tuétano de un hueso, y chupa al
enfermo por el cuello, o por el estómago, o por la espalda, o por las
mejillas, o por el pecho, o por el vientre o por muchas partes del cuerpo.
Hecho esto, comienza a toser y a hacer feos visajes, como si hubiese comido
alguna cosa amarga, y escupe en la mano y saca lo que ya hemos dicho que en su
casa, o por el camino, se había metido en la boca, sea piedra, o hueso, o
carne, como ya se ha dicho. Y si es cosa de comer, le dice al enfermo:
"Has de saber que has comido una cosa que te ha producido el mal que
padeces; mira cómo te lo he sacado del cuerpo, que tu cerní te lo había puesto
en el cuerpo porque no le hiciste oración, o no le fabricaste algún templo, o
no le diste alguna heredad”. Y si es piedra, le dice: "Guárdala muy
bien”. Y algunas veces tienen por cierto que aquellas piedras son buenas, y
ayudan a hacer parir a las mujeres, y las guardan con mucho cuidado, envueltas
en algodón, metiéndolas en pequeñas cestas, y les dan de comer de lo que ellos
comen; y lo mismo hacen con los cemíes 97 que tienen en casa. Algún
día solemne, en que llevan mucho de comer, pescado, carne, o pan, o cualquier
otra cosa, ponen de todo en la casa del cerní,98 para que coma de
aquello el dicho ídolo. Al día siguiente llevan todas estas viandas a sus
casas, después que ha comido el cemí. Y así les ayuda Dios como el cemí come de
aquello, ni de otra cosa, siendo el cemí cosa muerta, formada de piedra o hecha
de madera.
CAPÍTULO XVII
Cómo algunas veces los sobredichos médicos se han engañado
Cuando, después de
haber hecho las cosas mencionadas, de todos modos el enfermo se muere, si el
muerto tiene muchos parientes, o es señor de un pueblo, y puede enfrentarse con
dicho behique, que quiere decir médico" —pues los que poco pueden no se
atreven a contender con estos médicos—; el que le quiere hacer daño hace lo
siguiente: queriendo saber si el enfermo ha muerto por culpa del médico, o
porque no guardó la dieta como éste lo ordenó, toman una hierba que se llama
güeyo,100 que tiene las hojas semejantes a la albahaca, gruesa y
larga, y por otro nombre llámase zacón.101 Sacan, pues, el jugo de
la hoja, y le cortan al muerto las uñas y los cabellos que tiene encima de la
frente, y lo reducen a polvo entre dos piedras, lo cual mezclan con el jugo de
dicha hierba y lo dan a beber al muerto por la boca o por la nariz y, haciendo
esto, preguntan al muerto si el médico fue ocasión de su muerte y si guardó la
dieta. Y esto se lo preguntan muchas veces, hasta que al fin habla tan
claramente como si estuviese vivo; de modo que viene a responder a todo
aquello que le preguntan, diciendo que el behique no guardó la dieta, o fue
causante de su muerte aquella vez. Y dicen que le pregunta el médico si está
vivo, y cómo habla tan claramente; y él responde que está muerto. Y, después
que han sabido lo que querían, lo vuelven a la sepultura de donde lo sacaron
para saber de él lo que hemos dicho. Hacen también de otro modo los mencionados
hechizos para saber lo que quieren: toman al muerto, y hacen un gran fuego,
semejante a aquel con que el carbonero hace el carbón, y cuando los leños se
han convertido en brasas, echan al muerto en aquella gran hoguera, y después
lo cubren de tierra, como el carbonero cubre el carbón, y allí lo dejan estar
cuanto les parece. Y estando así, lo interrogan como ya se ha dicho antes: el
cual responde que no sabe nada. Y esto se lo preguntan diez veces y de allí en
adelante ya no habla más. Le preguntan si está muerto; pero él no habla más
que estas diez veces.
CAPÍTULO XVIII
Cómo se vengan los
parientes del muerto cuando han tenido respuesta por el hechizo de las bebidas
Se reúnen un día los
parientes del muerto, y esperan al susodicho behique, y le dan tantos palos que
le rompen las piernas y los brazos y la cabeza, moliéndolo todo, y lo dejan
así creyendo haberlo matado. Y por la noche dicen que vienen muchas culebras de
diversas clases, blancas, negras y verdes, y de otros muchos colores, las
cuales lamen la cara y todo el cuerpo del dicho médico que dejaron por muerto,
como hemos dicho.102 El cual se está así dos o tres días, y mientras
está así, dicen que los huesos de las 'piernas y de los brazos vuelven a unirse
y se sueldan, y que se levanta, y camina poco y se vuelve a su casa. Y los que
lo ven le preguntan diciendo: "¿Tú no estabas muerto?” Pero él responde
que los ce- míes103 fueron en su ayuda en forma de culebras. Y los
parientes del muerto, muy irritados porque creían haber vengado la muerte de su
pariente, viéndolo vivo, se desesperan y procuran echarle mano para darle
muerte; y si lo pueden coger otra vez, le sacan los ojos y le rompen los
testículos; porque dicen que ninguno de estos médicos puede morir por muchos
palos y golpes que se le den si no le sacan los testículos.
[CAPÍTULO XVIII
BIS)
Cómo saben lo que
quieren de aquel que han quemado, y cómo se vengan
Cuando descubren el
fuego, el humo que se levanta sube hacia arriba hasta que lo pierden de vista,
y da un chirrido al salir del horno. Vuelve luego abajo y entra en casa del
behique médico, y éste se enferma en ese mismo instante si no guardó la dieta,
y se llena de llagas y se le pela todo el cuerpo. Y esto tienen por señal de
que no la ha guardado, y que por eso murió el enfermo. Por lo cual procuran
matarlo, como ya se ha dicho. Éstas son pues las hechicerías que suelen hacer.
CAPÍTULO XIX
Cómo hacen y guardan
los cemíes de madera o de piedra
Los de madera104
se hacen de este modo: cuando alguno va de camino dice que ve un árbol, el
cual mueve la raíz; y el hombre con gran miedo se detiene y le pregunta quién
es. Y él le responde: "Llámame 105 a un behique106
y él te dirá quién soy”. Y aquel hombre, ido al susodicho médico, le dice lo
que ha visto. Y el hechicero o brujo corre en seguida a ver el árbol de que el
otro le ha hablado, se sienta junto a él, y le hace la cohoba,107
como antes hemos dicho en la historia de los cuatro hermanos. Hecha la cohoba,
se pone de pie, y le dice todos sus títulos, como si fueran de un gran señor, y
le pregunta: "Dime quién eres, y qué haces aquí, y qué quieres de mí y
por qué me has hecho llamar. Dime si quieres que te corte, o si quieres venir
conmigo, y cómo quieres que te lleve, que yo te construiré una casa con una
heredad”. Entonces aquel árbol o cerní, hecho ídolo o diablo, le responde
diciéndole la forma en que quiere que lo haga. Y él lo corta y lo hace del
modo que le ha ordenado; le fabrica su casa con heredad, y muchas veces al año
le hace la cohoba.
La cual cohoba es
para hacerle oración, y para complacerlo y para preguntar y saber del dicho
cerní las cosas malas y buenas y también para pedirle riquezas. Y, cuando
quieren saber si alcanzarán victoria contra sus enemigos, entran en una casa en
la que no entra nadie más que los hombres principales. Y el señor de ellos es
el primero que comienza a hacer la cohoba y toca un instrumento; y mientras
hace la cohoba, ninguno de los que están en su compañía habla hasta que el
señor ha concluido. Después que ha terminado su oración, está un rato con la
cabeza baja y los brazos sobre las rodillas; luego alza la cabeza, mirando al
cielo, y habla. Entonces todos le responden a un tiempo en alta voz; y habiendo
hablado todos, dan gracias, y él narra la visión que ha tenido, ebrio con la
cohoba que ha sorbido por la nariz y se le subió a la cabeza. Y dice haber
hablado con el cerní, y que conseguirán la victoria, o que sus enemigos
huirán, o que habrá gran mortandad, o guerras, o hambre u otra cosa tal, según
que él, que está borracho, dice lo que recuerda. Juzguen cómo estará su
cerebro, pues dicen que les parece ver que las casas se voltean con los
cimientos para arriba, y que los hombres caminan con los pies hacia el cielo.
Y esta cohoba se la hacen no sólo a los cemíes de piedra y de madera, sino
también a los cuerpos de los muertos, según arriba hemos dicho.
Los cemíes de
piedra son de diversas hechuras. Hay algunos que dicen que los médicos sacan103
del cuerpo, y los enfermos tienen que aquellos son los mejores para hacer parir
a las mujeres preñadas. Hay otros que hablan, los cuales tienen forma de un
nabo grueso, con las hojas extendidas por tierra y largas como las de las
alcaparras; las cuales hojas, por lo general, se parecen a las del olmo; otros
tienen tres puntas, y creen que hacen nacer la yuca.109 Tienen la
raíz semejante al rábano. La hoja de la yuca110 tiene cuando más
seis o siete puntas; no sé a qué cosa pueda compararla, porque no he visto
ninguna que se le parezca en España ni en otro país. El tallo de la yuca es de
la altura de un hombre. Digamos ahora de la creencia que tienen en lo que toca
a sus ídolos y cemíes, y de los grandes engaños que de éstos reciben.
CAPÍTULO XX
Del cerní Buya y
Aiba,111 del que dicen que, cuando hubo guerra, lo quemaron, y
después, lavándolo con el jugo de la yuca, le crecieron los brazos, y le nacieron
de nuevo los ojos y le creció el cuerpo
La yuca era pequeña,
y con el agua y el jugo mencionado la lavaban para que fuese grande; y afirman
que causaba enfermedades a los que habían hecho dicho cemí, por no haberle
llevado yuca que comer. Este cemí se llamaba Baibrama.112 Y cuando
alguno se enfermaba, llamaban al behique, y le preguntaban de qué procedería
su enfermedad, y él respondía que Baibrama se la había enviado, porque no le había
mandado de comer por conducto de los que tenían cuidado de su casa. Y esto
decía el behique que le había dicho el cemí Baibrama.
CAPÍTULO XXI
Del cerní de
Guamorete 113
Dicen que cuando
hicieron la casa de Guamorete, el cual era un hombre principal, pusieron allí
un cemí, que él tenía en lo alto de su casa, el cual cemí se llamaba Corocote.114
Y una vez que tuvieron guerra entre ellos, los enemigos de Guamorete quemaron
la casa en que estaba dicho cemí Corocote. Dicen que entonces éste se levantó
y se marchó de aquel lugar a distancia de un tiro de ballesta, junto a unas
aguas. Y dicen que estando encima de la casa, de noche bajaba y yacía con las
mujeres; y que después Guamorete murió, y que dicho cemí vino a parar a manos
de otro cacique, y que seguía yaciendo con las mujeres. Y dicen además que en
la cabeza le nacieron dos coronas, por lo que solían decir: "Puesto que
tiene dos coronas, ciertamente es hijo de Coro- cote”. Y esto lo tenían por
ciertísimo. Este cemí lo tuvo luego otro cacique, llamado Guatabanex,115
y su lugar se llamaba Jacagua.110
CAPÍTULO XXII
De otro cerní, que se
llamaba Opiyelguobirán,tl7 y lo tenía un hombre principal, que se
llamaba Saba- naniobabo,118 que tenía muchos vasallos bajo su mando
El cual cerní
Opiyelguobirán dicen que tiene cuatro pies, como de perro, y es de madera, y
que muchas veces por la noche salía de casa y se iba a las selvas. Allí iban a
buscarlo, y vuelto a casa lo ataban con cuerdas; pero él se volvía a las
selvas. Y cuando los cristianos llegaron a la dicha isla Española, cuentan que
éste se escapó y se fue a una laguna; y que aquéllos lo siguieron hasta allí
por sus huellas, pero que nunca más lo vieron, ni saben nada de él.119
Como lo compré, así también lo vendo.
CAPÍTULO XXIII
De otro cerní que se
llamaba Guabancex tso
Este cemí Guabancex
estaba en un país de un gran cacique de los principales, llamado Aumatex.121
El cual cemí es mujer, y dicen que hay otros dos en su compañía; el uno es
pregonero y el otro recogedor y gobernador de las aguas. Y dicen que cuando Guabancex
se encoleriza hace mover el viento y el agua y echa por tierra las casas y
arranca los árboles. Este cerní dicen que es mujer, y está hecho de piedras de
aquel país; y los otros dos cemíes que están en su compañía se llaman el uno
Guataúba,122 y es pregonero o heraldo, que por mandato de Guabancex
ordena que todos los otros cemíes de aquella provincia ayuden a hacer mucho
viento y lluvia. El otro se llama Coatrisquie,123 el cual dicen que
recoge las aguas en los valles entre las montañas, y después las deja correr
para que destruyan el país. Y esto lo tienen ellos por cierto.
CAPÍTULO
XXIV
De lo que creen de otro cerní, que se llama Bara- guabael m
Este cemí es de un cacique principal de la isla Española,
y es un ídolo, y le atribuyen diversos nombres, y fue hallado del modo que
ahora oiréis. Dicen que un día, antes de que la isla fuese descubierta, en el
tiempo pasado, no saben cuánto tiempo hace, andando de caza, hallaron un cierto
animal, tras del cual corrieron, y él huyó a un hoyo; y mirando por él, vieron
un leño que parecía cosa viva. De donde el cazador, al ver esto, corrió a su
señor, que era cacique y padre de Guaraionel,125 y le dijo lo que
había visto. Luego fueron allá y encontraron la cosa como el cazador decía; y
cogido aquel tronco, le edificaron una casa. Dicen que de aquella casa salió
varias veces, y se iba al lugar de donde lo habían traído, pero no ya al mismo
lugar, sino cerca. Por lo cual el señor sobredicho, o su hijo Guaraionel, lo
mandó a buscar y lo hallaron escondido; y lo ataron de nuevo y lo metieron en
un saco. Y con todo esto, así atado, se iba como antes. Y esto tiene por eos?
ciertísima aquella gente ignorante.
CAPÍTULO XXV
De las cosas que
afirman haber dicho dos caciques principales de la isla Española, uno llamado
Caá- baquel,12B padre del mencionado Guarionexy el otro Guamanucoel128
Y
a aquel gran señor, que dicen está en el
cielo, según está escrito en el principio de este libro, hizo Cáicihu129
un ayuno, el cual hacen comúnmente todos ellos. Para lo que están recluidos
seis o siete días sin comer cosa alguna, excepto jugo de las hierbas con que
también se lavan.130 Acabado este tiempo, comienzan a comer alguna
cosa que les da sustento.
Y
en el tiempo que han estado sin comer, por la
debilidad que sienten en el cuerpo y en la cabeza, dicen haber visto alguna cosa
quizá deseada por ellos. Por lo cual todos hacen aquel ayuno en honor de los
cemíes que tienen, para saber si alcanzarán victoria de sus enemigos, para
adquirir riquezas o por cualquier otra cosa que desean.
Y dicen que
este cacique afirmó haber hablado con Yucahuguamá,131 quien le había
dicho que cuantos después de su muerte quedasen vivos, gozarían poco tiempo de
su dominio, porque vendría a su país una gente vestida, que los habría de
dominar y matar, y que se morirían de hambre. Pero ellos pensaron primero que
éstos habrían de ser los caníbales;132 mas luego, considerando que
éstos no hacían sino robar y huir, creyeron que otra gente habría de ser
aquella que decía el cemí. De donde ahora creen que se trata del Almirante y de
la gente que lleva consigo.
Ahora quiero
contar lo que he visto y pasado, cuando yo y otros hermanos íbamos a ir a
Castilla. Y yo, fray Ramón, pobre ermitaño, me quedé, y fui a la Magdalena,133
a una fortaleza que hizo construir don Cristóbal Colón, almirante, virrey y gobernador
de las Islas y de la Tierra Firme de las Indias, por mandato del rey don
Fernando y de la reina doña Isabel, nuestros señores. Estando yo, pues, en
aquella fortaleza en compañía de Artiaga,134 capitán de ella, por
mandato del susodicho gobernador don Cristóbal Colón, plugo a Dios iluminar
con la luz de la santa fe católica toda una casa de la gente principal de la
sobredicha provincia de la Magdalena, cuya provincia se llamaba ya Macorís,135
y el señor de ella se llama Guanáoboconel,130 que quiere decir hijo
de Guanáobocon.137 En dicha casa estaban sus servidores y
favoritos, que son llamados naborías;138 y eran en total dieciséis
personas, todos parientes, entre los cuales había cinco hermanos varones. De
éstos murió uno, y los otros cuatro recibieron el agua del santo bautismo; y
creo que murieron mártires, por lo que en su muerte y constancia se vio. El
primero que recibió la muerte, y el agua del santo bautismo, fue un indio
llamado Guatícaba,139 que después tuvo el nombre de Juan. Éste fue el
primer cristiano que padeció muerte cruel, y tengo cierto que tuvo muerte de
mártir.140 Porque he sabido por algunos que estuvieron presentes a
su muerte, que decía: "Dios naboría daca, Dios naboría daca”,141
que quiere decir "yo soy siervo de Dios”. Y así murió su hermano Antón,142
y con él otro, diciendo lo mismo que él. Los de esta casa y gente todos
estuvieron en mi compañía para hacer cuanto me agradaba. Los que quedaron
vivos y todavía viven hoy, son cristianos por obra del susodicho don Cristóbal
Colón, virrey y gobernador de las Indias; y ahora hay muchos más cristianos por
la gracia de Dios.
Digamos ahora
lo que nos sucedió en la provincia de la Magdalena.143 Hallándome en
la mencionada Magdalena, vino el dicho señor Almirante en socorro de Artiaga 144
y de algunos cristianos asediados por los enemigos, súbditos de un cacique
principal llamado Caonabó.145 El señor Almirante me dijo entonces
que la provincia de la Magdalena [o] Maco- rís 146 tenía lengua
distinta de la otra, y que no se entendía su habla por todo el país.147
Pero que yo me fuese a vivir con otro cacique principal, llamado Guarionex,148
señor de mucha gente, pues la lengua de éste se entendía por toda la tierra.
Así, por su mandato, me fui a vivir con el dicho Guarionex. Y bien es verdad
que le dije al señor gobernador don Cristóbal Colón: "Señor, ¿cómo quiere
Vuestra Señoría que yo vaya a vivir con Guarionex, no sabiendo más lengua que
la de Macorís? Déme licencia Vuestra Señoría para que venga conmigo alguno de
los de Nuhuirey,149 que después fueron cristianos, y sabían ambas
lenguas”. Lo cual me concedió, y me dijo que llevase conmigo a quien más me
agradase.
Y
Dios por su bondad me dio por compañía al mejor
de los indios, y el más entendido en la santa fe católica; y después me lo
quitó. Alabado sea Dios que me lo dio y luego me lo quitó. Verdaderamente yo lo
tenía por buen hijo y hermano; era Guatíca- banu,150 que después fue
cristiano y se llamó Juan.
De las cosas
que allí nos pasaron, yo, pobre ermitaño, diré alguna, y de cómo saliiíios yo
y Guatíca- banu y fuimos a la Isabela, y allí esperamos al señor Almirante
hasta que volvió del socorro que dio a la Magdalena. Y tan pronto como llegó,
nos fuimos adonde el señor gobernador nos había mandado, en compañía de uno que
se llamaba Juan de Ayala,151 que tuvo a su cargo una fortaleza que
dicho gobernador don Cristóbal Colón hizo fabricar a media legua del lugar
donde nosotros habíamos de residir.
Y
el señor Almirante mandó a dicho Juan de Ayala
que nos diese de comer de todo lo que había en la fortaleza, la cual fortaleza
se llamaba la Concepción. Nosotros estuvimos por consiguiente con aquel cacique
Guarionex casi dos años, enseñándole siempre nuestra santa fe y las costumbres
de los cristianos. Al principio mostró buena voluntad y dio esperanza de hacer
cuanto nosotros quisiésemos y de querer ser cristiano, diciendo que le
enseñásemos el Padre Nuestro, el Ave María y el Credo y todas las otras
oraciones y cosas que son propias de un cristiano. Y así aprendió el Padre
Nuestro y el Ave María y el Credo, y lo mismo aprendieron muchos de su casa; y
todas las mañanas decía sus oraciones y hacía que las dijesen dos veces al día
los de su casa. Pero después se enojó y abandonó su buen propósito, por culpa
de otros principales de aquella tierra, los cuales le reprendían porque deseaba
obedecer la ley de los cristianos, siendo así que los cristianos eran malvados
y se habían apoderado de sus tierras por la fuerza. Por eso le aconsejaban que
no se ocupara más de las cosas de los cristianos, sino que se concertasen y
conjurasen para matarlos, puesto que no podían satisfacerlos y habían resuelto
no hacer en modo alguno lo que ellos quieren. Debido a que se apartó de su
buen propósito, nosotros, viendo que se apartaba y dejaba lo que le habíamos
enseñado, resolvimos marcharnos e ir donde mejor fruto pudiéramos obtener,
enseñando a los indios y adoctrinándolos en las cosas de la santa fe. Y así nos
fuimos a otro cacique principal, que nos mostraba buena voluntad diciendo que
quería ser cristiano. El cual cacique se llamaba Mabiatué.152 [CAPÍTULO XXV
BIS]
Cómo partimos para ir al país de dicho Mabiatué, esto es,
yo, fray Ramón Vané, pobre ermitaño, fray Juan de Borgoña, de la orden de San
Francisco, y Juan Mateo, el primero que recibió el agua del santo bautismo en
la isla Española
Al segundo día que
partimos del pueblo y residencia de Guarionex153 para ir a otro
cacique llamado Ma- biatué, la gente de Guarionex edificaba una casa junto al
adoratorio, en el cual dejamos algunas imágenes ante las cuales se
arrodillasen y orasen y se consolasen los catecúmenos, que eran la madre, los
hermanos y los parientes del mencionado Juan Mateo, el primer cristiano, a los
que se juntaron otros siete; y después todos los de su casa se hicieron cristianos,
y perseveraron en su buen propósito según nuestra fe. De modo que toda la
referida familia quedaba para guardar dicho adoratorio y algunas heredades que
yo había labrado o hecho labrar. Y, habiendo quedado aquellos en custodia de
dicho adoratorio, al segundo día después de que hubimos partido para ir al
sobredicho Mabiatué, fueron seis hombres al adoratorio, que dichos catecúmenos,
en número de siete, tenían bajo su custodia, y por mandato de Guarionex les
dijeron que tomasen aquellas imágenes que fray Ramón154 había dejado
al cuidado de los sobredichos catecúmenos, las destrozasen y rompiesen, pues
fray Ramón y sus compañeros se habían marchado, y no sabrían quién lo había
hecho. Porque los seis criados de Guarionex que fueron allí, encontraron a los
seis muchachos que custodiaban el oratorio, temiendo lo que después sucedió. Y
los muchachos, así adoctrinados, dijeron que no querían que entrasen; mas ellos
entraron a la fuerza, y tomaron las imágenes y se las llevaron.
CAPÍTULO XXVI
De lo que sucedió con
las imágenes, y del milagro que hizo Dios para mostrar su poder
Salidos aquéllos del
adoratorio, tiraron las imágenes al suelo y las cubrieron de tierra y después
orinaron encima, diciendo: "Ahora serán buenos y grandes tus frutos”. Y
esto porque las enterraron en un campo de labranza, diciendo que sería bueno el
fruto que allí se había plantado; y todo esto por vituperio.155 Lo
cual visto por los muchachos que guardaban el adoratorio, por orden de los
susodichos catecúmenos, corrieron a sus mayores, que estaban en sus heredades,
y les dijeron que la gente de Guarionex había destrozado y escarnecido las
imágenes. Lo cual sabido de ellos, dejaron lo que hacían y corrieron gritando a
darle conocimiento a don Bartolomé Colón, que tenía aquel gobierno por el Almirante
su hermano, que se había ido a Castilla.156 Éste, como lugarteniente
del virrey y gobernador de las islas, formó proceso contra los malhechores y,
sabida la verdad, los hizo quemar públicamente. Pero con todo esto, Gaurionex
y sus vasallos no se apartaron del mal propósito que tenían de matar a los
cristianos en el día designado para llevarles el tributo de oro que pagaban.
Pero su conjuración fue descubierta, y así fueron presos aquel mismo día que
querían llevarla a efecto. Y no obstante todo esto, perseveraron en su
perverso propósito, y poniéndolo por obra mataron a cuatro hombres, y a Juan
Mateo, principal cristiano,167 y a su hermano Antón,158
que había recibido el santo bautismo. Y corrieron adonde habían escondido las
imágenes y las hicieron pedazos. Pasados algunos días, el señor de aquel campo
fue a sacar los ajes,159 los cuales ajes son ciertas raíces
semejantes a nabos, y otras parecidas a rábanos; y en el lugar donde habían
estado enterradas las imágenes, habían nacido dos o tres ajes, como si hubiesen
puesto el uno por medio del otro, en forma de cruz. No era posible que nadie
encontrase tal cruz, y sin embargo la halló la madre de Guarionex, que es la
peor mujer que he conocido en aquellas partes, la cual tuvo esto por gran
milagro, y dijo al alcaide de la fortaleza de la Concepción: "Este milagro
ha sido mostrado por Dios donde fueron halladas las imágenes. Dios sabe por
qué”.
Digamos ahora
cómo se hicieron cristianos los primeros que recibieron el santo bautismo y lo
que es necesario hacer para que se hagan todos cristianos. Y verdaderamente
que la isla tiene gran necesidad de gente para castigar a los señores cuando
son merecedores de ello [y] dar a conocer a aquellos pueblos las cosas de la
santa fe católica y adoctrinarlos en ella; porque no pueden y no saben
oponerse. Y yo puedo decirlo con verdad, pues me he fatigado para saber todo
esto, y estoy cierto de que se habrá comprendido por lo que hasta ahora hemos
dicho; y a buen entendedor, bastan pocas palabras.
Los primeros
cristianos en la isla Española fueron, pues, los que arriba hemos dicho, a
saber, Naboría,160 en cuya casa había diecisiete personas, que
todas se hicieron cristianas, con darles sólo a conocer que hay un Dios, que ha
hecho todas las cosas, y creó el cielo y la tierra, sin que otra cosa se
discutiese ni se les diese a entender, porque eran propensos a creer
fácilmente. Pero con los otros hay necesidad de fuerza y de ingenio, porque no
todos somos de una misma naturaleza. Como aquéllos tuvieron buen principio y
mejor fin, habrá otros que comenzarán bien y se reirán después de lo que se les
ha enseñado; con los cuales hay necesidad de fuerza y castigo.
El primero
que recibió el santo bautismo en la isla Española fue Juan Mateo, el cual se
bautizó el día del evangelista San Mateo el año 1496,161 y después
toda su casa, en la que hubo muchos cristianos. Y más adelante se iría, si
hubiese quien los adoctrinase y les enseñase la santa fe católica, y gente que
los refrenase. Y si alguien me preguntase por qué yo creo tan fácil este
negocio, diré que lo he visto por experiencia, y especialmente en un cacique
principal llamado Mahubiatíbire,’82 el cual hace ya tres años que
continúa con buena voluntad, diciendo que quiere ser cristiano, y que no quiere
tener más que una mujer, aunque suelen tener dos o tres, y los principales
diez, quince y veinte.
Esto es lo
que yo he podido saber y entender acerca de las costumbres y los ritos de los
indios de la Española, por la diligencia que en ello he puesto. En lo cual no
pretendo ninguna utilidad espiritual ni temporal. Plegue a Nuestro Señor, si
esto redunda en beneficio y servicio suyo, darme gracia para poder perseverar;
y si ha de ser de otra manera, que me quite el entendimiento.
Fin de la obra del pobre ermitaño Ramón Pane us
N. B. Las citas de Anglería y de Las Casas que aparecen en las notas se hallan,
cuando no se indique la procedencia, en las secciones que respectivamente se
reproducen en los apéndices B y C.
1
Ulloa: fra
Román. Por las razones expuestas en el Estudio
preliminar cambiaremos Romm a Ramón en toda la
traducción.
2
Ulloa: cemini, plural
italianizado de cemi. En subsiguientes
notas se verá que Ulloa vacila entre las formas singular, cemi,
cimt, cimiche, plural, cemmi,
cimini. Anglería escribe zeme,
zemes. Las Casas, más familiarizado con la lengua taina,
explica: "Tenía algunos ídolos o estatuas de las dichas, y éstas
generalmente llamaban gemí, la última sílaba luenga y aguda”. La
castellanización de Las Casas es la que se ha impuesto en el español actual: cemí.
3
Ulloa
confusamente traduce: "Tengono che sia come in cielo immortale, e che
alcun non possa vederlo, & che ha madre, & ch’ei non habbia principio”.
Las Casas parafrasea así lo escrito por Pané: "La gente de esta isla Española
tenía cierta fe y conocimiento de un verdadero y solo Dios, el cual era
inmortal e invisible que ninguno lo puede ver, el cual no tuvo principio, cuya
morada y habitación es el cielo”.
4
Ulloa: locabuuague
Maorocon; Anglería: locauna
Gua- maonocon; Las Casas: Yocahu
Vagua Maorocoti. Se escoge la forma registrada por Las Casas,
modernizada y acentuada debidamente, porque de las tres fue la única
trasladada directamente al español. Estos términos probablemente significan
'Ser-de-la-Yuca, Mar, Sin-Antecesor-Masculino’.
Recuérdese que
por los años en que Pané escribía la h representaba un
sonido aspirado semejante al de la h inglesa o a
nuestra j actual. Así, las palabras que se escribían higuera,
hobo, hutía hoy se pronuncian jigüera,
jobo, jutía. Por
consiguiente, en este y los demás casos en que aparece una h antes de vocal
se deberá pronunciar como j: Yúcaju,
Gmjayona, ltiba Cajubaba,
Mdroju, etc.
5
Ulloa: Atabei,
lermaoguacar, Apito & Zuknaco,
che son cmque no mi. Nótese que así escritos son sólo cuatro. Anglería da
cinco, pero algunos totalmente distintos: Atta-
beira, Mamona, Gaacarapita, liella, Guimazoa. Las Casas es de
poca ayuda en esta ocasión pues dice únicamente: "Dios tenía madre, cuyo
nombre era Atabex, y un hermano
suyo Guaca, y otros de esta manera”. De estos nombres, es
posible que Attabeka (de atté, vocativo de
'madre’, y el sufijo ligado beka 'agua’)
equivalga a Madre-de-las-Aguas; Gua-
car pudiera haber sido Wa-katti
~ Wa-katri (de wa- 'nuestra’ y katti
~ kaki 'luna’, voz relacionada también con 'marea’ y
'menstruación’).
6
Las
Casas amplía el marco geográfico de las observaciones de Pané cuando comenta:
"Es de saber que las gentes de esta Española, y la de Cuba, y la que
llamamos de San Juan, y la de Jamaica, todas las islas de los Lucayos, y
comúnmente en todas las demás que están en casi renglera, desde cerca de la
Tierra Firme, que se dice la Florida, hasta la punta de Paria... y también por
la costa de la mar las gentes de Tierra Firme por aquella ribera de Paria ...
casi toda era una manera de religión”.
7
Los
tainos, igual que otros pueblos amerindios —y en parte los franceses—, contaban
por una sistema vigesimal. Por cinco decían mano’,
por diez 'dos manos’, por veinte
'hombre’, por ochenta "cuatro
hombres’. Véase, entre otros, Raymond Bretón, Dictionnaire
carttibe-franfais, reimpreso por Jules Platzmann, Leipzig, 1892, p. 78;
Daniel G. Brinton, "The Arawack language oí Guiana in its
lin- guistic and ethnological relations”, en Transactions
of the American Philosophical Society, New Series, XIV, 1871, 430 y 431;
Cari F. von Martius, Beitrage zur Ethnographie und Sprachenkunde
Amerikas zmndl Brasiliens, II. Zur Sprachenkunde, Leipzig, 1867,
p. 310, y José Gumilla, El Orinoco ilustrado, Madrid, 1741,
p. 506.
8
Ulloa: Caanau; Anglería: Caunana. Otros cronistas
escriben Caunao o Caonao. Ambas formas
han quedado como topónimos e hidrónimos en las Antillas. Significa 'lugar donde
hay mucho oro’.
9
Ulloa: cantas Anglería: Cauta. Nótese que
Ulloa con frecuencia lee mal la u: arriba, según
se acaba de ver, la confundió con a; ahora la
confunde con ». En apoyo de la lectura de Pedro Mártir puede agregarse que el
río mayor de Cuba se llama, con voz probablemente taina, Cauto.
Además, en arahuaco se registra el término kauta para designar
un árbol cuyas cenizas se emplean, mezcladas con el barro, en la fabricación de
ollas. Véase J. Crevaux, P. Sagot, L. Adam, Grammmre
et vocabulaires roucouyenne, arrou- ague, piapoco et d’autres langues de la
región des Guyanes, París, 1882, p. 134.
10
Ulloa: Cacibagiagua; Anglería: Cazibaxagua, y de ahí que
optemos por escribir Cacibajagua. Caciba parece ser la
misma voz que escrita casimba o cacimba —con m epentética
generada por nasalización de la vocal ante consonante nasal—• se ha conservado
desde las Antillas hasta el Río de la Plata para designar una oquedad en el
terreno. Jagua es el nombre de un árbol común en las
Antillas (Genipa americana) y ha quedado
por nombre de numerosos lugares. Cacibajagua equivaldría,
por consiguiente, a Cacimba o Cueva de Jagua. (Véase además cap. xxv, n. 126.)
11
Ulloa: Ammauua; Anglería: Amaiauna. Se escoge de
nuevo la lectura de Pedro Mártir. El semantema iauna,
iouna tiene en arahuaco el sentido de precio, valor, recompensa’.
Ama- pudiera ser el prefijo privativo ma- 'sin, carente
de’. Amayauna sería, pues, el nombre de la cueva de donde
salieron los sin mérito, valor o importancia, es decir los no tainos.
12
Los
tainos pertenecían a la familia arahuaca y en realidad llegaron a las Antillas
procedentes de la zona septentrional de Suramérica. Por otra parte muchos
pueblos del universo tienen mitos que le suponen al hombre un origen autóctono
o terrígeno en contraposición a su origen bisexual o biológico.
18 Ulloa: Marocael; Anglería: Mackochael. Si Ulloa leyó
el topónimo Macorís como Maroris, es de pensar que también aquí, confundiendo
la c y la r, haya leído Marocael
donde decía Macocael. Elegimos, por
consiguiente, la lectura de Pedro Mártir, recastellanizando la grafía. La voz
parece relacionarse con ákoke párpado’, así
es que Máco- cael vendría a ser 'El de los ojos sin párpados’.
14 Ulloa: iobi, es decir 'jobos”. El jobo
(Spondias lútea) es un árbol muy común en la América tropical, que da
un fruto amarillo parecido a la ciruela. De ahí que Pané, y Mártir siguiendo a
Pané, creyeran que se trataba de mi- robálanos.
16 Aquí y tres
veces más en éste y los dos siguientes capítulos el texto lee: Guagugiona. Pedro Mártir,
siguiendo esta primera grafía, escribe Vagoniona. Pero, a partir
del capítulo V (nota 28), aparecerá once veces como Guaba-
pona. ¿Sería que Pané, oyendo mejor, enmendó la grafía
sobre la marcha? Apoyándonos en esa posibilidad, y para evitar confusión,
modernizaremos en todos los casos a Guahayona. Véase además
nota 38.
16
Ulloa: Giadruuaua. El grupo dr acaso sea
lectura errada por h. Como h aparece,
renglones más abajo, al mencionar el pájaro cuyo nombre se basa en el de este
personaje (nota 18). Y como h reaparece en Cabuba{ba}yael (cap. VIH, nota 50), y en Itiba
Tabubaba o Cahubaba (cap. IX, nota 56). A lo
mejor Yabubaba, Tabubaba y Cahubaba son variantes
de una misma voz.
17
Así el
texto. La identificación de esta planta crea un confuso problema al que se
aludirá más adelante. Véase nota 19.
18
Ulloa: Giabuba
Bagiael. Ligadas ambas palabras parecen corresponder al mismo
Cabubaba(ya}el del capítulo VIH, nota 50.
19
El
texto trae gioie que en italiano
significa 'joyas’. En los capítulos xvi (nota 95) y xvii (nota 100) se
verá que gioie es lectura errada del nombre de la hierba que
en el último de los citados capítulos se da como güeyo.
Obsérvese además que en la oración siguiente se reitera que llevasen
"solamente la hierba”. Por otra parte, ¿serán el güeyo y el digo la misma planta
o dos plantas distintas? Sobre lo que pudiera haber sido el güeyo véase nota 100,
y sobre el digo la nota 130.
20
Ulloa: Matinino; Anglería: Mathininó. En cuanto a la
acentuación, Pedro Mártir declara (Década 3a., lib. Vil, cap. 1):
"La isla de Matininó ... con acento en la última sílaba”. Según Morison
esta isla es la Martinica. Ahora bien, el nombre indígena de la Martinica,
según el padre Bretón, no era Matinino sino Ioüanacaéra, es decir Iguana-
cairi 'Isla de Iguanas’ (Op
cit., p. 412). A lo mejor Matininó es un paraje mítico y
no un lugar geográfico.
21
Así el
texto. Andrés Bernáldez, amigo y confidente de Colón, consigna: "El
cacique traía al pescuezo una joya de alambre de una isla que es en aquella
comarca, que se llama Guaní, que es muy
fino” (Memorias del reinado de los Reyes Católicos que
escribía el bachiller Andrés Bernáldez, Cura de los Palacios, Madrid, 1962,
p. 331). Véanse notas 39, 41 y 43.
22
Ulloa: too,
too; Anglería: toa, toa. Toa ha quedado por
nombre de varios ríos de Cuba, el más importante de ellos cerca de Baracoa. Es
posible que toa en realidad significara 'agua’. (Véase nota
25.)
23
El
texto: molto adagio 'muy despacio’.
Bourne traduce esta frase por 'very urgently’ (op.
cit., p. 13). Otros traductores la interpretan en forma
igualmente imaginativa. Olvidan que despacio equivale a 'en
voz baja’. Joan Coraminas documenta este uso, tanto en diversos países de
América como en Asturias y otras regiones de España, en su
"Indianorrománica: occidentalismos americanos”, Revista
de Filología Hispánica, VI, 1944, 231.
24
El
texto: nane enanos’, errata por rane 'ranas’. Anglería
no deja dudas en cuanto a la lectura: 'in rane con- versi”.
25
Ulloa: tona.
Tona, toona, tuna en caribe, taruma, trío, rucuyén, carijona y otras
lenguas amerindias es 'agua’.
26
Ulloa: Aiti. Anglería en
otra parte explica (Década 3a., lib. vil, cap. 1): "Los nombres que los
primeros habitantes pusieron a la Española fueron, primero, Quizquella,
después, Haití ... Mas Haití
significa aspereza en su lengua antigua, y así llamaron a toda la isla... por
el aspecto áspero de sus montañas”. Pedro Henríquez Ureña apunta en cuanto al
significado de Haití: "Nombre
del pico más alto en la antigua región montañosa del Cibao, según Las Casas (Apologética, caps. 6 y
197), del cual 'se denominó y llamó toda esta isla’; todavía los campesinos
llaman hai- tises a las montañas” (El
español en Santo Domingo, Buenos Aires, 1940, p. 209).
27
Ulloa: Boubi. Si bien existen
numerosas variantes de este término (véase n. 85), bohío es la forma hoy
aceptada.
28
Ulloa: Guahagiona. Recuérdese que
en los tres capítulos anteriores el nombre aparece escrito como Guagugio-
na y que aquí, y en los capítulos siguientes, se escribe Guahagiona. Véase además
nota 38.
29
Admitiendo la voz taina, Ulloa la transcribe
así: cacique. Los españoles la traducían por rey,
gobernador, régulo’. En taino tal vez fuera ka-siqua 'con-casa’, es
decir, jefe de casa o de las casas.
30
Ulloa: Anacacuia.
Annaka en arahuaco es centro, medio’; cuya pudiera ser o
bien kuya 'espíritu’ (como en el sintagma konpko-kuya registrado como
'bush-spirit’) o bien kuyuha ~ koeia 'estrella,
constelación’. Es decir, 'Espíritu Central’ o quizá 'Lucero del Centro’.
31
Ulloa
transcribe el tainismo tal como aquí se da: canoa. Sobre el
posible origen del término véase Douglas Taylor, "Spanish canoa and its
congeners”, International Journal of American Linguistics, vol. 23, núm.
3, July, 1957, 242-244.
32
Cobo. Así en el
texto. Anglería comenta en Déc. 7a. lib. i, cap. 2: "Debajo del agua
encuentran cierto género de joyas que estiman mucho, de conchas rojas, que
llevan colgado a las orejas. Pero sacan otro más precioso de grandes conchas
de caracol ... A la concha esa le llaman cohobo
y a su piedrecita cohibid”. Puesto que
'piedra’ es ciba, es de suponer
que Anglería haya traspuesto la b y la c en lo que debió
leer cohicibi, Ulloa escribe colecibi (ver n. 40),
33
El
texto lee: las ció qaeUe di Matanino, es decir, 'dejó
las de Matininó’. Ya que Guahayona pasó a la otra isla sin llevar ninguna de
esas mujeres, infiero que la lectura debió de haber sido "las dejó en
Matininó”. Esta enmienda concuerda con la narración tal como continúa en el
siguiente capítulo. Enmiendo también Matanino a Matininó. La leyenda de
que en Matininó sólo hubiese mujeres dio origen a que los españoles imaginaran
amazonas por todas partes. La leyenda se relaciona con el nombre de la isla, analizable
como Ma-iti-ni-no 'sin-padre-s’.
34
Ulloa: Canta. Se corrige a
Cauta, igual que en cap. i, nota 9.
35
Mal
francés. Es el también llamado bubas o sífilis,
que evidentemente existía en América antes de 1492. Sobre la debatida
cuestión del origen americano o europeo de dicha enfermedad véase Samuel E.
Morison, Admiral of the Ocean Sea, Boston, 1942,
II, 193-218.
36
Guanara se ha
conservado en partes de Cuba como nombre de una paloma que vive en montes
retirados (Esteban Rodríguez Herrera, Léxico
mayor de Cuba, II, La Habana,
1959). En guajiro, otra lengua de la familia ara- huaca, guanoru es 'enfermedad’
(Rafael Celedón, Gramática, catecismo i vocabulario de la
lengua goajira, París, 1878, p. 96).
37
El
texto aquí Guabonito, pero renglones
más abajo Gualonito.
38
Ulloa: Biberoci
Guahagiona, pero renglones más abajo lo llama Albeborael
Guahagiona (nota 42). La discrepancia en cuanto al primer
nombre pudiera deberse a que en Biberoci leyó c donde a lo
mejor era una e: Biberoei. Correspondería
así a una terminación, frecuente en nombres propios, que aparece
indistintamente como -ey -ex -el (Guarió ney ~ Guarionex ~ Guarionel). Confrontando ambos
términos resultaría que {Aljbiberoei y Al-beborael son, en
realidad, variantes del mismo nombre, y de ahí que en todos los casos se dé la
más completa de las dos. (Sobre otra probable confusión entre c ye véase nota
149.)
Con respecto al
segundo nombre, se explicaría que cambiara la grafía de Guagugiona a Guahagiona debido a que wahajia
i—1 wahaddia equivale en arahuaco a 'luego, de ahí en
adelante’. Es costumbre muy generalizada entre los pueblos arahuacos cambiar de
nombre después de haber rebasado una grave enfermedad. Véase Walter E. Roth, An
inquvry into the anbnism and folk-lore of the Guiana lndians, Washington,
1915, p. 345.
39
Ulloa: guanini
... cibe. Las Casas y
otros cronistas españoles escriben guanines y cibas.
40
Ulloa: colecibi. Deben ser las
cibas, hechas de la concha del cobo (Strombus
gigas), a las que Pedro Mártir llamaba cohibid. Véase nota 32.
41
El
guanín es una aleación de oro, plata y cobre. Véase Paul Rivet,
"L’orfévrerie précolombienne des Antilles, des Guyanes et du Vénézuela,
dans ses rapports avec l’orfé- vrerie et la métallurgie des autres régions
américaines”, en Journal de la Société des Américanistes de
Parts, Nouvelle série, xv, 1923, 183-213.
42
Ulloa: Albeborael
Guahagiona. Cf. nota 38.
43
Ulloa: Hia
Gumli Guanin ... Hiauna. Esta lectura es muy confusa. Si Hia
Guaili "quiere decir hijo de Hiauna”, la transcripción
debiera haber sido Hiaunael, ya que el
sufijo -el, según informa el propio Pané (cap. IX), significa 'hijo
de’. Pero también pudiera haber sido que las sílabas estuviesen mal separadas:
unidas leerían Híaguaili, transcripción
muy semejante a Híali, que es la forma
que registra Bretón. Véase nota 44.
44
La
extrema confusión de todo el párrafo pudiera deberse a que Pané no entendiera
bien lo que le decían. Por suerte he dado con versiones análogas del mismo mito
entre los caribes insulares (Raymond Bretón, Dictionnaire
ca- raibe-frangais, ed. facsimilar, Leipzig, 1892, p. 293), los arahuacos
y los guaraos (Walter E. Roth, of.
cit., p. 256), los indígenas del río Jamundá (Paul
Ehrenreich, Die My- then und Legenden der Südamerikanischen
Urvblker, Berlín, 1905, p. 37), los waiwai (Niels Fock, Waiwai:
religión and society of an Amazonian tribe, Copenhagen,
1963, pp. 54-56), y hasta en una tribu de esquimales (Knud Rasmus- sen, The
Netsilik Eskimos: social Ufe and spiritual culture. Report of the fifth Thule
expedition, vol. 8, 1-2, Co- penhagen, 1931, pp. 235-36). Según
esas versiones Híali es hijo de las incestuosas relaciones de un hombre con su
propia hermana, y descubierta su acción, huyó de la tribu y fue transformado en
el astro lunar. Douglas Taylor, que también ha recogido el relato entre los
caribes de Dominica, informa que Híali significa
'El-que-se-ha-hecho-bri- liante’ ("Tales and legends of the Dominica
Caribs”, Journal of American Folklore, LXV, 1952, 269).
45
Ulloa: Aiti.
46
El
texto: aquile 'águilas’, errata por anguille 'anguilas’.
Anglería confirma esta lectura: Veluti
anguillae de manibus eorum labuntur: 'como anguilas
se les deslizaron de las manos’.
47
Así el
texto. Pané explica a continuación el significado.
48
No es
fortuito que estos seres asexuados fueran cuatro. Cuatro es el número sagrado
de las cosmogonías amerindias. Y cuatro suelen ser los hermanos, o hermanas,
creados por los dioses. Véase nota 57.
49
Aquí el
texto: inriri, pero a continuación inr'vre.
50
Ulloa: imite
cahuuaial. El segundo término quizá fuese Cahuua{uaíia(e}l 'hijo o
descendiente de Cahubaba’ (véanse notas 16, 18 y 56).
51
Ulloa: Giaia. La aparente
contradicción de que no sepan el nombre inmediatamente después de haber declarado
que se llamaba Yaya se explica si
se tiene en cuenta que en arahuaco la significa
'espíritu, esencia, causa primera de la vida’ (C. H. de Goeje, The
Arawak language of Guiana, Amsterdam, 1928, pp. 45, 142 y 204). Formando
un superlativo por duplicación, Yaya equivale a
'Sumo Espíritu’.
52
Se
trata, pues, de un sufijo ligado -el, cuyo significado
a continuación aclara Pané. En otras ocasiones -el también
aparece escrito como -ex: Guarionel o Guarionex (véase nota
125).
63 El texto: zucca calabaza’. En
realidad se trataría de una güira
(Crescentia cujete) a cuya corteza, usada como recipiente, todavía se le
llama en las Antillas, con voz taina, higuera o jigüera.
54
La
costumbre de colgar los huesos en un cestillo (jaba) o de guardarlos
en una urna funeraria, la notó Colón en su primer viaje (Diario, jueves 29 de
noviembre) y la confirmó Pané en el capítulo xv.
55
Ulloa: conichi, italianización
de la forma castellana conucos. En arahuaco kunuku es 'bosque,
selva’.
56
Ulloa: Itiba,
Tahuuaua. La voz Itiba acaso contenga
la raíz registrada en arahuaco como ite ~
üttü ~ üthe 'sangre’. Y de
existir algún parentesco entre el taino y el tupí, estaría relacionado con el
adjetivo t'uíuara 'sanguinoso, ensangrentado’ (Conde Ermano
Stradelli, Vocabularios da lingua geral portuguez-nheéngatú
e nheéngatú-portu- guez, Río de Janeiro, 1929, p. 682). En cuanto a Tahubaba,
partiendo de que la t a menudo se
permuta con la k en las lenguas arahuacas, también pudiera
haber sido Cahubaba (véase nota
16). A este respecto cabría señalar que varios lugares de Cuba llevan el nombre
Cajobabo (Julián Vivanco, El
lenguaje de los indios de Cuba, La Habana, 1946, p. 47). Por otra parte, en
la orilla occidental del río Mamoré, afluente del Amazonas, habita una tribu
llamada Kayubaba (G. de Créqui-Monfort y P. Rivet, "La
lan- gue Kayuvava”, International Journal of American Linguis-
tics, I, 1917-1918, 245-263, y Harold Key,
"Phonotactics of Kuyavava”, Ibid., xxvii, 1961,
143-150). De haber existido dicha relación con el tupí-guaraní, kayu, en tupí, es
'vieja, cargada de años’ (P. C. Tatevin, La
langue tap'ih'iya dite tupi ou ñeengatu, Viena, 1910, p.
102). En tal caso esta Ensangrentada Madre Vieja correspondería, dentro de las
mitologías americanas, a Pachamama, la Madre Tierra
de los incas, y a Coatlicue, la Madre
Tierra, la Gran Paridora de los aztecas.
57
En este
mito los Cuatro Gemelos parecen representar a los cuatro puntos cardinales.
Esta interpretación concuerda con el siguiente comentario de Brinton: "The
number four, sacred in all American religions, and the key to their symbolism,
[is] derived from the cardinal points ... The cardinal points identified with
the Four Winds, who in the myths are the four ancestors of the human race” (The
myths of the New World, New York, 1876, p. 68). Equivaldrían a los
cuatro Tezcatlipocas de la cosmogonía azteca y los cuatro Bacabs de la maya.
Véase además nota 48.
68 Douglas Taylor sugiere que la voz taina caracaracol
tal vez sea la misma del caribe insular kara
karacoti, en la cual el prefijo atributivo ka- se antepone
primero a ura 'piel' y luego a uraku ‘sarna’.
("A note on the Arawa- kan affiliation of Taino”, International
Journal of American linguistics, xx, 1954, 153).
59
Laguna
señalada en el texto por puntos suspensivos. A continuación se verá que el
nombre que aquí falta debió ser Deminán. Cf. notas 61 y
67.
60
Estos
nombres aparecen como se ha indicado anteriormente, con excepción de Yayael que ahora se
da, omitiendo el fonema inicial, como Agiael.
61
El
texto aquí: Dimiuan; en el capítulo
siguiente: Deminán. En ambos casos
usaremos la segunda grafía.
62
Así el
texto. {A}conel pudiera estar relacionado con el verbo akonmabo oír’.
63
Ulloa: Bassammaco. El nombre
reaparecerá en este mismo capítulo escrito Aiamamco (nota 68) y Baiamani-
coel (nota 72); en el capítulo xxv se menciona un cacique llamado G<manacoe\ (nota 128).
Situando las cuatro grafías en columnas tendremos:
Bassamanaco [B]a i a m a u a
c o Ba i amanicoel G[u]a - - manacoel
Cabe
inferir que la u en (B)aiamauaco haya sido
lectura errada por n, lo cual ocurre con frecuencia en Ulloa, y que
la i en la antepenúltima sílaba de Baiamanicoel corresponda a
una a. Por consiguiente, Bayamanaco y Bayamanacoel
serán las formas que usaremos en este capítulo, y Guama-
nacoel en el xxv. Tal vez sea pertinente agregar en apoyo de
estas grafías que los indios de una tribu del Orinoco se llaman tamanacos.
4
Ulloa: cazzabi; Anglería: cazabi; Las Casas
vacila entre "cazabi, la penúltima
luenga” (Apologética historia, cap. 10), y cagabe
(Ibid., cap. 59). La palabra, por consiguiente, era y sigue
siendo llana, y no aguda como la acentúan algunos transcriptores.
5
Ulloa: Ahiacauo guarocoel.
66
Ahiacabo corresponde al
arahuaco ajiaka r-1 adiaka 'hablar, decir’,
y guarocoel a wa-óroco-ti 'nuestro
abuelo’. Véase la nota 4 y también Douglas Taylor, "Some remarks on the
spelling and formation of Taino words”, International
Journal of American Linguistics, XXVI (1960), 347.
Literalmente sería, pues: "Hablemos con nuestro abuelo”.
67
Ulloa: Deminan Caracaracol.
68
Ulloa: Aiamauaco. Sobre la razón
del cambio a la forma que hemos escogido véase la nota 63.
69
Ulloa: guanguaio. Este término se
ha prestado a diversas interpretaciones. Anglería lo traduce por 'esputo’:
"ut illi ex ictu sputi exortum”. Una versión española del libro de
Fernando (ed. Madrid, 1892, I, 292) da: "le tiró una calabaza en las
espaldas que estaba llena de cohoba”. Edward G. Bourne lo traduce por
"tobacco pouch”, es decir, la pequeña bolsa para guardar tabaco picado (Colum-
bus, Pane and the beginnings of American anthropology, Worcester, 1906,
p. 17). La conjetura de Pedro Mártir parece, en el presente contexto, la más
acertada.
70
Ulloa: cogioba; Anglería: chohoba; Las Casas:
"Estos polvos y estos actos se llamaban cohoba, la media sílaba
luenga”. Dicho polvo, según la mayor parte de los comentaristas, se hacía
triturando hojas secas de tabaco. El tabaco, empero, no produce tales efectos
alucinatorios. La planta, por consiguiente, es otra, y así lo atestigua Oviedo.
En el libro IX de la Historia
general y natural titula el capítulo xiii: "Del árbol que en estas
partes se tiene por tharay, porque le
paresge mucho en la hoja, pero llámanle en esta isla Española cohobd’. Y agrega en el
texto: "E aqueste cohoba lleva unas arvejas que las vaynas son de un palmo
e más e menos luengas, con unas lentejuelas por fructo que no son de comer, e
la madera es muy buena e regia”. Wil- liam E. Safford ha identificado dicho
árbol como la Pip- tadenia peregrina ("Identity
of the cohoba, the narcotic snuff of ancient Haiti”, Journal
of the Washington Aca- demy of Science, vi, 1916,
547-562). Cari O. Sauer corrobora la filiación de la planta al informar:
"Cohoba (Pipta- denia peregrina), used as a
narcotic snuff, mixed with tobáceo, was probably introduced from South
America” (The early Spmish mdn, Berkeley &
Los Angeles, 1966, p. 56). Marcio Veloz Maggiolo me informa que a dicho árbol
se le conoce hoy en Santo Domingo por el nombre de "tamarindo de teta”.
En cuanto a la etimología, James Williams sugiere que cohoba sea voz de
origen guaraní, compuesta de cog 'sostener,
fortalecer, alimentar’ y hob 'hoja’
("Christopher Co- lumbus and aboriginal Indian words”, Proceedings
of the Twenty-Thhd International Congress of Americanists, New York, 1930,
p. 833).
71
Laguna
señalada en el texto por puntos suspensivos.
72
Ulloa: Batamanicoel. Sobre la razón
del cambio a la forma que hemos escogido, véase la nota 63.
73
Anglería altera la versión original cuando
escribe: "De la ulcera cuentan que nació una mujer, de la cual todos los
hermanos usaron mutuamente, y de ella engendraron hijos e hijas”. Puede
rechazarse esta deformación gracias a la evidencia de una pieza arqueológica
que localicé en el Museum of the American Indian, Nueva York, en la cual es
patente que se trata de una tortuga. Puede verse una reproducción fotográfica
de dicha pieza en mi edición de la Historia
de la invención de las Indias, de Hernán Pérez de Oliva, Bogotá, 1965, lám.
Vin.
74
Ulloa: Maucia
Tiuuel; Anglería: Machinnech. A lo mejor era
una sola palabra, Mautia-ti-hu-el, cuyos componentes
maucia o mautia 'alba,
amanecer’, -ti, partícula no-
minalizadora, -hu, signo de
respeto o veneración, y -el 'hijo de’, vendrían a significar
'Hijo-del-Amanecer’ o, como si dijésemos, el Cacique o Señor de la Región del
Alba. Una coincidencia: también los aztecas rendían culto al dios que llamaban
Tlahuizcalpan-tecuhtli, 'Señor de la
Casa del Alba’ (Alfonso Caso, El
pueblo del Sol, México, 1953, p. 53).
75
Ulloa: Giououaua; Anglería: louanaboina. Ambas grafías
convergen hacia la misma forma si se admite la posibilidad de que Ulloa
confundiera una vez más la n y la u y se saltara
una sílaba. La lectura entonces sería (G)Io- ua-na-[boi]-na, es decir la misma
de Pedro Mártir, louana es el término
que hoy escribimos iguana. Y boina parece ser la
misma voz boiúna que se ha registrado en idiomas amazónicos
con el significado de 'serpiente parda’. Véase Luis Cámara Cascudo, Diccionário
de folclore brasileiro, 2a. ed., Río de Janeiro, 1962, pp. 123-124.
76
Ulloa: Boinaiel; Anglería: Binthaitel. De acuerdo con
la nota anterior este Boína-y-el es el hijo de Boina, la Serpiente
Parda, metaforización de las nubes cargadas de lluvia.
77
Ulloa: Mar
pió; Anglería: Marobu. La lectura de
Pedro Mártir claramente registra tres semantemas: el prefijo privativo ma-; la raíz -aro- que aparece en
las voces arahua- cas or-aro, ur-aro, id-aro 'nube’, y el
sufijo nominalizador -hu, que hemos hallado
anteriormente como signo dé reverencia. Significaría, pues, 'Sin-Nubes’, o sea
Tiempo-Despejado.
78
Ulloa: Coaibai, y así en el
resto del capítulo; pero Comboi en el capítulo
siguiente. Pané declara, al finalizar este párrafo, que significa "casa y
habitación de los muertos”. Corresponde, por consiguiente, al Cupay de los incas, Mictlan de los aztecas
y Xibalbá de los mayas. Véase además nota 85.
79
Ulloa: Soraia. Cari F. von
Martius registra esta voz en un glosario latín-arahuaco y, procurando adivinar
su sentido, ofrece la traducción 'occasus solis’ (Beitrage
zur Ethnographie und Sprachenkunde Amerikas zumal Brasi- liens, 11. Zur
Sprachenkunde, Leipzig, 1867, p. 316). Tal vez tenga una relación
más directa con la base -ra- 'lugar,
generalmente distante del que habla’, que entra en la composición de -raia 'apariencia’, y de la cual parten ka-raia 'lo que aparece’, ti-raia 'apariencia de
las cosas’ y ü-raia 'aspecto externo, visión’ (Goeje, p. 143, fí
104a). En tal caso So-raia se relacionaría
con la idea de un lugar apartado, inaccesible, irreal, es decir, mítico.
80
Ulloa: Machetaurie
Guaiaba. Maquetaurie acaso esté relacionado con el arahuaco kokke,
kakü 'vivir, vida’, que precedido del privativo Ma- equivaldría a
'sin-vida’. Dentro de las mitologías americanas, corresponde al dios azteca Mictlantecuhtli 'Señor de
Mictlan, la morada de los desaparecidos’. En cuanto a la relación del segundo
término con la fruta del mismo nombre véase la nota siguiente.
81
Ulloa: guabazza; Anglería: guannaba, y a continuación
agrega: "fructu nobis incognito cotono simili”: fruta desconocida de
nosotros semejante al membrillo. Antonio Bachiller y Morales pensó que dicha
fruta fuese la guanábana (Cuba
primitiva, La Habana, 1883, pp. 279-280). La hipótesis de Bachiller
se ha venido aceptando sin reparo, inclusive por Joan Corominas en su Diccionario
crítico etimológico de la lengua castellana (Madrid, 1954,
bajo Guanábana). Ahora bien, la
guanábana (Annona muricata, Lin.)
no tiene parecido alguno con el membrillo. Pudiera ser que la grafía gua-nna-ba representase
más bien una latinización de guanaba,
guanyaba o guaiaba, que a todas
luces corresponde a la voz actual guayaba. La guayaba (Psidium
guayaba, Lin.) sí tiene un gran parecido con el membrillo: en
forma, textura y sabor. Refuerza esta interpretación el hecho de que el Señor
de la Morada de los Muertos se llamase, precisamente, Maquetaurie
Guayaba.
82
Laguna
señalada en el texto por puntos suspensivos. El nombre omitido se suple de la
cita de Anglería consignada en la nota 81.
83
Laguna
señalada en el texto por puntos suspensivos.
84
Ulloa: operito. Este término,
que Pané a continuación traduce por ■ "muerto”, está evidentemente
relacionado con opta. Véase renglones
más abajo, y notas 87 y 117.
85
Ulloa: Comboi. En las
variantes Coaibai r-1
Comboi, el semantema baí ~
bol parece corresponder a las formas bahaí,—1
bahii r-1 bawhu registradas en arahuaco con el sentido de
'casa’, y a boa ~ bouhí ~ bohío registradas en
taino con el mismo significado. En cuanto a coai parece
relacionarse con kowa 'estar
ausente’, y en ese caso* Coay-
bay vendría a ser, como bien decía Pané, "casa y habitación” de los
ausentes, de los fallecidos.
86
Ulloa: goeiz. Brinton piensa
que goeiz probablemente sea corrupción de guaíza ("The
Arawack Language..
p.
438). Las Casas describe las guaízas como
"carátulas muy bien hechas” (Hist.
de las Ind., lib. I, caps. 58, 62, 78 y 85) y comenta en cuanto a
la pronunciación: "estas caras o figuras, que llamaban guaygas, la letra y luenga” (Apol.
hist., cap. 59). Puesto que ísiba es 'cara,
rostro’, wa-ísiba sería nuestra faz, nuestro rostro’.
87
Ulloa: opta; Las Casas: hupia. Ambas variantes
parecen corresponder al caribe insular oupoye-m
opoye-m ’esprit’ (Bretón, op.
cit., p. 424).
88
Ulloa: bohuti, pero en los
capítulos siguientes transcribe buhuitihu con una
excepción, en el capítulo XIX, que lee bihuitibu; Anglería: bohitiios; Las Casas
vacila entre bohiqae, behique y behico; Bretón: boyé y bayáico; en guaraní payé. Los escritores
antillanos de la escuela cibo- neísta impusieron la forma behique, y es ésta la
que ha incorporado la Real Academia a su Diccionario (Boletín
de la Real Academia Española, tomo XI-III, cuaderno CLXXX, enero-abril de
1967, p. 82). Emplearemos, pues, la forma autorizada y consignaremos las
variantes a pie de página.
89
canciones. Eran los
areítos. Oviedo los describe detalladamente en la Historia
general y natural de las Indias, lib. V, cap. 1; Las
Casas también los describe en la Apologética
historia, cap. 204. La voz afeito pudiera estar
relacionada con el verbo arita-ga que según
Bretón significa 'se rappeler’ (op. cit., p. 53); esto
es, 'recordar, memorar’.
Aunque a menudo se escribe areito, debe ser areíto,
con acento en la í. Las Casas no
deja dudas en cuanto a la pronunciación: "Areíto, la i luenga” (Hist.
de las Ind., lib. II, cap. 60).
90
Ulloa: maiohauau. Oviedo los
describe sin dar el nombre: "Algunas veces junto con el canto mezclan un
atam- bor, que es hecho en un madero redondo, hueco, concavado, y tan grueso
como un hombre y más, o menos, como le quieren hacer; y suena como los
atambores sordos que hacen los negros; pero no le ponen cuero, sino unos agujeros
y rayos que trascienden a lo hueco, por do rebomba de mala gracia” (op.
cit., lib. V, cap. 1). Y lo mismo hace Las Casas: "Eran
muy amigos de sus bailes, al son de los cantos que cantaban y algunos atabales
roncos de madera, hechos todos sin cuero ni otra cosa pegada” (Apologética
historia, cap. cciv). Escogemos mayohabao por analogía
con Arimao, Caonao, Cibao, sao y otros de
igual terminación.
91
Ulloa: buhuitihu, y así en los
demás casos con la excepción arriba señalada.
92
Por la
descripción que Pané hace a continuación de las curaciones y las ceremonias de
los behiques se verá que éstos eran en realidad chamanes. Sobre la
existencia de iguales o parecidas ceremonias y creencias entre los ara- huacos,
caribes y otras tribus de las Guayanas, véanse Wal- ter E. Roth, op.
cit., pp. 326-353, y C. H de Goeje, "Philo- sophy,
initiation, and myths of the Indians of Guiana and adjacent countries”, lnternationales
Archiv für Ethnogra- phie, Leiden, vol. xliv, 1943, pp. 60-94;
sobre la relación de las prácticas de los behiques y eí chamanismo, véanse
Mircea Eliade, Shamanism, archaic techniques of ecstasy, New York, 1964;
Alfred Métraux, "Le shamanisme chez les Indiens de l’Amérique du Sud
tropicale”, Acta Americana, México, ii,
1964, 197-219 y 320-341, y en especial los artículos de Claude Lévi-Straus
"The sorcerer and his magic” y "The effectivenes of symbols”,
incluidos en su Stmctural Anthropology, New York, 1967,
pp. 161-201.
93
Ulloa: cimini.
94
El
texto da ahora cohoba (véase nota
70).
95
Ulloa: gioia 'joya’, seguido
de una laguna señalada por puntos suspensivos. El término italiano gioia es lectura
errada de la voz taina que en el capítulo siguiente se transcribe gueio (véase nota
100).
96
Ulloa: gioie "joyas”.
97
Ulloa: cimini.
9S Aquí cimiche y así en los
dos casos siguientes:
99
médico. Las Casas
amplía el concepto al escribir: "Estos, pues, sacerdotes, que en la
lengua de estas islas se llaman behiques, que eran sus
teólogos, profetas y adivinos, hacían a estas gentes algunos engaños,
mayormente cuando se hacían médicos”.
100
Ulloa: gueio. En relación al güeyo Fernando Ortiz
escribe: "Entre los indios de las Guayanas el tabaco suele ser mascado,
para lo cual se mezcla con ciertas cenizas de gusto salado que se obtienen de
una especie de alga (Mou- rera fluvialis, Aubl.) que
recogen junto a las cascadas de los ríos, llamada por los indios weyd' (Contrapunteo
del tabaco y el azúcar, 2da. ed., La Habana, 1963, p. 176). Véase
también Walter E. Roth, An introductory study of the arts, crafts and
customs of the Guiana Indians, Washington, 1924, p. 242.
101
Ulloa: zachon.
102
Para el
recto entendimiento de este párrafo cabe traer a colación una coincidencia con
la religión azteca. En el esotérico lenguaje de los antiguos sacerdotes mexicanos
“los dolores se llaman 'serpientes’ y son de cuatro colores, para relacionarlos
con los puntos cardinales. Existe la serpiente azul, la serpiente amarilla, la
roja y la blanca” (Alfonso Caso, op.
cit., p. 111). Bien pudiera haber sido que Pané entendiera
literalmente lo que el indio le contaba en metáforas. Y que fueran hipérboles
—como lo son en español— que al behique lo "molieran a palos” hasta
"dejarlo por muerto”. Obsérvese, renglones más abajo, que el behique no
moría de la paliza: "si lo pueden coger otra vez, le sacan los ojos y le
rompen los testículos, porque dicen que ninguno de estos médicos puede morir
por muchos palos y golpes que se le den”.
103
Aquí el
texto cimini. Señaladas ya las variantes de este término,
no se indicarán en lo sucesivo.
104
El
texto: di sassó ‘de piedra’. Al seguir leyendo es evidente
que debió haber sido di legno 'de madera’.
105
El
texto: lo mi chiamo 'yo me llamo’.
Traducción errada de lo que en español debió leer: "Llámame”. Esta
rectificación se ve corroborada por Las Casas, quien escribe en la
correspondiente sección: "Llámame aquí a un behi- que y él te dirá quien
soy”.
106
El texto,
cambiando la grafía usual: bihuitihu.
107
El
texto: cogioba, y así en el resto del capítulo. Sobre otras
variantes, identificación de la planta y posible etimología del nombre, véase
nota 70.
108
El
texto: seccano; errata por saccano.
109
Aquí el
texto: giuca.
110
El
texto: giutola. En las menciones subsiguientes escribe de
nuevo giuca.
111
Ulloa: Bugia
et Aiba. La falta de concordancia con el resto de la oración
pudiera deberse a que buya y aiba parecen epítetos
más bien que el nombre del cemí: significan, en tupí, 'feo’ y malo’. (Véase
Brinton, The Aranvack language..., p. 444, y
también Conde Ermano Stradelli, Vocabularios
da lingua geral portuguez-nheéngatú e nheén- gatú-portuguez, Río de Janeiro,
1929, bajo ayua y puxi, pp. 385 y 625
respectivamente.) Este mito tal vez se relacione con la domesticación de la
yuca y el descubrimiento del proceso para eliminar el veneno del jugo de la
yuca amarga. Como es sabido, al hervirse éste, se evapora la sustancia tóxica
—ácido prúsico— y queda un caldo espeso que sirve de condimento para las
viandas y el cazabe.
112
Ulloa: Baidrama; Las Casas: "Vaybrama, la penúltima
sílaba luenga”. Obsérvese que ahora se da el nombre del cemí, en singular, en
lugar de los epítetos antes mencionados. Sobre este cemí escribe Las Casas:
"En una guerra que tuvieron decían haber sido quemado, y que lavándolo
con zumo de las raíces que arriba dijimos llamarse yuca, de que hacían el pan
cazabi, le crecieron los brazos y le nacieron otra vez los ojos y le creció el
cuerpo; y porque la yuca o raíces dichas era en aquel tiempo chiquita, después
que con el agua de ella lo lavaron, fue dende adelante, como ahora lo es,
gorda y muy crecida. Este cemí causaba, según ellos creían, enfermedades a los
hombres...”
Si bai — vay es el arahuaco bahai
~ bahü 'casa’ (véase nota 85), Baibrama tal vez pudiera
haber sido un dios tutelar relacionado con el hogar y la domesticación y
aprovechamiento de la yuca.
113
Ulloa: Guamorete; Anglería: Guamaretus. Parece
corresponder al arahuaco Wa-murreti 'Creador
Nuestro’.
114
Ulloa: Corocote; Anglería: Corochotus. Pudiera ser el
mismo término arahuaco korrokori 'oro, metal
rojizo’, guaraúno comcuri 'bronce’.
115
Ulloa: Guatabanex. Aquí la b parece haber
representado, igual que en el caso de la nota 116, el valor vocálico de
nuestra actual u: hoy leeríamos Guatauanex
o Gua- taguanex. Las Casas menciona a un cacique de la Magdalena
llamado Guatiguaná (Hist.
de las Ind., lib. X, cap. civ). Tal vez sean diferentes grafías de
un mismo nombre.
116
Ulloa: Giacaba. En la
transcripción de este topónimo la b tiene el valor
vocálico de la u: Jacaua, o sea Ja-
cagua. En Santo Domingo existe un lugar llamado Jacagua,
precisamente cerca de Santiago de los Caballeros, zona donde Pané
recogió estos datos (Emiliano Tejera, Palabras
indíjenas de la isla de Santo Domingo, Santo Domingo,
1951, p. 314). También hay en Cuba un sitio nombrado Jacagua (Julián
Vivanco, op. cit., p. 123), y en Puerto Rico existe el río Jacagua, cerca de Ponce.
Escribimos el término, por tanto, de acuerdo con la tradición oral
117
Ulloa: Opigielguouiran; Anglería: Epileguanita.
Parece relacionarse con el taino opta ~ hupía, caribe insular
opoye-m. (Véanse nota 84 y 87.)
118
Ulloa: Cauauaniouaua. Al transcribir
Ulloa la primera letra parece haber olvidado la cedilla de lo que debió leer ¡abana; ésa es la
grafía con que suele hallarse en documentos de la época la voz que luego se ha
escrito zabana y hoy sabana,
louaua daría iobaba y mejor jobabo.
Jobabo es el nombre de un río y ciudad de Cuba y también de
otros lugares de las Antillas. Sabana-n-iobabo equivale a
Sabana del Jobabal o de los Jobos.
119
Paul
Barker y Gerard Goyot identifican este dios con una pieza arqueológica que en
nada se relaciona con la imagen de un perro. ("Le chien de pierre de
Chansolme, 'Opigielgourian, dieu des Tainos”, Bulletin
du Bureau d’Ethnologie, Port-au-Prince, 30 juillet 1964, 56 pp.). Por
otra parte, he hallado una imagen, en madera, tal como la describe Pané, en la
Smithsonian Institution, Washington. La he reproducido en la citada edición de
la Historia de la invención de las Indias, lám. V.
120
Así el
texto.
121
Así el
texto. Este "gran cacique” tal vez fuese un ser mítico y no un personaje
histórico. Por otra parte, hay noticias de que existió un cacique, de escasa
importancia, cuyo nombre aparece transcrito como Amanex ("Repartimiento
de la isla Española”, en Colección
de documentos inéditos relativos a ... América
y Oceania, I, 67).
122
Ulloa: Guatauua.
Gua- pudiera ser el prefijo pronominal wa 'nuestro, -a’. Tauba, puesto que la b en taino
corresponde a una p en otras lenguas relacionadas con la taina,
pudiera ser el mismo Tupa o Tupan, dios del trueno
entre los tupí-guaraníes y entre algunas tribus de las Gua- yanas (véase C. H.
de Goeje, "Philosophy, initiation and myths of the Indians of Guiana and
adjacent countries”, Internationales Archiv für Etbnographie, Leiden, XLIV,
1943, pp. 41 y 71).
123
Ulloa: Coatrisckie. Aunque hay una
semejanza entre el nombre de Coatrisquie y el de la
diosa azteca Coatlicue, las funciones de
Coatrisquie corresponden más bien a las de Chalchiuhtlicue, hermana de Tláloc y
diosa de las aguas. Sospecho que acaso se trate de una mera paronimia.
124
Ulloa: Faraguuaol. Como el sonido
representado aquí por / también suele representarse por b o p (Goeje, The
Arawak language of Guiana, pp. 110 ss.), acaso sea mejor
Baraguabael. Así escrito, se
relacionaría con Baraguá (lugar de Cuba
entre Santiago y Holguín), y con Baracoa,
Barajagua y otros topónimos en que bara significa mar’.
Esta restauración, no obstante su carácter conjetural, al menos estaría en
consonancia con lo que ha sobrevivido de la lengua taina.
125
Ulloa: Guaraionel, y así otra vez
en el mismo capítulo. En el siguiente al principio se da Guarionel, luego Guarionex y en una
ocasión Guarionés. Las Casas y demás cronistas escriben siempre Guarionex. La primera
variante suscita la posibilidad de que el nombre fuera originalmente Waraüno-el 'de la estirpe
de los guaraúnos’.
126
Ulloa: Cazzvuaquel.
Cazziba puede ser la misma raíz que se vio en Cacibajagua con el sentido
de 'cueva’ o 'caverna’ (nota 10); -quel tal vez esté
compuesto del infijo (e)-que, signo del
diminutivo y -el, 'descendiente
de’.
127
El
texto aquí: Guarionel. Véase notas 148
y 153.
128
El
texto: Gamanacoel. El nombre de este cacique parece
relacionarse con el Bayamanacoel que aparece en
el capítulo XI. Véanse notas 63, 68 y 72.
129
Ulloa: Caizzihu. Anglería,
basándose en los datos del cartógrafo Andrés de Morales, describe una región de
la Española llamada Caizcimú. Y explica Pedro
Mártir: "El principio de la isla por el oriente lo coge la provincia de Caizcimú, así dicha
porque en su lengua cimú significa
'frente o principio’ ” (Década 3a., lib. vil, cap. 3). En Cuba hay también
varios lugares que llevan el nombre Ccñsimú (Vivanco, p.
46). En dicho topónimo es probable que cai corresponda al
arahuaco cay ~ cairi 'isla’, hoy españolizado
en cayo.
130
La
antes llamada digo (véase cap. n,
nota 17). No se sabe a ciencia cierta qué planta habrá sido este digo. Las Casas,
aunque no menciona la yerba por este nombre, dice en el capítulo 167:
"Ayunaban cuatro meses, y más, continuos, sin comer cosa alguna, sino sólo
cierto zumo de yerba o yerbas... Y ésta es la misma coca que en las provincias
del Perú es tan preciada, como parece por el testimonio de religiosos y de
indios que han venido del Perú, que la vieron y conocieron en la dicha isla de
Cuba, y en mucha abundancia’’. De no haber sido la coca, poi lo menos sería
una planta cuyos efectos eran similares a los de la coca.
131
Ulloa: Giocauuaghama; Las Casas: Yocahuguama. La
transcripción de Las Casas, escrita directamente en español, es la más
autorizada. Corresponde a las voces Yúcahu 'Ser-
de-la-yuca’ y guamá (en arahuaco wama 'señor’). Este
Señor de la Yuca debe ser el mismo Yúcahu Bagua Maóro- coti mencionado en la
nota 4.
132
Ulloa: canibali. Anglería: canibalibus.
Caníbal y caribe son correlatos de una misma voz indígena. En el Diario
del primer viaje Colón transcribe caníbales (23 de noviembre),
caniba (26 de noviembre) y caribes (26 de diciembre).
Las Casas, comentando lo dicho por Pané, escribe: "Aquella gente debía ser
lo que llamamos caribes, y entonces los
llamaban y llamábamos caníbales”. De este comentario
infiero que Pané escribió caníbales; respeto, pues,
su grafía, pero aclarando que realmente eran los caribes.
133
Ulloa: Maddalena. Explica Las
Casas: "El Almirante ya había mandado hacer dos fortalezas, una que llamó
la Magdalena ... tres o cuatro leguas o pocas más de donde está al presente
asentada la villa de Santiago” (Hist.
de las Ind., lib. I, cap. CX; en la ed. de
México, 1951, vol. I, p. 429).
134
Luis de
Artiaga (Las Casas, loe. cit.).
135
Ulloa: Maroris. Las Casas: Macorix. Modernamente se
escribe Macorís. Sobre el significado véase la nota 147.
136
Ulloa: Guauaouoconel. Las Casas: Guanaoconel.
Gua- nabo ha quedado en numerosos topónimos antillanos: el de
una playa cerca de La Habana, por ejemplo. Y si se recuerda, hemos hallado ya
un personaje mítico "llamado Conel, el cual era
mudo” (cap. 10, nota 62).
137
Ulloa: Guauaenechin. Cambio la’
lectura a Guanáo- bocon para que
corresponda a la grafía del nombre anterior. Debe señalarse, empero, que la
lectura Guanáenequen pudiera ser
igualmente válida.
138
Ulloa: giahuuauariü; al reaparecer
el que acaso sea el mismo término (cap. 26, nota 160) se escribe Gianauua-
riit. Tanto en yahu-nab{ujariu como en Ya(hu}-nabuariü
el semantema nab{u}ariü nabuariú 'sirviente'
debe ser el mismo {n}aboría que se da
renglones más abajo (nota 141). Como la forma naboría es la que se
generalizó en los documentos de Indias, y la que ha sido admitida por la Real
Academia, escogemos aquí dicha grafía.
139
Ulloa: Guaticaua. Lo mencionará
nuevamente en este capítulo como Guácaumü (véase nota
150). Suplidas entre corchetes las letras omitidas, Gua-tí-ca-ba{nu} y Gua-
{t}í-ca-ba-nu son el mismo nombre.
140
Las
Casas da una versión bien distinta de la causa de la muerte de este sujeto.
Véase el apéndice, cap. 167, penúltimo párrafo.
141
Ulloa: Dio
aboriadacha, Dio aboriadacha. Las Casas corrige así: "Dios
naboría daca, Dios naboría daca, que quiere decir, en la lengua más común y
más universal de esta isla, 'yo soy sirviente y criado de Dios ... Naboría
quería decir 'sirviente o criado’ y daca quiere decir
'yo’ Daca, en efecto, corresponde a dA-, prefijo
pronominal, de primera persona singular, en lokono y otros idiomas ara- huacos.
En cuanto a naboría, Douglas Taylor
dice lo siguiente: "One would also like to find a meaning for Taino naboría, said to
desígnate the lowest caste or class; and if Lokono budia, glossed by
Goeje as ’small remnant’ may be translated 'remainder, rest’, it seems not
unlikely that this Taino word shóuld contain a cognate of the Lokono stem
together with Lokono and Guajiro nA- 'they, their,
them’ ” ("Some remarks on the spelling and formation of Taino words”, International
Journal of American Linguis- tics, vol. xxvi, 1960, 348).
142
Ulloa: Antonio. Las Casas,
escribiendo en español, consigna: "Otro llamado Antón, que era su
hermano”. Damos, por consiguiente, la forma apocopada que autoriza Las Casas.
143
Ulloa: ísola
della Maddalena. Evidente confusión; no era isla sino provincia. Véase
renglones más abajo y nota 146.
144
Ulloa: Ariaga. Errata por
Artiaga.
145
Ulloa: Caouabo. Es, desde
luego, Caonabó.
146
Ulloa: Maddalena Maroris.
147
Explica
Las Casas: "Decíase Macorix en la lengua de los indios más universal de
esta isla, cuasi como lengua extraña y bárbara, porque la universal era más
pulida y regular o clara, según que dijimos en la descripción' de esta isla,
puesta arriba en los capítulos 90 y 91” (Hist.
de las Ind., lib. I, cap. 110).
148
Aquí el
texto: Guarionex.
149
Ulloa: Nuhukci. Esta voz, así
escrita, no suena antillana: en la última sílaba probablemente leyó c donde acaso
haya sido e. El nombre entonces sería Nuhuitei o Nuhuirey, con terminación
en ey, frecuente en taino en muchos sustantivos
comunes (batey, caney, carey, mamey, yarey), y en numerosos
topónimos (Camagüey, Higüey). Véase además
nota 38 sobre otro caso en que leyó c donde debió
haber sido e.
100 Aquí Guaicamnü y lo mismo en
renglones más abajo. Sobre la enmienda véase nota 139.
151
Ulloa: Giouanni
di Agiada. Las Casas (loe.
cit.) explica: "La otra fortaleza se edificó en la
provincia y reino de Guarionex, 15 leguas o algunas más en la misma Vega, más
al oriente de la otra, donde se pobló después la ciudad que se dijo y dice de
la Concepción... En ésta puso por alcaide a un hidalgo que se llamó Juan de
Ayala”. A la ciudad se le llamó luego Concepción de la Vega Real; hoy es La
Vega.
152
Ulloa: Mauiatué y así dos veces
más, una al principio del próximo capítulo y otra renglones más abajo. Ahora
bien, al mencionarlo en el penúltimo párrafo del relato lo llama Mahuuiatiuire. Suplidas en
corchetes las letras omitidas, Ma-{ha}-bia-t{i)-ue-{re}
y Ma-hu-bia-ti-ui-re son el mismo nombre. En la composición de este
antropónimo Mabia ~ máhubia pudiera ser la
voz arahuaca mabia miel’. El
semantema -tíbere se ha conservado, en el habla popular
cubana, en guatíbere 'campesino
tímido’ (Rodríguez Herrera, i, 70), y en la expresión "un chévere macontí-
biri”.
163 Aquí el texto Guariones.
154
El
texto, excepcionalmente: frate
Romano.
155
No por
vituperio, sino como parte de un rito agrícola en el cual solían enterrar en
sus labranzas una representación lítica de Yúcahu Bagua Maórocoti para que
fecundase las siembras.
1S® Colón estuvo ausente de la Española desde
marzo de 1496 hasta agosto de 1498.
167
Ulloa: principal
scriuano, y de ahí que se haya traducido por "escribano
mayor” en la ed. de Madrid, 1932, II, 87, y por
"chief clerk” en la citada versión de Bourne, p. 30. El tenor de todo el
capítulo, de exaltado carácter misional, hace pensar que se trata de otra
lectura errada: escribano por fc» que
acaso haya sido la abreviatura de cristiano. En el contexto
de este capítulo parece lógico suponer que Pané subrayase que Juan Mateo era
el "principal cristiano” y carece de sentido que fuese "escribano
mayor”.
168
Ulloa: Antonio. Véase nota 142.
159
Ulloa: agi y así dos veces
más en este mismo párrafo. En algunas versiones (la de México, 1947, por ejemplo)
se ha traducido por ajíes. Pero no es ajíes, sino ajes. Los ajíes son variedades
de pimientos. Los ajes eran una
variedad de los tubérculos llamados también batatas,
boniatos o camotes. Véase Pedro
Henríquez Ureña, "El enigma del aje”, en su Para
la historia de los indigenismos, Buenos Aires, 1938, pp. 59-86.
160
Ulloa: Gianautiaríü. Cf. notas 138 y
141. Obsérvese que en el capítulo xxv (notas 136 y 138) Pané llama al señor de
la casa Guanáoboconel, y en ella había un total de dieciséis personas. Aquí lo
llama Naboría, y el total asciende a diecisiete personas. Las incongruencias
acaso se deban a descuidos de la traducción.
101 El día del evangelista San Mateo cae el 21 de
septiembre.
162
Aquí el
texto lee: Mahmíatíutre. Véase nota 152.
163
Este
colofón lee así: ”11 fine dell’opera del pouero eremita Román Pane”. De aquí,
otra vez, los referidos errores del nombre y la acentuación del apellido como
voz llana.
Apéndices
A. CRISTÓBAL COLÓN
Las primeras noticias sobre las creencias de
los tainos las debemos al propio descubridor de América. Influido acaso por las
corrientes renacentistas que desde su nativa Italia se extendían por toda
Europa, y deseoso de informar a los reyes de España sobre la naturaleza de sus
nuevos súbditos, Colón mostró desde su llegada una viva curiosidad por, conocer
los ritos y costumbres de los habita/raes de las islas que acababa de
descubrir. Producto de esa curiosidad son los breves apuntes que consignó en su
Diario del primer viaje (1492-1493),
el resumen que de esos apuntes hizo en un párrafo de la carta que envió a Luis
de Santángel anunciándole el descubrimiento del Nuevo Mundo (1493), y un
pasaje en que relata lo que logró captar durante la temporada que residió en
la Española en su segundo viaje (1493-1496).
Los
informes de Colón son escasos y a veces producen una imagen algo borrosa, como
si la falta de perspectiva la desenfocara un poco. Pero esos atisbos, pese a
sus deficiencias, suministran algunos detalles no mencionados en las otras
fuentes que han quedado sobre los mitos y ceremonias de los tainos. Su valor
como testimonio directo es, pues, innegable. Y de ahí que convenga reunir lo
aprovechable de los tres documentos en un solo lugar.
En cuanto a la procedencia de los textos, el
original del Diario del primer viaje se
ha perdido; queda únicamente el extracto que hizo el padre Las Casas. Lo que
aquí se cita de dicho documento se ha entresacado de la edición facsímil del
manuscrito de Las Casas, preparada por Carlos Sanz (Madrid, 1962). El segundo
trozo se toma ele la Carta de Colón anunciando el descubrimiento
del Nuevo Mundo, 15 de febrero-14 de marzo. Reproducción del texto original
español, impreso en Barcelona, Pedro Posa, 1493 (Madrid,
1956). Y el pasaje consignado por femando aparece en el capitulo LXII de
la biografía que éste escribió de su padre. Esa obra, como ya se dijo, se
conoce únicamente por la traducción al italiano hecha por Alfonso de Ulloa y
publicada en Venecia en 1571. Hemos hecho una nueva traducción de dicho
pasaje, ateniéndonos más a la exactitud del contenido que a la forma literaria.
DIARIO DEL PRIMER
VIAJB
[Frente a la costa noreste de Cuba]
Lunes 29 de octubre Hallaron muchas estatuas en figuras de mujeres
y muchas cabezas en manera de caratona, muy bien labradas. No sé si esto tienen
por hermosura o adoran en ellas.
Jueves 1 de noviembre Esta gente, dice el Almirante, es de la misma
calidad y costumbre de los otros hallados, sin ninguna secta que yo conozca,
que hasta hoy aquestos que traigo no he visto hacer ninguna oración, antes
dicen la Salve y el Ave María, con las manos al cielo como le amuestran, y
hacen la señal de la cruz.
Lunes 12 de noviembre Porque yo vi y conozco —dice el Almirante— que
esta gente no tiene secta ninguna ni son idólatras, salvo muy mansos ... y
crédulos y conocedores que hay Dios en el cielo, y firmes que nosotros habernos
venido del cielo, y muy prestos a cualquier oración que nos les digamos que
digan y hacen la señal de la cruz.
Jueves 29 de noviembre Hallaron también
los marineros en una casa una cabeza de hombre dentro de un cestillo y colgado
de un poste de
la casa, y de la
misma manera hallaron otra en otra población. Creyó el Almirante que debía ser
de algunos principales del linaje, porque aquellas casas eran de manera que se
acogen en ellas mucha gente en una sola, y deben ser parientes descendientes de
uno solo.
[Frente a la costa noroeste de la Española]
Sobado 22 de diciembre El señor de aquella tierra, que tenía un lugar
cerca de allí, le envió una grande canoa llena de gente, y en ella un principal
criado suyo a rogar al Almirante que fuese con los navios a su tierra y que le
daría cuanto tuviese. Envióle con aquél un cinto que, en lugar de bolsa, traía
una carátula que tenía dos orejas grandes de oro de martillo y la lengua y la
nariz.
Miércoles 26 de diciembre Trajeron al Almirante una gran carátula, que
tenía grandes pedazos de oro en las orejas y en los ojos y en otras partes, la
cual le dio con otras joyas de oro.
CARTA DE OOLÓN
ANUNCIANDO EL DESCUBRIMIENTO DEL NUEVO MUNDO
[15 de
febrero-14 de marzo de 1493]
Y allende de
esto se harán cristianos, que se indinan al amor y servicio de Sus Altezas y de
toda la nación castellana, y procuran de ayudar y nos dar de las cosas que
tienen en abundancia, que nos son necesarias. Y no conocían ninguna secta ni
idolatría, salvo que todos creen que las fuerzas y el bien es en el cielo. Y
creían muy firme que yo, con estos navios y gente, venía del cielo, y en tal
acatamiento me reciben en todo cabo, después de haber perdido el miedo. Y esto
no procede porque sean ignorantes, salvo de muy sutil ingenio, y hombres que
navegan todas aquellas mares, que es maravilla la buena cuenta que ellos dan de
todo, salvo porque nunca vieron gente vestida ni semejantes navios. Y luego que
llegué a las Indias, en la primera isla que hallé, tomé por fuerza algunos de
ellos para que deprendiesen y me diesen noticia de lo que había en aquellas
partes. Y así fue que luego entendieron, y nos a ellos, cuando por lenguas o
señas, y éstos han aprovechado mucho. Hoy en día los traigo que siempre están
de propósito que vengo del cielo, por mucha conversación que haya habido
conmigo. Y éstos eran los primeros a pronunciarlo adonde yo llegaba, y los
otros andaban corriendo de casa en casa y a las villas cercanas con voces
altas: "Venid a ver la gente del cielo”. Y así todos, hombres como
mujeres, después de haber el corazón seguro de nos, vinieron, que no quedaba
grande ni pequeño, que todos traían algo de comer y de beber, que daban con un
amor maravilloso.
PALABRAS
DEL ALMIRANTE
[ca. 1496]
Idolatría
u otra secta no he 'podido conocerles, aunque todos sus reyes, que son muchos,
tanto en la Española como en todas las demás islas y en Tierra Firme, tienen
una casa para cada uno de ellos, separada de la población, en la cual no hay
otra cosa sino imágenes de madera, labradas en relieve, que ellos llaman
cemíes, ni en esa casa se trabaja para otro efecto o servicio sino para estos
cemíes, con cierta ceremonia y oración, que van a hacer allí, como nosotros a
la iglesia. En esta casa tienen una mesa bien labrada, de forma redonda, como
un tajador, en la cual hay unos polvos, que ponen en la cabeza de dichos
cemíes, haciendo cierta ceremonia; después con una caña de dos ramos, que se
meten en la nariz, aspiran este polvo. Las palabras que dicen no las entiende
ninguno de los nuestros. Con el dicho polvo se ponen fuera de tino, volviéndose
como borrachos. Le ponen un nombre a la. dicha estatua, que creo que será el
del padre, del abuelo o de los dos, porque tienen más de una, y otros más de
diez, todas en memoria como he dicho ya de algunos de sus antecesores. Bien
los he oído que alaban a una más que a otra y los he visto tener más devoción y
hacer más reverencia a una que otra, como nosotros en las procesiones cuando es
menester. Y se precian los caciques y su gente de tener mejores cemíes unos que
los otros. Y cuando van a estos sus cemíes y entran en la casa donde están, se
guardan de los cristianos, y no les dejan entrar en ella: al contrario, si
tienen sospechas de su venida, se llevan el cemí o los cemíes, y los esconden
en los bosques, por miedo de que se los quiten. Y, lo que es más de reír,
tienen entre ellos la costumbre de robarse unos a otros los cemíes. Y sucedió
que en una ocasión, teniendo sospechas de nosotros, entraron los cristianos con
ellos en dicha casa, y de pronto el cemí gritó fuerte y habló en la lengua de
ellos. De lo que se descubrió que era fabricado artificiosamente, porque,
siendo hueco, tenían acomodada a la parte inferior una trompa o cerbatana, la
cual salía a un lado obscuro de la casa, cubierta de hojas y de ramas, donde
estaba una persona que hablaba lo que el cacique quería que dijese, cuanto se
puede hablar por una cerbatana. De donde los nuestros, sospechando lo que
podía ser aquello, dieron con el pie al cemí y encontraron ser lo que he
narrado. El cacique, viendo que los nuestros habían descubierto la cosa, con
gran instancia les rogó no dijesen nada a los indios sus vasallos ni a otros,
porque con aquella astucia a todos los tenía en obediencia. De esto podemos
decir que haya algún color de idolatría, al menos en aquellos que no saben el
secreto y el engaño de sus caciques, pues creen que el que habla es el cemí, y
todos en general son engañados, y sólo el cacique es sabedor y encubridor de
la falsa credulidad por medio de la cual extrae de su gente todos los tributos
que le parece. Igualmente la mayor parte de los caciques tienen tres piedras a
las cuales ellos y su gente tienen gran devoción. La una dicen que es buena
para los cereales y las legumbres que han sembrado; la otra para parir las
mujeres sin dolor, y la tercera para el agua y el sol cuando los han menester.
Mandé a Vuestra Alteza tres de estas piedras con Antonio de Torres, y otras
tres las llevaré conmigo. Asimismo, cuando estos indios mueren, les hacen sus
exequias de diversos modos. Y el modo de sepultar a los caciques es éste:
abren al cacique y lo secan al fuego, para que así se conserve entero. De otros
toman solamente la cabeza. A otros los entierran en una cueva y les ponen
encima de la cabeza pan y una calabaza de agua. Otros los queman en la casa
donde mueren, y cuando los ven en el último extremo, no los dejan terminar la vida
sino que los estrangulan, y esto se hace con los caciques. A otros los echan
fuera de la casa, y a otros los meten en una hamaca, que es su lecho de red, y
les ponen agua y pan al lado de la cabeza, y los dejan solos, no volviendo a
verlos más. Algunos también, que están gravemente enfermos, los llevan al
cacique, y éste les dice si deben estrangularlos o no, y hacen lo que él
ordena. He trabajado mucho por saber lo que creen y si saben adonde van después
de muertos, especialmente de Caonabó, que era el principal rey de la Española,
y hombre de edad, y de gran saber y de agudísimo ingenio. Y éste y los otros
respondían que van a cierto valle, que cada cacique principal cree que se
halla en su país, afirmando que allí encuentran a sus padres y a todos sus
antecesores, y que comen, y tienen mujeres, y se dan a placeres y solaces,
como más copiosamente se contiene en el siguiente escrito, que yo encargué a
cierto fray Ramón, que sabía la lengua de ellos, que recogiera sus ritos y
antigüedades. Aunque son tantas las fábulas que no se puede sacar otro fruto
sino que cada uno de ellos tiene cierto natural respeto al futuro y cree en la
inmortalidad de nuestras almas.
B. PEDRO MÁRTIR DE
ANGLERÍA
Aunque jamás puso los pies en el Nuevo Mundo,
pocas personas acumularon tan abundante acopio de noticias sobre las Indias
como Pedro Mártir de Anglería. De pluma fácil y curiosidad insaciable, no
desperdició ocasión de saber las últimas nuevas que llegaban de América y
comunicarlas en seguida, en cartas escritas en un latín ágil y expresivo, a
algunos de sus complacidos corresponsales. Su epistolario sobre esta materia,
creciendo en volumen y trascendencia, sirvió de base a una obra de inestimable
valor para el estudio de esta época: su bien conocida
De Orbe Novo Decades.
Gracias
a su amistad con Colón, tuvo Anglería oportunidad de manejar el manuscrito de
Pané. Y movido por la novedad de los informes de la
Relación, resumió los que le parecieron de mayor
interés en una carta dirigida d cardenal Ludovico de Aragón. De esa carta, que
pasó luego a formar parte de la Década primera, capítulo noveno, damos a
continuación, en nueva versión española, lo que concierne al asunto que nos
ocupa.
La traducción se basa en la edición de 1587,
cuidadosamente editada por el erudito inglés Richard Hakluyt:
De Orbe Novo Petri Martyris Anglerii ... Parisiis,
apud Gvllelhnvm Avvray, MDLXXXVli.
Para mayor seguridad, el texto fijado por Hakluyt ha
sido cotejado, especialmente en cuanto a las voces tainas, con el de las
Decas Occeanea, Alcalá de Henares, 1516, impreso bajo la
dirección y cuidado de Antonio de Nebrija. Se han tenido en cuenta, además,
dos traducciones al español anteriores a la nuestra: la de Joaquín Torres
Asensio {en sus Fuentes históricas sobre Colón y América, Madrid,
Imprenta de la S. E. de San Francisco de Sales, 1892; 2da. ed.:
Décadas del Nuevo Mundo, vertidas del latín a lengua castellana ... Buenos
Aires, Editorial Bajel, 1944), y la de Agustín Millares Cario (México, José
Porrúa e hijos, 1964-1965). Dado el propósito testimonial de nuestra versión,
se ha evitado introducir antillanismos que no fueran usados por Anglería (por
ejemplo, "régulos” y no "caciques”), y se ha procurado reproducir los
términos tainos tales como aparecen en el texto, pero ajustándolos a las normas
ortográficas españolas (por ejemplo, "Macocael” y no "Machochael”).
Debido a la larga extensión del pasaje, también se ha dividido en párrafos.
De
los escritos de cierto hermano Ramón, dedicado ermitaño, que por mandato de
Colón vivió mucho tiempo entre los régulos isleños para que los adoctrinara
cristianamente, y que escribió en español un librito acerca de los ritos de
los insulares, me he propuesto recoger estas pocas cosas omitiendo otras más
leves. Hélas aquí:
Se sabe claramente que a los insulares se les aparecen
fantasmas nocturnos para inducirles a vanos errores, y esto se sabe por los
simulacros que en público veneran. Pues forman imágenes sedentes de algodón
tejido y relleno por dentro, las cuales se asemejan a los espectros nocturnos
que nuestros pintores pintan en las paredes. Habiendo visto tú mismo cuatro de
esos simulacros, que se te enviaron por indicación mía, podrás mostrar personalmente
al serenísimo rey, tu tío, mejor que pueda yo describirlos, cómo son semejantes
a los espectros pintados.
A estos simulacros los indígenas los llaman zemes, de
los cuales los más pequeños, que representan a los diablos chicos, cuando van a
pelear con los enemigos se los atan a la frente; por eso están atados con los
cordeles que viste. Piensan que obtienen de éstos la lluvia cuando hace falta y
sol si lo necesitan; pues creen que los zemes son mensajeros de Él que
confiesan que es único, infinito, omnipotente e invisible. Cada régulo tiene
su zeme, a quien venera. Sus antepasados pusieron al Dios Eterno del cielo
estos dos nombres: Iocaúna, Guamaónocon. Dicen que el mismo dios tiene madre,
llamada con estos cinco nombres, a saber: Attabeira, Mamona, Guacarapita,
Iiella, Guimazoa.
Nota lo que puerilmente dicen acerca del origen del
hombre en la tierra: hay en la isla una región llamada Caunaná, donde se dice
que salió el género humano de dos cuevas en cierto monte: la mayor parte de los
hombres salió de la boca más ancha de la caverna; la menor parte, de la más
estrecha. La roca en que se abren las cuevas se llama Cauta; la cueva mayor,
Cazibaxagua; la menor, Amaiauna.
Dicen ingenuamente que antes de que se les permitiera
salir de allí a los hombres, las bocas de la caverna solían estar todas las
noches custodiadas por un hombre llamado Mácocael. Este Mácocael, habiéndose
alejado demasiado de la cueva, deseoso de observar, fue sorprendido por el sol,
cuya presencia no se le había concedido soportar en lo más mínimo, y dicen que
fue convertido en piedra. Hablan además de otros muchos, que habiéndose alejado
de la cueva de noche, con ánimo de pescar, se habían alejado tanto que no
pudieron regresar antes de la salida del sol, al cual no les era lícito mirar,
y fueron transformados en árboles mirobálanos, que aquella tierra espontáneamente
produce en abundancia.
Dicen además que Vaguoniona, hombre principal, había
mandado a un tal que saliera de la cueva a pescar, a escondidas de sus
familiares, el cual fue convertido en ruiseñor por el mismo motivo de haber
salido el sol antes de que regresara. Afirman que todos los años, al tiempo que
se volvió avecilla, de noche, con su canto, lamenta su suerte e implora la
ayuda de su señor Vaguoniona. Por este motivo piensan que canta de noche el
ruiseñor.
Vaguoniona, en verdad, echando de menos a su familiar,
a quien amaba apasionadamente, abandonó a los hombres en la cueva y sacó
únicamente a las mujeres con las criaturas que amamantaban, y dicen que en su
viaje dejó a las mujeres en una de las islas, que llaman Matininó, y que en
cambio a los niños se los llevó consigo, y que estos pobrecitos, acosados del
hambre en la orilla de cierto río, gritando toa, toa, esto es, 'mama, mama’,
dicen que fueron convertidos en ranas, y que desde entonces se les quedó a las
ranas aquella voz en tiempo de primavera. Así obscuramente refieren que en
aquellas cavernas, de las cuales se esparcieron los hombres por la Española,
quedaron únicamente varones sin hembras.
Cuentan además que el mismo Vaguoniona, que iba
errante por diversos lugares, y sin embargo nunca fue transformado, por gracia
especial, como los otros, descendió hacia una mujer hermosa que vio en el fondo
del mar, y que de ella obtuvo unas piedrecitas de mármol a las que llaman
cibas, y ciertas laminitas doradas de latón, que llaman guanines. Estos
collares los tienen por sagrados los reyes hasta el día de hoy.
De aquellos hombres que según hemos dicho habían
quedado sin mujeres en las cuevas, cuentan que al salir de noche para lavarse
en los charcos de agua llovediza, vieron desde lejos ciertos animales
semejantes a mujeres que trepaban por los mirobálanos, como escuadrones de hormigas:
acudieron corriendo hacia aquellos animales de apariencia femenina, los
cogieron y como anguilas se les deslizaron de las manos.
Entonces tomaron una resolución. Por consejo de los ancianos
buscaron a los sarnosos y leprosos que hubiese entre ellos y que tuviesen las
manos ásperas y callosas con las cuales pudieran más fácilmente retenerlas
presas. A estos hombres los llaman caracaracoles. Salieron a cazarlas, y de
muchas que cogieron retuvieron sólo a cuatro: procuraron usar de ellas como
mujeres, pero descubrieron que carecían de sexo femenino.
Habiendo reunido otra vez a los ancianos, les
consultaron sobre lo que habían de hacer. Y resolvieron que se mandara a
buscar al pájaro carpintero, que con su agudo pico
Ies
hiciera un agujero entre las ingles, mientras los mismos hombres caracaracoles
calludos sostenían a las mujeres con las piernas abiertas. Tan pronto como
trajeron al pájaro carpintero, éste abrió el sexo a las mujeres; de esta
bellísima manera tuvo la isla las mujeres que deseaba: así se procreó
descendencia. Ea, deja ya de admirar lo que la veraz Grecia narró en tantos
volúmenes acerca de los mirmidones, como el haber sido procreados de hormigas.
Estas y otras muchas cosas semejantes los más sabios leen, en voz alta, como
cosa sagrada desde sus tribunas y estrados y convencen a la turba sencilla y
maravillada.
Lo del origen del mar es más serio. En cuanto a esto,
dicen que hubo antiguamente en la isla un varón poderoso llamado Iaia, que al
morírsele su hijo único, lo metió, en vez de en un sepulcro, dentro de una
calabaza. Pocos meses después, impaciente Iaia por la muerte del hijo, fue de
nuevo a ver la calabaza; y habiéndola abierto, salieron enormes ballenas y
grandes cetáceos, por lo cual informó a ciertos vecinos que en aquella calabaza
estaba encerrado el mar. Llevados por aquel rumor, cuatro hermanos jóvenes,
nacidos de un mismo parto, pero parto en el que murió la madre, fueron a la calabaza
con esperanza de obtener peces, y la tomaron en la mano. Llegando entonces
Iaia, que con frecuencia volvía a ver los huesos del hijo allí encerrados, se
asustaron los jóvenes. Sorprendidos en sacrilegio y en sospecha de hurto,
puesto que respetaban a Iaia, por huir más rápidamente dejaron caer la
calabaza, y ésta, por el demasiado peso, se quebró. Por sus grietas se derramó
el mar, llenáronse los valles; aquella vasta planicie que ocupaba todo aquel
mundo seco de la isla quedó sumergida, y sólo se libraron por su altura de
aquella inundación las montañas que forman las islas que ahora podemos ver.
He ahí, príncipe ilustrísimo, el origen del mar, digno
de la mayor celebridad: y no creas que ellos estiman en poco al que haya
aprendido a recitar estas cosas. Dicen asimismo que estos hermanos, de miedo de
Iaia, anduvieron errantes por diversos lugares tanto tiempo que ya casi se
morían de hambre, porque no se atrevían a parar en ninguna parte. Y porque ya
el hambre les apretaba cruelmente, comenzaron a tocar en la casa de un
panadero pidiendo cazabe, es decir pan; pero cuentan que el panadero escupió
tan violentamente al primero que entró, que del golpe del esputo le salió un
tumor, hinchadísimo, que casi murió; pero por consejo de sus hermanos, tomando
una piedra aguda, lo abrieron, y de la úlcera cuentan que nació una mujer, de
la cual todos los hermanos usaron mutuamente, y de ella engendraron hijos e
hijas.
Escucha otra
cosa más agradable, príncipe ilustrísimo. Existe una caverna llamada Iouanaboina
en el territorio de cierto reyezuelo llamado Maquinnec, a la cual reverencian
y veneran más religiosamente que antiguamente los griegos a Corinto o a Cirra y
a Nisa, y la tienen adornada con mil formas de pinturas, y a la entrada de
esta caverna tienen dos zemes esculpidos, a uno de los cuales llaman Bintaitel
y al otro Marohu. Preguntándoles por qué tenían en tan piadosa veneración a la
caverna, grave y sensatamente respondieron que porque de allí salieron el sol y
la luna que habían de dar luz al mundo. Visitan las cavernas en peregrinaciones
como nosotros a Roma y al Vaticano, cabeza de nuestra religión, o a Compostela
y Jerusalén, sepulcro del Señor.
También están
sumidos en otro género de supersticiones. Piensan que los muertos vagan de noche
y comen la fruta guannaba, desconocida de nosotros y semejante al membrillo, y
que se meten en las camas entre los vivos, y engañan a las mujeres; pues
tomando forma de hombre parece que quieren cohabitar, mas cuando llegan al acto
desaparecen. Y si alguien, advirtiendo algo extraño en el lecho, sospecha que
tal vez yace consigo un muerto, refieren que sale de dudas tocándole el
vientre; pues dicen que los muertos pueden adquirir todos los miembros humanos
menos el ombligo; si por el ombligo, pues, reconoce que es un muerto, tocándolo
se desvanece al punto. Creen que de noche los muertos con mucha frecuencia
salen al encuentro de los vivos, principalmente en los caminos y vías
públicas, y que si el caminante se planta intrépidamente frente a ellos, el
fantasma se disuelve; pero si en efecto tiene miedo, lo aterroriza tanto,
yéndose a él, que frecuentemente por ese miedo muchos se enferman y quedan
atontados.
Habiendo
preguntado los nuestros a los insulares de dónde han sacado esos ritos tan
vanos como dañosos, responden que los han heredado de sus antepasados; dicen
que esas cosas han sido trasmitidas de esa manera en cantos desde tiempos
inmemoriales, y que no es lícito enseñárselos a nadie más que a los hijos de
los señores. Los aprenden de memoria, pues letras no han tenido jamás, y cantándoselos
al pueblo en los días festivos, los recitan como solemnidades sagradas. Tienen
un solo instrumento de madera, cóncavo, resonante, que se percute a modo de un
tambor.
En estas
supersticiones los imbuyen sus augures a quienes llaman boítios, los cuales
son también médicos, que cometen mil engaños con la pobre gente ignorante.
Estos agoreros hacen creer a la gente, pues gozan de gran autoridad entre
ella, que los zemes mismos les hablan y les predicen las cosas futuras. Y si
algún enfermo llega a sanar, lo persuaden de que lo ha conseguido por merced
del zeme.
Los boítios se
obligan a ayunar y purgarse cuando se encargan del cuidado de algún principal,
y comen una hierba que embriaga, la cual, cuando la sorben en polvo, poniéndose
furiosos como ménades, se les oye decir que han oído de los zemes muchas cosas.
Cuando visitan a un enfermo, en la boca llevan un hueso, una piedrecita o un
pe- dacito de carne, y echan de la habitación a todos, excepto uno o dos, que
el mismo enfermo ha escogido.
El boítio da
tres o cuatro vueltas alrededor del personaje, torciendo la cara, los labios y
la nariz; con feos gestos le sopla en la frente, las sienes y el cuello,
aspirando el aliento del enfermo; después de haber hecho esto dice que ha
extraído la enfermedad de las venas del paciente. Frotando luego al enfermo por
los hombros, muslos y piernas, retira de los pies las manos entrelazadas, y
con ellas así juntas sale corriendo hacia la puerta, que está abierta, y abriendo
las manos, las sacude como si echara fuera el mal y le persuade de que le ha
quitado la enfermedad y que pronto quedará el enfermo restablecido. Luego, acercándosele
por la espalda, se saca de la boca como un prestidigitador el pedacito de
carne, y le grita al enfermo diciendo: "Mira lo que habías comido en
exceso: ahora sanarás porque te lo he quitado”. Pero si quiere engañar al enfermo
más gravemente aún, le persuade de que su zeme está enojado o porque no le
construyó una casa, o no le rindió el debido culto religioso, o no le consagró
un predio. Si sucede que muere el enfermo, sus parientes se reúnen y con
hechizos hacen que el muerto declare si murió por obra del hado o por descuido
del boítio, porque no ayunó enteramente, o porque no dio al enfermo la medicina
que correspondía. Si murió por culpa del médico boítio, toman venganza de
éste.
Si las mujeres consiguen alguna de las piedrecitas o
huesos que se cree llevó en la boca algún boítio, los guardan
religiosísimamente envueltos en pañitos, pues creen que pueden servir mucho en
los partos, y las mujeres tienen esas piedrecitas en vez de zemes.
Son distintos los zemes que diferentes insulares
veneran. Algunos, advertidos por sombras nocturnas entre los árboles, los hacen
de madera. Otros, si obtuvieron respuestas entre las rocas, los hacen de
mármol. En las raíces de los ajes se veneran los que son hallados entre los
ajes, es decir, la clase de alimento de que antes hablamos. Dicen que estos
zemes se ocupan de que se forme aquel pan. Como los antiguos pensaban que las
dríadas, hamadríadas, sátiros, faunos y nereidas guardaban las fuentes, las
selvas y el mar, y asignaron a cada cosa un dios para que cada género estuviera
protegido por su deidad, así estos insulares piensan que sus zemes, invocados,
escuchan sus deseos. Y así, cuando los régulos consultan a los zemes sobre
eventos de guerra, sobre las cosechas, sobre la salud, entran en la casa
dedicada al zeme, y allí, absorbiendo por las narices la cohoba, que así llaman
a la hierba que embriaga, con la cual también los boítios súbitamente empiezan
a delirar, y al punto dicen que comienzan a ver que la casa se mueve,
poniéndose lo de arriba abajo, y que los hombres andan al revés; tanta es la
eficacia de aquel polvo triturado de la cohoba, que al que lo toma luego le
quita el sentido.
Apenas se le
pasa la locura se pone cabizbajo, cogiéndose las piernas con los brazos, y
permaneciendo atónito un rato en ese estado, levanta la cabeza como soñoliento,
y alzando los ojos al cielo primero balbuce ciertas cosas confusas, y entonces
los nobles de su corte que le rodean (pues a estos actos sagrados no es
admitido ningún plebeyo) le dan gracias en voz alta por haber vuelto a ellos
después del coloquio con los zemes, y le preguntan qué es lo que ha visto. Y
él, abriendo la boca, delira que el zeme le ha aconsejado durante aquel tiempo,
y como poseído de frenesí, les explica que el zeme le ha predicho o la
victoria o la ruina si vinieran a las manos con los enemigos; hambre o
abundancia, peste o salud, y cuanto se le viene a la boca. Ea, príncipe
ilustrísimo, después de esto, ¿cómo te has de admirar del espíritu de Apolo que
agita sus sibilas con inmensa furia? ¡Y pensabas que aquella antigüedad
supersticiosa había terminado!
Puesto que hemos
referido tantas cosas geoerales de los zemes, me parece que no debo pasar en
silencio lo que se cuenta en particular de algunos de ellos. Dicen que cierto
cacique Guamareto tuvo un zeme llamado Corocoto. Refieren de él que de lo más
alto de la casa donde Guama- reto lo guardaba atado, rompiendo las ataduras se
bajó muchas veces, ya con deseo de cohabitar, ya de comer, ya de esconderse, y
que a veces estuvo escondido algunos días, enojado de que el cacique Guamareto
había faltado en su culto y ceremonias.
Cuentan que en
la corte de Guamareto han nacido algunas veces niños que tienen dos coronas, y
opinan que son hijos del zeme Corocoto. Cuentan asimismo que Guamareto fue
vencido en batalla por sus enemigos, y que su corte y casa real fueron
completamente devastadas a sangre y fuego; pero que Corocoto, cuando
incendiaron la casa, librándose de sus ataduras saltó la distancia de un
estadio, donde después lo hallaron.
Hay otro zeme,
llamado Epileguanita, de madera y cuadrúpedo, que se escapó muchas veces,
según dicen, a los bosques, del lugar en que era venerado. Cuantas veces notaban
que éste se había escapado, solícitamente lo buscaban en procesión, con
piadosas plegarias, y al hallarlo, lo traían en hombros religiosamente al
sagrario que le tenían dedicado. Mas se quejaban de que al ir los cristianos a
la isla, huyó y en ninguna parte han vuelto a encontrarlo; y tomándolo por mal
agüero lloran la ruina de su patria. Estas cosas se han sabido de boca de los
ancianos.
Veneraban otro
zeme de mármol, de sexo femenino, al cual asistían como ministros dos
masculinos. Uno de éstos, por mandato de la hembra, desempeñaba el oficio de
pregonero para con los demás zemes que, por mandato de ella, prestan su ayuda
para conjurar los vientos, las lluvias y las nubes; el otro dicen que por
orden de la misma congregaba en los valles las aguas que corrían de las altas
montañas, para que desde allí, derramándose con el ímpetu de un torrente,
devastasen los campos si los indígenas no habían dado a su imagen los debidos
honores prometidos.
Oye, por último,
príncipe ilustrísimo, otra cosa digna de recuerdo con que termine ya la obra.
Los nuestros hallaron entre los insulares la noticia tristísima de que hubo en
otro tiempo dos régulos, uno de los cuales fue progenitor de Guarionex, a
quien ya hemos mencionado muchas veces, los cuales se abstuvieron de comer y
beber por espacio de cinco días seguidos para que los zemes les revelaran
algo de las cosas futuras. Habiéndose hecho agradables a los zemes con aquel
ayuno, contaron que éstos les habían respondido que no pasarían muchos años
antes de que llegaran a aquella isla gente cubierta de vestidos que acabaría
con todos los ritos y ceremonias de la isla, y a todos sus hijos los mataría o
los privaría de libertad. Los jóvenes, conjeturando que fuesen los caníbales,
cuando los veían acercarse, tenían resuelto salvarse por la fuga, y nunca más
entraron en combate con ellos; pero cuando de veras vieron a los españoles que
habían invadido su isla, consultando entre sí acerca de este asunto,
resolvieron que ésta era aquella gente profetizada. Y no se equivocaron; ya
están todos sometidos a los cristianos, y muertos todos los que se opusieron:
ni queda ya memoria de los zemes, que han sido transportados a España para que
conociéramos el ludibrio de ellos y los engaños de los demonios: de aquéllos
has visto tú muchos, príncipe ilustrísi- mo, por diligencia mía.
Paso por alto
muchas cosas, porque me has advertido que mañana sin falta regresarás a la
patria para volver con la reina, tu tía mayor, a quien acompañaste acá por
orden de tu tío el rey Federico. Tú dispuesto a viajar, y yo cansado; conque
pásalo bien y acuérdate de tu Mártir, a quien, en nombre de tu tío Federico,
has obligado a entresacar estas pocas noticias de entre muchas de su acervo.
C. FRAY BARTOLOMÉ
DE LAS CASAS
El mejor enterado de todos los cronistas en
cuanto a los primitivos moradores de las Antillas fue, sin duda alguna, fray
Bartolomé de Las Casas. Su larga residencia en las islas y su fervoroso empeño
en conseguir que se tratara humanitariamente a los naturales, le llevaron a
familiarizarse con los hábitos y costumbres de sus protegidos. Infatigable
escritor a la vez, ha dejado una obra copiosísima. De sus principales libros,
la Breve historia de la destrucción de las Indias es
sólo el recuento de los argumentos que esgrimió como curado acusador de los
desmanes que veía; la extensa
Historia de las Indias, terminada
en el sosiego de su fecunda ancianidad, constituye la versión más amplia y
autorizada de los sucesos ocurridos en América en vida del autor, y la
Apologética historia de las Indias, acaso
la más compleja y documentada de las tres, es en realidad la "Suma
Teológica?’ en defensa de la dignidad del indio. De ahí que, en la búsqueda de
fuentes documentales para ésta, manejara el manuscrito de Pané y compendiara
partes de él en los capítulos 120, 166 y 167. Se trata, empero, de algo más que
un simple resumen: a veces rectifica el testimonio de Pané y a veces lo amplia
con informes sacados de su propia experiencia.
El
texto que damos a continuación se basa directamente en el manuscrito ológrafo
que se conserva en la Real Academia de la Historia {Colección Muñoz A-73).
Conforme a las normas seguidas en la transcripción de los otros documentos que
aquí aparecen, hemos modernizado la grafía, acentuación y uso de mayúsculas y
hemos dividido en párrafos. Además hemos confrontado nuestra lectura con la de
Manuel Serrano y Sanz (Apologética historia de las Indias, Madrid,
1909) y la de Juan Pérez de Tudela y Bue- so (edición de Madrid, 1958).
CAPÍTULO CXX
De los ídolos que veneraban los indios de la
isla Española
Referidos ya bien prolijamente los dioses de
los gentiles antiguos y de tantos siglos pasados, en lo cual su grosísima
ceguedad y engaño se ha bien mostrado, tiempo es de aquí adelánte dar noticia
de los dioses que aquestas nuestras indianas gentes, o que de aquellos antiguos
idólatras recibieron y heredaron, según es verisímil, al menos en mucha parte,
o ellos añadieron e inventaron, para después en esto, como se hará en lo
demás, cotejarlos. De los primeros, pues primero que otros se descubrieron, conviene
hablar de los habitadores de esta isla Española y de las demás, por la orden
que al principio comenzamos.
Para principio
de lo cual es de saber que las gentes de esta Española, y la de Cuba, y la que
llamamos de San Juan, y la de Jamaica, y todas las islas de los lucayos, y
comúnmente en todas las demás que están en casi renglera desde cerca de la
Tierra Firme, que se dice la Florida, hasta la punta de Paria, que es en la
Tierra Firme, comenzando del Poniente al Oriente, bien por más de quinientas
leguas de mar, y también por la costa de la mar, las gentes de la Tierra Firme
por aquella ribera de Paria, y todo lo de allí abajo hasta Veragua, casi toda
era una manera de religión, y poca o casi ninguna, aunque alguna especie
tenían de idolatría. No tenían templos en muchas partes, y los que tenían eran
de poca estimación, porque no eran sino una casa de paja como las otras comunes,
algo apartada; no tenían ídolos, sino raros, y éstos no para los adorar por
dioses, sino por imaginación que les ponían ciertos sacerdotes, y a aquellos el
diablo, que les podían hacer algún bien, como darles hijos, y enviarles agua, y
otras cosas útiles semejantes. No hacían ceremonias exteriores, ni sensibles,
sino muy pocas, y éstas se ejercitaban por aquellos sacerdotes que ponía por
sus ministros el demonio, con ciertos colores que fingían, engañados. Principalmente
su religión parece que residía en la mente o estimación de un dios, y allí
obraban su culto, puesto que con los embarazos y persuasiones que el demonio y
sus ministros les ponían y hacían, careciendo de doctrina y de gracia, se les
mezclasen algunos errores.
La gente de esta
isla Española tenían cierta fe y conocimiento de un verdadero y solo Dios, el
cual era inmortal e invisible que ninguno lo puede ver, el cual no tuvo
principio, cuya morada y habitación es el cielo, y nombráronlo Yócahu Vagua
Maórocoti; no sé lo que por este nombre quisieron significar, porque cuando lo
pudiera bien saber, no lo advertí. A este verdadero y católico conocimiento de
Dios verdadero se les mezclaron estos errores, conviene a saber: que Dios
tenía madre, cuyo nombre era Atabex, y un hermano suyo Guaca, y otros de esta
manera. Debían de ser como gente sin guía en el camino de la verdad, antes
había quien de ella los desviase, ofuscándoles la lumbre de la razón natural
que pudiera guiarlos.
Tenían ciertas
estatuas de madera, según escribió en una carta el almirante don Cristóbal
Colón a los Reyes, donde metían los huesos de sus padres (y debían ser los de
los reyes y señores), y éstas llamaban del nombre de la persona cuyos huesos
allí encerraban. Cuentan que, como fuesen huecas, metíase un hombre dentro de
ellas y allí hablaba lo que el rey o señor le decían que hablase a los populares.
Y acaeció que entrando dos españoles en la casa donde una estatua de aquellas
estaba, dio un grito, según parecía, la estatua, y habló ciertas palabras; pero
como los españoles no se asombran fácilmente de gritos de palos, ni son tan
simples que no cayesen presto en el engaño, llegóse uno y dio del pie a la
estatua, y da con ella de lado, y así descubrió el secreto de lo que dentro
estaba. El secreto era que a un rincón de la casa debía estar algún hoyo o
cierto espacio en el rincón, cubierto de rama, donde estaba encubierta la
persona que hablaba, y ésta tenía una trompa o cerbatana que metía por el hueco
de la estatua, y allí hablando parecía que hablaba la estatua. Dice más el
Almirante: que había trabajado de saber si tenían las gentes de esta isla secta
alguna que oliese a clara idolatría, y que no lo había podido comprender, y
que por esta causa había mandado a un catalán que había tomado hábito de ermitaño,
y le llamaban fray Ramón, hombre simple y de buena intención, que sabía algo de
la lengua de los indios, que inquiriese todo lo que más pudiese saber de los
ritos y religión y antigüedades de las gentes de esta isla y las pusiese por
escrito.
Este fray Ramón
escudriñó lo que pudo, según lo que alcanzó de las lenguas, que fueron tres las
que había en esta isla; pero no supo sino la una de una chica provincia que
arriba dijimos llamarse Macorix de abajo, y aquélla no perfectamente, y de la
universal supo no mucho, como los demás, aunque más que otros, porque ninguno,
clérigo, ni fraile, ni seglar, supo ninguna perfectamente de ellas si no fue un
marinero de Palos o de Moguer, que se llamó Cristóbal Rodríguez, la lengua, y
éste no creo que penetró del todo la que supo, que fue la común, puesto que
ninguno la supo sino él. Y esto de no saber alguno las lenguas de esta isla,
no fue porque ellas fuesen muy difíciles de aprender, sino porque ninguna
persona eclesiástica ni seglar tuvo en aquel tiempo cuidado, chico ni grande,
de dar doctrina ni conocimiento de Dios a estas gentes, sino sólo de servirse
todos de ellas, para lo cual no se aprendían más vocablos de las lenguas de
"daca pan”, "ve a las minas”, "saca oro”, y los que para el
servicio y cumplimiento de la voluntad de los españoles eran necesarios. Sólo
este fray Ramón, que vino a esta isla al principio con el Almirante, parece que
tuvo algún celo y deseo bueno, y lo puso por obra, de dar conocimiento de Dios a estos
indios, puesto que como hombre simple no lo supo hacer, sino todo era decir a
los indios el Ave María y Paternóster con algunas palabras de que había en el
cielo Dios y era criador de las cosas, según que él podía, con harto defecto y
confusamente, darles a entender. También hubo en esta isla dos frailes de San
Francisco, legos, aunque buenos, que yo también como a fray Ramón conocí, que
tenían buen celo, pero faltóles también saber las lenguas bien; éstos eran
extranjeros, o picardos o borgofieses; el uno se 11amaba fray Juan el Bermejo
o Borgoñón, y el otro fray Juan de Tisim.
A este fray
Ramón mandó el Almirante que saliese de aquella provincia de Macorix de abajo,
cuya lengua él sabía por ser lengua que se extendía por poca tierra, y que se
fuese a la Vega y tierra donde señoreaba el rey Guarionex, donde podía hacer
más fruto por ser la gente mucha más, y la lengua universal por toda la isla, y
así lo hizo, donde estuvo dos años no más e hizo lo que allí pudo, según su
poca facultad; con él fue uno de los dos religiosos dichos de San Francisco.
Tornando al
propósito de la religión de la gente de esta isla, lo que pudo este fray Ramón
colegir fue que tenían algunos ídolos o estatuas de las dichas, y éstas generalmente
llamaban cerní, la última sílaba luenga y aguda. Éstas creían que les daban el
agua, y el viento, y el sol, cuando lo habían menester, y lo mismo los hijos y
las otras- cosas que deseaban tener. De éstos eran algunos de madera y otros de
piedra. Los de madera cuenta fray Ramón que fabricaban de esta manera: cuando
algún indio iba camino y veía algún árbol que con el viento más que otro se
movía, de lo cual el indio tenía miedo, llegábase a él y preguntábale:
"¿Tú quién eres?”, y respondía el árbol: "Llámame aquí a un bohique y
él te dirá quién yo soy”. Éste era sacerdote, o profeta, o hechicero, del que
luego se dirá. Venido aquél, llegábase al árbol, y asentado junto a él, y hecha
cierta ceremonia, levantábase y referíale las dignidades y títulos de los mayores
señores que había en la isla, preguntándole: "¿Qué haces aquí? ¿Qué me
quieres? ¿Para qué me mandaste llamar? Dime si quieres que te corte, si quieres
ir conmigo y de qué manera quieres que te lleve, porque yo te haré una casa y
una labranza”. El árbol entonces le respondía lo que quería, y que lo cortase,
y daba la manera cómo le había de hacer la casa y la labranza y las ceremonias
que por el año le había de hacer. Cortaba el árbol y hacía de él una estatua o
ídolo, de mala figura, porque comúnmente hacían las caras de gesto de monas
viejas regañadas; hacíale la casa y labranza, y Cada año le hacía ciertas
ceremonias, al cual tenía recurso como a oráculo, preguntando y sabiendo de él
las cosas futuras de mal o de bien, las cuales él después a la gente común
predicaba.
Todo lo dicho,
de hablar el árbol, y pedirles las cdsas que les pedían, y mandarles que lo
cortasen e hiciesen de él la dicha estatua o imagen, es posible con permisión
de Dios, al diablo, y puede haber sido todo verdad, que haya tenido tales
cautelas y mañas para inducir aquestas gentes simples a su culto e idolatría,
como parece por muchas cosas que arriba quedan bien declaradas. Y lo primero
que el demonio para conseguir su fin trata, es constituir ministros, engañando
personas que más para ello dispuestas e inclinadas, resabidas y maliciosas
halla. Éstos fueron siempre, y son, entre los gentiles y naciones que ignoraron
y viven sin conocimiento del verdadero Dios, los sacerdotes, a quien primero se
muestra y hace algunos particulares regalos, y descubre o avisa de algunas
necesarias verdades, para que les den crédito, porque con éstos engañan todos
los demás. Así hacía en esta isla y en estas otras con esta simplísima gente,
donde no había del todo ni muy abierta y desaforada idolatría, y quizá pocos
años había que a engañarlos había comenzado; porque no súbitamente corrompió
con ceguedad de las cosas divinas todo el linaje humano, sino poco a poco,
escureciendo la lumbre natural que muestra e inclina a buscar el verdadero
Dios; y Dios, justo y bueno, no luego desmampara los hombres de su gracia;
primero espera que lo desmerezcan por sus pecados, según arriba fue a la larga
declarado. Así que, primero el demonio gana sus ministros y los debe
constituir en oficio y ministerio de sus sacerdotes, y suficiente industria
suya pudo ser, para engañar al principio a algunos que él conocía que podían en
sus maldades ayudarlo, meterse dentro de un árbol y hablarle las susodichas y
otras a su propósito palabras, y tener otras mil cautelas y mañas.
Éstos, pues,
sacerdotes, que en la lengua de estas islas se llamaban behiques, que eran sus
teólogos, profetas y adivinos, hacían a estas gentes algunos engaños,
mayormente cuando se hacían médicos, según que el demonio y le era permitido a
él, lo que habían de decir o hacer les dictaba. Dábanles a entender que
hablaban con aquellas estatuas y ellas les descubrían los secretos, y saben de
ellos cuanto quieren saber. Y así debía ello de ser, porque el demonio debía
hablar en aquellas estatuas. No eran, empero, muchos ni muy graves, como se
verá, sacando afuera todo aquello que el demonio rodeaba para inducir a la
gente, poco que mucho, a las supersticiones, ramos y circunstancias de la
idolatría, que es tras lo que siempre anda, lo cual, por poco que sea, es mal y
engaño grande.
Otros ídolos o imágenes tenían de piedra, las cuales
hacían entender al pueblo aquellos sacerdotes y médicos que las sacaban de los
cuerpos de los enfermos, y estas piedras eran de tres maneras; la forma de
ellas nunca la vi, pero cada una estimaban tener su virtud: la de la una era
que favorecía sus sementeras; la de la segunda, para que las mujeres tuviesen
buena dicha en parir; la virtud de la tercera, para que tuviesen agua y buenos
temporales cuando les habían menester; por manera que debían ser como los
dioses que los antiguos tenían, cuyo cargo era cada uno en su cosa presidir,
aunque aquestas gentes más ruda y simplemente sentían de esto que los antiguos.
Cerca de estos cemíes o dioses, los reyes y señores, y así debía en esto la
otra gente seguirles, se jactaban y tenían por más gloriosos, diciendo que
tenían mejores cemíes que los otros pueblos y señores, y unos a otros se los
trabajaban de hurtar; y puesto que tenían gran recaudo en guardar estas
estatuas o ídolos, o lo que eran de otros indios, de otros reinos y señoríos,
pero mucho más sin comparación los guardaban y celaban de los españoles, y
cuando sospechaban su venida, los llevaban y escondían por los montes. Las ceremonias
o sacrificios que los bohiques o sacerdotes hacían a estas estatuas, primero
que les preguntasen lo que pretendían saber, se notificarán abajo.*
* El manuscrito tiene a continuación la siguiente
testadura:
"Iban por esta manera... [En el ms. está cortado
el folio 397. Al margen dice: Aquí ha de en entrar y seguirse el siguiente
capitulo, que comienza: "Referido lo que, etc.”.] todo hueco como flautá,
de los
CAPÍTULO CLXVI
De la religión que profesaban los indios de
la isla Española
Bendito sea Dios que me ha librado de tan
profundo piélago de sacrificios como aquellos gentiles, que ignoraron
dos
tercios de la cual en adelante se abría por dos cañutos de la manera que
abrimos los dos dedos primeros después del dedo pulgar. Aquellos dos cañutos
puestos en ambas a dos ventanas de las narices, y el principio de la flauta,
digamos, en los polvos que tenía el plato, sorbían con el huelgo hacia dentro,
y sorbiendo recibían por las narices la cantidad de los polvos que recibir
determinaban. Los cuales recibidos salían luego de seso, y como si bebieran muy
fuerte y mucho vino quedaban borrachos. Esos polvos y estos actos se llamaban
cohoba, la media sílaba luenga en su lenguaje. Allí hablaban como en algarabía,
confusamente, no se qué cosas, y ya eran dignos del coloquio de las estatuas,
o por' mejor decir, del enemigo de la naturaleza humana que en ellas moraba, y
por esta manera se les descubrían los secretos y ellos profetaban. De allí oían
y sabían si les estaba por venir algún bien, adversidad o daño. Esto era
cuando el sacerdote sólo se disponía para hablar y que le hablase la estatua.
Pero cuando todos los principales del pueblo a hacer cohoba, por persuasión de
los behi- ques o por mandado de los señores se juntaban, entonces verlos era el
gasajo. Tenían de costumbre, para hacer sus cabildos y para determinar cosas
arduas, como si debían de dar guerra o hacer cosas de importancia, hacer su
cohoba y de aquella manera emborracharse; esta manera de consultar, bien llenos
de vino y embriagos, no fue la primera en éstos; porque según era. .. [cortado
el manuscrito] yo soy siervo de Dios. Y éste se llamó Juan y de esta manera y
con estas palabras murió otro llamado Antón, que era su hermano. Y así dice de
éstos fray Ramón haber sido mártires, de lo cual ninguna duda puede quedar a
algún cristiano si por la fe o por no dejar la fe, o por otra virtud alguna los
mataron. Pero no los mataban por aquello, porque nunca indios algunos tal
hicieron, sino porque vivían con los españoles, o los loaban, o defendían a
quien todos tanto desamaban, o porque quizá les hacían aquellos indios por
mandado de los españoles algún daño, como habernos visto de esto harto. Y en
estos casos harta merced les hizo Dios si por confesar ser sus siervos se salvaron.
La misma manera de religión de la de esta isla Española estimé y entendí
siempre que tenían las gentes de las islas comarcanas, sin tener ídolos muy
estimados, ni ofrecerles sacrificios, más de aquellos ayunos, y de las mieses
que cogían, cierta parte, como abajo parecerá cuando de los sacrificios mención
hiciéramos, y no ceremonias otras sino aquellas cohobas con que se embriagaban.
Y los más limpios en este caso de todos, fueron, según entendí siempre, la
simplicísima gente de los lucayos, los cuales muchas veces a los seres, nación
feliz, arriba he comparado. De éstos ninguna señal de idolatría, ni creencia
mala, ni figura o imagen exterior, sentimos que tuviese'’; antes creemos que
con sólo el conocimiento universal y confuso de una primera causa, que es Dios,
y que moraba en los cielos, pasaban." tantos tiempos
el verdadero sacrificio, navegaron sin tiento, de los cuales, aunque mucho he
dicho, mucho más decir pudiera; de aquí adelante, según la orden que traemos,
será bien referir los sacrificios de estas nuevas naciones nuestras, que
vulgarmente llamamos Indias.
Y comenzando,
como en lo demás, de esta isla Española, grande isla, digo así: como según las
noticias que los hombres y naciones alcanzaron y hoy alcanzan de Dios, así le
sirven, honran y veneran, constituyéndole templos, sacerdotes, ceremonias y
sacrificios, que todo esto se funda, procede y se deriva de lo primero, que es
el conocimiento, como por todas, y casi sin número, las razones y ejemplos que
con tan gran discurso habernos traído, se ha visto, y las gentes de aquesta
isla y todas las de su circuito tenían delgado, débil y confuso conocimiento de
Dios, aunque más limpio o menos sucio de las horruras de idolatría que otras
muchas, de allí les provino que no tuvieron ídolos o muchos dioses, sino pocos
o casi ningunos, ni templos, ni sacerdotes, sino muy pocos o casi ningunos,
sólo aquellos que arriba llamamos hechiceros y médicos, y, por consiguiente,
fueron muy pocos los sacrificios, puesto que tuvieron algunos. De éstos diré
lo que sé y lo que vi, y lo que otros experimentaron.
Hallamos que en
el tiempo de coger las mieses de las labranzas que labraban y sembraban, las
cuales eran del pan que se hacía de raíces, y de los ajes y batatas y del maíz,
daban cierta parte, como primicias, casi haciendo gracias de los beneficios
recibidos; esta parte o primicias de los frutos, como no tenían señalados
templos, ni casas de religión, como arriba se ha dicho, poníanla en la casa
grande de los señores y caciques, que llamaban caney, ofreciéndola y
dedicándola al cemí. Aquél decían ellos que enviaba el agua, y daba el sol, y
criaba todos aquellos frutos, y les daba los hijos, y los otros bienes de que
abundaban. Todo aquello que de esta manera ofrecían se estaba allí, o hasta que
se pudría, o los niños lo tomaban, o jugaban, o desperdiciaban, y de esta
manera se consumía.
Antes que se
descubriese la Nueva España y las provincias de Naco, Honduras y el Perú, por
ver el cuidado que los indios de aquestas islas, en especial de esta Española y
de Cuba, tenían de dar esta parte de los frutos que cogían, como primicias, y
gastarlo en ofrenda de aquella manera, comencé a advertir ser de ley natural la
obligación de hacer a Dios sacrificio, que antes había leído y no visto, como
Santo Tomás prueba en la Secunda secúndete, cuestión 85, artículo P, diciendo así: Oblatio sacrificiorum pertinent ad jus naturale, etcétera; y arriba se dijo, por sentencia de Porfirio, que todos
los antiguos ofrecían las primicias; y lo que todos los hombres hacen sin ser
enseñados, y de sí mismos se inclinan a obrar, es argumento claro ser aquello
de ley natural, como también arriba de estas inclinaciones naturales se declaró
en el capítulo ... algo. Preguntando yo a los indios algunas veces: “¿Quién es
aqueste cemí que nombráis?”, respondíanme: "El que hace llover y hace que
haya sol, y nos da los hijos, y los otros bienes que deseamos”; añadía yo:
"Ese cemí que hace eso, me lleve a mí el alma”. De aquí tomaba ocasión de
predicarles de Dios algo, aunque por aquellos tiempos (para mi confusión lo
digo) no me había hecho Dios la gran merced que después me hizo, dándome
conocimiento de las necesidades que aquestas gentes de su salud temporal y
espiritual padecían, habiendo en ellas disposición para ser traídas a
Jesucristo prontísima y admirable, y también de la estrecha obligación que los
cristianos que a estas tierras venimos tenemos de socorrer a prójimos tan necesitados.
De lo dicho parece seguirse tener las gentes de estas islas conocimiento,
aunque confuso, de un Dios, como arriba dejamos tratado.
Ya dijimos arriba en el capítulo... cómo en esta isla
tenían ciertas estatuas, aunque raras; en éstas se cree que a los sacerdotes,
que llamaban behicos, hablaba el diablo, y también los señores o reyes cuando
para ello se disponían, de manera que aquéllas eran sus oráculos. De aquí
procedía otro sacrificio y ceremonias que ejercitaban para agradarlo, que él
debía dé haberles mostrado. Éste se hacía por esta manera:; tenían
hechos ciertos polvos de ciertas yerbas muy secas y bien molidas, de color de
canela o de alheña molida; en fin, eran de color leonada. Éstos ponían en un
plato redondo, no llano, sino un poco algo combado u hondo, hecho de madera
tan hermoso, liso y lindo, que no fuera muy más hermoso de oro o de plata; era
casi negro y lucio como de azabache. Tenían un instrumento de la misma madera
y materia, y con la misma pulidez y hermosura; la hechura de aquel instrumento
era del tamaño de una pequeña flauta, todo hueco como lo es la flauta, de los
dos tercios de la cual en adelante se abría por dos cañutos huecos, de la
manera que abrimos los dos dedos del medio, sacado el pulgar, cuando extendemos
la mano. Aquellos dos cañutos puestos en ambas a dos ventanas de las narices,
y el principio de la flauta, digamos, en los polvos que estaban en el plato,
sorbían con el huelgo hacia dentro, y sorbiendo recibían por las narices la
cantidad de los polvos que tomar determinaban; los cuales recibidos, salían
luego de seso o casi como si bebieran vino fuerte, de donde quedaban borrachos
o casi borrachos. Estos polvos y estas ceremonias o actos se llamaban cohoba,
la media sílaba luenga, en su lenguaje; allí hablaban como en algarabía, o como
alemanes, confusamente, no sé qué cosas y palabras. Con esto eran dignos del
coloquio de las estatuas y oráculos, o por mejor decir, del enemigo de la
naturaleza humana; por esta manera se les descubrían los secretos, y ellos
profetaban o adivinaban; de allí oían o sabían sí les estaba por venir algún
bien, adversidad o daño.
Esto era cuando
el sacerdote solo se disponía para hablar y que le hablase la estatua; pero
cuando todos los principales del pueblo para hacer aquel sacrificio, o que era
(que llamaron cohoba) por persuasión de los behiques o sacerdotes, o de los
señores, se juntaban, entonces verlos era el gasajo. Tenían de costumbre para
hacer sus cabildos y para determinar cosas arduas, como si debían de mover
alguna de sus guerrillas, o hacer otras cosas que les pareciesen de
importancia, hacer su cohoba, y de aquella manera embriagarse o casi.
Esta manera de
consultar, bien llenos de vino y embriagados o casi, no fue la primera en
éstos, porque según Hero- doto en el libro 1®, y Estrabón en el fin del libro
15, los persas, cuando habían de consultar de cosas grandes y de grande
importancia, lo usaron, porque nunca lo hacían sino mientras comían y bebían y
estaban de vino bien cargados, y aquel consejo y las determinaciones que de él
sacaban decían ellos ser más firmes que las que con la sobriedad y templanza
eran deliberadas.
Yo los vi
algunas veces celebrar su cohoba, y era cosa de ver cómo la tomaban y lo que parlaban.
El primero que la comenzaba era el señor, y en tanto que él la hacía todos
callaban; tomada su cohoba (que es sorber por las narices aquellos polvos, como
está dicho), y tomábase asentados en unos banquetes bajos, pero muy bien
labrados, que llamaban duohos (la primera sílaba luenga), estaba un rato la
cabeza a un lado vuelta y los brazos puestos encima de las rodillas, y después
alzaba la cara hacia el cielo hablando sus ciertas palabras, que debían ser su
oración li Dios verdadero, o al que tenía por dios; respondían todos entonces
casi como cuando nosotros respondemos Amén, y esto hacían con grande apellido de voces o sonidos, y
luego dábanle gracias, y debían decirle algunas lisonjas, captándole la
benevolencia y rogándole que dijese lo que había visto. Él les daba cuenta de
su visión, diciendo que el cemí le había hablado y certificado de buenos
tiempos o adversos, o que habían de haber hijos, o que se les habían de morir,
o que habían de tener alguna contención o guerra con sus vecinos, y otros
disparates que a la imaginación, estando turbados de aquella borrachera, le
venían, o por ventura, y sin ella, el demonio, para los engañar e introducir
en ellos su culto, les había traído.
Tenían mil
patrañas y como fábulas según parece las que fingían entre los antiguos griegos
y latinos los poetas, puesto que los poetas pretendían en muchas de sus
ficciones, aunque no en todas, alguna moralidad y alegorías para inducir los
hombres a buenas costumbres; éstos no sabemos lo que por aquellas sus fantasías
entender o que se entendiese querían. Como lo que contaban del cemí de
Buyayba (que creo que era un pueblo), y el
cerní nombraban Vaybrama, la penúltima sílaba luenga, el cual, en una guerra
que tuvieron decían haber sido quemado, y que lavándolo con zumo de las raíces
que arriba dijimos llamarse yuca, de que hacían el pan cazabi, le crecieron
los brazos y le nacieron otra vez los ojos, y le creció el cuerpo; y porque la
yuca o raíces dichas era en aquel tiempo chiquita, después que con el agua de
ella lo lavaron, fue desde adelante, como ahora lo es, gorda y muy crecida.
Este cerní causaba, según ellos creían, enfermedades a los hombres, por las
cuales acudían a los sacerdotes o behiques, que eran sus profetas y teólogos
como está dicho; éstos respondían que aquello les venía porque habían sido
negligentes u olvidadizos en traer pan cazabi y ajes, y otras cosas de comer
para los ministros que barrían y limpiaban la casa o ermita de Vaybrama, buen
cemí, y que él se lo había dicho.
Otras ficciones muchas y patrañas les hacían
entender aquellos behiques, que si no pretendían significar alguna alegoría o
moralidad, como los antiguos poetas, eran invenciones del demonio o grandes
desvarios.
CAPÍTULO CLXVII
De los ayunos que en honor de sus ídolos
guardaban los indios de la isla Española y de Cuba
Otro sacrificio, rito o devoción también
tenían, y éste era grande ayuno, y comenzó en ellos de esta manera: refiere
fray Ramón el ermitaño, que arriba dijimos cuando hablamos de los dioses de
esta isla, que vino a ella cinco años antes que yo, que había fama y credulidad
en esta isla, que cierto cacique y rey de ellos hizo cierta abstinencia al
Señor Grande que vive en el cielo, del cual se debía el conocimiento u opinión
de un Dios del cielo en los demás derivarse. La abstinencia fue que seis o
siete días estaban encerrados sin comer cosa alguna, sino cierto zumo de
yerbas, para no del todo desfallecer, con el cual rumo también el cuerpo se
lavaban, y debían tener virtud aquellas yerbas, como la yerba del Perú que
llaman coca y las otras de que trata Plinio, y en el capítulo ... hicimos de
ellas mención. Durante aquel ayuno, con la flaqueza de la cabeza les venían o
les aparecían ciertas formas o imaginaciones de lo que deseaban saber, o, a lo
que es de creer, que el demonio se las ponía y pintaba por los engañar, porque
dado que el primer cacique o señor o señores que aquel ayuno y abstinencia
inventó o principió, la hiciese por devoción del Señor que está en el cielo, y
a él quisiese o entendiese pedir que le dijese o respondiese a lo que deseaba,
empero, los que después la prosiguieron debíanla de hacer en honor de los
cemíes, o ídolos o estatuas, o de aquel que con ellas del conocimiento del verdadero
Dios desviarlos trabajaba, el cual, poco a poco, algo en este caso siempre con
ellos ganaba, como les faltase, según muchas veces se ha dicho, gracia y
doctrina.
Esto se puede
argüir por lo que los que fuimos primero en la isla de Cuba, de los vecinos de
ella y de la ceremonia que usaron, alcanzamos. En aquella isla era extraño el
ayuno que algunos hacían, principalmente los behiques o sacerdotes o
hechiceros, y espantable. Ayunaban cuatro meses, y más, continuos, sin comer
cosa alguna, sino sólo cierto zumo de yerba o yerbas, que solamente para sustentarlos
que no muriesen, bastaba; de donde se colige que debían ser de grandísima
virtud aquella yerba o yerbas, mucho más que de las que Plinio, libro 25,
capítulo 89, y arriba referimos, habla. Y ésta es la misma coca que
en las provincias del Perú es tan preciada, como parece por testimonio de
religiosos y de indios que han venido del Perú, que la vieron y conocieron en
la dicha isla de Cuba, y en mucha abundancia. Macerados, pues, y atormentados
de aquel cruel y aspérrimo y prolijo ayuno, que no les faltaba sino expirar,
decíase que entonces estaban dispuestos y dignos que les apareciese y de ver
la cara del cemí, que no podía ser otro sino el demonio. Allí les respondía e
informaba de lo que preguntaban, y lo que más él para engañarlos les añadía,
todo lo cual después a la otra gente los behíques denunciaban y persuadían.
Solamente aqueste indicio y engaño de idolatría, y no otro que alcanzásemos,
había en la isla de Cuba, porque ni ídolos, ni estatua, ni otra cosa que a
idolatría oliese hallamos.
Y ésta parece
cosa maravillosa, que de tanta virtud sea el ayuno y abstinencia, que aun a los
demonios es agradable, y que pidiesen a sus servidores tan diuturna macera-
ción de la carne, que no fuesen hábiles para ver su infernal presencia sino
los que tenían mortificados y casi muertos los sentidos, como se recreen más
en la embriaguez y glotonería de los suyos, como sea la fuente y la madre de
donde se originan todos los vicios, según San Cri- sóstomo, capítulo 27,
homilía 58 sobre San Mateo, y siendo aquella virtud una de las armas con que
han de ser derrocados, como el Salvador nos dejó avisados: Hoc genus daemoniorum non ejicitur nisi in oratione et jejunio (Mataei,
capítulo 17). Pero este ayuno y abstinencia no la persuadían o mandaban hacer
sino por su antiquísima y profunda soberbia, por la cual querían usurpar, como
el honor y culto de Dios, la virtud, no en cuanto virtud, sino en cuanto por
pedirla querían dar a entender que amaban las virtudes, por cobrar más crédito
con los hombres y para vejar y atormentar con aquella áspera e infructuosa
mace- ración en esta vida los cuerpos, como en la otra las ánimas, por el odio
que tienen a los hombres, y así siempre se huelgan de sus tormentos y trabajos,
usando con ellos de su entrañable crueldad.
Tornando al
propósito del cacique o señor que había comenzado aquel ayuno, decían, y era
pública voz y fama, que habiendo hablado con cierto cemí, que tenía por nombre
Yocahuguamá, le había dicho que los que después que él fuese muerto fuesen
vivos, poco gozarían de sus tierras y casas, porque vendría una gente vestida
que los señorearía y mataría y que se morirían de hambre. De allí adelante
creyeron ellos que aquella gente debía ser los que llamamos caribes, y entonces
los llamaban y llamábamos caníbales. Todo esto refiere fray Ramón haber de los
indios entendido. Algunas otras cosas dice confusas y de poca sustancia, como
persona simple y que no hablaba del todo bien nuestra castellana lengua, como
fuese catalán de nación, y por tanto es bien no referirlas. Sólo quiero decir
lo que afirma de un indio o indios que él tornó cristianos, que matándolos
otros indios, por el aborrecimiento que tenían a los españoles, decían a
grandes voces: "Dios naboría daca, Dios naboría daca”, que quiere decir,
en la lengua más común y más universal de esta isla, "Yo soy sirviente y
criado de Dios”, y éste se llamaba Juan; y de esta manera y con estas palabras
murió otro llamado Antón, que era su hermano. Naboría quería decir 'sirviente
o criado’ y daca quiere decir 'yo’. Y así dijo de éstos fray Ramón haber sido
mártires; de lo cual ninguna duda puede quedar a algún cristiano si por la fe o
por no dejar la fe, o por otra virtud alguna los mataran; pero no los mataban
por esto, porque nunca indios algunos jamás tal hicieron, sino porque vivían
con los españoles, o les loaban o defendían a quien todos tanto desamaban, o
porque quizá les hacían aquellos indios, por mandado de los españoles, algún
daño, como habernos visto de esto asaz harto, y en estos casos harta merced les
hizo Dios si por confesar ser sus sirvientes y criados se salvaron, pero no por
ser mártires.
La misma manera de religión de la de esta isla Española
estimé y entendí siempre que tenían las gentes de las islas comarcanas, sin
tener ídolos muy estimados (en la isla de Cuba ninguno hallamos) ni ofrecerles
sacrificios, más de aquellos ayunos y de las mieses que cogían cierta parte, y
no ceremonia, sino aquellas cohobas con que se casi embriagaban. Los más
limpios de estas heces, en ese caso, de todos, fueron, según entendí siempre,
la simplicísi- ma gente de los lucayos, los cuales muchas veces a los seres,
nación feliz, arriba he comparado; de éstos ninguna señal de idolatría ni
creencia mala, ni figura o imagen o estatua exterior sentimos que tuviesen,
antes creemos que con sólo él conocimiento universal y confuso de una primera
causa, que es Dios, y que moraba en los cielos, pasaban, y así, en contar sus
sacrificios no hay por qué detenernos.
Los términos
aquí registrados se dan tal como aparecen en el texto de la presente versión.
Las variantes halladas en Ulloa, Pedro Mártir, Las Casas u otras fuentes se
consignan en las notas al texto. Cuando una varíente difiere a tal punto que es
difícil encontrarla en esta lista, se cita en paréntesis, a continuación de la
grafía que se ha escogido, o se incluye, en orden alfabético, remitiéndola a la
forma que se estima más apropiada.
Aiba,
43 Ahiacabo, 30 Aje, 54 Albeborael, 26 Amayaúna, 22 Anacacuya, 25 Apito, 21
Atabey
(Atabeira, Atabex), 21 Aumatex, 45
Ayamanaco, vid. Bayamanaco
Bagua,
21 Baibrama, 43-4 Baraguabael, 46 Bayamanaco, 30 Bayamanacoel, 31 Behique,
33-6, 38-41, 43-4 Biberoey, vid. Albeborael Bohío, 24 Boínayel, 31 Buhuitihu, vid. behique Buya, 43
Cabananiobaba,
vid. Sabananiobabo
Cacibajagua, 22-3 Cacibaquel, 47
Cacique,
25, 27, 31, 44, 46-52, 55
Cahubaba,
29
Cahubabayael,
27
Cáicihu,
47
Caníbal
(caribe), 48
Canoa,
25
Caonabó,
49
Caonao,
22
Caracaracol,
27, 29-31 Cauta, 22, 25 Cazabe, 30
Cerní,
21,31, 34-5, 37, 40-8
Ciba,
26
Coatrisquie,
46
Coaybay,
32
Cobo,
25
Cohoba, 30, 35,
41-2 Conel, 30 Conuco, 29 Corocote, 44
Daca, 49
Deminán, 29-30 Digo, 23
Faragubaol, vid. Baraguabael
Goeíza
(goeiz, guaíza), 33 Guabancex, 45-6 Guabonito, 25-6 Guacar, 21
Guahayona
(Guaguyona), 23-6 Guamá, vid. Yucahuguamá Guamanacoel, 47 Guamorete, 4
Guanaobocon (Guanáenequen), 48 Guanáoboconel,
48 Guanara, 25 Guañguayo, 30-1 inín, 24-6 Guaraionel, vid. Guarionex Guarionex, 46-7, 49-54 Guárocoel, 30
Guatabanex
(Guataguanex), 44 Guataúba, 46
Guatícaba
(Guatícabanu), 49-50 Guayaba, 32 Giieyo, 23, 36, 38
Haití, 24, 26 Hiaguaili, 26 Hiauna, 26
Iguanaboína, 31 Inriri, 27 Itiba, 29
Jacagua, 44 Jobo, 22
Mabiatué, vid. Mahubiatíbere Mácocael, 22 Macoris, 48-50
Mahubiatíbere, 51-2, 56 Maórocoti (Maórocon), 21 Maquetaurie, 32 Márohu, 31
Matininó, 24-5 Mautiatihuel, 31 Mayohabao, 34
Naboría,
48-9, 55 Nuhuirey (Nuhuirci), 50
Operito, 32 Opía
(hupía), 33 Opiyelguobirán, 45
Sabananiobabo,
45 Soraya, 32
Tahubaba, vid. Cahubaba Toa, 24 Tona, 24
Yahubaba, 23 Yahubabael, 23 Yaya, 28-30 Yayael, 28-9
Yarmao, 21 Yuca, 43 Yúcahu, 21 Yucahuguamá, 48
Zacón, 38 Zuimaco, 21
NOTICIA BIBLIOGRÁFICA
La
Historia de Fernando, y
por ende la Relación de Pané, han tenido amplia circulación traducidas al
inglés, francés y otros idiomas. Ahora bien, ateniéndome al propósito del
presente traslado, limitaré esta noticia bibliográfica a la edición príncipe de
la versión italiana hecha por Ulloa (pues de ella parten, directa o
indirectamente, las demás ediciones y traducciones) y a las principales
retraducciones al español del opúsculo de Pané.
El
ejemplar que he manejado de la edición príncipe se conserva en la Sección de
Raros de la Biblioteca de la Universidad de Yale. Su título lee:
Historie
Del S. D. Fernando Colo[mbo:] Nelle quali s’ha particolare, & vera
relatiofne] della vita, & de’fatti dell’Ammiraglio D. Christoforo Colombo,
suo padre: Et dello scoprimento, ch’egli feci dell’In- die Occidentali, dette
Mondo Nvovo, hora possedute dal Sereniss. Re Catolico: Nuouamente di lingua
Spagnuola tradotte nell’Italiana dal S. Alfonso Vlloa. In Venetia, mdlxxi. Apresso
Francesco de’Frances- chi Sánese.
El
ejemplar consta de 19 hojas preliminares, 247 folios numerados, y mide 15 X 10
cm. La Relación ocupa los
folios 126v a 145v y lleva el siguiente título:
Scrittvra
di fra Román delle antichitá de gl’India- ni, le quali egli con diligenza, come
huomo che sá la lor lingua, ha raccolte per commandamento dello Ammiraglio.
Debido a que se han suscitado algunas dudas sobre si 122 ésta es o no la
edición príncipe, conviene hacer una breve digresión para dejar definitivamente
resuelto el asunto. En Italia, dado el constante interés por las cuestiones
colombinas, se han publicado numerosas reediciones del traslado de Ulloa:
conozco por lo menos cuatro del siglo XVii (In Milano,
Apresso Girolamo Bordoni [1614]; In Venetia, Apresso Gio. Pietro Brigonci, 1676;
In Venetia, Apresso Iseppo Prodocimo, 1678; In Venetia, Apresso Giuseppe
Tramontin, 1685), dos del siglo xvm (In Venetia, Per il Prodocimo, 1709; In
Venetia, Per il Lovisa, 1728), y varias más de los siglos xix y XX. De esas
reimpresiones, exige comentario especial la publicada en Venecia por Prodocimo
en 1709. He visto dos ejemplares de esa edición: uno en Yale y otro en
Princeton. En el ejemplar de la Biblioteca de Princeton el año de impresión ha
sido raspado, tanto en el título como en la dedicatoria, y sobre lo raspado se
ha impreso la fecha 1569. Esas alteraciones, acaso en más de un ejemplar, han
dado lugar a que algunos eruditos hayan creído que la edición príncipe data de
1569. En realidad se trata de una burda superchería. Comparados ambos
ejemplares, concuerdan exactamente en el diseño del título, el tamaño de la
caja, la numeración de las páginas, los tipos de letra y hasta en las omisiones
y frecuentes erratas que hacen de esta edición una de las más estragadas de
todas.
Pasando
a las traducciones al español, las principales son tres. La primera apareció en
el tomo i de Historiadores primitivos de las Indias
Occidentales, que juntó, traduxo en parte, y sacó a luz, ilustrados con
eruditas notas, y copiosos índices, el ilustrísimo señor D. Andrés González
Barcia, Madrid, Año mdccxlix.
El título de la obra de Fernando lee así:
La historia de D. Fernando Colón en la cual se da
particular, y verdadera relación de la vida, y hechos de el almirante D.
Christóval Colón, su padre, y del descubrimiento de las Indias Occidentales,
llamadas Nuevo'Mundo, que pertenece al Serenísimo Reí de
España, que tradujo de español en italiano Alonso de
Ulloa; y aora, por no parecer el original español, sacada del traslado
italiano.
El opúsculo de Pané ocupa las páginas 62 a 71,
y su título quedó traducido de la manera siguiente:
Escritura de Fr. Román, del Orden de San Gerónimo.
De la Antigüedad de los Indios, la qual, como sugeto, que sabe su lengua,
recogió con diligencia, de orden del Almirante.
Tengo noticia de
que esta versión fue reimpresa en Buenos Aires en 1844, pero no he visto
ejemplares de esta edición. También la reimprimió José María Asensio en el segundo
tomo de su Cristóbal Colón, su vida... Barcelona
[1891], páginas 123-138. Y apareció, además, en la Colección de libros raros o
curiosos que tratan de América, tomos 5 y 6, Madrid, 1892.
La segunda retraducción importante se debe a
Manuel Serrano y Sanz. Esta versión apareció con el título de Historia del almirante don Cristóbal Colón, por su hijo Hernando:
traducida nuevamente del italiano ... Madrid, Librería General de Victoriano
Suárez, 1932. Consta de dos tomos. El opúsculo de Pané ocupa las páginas [35] a
90 del tomo II, y su título queda traducido así:
Relación de fray Ramón acerca de las antigüedades
de los indios, las cuales, con diligencia, como hombre que sabe el idioma de
éstos, recogió por mandato del Almirante.
En la más
reciente de las retraducciones al español se ha optado por un título diferente,
aligerado de enfadosos pormenores. Esta edición, acaso la más ceñida y
asequible de las tres, es la siguiente: Vida' del almirante don Cristóbal Colón escrita por su hijo Hernando
Colón, México, Fondo de Cultura Económica, 1947. El relato
de Pané aparece en las páginas 186 a 206, y su encabezamiento lee así:
Relación
de Fray Ramón acerca de las antigüedades de los indios, las cuales, con
diligencia, como hombre que sabe su idioma, recogió por mandato del Almirante.
De solo el relato de Pané se han hecho también traducciones
y ediciones independientes. De éstas he visto cuatro: tres hechas en las
Antillas y una en Buenos Aires. La más antigua es la que Antonio Bachiller y
Morales insertó en su obra Cuba primitiva. Origen, lenguas, tradiciones e historia de los indios de
las. Antillas Mayores y las Lu- cayas, segunda edición
corregida y aumentada, La Habana, 1883, pp. 165-183. Cabe a Bachiller la
distinción de haber sido el primero en reconocer la necesidad de corregir las
deformaciones que sufrieron las voces tainas. No habiendo hallado la edición
príncipe, y careciendo de algunos instrumentos de trabajo que han aparecido
después, su esfuerzo no logró el éxito que debiera haber tenido. Dejó, empero,
claramente planteado el problema.
Ya en el siglo XX, el auge que ha
cobrado el estudio de las mitologías americanas ha influido en que se hayan publicado
otras versiones del relato de Pané. La primera de éstas apareció, por
indicación de Fernando Ortiz, en la revista Archivos del Folklore Cubano, i, 1924, núm.
2. Luis Florén Lozano dio a la imprenta, con una breve introducción, "La
Relación de la Antigüedad de los Indios de la Española de Fray Román Pane”, en
los Anales de la Universidad de Santo Domingo, xii, 1947, 109-138. Y
ha circulado también en un tomito independiente, bajo un nuevo título, aunque
éste es doblemente desacertado, pues oscurece el contenido de la obra y
categóricamente afirma una fecha equivocada: Relación de Indias 1496; prólogo y notas por Alberto Wildner-Fox, Buenos Aires,
Ene Editorial, 1954. Estas publicaciones se insertan, pues, en una larga
tradición. A ellas se une la presente, con la esperanza de que contribuya a
resolver algunas de las dificultades señaladas por Bachiller y Morales.
La
Relación acerca de las antigüedades de los
indios, del
fraile ¡erónimo Ramón Pané, marca un hito en la historia cultural de América.
Compuesta en la isla Española en los primeros días de la conquista, es la única
fuente directa que nos queda sobre los mitos y ceremonias de los primitivos
moradores de las Antillas. Y como fray Ramón fue también el primer misionero en
aprender la lengua e indagar las creencias de un pueblo indígena, su Relación
constituye la piedra angular de los estudios etnológicos en este hemisferio.
Su inclusión en la colección América Nuestra,
serie que habrá de reunir los textos fundamentales a la comprensión de los
problemas americanos, responde a la necesidad de que tales documentos logren
una difusión mayor.
|
|
|
COLECCION AMERICA NUESTRA |
america antigua america colonizada caminos de
liberación los hombres y las ideas
*
Pedro Mártir de Anglería, Epistolario, estudio y
traducción por José López de Toro, 3 vols., Madrid, 1953-1955. Las referidas
epístolas llevan los números 177, 180, 189, 190 y 206 y aparecen en el tomo I,
pp. 335-36, 340-41, 356-58, 361-62 y 390 respectivamente.
“ Ibid., p. 390.
11 Ma-bu-bia-ti-ui-re y Ma-{bu}-bút-l(i}-ue-(re) son, suplidas otra
vez las letras omitidas, el mismo nombre.
19 Si bien la edición latina de la Década primera se
publicó en Se
villa en 1511, salió
antes una traducción al italiano, con el título de
** Tengo noticias de que la UNESCO estudia el proyecto
de catalogar todos los archivos españoles. De llevarse a cabo dicho proyecto,
tal ve¡t se dé con el manuscrito si es que todavía se halla en España.
[1] La primacía de Pané en estas y otras disciplinas se está reconociendo
en círculos cada vez más amplios. A fines del siglo XIX el Conde de la Vinaza señalaba ya que "Román Pané {sic}... fue el primer europeo de quien particularmente se sabe que hablé una
lengua de América" (Bibliografía española de las lenguas indígenas
de América, Madrid, 1892, p. 10). En 1906
Edward Gaylor Bourne, profesor de la Universidad
de Yale, traduce el texto al inglés y declara que: "[Fray] Ramon's report
of his observations and inquines is not only the first treatise erer written in
the field of American antiquities, but to this day remains our most authentic
record of the religión and folklore of the long since extinct tainos” (Columbas,
Ramón Pane and the beginnimgs of American anthropology, Worcester, 1906, publicado también en Proceedings
of the American Antiguarían Society, New Series,
Worcester, Mass., XVII, 1906, 310-384). En 1920 el misionero alemán Robert Streit declara que "el monje jerónimo
bien mere-
[2] Fray Bartolomé de Las Casas, Apologética historia de las Indias, cap. CXX; por la edición de Madrid, 1909, p. 322.
[3] Ibid., pp. 488-490; también Las Casas, Historia de Us Indias, lib. I, caps, av y cv.
[5] Fernando Ortiz, en el prólogo a Lewis Hanke, Bartolomé de Las Casas,
pensador político, historiador, antropólogo, La
Habana, 1949, p. xix.
[6] Pedro Henríquez Ureña, "La cultura y las letras coloniales en
Santo Domingo’’, en Obra crítica, México, 1960,
p. 384.
[7] Sirva de ejemplo la edición titulada Relación de Indias
1496, con prólogo y notas por Albetto Wildner-Fox,
Buenos Aires, 1954.
[8] Morison, p. 571.
Libretto di tutta la navegazione dei rei di Spagna
delle isole e terreni nuovamente trovad,
Venezia, 1504.
[10] Las Casas, Apologética historia de las Indias, cap. CXX; en la citada ed., pp. 321 y 322.
[11] Rinaldo Caddeo, ed., Le historie della vita e dei fatti di Cristojoro
Colombo per D. Fernando Colombo sao figlio, 2
vols., Milano, 1930, vol. II, p. 33, nota 8.
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