Jagua la comunidad olvidad, Omar Alfonso Pacios, Cuba
Jagua La Comunidad Olvidada
|
1.1508 ENCUENTRO EN EL
CAYO........................................... |
1 |
|
II.ARAGUEIA................................................................................. |
3 |
|
III. YAREYY OCARINA.............................................................. |
4 |
|
IV. PIRATAS Y
BANDERABLANCA......................................... |
6 |
|
V. UNAAPUESTAMORTAL........................................................ |
9 |
|
VI. ELCONSEJO DELFUTURO
ESTABLE.............................. |
12 |
|
VII. LOPE,
INVASIÓNYTRAGEDIA......................................... |
14 |
|
VIII. PADRE LAS CASAS,
CONFESIÓN Y TEOLOGÍA........ |
15 |
|
IX.
BATALLACONTRAPÁNFILO DE NARVÁEZ................... |
17 |
|
X. AZURINA, MARILOPE
YLOS PIRATAS............................. |
19 |
|
XI. EL CASTILLO DE
JAGUAY SU LEYENDA...................... |
21 |
|
XII. EPÍLOGO................................................................................. |
24 |
|
LEYENDA........................................................................................ |
25 |
|
LEYENDA........................................................................................ |
26 |
|
|
José
Díaz está impaciente, se mueve de un extremo a otro en el velero capitaneado
por Sebastián de Ocampo, no se siente a gusto; el barco atraviesa la bahía que
Colón llamó de Misas; aquí ha descubierto que los nativos la nombran Jagua, que
son amables y su naturaleza tropical seduce. Desde Galicia había soñado una
juventud en tierras exóticas y una familia propia, independiente y próspera; el
velero se aproxima a la boca para continuar el bojeo a Cuba. Una idea martilla su
mente desde hace unos días: " El barco es prisión, la tierra libertad”.
Por fin toma una decisión. Se acerca a su mejor amigo y le ruega muy bajo - Por
favor, si alguien pregunta por mí, decidle que fui a dormir - Ahora
sigilosamente se desplaza hacia la popa, de manera que ningún marino descubra
su intención y pueda dar el consabido “Hombre al agua"
Desciende detrás
del balcón final suavemente, para que no se escuche impacto alguno con el agua,
se sumerge en el mar por el tiempo que le permiten sus pulmones...
Cuando
asoma a la superficie, el velero se aleja, pero él no se mueve, todavía podrían
advertir sus brazadas. Unos minutos después nada entusiasta hacia la orilla de
Cayo Carenas, así bautizado por el propio Ocampo.
En el
norte del islote dos pequeños grupos nativos se disputan el poder; Yarey que
comanda a los locales, lucha cuerpo a cuerpo con el jefe opuesto. Este lugar es
sagrado para los aborígenes de Jagua; el otro grupo es invasor y vienen huyendo
de la región oriental, debido a la incipiente colonización española. Ambos
líderes luchan en el centro, es un duelo a macanazos, uñas y dientes, el resto
espera. Sudorosos y cansados chocan sus pechos y como acto ensayado, en un
descuido del rival los brazos de Yarey bajaron doblando el dorso con rapidez
para aprisionar los miembros inferiores y la macana de su rival; lo levanta y
proyecta su cabeza contra la arena... El sonido del cuello quebrado paralizó a
todos. Solo convulsionó unos segundos con los últimos estertores.
|
|
Los vencidos depusieron sus
lanzas y se arrodillaron cabizbajos para que les permitieran llevarse el
cadáver de su líder. Lo llevaron en andas a su canoa y remaron hasta perderse
más allá de la boca, rumbo al este. Yarey notó entonces que de su cuello
faltaba el colgante que marcaba su sagrada descendencia, se lamentaba como si
hubiera perdido él más que su adversario. Dudaba si lo había arrancado una rama
en la marcha contra el enemigo o aquel funesto cacique vencido. Convocó a todos
para recorrer el trayecto hecho. Tenía la esperanza de recuperarlo...
José
alcanzó muy agotado la costa, tuvo que nadar con doble esfuerzo para conservar
su necesaria ropa y las imprescindibles botas de polainas altas, así se tendió
exhausto en la arena para recuperar energías. Apenas unos segundos después
escuchó rumores, movió ligeramente la cabeza y por una fina abertura de sus
párpados pudo constatar que hacia él se dirigían aquellos curiosos nativos. Una
duda lo estremeció: ¿Serán caníbales? - Prefirió quedarse acostado, sin hacer
resistencia, no llevaba armas, su debilidad sería una causa para provocar
compasión en lugar de violencia...
Yarey se
adelantó a los demás, lo tocó con la punta de su lanza, lo sacudió con el pie.
José solo exhaló una fingida queja de dolor, su plan de representar una
lamentable condición surtía efecto en aquella noble y bondadosa gente. Por fin
el líder ordenó llevarlo entre dos, pero como el alargado cuerpo arrastraba las
botas, tuvieron que cargarlo seis. Todos querían saber qué hacía este hombre
blanco ahí; José también se preguntaba cuál sería su destino. Lo cierto es que
ya en el centro del cayo lo dejaron a unos metros de un pequeño promontorio;
bajo la fresca sombra de árboles con grandes hojas, allí se distinguían ídolos,
figuras que debían ser sagradas y adoradas por ellos. José se estremeció de
nuevo, pensó en un sacrificio, no sabía si correr o esperar. Tenía muy pocas
posibilidades de salvarse, pero como no lo habían maltratado optó por la
resignación: Quizás vienen a orar por mí...
Yarey se
arrodilló ante sus deidades, dio muchas gracias por su victoria sobre los
invasores y lloró, se disculpaba una y otra vez por la pérdida de su sagrado
colgante, recordaba con dolor que su padre el behíque se lo entregó con honor.
Este representaba el poder, el origen de sus antepasados, la sagrada Guanaroca
que les daba vida a los varones como él. Al tiempo que se lamentaba, humedecía
sus dedos con lágrimas y tocaba una madera rectangular, tallada con dibujos que
tenía en el centro un punto rodeado por dos círculos y en cada esquina unas
figuras de peces o renacuajos, sin duda mucho tenía que ver con su colgante que
debió conservar como un talismán.
|
|
Apesadumbrado
Yarey ordenó continuar la marcha hasta sus canoas, mientras remaban entonaban
una canción, era como un duelo o un himno; José solo distinguía una palabra muy
repetida: tureiraaaa, tureiraaaa... quizás era la tierra que dejaban o la del
destino: una alargada península en el centro norte de la bahía Jagua. Hacia
ella apuntaba ligera la proa... Apenas fueron avistados desde el caserío
costero, sonó el manguaré, un tambor que anuncia los arribos de toda gente. Los
pobladores atraídos por la fama del joven guerrero y por la curiosidad que
aumentó la presencia del hombre blanco, corrieron a recibirlos bien de cerca.
|
|
Apenas
atracaron, José, más confiado en la actitud sosegada de sus captores, se
incorporó para demostrar recuperación y no ser una carga pesada para ellos.
Yarey lo miró muy serio, aquel sobresalía en estatura y ahora no se mostraba
débil. Avergonzado el europeo bajó la mirada que no levantó mientras caminaba y
escuchaba entre la multitud supuestos comentarios y tímidas risas. Así fue
conducido, sin ataduras ni empujones, sin ningún tipo de humillación hasta que
llegó al interior de un caney. Yarey fue a informar a los ancianos lo ocurrido.
Su padre lo felicitó por sus buenas acciones y lamentó mucho la pérdida de
aquella reliquia sagrada, tallada en concha por un difunto artesano. No quiso
comentar un mal presagio que cruzó por su cabeza: " Perdió su amuleto
sagrado y encontró a este extraño hombre blanco. ¡Oh!, dios, ¡Qué extraña
coincidencia! Los dioses me iluminarán en esta prueba para bien o para mal”. Lo
consoló culpando del incidente al destino: allí lo recibiste, allí se quedó
como ofrenda. Para animarlo le mostró curiosidad por ver de cerca al extraño
blanco y le hizo ver que fue muy certero traerlo lejos de aquel cayo sagrado.
|
|
Desde el
fondo José pudo ver entrar al anciano behíque, de pelo encanecido y bien
peinado hasta el moño, con un colgante tallado y otros collares; vestía solo un
taparrabo de algodón. Se acercó para escudriñarlo directo a los ojos,
impresionando con su firme mirada. Se puso una mano en el pecho y al fin habló:
Marey...
El gallego entendió el gesto como una presentación y lo imitó: José...
Hubo
sonrisas de los tres porque Yarey estaba observando también, así se inició una
serie de gestos identificatorios de objetos y José recibió su primera lección
de lengua arahuaca. Por largo rato fue muy entretenido para los nativos ver lo bien
que el blanco imitaba sus voces, hasta que, exhausto, con ojos suplicantes, el
europeo se llevó una mano al estómago y la otra apuntando repetidamente hacia
la boca abierta. Este último gesto provocó un estruendo de carcajadas que se
escuchó en todo el batey.
Atardecía;
por una rendija de la pared se podía apreciar el tinte dorado que deja el sol
sobre la bahía al ocultarse en el oeste. Alguien levantó la cortina que cubría
la puerta...
|
|
Una
joven y hermosa india entró, traía una bandeja de barro con varias frutas, un
pozuelo con una torta y otra vasija con agua; la colocó sobre un ancho tronco
vertical que servía de mesa. Sin mirar al extraño, hizo un gesto de saludo y se
retiró aprisa. José corrió a calmar su sed y se comió ansioso algunos anones;
cuando se disponía a probar la torta, reapareció la joven con una hamaca e
inició las ataduras de los extremos. José sintió curiosidad, quería verla de
frente, había notado su belleza física, pero nada de sus ojos. Para llamar su
atención, señaló la torta - ¡Hey! ¿Pan?... - Con una delicada timidez lo miró
un segundo de sus grandes ojos negros para responder muy bajo - Casabe - El europeo
recordó un refrán español: "Cuando hay hambre no hay pan duro" y poco
tiempo después se conformó: "A falta de pan, casabe".
No pudo
disfrutar de tan especial compañía porque apenas ella anudó el otro extremo de
la hamaca, apuró sus pasos hacia la puerta...
José
volvió a la soledad, pero su espíritu inquieto estaba sosegado, lo trataban muy
bien, aún así quiso ver si lo tenían como huésped o prisionero, entonces asomó
la cabeza fuera y comprobó que había un nativo con una lanza. - También puede
ser para impedir que me molesten - Pensó. Así con muchas dudas en su cabeza se
tumbó en la hamaca hasta que rendido concilió el sueño...
Un
concierto de agradables y diversos trinos de aves, la entrada de luz por varias
rendijas del caney despertaron a José, el sol estaba alto. Un rato después se
repetía la bella presencia de la joven con la bandeja. El extranjero se alegró
de que la hubieran puesto como una especie de asistente para él. Esta vez se
atrevió a cortarle el paso y poniéndose una mano en el pecho pronunció su
nombre, ella lo esquivó asustada y salió corriendo. Él se lamentó de su torpeza
dando una patada en el suelo - ¡Recórcholis! Continuó con sus dudas - Algún
plan tienen para mí. Por lo visto son nativos pacíficos y bondadosos, pero algo
quieren y qué será... Una hora después la muchacha entró a recoger la bandeja;
sorprendentemente balbuceó unas palabras. Él no entendió bien- ¿Qué...? Ella se
puso la mano en el pecho y muy despacio repitió- Aragueia. José entendió y
enseñó una amplia sonrisa de complacencia. Ella continuaba seria y con la vista
baja como si ahora tuviera permiso para pronunciar su nombre y esperar para
responder más preguntas. José estaba anonadado, era mucha su suerte y su
alegría, solo la observaba sin pronunciar palabra, ¿Qué diría? ¿Cómo? Entonces
con más emoción pronunció- ¡José! Así se presentaron y comenzó él una segunda
lección de lengua arahuaca, pero esta vez con mucho interés y agrado; no sería
la única, los días de encierro ahora pasaban volando. Poco a poco había logrado
ver la tímida y blanquísima sonrisa deAragueia.
|
|
Ya el
europeo no se preocupaba si habría un plan para él, pero realmente sí existía.
El viejo sabio Marey había visto la tristeza y el desconsuelo de Aragueia quien
había perdido a su joven prometido en un reciente combate. Para más desgracia
no había concebido ningún hijo suyo. Al principio ella no quería servir al
extranjero, sentía algo extraño en aquella orden del anciano, pero tuvo que
aceptar aquel destino con el que siempre Marey concluía- No es mi voluntad, es
la de los dioses. El experimento del anciano contemplaba que José se enamorara
de ella y, sintiéndose de los suyos no escaparía; había visto en el europeo
bondad y astucia. Sería muy provechoso también que fundaran una familia con
hijos que hasta ahora ninguno de la tribu conocía; podrían intercambiar los
conocimientos de estos lejanos hombres blancos que hace algunos años vienen
avistando en sus costas y que algunos creen como hijos de otros dioses.
El
juicioso ardid de Marey funcionó: en el nervioso y cotidiano intercambio de
risas José se atrevió a tocar con delicadeza el redondo cutis de Aragueia quien
reaccionó bajando la vista muy despacio con una sonrisa de aprobación y una
sonrojada piel ardiente. Suavemente, con el índice levantándole su mentón, José
la obligó a mantener aquellos grandes ojos negros fijos en los suyos: era el
inicio de una mutua devoción. La dicha contenida durante tantos días se explayó
frenética en largos besos y caricias...
Cuando
Aragueia avergonzada, con mucho temor, le informó a Marey en un acto de
confesión fiel lo ocurrido con el extraño hombre blanco, quedó muy asombrada
con el sonriente semblante del sabio anciano quien le ordenó - Ya puedes
sacarlo a conocer nuestra gente y nuestro bosque. Aragueia viendo tanta
aprobación, mudó su semblante algo contrariada y preguntó molesta - ¿Cómo... ?
- Marey se limitó a responder con cierta picardía - Es la voluntad de los
dioses...
Realmente
la astucia del anciano había acertado en todo con el devenir de los
acontecimientos posteriores para la poco común pareja que iniciaba una relación
ante los ojos de los moradores del batey. En los tres años siguientes nacieron
cuatro vástagos, el segundo parto de dos niñas.
|
|
Ya José
podía entenderse bastante bien con la familia y los vecinos. Podía contar de su
tierra lejana: Se había enrolado en la tripulación de un barco como consuelo
porque, producto de una epidemia, había perdido muy joven a sus padres y su
único hermano había muerto en un combate naval en el Mediterráneo. Su sueño de
fundar una familia propia se hacía una realidad feliz para él y su adorada
Aragueia. Sus habilidades en las nuevas prácticas agrícolas que enseñaba a los
demás le ganaron prestigio y reconocimiento entre los taínos que significa
buenos. Muchos querían trabajar junto a él por sus relatos y enseñanzas.
Aragueia lo esperaba cariñosa en
su caney con más bandejas que antes, lo observaba con admiración y cuando la
nostalgia le traía el recuerdo de aquel primer amor difunto, miraba a toda su
prole, ponía a mamar al menor y con más placer que angustia parafraseaba al
sabio anciano Marey-" Así lo quisieron los dioses
... Cada mañana al salir, besaba
una Jagua que significa en su lengua local: génesis, manantial, inicio, origen,
fuente; un árbol de grandes hojas. En los próximos años parió tres mestizos más
y la inusual fecundidad llenaba de orgullo y admiración a los padres y a la
comunidad. El anciano Marey se regocijaba de su experimento: Aragueia se pasea
feliz y el extranjero ha demostrado utilidad para los hijos de esta tierra.
|
|
Con un
palo que termina en una bolsa a modo de red, Yarey disfrutaba atrapando los
rápidos peces que abundan en aquella parte de la península. Tenía algunos
dentro de un catauro en la orilla. Se acercaba paso a paso para alcanzar uno
grande, ya casi en la boca del jamo... escuchó: ¡Detente, Yarey...! Marey desde
el extremo más alto de un pequeño acantilado le advertía: ¡Hay una levisa justo
delante de tu próximo paso! - La rápida intervención del sabio anciano le evitó
un posible aguijonazo que le provocaría fiebre y el dolor insoportable producto
del tóxico apéndice de tal pez. Molesto el joven por la sigilosa presencia del
venenoso intruso, volteó el palo por el extremo opuesto que terminaba en punta
y fue él quien aguijoneó repetidamente la carnosa sombra redondeada del pez.
Lo hizo contal furia que nunca antes
había visto el anciano - ¡Basta! - le ordenó - ¿Por qué actúas con tanta rabia?...
Él no es tu enemigo, solo se defiende - Marey inmediatamente reaccionó
avergonzado. Se retiró a la orilla arrepentido del acto. Recordó entonces los
consejos de sus venerables ancianos: " No te dejes dominar por la ira”.
Con voz
suave y pausada, el anciano le preguntó:
-
¿Qué te pasa, hijo?... Muy compungido y
jadeante Yarey confesó:
-
Padre, cuánto hago por todos..., me esfuerzo
para que todo salga bien y mire ahora..., casi caigo en la trampa de ese
bicho... ¿Acaso los dioses están en mi contra y me castigan?..-. Conciliador
Marey lo corrigió
-
No, hijo, no digas eso, aquí ellos me pusieron
para impedirlo a tiempo. Y creo que hay algo más que te atormenta y no me has
dicho... - Marey quedó atónito: ¿Cómo el sabio behíque sugería dolor por otro
sentimiento que realmente lo afligía? Asimiló sus palabras y más calmado
declaró:
-
Ocarina, padre, es bella y dulce como una
flor, pero imprudente y rebelde como la inquieta brisa del mar. Se empeña en
desafiarme delante de todos y me molesta, me molesta mucho porque la quiero,
pero a veces me alejo de ella para no desatar mi ira, para no despedazar su
obstinado orgullo de mujer superior...
-
Pero dijiste que la quieres - interrumpió el
anciano - y que es como una flor. Sabes que es tierna con los niños y los ancianos,
pero se empeña en trabajar con el afán de las más adultas, que está pendiente
de los que enferman y sobre todo... - hizo una pausa - No acepta órdenes de los
de su edad...
-
Pero, Padre... - Intentó el joven - Yo soy
mayor que ella, lo hago por su bien...
-
¡Alto ahí, jovencito, las ideas de dos sumadas
valen más que las de uno; es importante tener paciencia y escuchar a los otros!
Cuando se trata de ayudar todas las razones de muchachos y... muchachas
valen...
A pesar
del cariño y la confianza que el viejo sabio le inspiraba a Yarey, el respeto a
sus argumentos era una práctica sagrada. El joven optó por callar y aceptar.
Una réplica más sería considerada una ofensa y Yarey era impulsivo, pero
educado para no contradecir la palabra de la experiencia de sus dioses,
representada en su behíque.
Al rato,
con una fresca sonrisa llegó Ocarina.
-
¡Yarey, te busqué por todo el batey! Ya tengo
un buen número de plantas curativas para el abuelo Marey - El viejo asintió el
gesto con una sonrisa, pero no dijo nada; quería escuchar la respuesta del
joven.
Ante la
observancia del anciano Yarey acumuló calma y pausado le observó.
-Alabo
tu esfuerzo, pero como te dije, las plantas se toman cuando hay un enfermo que
curar.
-
Lo sé, lo sé, pero cuando te iba a responder,
saliste como una estrella fulgurante y no te vi. más.
-
¿Hay algo que responder a ese hecho? ¿No es
suficiente razón?...
-Sí, hay
una buena. Aragueiay José hablan de algo que se llama jardín, cerca de nuestros
caneyes, allí podemos plantar todas esas yerbas curativas y no tenemos que ir
muy lejos a buscarlas. También podemos sembrar bonitas flores.
|
|
Yarey
quedó mudo con los argumentos de Ocarina. Miró al anciano apenado, reconociendo
que la imprudencia había sido suya precisamente por no escuchar. El behíque
comprendió que el joven había recibido una lección y se marchó lentamente para
darles espacio a la comprensión mutua. Yarey molesto consigo mismo confesó
emotivo:
-
Ocarina, no sé qué me pasa contigo, ya no te
veo como aquella niña que me esperaba cuando subía a la mata de guayabas, que
me acompañaba cuando sumergía a buscar camarones. Ahora tú sigues siendo mi
linda flor, pero tomas tus propias decisiones.
-
Ahora que se fue el abuelo soy linda flor.
Antes hablabas de razones. Acaba de reconocer que quieres hacerte mi dueño y yo
soy libre como la jutía del monte. No tengo dueño. ¡Ja! Sí, tomo mis propias
decisiones - Con una risa loca tomó el catauro de peces y salió corriendo en
una clara provocación. Yarey, fingiendo molestia y de buena gana, la persiguió
hasta alcanzarla fácilmente.
-
¿Te crees superior a mí? ¿No ves que soy un
hombre? - La sostenía por los hombros y trataba de mantener su cabeza quieta,
pero era imposible, ella rehuía su mirada.
-
Ja, Ja, Ja - ironizaba - ¿No ves que soy una
mujer? Ja... Ja... Ja - Empezó a disminuir la intensidad de la risa y entonces
lo miró seria y tierna - ¿Es verdad que soy tu linda flor...? - Él se quedó
mudo, nunca la había oído preguntar algo así. Estaba bien cerca y más hermosa
que otras veces. Aflojó sus músculos, sintió que ella temblaba, hervía su piel;
enarcó las cejas en un gesto de amor que ella disfrutó con un incomprensible y
temeroso placer. Al notar su fuerza debilitada, Ocarina se soltó de nuevo en
una loca carrera de risas.
Los
juegos de niños se convertían de manera espontánea en actos de atractivo
sensual. Olvidaron todo a su alrededor; corrieron durante algunos minutos. Al
fin ella cayó rendida en la hierba bajo una frondosa arboleda, él se tumbó a su
lado.
Ambos
miraban al cielo y lo veían más azul, las hojas más verdes, el sudor de sus
hombros unidos era un manantial que inundaba sus poros con frescura. Ella
rompió el hielo casi susurrando:
-
¿Ves esa flor allí? ¿Es linda verdad?... Esa
soy yo... ¿Dónde estás tú?
-Yo...?Yo
soy aquel lagarto que se acerca atraído por tu perfume...
-
¡Aaah! ¡Qué bonito! - Entonces añadió picara -
No sabía que teníamos lagartos poetas en la tribu, ja, ja, ja...
-
¿Por qué te empeñas en provocarme?
-
Porque eres muy serio y... todo es más lindo
cuando te veo reír. Antes te reías más.
-
Antes éramos niños... - Ella lo interrumpió
con voz atronadora para decir:
|
|
-
¡¡¡Ah, ya habló el hombre, el cacique!!! - Se
levantó enfadada, se sacudió la escasa ropa e inició la marcha de regreso.
Yarey se quedó tumbado pensando una vez más:
¿Por qué
no puedo controlarla? ¿Por qué me cuesta tanto trabajo entenderla? - De lejos
la escuchó decir: No te confundas, yo soy una mujer, pero a tu lado quiero
seguir siendo una niña - Esas palabras tan confusas se repitieron muchas veces
en su cabeza, casi no durmió y cuando lo consiguió tuvo un sueño erótico...
En los
últimos años Yarey había sufrido la pérdida de su amuleto sagrado como una
maldición de los dioses, su carácter y su responsabilidad se curtían y olvidaba
la necesaria alegría que proporcionaba su felicidad para los demás. El behíque,
como consuelo, siempre le señalaba la feliz coincidencia de aquel encuentro en
el cayo porque los dioses de los blancos y los suyos habían fecundado una
pareja fértil.
Ahora él se había resignado a tal
voluntad, pero estaba obsesionado con hacer feliz a Ocarina y lo martirizaba la
idea de tenerla tan cerca y tan lejos, tan rebelde y tan flexible - ¡Que me
ayude la bondadosa Maroya a encontrar la mitad alegre de mi vida! - Se lamentaba
inconsolable.
El prestigio de José Díaz aumenta
con sus acciones. Se siente como uno más porque con frecuencia declara que aquí
tiene la familia que perdió allá en la tierra de su origen; allá donde
gobiernan un Rey y una Reina quienes se casaron y mandan en muchos lugares.
Todo lo que ha podido trasmitir en cuanto a la forma de sembrar, de usar los
rudimentarios aperos de labranza, de orientar las plantaciones en surcos y no
en montículos como encontró aquí, han influido como intercambios provechosos
que se notan en una comunidad más próspera. Con el uso del fuego ha visto
ahuecar grandes troncos y hacer veloces canoas. Entonces él ha creado un
atracadero flotante atravesando una serie de gruesos troncos y fijándoles por
arriba hileras de tablas perpendiculares que se adentran más allá de la orilla,
de manera que cuando abordan las canoas, el atracadero mantiene el mismo nivel
que la embarcación, queda como una balsa fijada a la orilla; así las cargas y
los niños son fáciles de manipular en el abordaje. Como no tiene instrumentos
de metal, aprendió a usar el fuego para crear ruedas de madera que sirven de
poleas y masas de molinos, muy útiles para ahorrar energía humana. Ha encauzado
las aguas de los ríos a través de ligeros canales de bambú para regar los
sembradíos en caso de sequías.
|
|
La caza
de jutía es un arte que aprendió aquí. El cazador sube a los árboles habitados
por el roedor y en las ramas más jugosas, atractivas para el animalito, amarra
una cuerda de algodón con una gasa que permanece abierta, gracias a la
consistencia que le da el almidón de yuca o la cera de abeja. Solo es cuestión
de esperar; cuando pasan a través del anillo la cabeza o las patas, se enredan
y quedan colgando por alguna parte del cuerpo.
Una tarde José fue a revisar las trampas con el objetivo de
llevar carne a la mesa de su familia. En lo alto de un árbol vio tres jutías colgando
y comenzó a escalar. Escuchó la percusión del manguaré avisando la llegada de
gente por la bahía. De momento no le dio mucha importancia, pero en lo alto
pudo divisar un gran velero y lo más impactante fue ver que abría las
escotillas de cuatro cañones. Había muchos moradores con lanzas y niños mirando
ingenuamente la llegada de tan majestuoso barco sin percatarse del peligro.
Rasgándose las manos y la piel, descendió lo más rápido que pudo e inició una
desenfrenada carrera hacia el batey. "Tengo que llegar a tiempo" - Se decía una y otra vez, golpeado
frecuentemente por las inoportunas ramas a cada lado
del camino. Corría el sudor por todo su cuerpo y se agitaba el corazón con una
idea martirizante: ¡Nooooo, los niños
están
allí, noooooo! Por fin llegó al batey...
En la carabela con bandera portuguesa, el Capitán pirata desde
el puente de mando daba órdenes para hacer una descarga artillera. Ellos
interpretaban que las lanzas en las manos de los curiosos e ingenuos primitivos
era un recibimiento bélico, entonces usarían su ventajoso y brutal poder para
reducirlos. Casi todos los de la orilla serían barridos con la primera andanada
y el estruendo haría correr al resto espantados por el terror. "Son pan
comido" - Se jactaba el obeso capitán y se agarró de la baranda para
levantar la mano... José cruzó los caneyes mirando aun lado y a otro sin
detenerse. Logró ver un tejido de blanco algodón secándose en un techo y lo
agarró al paso, llegó ala orilla y le arrancó la lanza a uno de los curiosos,
pinchó el tejido en un extremó, lo anudó como pudo y recorrió el atracadero
flotante. En el extremo comenzó a agitar la improvisada bandera a un lado y a otro... El capitán al ver
|
|
aquel caballero blanco moviendo como
un loco aquel palo con
una bandera blanca, ordenó
detener la maniobra... ¡Hum! - dijo- ¡Qué extraña colonia! Son pan comido... -
Las pilleras de los cañones se cerraron y José respiró hondo, se arrodilló en
las tablas jadeante, derrumbado por la fatiga, pero satisfecho de salvar a su
gente. Hasta él se acercaron algunos ancianos encabezados por Marey.
Ahora comenzaba una nueva etapa de su vida, debía ser
intérprete, diplomático y representar ser el amo de la comunidad. Mientras la
carabela bajaba los botes de desembarco José le explicó al sabio behíque la
situación peligrosa que tuvieron y la que sobrevenía. Le pidió, con mucho
respeto, representar el papel de jefe para manejar aquel inusual evento. El
viejo lo consultó con el resto del concejo y como todos conocían la astucia del
europeo, asintieron de acuerdo. José recomendó que las mujeres no se expusieran, que debían estar bien resguardadas en las casas.
Brevemente les explicó que muchos de estos
hombres blancos son malos y con tanto tiempo
en el mar tienen un
lujurioso
y malsano deseo de sus mujeres.
Poco
apoco se difundió la advertencia de José y fueron quedando en la orilla solo
hombres, jóvenes y viejos.
|
|
En el original atraque balsa
comenzaron a descender los piratas liderados por un capitán portugués, cuyo
caminar lucía todo arrogante y triunfador; con tanto peso de hombres y armas el
puentecillo se hundía casi hasta las suelas. José estaba nervioso, pero firme.
Hacía tiempo que no hablaba con blanco alguno. Debería manejar con mucha
cautela la relación con esta gente, pensaba negociar para amortiguar sus
anhelos depredadores. El idioma no fue óbice para la comunicación de estos dos
representantes.
¡José! -
inició el gallego la presentación extendiendo la mano.
-
¡Joao! - la estrechó el portugués con una leve
sonrisa algo sarcástica. Era al menos un principio diplomático.
-
Os agradezco aceptar mi bandera de paz -
continuó José llevando la iniciativa - No hay ninguna necesidad de sangre; yo
también fui marino y sé la causa de vuestro atraque...
-
¿La sabe? - Preguntó irónico el portugués.
-
Sí y os voy a facilitar con mi gente vuestras
necesidades con lo que tenemos a nuestro alcance...
-
¡Por ejemplo! - Interrumpió irónico el
pirata...
-
Leña, frutas, aguapotable, pescados, carne
ahumaday salada...
-
¡Mujeres!...- Volvió a interrumpir con similar
arrogante sonrisa...
-
¡No están en venta! - Aseguró con firmeza
José.
-
¿Quién habló de comprar? - Y apeló a su
supuesta superioridad - Pude verlo en el puente intimidado por mis cañones,
señor José, vocé habla de paz y yo de rendición total...
-
Os repito que no hay necesidad de sangre. He
contado que trae vos unos cuarenta hombres.
-
La dotación es de sesenta- corrigió alardoso.
|
|
-
Si supone que destruyendo el caserío y matando
algunos hombres con vuestros cañones puede lograr lo que yo pacíficamente le
ofrezco, va a fracasar...
-
¿Por qué? - alardeaba dando por seguro
superioridad en poder de armas y fuerzas.
|
|
-
En primer lugar os superamos en cientos de
hombres con lanzas y flechas, ocultos en el bosque, dispuestos a pelear
encarnizadamente por esposas e hijos. Vosotros moriríais en la costa antes de
conseguir lo que necesitan. Vuestros hombres se arriesgan por oro, plata y
piedras preciosas que no hay aquí.. - Entonces mintió - Hay nativos que
sumergen largas distancias; en estos casos están entrenados para horadar el
fondo de vuestra nave hasta hundirla. Nunca saldríais de aquí, ni por mar, ni
por tierra... - Hizo una pausa y sentenció - No os parece más inteligente que
seamos amigos, señor Joao,ustedyyo comerciamos, sereabastece, salvaasus hombres
y yo a los míos...
La
sonrisa arrogante del pirata se había transformado en una mueca. Los argumentos
del europeo habían disminuido su creída supremacía. Miraba a José y a los
pacíficos nativos de la orilla con duda, después de unos segundos, disimulando
la derrota de su orgullo, dejó salir una hipócrita y conforme carcajada
indicando su aceptación al pacto.
José
retomó la iniciativa estrechándole otra vez la mano y abriéndole el camino con
un gesto. Se sentía mucho mejor, estaba satisfecho de su gestión diplomática,
sin saber que era el inicio de otras muchas.
Con
mucho tacto comenzó a explicarle las características de vida de esta comunidad
indígena, la cual compartía la vida familiar de manera tradicional, como en
Europa y la violación o el adulterio eran condenadas con la muerte a pedradas.
Lo invitó a pernoctar en su caney, quería brindarle hospitalidad y al mismo
tiempo tomarlo como rehén en caso de una traición. El menor contacto con su
gente era garantía de no organizar una rebelión. El portugués, bandido al fin,
tenía sus dudas de tal amabilidad. Para saber sus posibilidades de adquirir
información dentro de los ingenuos aborígenes, José le preguntó:
-
¿Tenéis entre los vuestros alguien que hable
arahuaco?
-No. ¿Porqué?
-
Podríais usarlo como traductor e intercambiar
con estos indígenas - La pregunta del gallego tenía una segunda intención.
Necesitaba hablar con los nativos para organizar una defensa preventiva y lo
haría enfrente del enemigo sin que pudieran entender lo que hablaban. Entonces
le advirtió:
-
Voy a organizar a mis capataces para que
puedan acoger a los vuestros en casas y seáis bien servidos; mientras otros
buscarán leña, agua y alimentos para abastecer sus naves - Era la justificación
perfecta para usar la lengua arahuaca. El portugués estuvo muy atento a cada
gesto del español; debía advertir cualquier intento de traición. José inició
diciendo lo mismo que explicó a Joao, pero alertó precaución en todo:
-
Hermanos, vamos a necesitar a un grupo de los
más jóvenes y fuertes en el batey para proteger a las mujeres y niños en caso
de que una agresión de estos hombres desencadene una matanza colectiva; debemos
evitarla. El resto irá a buscar mucha leña seca. Las mujeres adultas y las que
puedan, traerán alimentos, pero serán escoltadas por el cacique Yarey y algunos
hombres. Las más jóvenes y vírgenes quedarán en el batey, bien ocultas en las
cocinas, se encargarán de hacer el casabe y asar pescados y carnes. Eviten
provocar a estos hombres. Les he hecho creer que somos muchos aquí, si
descubren que formamos un pequeño grupo, pueden envalentonarse e intentar
masacrarnos. Cuatro muchachos de los más hábiles cazando jutías conseguirán las
que tenemos en las trampas, pero después deben quedarse ocultos todo el tiempo
posible en árboles donde puedan divisar desde distintas áreas del batey los
movimientos de los piratas fuera de los caneyes y avisar a los ancianos
cualquier acción abusiva o malvada.
|
|
El
perverso capitán notó mucha seriedad en los rostros ante tal discurso y eso no
le gustó nada. Iba a preguntar sobre el hecho a José, pero este no le dio
tiempo:
-
Debéis tener hambre y sed, vayamos a mi casa.
Mis hombres se encargarán de darle techo y hamacas a los vuestros.
El caney
de José era de los más grandes. Al entrar el desagradable invitado pudo ver los
siete hijos del gallego y la bella silueta de Aragueia que a pesar de sus seis
partos, todavía conservaba frescura. Enseguida profirió un comentario venenoso:
-
¡Ahhh! Nosotros sin mujeres y tú has hecho
todo una tribu con una diosa india.
-
No las tenéis por que no queréis - Respondió
inteligentemente.
-
¿Cómo? Si dices que aquí no hay lujuria ni
bigamia...
-
Debéis hacer como yo, ¿Estáis dispuestos a
perder vuestra libertad y abandonar el barco? Hay varias viudas listas para
casarse. El concejo de ancianos os da derecho de tierras y mujeres, pero nada
de vírgenes. Tenemos en la comunidad varios indígenas casados, provenientes de
otras tribus derrotadas, son considerados forasteros como vosotros. Ellos
entraron aquí sin armas. Vosotros conserváis las vuestras porque quise que os
sintierais más seguros y así no os ofenderíais. ¿Queréis quedaros? - Insistió
jocoso.
-
¡ Vaya, qué colonia! - se limitó a comentar
negando con la cabeza.
Se sentaron frente a frente en
sendas hamacas y José amablemente le respondió con astucia sus pícaras
preguntas indagatorias hasta que Aragueia lo invitó con un gesto a la mesa que
José había hecho larga para sentar a toda la familia. Después de comida el
europeo lo condujo al cuarto de los niños para que viera los bastidores de las
camas que había tejido con ramas de palmas y otros muebles de su propia
carpintería. Hablaron durante muchas horas hasta que se rindieron en sus
hamacas, bien entrada la madrugada que transcurrió tranquila por el cansancio
de moradores y piratas.
|
|
La
mañana soleada y azul se animaba poco apoco de nuevas voces; el olor a casabe y
el sonido metálico de las armas piratas que ocupaban otra vez sus poses
bandoleras. Los peligrosos inquilinos salían repuestos por el descanso y se
estiraban en los portales de los bohíos donde pasaron la noche. Llamaba su
atención el reducido número de mujeres que se encaminaba a buscar alimentos
lideradas por Yarey. Comentaban burlones el espectáculo deprimente de aquellas
indias maduras, escasas de ropas, quienes mostraban las carnes de prominentes
barrigas y enormes senos caídos. Ya estaban abandonando el batey cuando
Sebastiao y Medeiros, dos hombres de Joao, vieron cómo se escurría sigilosa
hacia el final del grupo una joven indígena de figura esbelta y carnes firmes.
-
¡Mira, mira, mira! - insistió el primero -
acaba de unirse una princesa india al grupo.
-
La vi, la vi; apuesto a que es una virgen y se
escabulle oculta de alguien.
-Y yo
apuesto a que la tengo en el barco antes del anochecer.
-No sé
cómo lo harás, pero acepto la apuesta... ¿Qué te juegas?
-
Mis armas y mi valija del botín.
-
¿Yyo perdería lo mismo en caso de que ganes tú?
-
No sería todo, podrías compartirla conmigo
aunque pierdas, ja, ja, ja... - rió malévolo.
-
O sea, si pierdo todo, ¿también podría
consolarme con tu india? - El otro con una malvada sonrisa asintió con la
cabeza - De acuerdo, de acuerdo, Ja, Ja, Ja...
El
taimado pirata se fue moviendo con mucha dificultad a través de la espesura del
bosque para espiar los movimientos de la última indita en la fila. Aquella
llevaba pulsos y amuletos, además su porte juvenil la distinguía del resto.
Unos minutos después de la marcha se escuchó un sonido que pretende imitar el
trino de un ave; es la contraseña convenida con Yarey para que los muchachos
apostados en árboles avisen de cualquier peligro pirata. El joven cacique se
detuvo alerta y todas las mujeres con él. El pirata se detuvo también... Ordenó
continuar la marcha para colocarse a la retaguardia y la indita intentó
cubrirse caminando oculta al otro lado de la fila. Era muy evidente para pasar
inadvertida. Al distinguirla, el joven gritó como un trueno:
-
¡Ocarina! - Las mujeres quedaron pasmadas de
temor y lo expresaron con ligeros gemidos. Comenzó entonces una más de las
discusiones entre ambos:
-
¿Cómo te atreves a desobedecer el mandato del
concejo?...
-
¡Perdón, perdón, perdón, Yarey! Me aburro
mucho en la cocina y sabes cuánto me gusta trabajar con las adultas en el
campo... - No le manifestó por orgullo el placer de su compañía.
-
No se trata de lo que a ti te gusta, se trata
del respeto, de tu peligrosa provocación. Sabes muy bien cómo se castiga a las
imprudentes...
-
Pero yo puedo ser muy útil porque soy joven y
fuerte...
-
No te doy una razón más... Regresa
inmediatamente porque voy a tomar una de tus orejas y te arrastraré delante de
todas hasta que llores y supliques ante Marey - Esta última advertencia era
bien convincente, ella conocía la rudeza de Yarey y temía un pasaje vergonzoso
por la reprimenda juiciosa del viejo y venerable sabio. Se detuvo con la cabeza
gacha y volteó lenta y triste para retornar...
El pirata acechaba la presa. Había observado cada gesto de la
discusión y adivinaba lo que ocurría. Solo no sabía que a él lo vigilaban desde
un árbol. Comenzó a seguir a la virgen esperando que estuviera más lejos del
grupo y cuando lo consideró apropiado se lanzó a la cacería. Se apareció en su
camino lento y con astucia, risueño; le enseñó un pulso metálico, brillante, se
lo ofreció para atraer su ingenua curiosidad. Ella no esquivó su presencia, no
huyó miedosa. El malvado interpretó su débil sonrisa como una coquetería y se
abalanzó con toda su garra sobre la inocente virgen; allí comenzó un
combate de uñas, mordidas, patadas y codazos
|
|
entre depredador y presa. El supuesto trino comenzó a sonar sin
interrupción.
Aquel aviso parecía tormentoso lamento y esta vez Yarey solo sospechaba lo
obvio - ¡Ocarina! - Sus pies volaban el rutinario sendero y su ruego a los
dioses era uno - ¡Protéjanla! - Unos cien metros al frente ya podía divisar la
odiosa escena: la sabandija inclemente ante las súplicas de la joven se sentó
sobre aquel virgen pecho y sostuvo sus brazos con las rodillas para
desabrocharse el cinturón y lanzar a un lado la espada y el pistolete. Trató
con sus manos de contener los gritos desesperados de Ocarina que resistía con
las demás extremidades, golpeando la espalda con sus rodillas libres.
|
|
Esto le dio tiempo a Yarey para soltar la lanza y sorprender al
violador por la espalda. Le clavó sus ásperos dedos en los hombros y con toda
la angustia acumulada lo lanzó lejos para enfrentarlo. Cuando aquel se volteó y
vio que era un simple indio quien lo había sacudido, su rabia racial y
arrogancia herida lo dispararon contra su enemigo que en un acto de defensa
recogía la lanza para amenazarlo, con tanta precisión en la
coincidencia de dos
caracteres impulsivos que Sebastiao se encontró
directamente con la lanza
empuñada por Yarey. La punta entró rasgando una herida profunda en el vientre.
El hecho sorprendió a los dos. El destino o los dioses fueron jueces del
accidente. El europeo cayó sobre sus rodillas. Ahora era él quien suplicaba
ayuda con una mano en el aire y la otra conteniendo el borbotón de sangre que
se escapaba entre sus dedos. Con la muerte en los ojos atinó a decir -
¡Medeiros!, avisen a Medeiros - El muchacho que avistó el inicio de todo desde
el árbol había llegado justo para ayudar. Yarey le ordenó que buscara ayuda en
el batey con mucha discreción. Ningún portugués debía saber lo que ocurría.
Yarey acomodó al pirata en una posición reposada. No entendía lo que hablaba,
pero en este momento trataba de salvarlo de la muerte porque sentía
responsabilidad con su pueblo. Él debía evitar a toda costa un enfrentamiento.
Era la orden del concejo de ancianos. Ocarina ahora miraba al agresor con
lástima y emitía gemidos y lágrimas de culpa...
El muchacho en el camino decidió encontrar a José porque lógicamente podría
comunicarse con el herido y era quien
lideraba este fatal encuentro con
extraños. En frente de su caney pudo
verlo conversando con su huésped, entonces
rodeó al
susodicho para poder hacerle una discreta señal y encontrarlo aparte. José
buscó una excusa para verlo y tuvo que contenerse mucho para no demostrar
preocupación ante tal episodio. Le pidió al muchacho que se quedara en su caney
y no dejara nunca sola a su mujer y sus niños. Con una tranquilidad fingida le
dijo al capitán pirata que ya era hora de controlar el trabajo de su gente y lo
dejó con la consabida frase - Quedas en tu casa. El malvado visitante no
sospechó de su salida porque había notado su carácter diligente...
Unos
minutos después pudo ver con vida al frustrado violador. Yarey era quien
taponaba la herida. El sujeto pedía ansioso la presencia de Medeiros, José
indeciso sobre la difícil situación le aconsejaba - ¡Calma! Te vamos a salvar -
Intentó incorporarlo, pero era imposible, el moribundo casi sollozando se quejó
- No me siento las piernas - Fue suficiente para que Díaz entendiera que le
quedaban segundos de agonía y lo mejor sería que el incidente finalizara en
secreto - Descansa - Le dijo acomodando su cabeza hasta escuchar un último
suspiro. Sacaron el cuerpo del camino para buscar una solución. El entierro sin
incluir las armas fue el inicio de un nuevo ardid que planeaba José: La cautela
debía evitar el enfrentamiento contra estos despiadados visitantes...
Al
llegar a su caney José indagó con el muchacho acerca de su familia y de la
disposición de aquel para continuar la necesaria vigilia en el árbol. Supo que
el capitán enemigo había merodeado con mucha curiosidad por el batey. El
gallego repasó una vez más en su mente la manera de encarar el asunto con el
portugués. Por fin asumió un semblante de alegría, debía evitar sospechas a
toda costa:
-
Señor Joao, tengo una mala noticia para vocé y
buena para mí - Avanzó hacia él mostrándole la espada colgando del cinturón y
el pistolete del occiso.
-
¿Y esto qué significa? - Preguntó incómodo.
-
Significa que usted ha perdido un hombre y yo
he ganado otro.
-
¿De qué habla vocé? Hable más claro...
-
El dueño de estas armas me las entregó porque,
como os dije antes, para entrar en nuestra familia debéis renunciar a vuestras
armas.
-
¿Quién es el desdichado?... - Preguntó
sarcástico.
-
No dijo su nombre. Cayó ante el encanto de una
princesa india. Me rogó que le evitara la vergüenza de reconocerlo ante
vuestras burlas - El inquieto bandido se acercó para mirar el pistolete. En su
cacha pudo ver el dibujo de un cañón y unaS...
-
¡Sebastiao! - Dijo irritado - No se lo puedo
permitir. Es mi mejor artillero...
-
Es tarde. Ya lleva tiempo de ventaja camino a
las montañas de Guamuhaya. Ningún blanco que entra allí con armas regresa vivo.
Lo único que dejó dicho es que su amigo Medeiros entendería...
|
|
Con este
último argumento Joao salió disparado sin despedirse ni agradecer hospitalidad.
Ordenó al primero que vio la inmediata presencia de Medeiros. Con él estuvo
hablando sobre la apuesta hasta que el subordinado abordó un bote para
comprobar si Sebastiao tendría la indita en el velero.Al poco rato volvió para
suponer con su jefe que sería un ardid del taimado artillero para de alguna
manera apropiarse de la pequeña salvaje y llevarla en secreto con su gente. El
capitán regresó hasta encontrarse con el gallego de nuevo:
-
¡Ya volverá, ya volverá! - Decía muy seguro de
su hombre - Es cuestión de tiempo...
-
No cantes victoria. Vuestros anfitriones dicen
que cuando un hombre toma agua del coco que le brinda una india, se queda aquí
hechizado para siempre. Miradme a mí que llevo varios años en este paraíso. ¿No
lo creéis?
-
Ja, Ja, Ja. Es muy bueno tu chiste, pero
apuesto a que mi hombre probará el agua como dulce y después le repugnarája,
ja, ja...
Cinco
días de sobresaltos y zozobra estuvo la desagradable expedición en Jagua para
aprovisionarse de lo acordado. Mantener aquel peligro a raya requería de
paciencia y sobrada hospitalidad. Como aquel desdichado artillero no llegó, sus
compañeros de aventura, acostumbrados al poco valor humano, se conformaron; uno
se adjudicó un botín por ganar una apuesta y el jefe no hizo pública su
decepción: " Un pirata más, uno menos, qué más da " Llegó a admirar
la solicitud y diligencia del gallego en innumerables atenciones que recibió
durante su estancia. Consideró oportuno hablar de negocios en un tono menos
agresivo que cuando había arribado:
-
Estimado amigo José, ¿qué queréis a cambio de
vuestras bondades? He notado que siempre andáis desarmado.
-
Os equivocáis, amigo, mis armas son la astucia
y la iniciativa - Le decía la mayor verdad de todas - No quiero ofenderos con
pedidos, prefiero que vos demostréis vuestro carácter magnánimo y ofrezcáis
voluntariamente - Con esta respuesta lo retaba a un alarde de desprendimiento y
ocultaba su inexperiencia en esta actividad....
|
|
-
Ja, Ja, Ja, amigo José, siempre hábil en la
respuesta, te voy a compensar bien. Me gusta tu estilo, Ja, Ja, Ja...
Esa
mañana los moradores de Tureira vieron asombrados por primera vez cerdos y
flacas cabras. Desfilaron también ante su vista cofres con ropas, zapatos y
algunos instrumentos que llenaron de placer los calculados esfuerzos que el
gallego tuvo que sufrir con su gente todo este agotador tiempo. Un rato después
el capitán personalmente descendía de un bote cargando una bolsa y un tonelito
de vino del que compartió unas copas de cristal con José. Era una despedida
amistosa. Antes de abordar el bote, le estrechó la mano al gallego y le
recordó:
-
Sobre Sebastiao... - Hizo una pausa de
consternación para José - Decidle que si decide volver, está perdonado - Era
este pirata ahora muy distinto al arrogante Joao.
Cuando el velero desapareció más allá de Cayo Carenas sonó el
manguaré para celebrar el pacífico triunfo de
tan
inusual batalla. El gallego quería descansar y al mismo tiempo
celebrar, enseñar lo nuevo, besar a su familia;
en su
incertidumbre decidió al fin
compartir con Marey y el concejo aquel tonelito con cuyas copas apaciguó tanta
ansiedad...
|
|
VI. EL
CONCEJO DEL FUTURO ESTABLE
Los días
siguientes a la experiencia con piratas estuvieron dedicados al aprendizaje
sobre la crianza de los nuevos y extraños mamíferos, la enseñanza de cómo usar
los picos, guatacas, hachas y serrotes que habían ganado en el voluntario
trueque. José pudo renovar sus agujereadas botas de polainas altas y su camisa
blanca. Las mujeres quedaron muy entusiasmadas con los espejos, ropas extrañas
y collares de cuentas más brillosos que los conocidos. Habían salido ilesos.
Ocarina regresó de un batey vecino y Marey castigó su imprudencia: treinta
soles cumplió sin salir de su caney, penitencia que fue indirecta también para
Yarey a quien entristeció su ausencia.
Un
repaso de todo lo acontecido hizo pensar a José que aquella situación se podría
repetir. Joao le había dicho que los viajes de Colón por estas tierras eran
rutas conocidas por muchos marinos en Europa;
Veía
inminente prepararse bien para contrarrestar estas visitas. Con mucho respeto
le sugirió a Marey convocar al concejo con ese fin. El anciano lo apreciaba ya
como un hijo y líder natural de su pueblo; su astucia era famosa en todo el
litoral de Jagua. Con mucho gusto convocó al concejo para escuchar sus
iniciativas. Explicó las razones de la reunión y le dio la palabra. El europeo
inició su discurso con detalles para provocar alarma. Supieron por él que
pronto vendrían otra vez piratas como estos y expuso su plan para evitar
sorpresas: Los árboles más altos en cuatro sitios que dominen el batey y sus
alrededores serán acondicionados en el tope para poner un centinela mientras
personas extrañas nos visiten. El que queda frente a la bahía será permanente a
partir de hoy con guardias de relevo y con un tambor que indique diferentes
toques. Tres continuos con un breve intervalo nos dirá la presencia de piratas.
Inmediatamente alguien tiene que salir con la bandera blanca y el concejo
pactará comercio y beneficio mutuo con los extraños. Las mujeres más jóvenes
deberán marcharse a un batey retirado y acondicionado, con senderos
disimulados, aquí se quedarán solo las ancianas y las enfermas, permanecerán
dentro de los bohíos, evitarán la vista de los extraños. Construiremos grandes
bohíos para mantener leña seca y conservar alimentos y frutas con miel de
abejas, carnes saladas y ahumadas. Las lanzas, arcos y otras armas estarán
guardadas también, las usaremos solo cuando la guerra sea inevitable. Estos
irritables marinos deben ver, como el capitán Joao, un entorno de paz...
Aprovechando
el ejemplo y en tono jocoso Marey preguntó: ¿Usaremos también a los entrenados
para sumergir y hacerles huecos a las canoas piratas? - Ante el recuerdo de la
falsa imagen intimidatoria creada por José, todos rieron, pero él agregó - No
es mala idea, debemos practicarla con los mejores nadadores, quizás algún día
puede ser útil...
Esos
primeros años posteriores al bojeo fueron de paz, de respeto a la diversidad
cultural, de un intercambio insospechado hoy. Todavía no existían leyes
coloniales ni control de la Corona que impidieran el comercio. Con frecuencia
aparecían en la bahía Jagua grandes veleros con banderas inglesas, francesas o
negras que anclaban frente a la punta Tureira por una única razón: la
necesidad. Siempre fueron recibidos aquí por un blanco, vestido con botas de
altas polainas, rodeado de indios y mestizos que los trataban amablemente y por
experiencia sabía la forma de guiarlos hacia fuentes de agua potable y otros
recursos que les permitieran continuar al oeste o regresar al viejo continente.
Todo estaba previsto: los guías, los senderos hacia la leña, apilada y
protegida de la lluvia; los mejores parajes hacia las frutas, el maíz, el
casabe, los frijoles, la carne de carey salada. El poco ganado menor que había
podido criar en tales intercambios y condiciones era para invitar a los
capitanes en armoniosos banquetes: era el ambiente apropiado para que los
aventureros mostraran su espontáneo agradecimiento dejando algunos sacos de
café o de trigo, trituradores, guayos, aperos y otros objetos útiles así como
baratijas; mediante las cuales Díaz se regocijaba después trasmitiendo sus
ventajas en la práctica laboral.
Cuando
un extranjero bajel había desaparecido el color de su bandera más allá de la
boca de Jagua, también regresaban a ver el trueque las mujeres y madres jóvenes
con su prole; habían estado escondidas en un batey lejano, de senderos
camuflados, protegidas del apetito carnal marinero de días y meses de
abstinencia.
Era esta fiesta mejor que la primera y también descorchaban
algún tonel de añejado vino europeo. A veces coincidía con las celebraciones y
areítos de solsticios; allí sonaba el mayohuacán y la flauta. Díaz muy feliz
compartía con su familia las enseñanzas de los más viejos aborígenes y, a pesar
de los inconvenientes de la lengua nativa, pudo entender que el origen
antepasado de ellos también había venido de isla en isla por mar, de una tierra
interminable con ríos inmensos, que aquí también tienen nombres ancestrales, pero son pequeños, como el que parte de
la laguna Guanaroca, muy
parecido el sonido de otro grande conocido allá como
"Orinoco" o algo así.
Aquellos
bronceados y pequeños hombres, venerados por la edad, por ser Caciques o
Behíques, inhalaban unos sahumerios por la nariz, a través de finas cañas
huecas, se ponían en contacto con su gran Cemí y contaban su origen con su
tradición oral:
|
|
Huión, el Sol creó a Hamao, el primer hombre en toda la Tierra quien casi
moría de tristeza al vivir solo en esta inmensidad. Para apaciguar su pena,
nuestra
bondadosa Maroya, la Luna creó para él a Guanaroca, la primera mujer; juntos se
llenaron de felicidad y tuvieron al primer varón, Imao, a quien la madre
prodigó cuidados y atenciones de tal forma que provocó celos en su esposo.
Hamao se sintió abandonado, traicionado y, por el temor de volver a la soledad,
llevó lejos a su propio hijo y lo dejó morir de hambre y sed dentro de un gran
güiro en el bosque. Hasta allí llegó el instinto de su madre que por accidente
dejó caer el fruto esférico descomponiéndose en peces que fueron ríos; careyes
y jicoteas que fueron cayos y penínsulas como Majagua donde hoy vivimos.
|
|
Guanaroca
lloró tanto la pérdida de su hijo Imao que sus lágrimas llenaron la mayor
laguna con su nombre que desemboca en la bahía. Con el tiempo la piadosa
Guanaroca perdonó a Hamao, entonces concibieron a Caunao que, como su padre,
inicialmente creció triste, sin compañera y a quien la bondadosa Maroya le creó
a Jagua, quien siempre concebía hijas hembras a diferencia de Guanaroca que
daba varones. De ellos surgimos nosotros - El narrador inhaló largo en su
sahumerio, exhaló despacio el humo, envolviendo una pausa de silencio y
admiración... Al poco fue interrumpida por la risa de Díaz - Ja Ja... Ja Ja
Ja... Ja Ja Ja... - El anciano lo miró sorprendido e incómodo regañó - ¿Eres
incrédulo?... ¿Quieres ofendernos? - Ja Ja Ja... No, os juro que no, familia,
disculpadme, es que recordaba la cara de estupor que puso uno de los marinos.
El caso
es que aquel mozuelo, pícaro y curioso le preguntó a mi hijo mayor - Oye,
indito, ¿aquí no hay mujeres? - Yde la manera más ingeniosa el niño le contestó
: No, aquí todos somos hijos de Guanaroca...- Ja Ja Ja... ¡Qué cara puso! ¡No
entendió nada! Ja Ja Ja... - Todo el diverso auditorio rompió en risas... Esa
noche pasó a madrugada entre alegrías, danzas, vinos, grillos, cocuyos; quizás
más de una joven pareja como Yarey y Ocarina imitaron en tibios refugios a sus
creadores ancestros..
La
comunidad progresaba y se incrementaba con miembros de otras comunidades
vecinas. En una ocasión entraron a la bahía varias canoas que se distinguían de
las locales, pero los nativos que remaban no traían armas ni las caras ni los
cuerpos pintados, era obvio que venían en son de paz y buscaban asilo o ayuda
para continuar hacia el oeste. Venían de Camagüey, escapaban de los extraños
seres que los habían derrotado. Se asustaron al cruzarse con José. Por ellos
supieron aquí de los desmanes y abusos ejecutados por los invasores blancos que
venían del oriente. Se asombraron mucho de la armonía y de la familia mestiza
que rodeaba de amor a este blanco. Algunos de ellos solicitaron quedarse y
tuvieron que prometer obediencia al condescendiente Marey.
|
|
Una mañana muy temprano sonó el
manguaré con tres toques a intervalos y todos salieron como de costumbre; esta
vez solo venía un blanco, rubio, de ojos azules y piel muy rosada, sudoroso y
fatigado de tanto remar en un bote. Al tocar con la proa el atracadero, le
extrañó mucho la presencia tranquila de los nativos y en un acto confuso de
temor y desconfianza tomó su arcabuz para apuntarlos. Desde la orilla José le
gritó - ¡Bajad el arma, son gente de paz! - El blanco, alegre de escuchar su
propia lengua, vio a José como su última esperanza y se desplomó en la
embarcación...
Recuperado
ya en el caney de Díaz, el forastero se presentó simplemente como Lope,
inmediatamente los dos europeos se identificaron por muchas coincidencias en su
destino. Lope había sido hombre de armas también, pero sus convicciones
religiosas lo hicieron abominar la campaña criminal de sus coterráneos que
avanzaba desde el este de la isla. José pudo conocerlo muy bien y ayudarlo a su
adaptación. El hombre rosado, como lo llamaron inicialmente en la tribu, desde
su llegada vio en José un ejemplo de progreso y ganó con su esfuerzo la
confianza para quedarse como "Lope"; si el gallego había mejorado los
sistemas de siembra y regadío, Lope había embellecido y enriquecido los
espacios abiertos con árboles frutales en aquella península que los aborígenes
llamaron Majagua debido a la gran cantidad del árbol de flor púrpura o
amarilla, según el tipo. Ahora podía apreciarse también chirimoya, mamey, anón,
guayaba, caimito, tamarindo, guanábana y plantas más pequeñas como la calabaza,
el sabú y varios tipos de frijoles. Todas aquellas semillas vinieron en su
bote, guardadas con mucho celo desde que se propuso desertar para encontrar un
destino pacífico. Este español nunca dijo su nombre completo y se supone que
era canario porque no pronunciaba la z como José. Lo cierto es que jamás quiso
alejarse del gallego, por eso rogó a Marey que le permitiera asentarse en
Tureira, frente a la bahía. Era la parte más bonita de Majagua que se bifurca
en otras dos pequeñas penínsulas; esta apunta directamente a Cayo Carenas, al
sur y la otra hacia el oeste, donde no quería vivir nadie por su terreno
cenagoso y abundantes mosquitos. Los españoles y franceses que vinieron muchos
años después la dedicaron con su nombre a la Reina, simplemente por cumplir
ordenanzas que imponía la corona a sus súbditos.
|
|
Lope construyó un bohío rodeado con el
jardín arbóreo más notable de Tureira y con el mismo afán conquistó el amor de
una hermosa india, fertilizada para cultivar a su bella y única mestiza
Marilope...
|
|
Aludiendo
a un viejo refrán: "La felicidad dura poco en casa del pobre" Todo
cambió cuando Diego Velázquez y sus hombres, provenientes de La Española,
comenzaron a ocupar tierras de los aborígenes en la parte oriental, donde
encontró la resistencia organizada del Cacique Hatuey quien también había
venido antes de dicha isla; sabía de aquellos horrores y luchó ejemplarmente
contra las injusticias de tal invasión. Su osadía rebelde fue condenada al
homicidio en la hoguera, su paradigma convertido en acicate. No tuvo la gracia
del dios misericordioso, sino la del todopoderoso.
Por eso,
según las crónicas, rechazó arrepentirse de sus actos, no quiso seguir con vida
en el cielo que los conquistadores le ofrecían.
No fue
agradable la noticia cuando llegaron a Jagua y vieron que no eran los primeros
colonizadores españoles en esta isla. Ya Díaz y Lope se consideraban
adelantados y les hicieron creer que habían sido encomendados allí por
Sebastián de Ocampo. Los indígenas de esta comunidad, bien aleccionados por
estos, no ofrecieron la acostumbrada resistencia rebelde. Mucho molestó a los
recién llegados la respetuosa relación humanista que existía entre ellos y los
legítimos moradores de Jagua. En su afán "civilizador" no veían claro
que los primitivos anduvieran como iguales, usando sus amuletos y prendas
religiosas, propias de una cultura y etnia considerada salvaje y pecaminosa.
Más de una vez Díaz debió explicar a los conquistadores que su esposa Aragueía
había sido convertida al catolicismo y tuvo que pedirle a sus mestizos que
escondieran sus objetos sagrados ante la intolerante presencia de los invasores
vecinos.
|
|
No
obstante Velázquez tomó las usadas precauciones de conquistador evangelizador;
favoreció al pacificador y cristianizador: el renombrado fraile, defensor de
indios, Bartolomé de las Casas y le regaló, por servicios a la corona, o por
alejarlo de su zona Oriental, una de las encomiendas conquistadas, con
"esclavindios" incluidos, enArimao; ubicada en la parte este de
labahía, amedia legua de la boca del río del mismo nombre.
El
hombre de Dios, había incursionado años antes como conquistador en La Española,
pero fue a cambiar la cruz con filo por la sagrada; así recibió el sacerdocio
en España y regresó a impartir los santos oficios en aquella isla. Un lustro
después le fue negado el derecho de confesión por su coterráneo dominico
FrayAntón de Montesinos y, como a él, a los demás propietarios de indios; sin
embargo aquí en Arimao compartía la propiedad de la encomienda con Pedro de la
Rentería...
José, en
una nueva iniciativa, le adaptó una vela tejida de guano de palma a una canoa
indígena; en ella navegaba para conocer al Padre Las Casas en Cayo Ocampo,
encuentro acordado en un intercambio de mensajes. En el viaje desde Tureira el
gallego hacía introspección: buscaba semejanzas y diferencias que pudieran
depararle argumentos ante su próximo interlocutor. No enfrentaba un enemigo
bélico, pero la filosofía que cultivó su vida natural en esta realidad podría
traicionar su elocuencia y, para él, la diplomacia del respeto está por encima
de cualquier convicción encontrada. El hombre de Dios, con su acostumbrado
hábito blanco, rodeado de algunos indígenas, lo esperaba sonriente en el
atraque; había escuchado sobre su positiva voluntad laboriosa y pacifista.
Ahora admiraba aquel ingenioso tejido verde de palma sobre una canoa. La
atmósfera era entusiasta y llena de curiosidad. Con voz baja y sosegada Las
Casas inició el diálogo:
-
¡Bienvenido, hijo José, estaba ansioso por
conoceros.
-
¡Muchas gracias, Padre, yo también deseaba
mucho este divino momento - Le besó con devoción y respeto la venerada mano.
-
Reciente me han dicho que vos y otro cristiano
de nombre Lope colonizáis sendas encomiendas como Dios manda, respetados y
queridos, en paz y armonía - Tal comentario inicial le hizo revelar ciertas
culpas que cargaba.
-
Lo siento, Padre, no es así. Llevo mucho
tiempo mintiendo para sobrevivir. A vos y vuestra santidad no os puedo mentir.
Os ruego que tome lo que voy a confesaros como secreto. Sé que vos escribís
todo y tenéis correspondencia con el Rey. Sin embargo yo he pecado y he
engañado a mucha gente.
-
¿Pero no a los vuestros, José, no a los
vuestros?...
-
Padre, depende de qué vuestros vos me
apropiáis. En primer lugar nosotros no somos encomenderos, no nos adueñamos de
indio alguno y de hecho fuimos adoptados por la benevolencia y la misericordia
de estos hijos de dios, somos sus vecinos. Hemos aprendido de ellos y
viceversa.
-
¡Válgame Dios! ¿Y cómo llegasteis aquí? ¿Cuál
es vuestro origen y apellido? - Esta pregunta era espinosa. La fe de José era
fiel en convicciones de lo sagrado. Demoró unpoco y el Padre le insistió en
susurro - José...?
-
Soy de Galicia, mis apellidos son Díaz Pacios;
de Lope no sé, nunca lo interrogué al respecto, pero yo...- le costaba trabajo
expresarlo - yo... soy desertor de la dotación de Sebastián de Ocampo... He
tenido que tratar con peligrosos piratas para evitar violencia y salvar
vidas...-El hombre de Dios lo escuchaba ensimismado. Lejos de condenarlo en su
ánimo sentía afecto y compasión - No estoy casado como Dios manda, pero os juro
por mi fe que ha sido la voluntad del señor quien nos ha dado hijos y
prosperidad para nuestra felicidad...
|
|
|
|
|
-
Del señor os quiero hablar. Me alegra oír
esa devoción. Sin embargo he sabido que en vuestra encomienda, es decir en
vuestra comuna, los vecinos usan y adoran ídolos de herejes, que no saben
nada de nuestras divinas escrituras... -
Es cierto, Padre, usted viene para adoptar a
esta humilde y noble gente, Usted representa el poder de nuestra Majestad,
yo, por el contrario, fui adoptado aquí, sin poder alguno y vivo gracias a la
bondad y la fe de esta gente. Me resulta muy difícil reeducar con mi fe a
quienes me brindaron amor y cuidados con un dios desconocido. Es un dios como
el nuestro, con otro aspecto... |
-
¡José!... - Alteró el padre el tono de voz
ante tal criterio...- No es posible creer en alguien más que nuestro divino
supremo...
-
Disculpe, Padre, intentaba una parábola de
bondad al comparar, disculpe mi atrevimiento. Le prometo que enseñaré más
nuestra fe a mis vecinos y familia...
-
Me alegra escucharlo, José Díaz, conozco mucho
ya de vuestro espíritu voluntarioso. Cuento con vuestra ayuda para salvar almas
y enfrentar también la injustificada ira de nuestros paisanos...
-
Ese es otro peligro que me cuesta mucho
trabajo encarar, Padre...
-
Lo vamos a intentar - Lo interrumpió - Lo
vamos a lograr...
-
No son buenas las noticias en todo nuestro
alrededor. Sepa que nuestra comuna ha crecido precisamente por la solidaridad
que encuentran aquí los que huyen de los atropellos de Narváez y sus hombres.
Hemos tenido que esconder y proteger incluso caciques que se rebelaron y
lamentan la violación de esposas, hijas y hermanos asesinados; no le hacen
honor a nuestro dios, Padre...
|
|
-
¡Ay, querido hijo, con cuanto pesar os doy la
razón! Como vos yo he tenido que lidiar contra tales desmanes, quizás por esa
razón el supremo nos ha puesto aquí. Gracias a nuestros esfuerzos llegan
algunas noticias a España, sin embargo los metales preciosos y las conquistas
son las noticias más interesantes para nuestros monarcas...
|
|
Aquellos
románticos tiempos de amor, aventuras y leyendas se fueron infectando con la
expansión colonialista. El propio Velázquez en 1512 ya había forzado a los
indios para extraer oro de los arroyos de Guamuhaya. Los modales y el trato con
los nativos se tornaron, por ambición, en imposiciones, violentos abusos:
carnales y laborales, así sucedieron rebeliones como las que causó la alerta de
Hatuey y la resistencia del valiente cayo Guamá que duró hasta 1533.
Quizás
la experiencia con José y Lope influyeron en la actitud del Padre, este
aceptaba el modo de encomienda, no para apropiarse, sino como medio de impedir
atropellos con "los suyos".
Se adelantó hacia el oeste y para
1514 el buen padre protegía también el batey Yaguaramas, donde lo visitó el
cronista Bernal Díaz del Castillo en 1517; allí los indios les sirvieron
comida.
|
|
Para
entonces la fama del buen hombre de dios era reconocida en la Metrópolis como
el máximo protector de indios de la Nueva España; con ese propósito entró en el
continente por el puerto de Veracruz, prodigó sus buenos oficios en Guatemala y
en Chiapas, no solo como sacerdote sino como hombre de ley, campaña que
continuó apasionadamente hasta su vejez, debatiendo sus ideas humanistas en la
propia corte.
IX. BATALLA
CONTRA PÁNFILO DE NARVÁEZ
|
|
Una
década después de la partida del Padre las Casas y posterior a la muerte de
Diego Velázquez, regresó, derrotado o sobornado por Hernán Cortés en Méjico, el
tristemente célebre Pánfilo deNarváez.
Al
confirmar la incipiente colonización de la Isla en Baracoa, Bayamo, Santiago de
Cuba, Sancti Spíritus y Trinidad; avanzó para instalarse en la inmensa
Cumanayagua, encomienda anteriormente repoblada por el difunto Velázquez y su
proyecto aurífero de Guamuhaya. Su avance hacia el oeste se hacía cada vez más
lento porque tuvo que enfrentar la valiente resistencia de los caciques Ornoya
y Caunao en el centro. Creyó el malvado que obtendría apoyo para su campaña
invasora, contaba con sus coterráneos Díaz y Lope en el sur y los convocó a
reunión en nombre de la Corona. La mayor seguridad para dicho encuentro sería
en el área de Jagua, entrando por mar, con una de sus carabelas, en el mismo
Cayo Ocampo. Sabía muy bien que los famosos indios cayos no eran habituales
enemigos en esta geografía del sur. Allí, en un bohío, escoltado por sus
acólitos blancos, se entabló una encarecida discusión regionalista...
Sentados
en rústicos muebles de madera con los que ya contaba el lugar y a la sombra de
las uvas caletas, después de un frío saludo, inició sus pretensiones Don
Pánfilo:
-
Ya conocéis bien la situación que atravesamos,
desdichadamente la Isla se nos hace cada vez más larga y los colonos somos muy
pocos. Sabemos que vuestros indios son fieles y nos serían de mucha utilidad
para avanzar hacia occidente. Vengo a solicitaros más colaboración, más entrega
a nuestra causa.. - Díaz lo interrumpió cortante:
-
¿Sabéis por qué son fieles nuestros indios?
¿Realmente vuestra causa es la nuestra?
-
Bueno sabemos que aquí confundís libertad con
libertinaje y los inditos y las inditas se confunden con vosotros -
Decididamente no sabía la diferencia entre dueño y vecino establecida en Jagua
- Creo que tenéis bien claro que todos nos debemos a la corona...
-
¿Realmente la corona sabe todo lo que vosotros
hacéis aquí? - Esta vez preguntó Lope, insinuando las bajezas egoístas que
quedan fuera de todo informe. El malvado conquistador sacó sus uñas:
-
Me temía ya estas respuestas.Ahora seré más
claro: ¡Estáis obligados a cumplir como soldados de nuestros soberanos! Ellos
os han concedido estas ricas mercedes que vos se apropiáis ahora - Su
ignorancia de la situación le impedía ver que no eran dueños. No sería
conveniente que lo supiera. Díaz lo conminó a desistir de su orden.
-
Usted, señor Narváez, esgrime la causa de
nuestras altezas, en eso estamos de acuerdo. Lo que no compartimos con vos es
el método. Como podéis ver, a su alrededor no hay rebeliones ni matanzas. Están
en nuestro entorno también las mercedes del querido Padre Las Casas que goza en
la Nueva España o Méjico de un alto cargo en la corona y apoya nuestra causa en
esa instancia... - El despiadado conquistador apreció que solo conseguiría
repetir sus antiguas discrepancias con el renombrado fraile e hizo otro
intento:
-
Si os escudáis en tal posición, estáis en
desacato y eso os convertís en nuestro enemigo...
-
En el vuestro personal, está bien claro -
acotó Lope -Avos no os convenís más enemigos de los que tenéis.
-
Por favor... Si vine aquí no fue a rogar, sino
a advertir lo útil de la alianza. El potencial de artillería y nuestra fuerza
os aventaja en todo. Sería muy fácil reducirlos y tomar vuestros indios
anuestro lado... - Díaz lo interrumpió astutamente:
-
Estáis cambiando el argumento, señor, vos
dijisteis bien claro al principio que los colonos somos pocos. Con esa nueva
pretensión nos reducís más.
-
¡Basta, señores! No se le puede pedir peras al
olmo. Os doy este día para reconsiderar vuestra postura. Mañana al amanecer
atacaré con artillería vuestros hogares hasta hacerlos añicos y desde ya debéis
consideraros enemigos del Rey.
-
Enemigo vuestro - Enfatizó Lope y Díaz añadió:
-
Debéis pensar bien lo que pretendéis. Primero
porque necesitáis entrar en nuestras posiciones y por el canal de la boca, por
donde vais a salir ahora, podéis quedaros bajo el fuego de nuestras baterías
camufladas... - La mente asesina del conquistador mostró su miedo:
-
¡Seríais tales traidores? ¿Olvidáis que
represento a vuestro Rey?
-
Pretendemos que vais contra nuestro sagrado
Padre - Aclaró Lope y Díaz lo calmó:
-
No somos tan desalmados. Nosotros tampoco
queremos que se reduzca la comunidad española en la Isla, ni la indígena. Quien
debe reconsiderar es vuestra excelencia - La cortesía final tenía un tono
irónico.
- ¡Basta!
¡Basta! ¡Basta! - Aprovechando las indulgentes afirmaciones de José Díaz, el
despreciable interlocutor tuvo esperanza de seguridad en su partida y se
levantó alterado - ¡Vayámonos inmediatamente! - Salió tenso y torpe, deseaba
ofender, pero percibía inferioridad moral y numérica alrededor, a pesar de ser
mayoría blanca en el portal del bohío.
El
despiadado conquistador que había estado en otras campañas fallidas, ordenadas
por el difunto Velázquez, siempre sobrevivió, ocupado en la retaguardia,
aprovechando los privilegios de ser Jefe para adueñarse de botín y prebendas
personales. Ahora temía regresar cruzando el canal de la boca. Ordenó enfilar
su nave hacia la desembocadura de la legendaria laguna de Guanaroca, de esta
manera remontaría el río hasta la encomienda Arimao. Allí los indígenas,
aleccionados por el Padre Las Casas, eran conversos pacíficos y fieles a la
Corona. Desde aquel lugar continuaría en embarcaciones más ligeras hasta llegar
muy rápido a su campamento. Observaba temeroso a un lado y otro, recordaba con
desconfiada maldad el hecho de ser abatido por los aliados de José. Esa
advertencia fue otra astucia del gallego. Él no había instalado tales baterías,
no quería asustar a sus potenciales clientes, sin embargo, los vecinos del
cacicazgo Juraguá los habían recuperado de veleros abandonados y era verdad que
los tenían camuflados para proteger ese flanco occidental de posibles y
potenciales ataques de cualquier tipo. Los encomendados de este territorio
tenían muy buena vecindad con Díaz y Lope. Se beneficiaban del pacífico
intercambio mutuo.
Inmediatamente
después de la partida de Narváez, Los más experimentados vecinos de Tureira en
la península Majagua, tomaron precauciones: Lope fue a explicarles lo sucedido
en Cayo Ocampo y pidió que estuvieran alerta, que vieran la posición de Narváez
en su carácter individualista, injusto y perjudicial, incluso para la
incipiente colonia española y la corona. Después de convencerlos Lope navegó de
regreso a Tureira pues dirigiría la retaguardia con los vecinos y los indios
más ancianos para proteger a mujeres adultas y niños. Antes de la tarde José
pensó muy bien las posibles tácticas del eventual enemigo, sabía que no
arriesgaría por nada sus naves e intentaría sorprenderlos por tierra. Entonces,
luego de explicar la situación, acordó con el concejo la necesidad de
trasladarse lo más rápido posible hacia las inmediaciones de Cumanayagua con
todas las lanzas, arcos y flechas que tuvieran a mano. La pintura de guerra
solo debía ser verde y marrón para confundirse entre los árboles. Los más
certeros arqueros ocuparían posiciones cómodas sobre árboles y a prudente
distancia. Los esperarían en las zonas más boscosas de los senderos, por donde
pretenderían pasar con los temibles cañones. Jamás pensarían en una sorpresa
desde arriba, adonde los pesados cilindros no apuntan y casi no ven los
enemigos para disparar sus arcabuces, con el temor de ser alcanzados por
flechas o lanzas. Todo se prepararía antes del amanecer. En el único y posible
sendero boscoso que los conduciría al suroeste, construyeron en silencio
improvisadas plataformas y elevaron todas las piedras y armas que les permitió
la noche. José estaba convencido de que el fracasado Narváez solo necesitaba un
poco de resistencia para desistir de sus pretensiones, con su maltrecha y
vulnerable tropa.
|
|
Con los
claros del díay las lejanas voces enemigas, José divisabaya en su catalejo el
avance de seis cañones, con dotación de ocho hombres cada una, tirados por tres
caballos en sendas cureñas y cuatro mulos halaban las carretas con embalajes de
las balas y la pólvora. Al final de todo se veía un coche escoltado por jinetes
armados donde supuestamente vendría el acomodado Jefe de la operación -
"Es tan ingenuo que pretende emplazar su batería en nuestras narices,
confiado en la paciencia antibélica de mi gente". - Pensó... Hizo la
convenida señal de listos que se fue trasmitiendo de árbol en árbol hasta que
estuvieran justamente sorprendidos debajo de su rudimentaria y original
artillería.
Los
soldados avanzaban muy animados por la agradable brisa mañanera. Conversaban
confiados sobre lo fácil que sería llegar a la pacífica y distante costa;
planeaban repartirse las indias más jóvenes tal como les había prometido su
jefe. Todo sería un paseo.
Siempre
andaban con mucha tranquilidad desde Arimao hasta Juraguá.
José
dejaba que toda la hilera de artillería pasara en línea por el angosto sendero
hasta el momento oportuno. Los copudos árboles a ambos lados descargarían el
cronometrado golpe al disparo del gallego. Así lo hizo justo cuando apuntó y
derribó a uno de los jinetes de la escolta. De inmediato la lluvia de piedras,
lanzas y flechas en la primera andanada provocó un incalculado número de bajas.
Las tres primeras cureñas se distanciaron del resto porque los caballos se
desbocaron sin control y quedaron fuera del alcance de sus dotaciones. En el
suelo yacían hombres heridos o inconcientes, flechados por disímiles partes.
Algunos agonizaban atravesados por lanzas en la espalda o el cuello.
Alguno
que otro quiso refugiarse en la espesura, pero era presa más fácil de las
flechas al enredarse con la infranqueable vegetación. Los que caminaban al
final de la hilera y el resto de la escolta reaccionaron moviéndose hacia atrás
y fuera del alcance de tales proyectiles, dispararon la primera carga de sus
arcabuces a ciegas hacia las copas de los árboles y lograron herir a dos indios
en los brazos. José bajó, se hizo seguir por Yarey y tres vecinos, corrieron a
parapetarse, pistolete en mano, detrás de las cureñas descarriadas. Uno de los
soldados que yacía herido de flecha, lo alcanzó con un disparo en el hombro; el
invasor acabó de morir golpeado en la cabeza por una certera roca. José sintió
el escozor del balazo cuando desenganchó los caballos y orientó ligeramente la
punta del cañón hacia el lado enemigo. Aprovechaba la ventaja de que ellos
tendrían que maniobrar mucho, impedidos por la maleza, para girar en redondo
sus caballos y los tres cañones restantes. Sin detenerse a mirar la profundidad
de su herida se volteó amenazante hacia la menguada tropa de Narváez. Este
salió para parapetarse detrás de su carruaje y ante tal lastimosa escena,
cobarde e impotente le gritó:
-
¡Malnacido, mirad tu obra, vais contra los
vuestros, el Rey no perdonará tal alevosía - Al tiempo que decía esto la
escolta envalentonada se movía de nuevo hacia las piezas artilleras, pero
quedaron paralizados cuando vieron que José había encendido un leño junto al
cañón que los apuntaba.
-
¡Escuchad!: El Rey sabe todo lo que ocurre
aquí. Cada velero que parte hacia la Nueva España lleva correspondencia nuestra
al venerado Padre Las Casas. Él se ha encargado de informar bien de nuestra
fama y la vuestra. Ahora os doy la oportunidad para que recojáis vuestros
heridos y occisos. Si intentáis repetir vuestra osadía, caeréis en tales
emboscadas y trampas de la que jamás saldríais - Todos miraron temerosos hacia
los árboles. La primera andanada había causado un efecto demoledor. No conocían
al José bélico, al que les había propinado una derrota moral, militar y todavía
contaba con misteriosa ventaja. Ahora sin chistar cumplían las órdenes del
gallego ante la impotencia y el cobarde silencio del fracasado Pánfilo de
Narváez. Montaron los cuerpos como pudieron sobre cureñas y embalajes con
ruedas y se retiraron lentamente, sin atreverse a reclamar las tres cureñas con
caballos y sendos cañones que quedaron del lado de José, Este palideció y casi
desmaya por el agotamiento y la sangre perdida. Le dieron agua y cuando se
reanimó, curaron su herida y las de los dos indios; los montaron sobre los
caballos que tiraban de los cañones cual si fueran en conjunto un trofeo de
guerra; así marcharon victoriosos a contar la inusual hazaña a todos los que esperaron
ansiosos el desenlace final.
En su
campamento, el ridiculizado Pánfilo se lamentaba de la derrota por la falta de
tropas. Odiaba que un desconocido le hubiese propinado tal paliza. No atendía
los heridos ni las sagradas sepulturas, solo hablaba de vengar la deshonra.
Durante el tiempo que permanecieron recuperándose para continuar la campaña por
el norte, Pánfilo insistía en planear una venganza. Sus subordinados nunca
vieron en él al valiente ejemplo militar. Su indiferente actitud ante la
pérdida de compañeros decía de su catadura moral, esto sumado al miedo vivido
en la reciente experiencia y la disminuida escasez de colonos, los hacía
advertirle en cada convite del malvado la evidente y riesgosa desventaja de
intentar sorprender a los vecinos de las costas de Jagua. Nunca más se
atrevieron a importunarlos, se conformaban con pretender condenarlos al olvido.
_ ¡Ya
verán estos jagüeros cuando regrese de la Florida! _ Decía el adelantado
gobernador que nunca cumplió su promesa porque naufragó frente al delta del
Mississippi.
En una
tarde de sol dorado y cielo malva frente a la bahía, José Díaz observaba lo
bien que había cicatrizado la herida en su hombro; elogiaba el extracto
macerado de plantas creado por el encanecido behíque Marey. Estaban varias familias
en el amplio portal del bohío de Lope; desde allí podían ver felices a los
niños jugar en la orilla. El gallego iniciaba con risas el último engaño usado
contra Narváez y su gente:
-Aquellos cobardes en la
confusión no se dieron cuenta que el cañón que los apuntaba todavía no tenía ni
bala ni pólvora, que ningún velero ha llevado correspondencia nuestra. Pero lo
peor de todo es que podrían habernos cazado como jutías en las ramas porque ya
habíamos agotado todo el arsenal en la primera descarga, Ja, ja, Ja...
|
|
X. AZURINA,
MARILOPE Y LOS PIRATAS
La
mayoría de los acontecimientos ocurrían en Baracoa, Bayamo, Santiago, Puerto Príncipe,
Sancti Spíritus, Trinidad, el norte de la Isla y sobre todo en La Habana, donde
derrotaron a Habaguanex, había más presencia española. El comercio, la entrada
y salida de flotas, la corta distancia hacia Veracruz y otros puertos de la
Nueva España la enriqueció vertiginosamente. En el resto de la Isla la
población española vivía algo relegada por la pobre comunicación terrestre y
los constantes ataques de corsarios y piratas. Las décadas de 1530, 40 y 50
fueron muy provechosas para los moradores de Jagua porque hubo más complicidad
entre vecinos. No era tan famosa por el llamado comercio de rescate como Bayamo
o Camagüey, sin embargo el ganado mayor que escapaba de los corrales de Sancti
Spíritus y Trinidad se había incrementado en condiciones naturales hacia esta
zona...
Como siempre la necesidad, la distancia y... el mar trae más amigos; se relajó el control
|
|
colonial y con toda tranquilidad entraron en la bahía bucaneros
franceses que usaron Cayo
Carenas
y Playa Alegre para reparar, reabastecerse y conocer a los comerciantes de
Tureira Díaz y Lope, hasta el corsario Jacques de Sores estuvo por aquí en
1554, un año antes de contribuir a la desaparición de San Cristóbal de La
Habana.
Cuenta
la tradición que por los 40, un misterioso pirata quien conocía la bondad del
anciano Díaz le pidió de favor que cuidara una hermosa dama, embarazada,
privada de la razón y enferma. Con ella desembarcó varios baúles y cofres
cargados de finos vestidos, preciosas joyas y perfumes. No quiso decir de quien
era la criatura que traía la enmudecida mujer llamada Estrella, quien con el
tiempo mejoró, pero solo para traer al mundo a una preciosa niña rubia, de ojos
muy azules.
|
|
Por desgracia, la madre murió en el parto. Díaz bautizó a la
pequeña con el nombre Azurina y llegó a quererla como a sus otros hijos. A los
quince años la adolescente era tan hermosa que llamaba
la atención de todos en Tureira y sus alrededores. Una de las
hermosas
tardes de Jagua allá por 1556, en un inesperado y sorpresivo encuentro, cruzó
sus brillantes ojos azules con los del pirata Guillermo Bruce. Ambos quedaron
flechados por Cupido y el filibustero decidió pedirla en compromiso. Díaz les
reveló la procedencia de Azurina y la promesa de cuidarla; les hizo saber que,
fiel a su palabra y su veteranía, no podía autorizar su relación sin el
consentimiento del misterioso pirata; rogó obediencia a ella y respeto a él.
Ambos cayeron en la desesperación del tiempo y la duda: al poco el pirata Bruce
decidió ahogar su pena en aventuras y mares lejanos.
|
|
Ella
comenzó a vagar por la orilla, esperaba desconsolada a su amado, hasta que un
día, creyendo oírse invocada por él: ¡Azurinaaaa!... - Se engalanó con el mejor
vestido y joyas que heredó de su madre, entró en la playa a su encuentro, hasta
que desapareció en la profundidad...
|
|
Otra
versión de los vecinos le da un final feliz con una fuga: dicen que Bruce había
fondeado un pequeño bergantín al otro lado de Cayo Carenas y a través de una de
las mestizas de Díaz consiguió acordar con su hermanastra Azurina para recogerla
al alba en un bote de velas, atracado en la parte este de La Punta. Allí
dejaron flotando todo el atuendo que vestía para que su envejecido padre
adoptivo pudiera explicar a su misterioso amigo un supuesto suicidio. Dicen que
Bruce dejó la piratería y desenterró sus tesoros para vivir como hacendado en
el fértil Valle de los Ingenios de Trinidad. Otros piensan que ante la
infelicidad de la hijastra, José Díaz fue cómplice con el último de sus
ingeniosos ardides para convencer al misterioso pirata.
El otro
navegante europeo que se estableció en la punta Tureira desde aquellos
memorables tiempos, el anciano Lope, había cautivado a una hermosísima india
con quien concibió a la mestiza más notable de aquella península. Era de ojos
grandes y pelo brillantes como azabaches; su nobleza, bondad y dulzura conmovía
a todos los vecinos quienes la reconocían como la Mari Lope. Amaba la flora y
la fauna; siempre se podía ver entre flores, animalitos, aves y mariposas.
Aprendió a leer y de religión con su padre. Su principal lectura manuscrita era
litúrgica; encaminó su consagración a Dios.
Desgraciadamente,
según cuenta la tradición, en 1559 puso sus ojos en ella el malvado pirata Jean
el Temerario, despiadado y cruel.
La espió
y acosó con sus secuaces hasta tenerla sola y rodeada. Tuvieron un breve
diálogo: él le declaró su intención de poseerla por la fuerza; ella con
amabilidad le imploró benevolencia y devoción por Dios como meta suprema. Se
colocó entre ellos un montón de espinosas tunas. El pirata obstinado y cruel
disparó su pistolete directo a la lozana y tierna frente; inmediatamente de
ella voló una blanquísima paloma y un rayo surcó el cielo hasta fulminar al
asesino... Hoy se puede ver por varias zonas de la Punta y toda la comunidad
esa conocidísima flor amarilla que se llama Marilope... Hay otra versión que
duda: ¿Por qué desaparecieron los dos cuerpos? Entonces conjeturan: Quizás es
una justificación para encubrir un rapto de los tantos que llevaron a cabo los
piratas en nuestras costas; hecho que la comunidad católica no podía presentar
como final castigo divino para tan noble devota a quien prefirieron perpetuarla
envuelta en una desaparición de leyenda. Este aliviador relato nunca fue
suficiente para llenar la depresión de su desconsolado padre.
Para
entonces nuestros aborígenes habían comenzado a extinguirse. Desde la península
de Majagua y toda la costa de Jagua, algunos huyeron en canoas y establecieron
pequeños bateyes en la cenagosa e inhóspita península de Zapata donde abundaban
los manjuaríes, manatíes y peligrosos cocodrilos. Se supone que los
descendientes de Díaz se mudaron a Gavilán o Gaviña en Guamuhaya. El
crecimiento de mestizos domésticos no fue superior a las muertes por abusos,
hambre, epidemias y suicidios.
|
|
Cuando
llegó Francis Drake a esta bahía en1586, ya no existían los amigos Lope ni
Díaz. El regionalismo, implantado por renovados vecinos egoístas, había minado
la unidad y la mutua confianza con piratas; todo reabastecimiento debía
conseguirse por las armas. Fueron enemigas todas las banderas que fondearon en
Jagua; así el pirata Tomas Basquerville en1602 y el corsario inglés John Morgan
en1604 "campearon por su respeto" en estos lares. El corsario francés
Alberto o Gilberto Girón que dejó su apellido en la conocida playa del este de
Zapata y la vida, tiempo después, a manos del esclavo Salvador Golomón en el
golfo de Manzanillo, según se cuenta en Espejo de Paciencia; coincidió aquí en
el año con Morgan. quien regresó viejísimo, 64 años después y estuvo al mando
de varios veleros ingleses con el fin de preparar incursiones hacia todo el
sur; diez años después en 1668 hizo lo mismo su coterráneo Franquisney
Uno de
los más despiadados piratas, el holandés Cornelio Foll, desde1628 es recordado
por atacar a muchos corraleros de la costa en su aprovisionamiento; también
tomó provisiones y reparó sus veleros mucho más tarde el corsario inglés
Dolleysen1662.
Veintiún
años después el terrible holandés Lorenzo Graff en1683 dejó su brutal huella
adueñándose por la fuerza de todo lo que necesitaban sus naves y sus hombres...
Por último Charles Grant, corsario inglés, abordó con vandalismo varios buques,
se apropió de sus cargamentos, hizo depredaciones en casi toda la costa sur de
la isla y se refugió en esta bahía de Jagua en 1702.
Los conquistadores, acostumbrados
a la holganza, habían iniciado otra página de crueldad: para realizar las más
duras faenas, aumentaron el número de africanos, arrancados de sus tierras y
familias; vendidos, humillados por cadenas, enfermos y lanzados muertos en
elAtlántico.Así se marchitaron también muchas otras flores en Tureiray en
Jagua...
XI. EL
CASTILLO DE JAGUAY SU LEYENDA
|
H |
|
|
Muy suave la proa corta en dos pliegues el agua y toca el
pequeño muelle de atraque. Antes del desembarco se rompe el silencio; el rumor
del remo en el mar cambia por un traqueteo de bultos, voces, metales, rudo
calzado y saltos en tropel. La mañana es nublada y fresca porque corre febrero.
Varios soldados suben, cargados de cajas y sacos, el estrecho sendero que
conduce a la fortaleza de Nuestra Señora de los Ángeles de Jagua, también
llamada La Fernandina, en honor del Rey Fernando V de España. En la escalera de
altos peldaños cruzan saludos con otro grupo que sale armado de espadas y
arcabuces; son tres: se distribuyen alrededor de una hilera de ocho fornidos
esclavos vinculados por una cadena con argolla al cuello; estos africanos
pertenecen al grupo de los más resistentes. Varios años atrás los trajeron por
mar desde Trinidad; picaron en la costa y cargaron los pesados bloques en la construcción
de la fortaleza.
Hoy
llevan en sus hombros sendas abrumadoras bolas de cañón; rodean la pétrea
muralla, bajan a la orilla. Ahora los soldados van, uno delante de la hilera y
dos detrás, todos separados por seguridad. Caminan al extremo del canal, a la
boca de la bahía; allí hay una batería que refuerza la defensa. Recuerdan,
tiempo atrás, cuánto latigazo y sudor costó halar aquellos pesados cilindros
metálicos, sobre ruedas, cortando ramas y sangrando rasguños a través del
espeso bosque tropical.
Las
rocas dispuestas a modo de rústicos escalones permiten amortiguar la bajada
entre el refrescante follaje húmedo y alguna que otra picada de jején. Ya
abajo, en la cañada, los pies chapoletean la mezcla de agua y lodo del escaso
riachuelo; cientos de cangrejitos abren paso a los invasores, se refugian
rápido en el agujereado entorno. Se ha terminado el tramo más fácil del viaje.
En la
subida el sol asoma a intervalos entre las nubes, se cuelan sus rayos por las
ramas; surge como dicha la combinación de coloridas mariposas y aves, los
trinos son música, alegran la tristeza, aligeran la pesada carga en el empinado
túnel verde y fresco. Los músculos se tensan y brillan sudorosos. Los
endurecidos pies se afincan en los mejores asientos rocosos, evitan el resbalón
inútil que lacera la piel y puede terminar en tragedia colectiva. Los tres
soldados ahora van delante, el primero corta alguna que otra rama incómoda. Al
final de la hilera encadenada no hay nada que hacer; si ocurriera una caída,
podrían morir en la avalancha de los grandes proyectiles, cuerpos y cadenas.
|
|
Después
de agotadores minutos al fin descansan arriba, en el borde de la escarpada
ladera de la cañada. El tramo final hacia el objetivo es llano, la tierra
amarilla y blanda; una hora después llegan, los españoles intercambian
contraseñas con los apostados alrededor de la batería, se saludan, ordenan
amontonar las bolas junto a un cañón, sientan a los esclavos bajo un frondoso
árbol de uva caleta; todos calman la sed y el hambre, les deleita el rojo zumo
de las abundantes frutillas que han ingerido de su alrededor.
Antes de
caer la tarde los musculosos africanos en hilera están pasando entre los
guardias de la entrada del Castillo; su regreso se vuelve atronador con el
sonido de los pies en el tablado del puente, pareciera que disfrutaran aquello
como percusión de sus ancestros, como música de un triunfo más en sus faenas cotidianas.
Todos los uniformados de amarillo y rojo que están próximos al arco de entrada
y en las almenas superiores se animan por el ruido; pero dan la bienvenida a
los tres soldados que fueron relevados por los que salieron esta mañana. Los
esclavos vuelven a su estrecha celda.
Los que
llegan libres, prisioneros también de la distancia, descansan esta noche. Antes
de pasar a los dormitorios se detienen y desde los muros contemplan el inmenso
horizonte azul, miran más allá de la boca con la esperanza de cruzar otra vez
ese mar Caribe y aquel OcéanoAtlántico, rumbo al Este.
Los
últimos dedos malvas del Sol se desvanecen en el horizonte, el único
puentecillo levadizo que hay en toda la Isla se alza y ahora es portón que
cierra la Fortaleza; un foso la separa del exterior. Todos los moradores del
lugar están advertidos que cuando se pierda elAstro Rey no deben aproximarse ni
a cien metros y el propio que no llegare a tiempo, deberá pernoctar fuera. Son
órdenes del Comandante: seguridad y disciplina puntual.
Es una
noche de febrero, nublada, fría y oscura. Después de comer, las corazas se han
sustituido por mantas hasta la cabeza, algunos peninsulares se reúnen alrededor
de una lámpara de aceite para compartir acontecimientos reales y algo más. Uno
de los que llegaron esta mañana, bien conocido charlatán y jaranero, cuenta
sobre la exploración y rescate de útiles que hicieron los días anteriores al
otro lado del canal. Comenzaba con la misma negación de siempre: -"No me
lo vais a creer", los fuereños están convirtiendo el canal en un
pasacaballos; el otro día cuando remábamos al otro lado, nos cruzamos con dos
de ellos en botes, traían atados sendos animales nadando detrás todo el
tramo...
|
palabra continuó.
|
- Es
noticia vieja- comentó burlón otro- Ya lo hemos visto desde los muros de la
batería... - Antes que le quitaran la
-
¡Rediez! No me lo vais a creer, apenas atracamos allá enfrente, nos adentramos
en el monte y encontramos... ¿Qué? ¿Adivináis?... El viejo sendero de los
indígenas - Así llamaban entonces a los aborígenes - Fuimos cortando algunas
malezas hasta Las Auras, Todavía están por allá los restos de la encomienda del
Fraile Bartolomé de las Casas, como lo oís, el mismísimo Padre Las Casas, dicen
los lugareños que cuando se fue a cristianizar a la tierra de los aztecas,
llevó consigo solo sus sirvientes domésticos, indios convertidos y fieles, pero
allá los mexicas no eran tarea fácil. Ya los años lo habían convertido a él;
dicen los peninsulares que aquel que tanto abogó por los indios aquí, allá lo
tildaban de viejo gruñón porque más de una vez envió cartas al mismísimo Rey pidiendo
la Santa Inquisición para los abusadores de indios...
Bueno,
de aquellas ruinas salvamos algunos útiles de cocina, herramientas de
construcción y aperos de labranza; dicen que todavía merodean por allí algunos
indígenas cimarrones, descendientes de aquella encomienda; otros lugareños no
la ocupan porque creen que son fantasmas - Esta palabra hacía vibrar los
corazones a esta hora, pero continuó - De allí partimos rumbeando al sur, el
nuevo Alférez nos dijo que regresaríamos por el camino de la costa, por la
propiedad de los Luna, detrás de una loma divisamos el mar otra vez... ¿Qué?
¿Adivináis?... Allí abajo está majestuosa la playa; había buen sol y nadamos un
rato, después en toda la ruta comimos almendras, marañones y uvas caleta;
pescamos cangrejos, jaibas y tomamos vino...
-
¡Santa hazaña! - Comentó sarcástico el de mote
"Don Protesta", llevaba aquí quince años y no perdía oportunidad para
repetir su queja - Levantamos este siniestro montón de rocas porque a esta
condenada bahía de Jagua hay que protegerla de tales famosos corsarios y
piratas y ahora... ¿Dónde están?... Nadie..., ni cojos, ni tuertos con parches
negros han aparecido por aquí, a no ser sus fantasmas - La repetición de la
última palabra causaba algunos escalofríos - Yo no pierdo las esperanzas de que
me manden para el norte de Batabanó en La Habana, que es el puerto más
importante de todo este mundo; allí dicen que se ven ingleses, franceses y hay
intercambios con la Florida,
|
|
Aquí...
aquí nadie osa atreverse ni al comercio de rescate que tanto ayuda en Bayamo.
Allá, en
cambio, dicen que prosperan las posadas con hermosas mulatas y negras
acompañantes...
-
Eso es cierto - Prosiguió un joven rubicón -
Yo estuve allí antes: hay muchas casas y luces por la noche, mujeres guapas;
las lugareñas de por aquí ya tienen dueños...
-
No me lo vais a creer... Anoche me pareció ver
a la "Doña" - La interrupción causó sobresaltos; era casi hora de
dormir y nadie quería recordar el macabro relato.
Contaban
según la tradición los más viejos que por motivos de infidelidad y sus
consecuentes celos, el primer Comandante de la fortaleza, quizás el apellidado
Cabeza de Vaca, dueño del primer ingenio de azúcar en esta comarca, había
confinado a su bella esposa en una pequeña celda del fondo de la Capilla, que
allí había quedado lapidada, destinada a morir de hambre, de sed y que todas
las noches al dar las doce, sale elegante, con sus joyas, vestida de azul.
|
|
La
Capilla se ubica en el lugar más protegido, están también el almacén de
víveres, la cocina, el comedor y, por supuesto, el arsenal con su necesario
polvorín; bien cerrados, durmiendo en el piso, un número de esclavos. Desde la
plaza de la batería aquello se ve como un patio interior, con un pozo en el
centro, por debajo del nivel del fuerte; hay una escalera para bajar allí. Es
el lugar de la posta más famosa; nadie desea cuidarla. El almacén atrae
roedores, estos lechuzas y los ruidos nocturnos provocan especulaciones. Está
prohibido el uso de lámparas o candiles porque lo fundamental es la puerta del
polvorín...
Un
africano se baña, nada en frescas aguas de su tierra de sueño..., despierta en
el suelo húmedo de la celda y sus nostalgias son hilos de lágrimas, rompe en
sollozos, llegan los gemidos como quejas extrañas hasta el auditorio de
narradores...
-
¿Oísteis? ¿Qué fue eso? - Indaga uno sobresaltado y un minuto después:
-¡Nada!
- Responde Don Protesta - Dice el posta de "La Doña" que debe ser un
esclavo llorón. - La respuesta con tal alusión no tranquiliza; entre realidad y
leyenda son más de las once, el frío arrecia, en el cielo no hay ni estrellas
ni Luna, el grupo se ha reducido, solo hay pobres luces en las almenas, las
voces son susurros. El jovenAlférez se ha acercado al grupo.
-
Venga, hombre, no digáis que teméis a las
habladurías. Hoy estoy de buenas. Escuchad bien vosotros los postas, os doy
permiso para irse a dormir, voy a demostrar que aquí no ronda ninguna Dama Azul
- Aquel ejemplo de hombría y amable voluntad fue tomado con gusto por los
centinelas y como alardoso gesto por los más viejos; en definitiva todos
aprovecharon la oportunidad del descanso asegurado. En minutos el recién
llegado estaba solo, envuelto en frías penumbras, con el tedioso concierto de
grillos y aves nocturnas.
|
|
Aquel
mozalbete había arribado una semana antes, el propio Comandante lo recibió en
el atracadero, se decía que sus antepasados eran de ganado abolengo. Su abuelo
paterno ganó algunos combates navales en el Mediterráneo. Ya había escuchado el
joven, entre risas y dudas, la versión más contada de la leyenda: Rayando las
doce un ave blanca después del graznido seposabaenel ancho muro de la plaza. A
su encuentro salía majestuosa una elegante dama, vestida de azul y brillantes
joyas, a saber, el fantasma de la infiel esposa que vagaba por el Castillo.
El
Alférez sintió la brisa de frío cortante en lo alto del fuerte y se refugió en
la almena izquierda de la plaza, una de las que miran hacia el canal. A su espalda
y sobre el soporte de la campana lo hizo girar un furioso aleteo y graznidos.
Era la lechuza más grande que había visto, no podía distinguir si atacaba
frenéticamente un ratón o intentaba soltarse de algo que la asía por las patas.
Sin temor alguno se acercó, quería tener más visibilidad del acontecimiento,
con un poco de sobresalto y curiosidad, divisó en lo alto una figura humana
borrosa, entonces dirigió sus pasos hacia la escalera de caracol, iba a su
encuentro, pero antes de llegar al umbral todo aquel cuerpo se le vino
encima... Alguien con insomnio escuchó un fuerte golpetazo y una queja de
dolor...
Ala
mañana siguiente despiertan alarmados al Comandante, por el camino le explican:
|
|
-
Tirado en la plaza está el Alférez. - Se abre
el círculo de curiosos; aparece junto al oficial caído un esqueleto medio
cubierto en tela azul, un fragmento de espada y de oxidada cadena. El Comandante
lo sienta, le pregunta insistente. Con los ojos bien abiertos y perdidos el
Alférez solo balbucea palabras incoherentes. Hasta el día siguiente no habla,
no come, es una espinosa responsabilidad; el Comandante decide:
-
Llevadlo al manicomio.
En los
días siguientes el Comandante realiza pesquisas entre la tropa. Recuerda que
vio un grandísimo chichón en la cabeza del atolondrado Alférez. Hay una versión
del acontecimiento que lo tiene muy preocupado, resulta una disyuntiva para el
informe que debe redactar a la Capitanía General en La Habana: Si usa los
argumentos relacionados con la misteriosa leyenda, lo pueden tildar de loco. Si
declara al insano victima de una broma macabra, lo van a declarar incompetente
para ejercer la disciplina del puesto. Ha descubierto en concreto que algunos
soldados jocosos veían al Alférez como un fanfarrón y habiendo encontrado en la
orilla un esqueleto argollado con una cadena al cuello y un pedazo de espada,
llevaron adentro todo, de manera sigilosa, envuelto en un fardo azul. En
complicidad con el centinela de la almena más alta lo depositaronjunto almuro
de la campana lanoche del incidente...
El Comandante no puede castigar
ni poner en duda su reputación ante los superiores. A La Habana solo llegan en
el informe buenos oficios e intenciones del Alférez además de su repentina
locura después de aquella noche. Los perjudiciales detalles quedan borrosos en
los documentos como en muchos otros de la historia donde la leyenda y la realidad
comprometen.
|
|
Al
aborigen e histórico nombre de Jagua se le antepuso el de Fernandina, en honor
al Rey Fernando VII; así personajes herederos de la colonización se adueñaron
de grandes extensiones de tierras y, con trabajo esclavo, crearon varias
plantaciones de caña y tabaco, fundaron tenerías, gracias al abundante ganado
mayor que no pudieron llevarse los piratas. El Castillo de Jagua entró en la
historia otra vez en 1762 cuando La Habana fue tomada por los ingleses. La
lisonja era habitual, se usaba como soborno. El Escorial y la Armada española
habían adquirido buenas y preciosas maderas de esta zona después que los nobles
de la corte recibieron presentes de propietarios que vivían más en La Habana
que aquí. Aunque la trata estaba prohibida, el acaudalado Sarría importaba el
contrabando de esclavos por Playa Girón y los hacían caminar días hasta su
plantación en la margen del río Arimao; desde un embarcadero allí salía el
azúcar de su ingenio con destino a Europa. Otro acaudalado importante fue
Santacruz que llegó a poseer la mayor parte de la Fernandina: desde Caunao
hasta la península de Majagua. Cuando D'Clouet, el fundador de la Villa, creó
el proyecto para " blanquear " esta comunidad; trajo inicialmente más
de cuarenta familias blancas de Burdeos,
Francia.
Su amigo Santacruz le donó gran parte de dicha península, donde comenzó la
ciudad, en 1819. Como gobernaba la isla José Cienfuegos y actuó muy rápido para
aprobar ese proyecto - ensayo blanqueador, le perpetuaron el apellido a modo de
agradecimiento. Así nació la ciudad después de tres siglos de olvido.
D'Clouet
nombró al primer sacerdote y al médico, sin embargo hizo mucha resistencia
contra los letrados y artistas. A pesar de todo, la educación y el arte se
impusieron para dejar huellas en la cultura y la historia de esta región
central de la Isla que se apresta a su bicentenario.
Un
colgante, como el que perdió Yarey, apareció en Cayo Carenas en 1979. Hoy se
exhibe en el Museo de la ciudad, situado en el parque Martí. Esta breve
narración de historia y leyendas se inspira en la obra científica del
arqueólogo cienfueguero Marcos E. Rodríguez Matamoros, "Jagua Indígena",
publicada en Mecenas 2013.
Este
trabajo se hizo posible gracias a la compilación de imágenes y amable
colaboración del señor Lilo Otero. Con este detalle el autor les rinde homenaje
|
|
|
|
...................................................................................... Barco a velas
(Galeón) (Página 1
|
|
....................................... Nativos
americanos preparandose para la guerra (Página 1
|
|
........................... Sección. de colgante encontrado en cayo Carenas
en 1979 (Página 2
|
|
................................................................................................................ Canoa (Página 2
|
|
............................................... Behique (Sacerdote) invocando a los espíritus (Página
2
|
|
........................................................................... Casabe (Pan ácimo
de yuca) (Página 3
|
|
...................................................................................................... Cemi
(Ídolo) (Página 3
|
|
...................................................................................................... Aldea
Taina (Página 4
|
|
ym T................................................................................. Aborigen.. pescando (Escultura) (Página 4
|
|
g ................................................................................................... Flor
de majagua (Página 5
|
|
................................................................. Representación de mujer
aborigen (Página 6
|
|
.................................................................................................................. Jutia (Página 6
|
|
............................................................................... Representación.... de piratas (Página 7
|
|
............................................................................... Representación.... de piratas (Página 7
|
|
............................................................ Desembarco de europeos en América (Página 8
|
|
...................................................................................... Bohío (Casa) aborigen (Página 8
|
|
................................................................. Representación de mujer
aborigen (Página 9
|
|
............................................................................... Representación.. de piratas (Página 10
|
|
~................................................................................... Aborigen de la
etnia Caribe (Página 10
|
|
TB ................................................ Imagen del Macizo Guamuaya (Escambray) (Página 11
|
|
................................................................................................ Piara
de cerdos (Página 12
|
|
........................................................................................ Aperos de labranza (Página 12
................................................................................... Cacique con sahumerio (Página 13
|
|
...................................................... Huión (Sol), Hamao (El primer hombre) (Página 13
|
|
........................................................................................... Travesía.... en canoa (Página 14
|
|
.............................................................................................. Diego Velázquez (Página 14
|
|
........................................................................................... Suplicio. de Hatuey (Página 14
|
|
...................................... Fray Bartolomé de las Casas (Padre de las
Casas) (Página 15
................................................................................................................... ídolos (Página 16
|
|
|
|
.......................................................................... Pánfilo
de Narváez (Página 16
............................................................................... Cacique Guama (Página 16
.................................................................. Bernal... Díaz del Castillo (Página 16
............................................... Representación... del cacique Ornoya (Página 17
.......................................................................... Cureña
con cañón ( Pagina 18
................................................................. Ganado Mayor (Vacuno) (Página 19
.................................................. Corsario francés Jacques de Sores (Página 20
........................................................................................... Ojo
azul (Página 20
......................................... Vale de los ingenios (Villa de Trinidad) (Pagina
20
.......................................................................... Flor
de la Marilope (Página 20
.......................................................... Corsario
Sir Francis Drake (Página 21
Castillo
(Fortaleza) de Nuestra Señora de los Angeles del Jagua (Página 21
...................................................................... Comercio
de esclavos (Página 22
...................................................................................... Pasacaballos (Página 22
.................................. Comandante Juan Castilla Cabeza de Vaca (Página 23
.......................................................... Representación
Dama Azul (Página 23
............................................................................................. Lechuza (Página 23
......................................................................... Esqueleto
Humano (Página 24
.......................................................................... Rey
Fernando VII (Página 24
......................................................... Don
Luis de Clouet y Favrot (Página 24
Pastor
Omar Alfonso Pacios. Cienfuegos, Cuba, 26 de Julio, 1948. Ha enseñado en los
tres niveles de educación en Cuba. Es Licenciado en Educación (Santa Clara
1984) Español y Literatura y Máster en Filología española (Oviedo 1996) Se ha
dedicado a la enseñanza del español como segunda lengua en la Universidad de
Cienfuegos, donde es Profesor Auxiliar. Ha impartido numerosos cursos de
postgrado y pregrado a estudiantes de Europa, América, Asia y África. Tiene
varias publicaciones e investigaciones de intención didáctica, dirigidos a la
enseñanza del español con aplicación de enfoque comunicativo. Acumula
experiencia nacional e internacional.
|
|
Su primera misión fue en Guyana
(Hasta 1991). Ha dirigido la Carrera de Comunicación Social de la facultad de
humanidades y La Preparatoria de español para extranjeros; ha enseñado varias
disciplinas de Lengua, Literatura y Lingüística. Cumplió misión en Jagüey
(2009) con venezolanos del frente Francisco de Miranda y La Habana (2010) con
jóvenes chinos; también en el Departamento de Lenguas Modernas de la
Universidad de Ghana. (Hasta agosto 2012) Enseñó estudiantes de la Preparatoria
en su Universidad y atendió la Cátedra Honorífica de intercambio cultural.
Actualmente retirado presta servicios como profesor de Lingüística en el
Departamento de Español en la Universidad de Cienfuegos.
|
|




















































Comentarios
Publicar un comentario