GUANAHATABEYES
CUATRO AÑOS EN LA CIENAGA DE ZAPATA
(MEMORIAS DE UN INGENIERO)
POR
J. A. COSCULLUELA
INGENIERO CIVIL
MIEMBRO DE LAS SOCIEDADES
CUBANA DE INGENIEROS AMERICANA DE INGENIEROS CIVILES
AMERICANA PARA EL ADELANTO DE LA CIENCIA GEOGRAFICA NACIONAL AMERICANA
HABANA *
Imp. y Papelería “La Universal/’ de Ruíz y Ca.
A LA SOCIEDAD CUBANA DE INGENIEROS
DEDICO
ESTAS MEMORIAS, PRODUCTO DE MI ESTANCIA DURANTE VARIOS AÑOS
EN LOS PANTANOS DE ZAPATA.
LA CIÉNAGA DE ZAPATA
Todos recordamos, pues no ha transcurrido aun mucho tiempo,
la intensa campaña periodística que se sostuvo contra la concesión a una
Compañía determinada para la desecación de la CIÉNAGA DE ZAPATA. Los
distintos Decretos de concesión que la regu¬laban, expedidos en época del
General José Miguel Gómez, sufrieron modificaciones sucesivas radica¬les que
iban alterando por completo los fundamentos originales de ella; pero ya en el
último Decreto, ac¬tualmente en vigor y por el cual se rigen las obras que se ejecutan,
fué definida la cuestión bajo sus verdaderos términos, aclarando el aspecto
legal de ella y señalando su alcance de un modo preciso.
Reducido el problema a sus verdaderos límites, pudo la
opinión pública, hasta entonces hostil a la concesión, darse cuenta perfecta de
los innumerables beneficios que de ella recibía el Estado Cubano, por cuanto la
desecación de esa enorme ciénaga impro- 'ductiva, feudo exclusivo de cocodrilos
y mosquitos, completamente inaccesible para cualquiera aplica¬ción de la actividad
humana, fomentaría, poniendo en producción, una extensa zona del territorio
na¬cional.
La CIÉNAGA DE ZAPATA, desconocida para noso¬tros en aquel
entonces, tal como hoy acontece para el 99% de los Cubanos, parecía, ser a
distancia algo así como el “Africa Tenebrosa” de Stanley; región ignota,
misteriosa, inaccesible para todos; lugar de tinieblas y muerte, donde los
cocodrilos, dueños y señores absolutos déla región, devoraban al que
des¬conociendo sus peligros y arrostrando las incomodi¬
dades sin límites, se aventurase a través de sus pro-fundos
pantanos y dilatados bosques.
Para la mayoría del público lector, la diaria men¬ción por
los periódicos, de la CIÉNAGA DE ZAPATA, con sus fantástiscas y absurdas
descripciones, era cuanto conocían de ella, fuera de la simple noción recibida
en la primera infancia al estudiar la Geografía de Cuba, sus ciénagas y
pantanos.
Participábamos nosotros, como es consiguiente, de todos
aquellos errores que se publicaban, al extre¬mo de costamos gran trabajo el
decidirnos a partir para ella, imbuidos en cuantas erróneas creencias se
sustentaban sobre su insalubridad. Vacilamos mu¬cho el día que nos trasladamos
por primera vez a la zona de Jagüey Grande para entrar en la CIÉNA¬GA,
firmemente convencidos de que sí regresábamos <;on vida de nuestra
excursión, traeríamos como in¬dispensable bagaje en cambio, el terrible
paludismo de sus miasmas.
Designado por el Gobierno como Ingeniero Jefe de una
Comisión, creada por la propia concesión, y presidida por el competente Ingeniero
José Prime- lles, de la cual formaba parte también el conocido Ingeniero Juan
Plasencia, para supervisar los estu¬dios y trabajos de desecación, hemos
permanecido cuatro años en ella, haciendo vida nómada, ambulan¬te,
alimentándonos con sus productos naturales.
Siempre en movimiento, hemos caminado toda la CIÉNAGA varias
veces de Este a Oeste, recorriendo todo su perímetro, bien extenso por cierto,
pues co¬mienza en la Provincia de la Habana, sigue por toda la de Matanzas y
termina en la de Santa Clara, en la jurisdicción de Cienfuegos.
Cada diez kilómetros de recorrido por el perí¬metro, la
hemos cruzado de Norte a Sur, atravesán¬dola infinidad de veces, y para darse
cuenta ligera¬mente aunque sea, de las penalidades que esas rutas imponen,
basta considerar, que en el cruce Austra- lia-Ensenada por ejemplo, cuya total
longitud es de 15 kilómetros, invertíamos caminando, siempre en el fango, y
algunas veces con el agua al cuello, todo el tiempo transcurrido desde las
cuatro a. m. hasta las diez p. m.; y téngase en cuenta que sólo nos dete¬níamos
unos pocos momentos para almorzar los ví¬veres, escasísimos, que podían
cargarse, en los Ca¬yos interiores, para evitar que nos sorprendiera la noche.
La noche en la CIÉNAGA es el peor enemigo del hombre; los
cocodrilos que caminan mucho a estas horas y las mosquitadas, hacen
materialmente im¬posible para un ser humano, su permanencia, en esos lugares;
sin embargo, como la necesidad no recono¬ce ley alguna, muchas veces nos hemos
visto obliga¬dos a dormir en el interior de la CIÉNAGA.
La zona ocupada hoy por la gran CIÉNAGA DE ZA¬PATA, cuyo
litoral marítimo se desarrolla caprichosa¬mente, desde la Bahía de Jagua hasta
la Ensenada de la Broa, es sin disputa alguna la más prominente en cuanto a
vestigios y remembranzas de pasadas épocas. Difícilmente se encuentra en toda
la Isla, una región, más interesante que la de ZAPATA, en cual¬quier orden de
estudio que se considere.
Los innumerables bajos y cayos de que está rodea¬da,
fomándole un cordón al litoral de la Península, con sus variadas pasas y
canales , y los veriles que demarcan sus placeles, son elocuentes testigos
super¬vivientes de la gran catástrofe geológica que dió nacimiento a la Isla, y
del incesante trabajo de mi¬croscópicos seres, creadores de muchos de los
archi¬piélagos que la circundan.
Por sus canales y pasas, rodeando cayos, recorrió Colón el
litoral Cubano en su segundo viaje; frente al litoral del Cacicazgo de
Hanamana, creó su exalta¬da imaginación aquellos fantásticos Cubanos, vesti¬dos
con grandes túnicas para ocultar la cola de que estaban dotados, siguiendo con
esto las ilusorias re¬laciones de Marco Polo; frente a la Bahía de Co¬chinos, y
a pesar de cuanto en contrario le manifes¬taban los aborígenes de los
Cacicazgos de Jagua y Ornofay, hizo firmar a su tripulación aquella famosa Acta
en la que se declaraba ser Cuba parte del con¬tinente y no una Isla, creyendo
por esto encontrarse cerca del Reino del Gran Kan.
Frente al Cayo hoy llamado “Cayo Blanco”, al notar la
turbidez del agua, creyó descubrir un nuevo Mar y lo designó “Mar Blanco”, y ya
un poco más al occidente, al encontrar en su cuarto viaje grandes canoas que
regresaban del Yucatán y comerciaban con Cuba, quedó firmemente convencido de
la pro¬ximidad del Catay. .
En toda la zona del litoral de ZAPATA, el pruden¬te y
experto marino, cedió su lugar al fantástico na¬vegante, hasta el extremo que
hoy, todos los críticos e historiadores de este gran hombre, reconocen, que en
sus relaciones de viajes y aventuras, hay dos entes distintos: el marino
profesional, el cosmógrafo ilus¬tre y el aventurero soñador, fantástico.
Las bellezas del litoral de la zona que recorría, los
cuentos que le relataban los aborígenes de sus costas, y la falta de
comprensión de sus ideas, creó el segundo tipo, estando la reladión que hizo
del segundo viaje por las costas meridionales de Cuba, llena de leyendas y
fantasías supersticiosas.
Durante mucho tiempo estuvo luchando entre los Cayos del
Archipiélago de los Canarreos con vientos y corrientes encontradas, tropezando
a cada paso con escollos y bajos fondos que interrumpiendo la navegación,
dilataron muchísimo su viaje en busca del soñado Catay.
Posteriormente, ocupada ya la Isla, por esos Cayos y perdido en su laberinto, naufragó Hernán Cortés cuando se dirigía a conquistar el Imperio Azteca, y con los restos del naufragio se refugió en Matamanó, donde pudo abastecerse de las provisiones necesarias a su flota, para llevar a cabo la empresa.
En sus costas, en el Cacicazgo de Jagua, en el asiento de la
“Hacienda Auras”, tuvo su encomienda, el que después fue venerable defensor de
los Indios, Fray Bartolomé de las Casas, y en un pueblo indígena situado en un
Cayo interior de la Bahía, conocido en la actualidad por Cayo Ocampo”,
descansó gran tiempo Sebastián Ocampo cuando regresaba de bojear la Isla,
demostrándose que no era tal continente.
En este mismo pueblo de Indios, estuvo Veláz- quez bastante
tiempo con Pánfilo Narváez, después de la inicua y cobarde matanza de Caonao, y
durante su dilatada estancia en él, se decidió la fundación de los cinco
primeros pueblos de la Colonia.
La Babia de Jagua fué durante la conquista de Tierra Firme
obligado lugar de arribo y avituallamiento de las flotas, y sus costas,
continuamente fueron visitadas por los más ilustres Capitanes conquistadores
de la época.
El segundo descubridor de la Isla, como merecidamente
designa la Historia al gran sabio Alejandro Humboldt, rindiendo de este modo
justificado tributo a los merecimientos del gran Prusiano, por sus notables
estudios sobre Cuba, por esos Cayos ya tan nombrados, recorrió todo el
Archipiélago de los Ca¬narreos y su accidentada costa, en excursión cientí¬fica
de investigación.
Durante los Siglos XVI y XVII, esos Cayos con todo su
pintoresco litoral, cuajados de caletas y ense¬nadas muy abigadas, fueron
campamentos de refu¬gio y avituallamiento de Piratas, Corsarios, Filibus¬teros
y Bucaneros, azote continuo de la Isla, y hoy que los hemos recorrido todos,
detenidamente, hemos encontrado en cada Playa, Cayo o cualquier acciden¬te
topográfico de su litoral, una Leyenda que la tra¬dición conserva
cuidadosamente entre sus pobladores, perpetuando de este modo los nombres y
hazañas de sus más famosos Capitanes.
En las diferentes guerras que la Metrópoli sostuvo con
Francia, Inglaterra y Holanda, la Zona de ZAPATA, ocupa prominente lugar en la
Historia, pues muchas de las expediciones que se llevaron a cabo contra los
incipientes pueblos costeros de la Isla, fueron acordadas en las
reconcentraciones de bajeles que tenían lugar en sus Bahías y Ensenadas.
Mientras duró la esclavitud y sobre todo al cesar
oficialmente la trata, la Bahía de Cochinos era el lugar de desembarco de
contrabandos negreros, cuyo re¬cuerdo simbolizan infinidad de Leyendas que
todavía susbsisten en la Zona.
Durante la primera guerra de Independencia, los Cayos
interiores de la CIÉNAGA, fueron seguro lugar de refugio de los Cubanos y en
ellos se conservan vestigios miles de Prefacturas, Hospitales y Campamentos.
El actual Presidente de la República nació en la Zona, en Jagüey Grande,
Ingenio Australia, y habiendo tenido que esconderse la familia al fracasar la
captura del pueblo, encontraron un refugio seguro en los Cayos conocidos por
Cayo Menocal, Ca¬yo Nayita y Cayo Narcisa.
Para hacer más notoria la Cuenca, es el único lugar de la
Isla, donde quedan algunas especies zoo¬lógicas y botánicas extinguidas ya en
el resto de ella.
Es en fin la Cuenca de ZAPATA, compendio histó¬rico de todos
los acontecimientos más culminantes de nuestra Isla, donde cada accidente
topográfico, bien sea en su interior o en el litoral, recuerda algún he¬cho
importante de nuestra vida, estando sus costas especialmente, unidas, al
recuerdo de los dos hombres más grandes de la Monarquía Española en la época
del descubrimiento y conquista del nuevo mundo: Co¬lón y Cortés.
En general, son tan interesantes las Leyendas que existen en
la CIÉNAGA, tan peculiar la formación de sus diversas Comunidades o
agrupamientos de fami¬lias, que ocupan toda la Península; v tan especial el
modo de ser de sus componentes, restos dispersos en toda ella, de aquella
falanje de piratas, raqueros y bandidos, característica en sus costas, durante
los si¬glos XVI y XVII, que nos llamó la atención grande¬mente, cuando en
misión de Ingeniero recorríamos sus pantanos y costaneras.
Aquellos habitantes puede asegurarse que son dis-tintos a
los del resto de la Isla; sus hábitos y costum¬bres son los de nuestro pueblo,
hace dos siglos: la completa incomunicación en que han vivido hasta ahora, lo
agreste y rústico de aquella localidad, y la fuerza del ascendiente atávico, ha
estancado su cul¬tura; no evolucionaron con el progreso general del país y han
permanecido viviendo tal como lo hacían sus bisabuelos. En este aspecto
cultural son los Chi¬nos de Cuba; el estudio de estas comunidades es muy
interesante y se presta a motivos diversos de espe-culación.
Con ellos hemos vivido durante cuatro años, mien¬tras
obteníamos los datos necesarios para la redacción del Proyecto de Desecación de
la Ciénaga, objetivo que nos llevó a esas solitarias regiones, y en el curso de
este Estudio, podrán encontrarse las impresiones que sus hábitos y costumbres,
nos causaron, y las cuales fielmente hemos trasladado de nuestro Libro de
campo.
Además de las curiosas observaciones que el pe¬culiar vivir
en estas zonas nos proporcionó y que obtuvimos en nuestra dilatada estancia,
obligados a convivir con ellos en la Ciénaga, consignamos ade¬más en este
trabajo, los antecedentes, datos, leyen¬das y tradiciones de aquellos
insipientes núcleos so¬ciales. Todos han sido adquiridos, en medio de una
inclemencia completa, a fuerza de grandes sacrifi¬cios e incomodidades sin
límites, especialmente aque¬llos que se relacionan con el proyecto de
desecación de este gran pantano, que por ser necesario obtener-
los del mismo terreno, ofrecían penosa labor, peli¬grosa en
muchos casos. ^
Existe una errónea apreciación sobre la CIÉNAGA DE ZAPATA,
por parte de todos los Cubanos, resultado de los falsos antecedentes en que han
basado su cri¬terio, y este Libro se propone antes que nada, dar a conocer a
nuestros paisanos esa magnífica zona, de¬mostrándoles el error en que se
encuentran al juz¬garla equivocadamente.
Invariablemente todos los Informes y Estudios que existen
escritos sobre la CIÉNAGA DE ZAPATA, son erróneos en su totalidad, pero
especialmente los re¬dactados a partir de 1900, carecen de veracidad al¬guna,
falseándose los hechos a veces de una manera inconcebible.
Los diversos Censos de Población, son interesan¬tes al
referirse a esta Zona, por lo fantástico que resultan: distancias enormemente
dilatadas y que se¬paran lugares casi inaccesibles a pie, resultan haber sido
cubiertas en una sola jomada y a caballo; pe¬queños centros poblados no aparecen
incluidos y en cambio resultan enumerados imaginarios núcleos que nunca han
existido.
Si estudiamos los Planos de la Isla en la parte que se
refieren a la zona, los encontramos completa¬mente equivocados en lo
fundamental. Los límites que determinan la división territorial provincial
en¬tre la Habana, Matanzas y Santa Clara, carecen de precisión alguna. Los
Gobernadores de estas Pro¬vincias los desconocen y no fué posible a la
Comi¬sión, armonizar en ningún caso los obtenidos en una Provincia con los de
la otra colindante. Ningún Mu¬nicipio de la Zona puede señalar sus linderos en
cuanto llegan éstos a la Ciénaga, y es en fin Zapata un valladar tan
consistente, que impide la propaga¬ción de toda acción civilizadora hasta el
extremo que los que habitan en la costanera del Norte, en los Mu-nicipios
ribereños con ella, desconocen lo qué existe
del otro lado, y cree la mayoría que es todo mar, y que el
terreno acaba al llegar a la Ciénaga.
Bien determinada como ha sido la Bahía de Cien- fuegos,
conocida con precisión su situación, y par¬tiendo de ella como base, resulta
haber un error de 10 kilómetros en el emplazamiento de la Bahía de Cochinos, en
todos los Planos oficiales, pues aparece que esta distancia es de 70
kilómetros, cuando en realidad es de 80; acontece lo mismo con la situación de
la Ensenada de la Broa: su distancia a Cochinos resulta ser de 77 kilómetros,
cuando en realidad es de 55 solamente.
La Laguna del Tesoro, los Ríos Hanábana, Santa Fé,
Hatiguanico, y en general cuantas particulari¬dades importantes existen en la
Hoyada, están mal situadas, con errores tan groseros, que demuestran que
subsisten todavía las antiquísimas determinacio¬nes ejecutadas por los Pilotos
Españoles casi con¬temporáneos con la conquista.
Las medidas verificadas por la Comisión en la Cuenca, vienen
a poner de relieve, las grandes equi¬vocaciones que actualmente se conservan
oon res¬pecto al Plano de toda la región Sur de la Provincia de Matanzas y
parte de la de Santa Clara, y hasta la configuración de sus costas resultan
estar comple¬tamente equivocadas, en la mayoría de los Planos que hemos tenido
a la vista.
La CIÉNAGA DE ZAPATA después de desecada, ha de tener un
porvenir brillante; la Provincia de Ma¬tanzas será la más beneficiada, pues sin
costa Sur alguna, a pesar de tener dentro de sus límites natu¬rales, la Bahía
de Cochinos, solo menor que la de Ñipe, se ve obligada a conducir los frutos de
su zona media e inferior, hacia la costa Norte, Bahías de Matanzas y Cárdenas,
con un costo en los fletes casi prohibitivo.
Mientras el flete a la Bahía de Cochinos de un saco de
azúcar de 13 arrobas, por el Ferrocarril Aus- tralia-Ensenada, que estamos
terminando en la ac¬tualidad, nunca podrá ser mayor de 20 centavos, los
Ingenios que se encuentran en la zona media e infe¬rior de la Provincia pagan
por ese transporte a Matanzas o Cárdenas, 50 y 56 centavos, con una lon¬gitud
de arrastre muchas veces superior a 200 ki¬lómetros.
La superioridad de la Bahía de Cochinos sobre sus contiguos
puertos, es notoria como hemos de ver en el curso de este trabajo, y las quince
mil caballe¬rías de ciénaga que sé encuentran situadas detrás, al ser
desecadas, convertirán aquella región, hoy solitaria y pobre en una feracísima
zona agrícola.
De este total de terrenos desecables, diez mil ca-ballerías
resultan propias para el cultivo de la caña, pues los análisis de muestras
recogidas, así lo indi¬can, y si a esto se añade que esos terrenos serán de
regadío, porque las zanjas que se construyan para desecarlos, servirán luego
como arterias de riego y transporte fluvial, fácil es comprender su brillante
futuro.
El porvenir de esta región no puede ser más ha¬lagüeño ;
lástima grande que no sean los propios cu¬banos sus desecadores y se permita
pasar a manos de una Compañía extranjera, esta enorme área del territorio
nacional.
J. A. COSCULLUELA.
Habana, Julio de 1918,
CUATRO AÑOS EN LA CIÉNAGA DE ZAPATA
CAPITULO I
STJMABIO: LOS TIEMPOS GEOLOGICOS EN ZAPATA.-,!, Cuenca y
Península de Zapata.-ll, Ligazón Continental Antillana.—III, Los Estudios Geológicos
en Cuba.—IV, Geología de la Cuenca.—V, El Suelo de Zapata. —VI, Las Cuevas
Prehistóricas de la Península.—VII, El Gran Avismo del Tesoro.-VIII,
Hidrografía de la Cuenca.
PREHISTORIA.—|, Prehistoria Guajira.—II, Prehistoria
Cubana.—III, El Hombre Paleolítico.-IV, Leyendas Antillanas.
1
La Península de Zapata y la Cuenca ocupada hoy por la -gran
Ciénaga de este nombre, ocupa toda la región Sur de la Provincia de Matanzas y
parte de la de Santa Clara; está limitada al Norte por terrenos altos
pertenecientes en parte a la gran llanura de Colón; al Sur, el Mar Caribe baña
todo su litoral; al Este los terrenos relativamente altos que confi¬nan con la
Bahía de Cienfuegos, costituyen un fuerte valla¬dar a sus desbordes; y al
Oeste, la Ensenada de la Broa y ciénagas, llamadas de Guanamón, la separan de
los manglares -que ocupan todo el litoral Sur de la Provincia de la Habana.
Con ligerísima pendiente, bajan los terrenos que compren¬den
la Vertiente Norte de la Cuenca, hasta la Hoyada que hoy forma la Ciénaga, cuyo
eje de mínima elevación sobre el nivel medio del mar, es aproximadamente de
1.50 metros, coincidiendo este con la línea media del thahveg de la misma; a
partir del cual suben gradualmente, formando su Vertien¬te Sur y terminando en
el camellón rocoso que demarca la Península.
La Cuenca inferior de recepción, ocupada por la gran
Cié¬naga, está prácticamente cerrada a toda comunicación super¬ficial con el
mar, que no sea: en la Broa por medio del Eío Hatiguanico; y en Cochinos,
mediante el Canal construido por «el señor Maximino Yebra en su Finca
“Ventura.”
Los contactos por manifestaciones subterráneas son innu¬
merables, sobre todo entre Cochinos y Cienfuegos, a tal
ex¬tremo que en los sumideros y casimbas de los Cayos interioren de la Ciénaga,
se conoce el estado de las mareas por el nivel del agua que se manifiesta en
sus oquedades.
El mar correspondiente a todo el litoral Sur de la
Penín¬sula, se encuentra sembrado de cayos, islotes y bajos, perte¬necientes al
Archipiélago de los Canarreos; en cambio el correspondiente al litoral de Cienfuegos
a Cochinos, es lim¬pio, despejado y profundo.
El interior de la Cuenca hoy ocupada por la Ciénaga, está
totalmente entarquinado, debido al sedimento que arrastran las aguas de sus
vertientes, especialmente en la del Norte; el suelo en las vertientes se
encuentra completamente denuda¬do por la falta de coherencia de sus tierras,
originado por el descuaje de los montes para la siembra de caña.
La completa destrucción de los bosques, no sólo perturba la
regularidad de las lluvias, sino que tiene por consecuencia, con la muerte del
arbolado, la pérdida de coherencia en los terrenos, y al acabarse el árbol y
destruirse las raíces, se pierde la trabazón que impedía el que las aguas
arrastrasen sus partículas.
Dentro de la Cuenca inferior existen una numerosa va¬riedad
de Cayos más o menos importantes, relativamente al¬tos, donde únicamente puede
encontrarse hoy la vegetación primitiva, la selva originaria, y si exceptuamos
algunas cos¬taneras, todo el resto carece de arbolado, debido a las can¬delas,
práctica que se conserva entre nuestros guajiros para quemar la paja de la mala
hierba que abunda y se acolchona sobre el suelo.
Como invariablemente en todas las secas, se le prende fue¬go
al monte, propágase éste con tal fuerza, que durante se¬manas y meses, mantiene
ardiendo extensas áreas de la ciénaga., invadiendo sus montes costeros de
valiosas maderas.
Si se observan los terrenos 'contiguos a la Ciénaga,
espe¬cialmente en la Vertiente Norte y sobre todo en el Término- Municipal de
Jagüey Grande, se comprobará fácilmente el efecto desastroso de las candelas.
Como consecuencia de ellas y del desmonte para la siem¬bra
de caña, pues ambas producen igual daño por la forma en.
-que se llevan a efecto, la mayor parte de los terrenos de
esta 'Vertiente en general, son actualmente estériles en una gran •¡extensión,
y especialmente en las Fincas “San Isidro”, “Can¬tabria”, “Manjuarí” y otras,
gran área de su suelo es comple¬tamente improductivo.
Un yanal quemado.
En estas fincas el suelo está constituido por la piedra ca-
•simbosa, denudada, pues las aguas de afluencia han barrido toda la capa
vegetal, dejando sólo la roca árida, desnuda.
La Ciénaga de Zapata, como hemos de ver en el Capítulo que a
su desecación dedicamos, ha pasado por muy variadas ■etapas; constituida al principio como una Cuenca de
recep¬ción cerrada, donde las aguas permanecían estancadas sólo en pequeñas y
limitadas regiones anegadizas, por su escaso nivel de desagüe, pasó luego .en
el transcurso del tiempo a ser Cuenca de desecación de las aguas, por la
tupición de sus desagües, tupición que sólo reconoce como causa, la gran
cantidad de materias en suspensión que arrastraban las aguas de afluencia,
producto del barrido de la capa vegetal de su “Vertiente Norte.
La desidia y abandono del hombre, provocando el arras¬tre de
las tierras en las vertientes, entarquinó toda la Hoyada,, tupió completamente
sus desagües y sumideros, haciendo de¬saparecer sus cursos de descarga,
unificándose en fin bajo el enorme manto de agua que la cubre, las primitivas zonas
de aniego que existían.
Cada año la Ciénaga reclama mayor tributo de tierras; de un
período de lluvias a otro, claramente se observa la ma¬yor extensión que van
adquiriendo las aguas estancadas, y este proceso constituye un peligro latente
tan serio, para to¬das las fincas colindantes, que por su gravedad justifica
solo, su desecación.
Sabanas de Juan I*uis.- Península Occidental
En la actualidad Zapata es un gran pantano, que ocupa
15,0 caballerías
de tierras, improductivas, estériles, y que desecadas pueden ser aprovechadas
para la agricultura.
Anegada por completo en la mayor parte del año, presenta un
aspecto peculiarísimo; de trecho en trecho rompe la mo¬notonía de aquella gran
sabana de agua, mangle y cortade-
ra, variados Cayos de exhuberante vegetación, que prestando
movimiento al paisaje lo embellecen sobremanera.
Las costaneras que la demarcan, como apretado cinturón, en
todo su perímetro, cubiertas de un resto del arbolado pri¬mitivo, donde
predominó la palma real, ofrecen hoy,un aspeeto desalador; el agua que
insensiblemente se va extendiendo, robando más y más terreno alto a las
vertientes, invade pro¬gresivamente los montes que pudieron escapar a las
candelas y a la tala general de sus bosques, y franquea sus límites.
Vista de la Ciénaga en la ruta Australia-Ensenada.
Esta invasión lenta pero segura, va acabando de completar la
labor destructora del hombre; arrasando con los árboles, secándolos, hasta el
extremo, que fácilmente pueden obser¬varse dos o tres líneas de separación de
costanera dentro de ella que indican donde llegaba ésta, en cierta época, y el
avance del agua en diferentes períodos.
Muchas veces cuando el año no ha sido muy lluvioso, sécase
parcialmente la Ciénaga, y es en esta época, cuando se hace más difícil el
tráfico por ella.
Téngase en cuenta que tal como están hoy constituidos los
desagües del gran embalse de Zapata, es sólo la evaporación la que actúa de una
manera eficaz en el desalojo de las aguas df afluencia que a ella concurren,
proceso lento y que requie¬re gran tiempo para completar la desaparición total
de su contenido.
La Ciénaga de Zapata, a pesar de cuanto por lo general se
cree de ella, haciéndola foco de inmundicias y contamina¬ciones, es muy sana, y
la vida en ella ofreee especiales atrac¬tivos a los amantes de la Naturaleza.
Es una región encantadora por la mañana; el ambiente que se
respira en ella con mayor fuerza que en cualquier otra zona, la rusticidad de
los elementos que la forman, los con¬trastes de su vegetación, la belleza de
sus aves, sus infinitos cantos, las diferentes tonalidades de sus plumajes y en
gene¬ral todo el conjunto convierten la Ciénaga de Zapata en una región de
encantos y ensueños; el amanacer, proporciona mo¬mentos tan intensamente bellos
que no tienen comparación, con los que pueden ofrecer las regiones más
pintorescas de nuestra Isla.
Las exploraciones a través de sus pantanos y cayos, son en
cierto modo emotivas y si el .Investigador que arrostrando las fatigas físicas,
en cambio de las diversas sensaciones mo¬rales que se experimentan, no tuviera
que andar ojo avizor con el traicionero cocodrilo, ofrecería su cruce,
delicioso pa¬seo de recreo.
Un ambiente fresco, sin mosquitos que molesten, agrada¬ble,
presentan invariablemente las mañanas; sin sofocación pueden hacerse jornadas a
paso de cieneguero durante estas bellas mañanas de la Ciénaga, pero en cambio
el cuadro se modifica radicalmente al llegar la noche.
Contrastando notablemente con las diversas y agradables
sensaciones que se experimentan por la mañana, al llegar el mediodía comienzan
a desaparecer los encantos, y con ellos a agotarse la paciencia del amante de
la Naturaleza.
La evaporación que a partir del mediodía se intensifica, el
calor, el sol, proporciona un olor a mangle húmedo, a corta¬dera mojada,
bastante desagradable, y a medida que avanza éste, van apareciendo las
mosquitadas, en las que tienen cum¬plida representación todos los individuos de
todas las fami¬lias existentes en Cuba; el cuadro se completa al obscurecer, y
ya al acostarse precipitadamente en la hamaca, el paciente amante de las
bellezas de la Naturaleza, el brillante despliegue de toda la corte de
mosquitos, hacen inútiles el mosquitero, los polvos y líquidos para éstos, y
cuantas precauciones pue¬dan tomarse contra sus picadas, haciendo insoportable
la no¬che en el interior de la Ciénaga.
En ruta por la Ciénaga.
—-ii
Los innumerables cayos, bajos y escollos que se manifies¬tan
en la zona occidental, a lo largo de todo el litoral de la Península, con sus
conocidos veriles, que demarcan sus place¬les principales, y la continuidad de
tierras sumergidas en toda ella, hasta la Isla de Pinos, hicieron pensar a los
observado¬res más remotos, en que otra debió de ser la configuración de este
pintoresco litoral, antes que tuviesen efecto estos grandes cambios geológicos
que en época relativamente mo¬derna de la historia del planeta sufrió nuestra
Isla.
La peculiar distribución de estos cayos y de los que rodean
la Isla en ambas costas, formando variados Archipiélagos; la situación de todas
las Antillas y su peculiar formación y pro- los Cronistas contemporáneos con la
Conquista, que debió existir cierta dependencia de origen, entre las tierras de
costa firme y las Antillas, y entre éstas y los innumerables cayos, bajos e
islotes que la rodean.
ximidad al Continente, demuestran, j así le apreciaron hasta
El venerable Padre Las Casas, apreciaba ya en tan remotos
tiempos, con gran intuición este problema, al expresar que:
‘ ‘... tenemos sospechas que la Isla de Cuba se apartó de
esta Espa¬ñola, cuya Punta que se llama Cabo ide San Nicolás, está frontero de
la Punta de Maisí en Cuba, habiendo solo en medio 18 leguas; lo mismo se
presume del postrero Cabo occidental de Cuiba, que se llama de' San An¬tonio, y
del Cabo Catoche de la tierra de Yucatán ..
Clavijero también se expresaba:
“En América, todos los que hayan observado con ojos
filosóficos la Península de Yucatán, no dudarán que su terreno ha sido lecho de
mar, en otro tiempo; y por el contrario en el Canal de Bahama, ee descubren
indicios, de haber estado unida la Isla de Cuba, al Continente de la
Florida...”
Fué siempre una preocupación para todos los hombres de
ciencia, el problema de la unión de las Antillas al Continente, en alguna
lejana época, y a medida que los progresos de la Ciencia Geológica, iban
extendiendo más su campo de investi¬gación, y perfeccionando sus procedimientos
de análisis; que la Paleontología pudo costituirse como Ciencia, y la
Arqueo¬logía surgir como importante auxiliar de la Prehistoria, el problema de
la unión de las Antillas al Continente adquirió verdadera importancia
científica.
La solución de este problema afectaba en alto grado
inte¬resantes cuestiones que con la Paleontología Antillana se re¬lacionaba;
aclaraba fundamentales principios de Prehistoria y establecía fijos y estables
derroteros en las invetigaciones Arqueológicas. ,
En lo que a Cuba se refiere, resolvía, múltiples cuestiones
fundamentales que a su constitución geológica, fauna y flora se refiere;
determinaba el importante punto de Prehistoria con respecto, al pase del hombre
paleolítico, y aunaba en cierto modo, culturas líticas, cuyas manifestaciones
ya se iban re¬colectando en los Museos, con las que existieron en lejanas
épocas en el Continente.
En los albores de nuestra cultura patria, este problema fué
motivo de grandes debates y polémicas; a partir del año 1836, las interesantes
observaciones del Barón de Humboldt, las de Taylor en 1862, Policarpo Cía en
1854, Rodríguez Ferrer en 1861, Fernández de Castro en 1862 y el gran Sabio
Felipe Poey en 1865, todos pudieron alcanzar como resultado de sus
investigaciones, fundamentales conclusiones, que resolvían afir-mativamente
esta cuestión que posteriormente el notable Maes¬tro Carlos de la Torre, ha
completado, con sus famosos estu¬dios y hallazgos.
La importancia que para los estudios arqueológicos y
pre¬históricos cubanos, presenta este problema era tan evidente, que en el
Congreso Internacional de Americanistas celebrado en Madrid el año 1881, fué
Tema de sus discusiones, adoptán¬dose después de interesantes debates, la
solución afirmativa.
Cruce por 1a Ciénaga.
La comprobación paleontológica a que se llegó, por el
ha¬llazgo de restos de mamíferos y edentados encontrados en su suelo, fué
concluyente, proporcionando tales pruebas, que con¬firmando las investigaciones
ejecutadas sobre la formación de los terrenos, permitieron anular cuantas
especulaciones teó¬ricas se mantenían aún, sobre la solución negativa.
Los notables estudios del Sabio Cubano Felipe Poey, sobre la
Fauna Malacozoológica Terrestre de Cuba y demás Islas, y sus análisis
comparativos, permitieron comprobar aún más si cabe, la solución continental
adoptada.
Las conclusiones del Sabio Poey, pueden resumirse en es¬ta
forma:
1?—La Fauna y Flora Cubana cuando Cuba estaba unida al
Conti¬nente, era muy 'distinta a la actual, como lo demuestran los restos fósi¬les,
de mamíferos, encontrados en su suelo.
2?—La Flora y Fauna existente, es peculiar de la Isla, y
desde los remotos tiempos en que la vida actual apareció en Cuba, ésta se
encon¬traba ya separada del Continente.
Sus estudios especiales sobre las Faunas Erpetológicas y
Malacozoológicas de Cuba, Bahama, Pinos, etc., pudieron lle¬varlo a la
conclusión siguiente: •
Cuba existió en una época formando parte del Continente, con
una Flora y Fauna determinada; desapareció luego parcialmente bajo las aguas y
emergió después con su configuración, Flora y Fauna determi¬nada.
En la actualidad está fuera de toda duda, y como hecho
científicamente probado se acepta, que Cuba formó parte del Continente, pues
las infinitas pruebas en apoyo de esta conclu¬sión son numerosás, y las
paleontológicas resultan indestruc¬tibles.
Sólo admitiendo la ligazón continental, se explica que se
encuentren en Cuba, en su suelo, tan perfectamente conserva¬dos, sin huellas de
arrastre alguno, restos de mamíferos que vivieron en la última época de los
terrenos Terciarios o al principio del Cuaternario en el Continente Americano.
El notable hallazgo del Doctor Carlos de la Torre en las
casimbas de Jatibonico, ha permitido poner punto final a las dudas que pudieran
aún mantenerse, y en un muy notable tra¬bajo, como obra al fin de este gran
cerebro, presentado al Congreso Americanista celebrado en Buenos Aires en 1910,
aiportó otras pruebas, cuyag deducciones son concluyentes.
En este Congreso, y mientra se discutía el trabajo del
Doctor La Torre, surgió un notable colaborador de su ideas; el ilustre
Paleontólogo Argentino Florentino Ameghino, de¬claró estar en un todo conforme,
con las deducciones alta¬mente científicas del Doctor La Torre.
El infatigable cuanto modesto Maestro Carlos de la Torre,
continuando sus notables investigaciones, ha podido presentar otras muchas
pruebas del origen continental de nuestra Isla;
y con claridad meridiana, en variados Congresos Científicos
celebrados, invariablemente ha presentado trabajos que con estos problemas se
relacionan, probando hasta la evi¬dencia la naturaleza continental cubana, en
ciertas remotas épocas de nuestra Historia Geológica.
A la par que le ha proporcionado a nuestra Patria, relieve y
gloria en el extranjero, ha podido el Doctor La Torre aportar a la Ciencia
Cubana, elementos de un gran valor probado, que constituyen una firme base, en
los estudios geológicos de nuestro suelo, estudios completamente abandonados
hoy en Cuba.
El Campamento General.
En todas estas cuestiones, así como en cuantas se refieren a
Prehistoria Cubana, el Doctor La Torre, ha laborado con entusiasmos y bríos,
nunca suficientemente apreciados en nues¬tra tierra, pero en cambio
perfectamente aquilatados en el extranjero.
No pueden tratarse estos problemas, sin mencionar el nom¬bre
del Doctor Carlos de la Torre; es orgullo de nuestra Pa¬tria. No podemos menos
de rendirle aquí, en este modesto Ensayo, un tributo de reconocida justicia,
manifestando que, cuanto en Cuba se ha ejecutado en este orden de estudios, se
debe a la personal gestión y esfuerzo de este Maestro, cuyo saber sólo es
comparable con su modestia.
En este aspecto, el nombre del DOCTOR CARLOS DE LA TORRE,
llena más de una página de la Historia de la “ Ciencia Cubana. ’7
Comprobada la unión de Cuba al Continente, en épocas
remotas, se ha facilitado grandemente la investigación geoló¬gica, solucionando
particulares que parecían inexplicables de otro modo. ■
Sentado este principio, comprobada la ligazón continen¬tal,
en una época geológica determinada, el despedazamiento posterior de la tierra,
la separación y emersión ya en un estado insular, tiene fácil explicación la
peculiar formación de los terrenos cubanos, y la distribución en orden cronoló
gico de las tierras a un lado y otro de este eje, hasta sus coistas en ambas
vertientes.
El contraste entre las áreas sumergidas y las emergidas en
todo el Mar Caribe y Golfo de México, fué la resultante de una serie de
trastornos, acaecidos en épocas ya perfecta¬mente determinadas.
Cuba, como Isla de carácter continental, debía tener des¬de
luego relaciones íntimas con aquél, desdé el punto de vista geológico,
fitográfico y zoográfico, y de ahí deriva precisa¬mente la importancia de su
ligazón.
Del estudio detenido de toda esa extensa área ocupada hoy
por las Antillas, Mar Caribe, América Central y Golfo de México, han deducido
los Geólogos, que las tierras actuales encerradas dentro de esa superficie,
constituyen los restos de un gran arco de plegamiento terciario, respecto de
cual el tras-país corresponde al Mar Caribe y el ante-país al Golfo de México y
tierras contiguas. Las dos mandíbulas se hun¬dieron totalmente, y aprecia el
Geólogo Suess, que las rocas sedimentarias del gran arco son Crétaceas y
Terciarias de los últimos períodos.
La naturaleza de las rocas que forman el espinazo de la Isla
se relacionan con las dos cadenas que partiendo del con¬tinente, seguían una a
través de las Antillas y la otra por la América Central, hasta unirse ambas en
Santo Domingo.
Por otra parte, la ligazón continental, explica la existencia
■de potentes manantiales,
en caudal y fuerza, que se manifiestan en zonas determinadas y que, cual los de
Vento, no pueden te¬ner un origen insular; surgen éstos en un terreno de formación
francamente Secundario (Cretáceo o Jurásico) y en todos sus alrededores, no existe una cuenca
suficientemente extensa, para que el producto de su área de afluencia, por la
cantidad •de lluvia anual, permita afluir el volumen que se manifiesta en.
Yento (1).
Nadie pone en duda ya que durante la época Secundaria en la
formación de los terrenos Jurásicos, existió un Istmo que unía Cuba con la
Florida, cuyos restos son actualmente los bajos que se manifiestan a partir de
esta Península; y confor¬me se explica la presencia de agua dulce en los
Canarreos y -en los Cayos que bordean la Península de Zapata, como aportes de
la Cuenca de Zapata, que la ligazón submarina conduce, puesto que ellos por su
poca extensión no pueden dar lugar a su formación, reconoce igual causa el gran
volumen y fuerza con que surgen los manantiales de Vento, aportes también de
una Cuenca extraña.
La ligazón continental'ha podido por otra parte resolver un
magno problema, que con el Hombre Paleolítico cubano se refiere.
Debido a ella, el Homo Cubensis, rama desprendida del tronco
Americano, pudo penetrar en Cuba, después del pri¬mer tercio de la época
pliócena, y antes de la época cuarta, merced a la conformación de las tierras,
en aquel lejano perío¬do, en que poniéndole frente a su camino, el de este
privile: giado vergel, permitió su paso, invadiendo sus tierras, acom¬pañado de
la fauna continental, algunos de cuyos restos fó¬siles han sido encontrados en
su suelo.
(1) , A pesar
de cuanto se ha sostenido en la Sociedad Cubana de -Ingenieros con respecto a
la procedencia de los manantiales de Vento, seguimos en esto como en otras
muchas cuestiones la opinión del sabio ■constructor
'del Acueducto. Ultimamente hemos recibido, procedentes de los Archivos Españoles, capia de' un Informe que rindieron varios Inge¬nieros
nombrados al comenzarse las obras, para que determinaran con respecto a su
viabilidad; y en éste, se discute el origen de los manantia¬les, decidiéndose
sus autores por la solución contraria.
Mientras no se nos demuestre que en la Provincia de la
Habana existe una Cuenca, de suficiente área, de altura determinada, para que
pueda embalsar el enorme caudal que se manifiesta en Vento, seguiremos
•considerando estos manantiales como procedentes de un aporte conti¬nental.
III
A pesar de las notables investigaciones ejecutadas por
di¬versos observadores en el suelo de Cuba, y los reconocimientos que en zonas
determinadas se han llevado a efecto por Geólo¬gos extranjeros (2), puede
asegurarse que la Historia Geoló¬gica de Cuba, está todavía en mantillas; y
esta aseveración tan concluyente no es obra nuestra, sino de cuantos hombres^
de ciencia de ella se han ocupado.
Los trabajos publicados sobre investigaciones geológicas del
suelo cubano, son poco numerosos, y si se cuentan los. estudios del Barón de
Humboldt, las observaciones del Inge¬niero Policarpo Cía, las Memorias del
Ingeniero Fernández de- Castro, y excluimos las del Doctor La Torre y algunos
inves¬tigadores americanos, nada puede citarse, fuera de una gran variedad de
datos aislados, dispersos y sin conexión posible- muchas veces, que se
encuentran publicados en varios Tra¬bajos, que a Cuba en general se han
dedicado.
Con sobrada razón decían en 1901 los Geólogos America¬nos,
Hay es, Yaughan y Spencer, en un Informe que sobre nuestra Geología emitieron,
condensados en breves estudios- del suelo de ciertas regiones, que por orden
del Gobierno Interventor llevaron a efecto, Informe que ha sido traducido
recientemente y publicado en la “Revista de Minas” por el competente compañero
y notable Ingeniero Pablo Ortega:
“Algunos Geólogos que han visitado Cuta, se han dedicado al
es¬’ ’tudio de lo que pudiera llamarse Geología Contemplativa, sacando de¬’
’duceiooes de datos insuficientes, j presentándonos una Historia esen- ’
’eialmente hipotética, por faltarles el fundameñto de los hechos más. '
'esenciales ”...
Efectivamente, mucho se ha especulado en este sentido,,
pretendiéndose formar la Historia Geológica de Cuba, basán¬dose sólo en datos
sacados de reconocimientos aislados y discon¬tinuos, de algunas zonas de su
territorio, cuando ésta, para.
(2) Reconstruction
of the Antillan Comtinent.—Buflijeitin of the Geological Soc. of Am.—IT. VII.
E. T. Hill. Notes on the Tenciary History of the Island of
Cuba. Am. J. of Science. No, 48 (1894).
J. W. Spencer.—G-eographicál Evolution of Cuba.—Bull.
Geologicat Soc. of Am. T_ VII. U. S. Geological Survey, Bull. 192 (1901 y 1902)
_
poder tener una verdadera base científica, requiere un
dete¬nido estudio de todas sus formaciones, su deslinde preciso, y localización
efectiva, en toda la extensión de la Isla.
Sin embargo, existen innumerables antecedentes valiosos,
resultado de investigaciones, especiales en algunas zonas de-terminadas, que
aclaran bastante, cuanto con la formación de ■ciertos
terrenos en la Isla se refieren, permitiendo, no formar la historia geológica
de ella, pero si comprobar la existencia de ciertas formaciones generales.
Campamentos en la Ciénaga
Los estudios aislados, han permitido sentar ciertas
premi¬sas interesantes, fundamentales, en una descripción general de los
terrenos cubanos, y obtener la seguridad de que en ellos .se encuentran
representados todas las grandes formaciones geológicas.
Sin localizarse de un modo general, para permitir
deslin¬darlas, han sido estudiados en Cuba, los terrenos primarios y
•secundarios bastante extensamente, mucho menos los tercia¬rios y casi nada los
cuaternarios, a pesar de su gran impor¬tancia en la Isla,’importancia, que le
proporciona no solamen¬te su gran extensión y mayor duración, en su formación,
sino la serie de fenómenos de trascendentes resultados que en Cuba, tuvieron
efecto, durante esta época.
Existen varias causas, a las cuales hay que atribuir el
atraso en que nos encontramos, con respecto a los estudios geológicos de
nuestra Isla; unos son consecuencia de la pe¬culiar formación del suelo, que
hace difícil su estudio, para los Ingenieros y otros dependen de la desidia y
abandono- conque los Gobiernos que se han sucedido en nuestra Patria, han
tratado siempre todos los problemas científicos.
Se presentan a veces ciertos terrenos cubanos, de manera tan
peculiar, que algunos que pertenecen a distintas forma¬ciones aparecen tan
litólogicamente iguales, que sólo un minu¬cioso estudio de sus fósiles, pueden
diferenciarlos.
En estos casos, se requiere un conocimiento paleontológico-
especial, para poder determinar y clasificar bien los fósiles, co¬nocimientos
que no poseen los Ingenieros Civiles, que por lo ge¬neral, dado su mayor
número, son los que investigan estos pro¬blemas y están más en contacto con el
suelo, por la diversidad de trabajos que ejecutan.
Aunque estos problemas debían ser resueltos por otras,
especialidades, por ser ellos ajenos por completo, a la prác¬tica del Ingeniero
Civil, lo poco numerosos que son en Cuba las especialidades a quienes
corresponde su estudio, obligan al Civil a ocuparse de estos trabajos.
La gran feracidad de nuestro suelo, es a veces también una
de esas causas, que dificulta más la determinación y es¬tudios de ciertos
terrenos; nuestro suelo cubierto por lo ge¬neral de un grueso manto de tierra
vegetal, impide en la mayoría de los casos, la observación de la roca
subyacente,, y sólo aprovechando cuando existen los desmontes en la zona,,
puede observarse la roca del subsuelo.
Los Profesionales en sus estudios de Ingeniería, tropiezan
pues, con verdaderos inconvenientes, al necesitar relacionar éstos con las
observaciones geológicas del suelo donde traba¬jan, por no existir en nuestra
tierra, un verdadero “Mapa Geológico”, de todo el territorio nacional que
simplificaría, la misión del Ingeniero en sus observaciones.
Este Mapa no puede ser formado más, que,' por los
organis¬mos oficiales; su extensa y costosa labor, la diversidad
de¬especialidades que requiere su formación, y el enorme trabajo- -que representa
su conjunto, determinan una serie de opera¬ciones de precisión, que no pueden
ser ejecutadas más que por los organismos oficiales.
A pesar de los 15 años largos que llevamos de República los
Cubanos, manejando nuestros propios asuntos, nada ha sido hecho por los
distintos Gobiernos que se han sucedido, para resolver estos problemas,
completamente terminados en todos los países civilizados.
I*a Costanera Norte.—Vista Exterior
La poderosa iniciativa oficial, sus actividades, han sido
siempre invertidas, en las luchas políticas, y en los problemas que como
consecuencia de ellas, nos hemos creado los Cu* baños.
La “Sociedad Cubana de Ingenieros”, ante una inercia tan
completa de nuestros Gobiernos propendiendo cual es su finalidad al
engrandecimiento de la Ciencia en Cuba, de- Taía fomentar la actividad
individual, estimulando cuantos es¬fuerzos tiendan a mejorar el actual atraso
en que por falta de apoyo oficial se encuentran algunas ramas científicas en el
País y especialmente ésta que nos ocupa.
' IY
La distribución de los Continentes y los Mares, en otras,
edades geológicas, era distinta indudablemente a la actual;.
las investigaciones geológicas, más recientes, y sobre todo
el estudio de los terrenos sedimentarios, demuestra que gran parte del
Continente Americano, estuvo anteriormente sumer¬gido en el mar, y que la
emersión de muchos territorios es relativamente moderna.
Ciertas zonas como la de las Antillas, en épocas diferentes
y distantes entre sí, fueron sumergidas varias veces y vueltas a emerger,
fenómeno probado, no sólo por los estudios geo¬lógicos sino por los de
geografía zoológica y botánica.
La distribución del Continente Americano durante la época
Secundaria, era muy peculiar. El Istmo de Panamá aún no había emergido,
encontrándose por consiguiente separadas ambas Américas, pero así como la del
Norte se hallaba unida a Europa, la del Sur al Africa, y dejaban entre ellas
una ex¬tensa depresión ocupada por el mar, que comprendía toda la América
Central y las Antillas, y el Mar Mediterrráneo en Europa.
No es ficción fantástica la creación de estos dos
continen¬tes, tal cual los hemos indicado, pues a los estudios geológicos
verificados, únense otros diversos que lo comprueban, sin gé¬nero de duda
alguna, y los Geólogos han podido reconstituir con bastante precisión en los
Mapas, las diversas configura¬ciones de la tierra en épocas distintas de su
historia, basán¬dose en el resultado que arroja la investigación geológica de
los terrenos.
La existencia de una sola é idéntica vida orgánica en el
Continente Europeo y Americano, por ejemplo, cuya flora y fauna son hoy tan
diferentes, ha permitido deducir la unión de ambos, que según tienden a
demostrar los estudios moder¬nos, estaba constituido por un Istmo, que separaba
las aguas Atlánticas del Mar Glaciar.
Este Istmo continental era según opinión de los más
no¬tables Geólogos, la famosa Atlántida de Platón, de cuyas tra¬diciones se
hizo eco con motivo de su desaparición, tradicio¬nes que modernamente han sido
posible comprobar que descan¬san sobre testimonios auténticos. *
Los famosos relatos de Solón a quien los Sacerdotes
Egip¬cios, revelaron la desaparición de ella 7.000 años A. C. y que
posteriormente Platón divulgó en su famosos “Diálogos”,
ha sido motivo de varias investigaciones, 110 dudándose ya
hoy de su existencia y desaparición posterior.
Durante la época Secundaria, en el período Jurásico,
exis¬tió según los Geólogos americanos, que de las Antillas se han ocupado, un
Istmo también que las unía entre sí y con ambos Continentes Americanos, Istmo
que partiendo de la Florida, seguía a través de ellas hasta las costas N. E.
del Continen¬te Sur.
Durante todo este período, el territorio cubano sufrió
gran¬des levantamientos, manifestándose la actividad erosiva po¬tentemente,
pero ya en el período siguiente (Cretáceo) se produjo un gran asentamiento, que
sumergió bajo las aguas del mar, casi todo el territorio Antillano, aunque su
profundi¬dad era bastante pequeña.
Sumidero y Río del Sábalo en la Península Occidental
Al llegar la época Terciaria, pródiga en fenómenos de
trascendentales resultados para América, las grandes revo¬luciones geológicas
que se suceden, dan nacimiento a nuestro continente, con una conformación de tierras
ya más próxima a la actual. Desaparece la ligazón que la mantenía unida al
viejo mundo, y surgen ya en el Mioceno, las tierras del Mar Caribe, que uniendo
las Antillas entre sí formaban una especie de¬Continente antillano.
Con variaciones en su territorio, más o menos importan¬tes,
se mantuvo todo el Continente antillano, del cual era Cuba parte integrante,
hasta llegar la época Cuartenaria, en la cual tuvo efecto el despedazamiento de
sus tierras, cataclis¬mo que le proporcionó a Cuba como hemos de ver, su actual
estado insular.
Este ligero bosquejo de Geología histórica del territorio de
las Antillas, nos ha de proporcionar luego, el poder rela¬cionar, los diversos
fenómenos acaecidos en Cuba, con log sufridos por toda la región, teniendo
fácil explicación de este modo, efectos cuyas causas tienen un origen más
general, y se relacionan en diverso modo, con los de toda la región.
Con los antecedentes suministrados por las diversas
obser¬vaciones de los terrenos cubanos, se han distribuido las dis¬tintas
formaciones que en su suelo aparecen, especialmente por los Geólogos españoles
de a mediados del Siglo XIX, y aunque ellas como hemos visto, no permiten un
deslinde pre¬ciso, que vendría en realidad a constituir el Mapa Geológico del
país, sí aportan valiosos antecedentes que dan una idea general de la formación
cubana.
Las rocas más antiguas, tanto las sedimentarias coma las
ígneas, se presentan en general a lo largo del eje o espinazo de la Isla,
mientras que las formaciones más recientes se ma¬nifiestan irregulares a. ambos
lados del eje.
Siguiendo a Humboldt, la constitución geológica de Cuba y en
general la de las Antillas todas, está reducida en lo esencial, a núcleos de
rocas hipogénicas, granitos y oftas, a cuyo alrededor se han ido acumulando capas
secundarias, terciarias y cuaternarias.
Esta particular distribución de las formaciones, donde
aflo¬ran en su más alto eje las rocas cristalinas o eruptivas, y se agrupan
alrededor en zonas concéntricas los terrenos sedi¬mentarios, siguiendo un orden
cronológico de formación, prue¬ba es que al emerger del fondo de los mares no
lo fué de un modo brusco, sino paulatinamente, para permitir la formación de
los terrenos que se sucedieron.
La Cuenca de Zapata, objeto de nuestro estudio, aparece
pertenecer, según el mapa de Fernández de Castro, a los terre¬nos Cuaternarios,
y aunque su propio autor declara, que el
Cuaternario cubano, no ha sido estudiado suficientemente, y
que las demarcaciones que en su plano aparecen, son simple¬mente de
conformación general, sin una localización precisa (3), no altera nuestro
estudio, su clasificación, que para mu¬chas zonas de la Cuenca no aceptamos.
Indudablemente, no todos los terrenos de la Cuenca de Zapata
son Cuartenarios, y siguiendo las investigaciones de distintos observadores,
resulta que los aluviones que se han formado en ciertas zonas de la Península
no descansan sobre formaciones cuaternarias, sino sobre terrenos terciarios.
Almacenes de Ventura en la Bahía de Cochinos.
La importancia de los terrenos Terciarios en Cuba, es
conocida, pues no sólo la extensión que ocupan, la abundancia de sus fósiles y
variadas circunstancias que en ellos concu¬rren, permiten asegurar que en
algiin tiempo debieron cubrir casi toda la superficie de la Isla, a juzgar por
lo que aún queda de ellos, no obstante las denudaciones que indudablemente han
sufrido (4).
(3) Congreso
Internacional de Americanistas.—Manuel Fernández
de Castro.—1881.
(4) Congreso
Internacional de Americanistas.—Rodríguez Ferrer.— 1881.
Al final de esta «poca, la Cuenca de Zapata, estaba
cons¬tituida por una extensa área de terrenos actualmente desapa¬recidos bajo
las aguas; la caliza cavernosa compacta que cons¬tituye el suelo de la
Península Oriental, formada por el sedimento que las aguas arrastraban, aguas
que posiblemente tenían un remoto origen continental, constituye en la
actua¬lidad el núcleo superior de la formación terciaria en esa re¬gión,
cubierto luego por aluviones modernos (5).
Era en esa remota época la hidrografía de la Cuenca muy
distinta a la actual; las grandes y variadas cavernas que se encuentran en toda
la Península Oriental, cuyo origen clara¬mente se manifiesta y que obedecen sin
duda alguna a las aguas acídulas de los grandes cursos que por ella circulaban,
que atacando la masa calcárea la horadaban y las cuales en época posterior la
abandonaron, da una idea aunque pálida de la enorme potencia de la red de avenamiento
y descarga de las aguas de la zona.
La Cuenca comprendía no sólo lo que actualmente queda sobre
las aguas en su litoral Sur, sino todos los Canarreos, Jardines y Jardinillos,
Isla de Pinos y el área ocupada hoy por la Ensenada de la Broa.
La actual ligazón subterránea entre los Cayos que la ro¬dean
y la Península, permite que se manifiesten en ellos, ma¬nantiales de agua
dulce, cuya procedencia es evidente.
Al llegar la época Cuaternaria los grandes sacudimientos * y
hudimientos que prepararon la invasión oceánica, como con¬secuencia de fuerzas
orgánicas y efectos de oscilación y cam¬bios de nivel, enlazados con la
actividad volcánica y subma¬rina, produjeron grandes modificaciones que
alteraron sensi¬blemente el territorio cubano, como hemos visto antes,
provo¬cando el despedazamiento de las tierras.
Hundido y fraccionado todo el espacio que media entre la
Boca del Orinoco y la porción saliente de la Florida, ocu¬padas por el
Continente Antillano, la invasión marina formó
(5) El terreno
Terciario de Cuba preséntase visible en todo el lito¬ral cuando no se encuentra
cubierto por las calizas madrepóricas del te¬rreno ¡moderno, por los aluviones
de éste, por los del Cuaternario y por el limo y ciénagas tan extensas por las
costas. Este terreno constituye el asiento y materia de los cayos e islotes que
la rodean, formándole como una cintura.—E. Pichardo.—Geografía de Cuba.
el seno mejicano, invadiendo con igual fuerza lo mismo las
partes más altas de Cuba que las más bajas, si bien aquéllas' «orno prominentes
se conservaron, causando la separación de la Isla de Pinos, que hasta el
período Pleistoceno había estado unida a Cuba, y formando la mayor parte de las
tierras ba¬jas que existen al Sur de la Península de Zapata y sus co¬nocidos
Placeles.
Constitución del suelo en la Finca Cabeza de Toro.—Península
oriental
En todo el espacio que ocupa el litoral Sur de las
Provin¬cias de Pinar del Río, Habana y Matanzas, como parte más baja, la
invasión occeánica dominó hasta el extremo de redu¬cirlas al estado angosto que
hoy presentan, sumergiendo las tierras bajas, y dejando como vestigio de ese
fenómeno, que tanto alteró su configuración, los innumerables Cayos, Ba-jos e
Islotes que hoy existen, ocupando toda la extensa área que demarcan las Islas
de San Felipe, al Sur de la Provincia de Pinar del Río, la de Pinos y el
Archipiélago de los Ca¬narreos.
De esta época data la Ensenada de la Broa, mucho mas moderna
que la Bahía de Cochinos (6), pues al formarse hizo desaparecer bajo las aguas,
las tierras a que pertenecía la Isla de Pinos y el espacia de mar que media
entre la Punta de San Cristóbal y el Cabo Francés.
La arista o cresta más elevada de las alturas situadas donde
se halla Cuba, se extendía no solamente, por lo que está des¬cubierto sobre las
aguas, sino también por todo lo que está perfectamente marcado, en los Veriles
de los cuatro grandes Placeles conocidos.
El Veril que existe frente a la Península de Zapata, es muy
pronunciado y está acentuado hacia la profundidad ex¬terior, mientras que el
interior por la costa, al presentar tan bajo fondo, denota la terminación de la
gran cresta, y que de allí bajaron violentamente para su base, en las
profudidades. ocupadas por el mar; pero éste al buscar su equilibrio, ocupó
también los puntos menos alzados que el interior, o cresta mayor corrida por el
centro longitudinal de la Isla, hallán¬dolas un poco más bajo que su nivel, a
tal extremo que sí el Mar del Sur, bajase frente a la Península, algunas brazas
solamente, desaparecería la actual configuración de toda la costa Sur de la
Península de Zapata (7).
Como testigo de los fenómenos geológicos acaecidos en una
remota fecha y del trabajo de disociación de las aguas, quedan innumerables y
ejemplares comprobaciones, vestigios característicos de sus efectos en toda la
Cuenca de Zapata.
Los violentos movimientos del suelo, que alteraron su
re¬lieve y originaron fracturas y hundimientos, se manifiestan en alto grado en
la región oriental de la Ciénaga, en toda la faja comprendida entre la Bahía de
Cochinos y Cienfuegos.
En toda esa región el suelo está constituido por un
haci¬namiento deforme de rocas compactas de gran volumen, res¬quebrajadas en
todos sentidos; las cuevas son numerosas y los derrumbes y hundimientos muy
frecuentes (8).
(6) No
sabemos por qué el señor Fort y Roldan en su obra titulada Cuba Indígena, llama
esta Bahía, la moderna Bahía de Cochinos. Al contrario, Cochinos como veremos
es más antigua que Cienfuegos y la Broa,
(7) Esteban
Pichardo.—Geografía de Cuba.
(8) Alejo H.
Lanier.—Estudio Geo-Topográfico de la Región de Cienfuegos.
La irrupción marina dió origen a los Canarreos, que
pos¬teriormente los corales levantan gradualmente; a la Ensenada de la Broa; a
las lagunas salinas del S. E. de la Penín¬sula y a las marismas de toda su
costanera, dejando iniciado el relieve actual de Zapata.
En todo su litoral quedaron los Placeles que demarcan sus
veriles, y en éstos tuvieron lugar la formación de los innumerables Cayos,
Bajos e Islotes que hoy forman los Ca¬narreos.
I«a Bahía de Cochinos y el Caletón Ventura.
Sobre su base se establecieron miríadas de animalitos
ge¬latinosos, casi todos invisibles a simple vista los cuales por medio del
licor calcáreo que segregan, construyeron colme¬nas sólidas y de variadas
formas; la sucesión indefinida de este proceso, ha creado infinitas islas, en
forma de arrecifes ma¬drepóricos y bosques de corales.
Cubiertos por las aguas al principio, lo han sido también
por el guano que depositaban millones de pájaros pescado¬res, que de ellos
hicieron su refugio, no tardando en fin en aparecer una vegetación lozana,
elevándose su suelo cada vez más, por los restos vegetales y constituyendo
luego, gracias ■a la labor
de esos insignificantes seres, archipiélagos que
em-bellecen los mares.
El sabio Humboldt que reconoció casi todos los Cayos del
Archipiélago de los Canarreos, en una excursión dilatada por las costas del Sur
de la Isla, opina que es sobre la caliza terciaria donde los corales han
fabricado sus colonias ele¬vando el nivel del suelo (9).
En su obra Ensayo Político y aludiendo a la visita a Ba- tabanó
en aquella fecha, dice:
En la época de mi visita a Batabanó se creía que el mar
seguía ganando terreno en aquellas regiones (10) y que la irrupción occeánica
se había conocido ¡porticularmente, en la época 'del gran trastorno que se
verificó a fines del Siglo XVill, cuando el río Almendares mudó su curso (11).
El conjunto de fenómenos que venimos describiendo,
al¬teraron como es consiguiente la configuración de la Cuenca; al cambio de
litoral, subida de nivel del mar, y avance del agua, correspondió como es
natural el descenso del terreno, formándose por anegación de los valles que hoy
ocupan la Ensenada-de la Broa y Cienfuegos, sus correspondientes Ba¬hías.
Desaparecieron los primitivos cursos de agua, y ha deja¬do
huellas muy visibles, el que anites desembocaba en la Bahía de Cochinos, cuyo
cauce fué posteriormente cubierto por el aluvión, y que pudo ser reconocido al
trazarse el Canal de Yebra.
(9) No debe
confundirse con el Jurásico calizo de Güines, una for¬mación moderna, que puede
creerse que -crece todavía en nuestro tiem¬po como son los hacinamientos
calizos <jue he visto en los Cayos e Islotes que rodean la costa entre
Batabanó y Jagua, principalmente al Sur de la Ciénaga de Zapata. Ensayo
Político sobre Cuba.—Barón de Hum¬boldt.
(10) En las costas
del Continente Americano, han ocurrido impor¬tantes variaciones desde la época
del Descubrimiento hasta nuestros días. Las costas E. de la América
Septentrional, «e deprimen hundiéndose en el mar desde las regiones del Golfo
de Baffin hasta la Florida; los pro¬montorios van sumergiéndose ipoco a poco, y
el mar avanzando tierra adentro, modificándose considerablemente de un siglo a
otro la dispo-sición del litoral. En las oscilaciones que se observan en las
tierras del Mar de las Antillas, los lentes fenómenos de levantamientos y
hundi¬mientos, están complicados con continuos movimientos volcánicos
(En¬ciclopedia Espasa).
(11) Llama la
atención que un fenómeno que originó un hecho tan trascendental como es el
cambio de curso de un río tan conocido como el Almendares, no se consigne en
las crónicas históricas de la época. -
En el interior de la Cuenca todos estos cambios influyeron
notablemente en ella.
Las modificaciones de nivel en el mar, convirtieron
terre¬nos que fácilmente desaguaban en tierras de lento desagüe. Esta evolución
geo-física, así como los cambios climatológicos que acarrea, ocasionó un
trastorno completo en la hidrografía de Zapata, a tal extremo, que de una
Cuenca totalmente abier¬ta, hizo una cerrada parcialmente.
Excursionistas y Cienegueros.
— Y ■
La Cuenca de Zapata, queda dividida en dos partes
desi¬guales por la profunda y amplia Bahía de Cochinos (12). Son completamente
diferentes, no sólo en extensión y aspecto, sino ■en
calidad y constitución, los terrenos de esta Cuenca en
toda su parte Sur; la porción occidental forma una Península de caprichosos
contornos entre la Ensenada de la Broa y la Bahía de Cochinos, orillándola por
el Sur un placel continuo, interrumpido por infinidad de Cayos.
(12) Con razón
dice Pichardo en su Diccionario Provincial, que es ain error llamar esta Bahía,
Ensenada de Cochinos.
El suelo bastante estéril en esa región, está constituido
por una roca denominada de múcara ferruginosa, conocida en la Isla como caliza
de seboruco o diente de perro.
La región oriental es más estrecha y de menor superficie, y
su suelo es más fértil que el de la región vecina. Constituido en -ciertos
lugares por un hacinamiento de rocas compactas, requebrajadas en todos
sentidos, permite, en el resto de ella la gruesa capa de aluviones que insiste
sobre la roca, y le proporciona capa vegetal, la fertilidad de sus terrenos.
Es notable la región donde el suelo se presenta constituido
por ese hacinamiento deforme de rocas requebrajadas, que dan una idea clara de
la potente conmoción que en un tiem¬po sufrió aquel suelo; su color, fracturas,
y hasta constitu¬ción litológica, dan a entender que son producto de alguna
violenta acción, de una conmoción profunda, que alteró sen-siblemente el
relieve de aquel terreno.
Contemplándolas desde cierta distancia, hacen la impre¬sión
que todavía están calientes, y un estudio detenido de ollas daría gran luz
sobre sus formaciones.
Aquel suelo tan conmovido y trastornado, aquellas rocas,
enormes requebrajadas en todos sentidos, hacinadas en defor¬mes e irregulares
montones, como obra de algún cíclope deso¬cupado, producen la impresión de
algún violento cataclismo de una potencia suprema. Este terreno se encuentra
locali¬zado dentro de las fincas Bartolina, Quemado Grande, Coco-drilos y
Cabeza de Toro, con una superficie aproximada de
3,0 caballerías.
Dentro de la finca Cocodrilos, existe un camino que del
asiento se dirige a una Caleta en la Costa, Embarcadero de ella, que es un
verdadero vía cruxis para el caminante; corta un despeñadero, donde está muy
bien caracterizado el nom¬bre que los cienegueros le han puesto: Paso de la
Cuchilla del Infierno.
Al recorrer este camino se recibe la sensación viva del
fuego, de la fusión de las materias pétreas y al cruzar la Cu¬chilla a pie,
parece que el terreno quema, que el suelo está ardiendo, impresión que se
aumenta con el aspecto de las- rocas, coloreadas, como si hubiesen estado
sometidas a un fuego intenso.
En el camino o vereda que de la finca Cocodrilos se dirige a
Quemado Grande, los hundimientos de suelo son notables, y uno de ellos de gran
superficie, ha permitido alumbrar un po¬tente manantial sulfuroso.
Frente a la finca Cayo Espino en la costanera Norte de la
región, pero dentro de la Ciénaga, separada de sus costaneras, algunos
kilómetros, existe un Cayo denominado del Boquete,, donde un extenso hundimiento
ha formado un enorme sumi¬dero.
Canal de Yebra en Ventura
En Caleta Nueva, San Blas, Jiquí y Ventura, existen enor¬mes
áreas de terrenos hundidos, profundamente, y a través de ellos se ven circular
potentes sistemas hidrográficos.
Los manantiales sulfurosos son importantes en toda la
región, pero el que brota en el Cayo Grande, finca Mijalito, costanera Norte,
es muy notable por su volumen.
Manifestaciones de azufre son corrientes en toda la Cié¬naga
y se dice sin que lo hubiéramos podido comprobar, que fie ha encontrado en ella
piedra pómez.
La propia Bahía de Cochinos, con sus grandes y acantila¬das
costaneras del Este, sobre todo en el litoral de la finca
Jiquí, demuestra que la depresión ocupada por el agua de la
Bahía, no es producto de la erosión, causada por los ríos que desembocaron en
el mar, durante un período geológico reciente, cuando la tierra estaba más
elevada que ahora.
La Bahía de Cochinos con sus grandes profundidades, con sus
cantiles tan cortados casi a plomo, limitando una zona de tierras sumergidas y
poco profundas, y a partir de la cual el mar es ya limpio y profundo, demuestra
que es una enorme escotadura, antigua, de origen primitivo, posiblemente algún
trastorno geológico sumergió el valle ocupado por sus aguas.
Nuestra Tienda de Campiña,
La Bahía de Cienfuegos, en cambio, claramente demuestra que
es una cuenca anegada o inundada cuando la irrupción marina, cuenca formada por
un Valle de erosión, cuando los ríos que desembocaban en el mar la formaron.
La zona occidental está constituida en cambio por un suelo
de caliza easimbosa, diente de perro, donde claramente se manifiestan los
fenómenos erosivos, a cuya causa hay que acha¬car el barrido de las materias
terrosas desintegradas de las rocas y que antes llenaban sus huecos y
cavidades.
Sus extensas sabanas son monótonas y tristes, constrastando
su pobre vegetación con la exhuberante de la zona contigua.
Todo su suelo está constituido por la piedra conocida por
arrecife o seboruco como hemos dicho, roca que según Hum- boldt pertenece en
esta zona al calizo jurásico, poroso o com¬pacto, que se extiende en una gran
parte de la superficie de la Isla, hasta las cúspides de las montañas más
elevadas, y por debajo de los mares, donde saliendo a flor de agua, se designa
con el nombre de múcaras.
Batido por las olas se ennegrece y perfora, aumentando su
aspecto esponjoso, y sus puntas, que le hacen semejarse a dientes de perro.
Sobre este terreno se han formado luego en los Cayos, los hacinamientos
calizos, madrepóricos y coralí¬feros que tanto embellecen la porción Sur del
litoral.
Sabana de Cazones. -Península Occidental
Toda esta Península presenta el suelo denudado, formando
grandes sabanas, dilatadas, estériles, resecas, pues después de desaparecido el
monte primitivo que lo cubría, sólo queda el espartillo y yabuna en grandes
colchones.
En algunas partes como en Santo Tomás y Tasajera, el
seboruco cavernoso, presenta sus oquedades lleno de tierra vegetal, lo que
permite una vegetación más potente, pero en
el resto en cambio, el aspecto es desolador por la falta
com¬pleta de ella. .
Sin embargo en ambas Penínsulas, la gran extensión de sus
tierras, hacen que se encuentren muy variadas, y los ciene- gueros tienen una
serie de principios muy curiosos para distin¬guir la buena de la mala tierra.
Dicen ellos que si la palma es grande, la yagua grande, la
penca abundante de hojuelas y toda ella muy verde y loza¬na, la tierra es
buena; pero si la palma es larga, pobre de guano y amarillenta, el terreno es
muy malo.
El almacigo de color de cobre rojo, indica buéna tierra y .
mala cuando es verdoso y oxidado. La ceiba, el naranjo (en toda la Península
oriental hay numerosas matas de naranjos silvestres), el yamao, el jobo, la
macagua, no abundan en tierras malas.
El monte charraboscoso, o aquel donde abunden cualquier
clase de palma que no sea la real, indican mal terreno, así como donde hay
guairaje, yaities, manajues, guaos, y en ge¬neral arbustos de madera tenaz o
resinosa.
El guatinú, la jutía, la hormiga muerde-huye y el camaleón
anuncian feracidad; la higuana, el guanú, el carpintero real y la hormiga brava
son de terrenos áridos.
Hasta donde son ciertas estas indicaciones, no lo sabemos;
pero todos ellos le prestan gran fe a estos indicios.
VI
El estudio de las cuevas, grutas y cavernas constituye hoy
una rama especial importante de la Geología, y las de¬ducciones que su
investigación proporcionan, son muy inte¬resantes.
Bajo el aspecto arqueológico, las cuevas caracterizan una
época prehistórica definida, y los Trogloditas, nombre con que se designan sus
ocupantes, han marcado un período es¬pecial caracterizado en la industria de
los objetos en ellas en¬contrados.
Desde los tiempos cuaternarios los europeos habitaron las
cavernas (13) formadas naturalmente o agrandadas artifi-
(13) L ’
Amerique Prehistorique par el Marquis de Nadillac.
eialmente, a medida que sus necesidades aumentaban. Las
cavernas del centro de Francia y Bélgica entre otras, han proporcionado la
prueba más cierta y más interesante de la existencia de esos hombres, de sus
hábitos, de su vida diaria.
En América, parece que las cuevas han sido por lo gene¬ral
utilizadas, como lugares de sepultura, durante tiempos difíciles de comprobar.
En Cuba, son muy abundantes las cuevas, y por sus belle¬zas
naturales, son de renombre mundial algunas de ellas. Bajo el aspecto
arqueológico, algunas como las del Purial, en Sancti- Spíritus, han
proporcionado grandes hallazgos.
Cruce en bote por la costanera interior de la Ciénaga.
El sistema geológico de Cuba, calcáreo por lo general, y en
cuyas formaciones dominan más que en otros, las cuevas o cavidades
subterráneas, los derrumbes y las filtraciones, ofre¬cen una porción de
cavernas, que llaman la atención por su extensión y profundidad, por los lagos
que se notan en su fondo, y por la limpieza de sus concreciones calcáreas.
Las cuevas de Zapata, muy numerosas en la zona oriental,
manifiestan las aguas corrientes que han llevado en su seno, allá en tiempos
remotos, por la concavidad de sus huecos en la piedra, y que al desaparecer
luego obedeciendo causas cuyas huellas abundan tanto en esta zona, como hemos
visto, han
dejado en seco sus antiguos cursos que han venido a ser
lue¬go las cuevas y cavernas, algunas de difícil acceso, en toda la porción
comprendida entre la Bahía de Cienfuegos y la Laguna del Tesoro.
Todas estas cuevas, cautivan por su majestuosa belleza; por
su aspecto misterioso, y se baja a ellas, tal es lo que im¬presionan, con
fervor casi religioso, por bocas en la mayor parte estrechas y de penoso
acceso.
Muchas son inabordables; tal parece que la Naturaleza avara
de sus bellezas internas, sintiese miedo de mostrar al hombre ávido siempre por
destruir, sus secretos más preciados.
A los pocos pasos de entrar, ee siente el observador
trans¬portado a un mundo extraño: mundo de misterios ocultos y de tenebrosas
sensaciones.
Caminando por sus pasajes, el aire húmedo cala los hue¬sos,
y el enrarecimiento y la falta de luz, parece que dificultan la respiración,
conservándose un ambiente agrio, raro y que impresiona. Mucho se vacila antes
de seguir caminando por las obscuras galerías.
El remoto murmullo del agua, repercute de un modo es¬pecial
en los sentidos, y si el observador se deja llevar de sus impresiones, siéntese
pavor a continuar la excursión.
Los ruidos dentro suenan muy distintos y a veces se
ase¬mejan a quejumbrosos quejidos de seres invisibles y hasta los propios pasos
al tropezar con la roca, repercutiendo en las bóvedas producen cierto eco
prolongado, que dicen los cienegueros, que es la protesta airada del genio que
en ellas mora.
Dentro de la cueva, todos los objetos adquieren formas
fantásticas; cualquier vulgar e inofensivo orificio, tallado por el agua en la
roca, se nos antoja abismo insondable; las con¬creciones calcáreas, parecen
majestuosas representaciones ar¬quitectónicas, ruinas soberbias de alguna
mitológica residen¬cia, y todo el conjunto en fin, impresionan fuertemente al
hombre más resuelto.
El temor a lo desconocido es innato en el hombre; nadie se
atreve a entrar solo en una cueva por muy accesible y co¬nocida que su ruta
sea, y los cienegueros de esa zona, se nie¬gan en lo absoluto a penetrar en
ellas, manifestando que no
tienen que perturbar para nada el reposo de los Genios que
las habitan. Nuestro práctico nos decía, que le traería des¬gracia el habernos
acompañad^ en algunas, ya que por expe¬riencia sabía, que siempre tenían
fatales consecuencias, todo lo que fuese perturbar el reposo de la muerte.
Este temor se explica bien; nos ha acontecido el tener
necesidad de quedarnos solos por breves momentos en un sa¬lón de la misteriosa
Cueva del Cavildo en la finca Los Hondo¬nes, y nadie es capaz de imaginar la
diversidad de impresio¬nes, que esa instantánea soledad nos produjo.
En la finca Ponce existe una cueva, de un desarrollo enorme,
todavía no explorada, llamada la Cueva Atravesada, y las pocas galerías que
pudimos recorrer, nos dieron la impresión de fabulosos palacios, alumbrados
tenuemente por la luz zeni- tal que sus oquedades dejan penetrar.
La cueva de Don Federico Alonso perteneciente a la finca
Bartolina, lugar donde la tradición cuenta un hecho legenda¬rio, atribuido a
este Mayoral, posee bellas y limpias estalac¬titas, que pueden muy bien
competir con las de Bellamar. Tie¬ne un inmenso desarrollo todavía no
recorrido. Por ningún dinero se encuentra un cieneguero, que se preste a
acompa¬ñar al observador a través de sus intrincados pasajes: temen a Don
Federico, que por lo general según ellos, se encuentra reposando el almuerzo,
en un tronco secular, que existe en la segunda sala, y no se acercan ni por su
entrada, la cual ade¬más es bastante inaccesible por encontrarse en medio de un
tupido monte.
La cueva del Convento en la .finca Bartolina es grandiosa ;
celdas extensas, corredores brillantemente iluminados, capi¬llas donde parecen
encontrarse ornamentos de la iglesia, alta¬res y púlpitos; cementerios para las
monjas, todo se asemeja tan perfectamente al interior de un gran Convento, que
el observador sin conocer los nombres de las salas puede irlos mencionando, sin
temor a equivocarse; también la tradición consigna una legenda muy curiosa en
esta cueva.
Todas ellas, son relativamente modernas, como si dijéra¬mos,
dentro del insondable pasado que constituye la historia de nuestra Isla.
Cuidadosamente las hemos recorrido la mayor parte de ellas,
pensando que esos antros eran refugio de nuestros an¬tecesores primitivos. En
ellas vivieron nuestros abuelos (14) y si se buscase con detenimiento, si se
excavase bien el suelo de esas grutas, labor que no pudimos nosotros llevar a
cabo por la premura de los trabajos profesionales, se encontrarían en los
depósitos calcáreos rellenos de guano de murciélago muchas veces, las cenizas y
el carbón del antiguo' y prehistórico ho¬gar cubano, junto con los restos de
comidas y festines de aque¬llos lejanos parientes, y si la suerte acompaña al
investigador paciente hasta sus armas, y objetos de uso diario, que con sus
restos, proporcionarían una completa idea del vivir crio¬llo en aquellas
remotas épocas.
Todas estas cuevas han servido indudablemente de refugio al
hombre primitivo cubano, al troglodita de lejanas épocas, y aún todavía en
tiempos de la Conquista, los españoles en¬contraron viviendo en ellas a los
habitantes de la región oc¬cidental de Cuba.
El culto cubano doctor Francisco Jimeno, en una notable
conferencia, pronunciada en la Academia de Ciencias de la Habana, titulada
Período Prehistórico Cubano (1893) decía:
“Si se registrasen nuestras cavernas, que tanto abundan, e
hiciéran- se excavaciones rompiendo la caipa estalactítica que cubre su suelo y
entapiza sus paredes, cuyo espesor llega muchas veces a 30 y 40 centí¬metros,
encontraríanse depósitos de acarreo en que sin duda deben con¬tenerse restos de
la fauna cuaternaria, juntamente con los del hombre su coetáneo y de su
primitiva industria”...
La mayor parte de las cuevas cubanas han permanecido sin
embargo, sin ser estudiadas y reconocidas y sólo las pocas que se ofrecieron en
la ruta de las investigaciones de los doc¬tores La Torre y Montané, en la
región oriental, han sido investigadas con verdadera atención, por estos cultos
profe¬sores.
(14) En las
Antigüedades Cubanas por José María de la Tone,
publicadas en las Memorias de la Sociedad Económica de
Amigos del País en el año 1878, decía este meritísimo cubano, refiriéndose a
las cuevas: “Los Siboneyes acostumbraban a habitar las cuevas y voy a
"referir algunas de las muchas noticias que he podido reunir. En la ’
'Hacienda Bañes, jurisdicción de Holguín, existe una cueva notable ’'principalmente
por ofrecer en uno de sus dilatados salones, varios pe¬’ ’ñascos, que sólo la
mano del hombre ayudado de su industria, pudiera ’'haberlos labrado de 'manera
que sirviera para sus usos domésticos”...
Las infinitas cavernas que existen por todo el país, perma¬necen
sin que el hombre de ciencia, las haya investigado y todavía en su seno guardan
los tradicionales restos Siboney, objeto de tantas leyendas por los campos, los
vestigios de «u paso y sobre todo los recuerdos de toda una raza ya cruel¬mente
extinguida por el inhumano dominador...
VII
En en el centro de la Cuenca anegada hoy por la gran Ciénaga
de Zapata, existe una depresión, una hondonada muy profunda de forma
ligeramente ovalada, de diámetro mayor •de cinco kilómetros, ocupada por la
Laguna del Tesoro.
Todos los antiguos autores al tratar de esta laguna, la
mayor de Cuba, la designan con calificativos de cierta gran¬deza (15)
describiéndola con cierto respeto supersticioso.
Su emplazamiento en el centro de una ciénaga intransi¬table
hoy, hace muy dificultoso el acceso a la laguna, sólo •conocida por los
cienegueros de la región y por algunos In¬genieros que fuera de nosotros en
labor profesional, la han "visitado (16).
Su inaccesible situación, extensión de su limpia sabana de ■agua y la belleza de los
terrenos que la contienen, le propor¬cionan cierta notoriedad, que viene a
aumentar, la leyenda ■que
dio origen a su nombre.
Al conjuro patriótico de Hatuey, el bravo cacique de Gua-
haba, primer mártir de la libertad cubana, y oriundo como el
(lo) Pezuela en
su Dic. Geog. Tomo 2, dice: Laguna del Tesoro: -extensa laguna hacia el
principio oriental de la Ciénaga de Zapata; re¬cibe el caudaloso río de la
Hanábana. Está al N. de la Ensenada de Cochinos y es insondable.
(16) A mediados
del siglo XIX el Ingeniero Cadalso la visitó en estu¬dios del Ferrocarril de
Navajas a, Cienfuegos. A principios del XX el Ingeniero Lombillo Clark estuvo
varios días en sus márgenes en explo¬ración de reconocimiento de la Ciénaga.
Hace cuatro o cinco años el Cónsul Americano en la Habana,
acom¬pañado de los señores Maximino Yebra y Segundo Lopo la visitaron con
grandes dificultades.
En uno de los viajes que tuvimos necesidad de hacer a ella,
nos acom¬pañó el ilustre Sociólogo Femando Ortiz, y hay que oirle contar a
nues¬tro simpático amigo las penalidades sin límites que sufrió con un valor a
toda prueba.
En viaje para el Tesoro.—Transborde en plena Ciénaga.
Libertador Máximo Gómez, de Santo Domingo, los siboneyes. de
los cacicazgos de Yaguaramas y Hanamana, concurrieron a ella para arrojar en
sus aguas, como ofrenda a los Dioses, el oro que tenían y que con tanto afán
buscaban los conquis¬tadores; y para evitar que cayera en manos tan odiadas los
reverenciados atributos de sus Semies, que en su mayor parte eran de oro, los
arrojaron a la laguna, creyendo que mejor
guardados estarían bajo el mahto protector de sus aguas, que
en las manos de los fieros conquistadores. Este hecho his¬tórico le proporcionó
el nombre a la laguna.
Cuando proyectábamos el primer viaje a ella, con objeto de
sondearla y referir sus varias profundidades a la línea ge¬neral de nivel que
llevábamos en la Ciénaga, nos preocupó grandemente esa antigua creencia de su
enorme profundi¬dad (17).
laguna del Tesoro.—Cayo Cocodrilo.
Al sondearla pudimos confirmar su gran profundidad, pues
sólo de agua encontramos seis metros, siendo insuficiente la «onda de diez que
llevábamos para alcanzar el fondo, en mu¬chos lugares, fondo cubierto de una
gruesa capa de cieno y •detritus de variadas clases.
Si se estudian detenidamente algunos particulares que se
refieren a la especial situación y formación de la laguna, po¬drán quizás
obtenerse algunas conclusiones interesantes .
La laguna está emplazada en la parte más alta de la línea
del thalweg y a partir de ella tanto hacia el Este como al Oeste, va el terreno
bajando insensiblemente. Sus márgenes se encuentran a dos metros sobre el nivel
medio del mar. La Toca del subsuelo, que en casi toda la Ciénaga dista de la
su-
(17) En el
Abismo conocido por Laguna del Tesoro, son difonmes los cocodrilos.—
(Pichardo.—Dic. Geo.)
Los pozos naturales abundan igualmente-, unos de gran boca,
otros muy profundos y el agua casi a flor de tierra; otros menguan y crecen
•con la marea, no obstante ser de agua dulce; admira esa profundidad de tantos
que azulean como los de las Haciendas San Mateo, Ciénaga de Zapata, Laguna del
Tesoro y otros cuyo fondo no alcanza la sonda.— {Geografía de Cuba,—E.
Pichardo).
perñcie de 3 a 5 metros, se halla en la laguna a profundidades
bastante grandes.
Todos estos antecedentes nos prueban, que la Laguna del
Tesoro, no está constituida por un embalse de agua acumula¬da en una ligera
depresión del terreno, que el entarquina- miento de la Ciénaga evita salir,
sino que ella ocupa un ver¬dadero hundimiento, extenso en área y muy profundo,
produ¬cido por una potente manifestación subterránea que alteró grandemente el
relieve del suelo en aquella zona.
Los aluviones y detritus de que están cubiertas las capas
del fondo, tienen un gran espesor, que si se pudieran medir permitirían fijar
tiempo a ese fenómeno local que le dió origen.
Vadeando un mal paso en Cayo Manglar.
Otro hecho interesante se desprende del estudio y son¬deo de
la laguna; el plegamiento que formó la cuenca no alte¬ró sensiblemente la
conformación de los estratos que consti¬tuyen las márgenes de la laguna.
La forma regular, emplazamiento, profundidad, distancia a
que se encuentra la roca en comparación con el resto de la. cuenca,
necesariamente hacen pensar en un origen más tras¬cendental que el que
ordinariamente forman los embalses su¬perficiales en nuestra Isla.
Además la naturaleza cavernosa de toda la zona donde -se
encuentra emplazada la laguna, hace pensar que posible¬mente ella se manifestó
al exterior debido a un hundimiento •de la bóveda que la cubría, hundimiento
que tiene que haberse verificado por las observaciones mencionadas, cuando el
enér¬gico plegamiento de los estratos de la zona, le dió la forma de hoyada que
tienen; estos fenómenos deben de haber sido sin¬crónicos, dado que aquél no
alteró la constitución de éste.
Ocupada por el agua esta depresión, vino a constituir un
receptor de los ríos Hanábana, Yaguaramas y Santa Fe, en períodos posteriores,
al formar conjuntamente el sistema hidro¬gráfico superficial de la cuenca,
mucho menos importante que el subterráneo que en sus terrenos se manifiesta, y
que en los múltiples hundimientos que continuamente en la zona se su¬ceden,
ponen de relieve, en caudales inagotables y en poten¬cia grande, dando
nacimiento muchas veces a manantiales considerables que se distribuyen en toda
su área.
VIH
A la formación de la Laguna del Tesoro, sucedió
posterior¬mente la del río Hatiguanico, que naciendo en ella, abrió su cauce en
la línea de thalweg de la cuenca y recogiendo las -aguas procedentes de los
desbordes del Tesoro, modeló por decirlo así, su curso, estableciendo la primer
línea de desagüe •de la hoyada.
Los ríos no son sino colectores principales de drenaje,
re-concentraciones de las aguas difusas, en los thalwegs o va¬guadas de las
cuencas, y este carácter asumió el Hatiguanico, tan pronto quedó libre su curso
hasta el mar, iniciando la línea de descarga de las aguas que afluían de las
regiones supe¬riores.
Consecuencia de su formación o encauzamiento fué asi¬mismo
la de sus tributarios, especialmente del Guareira, Ne- .gro, Gonzalo, Hayaboque
y otros, que constituyeron entre to¬dos la red de avenamiento del desagüe para
toda la zona.
La mayor parte de los afluentes del Hatigranico, han
des¬aparecido hoy bajo la Ciénaga y sólo existen los que se en¬cuentran
situados cerca de su desembocadura.
Antes que el Hatiguanico pudiera terminar su trabajo de
encauzamiento hasta el mar, las aguas estaban sometidas a. un estancamiento en
los parajes más bajos de la hoyada y teniendo en cuenta la forma y naturaleza
caliza de ella, el ácido carbónico del agua atacándola, abrió nuevos desagües a
través de furnias, sumideros y pozos .
El Río Gonzálo en la Ciénaga.
La Ciénaga está cuajada materialmente de sumideros y furnias
y especialmente en la región oriental el suelo descan¬sa sobre una bóveda de
piedra por dentro de la cual circula un completo sistema hidrográfico
subterráneo que algunas veces, hundimientos del terreno hacen aparecer
superficialmente. En la Bahía de Cochinos, en la de Cienfuegos, en los Cayos-
Diego Pérez, Flamencos, Don Cristóbal, Piedra, etc., y en ge¬neral en casi toda
la zona, numerosos manantiales que allí surgen son manifestaciones del potente
raudal subterráneo.
La existencia del manto subterráneo que tal vez pudiera,
aprovecharse como vehículo de desagüe, es innegable y si bien algunos
manantiales proceden sin duda alguna de su propia cuenca, otros son aportes
subterráneos de extrañas cuencas,, como muy bien puede suceder con el potente
brote que surge?
en la Caleta Bosario, en la Bahía de Cochinos y que a pesar
de «star sometido a una presión debida a una carga de agua ma¬yor de cinco
metros de altura, la vence y brota manifestándo¬se en la superficie del mar. El
desnivel existente entre los te¬rrenos más altos de la cuenca y el necesario
para que éste ■surja con
esa fuerza, nos hace pensar sea ésta su
procedencia.
Interiormente en plena Ciénaga se manifiesta el raudal
sub¬terráneo en abundantes manantiales, siendo notables los si¬tuados al fondo
de las fincas Yaguasa, La Ignacia y La Sirena en el término de Jagüey Grande,
conocidos por Jicotea, Ca¬marones, Sabaneta, La Canoa y el Juan. Estos
inanantiales junto con el de los Cristales en la finca San Isidro, tienen una
conexión común probable con el río subterráneo que cruza por debajo de la cueva
situada en la Iglesia de Jagüey Gran¬de y que surte él inagotable pozo de la
casa ingenio Australia.
En la región occidental, en la finca Jicarita al Norte de
las cabezadas del antiguo afluente Hayaboque, es muy notable la fuerza con que
surge el caudaloso manantial conocido por los Cristales.
Los manantiales citados y que se encuentran situados al Sur
del Término Municipal de Jagüey Grande, originan en algunas épocas inundaciones
que pone en evidencia su origen lejano.
Según los vecinos de la zona, cuando llueve mucho en la
región donde se encuentran situados los pueblos del Roque, Quintana y Perico y
se inundan los terrenos adyacentes, re¬vientan, es la expresión gráfica de
aquellas gentes, infinitos inanantiales en la costanera de la Ciénaga que junto
con los citados, inundan la comarca, y de todas las cuevas, pozos, furnias y
sumideros que por allí existen, brota el agua con gran volumen y fuerza.
En las condiciones que venimos estudiando para la cuenca en
aquella época, su desagüe hasta el mar de un modo más o menos rápido se
efectuaba por mediación del río Hatiguanico y los curso subterráneos.
Indudablemente las facilidades del desagüe no eran
com¬pletas, pero en estas condiciones las aguas de afluencia eran desalojadas
bastante rápidamente y sólo quedaban estancadas de un modo permanente hasta que
la evaporación las hacía desaparecer en ciertas zonas bajas y aisladas entre
sí, las que- formaban las primitivas Ciénagas de: Zapata, Matun, Cay» Espino y
Yaguaramas.
Un rincón del Río Venero Prieto.
PREHISTORIA
1
Allá por los tiempos de nuestras andanzas por la Ciénaga,
cuando las primeras investigaciones sobre Caneyes de Muer¬tos, nos decía el
viejo Caro, confidente nuestro en estas mate¬rias, que el abuelo cuyo relato
nos proporcionó encontrar el primer enterrorio, contaba muy amenudo en las
largas y mo¬nótonas vigilias de campo, a todos los chiquillos de Yagua- ramas,
épicas hazañas de aquellos hombres bronceados, que en esa misma zona habían
vivido, en un tiempo, desaparecien¬do luego sin dejar huella alguna de su
existencia, pues sólo por tradición en la familia, conocían los lugares donde
estaban sus enterrorios, los cuales nunca a ningún extraño descubrían, porque
les traería desgracia el perturbar el reposo de los muertos.
El viejo Caro, instruyéndonos de cuanto había oido contar a
sus antespasados, hacía Prehistoria de un modo fantástico y pintoresco,
salpicando su relato, con explicaciones de uu sabor marcadamente infantil, pero
asegurándonos muy seriamente, que, al no saber escribir los indios de Zapata,
no habían podido dejar por consiguiente, crónica alguna de su vivir histórico,
siendo imposible reconstituir aquel período de vida tan remoto.
Efectivamente, no sólo los indios de Zapata no han dejado
crónica alguna que brinde testimonio cierto de su manera de vivir, sino que en
general, los indios americanos, si bien han dejado códices e inscripciones de
una antigüedad remotísima, no han podido todavía ser descifrados, ignorándose
cuanto a esas obscuras épocas se refiere, si no fuera por la Prehistoria, que
auxiliada de la Geología, Arqueología y Paleontología, ha logrado penetrar con
paso firme a través de edades muy an¬tiguas.
Todo el lapso de tiempo que comprende desde la aparición del
hombre sobre la tierra, en América, hasta la llegada de los españoles,
pertenece al campo de la Prehistoria.
A pesar de los discretos juicios de nuestro amigo Caro, por
lo que al indio de Zapata se refiere, ya verá como en esas tinieblas donde se
carece de todo hilo conductor, ha dejado el hombre primitivo, no ya al que se
refiere Caro, sino a sus ante¬cesores más remotos, huellas más que suficientes
para recons¬tituir todo el período de su existencia en la cuenca.
La Prehistoria viene en nuestro auxilio, disipando las
ti¬nieblas en que están envueltas épocas y edades que ee pierden en la noche de
los tiempos
II
El proceso de formación de la tierra ha sido dividido por
los geólogos, en edades y períodos, que no tienen significación cronológica
alguna, pero diferenciados unos de otros, por la estructura de las rocas que
componen los estratos superpues¬tos, constituye una ley, denominada Ley de
Superposición Es- tatigráfica.
Ha sido posible asociar a las edades geológicas, la sucesión
y evolución de los organismos animales fósiles que predomi¬naban en cada edad o
período, y muchas veces hasta caracte¬rizaban, dando origen a otra ley
denominada: Ley de Asocia¬ción, que con la anterior, constituyen los cimientos
donde se levanta el edificio de la Prehistoria.
A partir del año 1859, la nueva Ciencia, guiada sólo por la
inducción y el raciocinio, penetra a través de la tierra, llega a las capas
azoicas donde no es posible encontrar la vida, y en busca de ella, prosigue a
través de las épocas Primaria y Se¬cundaria, tropieza con señales no muy
definidas en la Tercia¬ria (18), pero encuentra en cambio en la Cuaternaria,
inequí¬vocas pruebas del vivir del hombre asociado con la de grandes animales
ya extinguidos.
En las selvas americanas (19), verificóse primero que en
(18) Lyell
sostiene que el hombre ha vivido ya verosímilmente en el llamado período
plio«eno, es decir, durante la última parte de la época Terciaria.
(19) El sabio
inglés Lubbock sostiene’ que el -hombre en sus prime¬ros comienzos, debe de
haber vivido en el período Mioceno, .pero que no podemos esperar se hallen sus
restos, sino en las cálidas regiones tropica¬les, hasta hoy tan poco
exploradas.
parte alguna la transformación del antropopiteco, en el
pri¬mate más perfeccionado del cual descendemos. Del hombre primitivo
americano, del paleolítico, existen sobradas prue¬bas, pero hay asimismo un
enorme abismo que la ciencia to¬davía no ha podido salvar, entre éste y sus
sucesores.
Los americanos primitivos, los contemporáneos de los
gran¬des mamíferos, han desaparecido para siempre, y con distin¬tas condiciones
y especies animales semejantes a las actua¬les, aparecen otras razas, otros
hombres, denominados neolí¬ticos, cuya transición es tan brusca, que hace
pensar en algún violento cataclismo que perturbó de un modo notable su
evo¬lución progresiva. (Navarro Lamarca).
Campamento en un Cayo interior de la Ciénaga.
■ ;r ‘ '
1 ' , . •
Los historiadores contemporáneos con el descubrimiento y
conquista de América, preocupándose sólo de salvar el dogma
religioso de la unidad de la especie humana, divagaron gran¬demente con sus
teorías, tratando de encontrar el paso por donde llegaron a las tierras
americanas los asiáticos o afri¬canos.
Este problema como cuantos se relacionan con los orígenes de
las cosas, necesariamente parece que tiene que quedarse en
el misterio más profundo, pues como decía el sabio
antropólogo Moisés Bertoni, en el Congreso Internacional de Buenos Aires de
1910, las incógnitas son mucho más numerosas que los datos.
Los sabios que han tratado <le investigar este problema
pierden la noción de los hechos' tangibles, y la imaginación sola muchas veces
trabaja para poder sacar conclusiones hipo¬téticas. Anonada el espíritu,
vértigos producen al cerebro más bien equilibrado, el análisis ordenado de esta
materia, pues, qué tiempo, qué era, cuántas transformaciones no debió sufrir el
hombre primitivo, no ya para alcanzar la civilización que dentro de su
barbarismo encontraron los españoles en Améri¬ca, sino para poder constituir
familias, tribus y naciones; qué cambios no se verificarían para que el primate
pudiera obtener las modulaciones del pensamiento en forma de palabra; qué era
más dilatada no sería la anterior al descubrimiento del fuego; qué lapso no
tendría efecto para que el indio lograra alcanzar el progreso y desarrollo de
muchas de sus civiliza¬ciones, y cuyas pruebas y vestigios, se encuentran
esparcidas por todo el continente.
Concuerda sin embargo con multitud de hechos probados, una
teoría que hoy predomina bastante en el campo científi¬co : admite ella la
existencia de dos razas, una primitiva, des¬cendiente directa del hombre
terciario americano, y otra in- vasora, conquistadora. La raza primitiva logró
vencer en los bosques de la Plata, Paraguay y Brasil, en sangrientos comba¬tes,
de los cuales fueron testigos las vírgenes florestas ameri¬canas. y los
invasores sólo pudieron establecerse en el Norte. Los Tupis y Guaraníes,
descendientes de la raza originaria, mezclados y cruzados con los invasores,
crearon los cuatro grandes grupos étnicos que parecen predominar en América, y
de los cuales son descendientes las diversas ramas encontra¬das por los
españoles en la época del descubrimiento y con¬quista (20). .
(20) De hecho
todos los hombres proceden de razas mezcladas; has¬ta los tipos anás opuestos,
el negro y él blanco están unidos hace siglos en compuestos étnicos nuevos que
han conservado más o menos fielmente los caracteres distintivos que los
constituyen en individualidades colec¬tivas. Cada hambre hasta el más orgulloso
de la pureza de eu sangre, tiene millones y millones de abuelos, entre los
cuales se hallan represen¬tados los tipos más diversos.—Rechis.—El Hombre y la
Tierra).
^ III
i
En el andar incansable del tiempo, formando Cuba parte
<fel Continente Americano, necesariamente tuvo el hombre pri¬mitivo que
habitarla, y ciertamente la ocupó, en ella vivió y dejó huellas de su
existencia.
El Homo Cubensis, nuestro primitivo compatriota, testigo
presencial de todas aquellas revoluciones y transformaciones por la que pasó
nuestra tierra, a fines del Terciario y durante casi todo el Cuaternario,
acompañado de una fauna ya des¬aparecida, donde abundaban los grandes
mamíferos, desde el hipopótamo hasta nuestra actual jutía, por sus selvas vagó
arrastrando miserable existencia, y sus bosques le sirvieron de refugió contra
los ataques de los enormes y fieros cuadrúpe¬dos, hasta que aprendió a
dominarlos y vencerlos.
No es esto amigo Caro pura fantasía, obra exclusiva de la
imaginación, no; son hechos probados merced a la Prehistoria Cubana, muy
moderna, pero esclava fiel de la verdad, y estos hechos sólo han sido aceptados
después de analizados, juzga¬dos y enteramente comprobados.
Es muy interesante la historia, permítasenos la frase, de la
evolución de la Prehistoria Cubana; datos aislados sin con¬firmación posible,
investigaciones de resultados dudosos y es¬tudios comparativos muchas veces
hipotéticos, es cuanto podía ofrecer esta Ciencia en Cuba en época bastante
reciente.
Los hallazgos e investigaciones de Rodríguez Ferrer en 1847
de un gran valor arqueológico, son de dudosos resultados para la Prehistoria,
pues la célebre mandíbula de Puerto Prín¬cipe, encontrada en Pueblo Viejo, y
catalogada hoy en el Mu¬seo de Madrid en su colección paleontológica como
osamenta fósil está comprobada que no es fósil. (Montané).
Los demás descubrimientos de este afamado escritor, y de
positivo mérito prehistórico, se refieren por completo a eda¬des más modernas,
como veremos más tarde; son todas del período neolítico cubano.
Las importantes piezas encontradas entre los años de 1850 a
1870, son de gran valor paleontológico; en ellas pudo basarse la prueba de la
unión de Cuba al Continente Americano, pero
las consecuencias que para la Prehistoria Cubana, podían
de¬ducirse, son relativamente pobres.
Los estudios filológicos de los notables cubanos
Tranquili¬no Sandalio de Noda, Bachiller y Morales, Pichardo, Poey y otros, si
bien arrojaban vivísima luz sobre el indio cubano y su grado de parentesco con
los vecinos, dejaba en pie las du¬das que sobre la antigüedad de éste, se
mantenía.
Hasta el notable descubrimiento del doctor Montané, en la
Boca del Purial, en Sancti-Spíritus (1888), y el no menos inte¬resante del
doctor Carlos de la Torre, en Maisí (1890), la Pre¬historia Cubana sólo poseía
ligeras pruebas, de un hecho ya evidente: la existencia del hombre fósil
cubano.
El doctor Montané encontró en la gruta del Purial, restos al
fin del hombre fósil; de sus entrañas pudo sacar un trozo de mandíbula, de tal
importancia paleontológica, que ha consti¬tuido la prueba palpable de la
existencia del Homo Cuben- sis (21).
Los descubrimientos del doctor la Torre se refieren a
osa¬mentas y restos de la época neolítica, habiendo arrojado gran luz sobre
estos estudios en Cuba.
En los tiempos prehistóricos se distinguen tres edades: de
la piedra, del bronce y del hierro; la primera se subdivide: en eolítica o
cíenla piedra cortada; paleolítica o de la piedra ta¬llada, y neolítica o de la
pulimentada (22).
Permítasenos un pequeño paréntesis aquí, para que se
com¬prenda, que cúmulo de dificultades, cuantas que parecen casi insuperables
no hay que vencer, para establecer conclusiones prehistóricas en Cuba; el
atraso de sus auxiliares más eficaces,
(21) Los
fósiles humanos se conservan difícilmente en las capas superficiales de los
terrenos, y sólo en condiciones muy favorables, espe¬cialmente en las grutas,
bajo capas protectoras de concreciones calcá¬reas.
(22) Desde los
remotos ciclos en -que nuestros antepasados se ini¬ciaron en la palabra,
después, transcurrido muchos siglos en la captura del fuego, se inició la
industria cuyo comienzo marca el uso de las pie¬dras recogidas, las ramas de
los árboles, etc., y piérdese durante ellos toda noción cronológica. Siguió el
hombre en su evolución con la sim¬ple utilización de la piedra; el empleo de
puñales, mazas, punzones, etc., simplemente resultantes de retoques en la
piedra, natural. Después nue¬vas revoluciones y cambios graduales trajeron la
sucesión de edades, durante las cuales aprendió el homibre a tallar la piedra y
darle todas las formas útiles, para hacer de ellos, instrumentos de trabajo o
armas de combate.—Beclus.—El Hombre y la Tierra).
la Geología, Paleontología y Arqueología cubana es evidente
y si a esto se une, la completa ausencia de algunos elementos, de trabajo, que
vienen a ser herramienta de imprescindible uso, fácil es comprender, lo
dificultoso que resulta la labor del investigador.
No existen en el país sino contadas fuentes de estudio; no
hay Archivos ni Museos, donde puedan estudiarse las diversas etapas de la
civilización proporcionando una clara idea com¬parativa del vivir cultural de
pasados pueblos. No existen ma¬pas, exactos; todos los que tenemos son
erróneos. No se cono¬cen los estudios fisiográficos del territorio. Los
estudios com-parativos y de análisis del dialecto Siboney, son limitados en la
literatura del país, y para colmo de desidia litero-patriótica, hasta las Leyendas
y Tradiciones de los indios cubanos, hay que busearias y traducirlas de obras
extranjeras.
En 1883, en un discurso pronx^ciado por José María Mes- tre,
ante la Sociedad Antropológica de la Isla de Cuba, decía este ilustre cubano:
“Debajo de nuestros pies, tenemos un valiosísimo tesoro.
Aquí vivió una raza que 'desapareció ante la invasión de nuestros abuelos; y
esa raza .probablemente no fué la primera que pobló esta tierra, como tam¬poco
fueron los indios los primitivos habitantes 'de Norte Aiméri«a. Es menester que
demandemos del suelo que pisarnos su secreto. Es menes¬ter que escudriñando
éste 7 quizás por dicha, descubriéndolo, nos ponga¬mos en aptitud de contribuir
con nuestro óbolo, a los progresos de la Ciencia. El abate Brasseur ide
Bourbourg, el investigador que tal vez m&s profundamente ha estudiado las
antigüedades americanas, asegura que existen pruebas de que la «una y origen de
la civilización del mundo, deben ser ¡buscados en la región de las Antillas,
región parcialmente su¬mergida en ocasión de un gran cataclismo’> (23).
El discurso de este eminente cubano se titulaba: Una raza
prehistórica de Norte América.—Los Terraplenen», y preci¬samente nos ha cabido
el honor de tener la gran fortuna de descubrir, en la Ciénaga, el primer Mound
Cubano, obra de esa raza de terrapleneros a que se refiere Mestre en su
discur¬so, y, aunque en la actualidad parece probado que esa raza
(23) Los
hallazgos antropológicos parecen indicar que el hambre bajo su forma actual,
nació en las regiones de vida exuberante, donde el sol lanza sus más ardientes
rayos y donde las lluvias caen más copio¬samente.—Congreso Internacional de
Americanistas.
constructora de Mounds, floreció en la edad de piedra, no
dán¬dosele ya la antigüedad que al principio se creyó representa¬ba, es de
importancia prehistórica suma, como veremos más tarde.
IY
El descubrimiento del doctor Luis Montané, ha permitido
establecer conclusiones radicales, en lo que se refiere al hombre paleolítico
cubano. (
En el Congreso Internacional de 1910, celebrado en la
ciu¬dad de Buenos Aires, República Argentina, al cual concurrió representando
la República, presentó un completo estudio de su hallazgo, que constituyó uno
de los temas más interesantes del Congreso.
El eminente antropólogo argentino Florentino Ameghino en un
estudio resumen que presentó, a propósito del trabajo del doctor Montané, decía
(24) :
“Juzgando con mi criterio de Zoologo y Paleontólogo, esas
diferen¬cias morfológicas tan (profundas, indican una especie del género Homo,
distinta de las ya conocidas, y la designo con el nombre de Homo Cu- bensis”.
“Varios de sus caracteres morfológicos, demuestran que el
hombre no desciende de los Antropoformos. Los caracteres singulares que lo
aproximan de los Antropopos prueban que los Hominldeos son real¬mente los
descendientes de los Homunculideos y que por consiguiente el hombre es de
origen americano”.
“Las relaciones con las especies de' hombres fósiles de la
República Argentina, especialmente con el Homo Panpaens y Homo Sinemento,
demuestran que tomó origen con un antesesor común con estos descen¬dientes del
Diprothomo, que 'vivió al fin del primer tercio de la época pliocena”.
“El Homo Cubensis, es una rama desprendida de ese tronco que
pe¬netró en Cuba después del primer tercio de la época pliocena y antes del
principio de la época cuarta. Los restos de mamíferos fósiles des¬cubiertos en
la Isla y en varias de las pequeñas Antillas forman parte de la fauna de
edentados y roedores característicos de Sur América; de esto se deduce que en
-una época geológica pasada las Antillas constitu-yeron una tierra continua que
formaba un prolongamiento septentrional hacia la América Meridional”.
(24) L’Hoanme
Fossile Cubain par Louis Montané, Profeaseur d ’Antropologie a l’Univeraite de
la Havana.
“El surgimiento de esta tierra coincidió con la destrucción
de la conexión Guayano-Senegalense, y con la unión de ambas América del Norte»
y del Sur, que hasta entonces habían permanecido completamente separadas por un
ancho ¡mar”.
“Según los datos geológicos y la comparación de las faunas,
el surgi¬miento de esa tierra que unía las Antillas y ocupaba el Miar Caribe,
tuvo lugar más o menos en el último tercio de la época miocena. Fué sólo a
partir de esa época, durante el plioceno que los mamíferos Sur Ameri¬canos y
con ellos el hombre, penetraron en esa tierra”.
“El despedazamiento de la tierra que ocupaba el Mar de las
Anti¬llas, tuvo lugar al principio de la éipoca cuarta, y Cuba readquirió su
estado insular. Los mamíferos que en ella habían penetrado durante su ligazón
continental, quedaron aislados, prosiguiendo su evolución inde¬pendientemente.
Unos como el Capromys prolongaron su existencia hasta la época actual; otros
como el Megalocnus se extinguieron y cupo la misma suerte al Homo Cubensis, que
sin duda fué exterminado por in¬vasores más recientes, llegados allí por mar,
de las tierras vecinas del Norte y Sur América”.
El hombre paleolítico según Reclús.
Si al notable descubrimiento del hombre fósil en Cuba,
pu¬diera añadirse el de sus instrumentos, habitaciones y en gene¬ral el de
todas las huellas de su vida, tendríamos una idea psicológica como decía
Reclus, completísima, de su vivir his¬tórico.
Desgraciadamente sólo los restos encontrados en el Purial es
cuanto de él existe hasta hoy, siendo posterior cuantas ma¬nifestaciones de la
vida del hombre se han encontrado en Cuba.
Hay que excluir en la Prehistoria Cubana, al igual que en la
general Americana, los dos últimos períodos del bronce y del hierro,
restringiéndola todavía más en lo que a nuestra patria se refiere, a la última
etapa de la edad de piedra, pues los restos que pudieran representar la primera
serie de los objetos de un desvaste rudo, no aparecen y sí sólo los que ya
ofrecen la perfección de un progreso posterior, salvo los en¬contradas en los
Mounds de la Ciénaga.
Perdidos por su destrucción cuantos objetos de madera
pudieran caracterizar una época primitiva denominada por Eeclus del Bastón,
sólo se han encontrado limitados objetos de piedra francamente del péríodo
neolítico.
La edad de piedra en las Antillas ha sido estudiada
dete¬nidamente por los sabios extranjeros; muchos investigadores se han
dedicado con gran afán a la recolección de objetos de piedra, estando dotados
los Museos Americanos especialmente de valiosísimas colecciones antillanas.
Entre ellos el del Par¬que Central de New York posee una extensa colección de
objetos de piedra cubanos.
Las habitaciones y guaridas prehistóricas (25) cuyo estudio
puede arrojar tanta luz en estas investigaciones, y que tanto abundan en cuevas
y cavernas diseminadas, por todo el terri¬torio cubano, permanecen sin
investigar, a pesar de que en ellas se han llevado a efecto los más notables
hallazgos (26), que representan distintas eras, lo que prueba que ellas fueron
asilo de los cubanos primitiVos, cámaras sepulcrales de sus descendientes y ya
en una época más reciente, osarios de la familia siboney.
(25) Los
Trogloditas Europeos son francamente paleolíticos; en cam¬bio los Americanos si
exceptuamos solo el de Lagoa Santa, resultan ser neolíticos. Por lo general los
aborígenes americanos destinaban las ca¬vernas a usos ceremoniales, sepulcrales
o de defensa.—(Navarro La- marca).
(26)
Precisamente' en las cavernas de Lagoa Santa, en el Brasil, fué donde encontró
el sabio Paleontólogo Luníd, el hombre fósil ame¬ricano.
En esas cavernas se han encontrado los restos del Homo
Cubensis, y de mamíferos ya extinguidos, siendo notables los de una especie de
mono cubano, encontrado en el Purial tam¬bién por el doctor Montané; de esas
cuevas se han extraído restos de osamentas indias y objetos de un gran valor
arqueo¬lógico, y sin embargo salvo las excursiones de los doctores Montané y la
Torre, en una limitada zona, nadie se ha preo¬cupado de las innumerables cuevas
y grutas del resto de la Isla.
Varias incógnitas permanecen sin resolver en estos
proble¬mas que con el hombre cubano primitivo (27) se refiere: nada se ha
encontrado aun que representen objetos pertenecientes al hombre paleolítico; en
cambio, los recogidos y clasificados como neolíticos, parecen indicar que
debieron ser labrados por otros pueblos más antiguos o más adelantados que a
los que pertenecían los restos con ello encontrados (28).
En la época que se supone penetró el hombre paleolítico en
Cuba, primer tercio del plioceno, hemos visto que era otra la configuración de
nuestra patria; unida al Continente, formaba una basta extensión de terrenos
hoy casi todos bajo el agua.
La Cuenca de Zapata no existía, tal cual hoy la
contempla¬mos, y probablemente durante la dilatada' existencia del Homo
Cubensis, fué testigo presencial de innumerables cambios del relieve, de
violentos trastornos y cataclismos, constituyendo su vida, una perenne lucha,
con los enormes mamíferos que la poblaban, y con los elementos que la agitaban.
Loco de terror debió de presenciar al principio del
Cuater¬nario, el despedazamiento de la tierra que ocupaba el Mar Caribe y la
conversión del territorio en una Isla, pero aquí sí tendría razón el viejo
Caro; sólo la imaginación puede hasta hoy llenar el inmenso vacío que existe,
entre el primitivo Homo
(27) En la
oibna Cuba Monumental, Estatuarla y Epigráfica, se ase¬gura en una nota impresa
al pie que: “el señor García y Grave de Pe¬ralta encontró en Puerto Padre,
muchas antigüedades indianas”, y al enumerarlas idice: ‘ ‘ amuletos que prueban
la existencia del hombre mio¬ceno”. No sabemos como su muy ilustrado autor
Sánchez Puentes, co¬metió este error.
(28) Con qué
instrumentos se hacían esos objetos de' pedernal o sil ex í 4 Acaso eran
traídos del Continente; acaso eran obras de pobla¬ciones extinguidas
f—'(Bachiller y Morales.—Cuba Primitiva).
Cubensis y sus sucesores, hasta tanto que la investigación
de nuestro suelo, no nos revele las huellas claras y precisas de aquel
miserable cubano primitivo (29).
El hombre paleolítico cubano desapareció y de su existencia
sólo nos quedan los pocos restos descubiertos, y las Leyendas y Tradiciones que
los españoles encontraron en las Antillas, recogidas de boca de los indios que
la ocupaban por algunos frailes cristianos. ,
V
Las Leyendas, por disparatadas que sean, tienen un valor
científico determinado en los estudios prehistóricos; del con¬junto de
ridiculas versiones que a veces suelen formarlas, se desprenden hechos
históricos, que la Geología, Paleontología y Arqueología luego han podido
comprobar.
Constituyen indiscutibles elementos de análisis, en los
es¬tudios históricos.
En la memoria de todos los pueblos antiguos se conserva
cierto recuerdo de la situación de aquellos primitivos seres, y en todos, se
halla la tradición incontestable, de un primer y grosero comienzo de la
civilización y la cultura.
Todas las Tradiciones y Leyendas Antillanas, hacen men¬ción
de algún hecho que luego de un modo u otro ha sido comprobado (30).
El pase del hombre paleolítico a Cuba, consignado está en
(29)
Originariamente el antrorpopiteco vivía de semillas y de frutas, como lo
atestiguan sus uñas, sus dientes, sus músculos, toda su anatomía, pero el
aumento de familia, lia extensión del territorio poblado, la falta de los
alimentos habituales y el hambre, terrible consejera, cambiaron las costumbres
del hombre al mismo tiempo que camibiaiba su medio. En su consecuencia, púsose
el hombre a perseguir el animal, para comerlo y se hizo cazador, ¡pescador,
matador de animales, obedeciendo a las con¬diciones de la naturaleza
ambiente.—(Les Industries des Animaux, par S. Houssay).
(30) La gente
que se halló poblada esta Isla (Cuba) y la de Es¬pañola, Puerto Rico y Lucayas,
se tienen todas por urna, a causa de ha¬berse hallado entre ellos la tradición
de que estas Islas y Cayos fueron todos continente, que dividieron los
terremotos o inundaciones y por sus pobladores se asienta haber venido de la
Florida, y que de Cuba ee tras¬mitió esa misma gente a Yucatán, impelida de los
tiempos cuando pes¬caban en sus canoas.—(Fray Gregorio García.—Origen de los
Indios).
todas las Tradiciones Antillanas, pues en la inmensa mayoría
de ellas se hace mención de una emigración primitiva.
Las Tradiciones Haitianas especialmente lo recuerdan, y
describen luego las grandes penalidades sufridas.
De los trastornos geológicos que tanto alteraron el relieve
y configuración de las Antillas, queda en las Leyendas un re¬cuerdo de una gran
inundación que cubrió toda la tierra, de¬jando sólo las partes más altas, que
luegon fueron las islas.
Las Tradiciones Antillanas recogidas por Pedro Mártir de
Angleria, cuentan que las islas fueron creadas, por una inun¬dación que
sumergió los terrenos más bajos.
La desaparición de la Atlántida, el levantamiento de los
Andes, la formación de las Antillas, todos estos fenómenos geológicos son
perpetuados en la memoria humana a través de dilatadas épocas, y de generación
en generación se han con¬servado en América, y así lo encontraron los españoles
cuando el descubrimiento.
Los primeros pasos del hombre primitivo, su vida misera¬ble
y arrastrada, las luchas sostenidas con animales salvajes, el ,primer hogar, la
formación de tribus, el albergue en las ca¬vernas, todo cuanto puede
considerarse como fase evolutiva del hombre primitivo hacia su mejoramiento
está consigna¬do en las Leyendas y Tradiciones.
Alusión a las cuevas como albergue primitivo de aquella
remota raza que ocupó las Antillas, persisten infinitas en las Leyendas que
recogió el fraile Román por mandato del hijo del Almirante. ^
La Leyenda de Guagoniana (Haytiana), se refiere a las dos
cuevas de Cauta, donde vivían los primeros pobladores y en ella se explica como
por descuido del vigilante que cuidaba la cueva donde estaban los hombres, el
desgraciado Macocael, sorprendidos fueron imponiéndoles el castigo de quedarse
sin mujeres, pero haciendo luego uso del pájaro carpintero, le formaron sexo a
ciertos seres que no lo tenían y volvieron a ser dichosos.
La Mitología de los Indios Tainos, también hace alusión a
las cuevas de donde salió el Sol y la Luna, en Jobaba, mani¬festando que
después del diluvio toda la humanidad vivió en cuevas.
En la Leyenda de Lucuo (Cubana) claramente se describen las
distintas etapas porque pasó en su salvajismo el hombre cubano primitivo. De su
vida errante, vagabunda, siempre al acecho del animal enemigo, disputándole la
comida, al período pastoril y más tarde al agricultor, quedan referencias
distin-tivas muy marcadas. Para lograr alcanzar el conocimiento ne¬cesario para
la preparación del casabe pasó por distintas eta¬pas que en ella se consignan.
La célebre Leyenda de Votan, el insigne cubano fomenta¬dor
de pueblos en Yucatán, que después de establecer una ci¬vilización en Méjico,
concuTTió a las fiestas que en Roma se celebraban con motivo de la edificación
del templo de Romo y Eemo, no ha podido ser interpretada aun, esperando un
genio que descifre los códices e inscripciones que nos donó la des¬conocida civilización
yucateca.
CUATRO AÑOS EN LA CIÉNAGA DE ZAPATA
CAPITULO II
aTJ^T A BIO: “Los Tiempos Neolíticos en la Cuenca.-!, El
hombre neo¬lítico de Zapata.—II. Los kiokenmondingos de Santa Teresa.—III. Los
Ca¬neyes (Mounds) de muertos.—IV. Estudio de los Mounds.—V. El Indio
Constructor de los Mounds.y su cultura.—VI. El poblado lacustre del
Te¬soro.—Leyenda del Manjuarí.
I
El despedazamiento que a principio de la época Cuaterna¬ria,
tuvo efecto, en las tierras que hasta entonces ocupaban el Mar de las Antillas,
y que originó el actual estado insular del territorio cubano, festonando su
litoral de bellísimos archipié¬lagos, y separando la Isla de Pinos, dejó al
prehistórico habi¬tante que la ocupaba, aislado del continente y entregado en
su evolución progresiva a sus propios recursos, sin acción exterior alguna.
Ciertamente que debió evolucionar en esta antigua etapa de la historia, hacia
su mejoramiento cultural y material, pero desgraciadamente, de aquel hombre
paleolítico cubano, y la va¬riada fauna de mamíferos que lo acompañaron en su
invasión a las primitivas tierras de Cuba, poco se ha encontrado hasta el
presente, y sólo la vivaracha jutía de nuestros campos, repre¬senta hoy una de
las muchísimas especies de mamíferos que en sus bosques se encontraban.
Existe una transición tan brusca entre el primitivo hombre
cubano y sus sucesores, entre la flora y fauna antigua y la que apareció ya en
época neolítica acompañando al nuevo tipo, que con pequeñas diferencias es
exactamente igual a la existente, que hace pensar como decía Navarro y Lamarca,
que algún trastorno, algún violento cataclismo debió perturbar profunda¬mente
su evolución progresiva.
Constituida ya Cuba en Isla, modelada la Cuenca de Za¬pata
tal cual existe en la actualidad, con sus Bahías de Cien-
fuegos y Cochinos y la gran Ensenada de la Broa,
desapareci¬dos para siempre los primitivos Ríos que originaron los grandes
trabajos erosivos cuyos vestigios claramente se obervan en la cuenca, y formado el Valle donde se encuentra la
hoyada, no
inundada como actualmente se conoce, tuvo el hombre que ha¬
bitarla y ciertamente la habitó, dejando huellas de su paso
en toda la extensión de la misma.
La cuenca de Za pata fué ocupada por hombres primi¬tivos, de
cultura neolítica, a la cual pertenecen cuantos objetos prehistóricos en Cuba
se han en¬contrado hasta el día y aunque no se hubieran conocido los monumentos
que así lo atestiguan y objetos pertenecien¬tes a esta etapa de su desarrollo,
nece- ñámente había que presumir su existen¬cia, por la carencia absoluta de
pruebas negativas, que per¬mitieran sólo aunque
El hombre neolítico, según Reclús. fuera, sospechar lo
• contrario.
Felizmente, se han hallado huellas del paso del hombre
neo¬lítico cubano, en la Cuenca, y objetos pertenecientes a su cul¬tura
industrial, habiéndonos favorecido la suerte con su hallaz¬go, cuando en
labores de estudios profesionales, recorríamos la extensa hoyada, ya hoy
completamente inundada y formando la gran ciénaga de Zapata.
En todo el perímetro de la Cuenca, hoy ocupado por la
ciénaga, encontrarnos variados monumentos, obra de aquellos
primitivos Indios de Zapata, que en. ella vivieron, en forma
de montículos sepulcrales y de otras clases, denominados “Mounds” por los
Arqueólogos Americanos (1), en los cuales puede estu¬diarse, aunque con cierta
dificultad, el género de vida, y la cultura alcanzada, por aquella raza
desaparecida en épocas re¬mota de nuestra historia (2).
En un próximo capítulo, que a la bondad de nuestro amigo,
Dr. Luis Montané debemos, se estudia el Indio de Zapata, cons¬tructor de esos
“Mounds”, indicando sus características más notables e índices antropométricos
principales, junto con un aná¬lisis detenido de “Guayabo Blanco”, Mound de
donde se ex¬trajeron los restos, objeto de su notable investigación.
Nosotros, como simples cronistas, describiremos aquellos
mo-numentos que no pudieron ser visitados por la Comisión, que presidía el Dr.
Montané, recogiendo de paso aquellas Leyendas que sobre esos monumentos cuentan
sus sencillos Guajiros, y a la que prestan toda su más sentida fe.
Todo concurre a hacer de estos estudios, una materia de
infinitos y apasionados atractivos, ya que se refieren ellos a los antecesores
de una raza cruelmente extinguida por los Con¬quistadores del suelo patrio,
raza que ha dejado variadas hue¬llas de su existencia, que en muchos casos no
bastan, sin embar¬go, para aclarar importantes problemas, donde es sólo la
ima¬ginación la que puede suplirlos.
Variados datos de importancia capital permanecen aun en la
obscuridad más completa y algunas deducciones sólo pueden alcanzarse,
novelizando en cierto modo, hechos que no tienen un valor probado.
Necesariamente tenemos, pues, que usar nuestra fantasía,
especialmente en aquellos estudios comparativos entre los Indios de Zapata y
los Siboneyes que luego con el transcurso del tiem¬po ocuparon aquella región,
hoy solitaria y pobre, pero intenso campo entonces de la actividad de una raza,
que, apesar de su rudimentaria civilización estaba ya en la época de la
conquista en plena decadencia...
(1) Los
Siboneyes, según el Sr. Félix Bamos Duarte, designaban estos Caneyes con el
nombre de ocabanú.
(2) Difícil
es, ciertamente, ver por el pensamiento, con precisión suficiente, el género de
vida seguida en tiempos pasados, por las pobla¬ciones primitivas, cuyos huesos
y armas se recogen.—(Beclus).
II
En todas partes del mundo, se ha observado en las costas del
mar y en las riberas de los ríos y lagos, acumulaciones extensas de conchas y
desperdicios de la vida diaria de algunas pueblos primitivos, que en época muy
remota vivieron, distinguiéndose esos depósitos, muy bien estudiados ya por
Arqueólogos y An¬tropólogos eminentes, con el nombre de kiokenmondingos o sean
restos de cocina.
Caracol del Strombus Gigas, con la perforación caribe.
Esos restos pertenecen a pobla ciones o multitudes nómadas
las más de'las veces, que concurrían a groseros festines en aquellos luga¬res,
donde luego se han encontra¬do sus desperdicios, y ya en Cuba fué señalada su
existencia por el notable investigador Rodríguez Ferrer, quien en 1847 encontró
el primer kiokenmondingo eubano en tierras de Manzanillo.
En el capítulo donde el Dr. Montané estudia el Indio de
Za¬pata, expone algunas considera¬ciones sobre estos monumentos primitivos
presentando una descripción de los más princi¬pales y demostrando la gran
importancia arqueológica que ellos representan.
Creemos haber encontrado en la finca Santa Teresa, Bahía de
Cochinos, un kiokenmondingo en sus costas, muy interesan¬te, y cuyo hallazgo
fué debido a una curiosa relación de un Cieneguero muy viejo en la cuenca,
depositario según manifes¬taba, de las tradiciones y leyendas de razas ya
extinguidas.
Cuando encontramos el primer
Mound de la Cuenca, el lla¬mado de “Guayabo Blanco”, y se agitó la opinión, ávida
de co¬
nocer cuanto con los restos Indios se relacionaba, fué
nombrada una Comisión, como veremos más tarde, (y a la que tuvimos el honor de
pertenecer), para el estudio de nuestro hallazgo; constituida la Comisión en el
terreno, habiendo procedido a efectuar las excavaciones consiguientes, nos
fijamos, que, inva-
rabí emente, todos los restos de caracoles de la clase que
se construye el llamado fotuto o guamo de campo, (strombus gigas) presentaban
un pequeño orificio circular, a un lado del centro de la espira, orificio que
claramente indicaba ser obra del hombre.
Todos los cobos tenían esa característica; en el mismo lugar
invariblemente aparecía el pequeño agujero, a igual distancia y de igual
diámetro. Discutiendo esa particularidad tan notable, nos decía el culto amigo
Fernando Ortiz, Secretario de la Co¬misión, que ese taladro en caracoles que
indicaban una gran an¬tigüedad por su aspecto exterior, indiscutiblemente era
obra del hombre, cuyo objeto bien pudiera ser el sacar la comida sin des¬truir
el caracol obedeciendo quizás a alguna creencia remota.
En el curso de nuestros trabajos por la Ciénaga,
transcurridos ya algunos meses del hallazgo, llegamos a la finca “Ojo de Agua”,
perteneciente al an¬tiguo fundo de “San Jerónimo de los Baga'sales”, en tarde
lluviosa y monó¬tona a través de caminos que el agua había convertido en
grandes pantanos, y siguiendo nuestra inveterada cos-tumbre, le ordenamos al
Práctico de la Comisión, viejo conocedor de la zona, nos trajese al Campamento
a los dos ve- Pedro Peaaiver, ei práctico de cinos más antiguos del lugar.
Cerca-de ia comisión
la finca existe un caserío llamado Charcas, y allí se
dirigió el Práctico esa misma tarde, en busca de Don Juan Caro (otro Caro que
no es el de “Guayabo Blanco”) y Don Leonardo Ya- rela, ambos mayores de 70 años
de edad y descendientes de familias que nunca habían abandonado el territorio,
únicos se¬res según nos dijeron en ella, que nos podrían dar con certeza
cuantos antecedentes deseáramos conocer del país.
A la mañana siguiente, muy temprano, Don Juan y Don
Leonardo, ginetes en sendos pencos cienegueros llegaban al campamento,
saludándonos cuando aun estábamos en nuestros catres de campaña,
manifestándonos el gusto que sentían en conversar con gente de la Habana y
proporcionarnos cuantas noticias pudieran servirnos para el trabajo de
“disecación”.
Tardamos poco en intimar y después que desapareció esa es-
*»
pecie de frialdad con que se inician siempre las
conversaciones con los montunos y haberlos invitado varias veces a café, nos
dijo Don Leonardo, fijándose en los restos de cobos que tenía¬mos como
pisapapel en nuestra mesa:
“Esos pedazos de guamos que tienen ustedes sobre la mesa, y
que se llaman guamos de ojos, abundan mucho en la costa de la Ensenada de
Cochinos, sobre todo en la Hacienda Santa Teresa, y tienen la pro¬piedad de
alejar al “peje” que le tiene mucho miedo. Les voy a relatar a ustedes una
“incidencia” que me pasó hace muchos años. Mi compa¬dre Eosario (Sr. Bosario
Jiménez) y otros amigos que ahora no re-cuerdo, fuimos de pesquería a la
Ensenada, atravesando el Faso de ¡os Güiros, cuando en ella no había una sola
casa y los “cocodrillos” an¬daban “bobos” sobre la arena; buscando el lugar más
alto para acam¬par, escogimos el Caletón, y sobre un montón de caracoles donde
abun¬dan mucho los “guamos de ojos”, dejamos los “matules” y dimos co¬mienzo a
la pesquería”.
“Apesar de que por aquellos parajes hay mucho “pescao” y que
la carnada que llevábamos era muy buena, no pudimos coger uno solo has¬ta que
nos dimos cuenta que estábamos sobre los guamos de ojos. Cam¬biamos de lugar y
entonces pudimos agarrar tantos, que a montones, por gusto, lo arrojábamos en
la playa.
“Cuando regresamos a nuestra tierra, de vuelta de la
pesquería, le contaba yo a un viejito de Guasimal, lo que nos había “pasao” con
los guamos de ojos, y éste, que sabía mucho de esas “andancias” nos explicó por
qué no se puede pescar en los lugares donde abundan los guamos. Estos eran una
comida que mucho gustaba a los indios de estos parajes, pero como ellos eran tantos
y acababan con la cría, el man- juarí, que es el rey de las aguas, los tienen
aleccionado y ahora “jullen” cuando ven gente sobre los montones de caracoles
que era donde se colocaban los Indios para hacer sus comidas”.
“Cuando lleguen a la Ensenada fíjense en los montones de
guamos y verán cómo no encuentran ni un solo “pescao” en sus orillas, y cómo
hasta los “cocodrillos” le “jullen” a los montones”.
Fielmente trasladamos a nuestro Libro de Campaña la
rela¬ción de Don Leonardo, prometiéiídonos, tan pronto el progre¬sivo avance
del deslinde nos situara cerca de la Ensenada, vi¬sitar los célebres montones
de caracoles donde no puede pescarse.
Después de pasar mil visicitudes que no son para contarlas y
a los pocos meses de abandonar la finca “Ojo de Agua”, lle¬gamos a “Santa
Teresa”, finca que linda con la Bahía, y apenas habíamos acampado en el asiento
de ella, donde trope¬zamos con un viejo Cieneguero muy práctico, conocido por
el apodo de “Catalán”, inquirimos por la Ensenada y sus célebres montones de
caracoles, sorprendiéndonos éste, con una nueva re¬lación de los prodigios de
los cobos de ojo, y sobre todo la in-fluencia indiscutible del manjuarí sobre
los “pejes” y caracoles del mar.
Al día siguiente partimos para la Ensenada, y después de
recorrer un camino pedregoso, pesado y que nos parecía inter¬minable, a través
de una verdadera selva virgen, espantando con nuestros pasos las infinitas
alimañas que en ella pupulan y viven, llegamos a Cochinos y poco después al
caletón de los guamos.
Cubiertos de arena, limo y basuras arrojadas por el continuo
vaivén de las olas, encontramos, efectivamente, varios montones de caracoles
donde predominan los guamos de ojos (3), exacta¬mente iguales a los de Guayabo
Blanco y con sus correspondien tes agujeros específicos del que hemos hablado.
Escarvando en los montones sólo encontramos caracoles, con
chas y restos marinos; ningún objeto que demuestre por lo me¬nos la procedencia
humana por simple que fuera, pudimos sacar en las varias horas que duró nuestra
investigación.
Posteriormente hemos encontrado a todo lo largo de la costa
de “Santa Teresa” y “Jiquí”, pero especialmente entre las de¬sembocaduras de
los ríos que la cruzan, restos dispersos en mon¬tones, con gran abundancia de
los guamos de ojo.
En toda la ribera de la finca “Santa Teresa”, pero
espe¬cialmente entre los ríos que en ella desembocan al mar, se en¬cuentran
restos de cobos agujereados, en pedazos numerosos, de¬mostrando su aspecto
exterior mayor antigüedad que los encon¬trados en “Guayabo Blanco”.
Constituyen grandes pilas donde abundan acompañados de otras
conchas; sobre estos montones se han acumulado las are¬nas, que el oleaje
deposita en las costas y deben tener mucha antigüedad, porque además de
encontrarse muy desbaratados, en pedazos, se deshacen con facilidad al
sacarlos.
Opinamos que estos montones de caracoles pudieran
consti¬tuir un kiokenmodingo, y así lo hemos designado, hasta que una
(3) En Villa
Clara, por los años de 1700, se tomaba el agua en los caracoles de los cobos,
que la proporcionaba muy fresca; costumbre que duró hasta la guerra
grande.—(Historia de Villa Clara, por M. Dio. nisio Gonz&lez).
investigación más minuciosa, compruebe o no la naturaleza de
su formación.
Existen, además, a lo largo de toda la costa E. de la Ba¬hía
de Cochinos, pero especialmente en la perteneciente a la fin¬ca “Jiquí”, estos
mismos cobos, pero se observan que su as¬pecto exterior denota menor
antigüedad. Están esparcidos por toda la costa, sin formar montones como en
“Santa Teresa”.
Refiriéndose a estos caracoles (Strombus gigas) perforados
en la forma que hemos visto, decía el notable Investigador In¬glés, Sir R.
Shomburg (1851), que según el Sr. Andrés Poev, fué el Arqueólogo que más
valiosos antecedentes había aportado sobre los Tainos:
“Hay con todo varias pruebas que los Caribes habitaron en
Haití; entre ellas me parece una, los cuantiosos montones de conchas del ‘ ‘
Strom¬bus gigas” que se hallan en la extremidad oriental de la Isla, llamada
Punta del Engaño; conchas que invariablemente tienen un agujero cer¬ca de la
espira, que debió hacerse, para poder extraer con facilidad el molusco del
caracol”.
“En la Anegada, isla que los Historiadores señalan entre las
habi¬tadas por los Caribes, hallé cantidad de esos montones de conchas, de que
se proveían en aquella Isla a que llegaban primero, cuando vinien¬do de las
Lucayas, iban a hacer alguna incursión a Puerto Bico”.
Siguiendo a Shomburg, notable investigador de la
Arqueo¬logía Antillana, los Caribes fueron el único pueblo que para sa¬car el
molusco que comían, perforaban el caracol en la forma en que se encontraron en
“Santa Teresa” y “Guayabo Blanco”.
Sin embargo, esos caracoles eran muy usados por los Sibo-
neyes y constituían según los Cronistas de la Conquista, objeto de un variado
tráfico entre sus pueblos, apreciándose en más los de un color encamado, y así
lo manifiesta el propio Almiran¬te Don Cristóbal Colón, cuando dice en la
“Relación del Primer Viaje”:
“Volví a la nao y hallé los Indios qu* consigo traía,
pescando ca¬racoles, muy grandes, que abundan mucho por estos mares”.
En general, para todos los Indios Americanos el caracol era
un objeto de adorno del que hacían gran uso. El Siboney lo empleaba como adorno
de sus templos y casas; en el continente Sur se empleaba como adorno guerrero,
y colocando en su interior el miembro viril, lo colgaban de la cintura, y hasta
la columela- de este caracol ha sido encontrada en los Mounds más antiguos del
Estado de Tenessi.
Sin embargo, ese taladro tan especial, parece ser obra sólo
de los Caribes, y si admitimos esta aseveración, de un Investi¬gador tan serio
como Shomburg, habrá que convenir, que desde una remota época, que se remonta a
la construcción de los Mounds de Zapata, aquella región estaba toda habitada
por fa¬milias Caribes.
III
El Viejo Caro y su familia
En el Libro Diario de Campaña que llevábamos de nuestros
trabajos por la zona de Zapata, en las labores de deslinde de la misma y donde
anotábamos cuantas particularidades importan¬tes creíamos notar en ella, las
Leyendas de sus Montunos, las Tradiciones de los habitantes de los poblados
comarcanos, etc., todo lo cual viene a constituir la base que nos sirve en la
re¬dacción de estas Memorias, describimos cuanto se refiere al descubrimiento
del primer Enterrorio Indio encontrado en la Cuenca.
Trasladamos íntegra aquí, la relación del descubrimiento,
porque ella pinta mejor que nada las primeras impresiones re¬cibidas,
desde el momento en que el viejo Caro nos avisó de la existencia del Cayo,
hasta que nos vimos cara a cara con los Indios de Zapata.
Dice así nuestro Diario:
Campamento Salvear, Octubre 5 de 1913.
Llegamos a la finca Cocodrilos, propiedad del Sr. Ambrosio
de Cárdenas, residente actualmente en los Estados Unidos. Su¬perficie, 400
caballerías. 30 de ciénaga por su lindero Sur.
Por la tarde nos acompaña a comer el Sr. José Caro, antiguo
vecino de la zona, quien nos hace, entre otros, el sigjiiente re¬lato:
“Existe en las costaneras de la ciénaga pertenecientes a
esta finca, un Cayo hoy casi todo anegado, que se llama Guayabo Blanco y que en
la antigüedad tenía sobre 25 caballerías de extensión; en la actualidad
conserva una pequeña parte alta, seca, pero el resto está todo cubierto de
ciénaga, que la rodea por todas partes. Mi relato se refiere a su-cesos que han
acaecido precisamente en este Cayo, pero quiero antes signifi¬carle mi gran
antigüedad en esta zona.
“Desde épocas muy remotas, la familia Caro, ha vivido
siempre por estos andurriales; yo no recuerdo nunca haber salido de esta zona,
y a mi abuelo le oí decir muchas veces lo mismo; no ha habido para no¬sotros,
guerra que nos haya obligado a cambiar de residencia, somos habitantes de esta
zona desde tiempos inmemoriales.
“Becuerdo haberle oído a mi abuelo muchas veces, antes que
mi padre lo visitara, el siguiente cuento, de Guayabo Blanco, que ahora se los
voy a referir a ustedes contrariando las recomendaciones que siempre nos hizo,
pero a sus grandes deseos de conocer estas anticuallas únese para mí la
obligación de complacerlo, por ocupar el cargo de Práctico en la Comisión de
los trabajos.
“Antes de la guerra del 68, vivíamos en esta finca,
dedicados a la cría de cochinos, habiendo logrado reunir una extensa crianza,
debido a los buenos palmares que antes existían y a los cuidados de mi padre,
en -cuya labor le ayudábamos todos sus hijos, bien en el sabaneo de los puercos
o en la recogida de lechones”.
“No recuerdo bien la fecíha, pero creo que fué antes de
empezar la guerra grande, se presentó un año tan seco, que la ciénaga toda se
que¬dé sin agua; se podía caminar perfectamente sobre ella y los perros
jí¬baros de sus Cayos interiores, invadieron la costanera en busca de co¬mida,
e iniciaron una gran campaña de destrucción, que acababa con nuestros
cochinos”.
“Siguiendo el uso del campo, mi yadre, en vida todavía de mi
abue-
3o, se preparó a emplear el único remedio eficaz que se
conocía para ter¬minar con los jíbaros o ahuyentarlos colocando trampas para
cazarlos”.
“ Después de sitnar varias a todo lo largo de la costanera
se dirigió un día a Guayabo Blanco, con el mismo propósito, pero regresó antes
de terminar la faena, haciéndonos el siguiente Telato: Había llegado a
•Guayabo, cubierto entonces de impenetrable bosque, y escogido el lugar más
alto y sin acordarse de las recomendaciones del abuelo, había pro¬cedido a
cavar la trampa, sacando con la tierra infinidad de caracoles y restos humanos;
que tan pronto se dió cuenta, volvió a enterrar los restos y abandonó el Cayo,
temeroso de que algo le pasara antes de llegar a la casa”.
“Por la noche nos recomendó silencio el abuelo,
explicándonos que aquellos restos que nuestro padre había encontrado eran de
los Indios que ahí tenían sus enterrorios, y cuanto propendiera a pertubar su
reposo nos traería desgracia”.
“De lo acontecido a nuestro padre nunca eon nadie hablamos,
pero ya que ustedes quieren conocer antecedentes que se relacionen con los
Indios, y habiendo pasado tanto tiempo, no tengo inconveniente alguno de
indicarle cuanto con los enterrorios se refiera. Nadie sabe que ahí, en ese
Cayo, existen restos Indios; hace algún tiempo, después de des¬montado el Cayo,
el Ingenio Covadonga construyó una línea férrea que lo atraviesa y el Cayo en su
mayor parte está sembrado de caña, 'pero apesar de que cerca del lometón se
excavó algo, nadie ha en¬contrado restos alguno”.
“El lometón no lo han demolido porque lo aprovecharon por su
'proximidad a la línea y por su altuTa como embarcadero de madera. Unos
carboneros que estuvieron buscando tierras para el plan del homo, cavaron algo
en el lometón, pero según tengo entendido sólo encontra¬ron un ladrillo grande
con unas inscripciones que luego no ha aparecido”.
“Yo les respondo de la veracidad de cuanto dejo manifestado;
pue¬do indicarles el camino, pero no me comprometo a llegar con ustedes has¬ta
el Cayo, no por temor, sino por respeto a cuanto nuestro abuelo nos decía”.
Así habló el viejo Caro, despertando su relato nuestra
cu¬riosidad por comprobar la certeza de cuanto manifestaba, pues empleaba un
tono tan mesurado y tal acento de convicción impo¬nía a su palabra que nos
decidió a emprender viaje al día siguien¬te. Conocida la ruta y habiéndose
prestado a acompañarnos un viejo llamado Marrero, que nos serviría de Práctico,
preparamos la excursión durante la noche.
Octubre 6 de 1913.
A las 7 a. m. hemos salido del campamento Salvear,
acom¬pañados del Notificador de la Comisión Julio Montejo, del Mé¬dico del
Campamento Miguel Suárez, Práctico Pedro Peñalver y dos peones, guiándonos el
Marrero, que previamente se había
prestado declarando que no le infundían miedo los muertos
de- ‘ ‘ Guayabo Blanco ’
En el chucho denominado “ Virinzuela”, dejamos los caba¬llos
y proseguimos a pie la excursión. Poco más de una hora invertimos en el
recorrido, habiendo tenido que atravesar el Arroyo Pesquero, que es muy
profundo y de gran caudal en ese tiempo, antes de llegar al lometón.
Personal de la Comisión que efectuó los descubrimientos
Alto en el centro, pero cenagoso en sus orillas se presenta
el Cayo Guayabo Blanco, distando más de un kilómetro de la cos¬tanera; casi en
el centro del mismo se encuentra el lometórt donde decía Caro estaban los
restos. El aspecto del enterrorio- es muy particular; a primera vista
claramente se aprecia su procedencia, la mano del hombre se retrata
perfectamente en su construcción. Su planta circular (20 metros diámetro
aproxi¬mado) , su pequeña altura, la gran abertura de la generatriz que forma
su sección cónica, su emplazamiento en aquel Cayo perfec¬tamente llano y
cuantos detalles pudimos apreciar, fijamente nos. indicaban que el hombre había
sido su constructor; antes deí •excavar lo recorrimos en todas direcciones,
observando la capa vegetal que lo cubría, recogiendo las piedras que sobre su
su¬perficie encontramos, y sacando un croquis, ya que no llevá¬bamos cámara
fotográfica alguna, de su aspecto exterior.
I^os primeros restos indios extraídos de «Guayabo Blanco»
Terminada la minuciosa inspección del conjunto, procedimos
-a excavar: con franqueza podemos decir, que una intensa emo¬ción nos embarga,
al dar la orden de comenzar a cavar al pie •de un viejo tronco de caoba ya casi
destruido por los años. Al fin, nos íbamos a ver cara a cara con los Indios de
Zapata, tal -era la convicción que Caro nos había infiltrado, y al recordar las
épicas hazañas que nos había referido, el susto que su padre llevó al sacar los
restos y cuantas supersticiones, ciegamente prestaban fe los cienegueros de
aquella región, impresionados ■en
grado sumo nos encontrábamos todos, observando impacien¬temente el progreso de las excavaciones y fija la vista
atenta¬mente en la zanja que lentamente se iba ensanchando.
Eran las 10 de una mañana clara, fresca, típica mañana, de
ciénaga y que sólo apreciar puede el que en ella ha vivido, donde intensamente
se siente toda la naturaleza en su virgen esplendor; los agudos trinos de un
sinsonte, único .testigo en aquella memorable mañana, y que posado en un
gigante jagüey,, nos parecía burlarse con sus cantos de nuestra afanosa
decisión; el golpe seco de la guataca al tropezar con alguna piedra reper¬cutía
en nuestros oídos ya muy impresionados como murmullos, de protesta airada de la
infeliz raza en ella sepultada, y en fin, el conjunto era tan sugestivo, que
hasta el propio Marrero, que comenzó haciendo alardes' despreocupados,
burlándose de las supersticiones de sus camaradas, vacilaba ahora
nerviosa¬mente, cuando creía tropezar con algún hueso indio.
Nadie hablaba; reinaba un silencio fúnebre, intenso, que
sólo- era interrumpido por los golpes en las excavaciones y los can¬tos de los
pájaros; el teatro de nuestras operaciones arqueoló¬gicas, no podía ser más
bello en aquella mañana de Octubre. Al fondo del Cayo y desde la altura donde
estábamos cavan¬do se divisaba la inmensa sabana de ciénaga, florido pantano
salpicado de verde por la multitud de sus cayos interiores, don¬de agrupados
estrechamente se levantan caobas, cedros, ceibas, y palmares en íntima
confusión; en el resto de la enorme plani¬cie, rastreras se extendían las
flores de verdes ovas los juncos y cortaderas, y sobre un pequeño manglar que
se distinguía no- muy distante, bandadas de yaguasas, patos, garsas y guaríaos,
jugueteaban con alborozo sin preocuparse de nuestra presencia.
Sirviendo como de barrera infranqueable al Cayo, el Arroyo
Pesquero serpenteaba entre sus montes aun no destruidos, y engrosaba con sus
aguas, cubiertas de verde cortadera, donde traidoramente se esconde el
cocodrilo, el enorme volumen que en la ciénaga se deposita en aquella época de
lluvias incesantes.
Hacia el Sur, la ciénaga, todo es silvestre; en todo el hori¬zonte
la naturaleza se manifiesta en prepotente majestuosidad,, todavía no profanada
por la mano del hombre; en cambio, hacia, el Norte, la caña sembrada, la línea
que en época de zafra al1 batey la conduce y más allá, más lejos, el Central
Covadonga,. contrastando marcadamente con el bello panorama cieneguero,.
que representa el pasado, aquel pasado donde vivieron esos
se¬res que duermen en el Cayo y cuyo reposo vamos nosotros a interrumpir ahora
con nuestras investigaciones.
Planta del Mound de «Guayabo Blanco.» .
De la excavación que los peones profundizan metódicamente,
empiezan a salir gran cantidad de caracoles. Estábamos a un metro cincuenta
centímetros de la superficie del lometón en el lugar donde excavábamos, y
descubrimos una primera capa for¬mada de caracoles exclusivamente de un ancho
de treinta centí¬metros; pasamos esa capa, proseguimos ahondando y tropeza¬mos
con una segunda capa formada por huesos de jutías y otros animales, pero al fin
profundizando un poco más empezaron a aparecer los restos humanos. Al
distinguirlos, procedimos enton¬ces a ampliar la excavación, para poner de
relieve todo el plano donde estaban situados los restos y ejecutado así,
quitada la tierra que los cubría, nos fijamos que esos restos estaban todoí
-orientados: la cabeza al naciente y los pies al poniente sin nin- jruna otra
particularidad apreciáble.
Recogidos cuidadosamente los restos, proseguimos las
exca¬vaciones pudiendo establecer el siguiente orden en las capas: que
encontramos a partir de la superficie:
1. —‘Capa de
Tierra Vegetal: 0.30 metros.
2. —Capa de
caracoles sin restos: 0.25 metros.
3. —Capa de
Tierra Vegetal: 0.65 metros.
4. —Capa de
caracoles con muchos guamos: 0.25 metros.
5. —Capa con
guamos, piedras y restos de animales: 0.25 mts_
6. —Caracoles
con restos humanos.
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J e^rnrmJmm i- - -¿.j.
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S
Perfil del Mound de «Guayabo Blanco»
Comprobadas las relaciones de Caro, envasamos
cuidado¬samente los restos y en el primer viaje que efectuamos a la Ha¬bana
dimos cuenta a la Secretaría de Obras Públicas de nues¬tro hallazgo. Cuanto
luego se hizo por comprobar el descubri¬miento, lo relata fielmente el Dr.
Ortiz y lo copia el Dr. Mon¬tané en capítulo próximo, donde magistralmente se
estudian los. restos y objetos sacados de este Cayo.
El descubrimiento del Mound de Guayabo Blanco, nos in¬teresó
en sumo grado y afanosamente buscábamos otros Mounds que indudablemente de no
haber sido destruidos debían existir en toda la cuenca; no encontrábamos razón
alguna para que en aquella enorme zona no existiesen más enterrorios que el
des¬cubierto y tras de algunas pesquisas infructuosas, logramos al fin
localizar otros montículos, que demarcan una zona especial de Mounds en la
Ciénaga.
Efectivamente, en la ciénaga de Zapata, en terrenos que
.antes fueron secos, altos y habitables (4) y hoy están inundados, cubiertos de
mangles y cortadera, existe una región en la cuenca oriental que limita la
Bahía de Cochinos y la Laguna del Te- ■soro
por el Oeste y Cienfuegos por el Este, donde abundan los montículos análogos al de Guayabo Blanco; es
esa la región de los Mounds de la Ciénaga, (5) región
interesante no sólo por los monumentos, que como vestigio de su paso ha dejado
el hom¬bre primitivo, sino por las innumerables Leyendas y Tradicio¬nes que
sobre períodos tan remotos, cuentan sus guajiros y poi la especial formación de
los agrupamientos de familias que en toda ella existen, dispersos por la
Península.
Esa región fué habitada por el hombre prehistórico de
Za¬pata; en ella desenvolvió sus primitivas actividades, y el pro¬ducto de su
limitada industria rudimentaria reducida a obje¬tos de piedra, madera y posiblemente
de cuero, se encuentran -amenudo en sus terrenos.
Sus bosques aun no inundados, fueron campo de intenso
bregar, en su lucha por la existencia; sus costas sirvieron en etapa anterior,
de asiento a multitudes nómadas, que de mo¬luscos y pescados se alimentaban;
ella es toda depósito actual de sus restos, no dispersados aun por el arado,
pues lo ha im¬pedido la inmensa sabana de agua, que cual sudario, cubre su
suelo y lo protege.
Escudriñando sus montes, excavando sus tierras, orientán-
(4) En capítulos
posteriores probaremos que la actual ciénaga no obedece a causas naturales.
(5) En el
Estado de Missouri, región S. E. existe una zona de 4000 millas cuadradas de
terrenos bajos y cenagosos, conocido por “Swamp- Begion”, cubiertos de
innumerables Mounds, agrupados, siguiendo una intención evidente.—(Nadaillac.
Amerique Prehistorique).
donos por las infinitas Leyendas qué oíamos referir, cuentos
de guajiros a veces inverosímiles, y en fin investigando, con afa¬noso tesón,
cuanto con los Indios de Zapata pudiera relacionarse encontramos en la cuenca,
además del de “Guayabo Blanco”, los siguientes Mounds:
“Loma de la Cruz”. Finca San Miguel.
“Sabalo del Jiquí”. Finca Jiquí.
“Venero Prieto”. Finca Ventura.
' . - “Ventura”. Finca Ventura.
Pfa?o dé A* xof*» rfr .ffottmmtihtz
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Ji A.Co»cu/to*í*, +n Í9 G'f# fgf *
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Pv*b/o /fC0*&€.' pi ’
Zona de monumentos indígenas descubiertos en Zapata
El Mound de la “Loma de la Cruz” fué visitado por el Dr.
Montané en sus primeras investigaciones de Guayabo Blan¬co. Se extrajeron de
sus excavaciones algunos objetos de pie¬dras (percutidores, raspadores y
hachas), pero sin encontrarse resto humano alguno.
Aunque estaba bastante deteriorado por las siembras, podía,
reconstruirse su sección y planta; sus particularidades eran las siguientes:
diámetro en planta, 30 metros; altura, 3 metros; forma cónica y base
ligeramente ovalada. No estaban tan carac¬terizadas las capas de caracoles como
en “Guayabo Blanco”.
Estaba situado a la orilla de un arroyuelo, más separado de
la costanera que el de Guayabo, y por consiguiente, más expuesto a su completa
destrucción. Sobre él existen construi¬dos varios bohíos, lo que impide que
pudiera ser estudiado cui-dadosamente.
El de Jiquí, situado en la finca de este nombre, hacia el
Norte de ella, lindando con la ciénaga, está emplazado tn la margen derecha del
Venero Sábalo, que se sumerge a pocos pa¬sos en una profunda cueva y reaparece
en la Caleta del Sábalo donde desemboca en el mar.
Su planta está compuesta de dos círculos, uno de 40 metros y
el otro de 5, unidos por un pasaje o terraplén de 2 metros de ancho, con una
altura total de 3 metros aproximados.
Al igual que en los restantes Mounds, existen diversas capas
de caracoles, restos de jutías en gran cantidad, pero en lugar de osamentas
humanas y en la capa que le corresponden si¬guiendo el orden de Guayabo,
existen en éste una enorme can¬tidad de cucharas, formadas con la parte
inferior del vértice del guamo, con sus biseles correspondientes muy marcados y
limpiamente definidos.
El Mound de Venero como el de Ventura, a orillas también
ambos de Veneros o arroyos, contiene gran cantidad de restos de cucharas,
objetos de piedra en tosco, partidas piedras que pa¬recen ser cantos rodados
sin vestigio alguno de otro resto.
IV
Un estudio comparativo entre los Mounds encontrados en
Zapata, primeramente entre ellos y luego con los existentes en los Estados
Unidos, que han sido objeto de cuidadosas inves¬tigaciones, pudiera quizás, y
lo vamos a intentar, resolvemos el magno problema que su presencia en zona tan
solitaria hoy, plantea, para nosotros sobre todo, simples aficionados a estos
estudios. f
Entre ellos existe una cualidad común a todos:
emplaza¬miento, naturaleza de los elementos que los forman y arreglo* interior
de sus capas.
Todos están emplazados en la margen de algún arroyo o
venero, rico en pesca, en la parte más alta de la ribera; y esto
explica por qué las aguas al anegar toda la cuenca para
for¬mar con el tiempo la ciénaga, no los ha cubierto, haciéndolos desaparecer. -
Todos están construidos de tierra; son verdaderos
montícu¬los térreos, formados con una regularidad matemática, alter¬nando
diversas capas de caracoles y restos de animales, con ob¬jetos de la industria
de sus constructores.
El emplazamiento de todos los Mounds en las márgenes de los
arroyos y veneros, tiene fácil explicación; para el hombre primitivo los ríos,
y en general todos los cursos de agua, re¬presentaban el movimiento, la fuerza,
la vida, y en sus cultos relacionaban estrechamente las corrientes, con los
Dioses a quie¬nes muchas veces representaban.
Las partes más altas de las riberas, que escapan de ser
cubiertas por las aguas en crecientes, constituían como más pro¬minentes, los
lugares completamente seguros, para emplazar aquellas obras que se pretendía
fuesen permanentes.
Eran de tierra los montículos, porque ese era el único
mate¬rial indestructible que conocían, y posiblemente además de los caracoles,
y objetos de piedra que se encuentran con los restos, ellos colocaron también
en los Mounds, los objetos de madera que constituían parte de su industria, los
cuales no se hallaron, por su destrucción, así como también los de cuero,
aunque ni trazas de estos últimos se han encontrado.
Si atendemos a sus formas exteriores, objetos en ellos
en¬contrados, y situación de los restos, pueden clasificarse de di¬versos modos
estos monumentos, siguiendo la adoptada por los Arqueólogos Americanos, después
de investigar algunos miles de esta clase de construcciones.
Con respecto a la forma exterior, cuya dedicación ella
re¬presenta, pueden establecerse dos clases de monumentos en los encontrados en
Zapata, según la naturaleza y forma de su planta:
1. —Planta
regular, simple, compuesta de una sola figura geo¬métrica.
2. —Planta
irregular, compuesta de varias figuras no geomé¬tricas.
Todos los Mounds de Zapata, a excepción de “Sábalo de Ji-
quí” pertenecen al primer agrupamiento; el de Jiquí, compuesto de dos plantas
casi circulares, unidas entre sí por medio de un pasaje, tiene una
representación emblemática, de efigie, hoy difícil de precisar por el estado en
que se encuentra.
Estudiando los comprendidos en el primer grupo, se nota
apesar de su común aspecto exterior, diferencias notables al apreciar su
contenido. Atendiendo a estos, pueden clasificarse del modo siguiente:
1. —Monumentos
que contienen restos humanos.
2. —Monumentos
sin restos humanos, con restos de animales y variados objetos de su industria.
3. —Monumentos
sin restos humanos o de animales, con gran cantidad de objetos de su industria.
En el primer agrupamiento sólo puede incluirse, el Mound de
“Guayabo Blanco”, único donde se encontraron restos hu-
Cráueo del indio de Zapata
manos. Constituye un monumento sepulcral notable, y mereee
que lo estudiemos detenidamente, pues como afirma “Chateau¬briand”, en ellos se
encuentra siempre el reflejo del vivir cul¬tural de los Indios, que por lo
general, sólo construían esta clase de monumentos y a ellos reducían toda su
arquitectura.
Como pertenecientes al segundo agrupamiento puede
mencio¬narse el Mound de la “Loma de la Cruz”, donde no se encon¬traron restos
humanos, pero sí variados y numerosos de anima¬les, con algunos restos de la industria,
tales como percutidores, raspadores, cuchillos, etc., que recogió el Dr.
Montané en su visita a esta zona.
El último agrupamiento está muy bien caracterizado en el
Mound de “Venero Prieto”; en él no existen restos de nin¬guna clase, sino una
gran variedad de piedras, cantos rodados del río, cucharas partidas, formadas
por el fondo del caracol* y objetos de la industria de piedra, pero con labores
tan ele¬mentales, que parecen ser simples piedras recogidas en el río
inmediato. Este Mound pudiera ser un taller donde se cons¬truían los objetos de
la industria.
El Mound de “Guayabo Blanco” por muchos motivos es el más
interesante de todos los de la zona; su carácter sepulcral, los restos
encontrados, los objetos de la industria recogidos, todo, propende a hacerlo un
monumento importante bajo el punto de vista prehistórico, antropológico y
arqueológico.
Entre los Mounds Sepulcrales descubiertos en los Estados
Uni¬dos, el Marqués de Nadillac en su célebre obra “La América Pre¬histórica”,
describe uno, tan semejante al de Guayabo, que todo coincide perfectamente,
tanto exterior como interiormente.
Dice el Marqués:
“Las excavaciones de M. Farquiharson en Danvenport (Iowa)
son muy interesantes; uno de los Mounds tiene un diámetro de 10 metros y una
altura de 1.5 metros. Las capas sucesivas a partir del vértice comprenden:
1. —Tierra.
0.30 metros.
2. —Piedra
sacada del lecho del río. 0.45 metros.
3. —Capa de
Tierra. 0.45 metros.
4. —Capa de
conchas. 0.05 metros.
5. —Capa de
Tierra. 0.025 metros.
6. —Capa de
Conchas y restos humanos. 0.10 metros.
El moviliario que acompañaban los cinco esqueletos
encon¬trados, se componía de una gran concha marina; 2 hachas de co¬bre; 1
punta de flecha de silex y 2 pipas”.
Y
Mucho se ha discutido con respecto a los constructores de
los Mounds Americanos, habiéndose sostenido hasta hace poco, que ellos
constituyeron una raza característica, (Mound Buil- der), creadora de una
cultura especial, que floreció durante un espacio de tiempo determinado, en
ciertas regiones de la Amé¬rica del Norte.
La extensa área que ocupan sus monumentos, sus semejan¬zas
con otras construcciones prehistóricas Europeas, su abun¬dancia en zonas
geográficamente separadas, y las analogías que entre todos presentaban,
hicieron creer y sostener que esas cons¬trucciones, obedecían a un plan
determinado, obra de una sola familia étnica especial, que floreció en una
época antiquísima.
Las modernas investigaciones de los diversos Institutos
Cien¬tíficos Americanos, pero especialmente del “Smithsonian”, han permitido
fijar un criterio determinado con respecto a los cons¬tructores de estos
monumentos; clasificados han resultado ser muy variados, obra de diversas
familias y algunos de una an¬tigüedad casi contemporánea con la Conquista.
Las analogías que presentan los Mounds en todos los países,
tienen una fácil explicación (E. G. Squier), y no pueden invocarse ya como
carácter determinativo de unidad étnica en sus constructores.
La creencia en el más allá, es intuitiva e inherente al
en¬tendimiento humano, y cuanto se relacione con la vida y la muerte,
constituyen sentimientos igualmente comunes a toda Ir humanidad primitiva.
Los primeros ritos religiosos y los monumentos sepulcrales
de todos los salvajes, son siempre idénticos; y se enlazan fuerte¬mente las
ideas de la vida y la muerte, en las nacientes ma¬nifestaciones de todos los
pueblos prehistóricos, constituyendo un culto especial; el culto a la muerte.
El hombre primitivo cumple los propósitos que le obliga a
obrar de modo*más simple, y como el modo más simple y más durable medio de
preservar la memoria de los que fueron, es levantar un túmulo de tierra, o
aglomerar un montón de piedra, únicos materiales de que dispone, sobre los
restos, coinciden siempre todas las nacientes sociedades en esta forma, al
exte¬riorizar su culto religioso a los muertos.
Cráneo del indio de Zapata
Por esta razón, contrariamente a lo que se creía hasta hace
poco, no indica un nexo de comunidad de origen especial, que en Zapata se
encuentren monumentos iguales a los que abundan en la Cuenca del Mississippi, y
esta semejanza de construcción no puede relacionar en lo absoluto el parentesco
del Indio Cu¬bano de Zapata con el Algonquino o Iroques americano.
Distintas generaciones de hombres, separados en el tiempo
por períodos muy dilatados, han construido esos monumentos, indicando los
objetos de ellos extraídos, una diversidad grande
de cultura industrial, y así vemos que mientras en la
mayoría de los Mounds Americanos se encuentran enseres de cerámica y piezas de
metal, pipas y otros objetos, en los de Zapata, sólo se lian recogido toscos
objetos de piedra, cuyo desgaste indica un rudimento del progreso más
elemental.
El constructor de los Mounds de Zapata, cuyos restos fue¬ron
estudiados por el Dr. Montané, claramente manifiesta no ser paleolítico; el
suelo donde estaban construidos esos monu¬mentos pertenece a los terrenos
modernos; los restos de anima¬les encontrados, pertenecientes todos a especies
actualmente existentes, y los caracteres exteriores de los objetos de piedra
recogidos, demuestran la cultura neolítica a que pertenecían.
Por otra parte, los restos de animales encontrados en
“Gua¬yabo Blanco” donde predominan los de Jutía, Jicotea, etc., nos prueba, que
la alimentación del Indio de Zapata, ya no era sólo de pescados y moluscos,
indicando una etapa superior a los de “Santa Teresa”, cuya alimentación
probablemente sí era sólo de pescados y moluscos, como indica la gran cantidad
de ca¬racoles amontonados.
No sabemos, sin embargo, qué conclusiones habrá obtenido el
Dr. Montané, a este respecto que con la alimentación se re¬fiere, después de
examinado el sistema dentario del completo ejemplar de cráneo, que existe hoy
en el Museo.
Objeto de piedra encontrado en el Mound de «Guayabo Blanco»
La Antropología, por boca del Dr. Montané, nos dice, que
esos restos que fueron extraí-dos dé “Guayabo Blanco”, trasladados a la Habana
(Mu¬seo de la Universidad) y trans-portados luego a los Estados Unidos y
presentados ante el “Congreso Americanista” últi-
mo, pueden incluirse de lleno en el tipo de las razas mixtas
americanas; restos por otra parte que demuestran ser de una gran antigüedad.
La investigación arqueológica puede determinar ahora
algu¬nos otros elementos de importancia: la única norma a seguir en los
estudios de esta clase la establecen, los objetos que se en¬cuentran, su grado
de adelanto, el desvaste o pulimento de los
de piedra, la presencia de útiles de barro, metal, etc., y
cuantos en general puedan ofrecer señal que indique el progreso in¬dustrial de
sus constructores.
El resultado del estudio de los objetos de piedra,
encontra¬dos en los Mounds, nos revela una pobreza industrial grande; los
toscos desvastes de la piedra, lo poco numeroso de los ob¬jetos, que
posiblemente, como dice el Dr. Montané, estarían complementados con los de
madera, desaparecidos, indican una cultura muy elemental, pero viene a
confundimos en este jui¬cio, múltiples señales encontradas en otros restos,
como son las cucharas del Jiquí, que no concuerdan en su progreso con los de
piedra (6).
Todos los objetos de piedra recogidos en los distintos
Mounds, presentan un desvaste muy simple, denotan una labor muy tos¬ca, que
sólo permiten incluirlos entre los que se consideran como perteneciente a la
primera etapa cultural de la edad de piedra, en sus comienzos (7); algunos como
los encontrados en “Venero Prieto”, son simples cantos rodados recogidos del
arroyuelo inmediato, sin ninguna otra labor perceptible, que no sean las
huellas de su uso. •
Los mismos objetos extraídos de “Guayabo Blanco”, no ofrecen
casi ningún rasgo de un trabajo fino de desvaste y sin embargo, existe la
anomalía, pues, ¿cómo considerar que d hombre, que tan pobres recursos poseía
en la labra de sus objetos de piedra, y tan toscos resultados obtenía, podía en
cambio, concebir la construcción de esos monumentos que indudablemente
obedecían a una idea religiosa?...
Los primeros pasos del progreso debieron ser los más len¬tos
y dificultosos, pues para que el hombre primitivo pudiera alcanzar cierta
perfección en los medios que empleaba para la fabricación de sus objetos, era
necesario que desaparecieran las dificultades exteriores que le embargaban toda
su inteligencia y todo su tiempo: hasta que en Cuba no desaparecieron los
enor¬mes y fieros mamíferos que sus bosques poblaron y las catás-
(6) La
historia de la humanidad supone una evolución continua, con alternativas de
ganancias y pérdidas, en fuerza, destreza, agudeza de los sentidos y vigor
intelectual.—(Beclús).
(7) En
general, es tan sencilla la industria de la piedra labrada, que no debe
admirarnos el que los instrumentos de piedra, presenten una analogia tan
completa en todos los países.—(Buchner).
trofes y accidentes naturales que le dieron origen
territorial, 110 cesaron, única acción exterior que puede tomarse en cuenta, no
pudo el cubano primitivo avanzar fijamente en la senda de su mejoramiento
industrial. Esta acción exterior sólo tuvo que soportarla, luchar con ella y a
ella adaptarse el hombre paleo¬lítico de que tratamos en el capítulo anterior.
El hombre neolítico cubano, que no tuvo que lidiar en sus
selvas con fieras, pues de los mamíferos sólo la inofensiva jutía conoció, que
no debió ingeniarse mucho para procurar su dia¬rio sustento, pues la pródiga
naturaleza favoreció de tal modo nuestra tierra, que con sólo alargar el brazo
tenía lo que ne¬cesitar podía, posiblemente inició su marcha hacia el progreso
en esta época en que construyó los Mounds de la ciénaga de Zapata.
Su estado general de hombre pri¬mitivo debía ser aún más
inferior, más miserable e imperfecto que el más bárbaro de los salvajes
actuales, aunque para complicar esta cuestión y dejar cierta duda latente,
algunas manifestaciones que indican, por lo menos, un esbozo artístico, prueban
lo contrario, precisamente en los res¬tos que con más abundancia se
en¬contraron en los Mounds que estudia¬mos : las CUCharaS. Piedra encontrada en el Mound
Siguiendo la clasificación que de «Guayabo Blanco»
adopta Morgan, para los pueblos, antes de llegar a la
civiliza¬ción, dos etapas o períodos de cultura se suceden: el salvajismo y el
barbarismo, que se subdividen a la vez en tres estados o períodos étnicos,
denominados inferior, medio y superior; vea¬mos cómo podemos clasificar al
indio constructor de los mounds, por los restos de su industria encontrada,
El Indio de la Ciénaga de Zapata estaba en su período de
salvajismo el más inferior, pues a la ausencia completa de ob¬jetos o restos
fabricados de barro, únese la de flechas o puntas de ellas.
El miserable constructor de los Mounds, probablemente
su¬cedió a los Ictiófagos que amontonaron los restos que encontra¬
mos en “Santa Teresa”, y precisamente en aquella etapa era
cuando se iniciaba la marcha hacia un progreso, que terminó para esta raza con
el alcanzado por los Tainos que encontra¬ron en Cuba los conquistadores
españoles en el siglo XYI.
Estudiemos detenidamente el Mound de “Guayabo Blanco” con
objeto de confirmar su posible finalidad religiosa. En efec¬to, salta a la
vista que a ella obedece la orientación de todos sus restos; todos los
encontrados estaban perfectamente orien¬tados: la cabeza al naciente y los pies
al poniente. Esta orien¬tación, que invariablemente se conservaba, no puede ser
de nin¬gún modo casual, debía por el contrario, obedecer a propósitos
religiosos, manifestación de algún culto al Sol, a la muerte, al más allá,
etc., tal como lo practicaba la Familia Arawaca del Continente Sur.
Posiblemente era un verdadero culto al Sol, tai como lo
si¬guieron practicando sus sucesores Siboneyes, los cuales, según refiere
Bachiller y Morales, “esperaban stt salida, en las már¬genes de los ríos y
saludaban su aparición con reverencias, la¬vándose las manos y la cara en las
aguas”.
Todas las ideas religiosas primitivas han tenido su origen
en el culto a la muerte (8) y la orientación de los restos de “Guayabo Blanco”,
prueba claramente que este culto por ru¬dimentario y elemental que fuese,
existía entre los Indios de Zapata.
En el Big Mound de San Luis, (9) Estados Unidos, todos los
esqueletos que se encontraron, obedecían en su posición a un orden riguroso:
espaciados a igual distancia, presentaban la cara siempre mirando al naciente,
que constituye otra forma de orientación en esos monumentos antigües.
Aquella raza que se encontraba en el salvajismo más
primi¬tivo, poseía una idea religiosa, exteriorizaba su culto y rela¬cionaba el
camino que seguirían en la otra vida sus muertos, con la ruta del Sol, objeto
de sus reverencias.
La forma de todas las construcciones sagradas primitiva
(8) Según
Morton, la principal característica de la raza americana la constituía la
especial devoción hacia sus muertos, y el culto que le profesaban, los cuales
permitían diferenciarlos específicamente de otras razas.
(9) Existen
tantos Mounds en los alrededores de esta Ciudad, qu* ha sido designada como la
Ciudad de los Mounds: Mound City.
era simbólica siempre, pues obedecía en lo absoluto, a las
ideas y concepciones religiosas de sus constructores.
La adoración del Sol, que más propiamente debía llamarse
culto de los poderes de la Naturaleza (C. E. Squiers), pare¬ce que fué la forma
más antigua y primera, y más esparcida, de las supersticiones humanas.
Siguiendo estas creencias, el Sol, como emblema del
prin¬cipio activo y más eficaz poder de la naturaleza, logró siem¬pre el primer
lugar, siendo simbolizado por un círculo, y por eso notaremos que son siempre
circulares los templos más an¬tiguos dedicados a este astro, o al Poder que se
supuso en él presidía, la energía activa y vivificante de la Naturaleza.
La figura del templo (dice Maurice), en casi todas las
re¬ligiones, es el gerograma de su Dios. El del Sol es en todos un círculo; y
los templos de este astro son siempre circulares.
Los designios de los antiguos en su arqui¬tectura, sufría
una notable influencia por parte de sus especulaciones astronómicas, y de sus
fantasías
de sus casas, porque Cucharas indias se suponía que los
muertos han de tener las costumbres de los vivientes.
A esta idea obedecían las construcciones de los Mounds en la
Ciénaga de Zapata. Por esos sus monumentos presentan una sección circular, casi
perfecta, y como se creía que el alma del muerto durante cierto período más o
menos corto, permanecía como en suspenso alrededor del túmulo, se depositaban
con sus restos, animales que pudieran servirle de alimentos.
Acompañaban al difunto, sus armas y objetos de uso más
preciado, para que pudiera dignamente presentarse completo, ante la Divinidad
infinita, y se acompañaban éstas, con los gua¬mos y caracoles, que constituían
para ellos objetos preciados.
Este conjunto de ideas, que originaron para el Indio de
Zapata, el culto a la Divinidad, como lo representan sus tú¬mulos funerarios,
demuestran cierto grado de avance cultural,
que no puede, indudablemente, ser la resultante de las
acciones cerebrales en un salvaje de tipo inferior.
¿Qué pensar, pues, del Indio constructor de los Mounds de la
Ciénaga?
¿ Cómo armonizar, el producto de su industria tan tosca, con
esas ideas religiosas, que demuestran por lo menos un salvajis¬mo más elevado
en la escala cultural, que el que sus piedras representan ?
Si a todo esto añadimos la perfecta construcción de las
cucharas, labor que re¬quiere gran destreza, mu¬cha seguridad en el pulso al
desvastar el caracol de que se saca; instrumentos apropiados que no pueden ser
los encontrados en los Mounds, para poder lograr los biseles inferiores, hay
que convenir, que es impo-
Objeto de piedra encontrado en el Mound sible Creer que el Indio de
de «Guayabo Blanco» Zapata,
COU los objetos de
■su
industria encontrados, pudiera alcanzar tan fina y delicada labor, y que la
torpe mano que desvastó la piedra de las pie¬’ zas que se han recogido, no es la que construyó los biseles de las cucharas, ni pertenece ella al cuerpo, en
cuyo cerebro ger¬minó esa idea religiosa que le dió ser a los Montículos
sepul¬crales encontrados.
¿Qué pensar, pues, de estas raras anomalías? ¿Fué o no
aquella raza, cuyos restos extraímos de “Guayabo Blanco”, la ■constructora de esos Mounds ?...
Esta cuestión no tiene satisfactoria solución y acontece con
ello lo que con la industria Siboney, también en los objetos de piedra; la
llamada civilización Siboney, no pudo nunca alcan¬zar la perfección que el
pulimento de los objetos de piedra en¬contrados presentaban, y sin embargo, al
igual que en los Mounds, aquellos objetos de piedra pertenecían por completo a
su industria, y eran los elementos de que se valían como per-tenecientes a su
cultura.
La idea de tiempo desaparece en estos problemas; la fecha,
edad, etc., son factores completamente desconocida en las in¬vestigaciones de
esta naturaleza. Sólo se puede asegurar, que debió transcurrir mucho tiempo,
para que aquel salvaje evo¬lucionando, alcanzara la cultura del Siboney; para que
aquel hombre que se encontraba en el período más inferior, a juzgar por su
industria de piedra, llegase a alcanzar la cultura media del período bárbaro en
que los españoles encontraron a los Siboneyes, tuvo que transcurrir un lapso de
tiempo enorme, muy dilatado.
Fijémonos por un momento, que la civilización encontra¬da
por los Conquistadores en Cuba y Santo Domingo, estaba perfectamente incluida
en la clasificación de Morgan, como perteneciente al período inferior de
barbarismo, pues la cons¬trucción de las basijas de barro y el estado general
de la in¬dustria así lo comprueba. .
Por completo, había sa¬lido de la etapa salvaje en sus tres
períodos», evolucio¬nando en cada uno de ellos hacia su mejora industrial,
pero, ¿qué tiempo no tuvo que transcurrir en esa cul¬tura lítica para que
comen¬zando por la adquisición del fuego, cuyos vestigios
Objeto de piedra encontrado en el Mound n0 se ]lan
encontrado en de «Guayabo Blanco»
los Mounds de la Cieña- ga, seguir con ios del arco y la
flecha, llegar al empleo y uso de la industria de barro, y de la piedra
pulimen-tada, tal como fueron encontrados en Cuba, Santo Domingo y Puerto Rico
por los españoles?
Es muy dilatado, indudablemente, el período que en tiempo de
medida empleó esa evolución, y un cálculo de extensión en¬tre los extremos que
marcan esa fase, nos puede dar idea, para poder apreciar la magnitud de su
desarrollo.
Conocemos el Indio de Zapata y su industria; éste es un extremo
de ese lapso. Conocemos también la civilización Si¬boney y su industria; éste
es el otro extremo.
Situado un extremo, el Siboney en el año 1500, a donde
te¬nemos que #emontamos, para colocar el otro, que comprei.de tan variados y
extensos períodos evolutivos...
Sin embargo, pudiera muy bien haber acontecido que nnr.
acción exterior civilizadora en mayor grado que la insular, hu¬biera acelerado
el ciclo a recorrer, pero aun sucediendo así, son tan diversas las fases de
cada período evolutivo, que marcan los grados de civilización alcanzados, por
los agrupamientos hu¬manos, que indudablemente el extremo correspondiente al
In¬dio de Zapata, a su civilización, a su progreso industrial y a cuantas
manifestaciones sean peculiares a su cultura, hay que colocarlo en tiempos muy
remotos.
VI .
El entusiasmo que nos produjo el hallazgo de los distintos
monumentos de la Ciénaga de Zapata, nos estimuló hasta el ex¬tremo, de
convertirnos en materia de especulación para los as¬tutos cienegueros de la
zona, que diariamente venían a vender un nuevo secreto; éste nos manifestaba
que conocía el lugar donde se encontraba el sepulcro del fiero y ostentoso
Cacique Anaconte, sepulcro que estaba lleno de tesoros; aquél nos con¬fiaba muy
en secreto, que había podido sacarle a un viejecito del “Maneadero”, que tenía
un derrotero de ciertos “entie¬rros”, donde se encontraba la cueva de “Cayama”,
con sus habitaciones, y todos los enseres del personal uso de este Ca¬cique,
muy bien conservados, pues nadie los había tocado des¬de que desaparecieron los
Indios.
Por este estilo, diariamente nos llegaban infinidad de
confi¬dencias muy secretas, pero que había que pagarlas adelantadas.
Comprendiendo, pues, que nuestro entusiasmo producía pa¬ra
aquellos Cienegueros una industria que explotaban', con grandes resultados al
principio, pero sin ninguna utilidad, tan pronto nos dimos cuenta del papel que
estábamos representan¬do, nos limitamos tan sólo a nuestras propias
investigaciones.
Empezamos a retraemos de aquellas reuniones de Ciene¬gueros,
a la que, al principio concurríamos, y donde oíamos contar tradiciones y
leyendas a veces sin sentido alguno, y en este estado de ánimo nos
encontrábamos acampados en la Bahía
de Cochinos, finca “Ventura”, el día 20 de Noviembre de
1913, con unas ganas de “virar grupas” para la Habana y dejar la ciénaga, que
no son para contarlas.
Cerca del medio día recibimos la visita de Rafael Arencibia,
quien enviado por su padre Ningo, viejo y conocedor ciene- guero de la parte
occidental de la cuenca, nos comunicaba el descubrimiento de una “Ciudad India”
en plena Laguna del Tesoro, cuyos vestigios había encontrado un octogenario de
la finca “El Maíz”, en su remota juventud, cuando en caza de cocodrilos, en
ella había pernoctado.
Poblado lacustre
Desconfiados como nos encontrábamos, no le prestamos
aten¬ción alguna a las revelaciones de Arencibia, pero andando el tiempo,
transcurridos varios meses, estábamos efectuando unos sondeos en la Laguna, y
en viaje hacia ella íbamos, en misión de Ingeniero, cargádo con todo el bagaje
de medir, cuando tro¬pezamos con Ningo a la entrada del estero'de las
Maravillas ; lo invitamos a que nos acompañara al “Cayo de la Gloria”, donde
pensábamos establecer el Campamento, y aceptó, siguien¬do con nosotros.
Ningo es hombre serio y formal, y al revés de Catalán, de
quien es hermano, puede creerse firmemente en su palabra. Habiendo recaído
durante el almuerzo la conversación sobre la “Ciudad India”, Ningo nos
manifestó que por sus propios ojos había podido comprobar el relato del viejo
Domínguez, y ya
esto nos decidió a visitar el Cayo de las Estacadas, que
estando dentro de la propia Laguna, queda no muy lejos del de la Gloria.
Por consejo de Ningo, mandamos previamente a darle can¬dela
a la cortadera que lo cubre, pues según nos decía no po¬dían observarse bien
los restos de aquella ciudad, sino después de despejada totalmente; verificado
así, partimos a los pocos días hacia las “Estacadas”, en su compañía y con el
indispen- ble bagaje cieneguero: un buen rifle para los enormes coco¬drilos que
tanto abundan en aguas de la Laguna y la “guaca¬bina” consiguiente, cosas ambas
que nunca debe dejarlas lejos el que por aquellos andurriales tenga que andar.
El Cayo de las Estacadas en la I*aguna del Tesoro
El “Cayo de las Estacadas”, es pequeño, bajo, casi ane¬gado
hoy totalmente; cubriendo toda su superficie y parte del estero adyacente que
lo separa del Cayo Cocodrilo, encontramos numerosas hileras de pilotes clavados
que sobresalían bastante de la superficie. Todo el pilotaje guardaba un orden
regular que indicaba ser obra del hombre, distanciándose entre sí unos tres
metros aproximadamente.
Era un verdadero tablero de ajedrez en su forma regular; la
simetría de sus diversas filas era perfecta, y en fin, todo de¬notaba que no
era casual su construcción. Su antigüedad nos la reveló el estado de los
pilotes; sacamos uno con gran tra¬bajo y observamos lo siguiente: los pilotes
todos eran de made¬ra de yana, de una longitud aproximada de 10 metros;
mien¬tras la parte que había estado enterrada conservaba su diáme¬tro primitivo
(unas 6 pulgadas) el resto que estaba fuera de la superficie del fondo, y
sometido a la influencia variable del sol, humedad, etc., presentaba un
desgaste uniforme muy mar¬cado que había reducido su diámetro a una pulgada.
Casa perteneciente a un poblado lacustre
Como la yana es madera resistente, y su destrucción a la
intemperie es lenta, aquellos pilotes tienen que tener clavados mucho tiempo;
positivamente es muy remota su construcción y el pilotaje indica que fué superficie
de sustentación de un gran número de casas que sobre ellos estuvieron asentadas
en épocas añejas.
Aquellos grandes cuadros de pilotes resultaban ser la base
de una población lacustre, que en esa laguna existió, y esta hi¬pótesis quedó
robustecida, con la gran cantidad de despojos de caracoles que encontramos en
el fondo del cayo actualmente cubierto de agua; junto con los caracoles,
extraímos varias piedras pequeñas labradas con un agujero central, que indi¬can
eran contrapeso de las redes que aquellos habitantes la¬custres empleaban en
sus pesquerías.
Teniendo en cuenta la gran extensión cubierta por los
pi¬lotes, tenemos que llegar necesariamente a la conclusión, de que aquella
población lacustre, era muy numerosa, pues en cada, casa de las muchas que
podían existir y que indican la gran área de su desarrollo, vivían según nos
cuentan los cronistas que de la conquista dé Cuba se han ocupado, gran número
de individuos, como pasaba en la población lacustre llamada Ca- rahata, cerca
de Sagua la Grande, muy bien descrita por el Padre las Casas, que allí se alojó
en el primer viaje de Pánfilo Narváez.
Mientras no se deseque la ciénaga y bajen de un modo
per¬manente las aguas de la Laguna del Tesoro, no puede hacerse una
investigación metódica de los restos depositados debajo de los pilotes, pues el
agua de la Laguna tiene sobre el cayo, en algunos lugares, más de dos metros de
profundidad, y sólo buceando casi, pudimos sacar los restos que conservamos.
Teniendo en cuenta la gran abundancia de peces que hay en el
Tesoro, su abrigada situación, y su topografía primitiva, no es de dudar que
existieran en remotas épocas, grandes po¬blaciones lacustres en ella, análogas
a las del Cayo de las Esta¬cadas, pues la tradición conserva un significativo
vestigio de su población, al explicar que su nombre se deriva de los tesoros
que los Indios depositaron en sus aguas al enterarse del desem¬barco de los
españoles para conquistar la Isla.
El tiempo podrá aclarar estos particulares, y nos
promete¬mos, tan pronto comience la desecación, hacer una verdadera
investigación minuciosa del fondo del Tesoro.
LA LEYENDA DEL MANJUARÍ
Una alusión constante, encontramos en las leyendas de los
guajiros de la cuenca, al referirse a los montículos sepulcrales indios, a los
restos de caracoles y a cuanto pueda relacionarse con los Indios de Zapata, en
el pez Manjuarí.
El Manjuarí es el único representante vivo de la fauna
ic¬tiológica antiquísima, que existía en tiempo del Ictiosauro. Me¬dio pez,
medio reptil, abunda grandemente en los ríos y lagu¬nas de la ciénaga de Zapata
y es objeto de variadísimos cuentes de sus montunos.
Según cuentan, sus huevos son venenosos y su carne no debe
•comerse; es el rey de los dominios acuáticos, y le rinden plei¬tesía todos los
pescados; viaja siempre con una corte numerosa de biajacas y el cocodrilo nunca
se atreve con éstas, cuando es¬tá presente el monarca. En la piel del manjuarí,
se halla es¬crita la historia de su especie; viven cientos de años en las aguas
y otro tanto enterrados en el fondo de las lagunas y arroyos.
En los veneros donde se encuentran enterrorios Indios, no
existe el manjuarí y esta creencia está tan extendida entre los cienegueros,
que dicen que guiados por esta señal han logrado ■encontrar
huesos, objetos, y hasta tesoros indios enterrados. Con una seriedad pasmosa
afirman inverosímiles hechos a ellos acae¬cido,
en tal o cual época, pero por lo general, los testigos que presentan de sus
aseveraciones ya no existen o no estaban en la zona a nuestro alcance cuando
por ella andábamos.
Entre todas las relaciones fantásticas que con el Manjuarí '
se relaciona, la que nos refirió un compadre (en la ciénaga este mote es
familiar y muy usado) guajiro, viejo vecino de El So- plillar, es interesante,
por mezclarse en ella datos que se rela¬cionan con hechos positivos y que luego
pudimos comprobar, como es la existencia de los guamos de ojos en la finca
“Santa Teresa”.
El viejo guajiro, que así se le conoce, es muy ladino; de
clara inteligencia y perspicacia, y todos sus cuentos nos resul¬taron muy
interesantes, por la exposición y colorido con que los presenta. Habla
pausadamente, con un tono que impresiona, y su palabra es muy respetada de
todos los cienegueros que siempre lo escuchan con gran reverencia.
Poblado lacustre
Fué él precisamente, quien nos dió también los datos de la
Leyenda del Cocobayo, de los amores del Cacique Cayama, de los entierros de
tesoros del Olonés y otros varios que, en el curso de este libro podrán
encontrarse.
Se precia, y así lo consideran todos los vecinos de Charcas,
Matun y Guasimal y los montunos de la costanera Sur de la Península oriental,
como depositario de infinitas leyendas y
tradiciones conservadas según él, en los “Archivos” de
fami¬lia, y cuando le preguntábamos por éste, nos señalaba la frente y se reía,
diciéndonos que nosotros no podíamos comprender muchas cosas.
Así es, a grandes rasgos, el compadre guajiro, muy
sim¬pático por lo demás y persona de aspecto respetable, solvente de intereses
y muy trabajador, apesar de los ochenta y pico de años que encima lleva.
Vista del Río Hatiguanico, cerca de su desembocadura eu la
Broa.
Dice el guajiro: “el Manjuarí era un “pescado” sagrado para
los Indios que ocuparon esta cuenca, porque fué el que les indicó los mejores
lugares donde podrían encontrar alimen¬tos de esta naturaleza, cuando el
hombre, por la pobreza de sus elementos, se le hacía difícil conseguirlos.
Celebró pacto con aquellos primitivos hombres que en los veneros más
abundan¬tes de pesca se establecieron y cumplió religiosamente lo pacta¬do,
proporcionándoles pescado abundante”.
“Al inventar el hombre primitivo la red para pescar, en su
afán de obtener más pesca que la que el Manjuarí ofreció, se irritó de tal
manera que emigró de aquellos lugares donde pu¬dieran los indios establecerse,
y cumple de tal manera propósito, que aun en la actualidad, a pesar del gran
tiempo transcurrido, no frecuenta los veneros donde existen enterrorios de los
indios de Zapata”.
En la Bahía de Cochinos hemos encontrado muy ex¬tendida la
creencia, de que los negros y en general los hombres de cuero obscuro, como
dicen, no pueden bañarse en las aguas de los ríos y arroyos, porque el manjuarí
los ataca, y es, preci¬samente, en cierta parte del cuerpo, que dicen que
flota, donde con más encarnizamiento muerde este animal.
Nosotros en todos los ríos de la cuenca nos hemos bañado, y
nada hemos observado; en el Río Hanabana, en su desembo¬cadura en la ciénaga,
donde abunda mucho el manjuarí, le he¬mos tirado con rifle y hasta a veces
cogido vivo con gran sor¬presa de los cienegueros y no liemos notado
absolutamente nada.
Si fuéramos a relatar las mil supersticiones que sobre el
Manjuarí se cuenta en Zapata, llenaríamos páginas enteras de relatos
infantiles; pero de este ridículo cúmulo de versiones sobre el Manjuarí,
podemos, en cambio, sacar la consecuencia de que este animal fué en un tiempo
que no podemos fijar, re¬verenciado de los habitantes de la cuenca.
CUATRO AÑOS EN LA CIÉNAGA DE ZAPATA
CAPITULO III
EL INDIO CUBANO DE LA CIENAGA DE ZAPATA
POR EL Dr. LUIS MONTANÉ
Catedrático de Antropología de la Universidad Nacional
StTMABIO: LOS CEMENTERIOS INDIOS.-I. Los Kjoekkenmoeddings
de la América del Norte.—II. Los Mounds de la América del Norte.—III. El Mound
Cubano del Cayo Guayabo Blanco.
I
En el año de 1913, fecha memorable en los anales de la
Ciencia Cubana, tuvo efecto el descubrimiento de un Cementerio Cubano
precolombino no desflorado por el arado, y libre al pa¬recer, de las fechorías
de los cavadores de todas clase.
Para mí, en este momento, se realizaba un ensueño
acaricia¬do desde los primeros días de mi llegada a este país (1874) : i adonde
encontrar los restos de los indios desaparecidos?, me preguntaba: ¿ Cuál es el
signo exterior de sus sepulturas ? y en un capítulo (1), que forma parte de una
serie de impresiones de viaje por la extremidad oriental de la Isla de Cuba,
excla¬maba yo en Agosto de 1891: ‘ ‘ ardo en deseos de encontrar aque¬llas
grutas en las que el hombre ha dejado huella irrecusable de su existencia”.
Lo que persigo, sobre todo con pasión, es el problema de las
sepulturas indias de Cuba. Esta pesquisa tiene el don de apasionar a los que
se' entregan a ella; y en el caso presente, esta investigación es tanto más
atractiva para mí, cuanto que,
(1) Dr. Luis
Montané “Los Iadios de Cuba” (trabajo inédito).
Vista de una de las Salas del Museo de Antropología de la
Universidad Nacional.—(Museo Montané.)
COSCULLUELA
IFray Bartolomé de las Casas (2), que vivió largo tiempo en
medio de los indios de Cuba y que, después de todo, es quien unejor ha descrito
sus caracteres físicos y sus costumbres, hace Ja confesión siguiente:
..acerca de los muertos no supimos más, sino que los
enterraban •en sepulturas,—creo que en el monte—apartados de la casa donde
mo¬rían, por el miedo que había de los fantasmas..
Verdad es que Oviedo (3) da sobre la sepultura de los reyes
y señores de la isla vecina (La Hispaniola) pormenores intere¬santes; pero que,
al fin y al cabo, no se refieren a los hombres particulares; y como escribo en
Cuba, me importa mucho tomar mis datos, por restringidos que parezcan, en el
mismo país a •cuya historia se refieren.
¿ Qué se hicieron más tarde de estos muertos ? Los
historiado¬res se encierran en un mutismo absoluto a este respecto.
Precisamente fué en esa época (1891) que descubrimos los •osarios
(4) (depósitos de huesos) indios en las cuevas que abun¬dan en los farallones
de la costa norte, cerca de Maisí, en la punta de la isla y en la costa sur del
extremo oriental.
El año anterior (1890) el Dr. Carlos de la Torre, en una
•excursión cuyos detalles interesantes pueden leerse en una co¬municación
notable a la Academia de Ciencias de la Habana (5) liabía tenido la buena
fortuna de hallar en una cueva de Maisí, próxima a la Cuesta del Chivo, un
esqueleto casi completo, cuyo cráneo presentaba la deformación caribe.
Pero seguíamos ignorando el modo de sepultura que se daba al
indio precolombino, y he aquí, que en fin, nos encontramos delante de una
sepultura de origen indio, que podemos estu¬diar científica, metódicamente, es
decir, bajo el triple punto de vista geológico, arquelógico y antropológico.
Vamos, pues, hoy a resolver un problema de etnografía y de
etnología comparadas, empresa delicada sin duda, pero al fin y al •cabo
realizable, gracias al auxilio poderoso de las ciencias antro-pológicas,.
(2) Historia
de las Indias, T. Y. Cap. CCIY.
(3) Historia
de la<s Indias.
(4) In loe.
cit.
{5) Sesión del 28 de Octubre de 1890. '
LOS KJOEKKENMOEDDINGS DE LA AMERICA DEL NORTE
Ante todo, y para más amplia ilustración del asunto,
recor¬demos que el hombre ha vivido en América durante largos pe¬ríodos de
tiempo, quizás desde fines del “terciario”, ciertamente- durante todo el
“cuaternario”.
Vida miserable, errante, consagrada sobre todo a una sola
cosa: luchar contra la muerte; y cuya vida semejante sólo pue¬den presentar los
más groseros salvajes actuales, y así debieron co¬rrer siglos y siglos, sin que
hasta ahora los restos de la vida de esos prehistóricos, hayan suministrado,
como en Europa, indicacio¬nes precisas sobre su evolución biológica (6).
Sin embargo, el estado social de esos miserables primitivos-
tuvo que mejorar poco a poco. Se hicieron sedentarios, su in¬dustria se
perfeccionó; y es probablemente de ese período (que correspondería con los
tiempos neolíticos de Europa) que datan los restos múltiples abandonados por
los prehistóricos america¬nos en los Kjoekkenmoeddigs, restos de cocina, shell
mounds, sambaquies, montones de caracoles y paraderos.
Es evidente que, en esas circunstancias, una tribu que se
alimentaba principalmente de moluscos no debía tratar de es-tablecerse en el
interior. Muy frecuente, en efecto, en las dos Américas, más bien a lo largo
del litoral marítimo—a orillas de los dos océanos,—a veces en las islas como en
Terra-Nova, esos grandes montones de conchas, son a menudo considerables.
Lenta aglomeración de los despojos de todo género de
de¬tritus, de restos de la vida cotidiana, están casi exclusivamente formados
de conchas que constituían la base de su alimentación.
Mezclados sin orden, en medio de estas, conchas, se
encuen¬tran fragmentos de carbón, de huesos de animales, de hachas de piedra,
de puntas o flechas de silex, utensilios de hueso, etc. A veces los muertos han
sido inhumados debajo de los propios ho¬gares y los descendientes han seguido
viviendo sobre estas tum¬bas improvisadas, acumulando sus despojos sobre los de
sus antepasados (7).
Existe, pues, sobre el suelo del Nuevo Mundo huellas
múlti¬ples de la presencia del hombre en una época muy remota sin
(6) M. L.
Capitán.
(7) In lee.
cit.
<luida; pero en que la fauna era de todo punto análoga a
la fau¬na actual.
Es a esa categoría a que pertenecen los innumerables
monto¬nes de caracoles análogos a los Kjoekkenmoeddings de Europa, que se
encuentran en toda la América y que son conocidos bajo el nombre de shett heaps
en la Améri' a del Norte.
Esos montones no son sincrónicos: algunos como los de la
Florida, parecen recientes: otros, por el contrario, como los de las islas
Aleutianas, son bastantes antiguos.
Los que se encuentran en-los Estados Unidos datan de la
misma, época que las construcciones conocidas con el nombre •de Mounds
(terraplenes).
Esos montones abundan particularmente en las islas
Aleu¬tianas. Han sido cuidadosamente estudiados por el Profesor ~W. Dalí, quien
ha reconocido que comprendían tres capas, las ■cuales
encerraban objetos de tipo industrial diferentes.
La capa inferior está compuesta exclusivamente de caracoles
rotos, y de agujas de una especie de erizos con los cuales se en¬cuentran
mezclados algunos restos de moluscos comestibles.
Por encima de esta capa, viene otra formada de espinas de
pescado con algunos huesos de aves.
La tercera capa está compuesta de huesos de mamíferos
ma¬linos y de aves marinas.
Los objetos varían igualmente según los niveles. En la capa
más profunda se ha descubierto un pequeño martillo de piedra (percutidor); las
extremidades ligeramente golpeadas indican que el instrumento ha servido muy
probablemente a romper el carapacho de los erizos.
La capa que encierra las espinas de pescado han suministrado
objetos de piedra más numerosos todavía. La industria de la capa superficial
(raspadores de piedra, agujas de hueso, hachas de piedra, objetos de madera,
huesos y piedras esculpidos) dan que pensar que el amontonamiento fué producido
por los Aleu- tianos, habitantes actuales de la región.
La edad de estos montones de caracoles es difícil de
determi¬nar. Dalí suponía que la formación de la capa inferior (la de los
erizos) podía haber necesitado mil años; y que podía cal¬cularse en 1500 a 2000
años la acumulación de las dos capas superiores.
gal* <Je) Museo <ie .'vutrppología df I3 Universidad
fíagional, -(Museo Montan^,)
Las investigaciones no han suministrado ninguna pieza osteo¬lógica
que permita determinar a qué raza pertenecían los cons¬tructores de los
monumentos. Los Kjoekhenmoeddings abundan lo mismo sobre la costa del Atlántico
que sobre la del Pacífico.
Los Estados Meridionales (Carolina, Georgia) presentan un
sinnúmero de esos montecillos divididos por los arqueólogos ame¬ricanos (8) en
dos clases: l —Montones considerados como se¬pulturas (burial shell-mounds);
29—Montones de desperdicios (refuse shell-heaps).
Los primeros abundan en todas las islas de la costa; uno de
esos montecillos, el de la isla Stalling, en Savannah, presenta una forma
elíptica, compuesto de conchas de ostras, de almejas, y de ampularias
(babosas), conteniendo también huesos hu¬manos. Los montones de caracoles de la
Florida presentan una gran semejanza con los precedentes.
Todo, en el examen de esas masas de caracoles parece pro¬bar
que fueron acumulados por los mismos indios, que los Eu¬ropeos encontraron
poseedores del suelo cuando descubrieron el continente americano; ni las
osamentas, ni la industria que los acompaña, indican ninguna raza extranjera.
Existen montones 'análogos en la Columbia Británica (9) y
especialmente en la isla de Vancouver. De esos montículos los unos se componen
de arena marina, de fango negro y de cara¬coles; los otros únicamente de
caracoles. En medio de ellos se lian encontrado martillos (percutidores) y
otros objetos de pie-dra. Es probable, que esos montecillos de arena y de
caracoles han servido de sepultura; pues se encuentran allí algunos es
-queletos.
Montones de restos de toda clase se encuentran en toda la
costa del Pacífico hasta México. Los objetos exhumados son muy parecidos a los
de los túmulos de la Colombia Británica; sin embargo, hay que señalar la
abundancia creciente de los morteros en los montones a medida que se va hacia
la California, lo que indica el uso más y más grande,—en la -alimentación,—de
los ■cereales y otros
granos.
En California el número de los montones de caracoles es
con¬siderable, y esas colinas artificiales alcanzan a veces, una gran extensión.
No se encuentra allí ningún esqueleto...
¿ Qué deducción podemos sacar de estos datos arquelógicos ?
Es que, existían entonces, poblaciones primitivas, cuyas
cos¬tumbres presentaban la más grande analogía con las de los sal¬vajes
actuales.
Examínese, en efecto, un campamento abandonado por estes
últimos, después de una larga permanencia; y se encontrarán allí restos, del
todo parecidos a los que acabamos de señalar. De modo que, faltamente, estamos
inclinados a esta conclusión: que los hombres que han dejado los montones de
conchas como huella de su paso en América, son los antepasados,—quizás
le¬janos,—pero seguramente poco diferenciados de muchos de los salvajes
actuales.—(Capitán).
Suficientemente ilustrado este punto de prehistoria, pasemos
a otro orden de ideas no menos interesante, y más directamen¬te relacionado con
nuestros asunto.
II
LOS MOUNDS DE LA AMERICA DEL NORTE
“La historia de los pueblos debe buscarse en los túmulos—ha
dicho Tucídides.—^La sepultura ha sido, efectivamente, en toda tiempo y para
todos los hombres, una preocupación constante, basada en el sentimiento
religioso, en la idea de que todo no acaba con la vida que tan rápidamente huye
delante de nosotros.
Esos temores, esas esperanzas, las encontramos desde los
pri¬meros momentos de la aparición del hombre sobre la tierra.
En toda Europa, y podríamos agregar en el mundo entero, en
todas parte donde no hayan sido destruidos por el arado o por el martillo,
encontramos monumentos funerarios prehistó¬ricos. El mundo entero está sembrado
de esos túmulos de que habla el escritor antiguo.
Pues bien; entre los pueblos primitivos de la América dol
Norte, algunos de ellos eran admirables terrapleneros (10) cu¬ya obra, original
por su especialización extrema, constituye un hecho histórico notable. Esos
mounds-builders (constructores de terraplenes) levantaron un gran número de
montículos artifi-ciales, a menudo muy altos, presentando a veces las formas
más extrañas, eran eminencias cónicas, terraplenes alargados, o más bien circulares,
triangulares; otras veces afectaban formas de animales gigantescos.
Estos mounds son de construcción variable; unas veces
sim¬ples aiAontonamientos de tierras, de piedra de altares; otras ve¬ces
verdaderas sepulturas con cámaras sepulcrales.
Ellos han suministrado interesantes documentos indicando que
la cultura de los Mounds builders era notablemente más avanzada que la de los
habitantes de los Kjoekkenmoeddings.
Es inmensa el área sobre la cual están esparcidos los
túmu¬los conocidos generalmente bajo la apelación inglesa de “Mounds” (11).
Se extiende desde la Red River al Norte, hasta el Golfo de
México al Sur, y está limitada a;l Oeste por el Mississippi, y al Este por el
Océano Atlántico. Fuera de esos límites los Mounds son muy raros.
Algunas regiones de los Estados Unidos son particularmen¬te
ricas en Mounds, como: la parte central y occidental de New York; el Este y Sur
de Michigan; los bordes del Mississippi; el centro y Oeste del estado de Ohio y
parte adyacente del In¬diana; el centro y Oeste del Kentucky; el Este de
Tennesee; el rincón S.E. de la Carolina del Norte; el rincón N.E. de la
Georgia.
Todos esos túmulos no son iguales en su forma: por el
con¬trario, presentan una gran variedad de tipos.
Cyrus los reúne bajo cuatro epígrafes:
1"—Mounds Funerarios.
2-—Cercados tórreos y mounds en forma de pirámides.
39—Círculos de cabañas (chozas).
4?—Mounds effigies.
La mayor parte de los mounds funerarios forman montones de
tierras troncónicas,—a veces alargados.
Exteriormente, su aspecto es poco variado; por el contrario,
su arreglo interior difiere mucho según las localidades.
En el N.O. (Illinois, Iova) se encuentra el tipo de inhuma-
(11) H. Benchat.
ción más sencillo; los cuerpos estaban depositados en una
exca¬vación poco profunda, cubiertos de una capa de arcilla blanda. esta capa
de arcilla que se encuentra hoy endurecida, estaba ' cubierta por un montículo
de tierra.
Hay que saber,—sin embargo,—que las sepulturas colectivas
abundan extraordinariamente en los mounds del Norte.
En el Tennesses se han encontrado sepulturas en forma
irra¬diante; en el centro está colocada una jarra grande de barro.
Existen dos o tres tipos de mounds funerarios: el uno lo
componen túmulos enteramente formados de tierra; es frecuente en el N.E. del
Mississippi; el otro presenta túmulos formados- de tierra mezclada con piedra o
únicamente formados de piedras.
Como se ve, el arreglo interior de los mounds funerarios
pre¬senta grandes diferencias.
Al exterior, ellos difieren por sus dimensiones, y su
eleva¬ción. Algunos de esos mounds se distinguen apenas del suelo que los
rodea, mientras que otros tienen 25 ó 30 metros de alto. La mayor parte de
ellos, tienen un plano circular; sin embargo, algunos presentan un contorno
elíptico piriforme. Los mounds. funerarios constituyen la clase más numerosa de
túmulos de la América del Norte. 1
Digamos, para terminar con esas nociones preliminares de los
mounds de la América del Norte, que encierran objetos de pie¬dra toscamente
tallados, al lado de instrumentos de piedra pu¬limentada, objetos de metal,
cerámica variada, caracoles, conchas fluviátiles y marítimas, huesos de
animales.
Los restos humanos, presentan ciertas particularidades
ana¬tómicas que se repiten en todos los mounds en general; cráneo corto
(braquicéfalo) ; tibia plactícnémica; húmero perforado; fé¬mur en columnita.
Y desde ahora, podríamos pasar a la descripción de las
se¬pulturas indias del cayo de “Guayabo Blanco”, si no tuviera a la vista dos
notas que se refieren a mounds de la Florida y de Venezuela, y cuya descripción
proyecta una luz vivísima sobre el hallazgo cubano.
La primera nota nos la suministra Clarens Moore, quien
describe en una monografía de las más interesantes un mound situado en Tick
Mand (Condado de Valusia, 1891).
Tiene 142 metros de circunferencia, y 5 metros de alto.
Este*
mound descansa sobre una capa de conchas fluviátiles y
terres¬tres, de gran tamaño; y está compuesto de una serie de capas, las unas
de arena, las otras de tierra negra, capas que varían de un metro a un metro
cincuenta de espesor; más de 100 es¬queletos han sido inhumados en ese túmulo.
Los cráneos son pequeños, braquicéfalos, los dientes sanos, pero usados hasta
la corona, lo que demuestra que sus poseedores tenían evidemente la costumbre
de alimentarse con sustancias duras.
Sobre 229 húmeros, 95, es decir el 42%, presentan la
per¬foración especial ya indicada. En fin, Moore ha recogido gran número de
fragmentos de cerámica tallados en forma de trián¬gulo, de modo que imitan
puntas de flecha.
La segunda y última nota se debe al Dr. M. Marcano, quien
nos describe los túmulos de cerritos que ocupan en una gran extensión la zona
ribereña del lago Valencia entre Magdalena y Turmero.
Esos cerritos, unos pequeños de 10 metros de diámetro, otros
pasados de 300 metros son túmulos o lugares de sepultura que encierran los
restos de tribus completamente destruidas durante la conquista española.
Esos túmulos descansan sobre un terreno arcilloso: su
super¬ficie está cubierta de tierra vegetal. El centro de la construcción está
formado por una tierra negra, tenue, pulverulenta, y parece haber sido levada allí,
pues la base firme es de arcilla amarilla.
Contiene restos de caimanes; aves acuáticas; monos; conchas
marinas; fluviátiles y terrestres. '
Los cráneos braquicéfalos, con cara ancha y leptorinos, es
decir, de nariz prominente. Las jnandíbulas, presentan una sín- fisis muy alta,
y las ramas verticales son largas y anchas. Hú¬meros perforados; tibias
plactinémicas.
•Como característica de la industria de los cerritos de
Vene¬zuela, se nota un gran número de piedras más o menos esféricas. Se podría
creer, que esos pereutidores presentan su forma pri¬mitiva; pero todos los
intermediarios que vemos mezclados con ellos nos revelan de un modo cierto el
trabajo progresivo, gra-dual, al cual han sido sometidos.
Efectivamente, se ven piedras rotas y entonces el instru¬mento
se hace contundente por una serie de modificaciones vo¬luntarias que es fácil
percibir sobre las piezas que presentan fragmentos recientemente fracturados;
en otros, que principian a redondearse, porque lian sido empleados como
percutidores, las aristas desaparecen, los bordes se regularizan; las facetas
se confunden y en fin, la piedra se hace esférica.-—(Dr. Marcano).
Además de los percutidores existen en este cerrito otros
ins¬trumentos contundentes; trituradores; pilones; bruñidores y pie¬dras de
honda...
III
EL MOUND CUBANO DEL CAYO DE GUAYABO BLANCO (Cubai
Volvamos, en fin, al Caney de Muertos de la Ciénaga de
Zapata, después de haber recorrido un camino largo quizás, pe¬ro que, al fin y
al cabo, juzgamos como más propicio para se¬guir la descripción que vamos a
emprender, sentir todo su al-cance científico y adquirir la convicción plena y
entera que se trata de una obra humana y genuinamente india-cubana.
¿Cómo se hizo ed descubrimiento del mound funerario cu¬bano
de la Ciénaga de Zapata? He aquí cómo lo refiere nues¬tro ilustrado y
entusiasta colaborador Dr. F. Ortiz en un ar¬tículo publicado en la Revista
“Cuba y América” en Noviem¬bre de 1913.
t
LOS CANEYES DE MUERTÓS
El año 1913 quedará en la historia de L. ciencia cubana como
una fecha memorable, por haber tenido efecto el descu¬brimiento del primer
cementerio cubano precolombino.
Hasta ahora los descubrimientos de restos indios se habían
verificado principalmente en los farallones de Maisí y en la sierra de Sancti
Spíritus, consistentes en osarios o acumula¬ciones de huesos de diversos
individuos, en cavernas o concavi¬dades de la roca.
El descubrimiento del yacimiento de esqueletos de indios
enterrados en “Guayabo Blanco” viene a .marcar una nueva era para la
antropología cubana, ofreciendo a los estudiosos un campo vastísimo de
observaciones aeaso transcendentales.
¿Cómo se hizo el descubrimiento? ¿En qué consiste? ¿Cuál es
su significación antropológica y etnográfica? ¿Cuál es su importancia? He aquí
las interrogaciones a que procuraremos dar respuesta en este escrito.
COMO SE HIZO EL DESCUBRIMIENTO
Ya han hablado de él los periódicos diarios, aunque no
tan¬to como la importancia del descubrimiento lo amerita. Por esto y para
precisar datos y noticias en este trabajo sistemático, importa reseñar de nuevo
lo sucedido, aun a trueque de repetir algunos particulares ya conocidos.
El mérito del descubrimiento corresponde de lleno a un
jo¬ven y muy culto ingeniero cubano, al señor José Antonio Cos- culluela. Este
compatriota nuestro dirige sobre el terreno la importante tarea gubernativa de
deslindar los pantanosos te¬rrenos de la Ciénaga de Zapata. Desde hace meses,
con un fer¬vor desusado en trabajos públicos y arrostrando las inclemen¬cias
del ambiente adverso, Cosculluela, al frente de un grupo de cubanos jóvenes y
animosos, viene realizando esa impor¬tante obra técnica. Pero, como si su labor
no fuese bastante pa¬ra absorber todas sus energías, Cosculluela sabe cumplir
un compromiso, generosamente contraído con su amigo que estas líneas escribe,
cual es el de recoger cuidadosamente en sus ex¬cursiones al través de esa parte
inexplorada de nuestra tierra, el tesoro de tradiciones, leyendas y costumbres
que permane¬cen semiocultas en las capas inferiores de nuestra población
guajira, esperando una pluma que las dé forma y gala para poder engrosar, si no
nuestra patria literatura, sí, al menos, nuestro folk-lore nacional. Los datos
folk-lóricos ya recogidos son abundantes y ricos de poesía y darán tema para un
libro, que esperamos escribir, en colaboración con Cosculluela, para el año
próximo.
Pero, he aquí, que lo que fué en un principio mera afición
amorosa por las cosas de nuestro pueblo, llega a cristalizar en un importante
descubrimiento para la ciencia cubana.
Cosculluela, en una de sus conversaciones con uno de los
viejos cienegueros, depositarios de los misterios de la Ciénaga, hubo de oir
una narración, que si podía ser fruto de la fantasía, se presentaba con muchos
caracteres de verosimilitud.
En la finca Cocodrilos que el Sr. Ambrosio Hernández posee
al Norte de la Ciénaga Oriental de Zapata, barrio de Carreño,
municipio de Cienfuegos, nació y vive, sin haber salido de
ella, el Sr. José Caro, hombre de setenta años, muy conocedor de aquella
comarca. Y el Sr. Caro hubo de contarle a Cosculluela cómo en su familia, desde
sus bisabuelos, se conservaba por tra¬dición el conocimiento de la existencia
de un caney de muertos o cementerio de indios en el cayo “Guayabo Blanco”,
situado en la costanera de la Ciénaga.
El Sr. Caro dijo que conocía el lugar del caney de muertos
por habérselo enseñado su padre, que hubo de descubrirlo, merced a las
siguientes circunstancias:
El padre del señor Caro tenía hace unos 30 años una cría de
puercos en la costanera de la finca Cocodrilos, la cual crecía a pesar de las
deserciones de puercos que en la seca se inter¬naban en la ciénaga y se hacían
cimarrones, y de los reiterados ataques de los perros jíbaros, que por aquella
época abunda-ban en aquellos sitios, atravesando la ciénaga durante los me¬ses
de seca y haciendo presa en las crías de los pobres guajiros.
Tan dañinas resultaban estas incursiones de los perros
ji¬baros, que el padre del señor Caro, con varios parientes y ve¬cinos, acordó
organizar una batida general contra los perros, dándoles muerte o apresándolos
por medio de trampas.
Y para cavar y montar una de esas trampas, escogieron un
montículo, que los guajiros llaman lometón, de unos dos metros ' de altura,
situado en el centro del cayo Guayabo Blanco, gua¬rida principal de la jauría
depredadora.
Apenas comenzaron la excavación para construir la trampa,
encontraron con asombro gran cantidad de caracoles y huesos de jutía, y,
después, con mayor asombro, huesos humanos y un gran ladrillo (así dice el
señor Caro).
Este ladrillo, como de cuarenta centímetros, tenía varias
inscripciones que no supieron descifrar los guajiros descubri¬dores, y remataba
por uno de sus extremos con una figura que semejaba la cabeza de una iguana.
Este ladrillo se ha per¬dido para la arqueología cubana. El señor Caro lo
enterró de nuevo en el mismo lometón, y aunque sobre el terreno hemos intentado
posteriormente que él precisara el lugar en que lo ocultó, no ha podido
precisarlo, sin duda por el tiempo trans¬currido, que ha nublado su memoria.
Los cráneos y demás huesos encontrados por los guajiros,
causaron en éstos tal terror que corrieron a consultar lo ocu¬rrido con el
anciano bisabuelo, y éste les dijo que sin duda ése era el caney de muertos,
que él repetidas veces les había con¬tado que allí existía por obra de los
indios, y aconsejóles que enterrasen de nuevo aquellos huesos humanos, porque
pertubar el descanso de los muertos, podía traerles desgracia.
Excavaciones en el Mound de «Guayabo Blancoo
Consculluela quiso averiguar si la historia del guajiro era
verídica y le rogó al señor Caro que le sirviese como práctico para ir al
lometón de Guayabo Blanco y descubrir el caney de muertos. Negóse al principio
el campesino, prestándose más tarde solamente a indicar el lugar, si bien
rogando que no se cavase en él porque ello podría acarrearle alguna desgracia a
él y a los que tal hicieran. Tranquilizado el guajiro, con el señor Cosculluela
se trasladó al lometón del cayo “Guayabo Blanco ’ ’.
Este cayo, “Guayabo Blanco”, está en la Ciénaga Oriental de
Zapata, en la costanera de la finca Cocodrilos, rodeado por el agua de la
ciénaga y del río El Pesquero. Tiene unas veinti¬cinco caballerías de terreno
alto y mucha vegetación de belleza tropical.
Hasta hace tres años, era de monte virgen, abundante en j
iquís, jocumas, júcaros, caobas, etc. Desde entonces ha sido desmontado y
sembrado de caña.
En la parte S.O. del cayo se encuentra un montículo de base
circular de unos veinte metros de radio. Este montículo es el lometón de la
historia de la familia Caro.
Sobre el lometón crece la caña de azúcar de tal modo
vigo¬rosa, que a simple vista se observa la extraordinaria feracidad en
relación a la otra caña sembrada en la parte llana, fuera del lometón. Esto,
sin duda, se debe a la condición especial del te¬rreno del montículo formado
por los restos orgánicos y por tie¬rra vegetal acumulada artificialmente en
aquel terreno sobre la capa arcillosa que constituye la superficie plana normal
en todo el contorno.
El montículo tiene cerca de dos metros de espesor, desde la
superficie hasta la referida capa de tierra arcillosa, y por lo ya dicho, es
obra humana.
Se supo entonces que, hace años, unos carboneros,
necesitan¬do tierra para sus trabajos, hicieron excavaciones, que aun se
observan en el montículo, extrayendo una porción de restos hu¬manos que
enterraron de nuevo en el propio sitio, sin dar im¬portancia al hallazgo. Esto
explicaba el por qué de ciertas exca¬vaciones que se notaron en el montículo,
como atestiguó el señor Lage, dueño de la colonia de caña, cuyo amable carácter
y ca¬ballerosidad (a la que corresponde el vecindario dándole el tí¬tulo de
Marqués de Guayabo Blanco), hizo fáciles las investi¬gaciones.
Cosculluela escogió un lugar para hacer la prueba de lo
in¬formado por el Sr. Caro, y a poco estaba realizada la compro¬bación. La
leyenda del Sr. Caro era una historia verídica.
A sesenta centímetros del suelo encontróse una capa de
ca¬racoles en gran cantidad y después guamos, huesos de jutías yr en fin,
osamentas humanas orientadas todas con la cabeza al Este y los pies al Oeste.
Algunas piedras y objetos se encon¬traron también de importancia antropológica.
La primera excursión no pudo ir más allá en sus tareas.
Cosculluela había realizado un descubrimiento importante, y con una caja de los
restos encontrados regresó a la Habana.
Avisado el que suscribe por Cosculluela y notificada la
Se¬cretaría de Obras Públicas del descubrimiento, se organizó una segunda
excursión privada para obtener una mayor constancia de que, positivamente, el
lometón era un enterramiento indio, ya que lo excepcional del descubrimiento
hizo que la incredu-lidad acogiera en algunos centros la noticia del mismo.
El día 18 de Octubre nos constituimos en el ingenio Cova-
donga, el Dr. Luis Montané, fervoroso profesor de Antropolo¬gía de la
Universidad Nacional, a quien se deben muchos an¬teriores importantes
descubrimientos antropológicos en Cuba, y el que de este éxito científico se
hace cronista y comentador. Allí nos esperaban Cosculluela, con su grupo de
ingenieros y tra¬bajadores; el ingeniero Sr. José Primelles, cultísimo Jefe de
la Comisión Oficial de Deslinde de la Ciénaga de Zapata .deseoso de participar
de las emociones de un descubrimiento científico; el Sr. José Caro, orgulloso
por haber dado motivo a que se agi¬tase por él tanta gente de la Habana; el Sr.
Alejo Carreño, in¬geniero, condueño del central Covadonga, cuya entusiasta
coo¬peración y simpática acogida fué tan provechosa como inespe-rada; el
popular Marqués de Guayabo Blanco, varios guajiros y otras personas.
Al día siguiente, 19 de Octubre, partimos todos para el cayo
Guayabo Blanco, en una locomotora facilitada por el Sr. Ca¬rreño. Trabajamos
toda la mañana haciendo excavaciones en dis¬tintos lugares.
Hicimos un corte vertical al lometón para determinar, como se
dirá, su curiosa formación interna, y recogimos gran cantidad de caracoles,
piedras labradas, huesos de animales y huesos hu¬manos. Nuestro más vivo deseo
era descubrir algún cráneo, y tuvimos la dicha de encontrar varios, si bien
incompletos o rotos. Sólo uno llegó a nuestras manos entero. ¡ Cuánta emoción
al des¬cubrir el cráneo! Temerosos de romperlo, se abandonaron las palas y se
escarbó con las manos. Pronto pudimos observar que el cráneo presentaba hacia
arriba el occipital. Este cuerpo hu¬mano fué enterrado boca bajo, orientado
asimismo de Este a Oeste. Poco a poco fueron surgiendo a la luz los temporales,
y ¡ al fin! el cráneo entero, con el maxilar inferior, estaba en nues¬tras
manos.
Teníamos en nuestro poder, cara a cara, el ¡ único cráneo
ñor-
mal de indio cubano! Esta condición de normal lo hacía
doble¬mente precioso: era un cráneo normal, libre del aplastamiento- frontal
propio de los indios hasta ahora estudiados en Cuba. Este hallazgo, así como
las observaciones hechas y los caracoles, piedras y osamentas recogidas,
recompensaban las fatigas de la. expedición”.
Cráneo orientado del ludio de Zapata
Dada la importancia que el primer descubrimiento tiene, el
señor José Primelles, primer Ingeniero de la Zona de la Ciénaga,.
ha pasado ayer al coronel Villalón, Secretario de Obras
Públi¬cas, la siguiente e importante comunicación que transcribimos:
Secretario de Obras Públicas.
Muy señor mío:
Como complemento al informe del Ingeniero señor Coscu-
lluela referente ai descubrimiento de un cementerio indio, que tuve el honor de
trasladar a usted con fecha 15 del corriente, me complazco en informarle que el
día 18 visitamos el cemente¬rio, estando presentes los doctores Luis Montané y
Fernando Ortiz, Catedráticos de la Universidad, el último en su carácter
también de Secretario de la Compañía Concesionaria “Zapata Land Co. ”, que
sufragó todos los gastos de las operaciones que se practicaron.
Estas comprobaron que se trata efectivamente de un
cemen¬terio indio, que los citados doctores aseguran tiene mucho valor por ser
el primero que se ha encontrado en Cuba, y ha de servir de base para los
estudios de la antropología cubana.
Se han sacado fotografías del lugar, y de una sección
ver¬tical del cementerio, que demuestra la composición de las dis¬tintas capas
artificiales que forma su construcción.
También se han recogido y traído a la Habana por el doctor
Ortiz muestras de osamentas, piedras, conchas que allí se en¬contraron, las que
entiendo serán dedicadas a la Universidad en nombre de la Compañía
Concesionaria. ,
Pongo a su disposición una caja que contiene el cráneo más
perfecto que se pudo encontrar ese día, que el doctor Montané me asegura es de
inestimable valor para sus estudios antropo¬lógicos. i
El mérito de este descubrimiento indudablemente correspon¬de
al señor Cosculluela, Ingeniero Jefe Segundo de esta Comisión, cuyo celo,
actividad y trabajo personal merece ser especialmente reconocido.
También debo mencionar el interés demostrado por el señor
Alejo Carreño, condueño del Central “Covadonga”, en una de cuyas colonias está
situado el cementerio,/que puso gratuitamen¬
te a nuestra disposición toda clase de facilidades y medios
de transporte para la más eficaz organización de los trabajos preli¬minares que
se llevaron a cabo.
Dejo a los señores catedráticos citados el exponer al
Gobierno la utilidad de poder contar con un crédito que permitiera la continuación
de las investigaciones iniciadas, que, a mi juicio, sería muy conveniente que
se concediera.
De usted atentamente,
La estructura especial del Caney; el corte peculiar de las
capas artificiales que constituyen dicho montículo; los huesos humanos
extraídas a nuestra vista, nos sugirieron forzosamente la idea que estábamos en
presencia de una sepultura, y que esa lomita era obra humana; obra humana
original, por cierto, pues su aspecto se alejaba de todo lo conocido hasta hoy,
entre no¬sotros.
En presencia de la opinión pública algo impresionada por la
publicación del hallazgo del Sr. J. A. Cosculluela, y del interés creciente que
se va despertando en el público por ese género de estudios, el Gobierno bien
pronto intervino en el asunto, espon¬táneamente, generosamente; y en Consejo de
Secretarios (No¬viembre de 1913) fué presentado y unánimemente aceptado el
decreto siguiente:
REPUBLICA DE CUBA
Decreto Núm.
Habana, Noviembre 7 de 1913.
En ocasión de practicarse ciertos trabajos de deslindes de
terrenos en la Ciénaga de Zapata, se han encontrado huesos humanos en
condi¬ciones tales que parecen indicar la existencia de un cementerio
indíge¬na; V siendo escasísimos los restos de la raza primitiva descubiertos
hasta el día y tan necesario para el esclarecimiento de los problemas relativos
a la antropología cubana, este Gobierno cree conveniente fa¬cilitar los medios
necesarios para que sobre el sitio mismo del descu¬brimiento se realicen los
trabajos e investigaciones de carácter cientí¬fico que se consideren oportunos.
En su consecuencia, en uso de las facultades que me están
conferidas y a propuesta del Secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes
RESUELVO:
Primero: Crear una Comisión científica que proceda a
practicar cuantos trabajos e investigaciones crea pertinentes al objeto
indicado, trasladándose, para ello, al lugar del descubrimiento en la Ciénaga
de Zapata.
Segundo: Nombrar a los Sres. Dres. Carlos de la Torre, Luis
Montané y Temando Ortiz, Catedráticos de la Universidad de la Habana, y Sres.
Jo¬sé PrimieHes y José Antonio Cosculluela, Ingenieros del Departamento de
Obras Públicas, para que formen la Comisión científica citada, quie¬nes deberán
reunirse para elegir entre sus miembros un Presidente y un Secretario.
Tercero: Disponer que los objetos que se obtengan por los
trabajos que ha de practicar la Comisión pasen a formar parte del Museo de
An¬tropología de la Universidad de la Habana.
Cuarto: Conceder un crédito de mil pesos ($1,000.00) con
cargo a los sobrantes de la consignación del ‘ ‘ Personal ^Facultativo de la
Univer¬sidad” del Presupuesto vigente, a fin de que la Comisión nombrada poi
este Decreto pueda sufragar todos los gastos que le origine la ejecu¬ción de
este encargo.
ó'xequiel Sarcia, 77?.
S. 77fanocal.
Secretario de Instrucción Pública. Presidente.
Así es, como el 16 de Enero de 1914, tres meses después de
la primera visita, y en nombre de la Comisión Científica que tenía el honor de
presidir, me constituí en el cayo de Guayabo Blanco, en el lugar conocido por
el “Lometón del Cedro”, o séa- se el Caney de muertos (12).
Mi primera impresión fué de dolorosa sorpresa, pues en poco
tiempo el montículo había perdido casi su aspecto conocido,— una tercera parte
de lo que quedaba había sido cavado,—revuel¬to, sin orden, lastimosamente
destruido; y es que habrá que apresurarse en explorar los mounds todavía
intactos de Cuba: pues cada día están llamados a desaparecer por el inexorable
cul¬tivo de las tierras, o por obra de los exploradores improvisados,, más
preocupados de su interés personal que del progreso cien¬tífico.
(12) Teniendo
esta vez como único compañero de excursión al señor Víctor Rodríguez, ayudante
de Zoología de nuestra Universidad, que bondadosamente se había prestado a
sustituir al doctor Carlos de la Torre.
El mound funerario cubano, que vamos a describir, no es
ciertamente el primero descubierto.
Excavación en «Guayabo Blanco» en busca de restos indios
Ya por los años de 1847 D. Migued Rodríguez Ferrer (13)
tenía noticias de las sepulturas indias cubanas. Efectivamente,
(13) Naturaleza
y civilización de Cuba.
en las memorias de la Sociedad Económica de la Habana, e año
1843 (14) se pudo leer una carta de Puerto Príncipe, en la que se da cuenta que
en la costa Sur de Camagüey, inmediata a la bahía de Santa María Casimba,
existen varios caneyes (especies de sepulcros) de forma cónica, bastante
achatada, vista de perfil.
El 23 de Junio de 1847 el Sr. P. Santacilia, de Camagüey,
escribió a D. Miguel Rodríguez Ferrer (15) : “El cementerio indio que hablé a
usted, se halla sobre la costa Sur, y parece ha¬ber sido reconocido por cierto
señor de aquella ciudad. Parece que el ilustrado Lugareño tiene noticias de
dicho cementerio”.
El 6 de Enero de 1848 el Sr. Anastasio Orozco dice en una
carta: “En el sitio del Caney, en la costa Sur de esta jurisdic¬ción, se' halla
un promontorio: se conoce ser hecho de mucha antigüedad con las arenas de la
playa en la cual es evidente que se enterraban los antiguos indios del país que
habitaban por ese lado de la costa; porque por poco que se remueva la arena, se
encuentran las osamentas de los cadáveres que han sido allí enterrados”.
No se encontrará, dice A. Bachiller y Morales, (16) quien no
haya oído hablar en Cuba, Santo Domingo y Puerto Rico, de los depósitos de
osamentas, cadáveres en cuevas, y caneyes de los muertos que la tradición
enlaza con los indios.
De antiguo, dice R. Ferrer, llaman por esta jurisdicción
(Ca¬magüey) caneyes a varios montecillos pequeños y circulares, que se elevan
sobre el plano de las tierras de varias haciendas de crianza de la costa Sur, y
en donde se viene diciendo por tradi¬ción, que existían por estos parajes los
antiguos indígenas. En los caneyes que están en tierra firme, si bien se han
encontrado huesos, pedazos de burenes, y otros objetos de facha más moder¬na no
ha habido alguno de los que aquí tomamos...
Por esa época, pues, (1848) cuantos se daban por entendidos
por aquella parte de la isla en antigüedades e historia, todos re¬petían que
esos puntos eran los antiguos enterrorios de los in¬dios que habitaban sus
costas.
El 18 de Octubre de 1914, ya sobre el terreno y teniendo en
(14) T. XVII,
pág. 457.
(15) Locc.
Citat.
(16) Cuba
Primitiva.
cuenta el gran destrozo observado en la sepultura, decidí
como único medio de estudiarla metódicamente, practicar de Oeste a Este un
corte de un metro de ancho, que partiendo del terreno firme como base,
comprendía todo el espesor de la lomita, pre¬sentando así unas secciones
verticales que se prestaban admi-rablemente a un examen minucioso. Abrí otro
corte igual de N. a S. y pude con mucha facilidad: l9—Medir exactamente el área
del caney: 27 metros de N. a S. y 37 metros de Este a Oeste, lo que da una
forma ligeramente elíptica.
Capas que forman el Mound de «Guayabo Blanco»
La altura del túmulo en la parte más prominente alcanza un
metro cincuenta centímetros más o menos. 2'-}—Estudiar y conocer bien la
constitución geológica de la lomita que se com¬pone de arriba abajo de seis
capas:
1"—Capa de tierra vegetal.
2"—'Capa de caracoles.
3“—Capa de tierra negra, tenue* pulverulenta.
4”—Capa de caracoles (amputaría).
5?—Capa de tierra negra.
69—En fin, una capa de caracoles que descansa sobre el piso
firme, compuesto de una arcilla amarilla ferrosa o ferruginosa, que constituye
el piso normal del Cayo de Guayabo Blanco.
¿ Que se trata de un túmulo ? ¿ Quién podría dudarlo ? La
pre¬sencia de esos elementos llevados allí indican la edificación de un
montículo artificial o túmulo funerario.
Además, su existencia es buscada, preconcebida; y debía
re¬sultar de una costumbre funeraria; pues no hubiera sido difícil encontrar en
el suelo vecino los materiales para la fabricación de ese terraplén. Desde ese
momento, ya podíamos afirmar que el mound de Guayabo Blanco está formado de
capas artificiales intencionalmente superpuestas, y obra, por consiguiente,
huma¬na, y que sería de sepultura, puesto que hemos podido por me¬dio de las
secciones verticales determinar el yacimiento exacto de los restos humanos y su
orientación. Todos los cadáveres de hombres, mujeres y niños están orientados
del mismo modo, de O. a E. con la cabeza dirigida al Oriente; unas veces
acostados de lado, otras veces tendidos boca abajo, las menos boca arriba; pero
todos descansan siempre sobre la capa de caracoles media. Y nos ha parecido,
pero esta impresión debe ser apoyada en es¬tudios repetidos de nuevos mounds,
que los adultos predominan al Norte, los niños al Oeste, las mujeres más bien
en el centro mismo del lometón.
Del mismo modo hemos podido fijar el lugar cierto de varios
objetos de piedra o de concha y también situar la gran cantidad de osamentas de
roedores, de tortugas, de aves, de peces, de ser¬pientes, etc., mezclados con
conchas y caracoles fluviátiles terres¬tres y marítimos. Piedras y osamentas de
animales abundan sobre todo en las capas inferiores.
Resumiendo todo lo que acabos de decir, nos encontramos en
presencia de una sepultura colectiva en forma de túmulo for¬mados por capas
superpuestas de tierra negra, tenue y pulve¬rulenta, y de caracoles llevados
allí, capas que contienen restos humanos, osamentas de animales y objetos de
piedra.
¿ Quién, desde ahora, podrá negar que se trata de un mound
parecido, completamente parecido a los que hemos descrito hace un momento en la
América del Norte, en la Luisiana, en Vene¬zuela *
Pero analicemos rápidamente su contenido. En el Caney de
Cuba no se encuentra ningún objeto de metal, ninguna pieza
pulimentada, ningún fragmento de barro, siquiera grosero: úni¬camente hallamos
algunas piedras,—cantos rodados del río o piedras groseras que han servido de
martillos (percutidores) los más de piedra dura. Algunos (relativamente
numerosos) de for-ma esférica, pertenecen a una piedra blanda que ha adquirido
esta forma en las mismas condiciones, y del mismo modo indi¬cadas por el Dr.
Marcano en los mounds de Venezuela. Al lado de los pereutidores encontramos
piedras de forma triangular, fragmentos de silex, que pueden haber servido como
puntas de flecha; varios objetos de piedra o de concha, que han podido ser
utilizados como bruñidores, raspadores, pilones, cucharas, otros, en fin, de
forma indefinida o de uso desconocido, pero que, se¬guramente, han podido en un
momento dado ser utilizados.
Para hombres tan hábiles como fueron nuestros antecesores
prehistóricos, debía ser cosa fácil fabricar una punta de flecha grosera, o una
astilla de silex; y, sin embargo, los esqueletos de nuestra sepultura no son
acompañados sino de objetos de forma grosera. Pero no hay que olvidarlo, si
como es probable, estos pobres instrumentos han servido realmente para
triturar, cortar, raspar, no hay que creer y pensar que constituyeron de por sí
toda la herramienta. La industria debía ser completada por va¬rios objetos de
piel y de madera, por lo menos, que el tiempo no ha conservado.
De cualquier modo que sea, la pobreza industrial del caney
indica que poca avanzada era la cultura de esos hombres que recuerdan los
habitantes de los Kjoekkemnoeddings. Al lado de los objetos de piedra hemos
citado los moluscos fluviales, terrestres y marítimos representados aquí por
Ampularia, Cassis, Ciprea, Tritón, Stronbus gigas (cobo guamo) Sipreas (devona
pica), etcétera.
En fin, hemos encontrados dos o tres veces mezclados con los
objetos de piedra, y osamentas ya mencionadas, unas masas de arcilla bastante
voluminosas, coloreadas y endurecidas, y nos hemos preguntado si no se trataría
de lo que se ha con¬venido en llamar altares. Efectivamente, ciertos mounds
ameri¬canos contienen altares, cuyo nombre se ha dado a piedras lla¬nas, o
masas de arcilla endurecidas al fuego, colocadas efi. el suelo y sobre las
cuales los fieles depositan sus ofrendas.
Digamos, en fin, que la presencia en la sepultura cubana de
lodos esos objetos variados de piedra, es tanto más importante <le notar
cuanto que la piedra o las piedras faltan por completo en toda la extensión del
cayo de “Guayabo Blanco”; teniendo en cuenta, por otra parte, que el río más
próximo, el Hanabana,
Excavaciones en el Mound de «Guayabo Blanco»
se encuentra a cerca de tres leguas, y que el caney dista de
siete a ocho leguas de la orilla del mar, en la costa Sur.
En cuanto a las osamentas de animales mezclados en la
se¬pultura cubana, con piedras, conchas y huesos humanos, no pue¬do menos que
referirme al estudio concienzudo que de ellas se prestó a hacer el joven y
notable profesor, Conservador en el National Museum de Washington, de la
Sección de los Mamí-feros, Sr. Gerrit S. Miller, que tuve el honor y la buena
for¬tuna de tratar durante el Congreso de Americanistas (1915-16) y con el cual
me ligan sentimientos sinceros de gratitud.
Copio literalmente su nota:
“The following species are represented:
Mammals
Capromys pilarides.
Capromys sp. probably preihensilis.
Capromys sp. probably melanurus.
Boromys offela.
Birds
Grus mexicana nesiotes.
Reptiles
Pseudemps palustry.
Land Shells
Ampularia fasciata.
Crab
Fragment that cannot be identified” (17).
Llegados hasta aquí, no dudamos que el lector tenga la
con¬vicción que todo lo que acabamos de decir se refiere a una obra humana, y
particularmente, a una obra india.
¿ Qué falta por transformar la convicción en certeza ?
Estudiemos los restos humanos entre los cuales hemos tenido
la buena fortuna de recoger un cráneo completo, y fragmentos de varios cráneos,
lo que nos permite deducir el índice cefálico, es decir, la forma de la cabeza;
huesos largos completos (muy pocos), lo que nos permite determinar la talla;
huesos largos
(17) El Profesor Gerrit S. Miller termina su nota con esta
frase: “I have found this lot of bones very interesting, and I wish the thank
you for the pleasure I have had in studyng them”.
incompletos, pero preciosos por ofrecer ciertas anomalías de
for¬ma que recuerdan, lo que sabemos ya de los huesos hallados en los Mounds
Americanos; fémur en columnite tibia platicnémica; húmeros perforado...
Cráneo orientado del indio de Zapata
He aquí las medidas craniométricas del Indio de la Ciénaga
de Zapata:
CRANEO
■Capacidad
craneana 1382 c. c.
Proyección anterior 103 m. m.
Id. posterior 94 » »
' Antero post. máximo*. 170 m. m.
Transverso máximo 138 » »
i Bitemporal 132 » »
Diámetros
) Biauricular 120 » »
j Bimastoideo 124 » »
'Frontal /Máximo
114 » »
l Mínimo 98 » »
i Vertical X
Basilo-bcgm.... 132 » »
l Máximo
136 » »
í Cerebral'.
105 » «
/Frontal ...j g. cerebral 20 » *
l Total
125 » »
Antero posterior <
^Parietal 120 » »
{
Superior 75 » »
Inferior 45 » »
Total 120 » >►
'Total.,
/ Cerebral 325 » »
Curvas .
’’’\ CtremJ'jCtitbtloM... 365 » »
( Buperior 310 » »
| Transversal j
Inferior 120 » »
^ Total 430 »_ »
{
Anterior 272 » »
Posterior 240 » »
. Total 512 » •
Agujero occipital.,
/ Largo 35 » »
I Ancho ¿8 » »
Linea nasio basilar
90 » »
Circunferencia media total
490 » »
Angulo mandibular 117 » »
CARA GRANDE
f Externo 106 m. m.
Diam. bi-orb..
95
29
98
95
132
59
I
Interno
Distancia |
Interorbitaria
I De los dos pómulos
{
Bi malar
Bi cimatico
Bi maxilar mayor
Orbitas i Ancho 37
l Alto 34
Nariz X Ancho
máximo 22
l Largo 54
Altura sub. cerebral
de la frente 10
» del
intermaxilar 18
» total de
la cara 68
» del
pómulo 25
» órbito-alveolar. 45
Distancia mastoido sub-auricular 39
Distancia /
Auriculo jugal 64 m.m.
I » orbit.
aur 66 » »
Bóveda palatina í
Largo 41 » »
l Ancho 37 » »
Distancia de la espina posterior, al agujero occipital
34 » »
Maxilar inferior: Distancia
inter angular 101 » »
Rama vertical (Ancho 43 .. »
(Alto 55 » »
Altura Sinñsiana 35 » »
» al 2?
molar 76 » »
Espesor a la sínfisis
13 » »
» al 2?
molar 14 » »
INDICES
Indice cúbico 1382 c. c.
Peso probable del encéfalo 1202.3 »
»
Indice cefálico 81.1 » »
» vertical
alto 77.6 c. c.
» del
agujero occipital 80 » »
» . , . f Naso alveolar 51.5 » »
» facial superior. <
lOrio alveolar 53.8
» »
» orbitario 91.8 » »
■ » nasal 40.7 » »
Podemos, pues, en nombre de la Antropología, declarar que la
fisonomía general del cráneo orientado, su forma (hipsi-sub- braquicéfalo) el
aspecto, el gran desarrollo de la sínfisis del maxilar inferior, los diferentes
índices de la cara; por otra par¬te, la conformación especial de los huesos,
sus anomalías ya ci¬tadas ; y tantos otros rasgos anatómicos; nos permiten
colocar de lleno en el tipo de las razas mixtas americanas, los esqueletos del
mound funerario del Cayo Guayabo Blanco.
i Qué antigüedad se puede atribuir a nuestro Mound Cubano ?
Es la misma pregunta que hace el señor H. Beneehat en pre¬sencia de los Mounds
de la América del Norte; y él agrega:
“La cuestión es dificilísima de resolver; ningún dato
geológico pue¬de servir a fijar una fecha; los datos antropológicos o
tecnológicos tam¬poco pueden suministrar, a este respecto, ninguna indicación
precisa... ’ ’
Ningún indicio, pues, natural permite fechar los Mounds, ni
su posición sobre los bordes aluviales de los ríos, ni las yerbas que invaden
su superficie; ni los instrumentos que contienen y que por lo general se
encuentran en un estado excelente de conservación.
En Cuba, dice Rodríguez Ferrer, “el arqueólogo no en¬cuentra
sino el segundo período de los tiempos prehistóricos; pues aquí no se ha
encontrado hasta el presente la etapa de la primera serie de los objetos de un
desvaste rudo, sino la que ya ofrecen la perfección de un progreso posterior”.
Pues bien, en nuestro caso particular sí; la prudencia más
elemental prohibe al antropólogo fijar una fecha (pues sabemos que es imposible
datar un cráneo sólo por sus caracteres ana¬tómicos) el estado del caney de
Guayabo Blanco autoriza al arqueólogo para afirmar que el Indio ,de la Ciénaga
de Zapata, es muy viejo, más viejo que sus congéneres los Mounds Builders
Americanos.
Tales son los datos que poseemos sobre la primera sepultu¬ra
india cubana, estudiada a la luz de las ciencias antropológi¬cas modernas.
Desde hoy podemos afirmar que ese pasado ayer todavía sin límites y
absolutamente desconocido, principia a en¬treverse; y eso solo, debe sostenemos
y alentarnos en la vía emprendida.
Al terminar su obra Rodríguez Ferrer dice:
... “yo enseño el camino, y otros deben reconocer y estudiar
lo que yo sólo visitar pude...”
:=0
A nuestra vez nosotros agregamos: Hemos sido los operarios
de la primera hora; a los que nos sigan les toca completar la obra que sólo
hemos podido esbozar. ¡ Ojalá siga siendo, para nuestros sucesores, lo que para
nosotros fué siempre único guía, el amor a la verdad!
CP
CUATRO AÑOS EN LA CIÉNAGA DE ZAPATA
CAPITULO IV
STJM:^.iaiO! TIEMPOS PRE-COLOMBINOS.-I, El Conjunto
etnológico Antillano y su influencia en Cuba.—II, La familia Arawaca.—III, La
Nación Carina.—IV, Emigraciones, guerras y conquistas indígenas en las
Antillas.— V, Los Tainos.-VI, Los Slboneyes.—Vil, Diversas culturas
Antillanas.—VIII, Los Cacicazgos de la Cuenca de Zapata: Cubanacan, Sabaneque y
Yagua* ramas.—Leyenda Hayaboque.
—I—
En la Cuenca de Zapata al igual que en todo el territorio
Cubano, y en general en toda la América, no ha sido posible a los
Historiadores, seguir paso a paso la evolución del hom¬bre primitivo que ocupó
sus tierras, y creó en ellas una cul¬tura determinada. Las manifestaciones
culturales del “Indio” de la Ciénaga de Zapata, por consiguiente, no tienen
posible enlace con la de los “Siboneyes”, que en época de la conquis¬ta,
ocupaban algunas de sus regiones, según nos refieren los Cronistas. El proceso
de desarrollo que establecen esas varia¬das culturas, tan distintivamente
separadas, se ha perdido en parte, y es hoy imposible de señalar con alguna
precisión.
Faltos de monumentos suficientes, como producto de las
diversas culturas que por estas tierras han pasado, y donde poder estudiarlas,
resulta ardua la misión del Arqueólogo; difícil la del Filólogo (1), para
lograr establecer analogía lin¬güísticas en un habla ya perdida, y cuyos restos
sólo se con¬servan en la toponimia del país, y agravado el problema de
investigación, con la carencia absoluta de estudios fisiográ- ficos, le faltan
al Cronista, los elementos históricos más nece-
(1) En estos
estudios, Pichardo, Bachiller y Morales y sobre todo el Dr. Alfredo Zayas en su
última obra Lexicografía Antillana, hacen consideráciones muy importantes sobre
estos particulares.
sarios y fundamentales, pa^a poder establecer conclusiones.
Los fundamentos básicos más esenciales, que puedan ser¬vir
de puntos de apoyo, en las relaciones pre-históricas de nuestro pueblo,
enlazando diversas épocas, para constituir un fiel relato de los
acontecimientos más culminantes de su historia, tienen que ser entresacados de
los estudios Arqueo¬lógicos, Etnográficos y Filológicos del Continente. Sólo
los estudios comparativos en este caso pueden dar luz, sobre suce¬sos
completamente borrados en la mente de los pueblos que se sucedieron y que no
constan en las relaciones de los Cronis¬tas antiguos más veraces.
Los estudios contfhentales, han proporcionado variados
an-tecedentes que aunque al parececr resultan aislados, relacio¬nan, si se
analizan cuidadosamente, manifestaciones cultura¬les que han florecido en zonas
geográficamente separadas, y que sin embargo pueden ser enlazados, por
afinidades lingüís¬ticas encontradas, o por ciertas y determinadas
característi¬cas típicas, en sus progresos arqueológicos.
Salvando como es consiguiente el natural abismo exis¬tente,
en las relaciones de dependencia y origen del hombre constructor de los Mounds
de Zapata, que vivió en la Cuenca en edades muy remotas, y las diversas
familias que ya en tiempos relativamente modernos, poblaron la Zona, es
posi¬ble seguir las huellas dejadas por algunas civilizaciones líticas que por
los campos de Cuba existieron.
Es indudable, que por Cuba pasaron diversos pueblos y
variadas civilizaciones, muchos de cuyos rastros, quedaron bien definidos en
algunas, mientras que en otras, sólo se con¬servaron muy desvanecidos entre sus
postreros habitantes, los mansos y candorosos Siboneyes, que por otra parte,
inca¬paces de alcanzar por sí propio, la cultura lítica que ofrecían,
presentaban en su lengua variadas huellas de ciertas afinida¬des con los
continentales, que demostraba determinada in-fluencia.
La cadena de sucesión que la evolución del hombre Cuba¬no
establece, desde su tipo más rudimentario, hasta el encon¬trado en Cuba por los
Españoles que la conquistaron, se en¬cuentra rota en diversas partes. Existen
variados vacíos que aun no han sido posible llenar, y que comprenden no sólo al
tipo Antillano sino a todo el hombre primitivo, Norte o Sur Americano y sus
sucesores.
El hombre paleolítico habitó Cuba, como hemos visto, cuan¬do
nuestro territorio formaba parte del Continente Ameri¬cano, pero desapareció
vencido por invasiones posteriores, o ■se
extinguió junto con la variada fauna continental
que exis¬tió,
hasta el extremo de no dejar más huella de
su existencia histórica que la que establecen sus
restos fósiles y aquellos de los animales que le
acompañaron.
Al adquirir Cuba su estado insular, volvió el hombre a
habitarla, sin que puedan relacionarse ellos entre sí; y según ■el ilustre Moke, las Antillas
fueron ocupadas más tarde que •el Continente, originando el aislamiento que el estado insular
proporcionaba, el conservarse y crecer sus incipientes civili¬zaciones a pesar
de los sacudimientos sociales que los rodea¬ban, destruyendo y reemplazando
otras nacionalidades.
Sin embargo, probado ha sido por modernas investigaciones,
•que Moke se equivocaba, observando y estudiando sólo, las perturbaciones que
Centro y Norte América pudieran haber originado en las Antillas, sin ocuparse
del Continente Sur; y si bien las primeras fueron completamente nulas, en
cam¬bio, intensas relaciones y dependencias con Sur América, sí influenciaron
grandemente esas pequeñas nacionalidades.
Durante mucho tiempo se pretendió enlazar las diversas
culturas Antillanas, con las Yucatecas y Mejicanas, y no se le concedió
importancia alguna a la influencia Sur Americana, que ha sido la única cierta y
definida que ha actuado en las Antillas, estableciendo relaciones y afinidades
de origen con las diversas familias que en variadas épocas las ocuparon.
La Etnología moderna ha logrado clasificar y establecer de
un modo preciso, las diversas familias y culturas de la Amé¬rica del Sur,
probando sus relaciones con las Antillas, habien¬do existido entre ellas
fuertes lazos de unión en épocas remotas, todo lo contrario de lo que acontece
en nuestros tiempos.
Con la familia Amazónica, que pertenece a una de las dos
grandes divisiones culturales Sur Americana (Atlántica y Pa¬cífica), estaban
íntimamente relacionados los primitivos po¬bladores neolíticos de las Antillas
todas, y en sus diversas Tribus continentales muy variadas, y esparcidas, deben
ser
buscados los orígenes de la familia Taina y por consiguiente
la del Siboney, que ocupó parte de Cuba en las postrimerías del Siglo XIV.
Mapa d* los centros . d#
Población Primitiva.
trazado*» 1900 Sa90Mfbt1ri.ud.SMRm, Ebr*t*r«$tfr_
Gomfr9Ti9*r
Mapa de distribución de razas en las Antillas.
La nula influencia de las restantes familias Americanas,
resulta evidente, y a pesar de lo que al principio creyóse in¬dudable dado el
corto trecho que de mar separa Catoche de San Antonio, las civilizaciones Maya
y Yucateca, nunca establecie¬ron puntos de contacto alguno con la de los
Insulares, y es sólo en la Leyenda de “Votán” donde se ha pretendido
encon¬trarlos.
El semillero de Antillas Pequeñas y Grandes, presentando una
cadena de Islas, Cayos e Islotes de fácil acceso, por un Mar casi siempre en
calma, recorrido por vientos regulares, le proporcionaron al hombre primitivo
fácil y seguro trasla¬do de una Isla a otra, pues sus cortos trechos de mar, no
po¬dían ser obstáculo serio, aun para los incipientes navegantes.
Desgraciadamente la misma facilidad de recorrido, de ac-
ceso, a las Variadas Tslas, que permitían establecer las
rela¬ciones entre familias, amigos y aliados, favorecía también la de los
enemigos, y como es consiguiente la prolongada obra de la paz tuvo que ser
continuamente interrumpida, por las desoladoras guerras de exterminio que
necesariamente se su¬cedieron.
Las atrocidades que en estas guerras se cometían, causaban
sin duda alguna, un retroceso hacia el salvajismo, que inte¬rrumpía y demoraba
su progreso, determinando períodos de •atraso, que sólo las inmigraciones de
medios diferentes po¬dían compensar (Reclus).
Los Siboneyes en la época de la Conquista, habían salido ya
del Salvajismo primitivo, pero se encontraban en un dila¬tado período de
atraso, de retroceso en su cultura (2), y no ha¬bían aún recobrado sus perdidos
adelantos ni lo hubieran reco-brado nunca, 'debido a la hegemonía Caribe, que
impidiendo a partir de cierta fecha toda emigración de otros pueblos en las
Antillas, evitaba a los Cubanos y en general a los Tainos, «compensar sus
pérdidas.
Todo tiende a probar <iue la cultura Sibonev •que
encontraron los Con-quistadores Españoles, era muy inferior a la que en algún
tiempo existió en sus tierras, pues aun muchas de sus manifestaciones más
grandes, en los pro¬gresos líticos, eran pro¬ducto indiscutible de una
. . „ . . 0 Objetos de piedra
de las Antillas.
civilización anterior ya fe- Museo
de Berlín.
necida, y de ningún modo resultante de propios esfuerzos.
Dada la situación geográfica, que originaba un fácil acce¬so
a las Antillas, necesariamente pasaron por ellas antes de las guerras Caribes
muy diversos pueblos, con distintos gra-
(2) Los Indios
ele Cuba conservaban vestigios de una civilización antiquísima y ya casi .desvanecida.—T.
S. de Noda. “Los Guajiros de la Vuelta Abajo”.
dos de cultura, y si bien algunos no dejaron ni huella
percep¬tible de su estancia, otros en cambio, grabaron sus caracterís¬ticas más
señaladas de un modo indeleble en el país, habiendo sido posible distinguirlas
y en conjunto diferenciarlas.
Desde los tiempos de la Conquista se notó por los
Histo¬riadores más antiguos, que existían rasgos de confraternidad de familia
entre las Islas y el Continente Meridional, que acentuaban aún más las tradiciones
de sus habitantes indí¬genas, los cuales invariablemente señalaban el Sur, como
el origen primitivo de- todas sus emigraciones.
En las Antillas Mayores, dos' familias etnológicas han
de¬jado algunas huellas precisas, rastros claros y distintivos de sus
civilizaciones respectivas: los Arawacos y los Caribes. De los primeros ya
decía nuestro Sabio compatriota Tranquilino Sandalio de Noda, en épocas en que
todavía se pretendía es¬tablecer relaciones culturales entre los Aborígenes
Cubanos y los Mayas:
“En tiempos anteriores a los datos históricos que se han
salvado, una gran ¡nación India, sin nombre, sin Bey, sin unidad de gobierno,
pero de idéntica lengua, raza y costumbres, ocupaba todas las Islas Antillas,
la Costa Firme y tal vez la oriental de la Florida; pero no era conocida en
Yucatán. Hoy le dicen unos Nación Achuaga, otros Arauca, mas estos nombres no
se sabe hayan sido conocidos en Cuba y Santo Domingo, que eran su mayor y
principal población...”
Por otra parte la influencia Caribe, contemporánea en cierto
modo con la época de la Conquista, claramente pudo ser apre¬ciada por los
primeros descubridores en ciertas Islas, -de las Antillas Menores y después de
los notables trabajos e inves¬tigaciones de Shomburg, ha quedado bastante
definida en las Grandes Antillas.
La influencia de la familia Arawaca y de la nación Carina en
Cuba, como en todas las Antillas, no ha podido ser defini¬da sin embargo de un
modo preciso, en ciertos aspectos, y mu¬chas de sus manifestaciones se
confunden, pues su parentesco originario, y las afinidades, no permiten a veces
clasificar sus variados progresos, y es sólo guiándonos por los valiosos
tra¬bajos ejecutados en el tronco continental, que podemos refe¬rir el curso
evolutivo de las invasiones y establecimientos de ambas familias en las
Antillas, por las huellas dejadas, y las.
!
•cuales comparadas con aquéllas, pueden indicarnos en
ciertos casos su procedencia.
La serie de invasiones, guerras, conquistas, exterminio de
tribus, predominio de familias, etc., por otra parte, con todo el natural
cortejo de cambios sociales que estas perturbaciones establecen, dió por
resultado, crear cierta variedad de núcleos o agrupamientos isleños en sus
diversas unidades geográficas, con dialectos determinados, costumbres, hábitos
y aspecto exterior diferente, pues aunque originarios todos de un co¬mún tronco
continental, llegaron a diferenciarse bastante en¬tre sí, haciendo del conjunto
de habitantes Antillanos, un ver¬dadero mosáico.
En Cuba existían en la época de su conquista, tres familias
distintas, con notables variaciones en el lenguaje, has¬ta el extremo de no
entender los occi-dentales a los orientales, ni éstos o aqué¬llos, a los de los
Jardines, Jardmillos o Canarreos. En Santo Domingo pasaba algo análogo: se han
podido clasificar tres familias, semejantes a las de Cuba, pero con ciertas
peculiaridades insula¬res. En Puerto Rico y Jamaica sus ha¬bitantes se
diferenciaban algo también de los demás Isleños.
A la influencia notable que los cruza¬mientos establecieron
en las épocas que de pi?d„ de Fuert0R.co. antecedieron a las guerras Caribes
hay Museo Nacional de wa.-hmgton.
que añadir un factor importantísimo, que influyó
notablemen¬te en los hábitos y costumbres de los diversos grupos antilla¬nos:
el medio físico modificó ciertos hábitos originarios, creó otras costumbres
locales y en general cambió la fisonomía de muchas incipientes sociedades.
A pesar de la unidad étnica de la raza Taina, que ocupaba
ciertas partes de Cuba, Jamaica, Haití y Puerto Rico, algunas y determinadas
costumbres establecían diferencias muy mar¬cadas en sus ritos y creencias, y
hasta las fundamentales de raza resultaron en cada una de ellas notablemente
alteradas.
En Cuba, entre los Tainos, el matrimonio se verificaba de
un modo particular, distinto a como se practicaba en las
de¬más Islas (3). Antes de consagrarse éste, la novia se entrega¬ba a todos los
invitados, que asistieran, del mismo nivel so¬cial del marido, y después debía
salir de la alcoba y dirigién¬dose a la concurrencia que esperaba en la sala,
con el brazo alzado debía decir “manicato”, “manicato” (soy esforzada, soy
valiente y digna del matrimonio).
Este rito, que lo mismo se practicaba entre los nobles que
entre los plebeyos, sólo se conocía entre los Tainos Cubanos; ni los Tainos de
Santo Domingo, Puerto Rico o Jamaica lo conocían.
En Haití, como práctica heredada donde claramente* se
encuentra la huella Caribe, los Tainos, obligaban a la favorita del Cacique que
fallecía, a enterrarse en vida con sus despo¬jos, y era en Haití exclusivamente
donde se practicaba este rito, con el cual pretendían rendirle de este modo
tributo de¬afecto, al fenecido, haciendo que lo acompañase su mujer más;
querida en la muerte lo mismo que lo había hecho en la vida. Así mismo,
hubieran creído los Haitianos, faltar al respeto que a la memoria de sus seres
más queridos profesaban, si en sus be¬bidas no hubieran mezclado cierta parte
pequeña, finamente molida, de los despojos óseos, de sus parientes.
En Jamaica, los Tainos en cambio, tenían costumbres muy
distintivas: sus Behiques (Sacerdotes) sólo eran Jueces que dirimían cuántos
litigios pudieran presentarse, aún entre sus Caciques.
La influencia de las diversas familias que por las Antillas
pasaron es evidente y dejaron huellas muy visibles en la ma¬yoría de sus Islas.
Donde la influencia Caribe persistió, la forma tribal peculiar de esta familia
quedaba establecida, y debido a ello en Haití, en tiempo de guerra, los
Capitanes que conducían las huestes guerreras al combate, gozaban de más
atribuciones, de más prerrogativas, que los propios Caciques, mientras duraban
éstas. En Cuba, por el contrario, sus Tai¬nos, en cualquier tiempo consideraban
como Jefe nato siem¬pre a los Caciques.
(3) Solo entre
los Yuracarés del Amazona se encuentra una cos¬tumbre análoga, pero el Padrino
solo es quien goza primero los fa¬vores de la novia.—P. MargaU. Hist. de Am.
En la forma tribal Cubana, era marcadísima también la
diferencia que existía entre los Orientales y los Occidentales; mientras éstos
llamaban “Guajiro” a su Jefe, los de Oriente lo designaban como “Cacique”. Los
Tainos orientales cons-tituían una especie de federación, llamaban la Nación
“Ba- yaquitirí” y reconocían la supremacía de su Cacique, mien¬tras que los de
Occidente sólo tenían Cacicazgos independien¬tes, sin más nexo que las buenas
relaciones que la amistad podía establecer entre ellos; designaban la Nación
llamándola “Cuba” (4) y hasta en el físico se distinguían algo de los que
ocupaban, no sólo la región más oriental, sino de los oc¬cidentales
“Guanahatabeyes” (5).
Además de la primitiva y pacífica influencia Caribe, antes
de comenzar las guerras que tan célebres los hizo en todo el Mar de las
Antillas, surgió la que de todas estas despiadadas contiendas se derivan, pues
la necesidad de defensa, que lle¬gó a ser la primera y más necesaria razón del
estado, por pe¬queño que el agrupamiento de familias fuese, obligó a muchas tribus,
a admitir la alianza Caribe, sirviéndoles, o en caso con¬trario prepararse para
la guerra repeliéndolos, modificando sus habituales y suaves costumbres. Sólo a
esto se debe que los Lucayos, Tainos idénticos a los de Puerto Rico, aceptaran
el predominio Caribe, y se diferenciaran tanto de los de aquella Isla, que al
rechazarlo, tuvieron que guerrear contra ellos modificándose sus hábitos, y
convirtiéndose en los más belicosos de las Antillas.
Emigraciones locales Antillanas, entre las Islas durante las
guerras Caribes, vino a influenciar también las diversas regiones que ocupaba
la raza Taina, y así sucedió a los Jamai¬quinos, que emigraron por disgustos
entre sus Caciques, y se situaron en Yaguaramas, en la Cuenca de Zapata,
creando un
(4) Era distinta
én aquella comarca según el mismo Pedro Mártir, hasta la forma ‘de Gobierno.—Pi
Margal!. Hi-st. Am. Pre-Colombina.
(5) Notable
era la diferencia que existía entre la Mitología de los Indios Tainos del
Oriente <le Cuba y los que ocupaban la región central en Cutoanacán;
¡mientras que los primeros, siguiendo las Cosmogonías Haitianas creían en la
Leyenda Guagoniana, y señalaban una cueva en Cuba -de donde habían salido los
primeros pobladores, los de Cubanacán, siguiendo lo que el venerable Cacique de
Omofay le dijo a Colón en su Segundo Viaje, después de la misa, creían en la
inmortalidad del alma.
Cacicazgo independiente, muy diferente de los que existían
ya formados alrededor de Cubanacán.
Muy diversas influencias locales y exteriores,
contribuye¬ron a hacer de Cuba, una región donde los Indios de un Ca¬cicazgo se
diferenciaban bastante del contiguo, (6) encontran¬do el Conquistador Español,
una variedad tan marcada, en tipos, costumbres, hábitos y manera de gobierno,
que hasta llegaron a clasificar algunos como carentes de toda organiza¬ción
social.
Si los Conquistadores Españoles, hijos al fin de la época,,
en lugar de llenar los campos de cruces para espantar al dia¬blo, se hubiesen
podido dedicar a estudiar las diversas orga¬nizaciones sociales que existían
esparcidas por todo el país, y aprendiendo sus lenguas hubieran analizado los
“Areitos”, hoy existiría una completa reseña histórica, de cuanto con los-
Indios se relaciona, y no tendríamos que inducir, sacando con¬clusiones que no
pueden tener un alto grado de veracidad, basándonos en los estudios
comparativos de las Tribus Con-tinentales más afines.
— II —
La gran región etnológica llamada “Amazónica”, compren¬día
inmensos territorios, regados por el Amazona y el Orinoco, y sus numerosísimos
y caudalosos afluentes; los grandes bosques- que existían, y los feraces valles
de esos colosales sistemas- hidrográficos, ofrecían al hombre primitivo,
abundantísimos recursos, que al hacerles fácil la vida, enervaron las
activida¬des de casi todas las Tribus.
Por el contrario en la región Pacífica, la civilización de
muchas de sus tribus, alcanzó los más altos escaños en la ci¬vilización
Americana y buena prueba de ello la constituye, la civilización Incásica,
demostrándonos la gran influencia que sobre el hombre primitivo tuvo el
ambiente, el medio, donde se desenvolvían sus actividades.
Los Arawacos constituyeron una familia de las más exten-
(6) No es nada
raro en América encontrar pueblos de una misma, familia separados por otras
muchas gentes y colocados a enormes dis¬tancias.—Pi MargaJl. Historia de
América Pre-Colombina.
didas de Sur América y llegaron a ocupar todo el alto
Para¬guay, las mesetas Bolivianas y las Grandes y Pequeñas An¬tillas.
Su cultura era superior a la de las otras Tribus de esa
división si se exceptúa la Caribe. Ha dejado huellas muy vi¬sibles en su cuenca
originaria, constituyendo esta familia, el objetivo entusiasta de muchos
estudios Sur Americanos.
Cultivaban el maiz, el tabaco y la mandioca; sabían tejer el
algodón en finos paños, pero lo notable de ella y en especial de la Tribu
Maipure, era el brillante pulimento que sabían darle a sus objetos y armas de
piedra. Labraban el oro, ha-cían máscaras de madera, tallaban ídolos y
construían exce¬lentes caonas (7).
Organizados tribalmente llegaron en una época, a do¬minar
todo el Mar Caribe. Tenían rica Mitología, danzas y ritos definidos así como
lugares destinados a Cementerios, pues sus muertos los rodeaban de gran
consideración, y los ritos funerarios eran muy imponentes (8).
Sus casas no comunales estaban provistas de hamacas,
es¬teras de fibras y alfarerías relativamente perfectas.
Las palabras indias recogidas por Colón y sus compañe¬ros en
Haití, Cuba, etc., pertenecían a las formas dialectales de esta familia
lingüística (9).
-III-
Los miles de kilómetros de vías fluviales, navegables, que
existen en las extensas cuencas del Amazona y Orinoco, jun¬to con las
facilidades que un Mar tranquilo, y vientos cons¬tantes proporcianan y que casi
siempre reinan en el Caribe, hicieron de los hijos de la Nación “Carina”,
intrépidos na¬vegantes.
Vecinos y enemigos implacables de los Maipures (Arawa- ca)
ocuparon grandes extensiones de la región Atlántica del Continente Meridional,
desde la Boca del Esequibo hasta el Golfo de Maracaibo, Guayanas y tierras
circunvecinas.
(7) G.
Gumilla. “El Orinoco Ilustrado”.
(8) .Notas
del Misionero Don Felipe GUi.
(9) Historia
de América. Navarro y Lamarca.
Llegó su cultura a ser superior a la de los Arawacos. Sus
canoas eran grandes y muy marineras, construidas de enormes troncos, y labradas
primorosamente.
Supieron tejer hamacas de algodón o pita, cultivaban la
tierra, aunque no como los Arawacos, y fabricaban alfare¬rías muy notables. Más
que agricultores y comerciantes eran atrevidos marinos y valientes soldados.
Dejaron notables petróglifos, y sus ritos mágicos
religio¬sos eran definidos y complejos; sacrificaban maiz al Sol y a la Luna.
Tenían sus Magos, y poseían ritos funerarios, que¬mando los cadáveres.
La base de su organización social era el grupo o grupos de
parientes, que convivían en casas grandes, redondas, con particiones formadas
de madera, y techadas con palma.
En algunos lugares levantaban sus ca¬sas sobre pilotes y
constituían verdaderos poblados sobre las aguas, como en el Lago Maracaibo,
donde existía una nutrida po¬blación lacustre.
Sus flechas eran herboladas, con man¬zanilla .y otros jugos,
tan venenosos, que para hacerlos, encerraban a las viejas, y si éstas al cabo
de cierto tiempo de respi- Vasjja de barro de l08 Caribes rar sus vapores, no
quedaban casi muer- de santa cruz.-Museo Et-
. * -| ., . nográficD de Copenhague.
tas, repetían la operacion; era tan vene¬nosas que sus
heridas invariablemente causaban la muerte en medio de enormes dolores.
La antropofagia era sólo ritual y consecuencia de guerre¬ros
triunfos (10). Muy aficionados a la música y cantos te¬nían verdaderos areítos
notables.
Para inspirar terror a los enemigos, se pintaban el cuerpo
con bija y jagua, diseñando en él figuras de animales; se ho¬radaban las orejas
y la ternilla de la nariz. Distinguían los meses por lunas, y observban por las
estrellas, los tiempos.
Aunque eran muy parecidos a loe Tupies, los aventajaban en
audacia. La mujer del Cacique si quedaba viuda, solía acom¬pañarlo viva al
sepulcro.
(10) Navarro y
Lamarca. Historia de América.
"V alerosos, vengativos, intrépidos navegantes,
invasores crueles, eran amigos decididos de su libertad, pero enemigos de la
ajena. En sus asaltos a otros pueblos, no dejaban con vida sino a los niños y a
las mujeres; mataban y aun se comían a los adultos, inspirando con sus atrocidades
terror a las gentes.
Esculturas en madera de los Caribes.—Instituto Smithsoniano.
Soberbios cuando llegaron al máximo de auge y domina¬ron
otras familias, alcanzando la supremacía en el “Mar de las Antillas”, creían
descender de la Luna (11), no tenían por hombres sino a los de su raza, por lo
que reducían a los demás a la servidumbre.
El “ana carina roto” (nosotros sólo somos gentes) con que
invariablemente contestaban, cuando se les preguntaba por los otros pueblos,
pinta el altivo y soberbio carácter Caribe.
(11) En su
Mitología la Luna era varón y viendo cierto día una bella joven dormida a la
'entrada de un bosque, bajó y ella quedó en cinta; de ella nacieron los
Caribes.—Pi MargaU. Hist. de Am. Pre¬colombina.
Sin embargo, eran afables y hospitalarios, para los que se
acercaban sin ánimo hostil a sus aldeas; se esmeraban en pa¬recer bien y
gustaban de adornos y galas como ningún otro pueblo.
Las mujeres eran muy sensuales, y para ellas constituía una
señal de inferioridad marcada, que se les cayeran los pechos; horror les
causaba esto y hasta las más viejas ee in¬geniaban, con una especie de
corselete especial, que se los sostenían; Imanas querían y buscaban el placer;
vanidosas, temían los efectos que la maternidad produce, y ahogando los más
dulces sentimientos de la naturaleza, abortaban de exprofeso, o mataban al
recién nacido (12).
Se castigaba sin embargo en cambio el adulterio, con mucha
severidad, y los culpables de ese crimen morían a manos del pueblo en la plaza
pública.
Estaba generalizada la poligamia y era menospreciada la
mujer (13), que cuidaba del hogar, labraba los campos, re¬cogía las cosechas e
iba a la guerra para rematar a los enemigos.
Con el transcurso del tiempo, los Caribes Antillanos, fué-
ronse modificando y separándose en ciertas costumbres de los Continentales
(14); los pobres recursos que les ofrecían las Pequeñas Antillas, donde después
de conquistadas, residían, los obligó a ser piratas, bandidos y antropófagos,
costumbre que no tenían los del Continente (15).
— IV —
Ciertas Tribus pertenecientes a la Nación Caribana, o 6a-
rina, que en remotas edades, abandonaron su primitiva Patria Sur Americana,
donde ya no tenían la libertad que ellos tan-
(12) Pi
Margall. Historia de América Pre-Colombina.
(13) Los Caribes
eran sensuales hasta la sodomía; no le enervaban los placeres.—Pi Margall.
Hist. Am. Pre-Colombina. ,
(14) El Padre
Berton recogió de labios de los Caribes de la Domi¬nica estas frases:
“...exterminamos los hombres, nos quedamos con las mujeres, y llevamos a las
cavernas de la playa, las cabezas de los enemigos para que fueran mudos
testigos de nuestro valor a los ojos de las futuras generaciones. Nos llaman
los Europeos “Caribes”, pero somos Callinagos; nos distinguimos de los Caribes
d€l Continente por el sobrenombre de “oubaobanum”, que significa isleño...”
(15) Barón de
Humboldt.
to necesitaban, emigraron hacia Centro y Norte América, y
al¬gunas familias, llegaron a la Florida donde se establecieron en sus costas.
Vivieron en paz y felices con sus vecinos los Apalachinos,
bajo el nombre de Cofachiques, pero divisiones y discordias que surgieron,
después de residir muchos años en aquellas costas les hicieron emigrar otra
vez, buscando nuevas tierras.
Sus grandes condiciones náuticas, las resistentes y nume¬rosas
canoas que poseían, y el conocimiento de las tierras sal¬teadas de Cayos e
Islas que existían en las Bahamas y Luca- yas, los dirigió o acuparlas, y en
ellas se establecieron, for-mando una numerosa colonia, organizada tribalmente
(16).
Hachas de piedra de los ca¬ribes de Guadalupe
Instituto
Smithso-
niano.
La gran familia Araivaca en la plenitud de su potencia,
había vencido en el Continente a los Tupis y a los Caribes, que aunque
originarios de su propio tronco, se habían estable¬cido formando Tribus aparte,
y después de sangrientas gue¬rras, muy dilatadas, alcanzaron la supremacía
sobre ellos y la hegemonía sobre el Mar de las Antillas y sus costas (17).
Cuando ya con un gran núcleo de población que les per¬mitía
emigraciones fuertes sin debilitarlos, y saltando de Cayo en Cayo, pues no otra
cosa son las Islas costeras Venezolanas, que en la propia forma se prolongan
por todas las Antillas,
(16) Bristock.
(17) Deben ser
Guaraníes o Tupies los indios de las Antillas y según D’Orbigny pertenecen a
esta raza los caribes de las Antillas aun¬que Quatrefages se inclina a creerlos
indios 'de la Florida. Posible es que la raza del Norte descendiendo por las
Lucayas, y los del Sur su¬biendo por las de Barlovento, se encontrasen
navegando con sus canoas en las Antillas.—Manuel Antón. Antropología -de los
pueblos -de Amé¬rica, Congreso Americanista. Madrid.
hasta terminar en Cuba, fueron poblando, prim ;ro las Islas
costeras, luego las pequeñas Antillas y terminaron con el andar del tiempo en
las últimas.
Los Cofachiques, ya convertidos en Lucayos (18), atenuada su
ferocidad originaria, por la influencia del medio, y la gran paz que durante
tantos años habían mantenido, aislados de toda influencia extraña, también se
habían ido extendiendo por todo el archipiélago de Islas, y mientras ocupaban
las Bahamas y Lucayas, por el Norte, las familias Arawacas iban ocupando por el
Sur las Pequeñas y Grandes Antillas.
En esta forma y con el transcurso del tiempo se llegaron a
encontrar, los Lucayos de procedencia Caribe y los Cubanos, Haitianos,
Jamaiquinos y Borinqueños, de procedencia Ara¬waca (19). Bajo el predominio
Arawaca en el Continente, mu¬chos Caribes se trasladaron a las Antillas y
formaron peque–as Colonias, resultando en definitiva que durante una gran era
de paz, por lo menos general en el Mar de las Antillas, las civilizaciones
diversas que estas familias representaban, tuvieron cumplida representación en
todas las Islas, pero do-minando siempre al parecer durante esta dilatada época
la Arawaca, cuyos cimientos descansaban en el Continente.
Circunstancias favorables a los núcleo^ Caribes que se
habían fortalecido grandemente, mientras que en plena de¬cadencia ya y en
rápida bajada, descendían los Arawacos- continentales, provocaron la guerra a
muerte entre estas dos familias, guerras asoladoras, sin piedad para el vencido
y que duraron hasta la época del descubrimiento y conquista de las Américas.
Vencidos los Arawacos en el Continente, perdieron el
pre¬dominio en las costas del Atlántico y sobre todo las del Mar de las
Antillas, retirándose al Paraguay y Bolivia, y dejándo¬les a los Caribes la
supremacía en lá cuenca del Orinoco, que implacables en sus odios y latentes
siempre sus rencores, comen¬zaron la invasión de las Antillas, llevando sus
exterminadoras guerras a todas sus Islas, comenzando como es lógico por las más
próximas a sus castos.
(18) Gumilla.
“Orinoco Ilustrado”.
(19) Herrera.
Décadas.
Las invasiones guerreras de los Caribes en las Antillas
fueron asoladoras, y aunque los insulares, les ofrecieron re¬sistencia
desesperada, nada loe detuvo y una tras otra batalla, continuamente se sucedía,
hasta ir conquistándolas todas.
Matando a los hombres, se apoderaban de las mujeres y se
posesionaban de las tierras, sin respeto alguno para el infe¬liz vencido, y
poco a poco, extendiendo sus conquistas llega¬ron a las Grandes Antillas.
El rencor Caribe invadía los territorios, pero al llegar al
de las Antillas Mayores, se encontraba ya en ellas una nueva raza, la raza
Taina, producto del cruzamiento de los Lueayos (Cofachiques) con algunas
familias Arawacas, cruzamiento que con el tiempo produjo una extensa familia,
que ocupó a Cuba, Puerto Rico, Santo Domingo y Jamaica.
— Y —
Los Tainos ocuparon las Grandes Antillas, pero no en . toda
su extensión. Aunque se ha calculado por varios auto¬res en un millón y medio
de Tainos los que existían en tiempos de la conquista, este número ha resultado
muy exa¬gerado, pues esa familia, nunca tuvo la vitalidad suficiente para poder
ocupar todos los territorios, que las Antillas Ma¬yores demarcaban.
La paz que entre ellos había reinado, la poca influencia
guerrera que durante el predominio Arawaca continental ha¬bía existido, el
medio donde desarrollaron sus actividades, todo en fin, contribuyó a hacer de
esta raza, una raza pací¬fica, indolente y despreocupada; sin arrestos (20),
sin empu¬jes y fácil jugete de la tenacidad Caribe.
El alemán Müller que llamó esta familia Taina (21) la
califica de raza muerta, sin vida, en extremo pacífica, y en realidad en su
lengua esto es lo que significa la palabra taina: bueno, pacífico.
Muchas familias Arawacas, de procedencia isleñas, con-
(20) Las
Siboneyes eran con los naturales continentes, y desho¬nestas con los
Castellanos.—Guitera». Hist. de Cuba.—Oviedo. Hist. de Indias.—Herrera.
Décadas.—Las Gasas, etc. .
(21) Bachiller
y Morales. “Cuba Primitiva”.
servadoras de los ritos continentales, de sus tradiciones y
pureza de la estirpe, no se mezclaron por el cruce con los Cofachiques o
Lucayos, y constituían núcleos que se mante¬nían en cierto modo aparte, pero
cuando la familia Taina, ya con bastante consistencia, ocupó toda la parte
oriental de Cu¬ba y la Occidental de Haití, retiróse ella, en Cuba para
Oc¬cidente ; en Haití para el Oriente.
El centro principal de la cultura Taina, en el andar del
tiempo fué indudablemente Haití, y a su alrededor se agrupó la nueva raza,
formando al fin una Nación, cuyo Gobierno según los Cronistas de la época era
paternal, muy humano y ordenado. Las formas monárquicas estaban templadas con
tanta bondad y piadosa moralidad que era desconocida la soberbia (22).
“Amaban a sus Príncipes entrañablemente, dice Bachiller y
Morales, y su (profundísimo respecto, no les privaba de un trato familiar y de
una llaneza tan extraordinaria, que hasta se sentaban a la misma mesa y comían
en el mismo plato. Todos trabajaban en sus conucos, pero nadie sabía lo que
significaba lo “mío”, y lo “tuyo’’. Los Beyes fueron com¬parados con los de las
abejas, y en las relaciones eon sus súbditos em¬pleaban un paternal cariño. ’ ’
Eran los Tainos de buen cuerpo, miembros muy
propor¬cionados, ni delgados ni muy gordos, simpáticos y de atra¬yente figura,
con los sentidos exteriores admirables; de com¬plexión delicada y de cara y
rostros hermosos y agraciados (23).
Los hombres usaban el cabello cortado y echado hacia atrás
de las orejas, muy pocos lo usaban largos y en trenzas. Se pintaban con bija y
jagua para parecer hermosos y resguar¬darse de las picadas de los insectos.
Sus armas eran flechas, macanas y lanzas de madera dura y
sin más adiciones muchas veces, pues las puntas eran por lo regular de la misma
madera, sin metal ni pedernal. Algu¬nos se limitaban a tener un hueso de
pescado.
Los Jefes llevaban de día sus adornos característicos de
plumas; de noche como señal de dirección, un cocuyo o co¬llar de ellos (23).
Sus costumbres y creencias eran sencillas y puras, y en
(22) Bachiller
y Morales. “Cuba Primitiva”.
(23)
Torquemada. “Monarquía Indiana”.
cuanto a religión, tenían ideas de un ser supremo, aunque no
muy definido.
Su agricultura se limitaba al cultivo del maiz y raíces de
que hacían casabe. Sus labranzas se llamaban conucos y cui¬daban de las frutas
pero especialmente de las piñas.
La pesca les proporcionaba gran parte de sus alimentos; eran
verdaderos psicultores (24).
Las manufacturas eran pocas: tejidos de algodón para las
na¬guas de las mujeres, re¬des pata hamacas de al¬godón y chinchorros de
henequén; coyas o cabu¬yas de majagua, guama y corojo; jabas, sibuca- nes,
jabucos, canastos de bejucos, pa'lma yarey.
En alfarería cons¬truían cazuelas, jarros, canaris,
talismanes y se- mies todos de barro; co¬mo escultores en la pie¬dra no se ha
conocido manifestación alguna en sus industrias.
Las influencias fisio-
gréficas del medio les Ido,° de algodón de Santo Domingo.
. Cueva del Maniel.
proporcionaron a esta
familia, diversos y peculiares hábitos, que los diferenciaba
dé¬los de Haití y Borinquen (25).
La influencia religiosa del Behique (Sacerdote) Taino se
manifestaba de distintas maneras en cada una de las Islas.
(24) Bachiller
y Morales. “Cuba Primitiva”.
(25) Los
Areitos d-e Cuba eran muy superiores a los de Haití, por ser más suave los
cánticos de los Siboney.es y en la composición d-e las coplas... ’ ’—Herrera.
Décadas.
En Cuba era el consejero del Cacique (26), se enterraba con
éste al morir y por lo general ejercían como Médicos de sus Tribus (27). En
Jamaica eran Jueces, y en Puerto Rico, Augu¬res. En Haití solía actuar de
Sacerdote el propio Cacique en muchos ritos ceremoniales, y el Behique en
cambio era una es¬pecie de Maestro que educaba los hijos de los Caciques y en
ciertos Areítos se limitaba a llevar el compás.
La constitución Tribal también era muy disimilar en las
cuatro grandes islas. En Cuba el Cacique siempre era en cual¬quier tiempo, en
la paz o en la guerra, el Jefe, él solo ordena¬ba; en Haití, en tiempos de paz
el Cacique conservaba estas mismas facultades, pero en épocas de guerra,
existía un Capi¬tán, que asumía todos los poderes.
En Haití adoraban la Luna y en la época de “Luna Nue¬va”,
esperaban su salida a las puertas de sus Bohíos, cantán¬dole al salir ciertas
endechas que empezaban por “Nonum, Nonum”; en Cuba, estas ceremonias se las
hacían al Sol, y esperaban su salida a las orillas de los ríos y saludaban su
apa¬rición lavándose las manos y la cara en «us aguas.
Estas diferencias en los hábitos y costumbres, establecían
características especiales, dentro de la familia Taina, que lle¬garon hasta
significarse en el habla (28), en ciertas agrupacio¬nes determinadas.
Cuba en la época de la conquista aparecía dividida en
va¬riados Cacicazgos, de los cuales solo los 16 de la región oriental, eran
Tainos de procedencia.
Los primitivos Arawacos que no se mezclaron y se reti¬raron
al interior de Cuba y Santo Domingo, aislándose de todo trato con los Tainos,
ocuparon en Cuba la región cen¬tral y la occidental. Los primeros fundaron el
Cacicazgo de
(26) Cuando los
Behiques deshauciahan la vida del Cacique sus va¬sallos lo estrangulaban como
una ¡muestra de respeto antes que permitir muriese como el vulgo de las
gentes...”—Guiteras. Hist. de Cuba.
(27) “En sus
enfermedades llamaban a los Behiques o Sacerdotes que -eran sus médicos, muy
buenos herbolarios por lo general...”— Guiteras. Hist. de Cuba.
(28) “Si se
-exceptúan los habitantes que moraban al Occidente de Ratabanó todos los demás
de la Isla, hablaban un dialecto común y aunque diverso del de los Lucayos y
Haitianos, se entendían bien ■con
ellos ” Guiteras, Navarrete, etc.
Cubanacán y en las costas de la actual Matanzas y parte de
Santa Clara se establecieron.
Algunos de éstos, siguieron para Occidente y como más
selváticos y salvajes se establecieron en el extremo occidental, bien lejos de
todo trato y formaron los Cacicazgos de Guana- cahibes y Guatiguanico, que
ocupaba Pinar del Río y se ex¬tendía hasta cerca de la Habana.
Los de Cubanacán conservaron sus antiguas formas sociales y
eran los ancianos sus consejeros y Caciques (29).
Semies indígenas de Cuba, Puerto Rico y Santo Domingo.
Los Tainos que poblaron la región más oriental de Cuba y que
comprendía toda la Provincia de Santiago de Cuba,, por ser la más próxima al
centro común de actividades de la raza, Haití, acumularon una gran población en
esa zona; su idioma era igual al de los Tainos Haitianos, con los que
man¬tenían continua comunicación (30), sin ocuparse hasta la épo-
(29) Pí y
Margall. “Historia de América Pre-Colombina”.
(30) “Porque
como no dista (Cuíba) más de 18 teguas (de Haití) la una de la otra .de punta a
punta, cada día se c-omunieaban con sus barquillos o -canoas, mayormente que
Cuba sabemos, sin .duda, que se pobló j poblaba -de esta Española. Las Casas.
“Historia de' las Indias”.
ca de la conquista, de las familias Arawacas que poblaron el
resto de la Isla.
En Haití, la región más cercana a Cuba, Jamaica y las
Lucayas, estaba ocupada por los Tainos. Las • emigraciones Caribes anteriores a
las guerras e invasiones, trajo un nuevo elemento que se estableció en la
región oriental, en Higiiey y Maguá. Procedente de este mismo tronco, que
parece resi¬día en las Guayanas, llegó a Cuba nna nueva familia, que pobló a
Camagüey. .
Con el transcurso del tiempo comenzaron las guerras
Cari¬bes, y pudieron observarse curiosas anomalías entre los gru¬pos que antes
se habían entendido, conviviendo en gran armo¬nía; se separaron radicalmente
según sus procedencias más o menos marcadas entre Arawacas y Caribes, y así nos
cuentan las crónicas que tan pronto comenzaron estas guerras, los Indios de
Maguá, Marién y Jaraguá se unieron, formaron cierta especie de federación (31)
y no se comunicaban con los del resto de la Isla.
Los de Maguana (32) se mantenían recelosos de todos y los de
Higüey que tenían más fresca su clara procedencia de Caribe, hostilizaban
continuamente a los del resto de Santo Domingo (33).
En Cuba tan pronto se iniciaron las hostilidades, la
fede¬ración Taina, receló de todos los del resto de Cuba, pero es¬pecialmente
de los Camagüeyanos, que procedentes de Comaya- gua, tenían muy acentuada su
procedencia Caribe. Hubo guerras largas entre éstos y los Tainos que parecen no
fueron muy anteriores al siglo del descubrimiento, pues a Colón le contaron los
Indios de Cuba algunas guerras cuyos recuerdos se conservaban muy vivos en sus
memorias.
Además nunca reinó una verdadera confraternidad entre los
Tainos de la región oriental y los Camagüeyanos, y por
(31) Asomaba ya
en Haití cierta organización política, y según Oviedo, se confederaban los
Caciques principales para repeler las in¬vasiones Caribes. Pí y Margall, Hist.
Am. Pre-Colombina.
(32) E. Ñau.
Histoire d’es Cacique de Haití.
(33) Equivócase
el ilustrado Eugenio Sánchez Fuentes, cuando en su notable obra “Cuba
Monumental, Estatuaria y Epigráfica”, asegura que los Ciguayos de Haití eran
Tainos.
eso los Cronistas nos cuentan, que después del frustrado
ata¬que a Pánfilo de Narváez en Bayamo, dispersados los Indios se refugiaron en
Camagüey, pero éstos los rechazaron, expul¬sándolos del territorio Camagüeyano.
— VI —
¿ Quiénes eran los Siboneyes? Esta es una cuestión no muy
aclarada todavía, a pesar de que la costumbre de llamar al Indio Cubano,
Siboney, le ha dado carta de naturaleza en este sentido a la palabra,
entendiéndose por tales, los pacíficos y mansos aborígenes cubanos, que el gran
Almirante Don Cris¬tóbal Colón, encontró en el territorio cubano.
Según se desprende de la Historia de la Conquis¬ta del Padre
las Casas, por Siboneyes eran conocidos en Haití, los Indios de Cu¬ba (34), a
pesar de que en documentos oficiales da la época, se designan por tales, a
ciertos Indios que tenían como sirvientes los aborígenes cubanos, anála- gos a
los que ocupaban los Archipiélagos de los Jar¬dines } Jardinillos \ los jdolo
en piedra de origen Siboney en con irado en Canarreos (35). Oriente.—Colección del Corouel
Rasco.
En estos documentos se dice (36) :
“...que los indios de los Jardines que son el uno que se
llama del Rey y otro de la Reina que están el uno en la costa Sur y el otro en
la
(34) “Es de
extrañ :• lo que dice Las Casas, que los Haitianos lla¬maban Siboneyes (en otra
parte Sibuneyes) a los naturales de Cuba, pues no he podido averiguar la
etimología de tal nombre”. José Ma. de la Torre. Die. To¡p. de Cuba.
(35) “No
presentaban en sus formas la robusta musculatura de l&j tribus del Norte, ni
en la expresión del rostro asomaban los instin¬tos de sangre que haeían
horribles los isleños Caribes, ni tenían en el aire y movimientos el aspecto
marcial de los Haitianos”. Guiteras. “Hist. de Cuba”.
(36) Luis
Torres Mendoza. “Documentos Inéditos de India”.
del Norte, juntas a Cuba 7 en cada uno son muchas isletas en
la mar, y están llenos de Indios que no acostumbran a comer más que pescado
solo, y los cuales siempre allí habitan. T así mismo que los otros In¬dios que
hay manera fuera de la Isla de Cuba o dentro, entiéndase tamibién por unos
Indios que están dentro de Cuba, en una Provincia al cabo della, los cuales son
como salvajes, que en ninguna cosa tra¬tan, con los de la Isla, ni tienen
casas, sino están en cuevas, continua¬mente, sino es cuando salen a pescar;
llámanse Guanahatabeyes; otros hay que se llaman Zibuneyes que los Indios de la
misma Isla tienen por sirvientes, 7 así son casi todos los de los dichos
Jardines”.
El propio Padre las Casas dice también a este respecto:
“La mayor parte de la gente de que' está poblada Cuba, era
pa¬sada y natural de esta Isla Española, puesto que los naturales más antiguos
de Cuba, eran como los de las Lucayas, gentes simples, bue¬nas y sin vicio
alguno. Los nativos de Cuba se llamaban en su lengua Siboneyes, y los de la
Española se apoderaron por grado o por fuerza de aquella Isla, y de su gente,
haciéndoles sirvientes pero no esclavos...’ ’
Según cuenta Kafinesque, los Tainos tenían sujeta a su
servicio una Tribu que llamaban “Caracol” (37).
Si nos guiamos por esta serie de interpretaciones, resulta
evidente que los sirvientes de los Tainos, eran los Siboneyes, los cuales
vienen a ser los primitivos Arawacos, que se reti¬raron al Occidente de Cuba
por no mezclarse con los Cofachi- ques, situándose algunos en la región más
occidental, y otros en Cubanacán y en las Isletas de los Jardines y Canarreos.
Además, las descripciones del Padre las Casas, están de
acuerdo con los hechos: los primitivos pobladores de Cuba eran como los
Lucayos, dice, pero luego pasaron de esta Isla (Española) ciertas gentes
(Tainos) y los pusieron por grado o por fuerza a su servicio.
Hemos indicado que mucho tiempo antes que comenzaran las
guerras Caribes, y cuando la Nación Caribana, no había al¬canzado todavía su
pleno desarrollo, hubo emigraciones pa¬cíficas Caribes, que ocuparon
territorios en las Grandes Anti¬llas, y en cierta forma los Camagüeyanos,
tenían el cuarenta
(37) “Los
miembros de cada familia y a veces varios vecinos de diversas familias, vivían
todos juntos en una sola casa con sus mujeres e hijos y los criados del
servicio doméstico, que llamaban nabories...” Guiteras. Hist. de Cuba.
...“pues en las Islas nunca se halló que hubiese esclavos,
salvo los que llamaban nabories ”... Herrera, Décadas.
por ciento lo menos de Caribes, aunque procedentes de una
región, donde éstos estaban muy mezclados con los Arawaeos continentales.
No dicen los Cronistas si los Siboneyes resistieron o no a
la invasión Taina, aunque es de suponer que por lo menos lo intentarían, y
aunque sojuzgados al final, emigraron a las regiones occidentales. En general,
los Indios de las Grandes Antillas, antes de las guerras Caribes, guerreaban
unos con
otros por una de estas dos causas:
Por los limites de sus Cacicazgos, de los cuales eran muy
celosos, o por las pesquerías, que venían a constituir su ocupación más
conti¬nua (37).
Ya en el período de las guerras Caribes, los Tainos se
unieron contra el enemigo común, y así vemos a los Tainos de Haití, encender
grandes hogueras en sus costas cuando veían las canoas Caribes para avisarles a
sus hermanos, y despachaban enseguida canoas a Cuba (38) y Jamaica
parti¬cipando la proximidad Caribe.
Aunque sigamos pues la costumbre designando a los Cu¬banos
que Colón encontró en su territorio como Siboneyes, parece probado que no eran
éstos todos de esa familia, y ese calificativo, pudiera ser aplicado con más
propiedad a los Indios del centro de Cuba y nunca a los que ocupaban la región
oriental.
— V 11 —
En el “Congreso Internacional de Americanistas”, celebra¬do
en Madrid el año 1875, constituyó Tema muy importante de sus deliberaciones, la
siguiente cuestión:
“De las investigaciones arqueológicas que han tenido lugar
en Cuba, y del tipo de los ídolos encontrados en ella, ¿puede inferirse, que
éstos hubieron de pertenecer a otros terrícolas cubanos que los que allí
encon¬tró Colón?”
Esta cuestión fué resuelta afirmativamente, y quedó pro-
(37) Ovando.
Hist. de las Indias.
(38) . .
.‘.toparon un solo indio en una canoa chica el que venía de la Isla de San
Salvador e' iba a Cuba a dar nuevas de los Cristia¬nos. lias Casas. Historia de
Indias. Washington Irving.
bado desde luego, que los diversos Idolos, hasta entonces
en¬contrados, labrados en piedra, no pertenecían a los sencillos Siboneyes, que
no conocieron instrumento alguno para escul¬pir esas figuras, pues cuando Colón
los visitó, no poseían otros Idolos que los pequeños Semies, que eran todos de
barro.
En Cuba han aparecido otros testimonios arqueológicos, que
permiten leer, aunque en confusos caracteres, la existen¬cia remotísima de
otros pueblos que nos han precedido en peregrinación por nuestro planeta. Por
Cuba hubo de pasar uno de éstos, y para afirmarlo, no hay que estudiar más que
sus hachas de piedra (39).
No hay duda alguna como ya antes hemos dicho, que por Cuba
pasaron di¬versos pueblofe y variadas civilizacio¬nes; ahora bien, lo difícil
es poder dis¬tinguirla^ y diferenciarlas, señalando su influencia, en los
diversos agrupa- mientos etnológicos que constituían la
población Cubana en tiempos de la Hachas de piedra de la
colee- • , ción del Coronel
Rasco.
conquista.
La civilización Arawaco, que indudablemente fué la más
antigua, ha dejado algunos rastros bastante visibles en las Antillas.
A ella pertenecen desde luego, en Cuba, Jamaica, Puerto Rico
y Haití, los objetos de piedra pulimentados, en serpen¬tina, jaspe, obsidiana y
otros materiales petreos, con un brillo notable, construidos con tal arte, y
tan perfectos, que causan admiración (40).
En la Cuenca de Zapata hemos encontrado algunas hachas de
diorita, muy pulimentadas, con un brillo notable, y des¬pués de dibujados sus
dos perfiles, los hemos superpuestos sin encontrar disparidad alguna; su
simetría es tan perfecta que no se explica cómo a mano, pudieron alcanzar esa
regula¬ridad tan exacta en todas sus caras.
(39) Rodríguez
Ferrer. “Memorias del Congreso”.
(40) En la
región oriental de Cuba, sobre todo, se han recogido notables objetos de esta
civilización.
El célebre Doctor Chanca, Médico y compañero de Colón, en su
Segundo Viaje, decía:
‘ ‘ Toda esta gente idestas Islas mo poseen fierro alguno.
Tienen muchas üerramientas así como hachas y azuelas hechas de piedra, tan
gentiles y tan labradas, que es maravilla como sin fierro se pueden hacer. De
estas hachas de piedra se encuentran infinitas por toda la Isla (Cuba). Tienen
además de piedra, manayas que son como cuchillos en extremo afilados...”
Eran los Arawacos como hemos visto, artífices notables en la
escultura, y muchas caratonas e ídolos de piedra labrados también con gran
pulimento, pertenecen a esa civilización.
Las notables ha'chas que posee en su colección el Coronel
Rasco, y cu¬yas fotografías se han publicado en la última edición de la Enciclopedia
Espasa, y en la Obra “Cuba Monu¬mental” de Sánchez Fuentes, la¬bradas en piedra
diorita, muy puli¬mentadas, pertenecen a la civiliza¬ción Arawaco, no así los
Idolos encontrados, toscamente labrados en piedra, y que demuestran no ser
producto de los artífices arawacos tan notables y sí obra de una mano poco
experta' en ésos trabajos.
Las figuras y mascarillas de arei- lia endurecidas al sol,
obra' son in-/dudablemente de procedencia Tai¬na; todo en ella tiende a
probarlo.
En cambio el notable ídolo que el señor Rodríguez Ferrer
donó af la
. • -r -■ i i-r i 51 T Cuchillos indígenas.
Universidad de la Habana, y que se ‘
■encuentra
actualmente en el Museo de Antropología, y el
encontrado en Holguín, sí
presentan todos los caracteres de haber sido labrados por los notables
artífices Arawacos.
Desde el primer momento que lo reconoció el señor Ro¬dríguez
Ferrer, aseguró una procedencia que no era Siboney y así lo manifiesta en su
obra (41) cuando dice:
“Su procedencia por lo tanto es muy anterior a los sencillos
Sibo-
(41) Rodríguez
Ferrer. “Naturaleza y Civilización de Cuba”.
neyes que aipeuas tenían más que sus Dioses domésticos,
familiares o penates, ídolos pequeños que llaman Semies, para cuya construcción
no necesitaban otros instrumentos, que los dedos, el blando barro y el Sol que
los endurecía...”
“¿Pero conque instrumentos fué devastado, esculpida y
represen¬tada esta figura? ¿Cómo pudo darle este dibujo tan acabado en sus
detalles, la mano del sencillo Siboney, que sólo encendía el fuego con la fricción
de unos palitos y no tenía más hierro que las puntas que le ofrecía el siles o
pedernal... ? Es preciso por lo tanto negar que este Indio (Siboney) pudiera
desvastarlo y esculpirlo...”
El Idolo que hoy que se encuentra en el Museo de la-
Universidad, fué objeto de variadísimos estudios, pues se creía encontrar en
él, reminiscencias de los cultos de la India, y el señor Andrés Poey, notable
investigador Cubano, después de estudiarlo y compararlo con otros que habían
aparecido en Santo Domingo, probó hasta la evidencia, su identidad de
procedencia, siendo todos ellos obra de una civilización muy antigua, que ya
hoy podemos asegurar fué la Arawaca.
En las rocas de las cavernas han aparecido, cuando se
dedicaban a cul¬tos religiosos, so¬bre todo en Santo Domingo, princi¬pal centro
de la
tfultura Arawaca, notables Semies la¬brados en la pie¬dra.
Las célebres cavernas sagradas de “Pommier”, al Oeste de Santo Do-
Objetos de piedra encontrados en la Región Oriental de Cuba, /i0\ i j
en poder del Coronel Rasco. mmS°
(42), las de
“Dondón’’ cerca
de Cabo Francés,
en Haití y otras varias, están cubiertas
de ídolos tallados
en la piedra; en la de “Dubade” (43), las
(42)
Charlevoix. “Hist. de Tille Espagnole”.
(43)
DescourtilL*. “Voyage d”un Nlaturaliste’ ’.
pequeñas estatuas, de los Semies, estaban colocadas en
nichos construidos con gran arte, y denotaban según Charlevoix, que los
examinó, una concepción perspicaz y unía paciencia ina¬gotable para darle tan
perfectas formas, a material tan duro, sin el auxilio de instrumentos de metal,
añadiendo, que era tan antigua su construcción que no existió nunca tradición
alguna entre los Indios de aquellas regiones. La notable cueva de “Miraflores”
en Arecibo, Puerto Rico, en cuyo interior so encuentran esculpidos notables
ejemplares artísticos, es muy notable.
Posiblemente en Cuba, deben existir en ciertas cuevas,
to¬davía no reconocidas, verdaderos tesoros de la civilización
Arawaca, y pertenecen a ella sin duda' alguna, las caratonas
y duhos encontrados, construidos en madera dura, pero con una factura tan
delicada que no de¬ben ser de procedencia Cafribe.
Es difícil, sin embargo, tra¬tándose de objetos construidos
en épocas tan remotas, precisar su procedencia en muchos ca¬sos. pero de una
manera' gene¬ral, puede decirse, que cuantos trabajos de piedra, madera y
posiblemente en hueso, estén la¬brados con a'rte, pertenecen a la civilización
Arawaca.
La civilización Caribe Antillana, fué posterior a la
Ara¬waca. De ella se conocen vestigios muy característicos, cla¬ramente
comprobados, después de haber sido sometidos dete¬nidamente a un análisis
comparativo, con los restos continen¬tales de ella, habiéndose podido comprobar,
que la Nación Carina, en las Antillas después de su hegemonía en el Mar que
lleva su nombre, se particularizó en ciertos aspectos, di¬ferenciándose de la
continental.
Desde luego como posterior, era la civilización Caribe más
adelantada que la AraAvaca, habiendo alcanzado sobre todo
notable adelanto en el arte de los petróglifos. Como
precursora de la escritura, las pictografías demuestran en las civiliza¬ciones
que la poseían, un adelanto grande, un verdadero paso- gigantesco en la cadena
del progre¡so humano-
Su mayor o menor frecuencia desde luego denota mayor o menor
tiempo de estancia en la región donde aparecen, y es un signo evidente éste que
prueba en Cuba durante el predominio guerrero Caribe, que, nunca pudieron
constituir, establee gru¬pos sociales.
En las Guayanas, en las Islas de San Vicente, en Esequibo, y
en las pequeñas Antillas, y sólo en Puerto Rico de un moda general, abundan los
petróglifos Caribes, en rocas cubiertas de colosales figuras simbólicas,
representando diversos anima-
Petroglifo caribe de la Candelaria en Venezuela
les, enseres domésticos e imágenes del Sol y de la Luna.
Son notables los de la Candelaria en Venezuela, y en ellos
han pretendido encontrar algunos Arqueólogos, signos que demuestran la gran
antigüedad de esta familia, pues la refie¬ren al diluvio americano, cuya
descripción dicen encontrarse en esas pictografías, asegurando otros en prueba
también de antigüedad, que los Cofachiques de la Florida, de los cuales
descienden los Lucayos primitivos, emigraron cuando el des¬pedazamiento de las
tierras en el Mar de las Antillas.
La influencia de la civilización Caribe en las Islas
comar¬canas a las costas Venezolanas, y en las pequeñas Antillas, está fuera de
duda alguna; llegaron a exterminar sus habi¬tantes primitivos y ya
definitivamente instalados en ellas des¬de tiempos remotísimos, los encontraron
los Descubridores Es¬pañoles.
Con las Antillas Mayores sucede otra cosa y en especial en
Cuba, que como la más occidental y por consiguiente más
*
alejada de su común centro, la influencia Caribe no es tan
per¬sistente y notable como en el resto de ella.
Puerto Rico, que después de las Pequeñas Antillas es la más
próxima, presenta huellas muy distinguibles de la influen¬cia Caribe durante
las guerras de invasión. Haití, y Jamaica, tienen esas huellas menos marcadas,
y el Oriente de Cuba mucho menos que en el resto, pero siempre en mayor grado
que en Occidente, donde la influencia puede asegurarse que fué com¬pletamente
nula.
El ilustre Arqueólogo M. A. L. Pinnart, decía (44) :
...“a esto se debe que mientras en Puerto Rico, se han
encontrado notables petroglifos en la Cueva del Islote sobre todo y muy
variadas inscripciones de factura caribe indudable, sean menos numerosas las de
Haití, y mucho , menos las de Cuba (45).
En San Juan de la Ma¬guaba, Haití, encontró el notable
Investigador Shom- burg, un monumento muy aiiDiguo, obra de una civi¬lización
Caribe, pero desde luego, civilización muy ante¬rior al pemado de guerras en
las Antillas. El monu¬mento consistía en un gran círculo formando una
plata¬forma, una terraja, círculo de 700 metros de circunfe¬rencia, y el cual
se encon¬traba pavimentado con gran¬des bloques de piedra, saca dos de un río o
a'rroyo inme¬diato, al cual iba a parar un pasaje tambjén pavimentado, que
saliendo del diámetro que orientado quedaba de Este a Oeste, terminaba en el
mismo. En el centro existía una gran mole de piedra de un metro y medio de
altura, que parece servía de base al Dios que sus-tentaba y al cual estaba
dedicado el monumento.
(44) Congreso
de Americanistas, Madrid.
(45) Na
saibemos que en Cuba se hayan encontrado.
¡Tendría relación alguna este monumento, con el encon¬trado
por Rodríguez Ferrer en la gran tierra de Maya? Lo que el estudioso
Investigador, clasificó como cercados tórreos, ¿no sería también algún
monumento muy antiguo, de factu¬ra Caribe, análogo al de Haití?
En Cuba como hemos dicho, la influencia Caribe es menor que
en el resto de las Antillas y si alguna existió con inten¬sidad apreciable,
tiene que ser buscada en el Oriente, donde posiblemente estuvieron en
excursiones guerreras, los temi¬bles Caribes.
Sin embargo ha resultado notable un hecho que llama desde
luego la atención: todos los cráneos encontrados en Cuba hasta el hallazgo de
los Mounds de la Ciénaga de Za¬pata, presentaban la deformación frontal del
Caribe, típica de esa raza, pues aunque el ingenioso Cubano J. I. de Armas,
pretendió probar lo contrario, no cabe duda alguna de que los Caribes
deformaban los cráneos de los pequeños, mediante ciertos aparatos que usaban.
Cráneo normal.
Como todos los restos encontrados, tanto por el Doctor La
Torre como por el Doctor Montané, pre¬sentaban esa deformación, y todos los
Cronistas an¬tiguos, claramente descri¬ben los tipos de Indios Cu- ba'nos (46).
sin esa_defor- mación. el Doctor Monta¬né manifiesta que con afa¬noso tesón
buscaba, los
los enterrorios Siboneyes, que hasta esa fecha no habían
sido descubiertos en Cuba (47).
Por otra parte la serie de restos que el Doctor La Torre
(46) “Su
estatura y conformación de miembros eran regulares y también el rostro y las
‘facciones, aunque tenían la frente ancha en demasía...” Guiteras. “Hist. de
Cuba”.
...“todos eran las caras y frentes largas, las cabezas
redondas tan anchas qne son ansí como de frente al colodrillo...” Cura de los
PP- lacios. Men. Doc'. Am. P.
(47) “El Indio
de Zapata.”
encontró por las regiones orientales de Baracoa, y cuya
mi¬nuciosa inspección fué objeto de notables investigaciones, pre¬sentaban la
deformación Caribe típica, y así dice el sabio Profesor- en su notable trabajo
(48) :
...“La inspección general de la serie craneológica y su
compara¬ción del tipo predominante en ella, con los moldes caribes de San
Vicente, prueba evidentemente la existencia de una colonia o grupo Caribe, en
la extremidad oriental de nuestra Isla'’.
¿Dónde se encuentran pues, como dice el Doctor Montané, los
restos de aquellos Indios que Colón y sus compañeros, y luego Diego Velázquez,
Narváez, las Casas y otros, encontra¬ron en sus tierras, y que según sus
descripciones, no presen¬taban deprimidos el frontal, teniendo en cambio la
aparien¬cia de sus caras, notable regularidad? (49). No hay duda
Cráneo con la deformación Caribe.
que los Tainos, no presentaban de¬formación alguna en sus
cráneos, y los llamados S'bo- neyes y Lucayos tampoco, y erato sólo los Caribes
de las Antillas Meno¬res los que presen¬taban la deforma¬ción.
La influencia Caribe en las Antillas, se debilitó, como he-
/mos dicho antes, a medida que se avanzaba hacia Occidente, y creen algunos
Autores muy respetables, que en la época del descubrimiento y conquista, sólo
comenzaba el predominio Caribe en algunas de las Grandes Antillas pero que
a demo¬rarse algo más el descubrimiento, los Caribes hubieran al fin
invadido Haití y Cuba, Puerto Rico y Jamaica, sin dejar
ves¬tigios de sus habitantes.
(48) “Anales de
la Academia de Ciencias de la Habana”.
(49) “De la
gente del pueblo, después que calculaban que habían muerto, acudían y les
cortaban la cabeza, y algunas veces un miembro y esto era lo que solamente
guardaban en memoria de ellos.Herrera, Décadas.
Antes de iniciar los Caribes Antillanos, sus desoladoras
guerras contra los Arawacos Antillanos, hubieron de poblar algunas partes de
las Islas Mayores, en época muy remota in¬discutiblemente, pues admitiendo las
conclusiones de las no-tables investigaciones de Shomburg, que prueba qué los
monto¬nes de caracoles horadados pertenecientes al ‘.‘Strombus gi- gas”
demuestra una remota estancia Caribe, hay'que aceptar, que en una época
determinada, loe Caribes acamparon y se establecieron en la Bahía de Cochinos,
y necesariamente se enlazan estos hechos, con los Mounds de la Ciénaga, donde
hemos visto que abundan tanto esos caracoles así perforados.
Idolos de piedra de las Islas Bahamas, Biblioteca de Nassau.
*
No es creíble, que du¬rante las guerras de exter¬minio
Caribe, llegaran a establecerse éstos de un modo permanente, en una región tan
alejada de sus bases de operaciones, te¬niendo en contra la conti¬nua
hostilidad de los Cu¬banos, precisamente en zo¬nas poblada^ por familias
descendientes directamen¬te de los originarios Arawacos Antillanos, que se
defendían in¬discutiblemente con ventaja, por las facilidades que ‘sus tierras
les prestaban. ..
Hay que admitir una cultura Caribe cubana, pero pacífi¬ca y
muy anterior a la hegemonía de esta Nación, en los Mares Antillanos y cuando
mantenían armoniosas relaciones con to¬das sus Islas. . .•
Resumiendo en fin cuanto se relaciona con’ las diferentes
culturas que por Cuba pasaron en épocas remotas, puede ase¬gurarse sin temor a
duda alguna, que la Isla presentaba, tres agrupamientos principales con
progresos distintivos en las épocas del descubrimiento y conquista.
Los occidentales Guanahatabeyes, en un retroceso com¬pleto ;
aislados, en plena era salvaje, sin pueblos y viviendo
-en las cavernas, y olvidados completamente de su eiviliza-
•ción primitiva (50).
Los Arawacos Antillanos originarios (Cubanacán), que
ocu¬paban la región central hasta lindar por el Este con los Ca¬magüeyanos y
por el Oeste con los Guanahatabeyes. Conser¬varon la influencia originaria de
raza y poco influyó en ellos la Caribe.
Los Tainos orientales que ocupaban toda la actual Pro¬vincia
de Santiago de Cuba, influenciados en cierto modo por la cultura caribe
pacífica, pero no tan intensamente como «us hermanos de Haití. Los
Camagüeyanos, que aunque de proce¬dencia casi Caribe, se amoldaron bastante a
los moldes Tainos.
Estos grupos bastante distintivos, manteniánse
relativa¬mente aislados, y todos los Cronistas nos refieren y demues¬tran, que
no existían intensas relaciones entre ellos.
Cuando (Tolón en su Segundo Viaje partió a recorrer las
costas meridionales de Cuba, observó cierta! diferencia entre los habitantes de
su litoral, aunque su fantasía muy exalta¬da, impresionada por los relatos de
los Viajes de Marco Polo y Manderville, fao le permitió darle verdade¬ro
significado a las diferen¬cias de los 111- Silla en forma de tortuga, labrada
en piedra de asperón gris.
Islas Caicos.—Museo Nacional de Washington.
dios que eneon- 6
tro por sus costas.
Mientras se mantuvo en los límites de los territorios
ocu¬pados por los Tainos, es decir, dentro de las costas de la Pro¬vincia de
Santiago de Cuba y Camagüey, al inquirir de sus habitantes si Cuba era o no
parte del Continente, ninguno supo responderle, y no se arguya que Colón 110
entendía el
(50) ...“dos provincias que están al cabo de la Isla a la
banda
del continente', la de Guaniguanico y los Guanahacabibes:
estos últimos que son los postreros, son a manera de salvajes: no tienen casas,
asien¬tos ni pueblos, ni labranzas: no comen sino tortugas, pescado y algunas
salvaginas que toman por los montes...”
idioma, porque en este viaje llevaba como intérprete a
Diego> Colón, indio Lueayo que por su estancia en España hablaba ya bastante
bien el castellano.
En las costas de Cubanaeán, sus indios le aseguraron que
Cuba era Isla, lo que demuestra, que conocían el territorio, y si bien hacían
relación de las familias que poblaban el Oc¬cidente, nada indica que
mantuviesen relaciones con los orien¬tales, aún teniendo en cuenta, que la
amenaza caribe, había atenuado en mucho sus antiguos rencores, existiendo ya de
hecho cierta fraternidad que antes nunca existió, dando tre¬gua, ante el
peligro común a sus discordias intestinas.
—YIII— .
Durante los últimos tiempos pre-Colombinos (51), hasta
llegar a la época de la fundación de la primera colonia Espa¬ñola en Santo
Domingo, la distribución territorial indígena, era completamente distinta a la
que luego durante su conquis¬ta existió.
Cuba fué descubierta en 1492 y hasta el final del año 1511
no se intentó su conquista; es decir, transcurrieron más de 19 años,"
durante los cuales, los horrores, las atrocidades, de los conquistadores en
Santo Domingo, obligaron a muchas familias indígenas, a establecerse en Cuba, y
algunas forma¬ron sus Cacicazgos especiales.
Las impresiones que los conquistadores Españoles recibie¬ron
en Cuba de sus indígenas, durante la conquista, no eran reflejo fiel de las que
primeramente existieron entre ellos, antes del primer establecimiento español
en América.
Conforme el común peligro Caribe, los obligó a estrechar en
cierto modo sus relaciones interiores, la amenaza de conquista hispana, durante
los casi 20 años de estancia castellana en la Española, modificó radicalmente,
no sólo las divisiones terri¬toriales, sino sus costumbres y afinidades.
La existencia del peligro español, era conocido por todos
los Indios Cubanos, no sólo por los más cercanos.a Haití y que más relaciones y
afinidades conservaban con sus habitan-
(51) Aún antes de
la conquista se hallaban interpuestas una nacio¬nes con otras. Pí y Margall.
“Hist. Am. Pre-Colombina
tes, sino también por los del centro de Cnba, los cuales
du¬rante el segundo viaje de Colón por sus costas, habían podido apreciar la
superioridad Europea, superioridad que al emplear¬la de una manera despiadada
en Haití, durante 20 años antes de trasladarse a Cuba, alarmó como es natural a
todos los in¬dígenas cubanos.
Los Tainos Cubanos que ocupaban la región oriental y que
designaban el país todo como Bayaquitirí (52), la te¬nían dividida en 16
cacicazgos, especie de federación que obe¬decía las órdenes del principal
Cacique que en ella residía;
era el núcleo indiano más floreciente de Cuba', la región
más poblada (53) y donde mayor progre¬so industrial habían alcanzado sus
habitantes. Mantenían comunicaciones continuas con Jamai¬ca, Haití y las
Lucayas todas (54), y en cierto
modo formaban parte de la* gran federación Taina que residía
en Haití, y cuya prin-
Hacha neolítica. -Museo Británico. Cipal cabecera
era
Guarionex, descendiente del que ellos calificaban como gran
Rey Ragul (55).
Aunque entre todos los Haitianos existía una sola lengua y
era una su común habla (56), modificábanse algunas pala¬bras notablemente y
constituían ellas una particularidad en
(52) ...“desde
donde vió la punta de la Isla de Cuba que los Indios llaman Bayaquitirí”.
(Segundo Viaje de Colón). Herrera, Décadas.
Don José María de la Torre en su “Diccionario
Tapográfico-anti- guo de Cuba y tierras circunvecinas”, dice: “Cuba, nombre que
daban los Indios a esta Isla. También la llamaban Bayaquitirí”. Mein. Soc. Eco.
(53) Baracoa
fué la población mayor que halló en Cuba y su comarca la más poblada y mejor
cultivada. Sus habitantes parecían más civilizados que los otros de la Isla,
juzgando así por el porte exterior como por sus costumbres y algunos objetos
que vieron en la ciudad y sus cercanías..” Guiteras. “Hist. de Cuba”.
(54) ...“y solían extender sus especulaciones a las
Lucayas y
otras Islas vecinas. Muchos de ellos se dedicaban a la pesca
y tenían sus aldeas en las costas y recorrían en sus ligeras canoas los cayos e
islas inmediatas...” Oviedo. “Hist. de Indias”.
(55)
Rafinesiiue. “Anales de Haití”.
(56) Bachiller
y Morales. “Cuba Primitiva”.
cada Isla y así vemos que se llamaba “Cubabo” la lengua
de¬Cuba, “Baeagua” la de Puerto Rico y “Cayabo” la de Haití.
Vecinos de los Tainos estaban los Camagüeyanos, que aun¬que de
procedencia Caribe, habíanse amoldado algo a los mé¬todos y costumbres Tainas,
sobre todo al comenzar las gue¬rras Caribes.
No tenían dividido su estado en cacicazgos y diferentes de
loe Tainos, sólo tenían en su provincia, dispersas agrupa¬ciones de familias
(57), que todas dependían del jefe que habi¬taba en Camagüey, principal
plobación del territorio.
La región central, la ocupaban las familias Arawacas pu¬ras,
que llamaban la Isla: Cuba; y el centro de su Nación, constituido por un
Cacicazgo especial gobernado por los An¬cianos: Cubanacán (el centro de Cuba).
La procedencia eti-mológica arawaca de la palabra es indiscutible.
No tenían la especie de federación de los Tainos, pero se
unían al pelear contra el Caribe. Diego Velázquez, en una carta a los Reyes,
hace referencia a algunas provincias centra¬les (Sabaneque, Magón), diciendo
que dependían de Cama¬güey (58).
(57) “Dixeron
también, que en la ida y vuelta hallaron muchas poblaciones, adonde fe les hieo
la mifma cortefía, y que ninguna pa- faba de cinco a seis cafas juntas...”
Herrera, Decadas, Tomo I.
... “ en el tránsito a la capital notamos que la tieTra era
muy fértil y estaba sembrada por todas partes de pequeñas aldeas. ,. ”
Guiteras. Hist. de Cuba.
“Camagüey: provincia grande con un hermoso pueblo del mismo
nombre, con mucha vecindad...” José María de la Torre. “Dic. Geo.”
..“tenía una población hasta de 1.000 vecinos...” Guiteras.
“Como los Indios que hasta ese momento había encontrado
Colón (Primer Viaje por las costas Cubanas) Lucayos y Oamagüeyanos, no usaban
plumas en la cabeza, ni llevaban arcos ni flechas, habiendo sin embargo,
regresado con los comisionados que envió al Rey de Ca¬magüey, una cantidad de
ellos y hasta un indio principal: “...con ellos vinieron hasta Nuevitas,
haciéndoles cumplimiento uno de loe principales señores del Eeino acompañado de
un hijo suyo y de otros individuos de su casa...”, manifiesta en sus cartas la
gran sorpresa que experimentó al encontrarse con los de Baracoa, pues dice:
...“noté aquí por primera vez, desde mi llegada a Cuba, que algunos Indios
usaban penachos en la cabeza y otras plumas, que se pintaban el rostro y cuerpo
de colorado, llevando en la mano haces de dardos y desplegaban cierto arreo
marcial, como si fuesen algunas compañías de guerreros, haciendo demostraciones
hostiles...” Guiteras, “Historia de la Isla de Cuba”.
Esto demuestra, desde luego, la diferencia que existía en el
vestir entre los Tainos de Oriente y los Camagüeyanos.
(58) Sagra,
Geografía. Apéndices.
Pertenecían pues a estas familias, la zona ocupada hoy por
la gran Ciénaga de Zapata, que en épocas relativamente cercanas a la del
descubrimiento, se mantenía deshabitada, pues a estos Indios les sucedía lo
mismo que a los Camagüe- yanos, que siendo escasa la densidad de su población
con res¬pecto al área del territorio que ocupaban, sólo tenían algunos centros
poblados de relativa importancia.
El más importante Cacicazgo de la Cuenca, el de Hana'bana,
sólo se fundó después del descubrimiento, y la zona fué ocupada en su totalidad,
por indios pro-cedentes de Jamaica, pocos años antes de esa época.
Por los años de 1420 (59) grandes desavenencias que
surgieron entre los dos Caciques que gobernaban la Isla de Jamaica (60)
obligaron a muchas fami¬lias de esa procedencia, a emigrar, y lo hicieron bajo
las órdenes de su Cacique, llamado Yaguaramas (61) que en la len¬gua Jamaiquina
significaba': “vahua-
ra”, palma de corojo, y “ma”, mucho o grande.
En sus canoas se dirigieron a la' Isla de Cuba, buscando en
sus costas donde desembarcar, para formar su nueva pa¬tria, pero
confundiéndolos los que en los Jardines de la Reina' se encontraban pes¬cando,
sobre todo en el poblado de Santa semí siboney, encontrado en Marta, con los
Caribes, los hostilizaron, onente.-coiección Rasco, ^asta el extremo de tener
que salir mar
afuera, y de este modo a impulsos de la corriente, llegaron
a los Canarreos.
(59)
Rafinesque, “Anales de Haití”.
(60) Bachiller
y Morales, “Cuba Primitiva’’.
(61) Félix
Ramos Duarte, “Diccionario Lucayo”. Tenemos que
agradecer a este señor algunos antecedentes muy curiosos, que bonda¬dosamente se prestó a
proporcionamos, sobre todo con lo que
se re¬
fiere a la fundación de estos Cacicazgos.
En varias excursiones de reconocimiento, estuvieron en las
actuales costas de la Península de Zapata, que estaba toda deshabitada, y en
ellas sólo se encontraban pobladas, Mata- manó en el actual Batabanó y Canarreo
en Jagua, Cienfuegos.
Parece que de acuerdo con los Indios de Cubanacán, los
Jamaiquinos, pudieron al fin establecerse en la cuenca y fun¬daron una
población que llevó el nombre de su Cacique: Ya- guaramas.
Con el tiempo, Yaguaramas creció en importancia, y los
prófugos Jamaiquinos pudieron crear otros centros poblados: Orbea, Cayama y
Sinú. De este modo quedaron divididos los Cacicazgos que de Cubanacán
dependieron luego, en dos prin¬cipales: Jagua y Yaguaramas, pues Hanabana como
veremos más tarde se formó ya en época contemporánea casi con la conquista.
Rivalidades en las pesquerías, parece que originó una
gue¬rra entre ambos Caciques, pues la Tradición conserva re¬cuerdos de ella, y
los que luego fueron célebres Indios de Ya¬guaramas, derrotados quedaron por
los de Jagua.
Sin embargo, posteriormente, los Indios de Yaguaramas
llegaron a constituir el núcleo de la nación, que ya luego unida, Cubanacán,
Sabaneque, Magón, Ornofay, Jagua y Ya¬guaramas, formaron un gran Cacicazgo bajo
la dependencia del cacique Anaconte, indio de Yaguaramas, que al unirse a
Hayaboque, hija del gran Cacique de Cubanacán pasó a gober¬nar toda la zona.
Hayaboque en la actualidad es el nombre de un afluente del
Río Hatiguanico, ya hoy casi cegado, y sobre ella existe una curiosa Leyenda.
El nombre de Anaconte es muy común en la cuenca, y vive en terrenos
pertenecientes a la Hacienda Orbea, un individuo que pretende descender de este
Cacique-
LEYENDA DE HAYABOQUE
i
Muchos años antes de la conquista de la Tsla, regía los
destinos de los Indios de Cubanacán, un Cacique cuyo nom¬bre la tradición no ha
conservado, pero en cambio refiere que era muy bondadoso y querido, pues
gobernaba su grey con afecto paternal. En aquel entonces Cubanacán se ex¬tendía
por toda la costa norte y comprendía las extensas sabanas bañadas por muchos
ríos que en su litoral desaguaban, los montes y florestas que llegaban hasta el
Caunao y comen¬zaban en las tierras fronteras a la Habana.
Era Cubanacán el Cacicazgo más floreciente de Cuba, y muchos
Caciques inferiores le rendían pleitesía y obediencia, al gran señor que
residía en un pintoresco pueblo llamado Sabana, situado en la costa norte de la
Isla.
El bondadoso Cacique que dirigía tan numeroso pueblo,
esparcido en una gran superficie, sólo tenía una hija, here¬dera de su estirpe
y orgullo de su vida: amada intensamente por toda la nación, por sus bellas
dotes, era Hayaboque, la india más bella de toda la gran tribu.
Airosa, gentil, modesta, parecía no darse cuenta de su
belleza infinita y de su superioridad sobre todas las bellas, nunca hizo alardes,
tratando de ocultar sus encantos y relevan¬tes dotes, revistiéndose de una
sencillez y modestia que la hacía aparecer más encantadora.
Sus costumbres eran sencillas; por la mañana temprano,,
manejando su piragua favorita, ejercicio predilecto, salía a recorrer el Río,
cuyas tranquilas aguas bañaban algunos Cane¬yes de otros pueblos no muy
próximos al de su habitual residencia, y al pasar por sus orillas y detenerse
en los mon¬tes, entretenida escuchando los melodiosos cantares del jil¬guero de
los bosques, salían a sus orillas a saludarla conten¬tos, los indios jóvenes,
los viejos, los Behiques y los naborías.
Por la tarde de regreso de los montes, donde pasaba
en¬tretenida y contenta casi todo el día, visitaba los Caneyes,, conversando
con los indios y ayudando a los inválidos en sus. faenas de hilados, preparando
el henequén, el yarey o la ma-jagua, y cuando encontraba algún indio, pobre y
triste la¬mentándose, su dulce voz resonaba prodigándole consuelos.
En los días que por ser de fiesta, la tribu no trabajaba,
iba a los juegos de batos, que tenían lugar en el extenso Ba¬tey, y afanosa se
entregaba, con regocijo infantil a este placer- inocente causando la
admiración, por su destreza y contento, de todos los de la grey que
estusiasmados la aclamaban con sus. aplausos sinceros.
En los aireítos del pueblo, su inspiración y poesía
propor¬cionaban siempre el motivo, dirigiendo con mucho tino y sin. hacer gala
de sus dotes a los Behiques indianos, que sumisos- la seguían coreando sin
descansar, con ritmo pausado y be-llo, el tema de sus cantares. ,
Era en fin Hayaboque, en los alegres jolgorios, en las.
tristes danzas fúnebres, en el templo, en la sabana, prin¬cipal motivo de todo;
en las penas de la tribu, por malas cosechas del año, las sequías, las crecientes
u otras causas naturales que sus efectos dañaban, destruyendo los conucos, o en
aquellas alegrías que todo el pueblo gozaba, en sus triun¬fos de guerreros,
repeliendo a los Caribes, era para la nación, para el viejo y pobre indígena lo
mismo que para el joven encanto de sus afanes.
Anaconte, Cacique de Yaguar amas, en una guerra cruel y
maldita no provocada por ellos y en desiguales combates,.
había perdido su patrimonio de tierras, al invadir los
veci¬nos, aquellos Indios de Jagua, sus montes, sus praderas, sus llanos, y
sólo la rápida fuga en triste tarde de apuros logró salvarle la vida.
De bella presencia, altivo, serio y de noble rostro, fueron
siempre sus deseos, órdenes exactamente cumplidas, por su limitada grey;
querido, considerado, amable y bueno, era siempre con los suyos el Cacique
Yaguaramas, que a la muerte de su padre y casi en la adolescencia pasó a
dirigir su pueblo, con equidad y justicia.
Eran los de Yaguaramas valientes y decididos, formando una
tribu corta y limitada en su número, que con los vecinos indígenas apenas nunca
trataban, encerrados en tradiciones de la estirpe forastera, procedentes todos
ellos de la Isla de Jamaica, de donde en tiempos no añejos habían tenido
nece¬sidad de emigrar, por rencillas intestinas de sus Caciques ma¬yores.
Laboriosos, inteligentes y dispuestos, a la pesca dedica¬ban en los ríos, que
numerosos cruzaban, las bellas sabanas de aquella zona, todo su tiempo y
energía, logrando alcanzar, diestros y ágiles marineros, los mejores resultados
como psi- cultores. -
Envidiosos los de Jagua de esas grandes pesquerías y
ayudados traidoramente por los de Ornofay y Magón, aco¬meten en sus tierras y
con fiereza de Caribe, asolan, matan, y queman cuanto a su paso se encuentran;
arden los bohíos, se destruyen los* caneyes, huyen azoradas las indias,
estrechando con terror a sus crías y llega hasta Yaguaramas el ronco gri¬to de
guerra.
A los ecos de su guamo que a los guerreros convoca, sale
Anaconte a pelear y cerca de la ribera, que baña el Damují en sú curso,
encuéntranse los guerreros, despliéganse los in¬dianos y comiénzase la
guasábara, con furor indescriptible, con saña y fiereza inaudita, pronto se
empapa de sangre aquel campo de la guerra, testigo mudo, asorado de aquella
car¬nicería.
El hado despiadado, cruel, injusto, adjudica el triunfo a
los de Jagua, y al caer la tarde, desapareciendo el sol tras los montes, la
superioridad numérica de los enemigos de Ana¬conte se impone y vence; peleando
contra varios enemigos y lleno el cuerpo de heridas, Anaconte no se entrega y
con su macana invencible los logra tener siempre a raya, pero ya al anochecer,
contemplando la derrota de sus huestes casi ani¬quiladas, aumenta su bravo
coraje y enrristrando al enemigo con arranque incontenible, hiere, mata y huye
al fin escon¬diéndose en los montes, donde la protectora sombra de la noche lo
acoje y lo defiende, escapando como pudo de caer en manos de sus enemigos
implacables.
Herido en varios lugares, débil por la pérdida de su mucha
sangre, decídese el Cacique a abandonar el campo de la lu¬cha separándose de
sus bravos guerreros; siempre al norte dirige sus pasos, caminando sólo de
noche, guiándose por las estrellas. De día escondíase en los bosques, cazando
con gran destreza en los árboles algunas jutías y pájaros, de lo cual se alimentaba,
ansiando salir lo más presto que pudiera de aquellas tierras perdidas y
ocupadas por enemigos.
Muchos días transcurrieron en esta afanosa carrera;
des¬cansaba cierto día, muy lejos ya de su tierra bajo una enor¬me caoba que la
suave brisa- agitaba, y creyéndose salvado por la distancia a que estaba,
siéntase a reflexionar su pasado triste, y entonando sentida trova, al aire
lanzaba suspiros, lamentos y quejas, recordando la batalla y relatando sus
des¬gracias
En aquella soledad el eco fiel le contestaba en los montes
más cercanos a sus quejumbrosos lamentos, y entre los ma- cios vecinos que
marca el cercano arroyuelo, perdíase siempre su voz, cuando el viento juguetón
a la ribera volvía.
Lamentábale el Cacique de la guerra y sus azares, de su
perdido y adorado suelo, sus verdes palmares, su linda canoa, sus mansas
corrientes, sus floridas sabanas
En tristes y sentidas endechas cantaba el herido sus
perdi¬das bienandanzas y cuando el recuerdo de la derrota se fijaba en su
mente, bramaba de coraje reprochándose no haber muer¬to. Pensaba en su tribu
leal y valiente dispersada y perseguida, en sus caneyes quemados, los bohíos en
ruinas, todo arrasado y destruido, mientras que él en vergonzosa caída, huyendo
del enemigo tiró por el lodo infamante, su estii'pe de guerre¬ro invencible, la
tradición de familia, las glorias de su tribu y perdiendo en un sólo día la
herencia de sus abuelos, pobre, solo y sin ayuda, prófugo allí se encontraba,
cual fiera sil¬vestre azorada.
Cargado con las culpas de todas aquellas desgracias, el
Cacique se lamentaba, de lo aislado que había estado, por no querer entrar en
alianzas, con los indios de esa tierra; ¿cómo acepté un combate tan desigual,
cantaba, y no pedí auxilios extraños si para cada guerrero tenía el contrario
un ciento? Yo pude haber llamado en mi ayuda a los indios de esta tie¬rra cuyo
Cacique es muy noble según cuentan los vecinos, y no que de mi soberbia
ridicula, fueron víctimas mi gente, pobres indios que han perdido sus tierras,
su patria, sus vidas, sus mujeres y sus dioses
Yo tengo que ser inflexible con mis actos de Cacique, y no
cabe disculpa que borre, mi huida loca del campo, y en la refriega dejé cuánto
de noble tenía... ¿que dirán de mí los pocos que de la tribu quedaron,
cautivos, esclavos y presos de aquellos indios tan fieros?
Quiero ocultar en los montes mi vergonzosa caída, lejos, muy
lejos de aquellas tierras queridas, a las cuales no he de volver mientras no
pueda pelear, matar, vencer y acabar con el odiado invasor.
Cansado de tanto cantar, fatigado por las penas, se sentó el
Cacique en un tronco, cerca de la bella ribera, que baña aquel río en su curso,
y prosigue al poco tiempo, repitiendo sin pa¬rar, a los vientos sus desgracias,
sus pocos años, su trite suerte, tanta felicidad perdida y ni una sola mano
amiga que lo ayu¬de y lo levante.
De repente calla, cesa en sus cantos, pues confusos rumo¬res
a sus oídos llegaban, indicando con certeza que alguien presto se acercaba;
alguna canoa enemiga me ha oído, pensó, imprudente soy además, que al viento
canto mis cuitas. Se levantó azorado y desconfiando todavía de la tierra donde
estaba, que él muy bien no conocía, puso en el arco una flecha, la más grande y
aguzada, y preparóse valiente a pelear con decisión, esperando que saliesen de
la revuelta del río, los in¬dios que tras sus huellas habían llegado hasta
allí.
Como escudo protector contra las flechas traidoras, esco¬gió
el Cacique una corpulenta ceiba, y resguardándose el cuerpo, asomando la
cabeza, vigilante y preparado observó el lugar de la floresta por donde el
enemigo, atacar pudiera, y en aptitud de combate, listo a disparar se
encontraba al vis¬lumbrar siquiera la silueta del primer hombre de guerra.
A favor de la corriente y surcando despacio sus aguas,
dejaba brillante estela, una ligera piragua, obscura, celosa, muy bella,
construida de caoba. Al doblar por el recodo y tomar de nuevo el centro, el
Cacique con sorpresa, distinguió una bella muchacha que sola la tripulaba;
avanzaba despacio y remando con pausa parecía que se dirigía donde él se
en¬contraba. .
Avergonzado y mohíno, pensando que una mujer lo había podido
engañar obligándolo a esconderse, confundiendo el suave rumor del remar lento y
tranquilo, con el ruido de gue¬rreros que a su captura llegaban, quitó la
flecha del arco, y salió del escondite, presentándose en la orilla a recibir a
la indiana.
¿Quién eres pobre indio que cantando te lamentas? ¿Tiene
cura tu mal ?—'preguntóle la guajira.
Mientras hablaba la India protegía la piragua en un re¬codo
del río para evitar que las aguas que en corriente fuerte y dura en aquel lugar
había, se llevasen su barquilla, y termi¬nada esta labor subió la pendiente
cuesta, hasta encontrar al Cacique, que silencioso había estado, observando la
faena.
Frente a frente se encontraban; el Indio triste y callado, y
ella con mucha viveza sin dejarlo contestar, continúa ha¬blando sola, y
presentándole la mano acompaña aquella ac¬ción diciéndole: Esta mano es amiga,
deseo yo serlo tuya, pues tus lamentos me dicen que la suerte te maltrata y
mien¬tras soñaba yo en la otra orilla, oyendo los pajaritos, y sus cantos miles
de amor, he podido oir tu voz quejándote del destino, y curiosa por conocer
quién con tanta dulzura cantaba relatando tristes hechos, me interesé por venir
y aquí estoy para ayudarte.
Yo quiero saber si tus lágrimas puedo enjugar, y para que no
desconfíes quiero decirte quién soy: Hayaboque me llaman, hija del Cacique de
Cubanacán, nacida en esta floresta y estas tierras nuestras son y en ellas
asegurarte yo puedo que nunca la traición se albergó. Ten confianza en mí; tus
cantos me di¬cen que sufres y si quieres mi amistad, cuéntame tus penas, que
Hayaboque sabe guardar, y nunca vender ha podido los secretos que el destino a
su lealtad confió.
Tu cara me dice que no eres de aquí, acaso huyes de tu
tierra por la traición de un hermano ?
Rompiendo aquel mutismo que la belleza de la india pro¬vocó
en el Cacique, tembloroso y desconfiado, contestó de esta manera, a las
preguntas de ella: Yo soy linda tojosa, Ana- conte, Cacique de Yaguaramas, que en
guerra con el de Ja- gua, fui derrotado y herido; mis hermanos los más están
muer¬tos y los que con vida quedaron, cautivos se encuentran todos del fiero
Cacique invasor. Algunos andan huyendo, desarmados y dispersos y todas mis
tierras están a merced del enemigo, que al entrar para guerrear, destruyó todos
mis pueblos, y no dejó ni un bohío en aquella patria querida.
Estoy en desgracia, pero yo tengo la culpa, y con franque¬za
sincera reconozco que merezco este destino: Atabeira me ha condenado, pues soberbio
por mi linaje no quise admitir alianza con los indios de esta tierra. Ya tú ves
el resultado, mis Behiques están muertos, mis Semies todos se fueron y de mi
tribu deshecha separado quedé yo; ya tú lo sabes, mi boca no miente y aunque me
veas llorar lamentando mi desgracia, el Cacique Yaguaramas llora a solas donde
no lo vean, pero no pide compasión ni implora auxilios extraños.
Quedo yo conforme a mi triste sino, y quien sabe algún día
ha de llegar en que reuniendo yo mis guerreros, pueda llevarlos a Jagua y morir
matando enemigos; agradezco sin embargo tus frases de ayuda y consuelo, pero
nada puedes tú hacer, pues de las cosas de la guerra, nada saben las in¬dias
medrosas.
Reinó un gran silencio, durante el cual ambos se obser¬vaban
y ninguno se atrevía a romper aquel éxtasis, que ya du¬raba mucho tiempo...
La tradición no cuenta qué tiempo duró aquel largo si¬lencio
y sólo refiere, que impresionada grandemente la bella indiana por las
desgracias del altivo Cacique, trémula y muy emocionada le propuso que lo
siguiera a su pueblo, y con acen¬to dulce pero demostrando firmeza díjole:
Compadezco tu estrella, maldigo desde hoy tus enemigos, y me propongo ayudarte.
Mi padre que todo lo puede, continuó, estoy segura que por
hijo te ha de adoptar, mi pueblo que mucho me quiere, yo te aseguro que a
conquistar tus terrenos, valientemente ha de ir, en cuanto sepa que yo a tí te
quiero ayudar, y si vencemos al Cacique cobarde que valiéndose del número, de
tus tierras te arrojó y vuelves a ser dichoso, reuniendo tu pueblo otra vez, yo
sólo espero de tí que no olvides nunca esta escena, y conserves para tu amiga
un poco de tu cariño...
Cesen pues los tristes pensamientos, ya que el destino lo
quiere y pronto has de ser muy dichoso. Vente entre tanto conmigo, mis caneyes
están cerca, mi padre me espera a esta hora en la ribera del río y hoy ya es
tarde e intranquilo se hallará pensando si algo sucede que me impide regresar.
Mañana cuando el bello astro del día se levante sobre las
lomas, te enseñaré mis sabanas, los floridos montes vír¬genes, donde crece la
palmera y se encuentra la caoba y otras maderas muy duras; en ellos verás mis
hermanos, en afanosa labor, cortando troncos muy duros, con afiladas manayas de
piedra muy bien pulidas, para hacer luego canoas, piraguas y balsas grandes,
fuertes y guerreras, donde esperar al caribe y combatirlo en el agua.
En esos montes extensos, grandes, donde trabajan unidos los
indios todos, sin distinción de linaje, pues en esta tierra bendita, todos
somos siempre hermanos, yo te enseñaré un coposo jagüey, a cuya sombra me
siento y canto para los pa- jarillos que en sus ramas viven felices, y para
aquellos her¬manos que muy cerca se encuentran siempre, derramando la alegría y
el contento por las praderas y lomas; no temas, de¬cídete y sígueme, que allí
todos te han de querer, y luego cuando los veas, y permiso consigas del padre,
reuniremos los guerreros y yo contigo te aseguro que he de ir, a ver caer el de
Jagua que antes te derrotó con engaño.
Convencido el Cacique accedió; bajaron dulcemente cogi-
dos, por la rampa al río, desataron la piragua y bojeando
suavemente acompañando el trabajo con frases que apenas se apercibían, alejóse
sutilmente, la barca, en la revuelta del tío y allí sólo quedaron, al faltar la
bella pareja de indianos, como testigos del hecho, el monte, e'1 suave rumor de
las aguas y el dulce quejido del viento al recorrer la sabana
La tradición cuenta como Anaconte después de haber si¬do
adoptado por la Tribu de Cubanacanes, unióse a Haya- boque y con la ayuda de
aquel noble pueblo, reconquistó su territorio, estableciéndose en Yaguaramas
que fué toda re-construida.
A la muerte del buen viejo que por tantos años había
dirigido los destinos de los Cubanacanes, fué designado Ana¬conte por todos los
Caciques inferiores y confirmado por el pueblo, Cacique de Cubanacán y sus
tierras, y siguiendo las huellas del noble y anciano Cacique desaparecido,
gobernó con dulzura, siendo respetado y querido por toda la nación. En las
guerras contra el Caribe invasor, Anaconte llevó siempre su pueblo a la
victoria y en todos los combates la gloriosa enseña de Yaguaramas mantúvose
incólume.
En socorro de los hermanos de la Habana que urgente¬mente lo
pedían pues sus tierras habíán sido invadidas por los salvajes Guanatabeyes,
partió Anaconte con sus huestes guerreras, y en terrenos al Sur de Bolondrón,
en las cabezadas de un río próximo, trabóse combate con los invasores.
Con altiva confianza y sereno valor peleaba el Cacique,
cuando casi al terminar la contienda por la fuga de los ene¬migos, recibió una
traidora pedrada y cayó en el agua del río, sepultándose su cuerpo, para no
salir más nunca fuera.
Los Guanatabeyes fueron vencidos, y completamente
derro¬tados, pero Anaconte no regresó del combate y desde que los guerreros de
vuelta a sus Caneyes, contaron con intenso y sen¬tido dolor la pérdida sufrida,
Hayaboque desapareció de su pueblo y nunca más se supo de ella.
Cuenta la tradición que tan pronto Anaconte cayó al agua
surgieron en su ribera esos potentes manantiales de límpida y cristalina agua
que hoy se llaman de “Los Cristales”.
Ese Río lleva el nombre de Hayaboque y en sus aguas vive
ella; allí sepultó su cuerpo tan pronto supo que en él se en¬contraba su amado
señor.
Fiel a su amor, insepararable en la muerte como lo había
sido en la vida, cuentan los Guajiros que en ciertas noches de luna, puede
verse a Hayaboque sentada sobre las peñas que rodean el manantial, llorando
desconsolada la pérdida de su amor
CUATRO AÑOS EN LA CIÉNAGA DE ZAPATA
CAPITULO V
STTM-A-RIO: LOS TIEMPOS HISTORICOS DE LA CUENCA.-I, El
Co¬lón da la Leyenda por las tierra* de Cubanacán.-ll, El Arelto “Igi Aya
Bombe” y la Conquista.—III, Los pueblos Indios de Cuba durante la in. vasión de
Narváaz. -IV, Cubanacán, Hanabana, Jagua y Yaguaramas.—V, Las encomiendas en la
Cuenca: Zapata, Conchillos y el Gobernador Ve* lázquez.-Vil, Los Primeros Años de
la Colonia Juana, en la Cuenca Zapata 4-EYENDAS: Hallazgos en la Cuenca de
Zapata, durante varios años, por Guajiros Cienegueros.-EI Indio Triste de la
Cueva de los Bagazales.
I
La región central de Cuba, ocupada hoy por las Provincias de
Matanzas y Santa Clara, tiene una importancia histórica con-siderable; el Colón
de la leyenda, de las fantasías, de los sueños, que buscaba, no descubrir
nuevos continentes, sino encontrar una ruta marítima accesible al país de las
especierías en el Asia, se revela en sus excursiones por la costa Sur de esta
re¬gión, y las relaciones del viaje por ellas son tan típicas, que han dado
motivo suficientes a sus biógrafos e historiadores, pa¬ra crearlo.
Las relaciones de los viajes de Marco Polo y Manderville en
la edad media al país celestial, a la corte del Gran Kan, cuajadas de
fantásticas descripciones de aquellos mares y sus costas cir-cunvecinas, junto
con un mapa delineado por Toscanelli, cons¬tituía todo el caudal científico, en
que basaba Colón sus descu¬brimientos, y es en esta región central al recorrer
las costas me¬ridionales, donde con más intensidad que en otras, al pretender
identificarlas, dejó volar su fantasía.
En la época del descubrimiento, esa región central estaba
ocupada por varios Cacicazgos, entre los cuales el más importan¬te era sin duda
Cubanacán, formado por indios de procedencia Arawaca y por consiguiente
diferentes a los Tainos, que ocupa¬ban la región oriental. Cubanacán extendía
sus dominios sobre alguncs Cacicazgos inferiores, que cubrían toda la extensa
área •que demarca el límite occidental de la zona ocupada por los Ca-
magiieyanos en aquel entonces, hasta lindar con los selváticos •Guanahatabeyes
en la región occidental.
La primera .vez que el nombre de Cubanacán resonó en los
oídos del gran Almirante, se encontraba en su primer viaje por las costas
septentrionales de Cuba, al Norte de Camagüey, y íué tal la impresión que'ese
nombre le produjo, que reunió en seguida en Consejo a sus Capitanes para
deliberar sobre los paí¬ses donde creía encontrarse; la terminación de la
palabra indi¬caba, por lo menos, relaciones de afinidad con el Gran Kan, y
llena de alborozo su alma, creyendo haber encontrado al fin el
objeto de sus afanosas pesquisas, así lo sostuvo ante sus
Capi¬tanes.
Cuenta el Historiador Guiteras (1) el pasaje en esta forma-.
“... los Indios de la carabela “Pinta” le hablaron a Martín
Alonso Pinzón del Río Máximo, y dijéronle que sólo había cuatro jomadas de allí
a “Cuibanaeán”; y como oyese Pinzón la palabra “Cubanacán”, comunicóselo a
Colón, y ambos concluyeron en que se hallaban, no ya en Cipango, sino en el
mismo Reino de Quinsay, cerca del Imperio del Gran Kan. Al punto se acordó
enviar un presente al Rey de aquella tie-rra, con la carta de los soberanos...
” (2).
Apesar del gran empeño de Colón por seguir viaje a Cuba-
naieán, los vientos, las necesidades de la flota, y sobre todo las indicaciones
de los Indios que señalándole a Bohío (Haití), da¬ban a entender que había allí
mucho oro, le obligaron a cambiar sus primitivos proyectos, y a eso sólo se
debe la fundación de La Navidad, primer Colonia Española en el nuevo mundo,
don- debido al naufragio de una nave y ser las restantes insuficien¬tes para
llevarlos a todos de regreso a España, vióse precisado a dejar los 38 primeros
colonos europeos en tierras americanas.
- I rw • T v
Mapa de Cuba de Paolo Forlano, 1564.—Sagra. Geografía.
En el Segundo Viaje, y después de encauzados los asuntos de
la otra colonia que fundó en Haití, dedicóse Colón a sus in¬vestigaciones
continentales, y preparó la excursión por las costas meridionales de Cuba, en
busca del soñado Catay, que a no du¬darlo, según pensaba, debía encontrarse
próximo a las tierras de Cubanacán.
(1) Historia
de la Isla de Cuba.
(2)
Navarrete.—Documentos de Indias.
Hasta entonces había dado pruebas de ser un prudente y
experto marino, pero en su excursión por este litoral se convierte en
fantástico e imprudente navegante, y con una imprevisión in¬creíble, lánzase el
Almirante con su flota hacia occidente, desa¬fiando los peligros que pudieran
presentarse, en una navegación que cual la que efectuó a través de los Jardines
de la Reina, «ntre intrincados laberintos de islas, cayos y bajos, hubiera
po¬dido tener fácilmente fatales consecuencias.
Aquellas costas, pertenecían a una región donde el más
im-penetrable misterio reinaba; nadie podía darle nuevas del Catay, del Gran
Kan y de lo que constituía su sueño más preciado, y aunque inquiría de le»
isleños que encontraba por medio de un intérprete el Lucayo Diego, que hablaba
perfectamente el cas¬tellano para poder traducirle el habla indiana, no lograba
obte¬ner informe alguno sobre esas tierras.
Gran inquietud le dominaba; cada vez que la ligera canoa
india se vislumbraba por aquellos mares, ansioso se presentaba en el puente de
la nao, queriendo descubrir, por la apariencia, «1 traje, los adornos y las
imperfectas noticias del indio vaga¬mundo, que tierras y gentes tenía delante
de los ojos, si eran cultas o salvajes, si islas del océano a donde no había
llegado la huella de la civilización, o si formaban parte del antiguo
conti¬nente Asiático y eran desiertas y fronteras de populosos y es¬pléndidos
imperios (3).
Con el Mapa de Toscanelli a la vista, proseguía Colón su
excursión, comparando el aspecto de las nuevas tierras que se su¬cedían, las
islas y cayos, que en tan gran número por esas ru¬tas abundan, con las que
aquél le indicaba, descritas también por Marco Polo y Manderville como
fronteras a los imperios asiá¬ticos. .
Fondeando en Guantánamo, donde desembarcó, estorbando con
ello una gran pesquería que para un banquete de Caciques los indios allí
preparaban, inquirió, después de varias tentativas para lograr que se acercasen
los indígenas, por las costas asiá¬ticas, sin que aquellos isleños pudieran
darle razón alguna.
Prosiguió su viaje al Oeste, siguiendo todo aquel litoral
cu¬yas costas se desplegaban ante sus ojos, con un país cada vez
más fértil y poblado, hasta llegar a Santiago de Cuba, donde
también desembarcó, siempre con la idea fija de obtener no¬ticias de sus sueños
más queridos.
Después de desviarse algo de la ruta costera, y descubrir
por
CygtJm4Jt^ y
la ozrSÑ
ello a Jamaica, prosi¬. r 1 u t*i<
gue su navegación siempre a la vista de las costas cubanas,
y doblando el Cabo Cruz, desembarca en un gran pueblo de Indios, llamado por
sus naturales Maca¬ca, y en donde los mismos vagos infor¬mes, mantenían
con¬fusas las ideas del Almirante. i
Entrando en los .
Jardines, la navega¬ción fué muy lenta; enredado, perdido en
tre islas, expuesto continuamente a en¬callar, tenía casi que adivinar la ruta
que’ debía seguir la flota; tras de penalidades sin cuento, logró salir al fin
de aquel dédalo de bajos y cayos, lle¬gando a una gran is- leta muy poblada,
que
ya se encontraba fren- Mapa de c,,ba de Fernando Berteli-
>564-1565 -sagra, te a un mar libre de obstáculos.
Pudo notar en esos mares la especial disposición de los
indios pescadores, distinta completamente a lo que hasta entonces había
contemplado en el resto de las costas cubanas (4).
Entraba la flota ya en el litoral correspondiente a Cubaoa-
cán y Cacicazgos formados por otros pueblos distintos a los de la región oriental,
única que hasta entonces había visitado.
El Cacique de Omofay, púdole al fin dar noticias claras al
decirle que:
‘ ‘ Cuba no había oído decir nunca que tuviese término al
Oeste, y que ■cuarenta
lunas no bastaban a llegar a su fin, pero que los Indios de Magon, contiguos,
podían darle mejores referencias”.
Este nombre, dice Guiteras,
“ ... sonó al oído del avisado Almirante, como una feliz
revelación que venía a confirmarlo más y más en sus ideas respecto a aquel
país, y avivar sus esperanzas; la provincia de que le hablaban los de Ornofay
de¬bía de ser Mango, la más rica del Gran Kan, bañada por las costas del Océano
’ ’.
Excitada su imaginación, cuentan las crónicas que entendió
de aquellos indics, voces análogas a las descriptas por Mander- ville (5); que
sus habitantes tenían colas y que para ocultarías usaban ciertos trajes
especiales. Para Colón aquellos indígenas, cuyas descripción tan bien coincidía
con la que hacía Mander- ville de los fronteros al imperio asiático, no podían
ser otros que los de Catay o Cipango.
Creyendo ciegamente haber confirmado la proximidad de las
costas del Asia, fundándose en las relaciones de los insulares, se entregó
locamente el Almirante en alas de su fantasía, y prosi gue la navegación,
impaciente por llegar cuanto antes a las cos¬tas asiáticas.
Libre de peligros la navegación por aquellos lugares,
for¬jábase Colón en su mente brillantes planes para cuando aborda- Ta las
costas asiáticas, mientras se dilataban las verdes playas de Cuba, bañadas por
las cristalinas corrientes de innumerables arroyos y pobladas de aldeas
vestidas con el rico manto de sus elevados bosques (6).
La presencia de la flota despertaba admiración y alegría por
todas aquellas playas, y al contrario de lo acontecido en Baracoa,
(5) Esto no
se explica llevando ya un intérprete, sino fuera que ■como aquellos Indios hablaban una lengua distinta a
los Tainos, el Lu- •cayo no los entendía.
(6)
Guiteras.—Historia de la Isla de Cuba.
Guantánamo y Santiago, donde fueron recibidas las naves
hostil-mente, los naturales de estas costas, los nobles Cubonacanes, saludaban
con aclamaciones de gozo, aquellos seres admirables, y sin aguardar a que
fuesen a sus pueblos, íbanse todos en ca¬noas a las naves españolas.
Cruza la flota la bahía de Jagua, y hasta aquí, según se
des¬prende del relato del Almi¬rante, aparecían aquellas costas completamente
po-bladas; llega a la actual bahía de Cochinos, no se detiene, sigue su ruta y
en¬tran de lleno las naves en » el dédalo de cayos, bajos e g islotes de los
Canarreos, s donde son inenarrables los.
trabajos y privaciones que 5 suTrió toda la tripulación. «
Disgustada estaba la ma- £ rinería, y ya se traslucía!n ■g, en gestos amenazadores su
V
" protesta, por la falta de 5 alimentos y los innumera-
s¡ J
3 bles trabajos que estaban <8
S pasa'ndo bordeando aquel
bA
^ intrincado Archipiélago.
■5 Colón, sin embargo, no | cejaba en sus propósitos,
y | no podía admitir la idea 5 del regreso,
cuando preci- | sámente más
próximo creía a
encontrarse a hacer un bri¬llante descubrimiento.
Late tupidas espesuras de árboles que presentaban las costas
de la Península de Zapata, le impedían cono¬cer si había población en ella, y
los manglares de que
estaba festoneado aquel litoral, hacíaf imposible su acceso
a la flota (7).
A instancias de la tripulación y frente a la actual
’FVngATm.riw. de Diego Pérez, envió la caravela de menor calado a explorar la
costa, y encontrar una salida que no aparecía, entre aquel la¬berinto de islas,
encargándoles especialmente buscasen lugar apro¬piado donde hacer aguada, que
ya se iba agotando en la flota.
La Península dé Zapata, árida en sus costas, baja en el
li¬toral y completamente cubierta de mangles, donde en tan gran longitud no
desemboca una sola corriente de aigua al mar, causó a los españoles, penosísima
impresión. De regreso, dijeron al Almirante:
“ ... que la tierra firme estaba rodeada de profundas
lagunas y cena¬gosas costas, en que crecían los árboles dentro del agua y tan
juntos, que formaban una impenetrable barrera; que por dentro parecía la tierra
fértil y montañosa, y las columnas de humo que se levantaban por varias partes,
daban señales de numerosa población” (8).
Con estos antecedentes prosiguió la navegación, hacia el
Oes¬te, hasta llegar a la punta que el Almirante nombró Punta de
Serafín y que en la actualidad se conoce por Pun¬ta Gorda, y
do¬blándola navegó al fin por un mar, que aunque bajo estaba desprovisto de
cayos, llegando de esta manera a Matabainó.
Desembarcaron, y en sus costas, confundieron los españoles
que el Almirante mandó para reconocerlas, los flamencos, con hombres cubiertos
de grandes túnicas e interpretaron las indi¬caciones de los naturales, que ya
el Lucayo Diego no entendía, en lo absoluto, según su ardiente fantasía.
Cerca de dos meses estuvo Colón por estas regiones, luchan-
(7)
Herrera.—Décadas.
(8)
Guiteras.—Historia de la Isla de Cuba.
do constantemente con dificultades y peligros, y sufriendo
ham¬bre a causa de la escasez de provisiones, pues según los cronistas cuentan,
entre aquellos cayos y la costa pantanosa, los auxilios con que les favorecían
los indios, eran precarios y tardíos (9), demostrando con esto que el Almirante
encontró poblados coste¬ros a largos trechos.
Mapa de Cuba de Matheum Merenium Pecciolem, 1604.—Sagra.
Geografía.
El Diario del viaje del Almirante por estas Costas de
Zapa¬ta, retrata al fantástico navegante, al visionario Colón, que, N
completamente trastornado por las relaciones de los dos viaje¬ros orientales,
pretendía identificar en las verdes playas ame¬ricanas las desconocidas costas
asiáticas.
Desde que el nombre de Cubonacán llegó a sus oídos, y lue¬go
que los de Omofay le indicaron la existencia de una provin¬cia llamada Mango, o
que el Almirante entendió que así se lla¬maba, todo lo cual convenía con las
relaciones de Marco Polo y Manderville, persuadióse Colón de que las regiones
asiáticas estaban próximas, y a esa creencias débense: la célebre Acta que
firmó toda la flota asegurándolo, el nombre de Indios dado a los naturales, y
la adopción del de Indias para las regiones por él descubiertas.
Los sabios del siglo de Colón, estaban tan convencidos de
que los países descubiertos por este gran navegante, eran parte de las
Indias orientales, que Bemáldez, Cura de los Palacios, que
pa¬rece fué uno de los hombres más instruidos de su tiempo en la Cosmografía,
pretende que Cuba no era una isla, sino parte del continente y que ella
pertenecía al imperio del Gran Kan.
Comunicóle, dice Robertson, (10) esta opinión a Colón, a
quien tuvo hospedado algún tiempo en su casa de vuelta de su viaje, y la
sostuvo con muchos argumentos, fundados los más en la autoridad de Manderville.
Se ha discutido mucho entre los Historiadores, si Colón
mu¬rió en la creencia de que Cuba era isla, o por el contrario se¬guía
manteniendo su primitiva opinión; pero ya casi todos pa¬recen estar de acuerdo
en que el Gran Almirante persistió siem¬pre en la idea, de que Cuba formaba
parte del continente y per¬tenecía al imperio del Gran Kan; la influencia de
Cubanacán y cuantas leyendas sobre su situación y proximidad al continente
asiático, forjó su ilusionada mente, lo aferró a ello conserván¬dola hasta su
muerte.
¿Quién iba a decirles a los sencillos y candorosos1 Cubana-
canes, que las relaciones que hicieron a aquel bondadoso anciano, Gran
Almirante de todas las flotas, cuando por sus hospitalarias playas cruzó,
tendrían con el tiempo tan trascendentes resul¬tados "...
Todos los antiguos cronistas han descrito las intensas
impre¬siones que los españoles recibieron a la vista de esas tierras nue¬vas,
tan fértiles y bellas, de sus mansos habitantes, de sus sen¬cillas costumbres y
luego los modernos Historiadores, interpre¬tando las distintas fuentes
históricas que de esos primeros he¬chos existen relatados, han analizado con
miras filosóficas, ese cúmulo de sensaciones percibidas por los Europeos a la
vista de las bellas regiones americanas.
Todos ellos nos relatan el juicio que los primeros
navegantes, formaron de los aborígenes, sus apreciaciones casi siempre
exa¬geradas, sus impresiones siempre injustas, todo ese manojo de sensaciones
diversas que los primeros navegantes debieran per¬cibir a la vista de las
bellas costas cubanas y en presencia de sus inofensivos pobladores...
¿Y quién puede contarnos, las impresiones que ellos, los
na¬turales recibieron ?...
¿Cómo apreciar el juicio que de los españoles formaron,
se¬res tan distintos a ellos, bajados del cielo en aquellos grandes pájaros con
alas enormes, desplegadas a todos los vientos?
Ciertamente serían interesantes en grado sumo, las veladas
de aquellos indios que alrededor de la lumbre y en cuclillas, se¬gún costumbre,
conversaban por la noche, cambiando impresio¬nes sobre el cruce de Colón y su
flota.
¡ Qué alarmantes mensajes no mandarían a sus Caciques,
re-sidentes en el interior, sobre el paso de aquellos hombres sobre-naturales
en su primer viaje! ¡ Cómo le explicarían, sus grandes navios, el aspecto
físico de los hombres blancos, sus vestidos, armas y todo aquel conjunto impresionante,
que para sus cere¬bros primitivos, carentes de ideas apreciativas, sería
difícil des¬cribir ya que les faltarían indudablemente palabras que expre¬saran
su exacto juicio!
Intensas emociones sentirían aquellos pueblos primitivos del
interior, oyendo referir los cuentos de los costeros sobre la na¬vegación de
Colón, por sus costas meridionales; gran admi¬ración causaría, sin duda alguna
entre ellos, aquellos elementos desconocidos de guerra, y sobre todo, el rayo,
con el que confun¬dían las armas de fuego; y con cuánto supersticioso terror,
no observarían su vuelta por aquellos mismos mares...
Fué necesaria toda la saña y la maldad de los primeros
con-quistadores, la inhumana crueldad con que trataron desde el principio a
esta sencilla raza, para que los indios se decidieran a poner mano sobre ellos,
y fué necesario, como nos cuenta la Historia, que antes se ensayaran en un
mancebo a quien aho¬garon en un río, para que se convencieran al fin que eran
los españoles seres humanos iguales a ellos, e hijos de la muerte; tal era el
respeto que los hombres blancos les inspiraban.
Después de ahogarlo, de intento y como prueba, al cruzar un
río, cuentan las crónicas que lo observaban y le pedían per¬dón durante muchos
días, diciéndole al muerto que se habían caído sin maldad, y sólo cuando vieron
que se corrompían sus carnes, y que los gusanos se apoderaban de su cuerpo,
pudieron decidirse a guerrear contra ellos, convencidos de que eran
sus¬ceptibles de recibir la muerte.
Al principio del año 1492, había dejado Colón en tierras
americanas, aquellos 38 hombres que fundaron la colonia La
Navidald, y ya al llegar en su segundo viaje a fines de
1493, es decir, transcurridos menos de dos años, encontró los indios
radicalmente cambiados, la colonia destruida y todos sus po¬bladores muertos.
En esos cortos dos años, como no cambiaría la opinión que de
los españoles se habían formado, para obligarlos a acabar con ellos; hasta qué
extremos no llevarían esos 38 colonos sus abu¬sos, despredaciones e
injusticias, para que aquella sencilla y pa¬cífica raza se decidiera a matarlos
a todos...
El causante de todas las desgracias indianas, el pusilánime
Chiacanagari, tenía en el más alto grado la pasión por las muje¬res; olvidaba
las problemas de su pueblo por entregarse en los brazos de cinco o seis
odaliscas indianas que se disputaban sus caricias (11). Impresionable, débil en
sumo grado, y con miras muy estrechas, fué el causante directo, indiscutible,
de las des¬gracias de su pueblo, y cobarde hasta el fin ni aun cuando las
atrocidades de aquellos imprudentes colonos de La Navidad, llegaron a ser
inaguantables, obligando a reunirse todos los Ca¬ciques mayores de Haití para
tomar una determinación, se per¬cibió de su deber y cobardemente rehuyó acudir
a la cita que el patriotismo le imponía.
Reunidos en Sibao, el virtuoso Bohechio, el pundonoroso
Guaxionex, el soberbio Caonao y el opulento Cayacoa, acompa–ados de los
Caciques menores, Anaibuní, Bonao, Gktamá, Gua- racuyá, Hatuey, Mariení,
Manicatex, Mayobanex, Tululao y Cu- banaaná, decidieron acabar con aquellos
déspotas, conquista¬dores de mujeres, que a la debilidad de Guarionex (12)
debían el que asolaran sus tierras y se llevaran sus hijas (13).
El acuerdo del supremo Consejo debió indudablemente cau¬sar
sensación en el pueblo indiano y repercutiría en Cuba, en¬tre los Tainos
orientales, que ya habían apreciado el poderío es¬pañol al cruzar ellos por sus
costas septentrionales.
(11) José G.
García.—Historia de Santo Domingo.
(12) In loe.
citada antes.
(13) Todos los
cronistas designan las indígenas Haitianas, como las mujeres más sensuales de
América, y añaden que, si bien eran indiferen¬tes con los suyos, eran, en
cambio, altamente inmorales con los españoles, por Jo que no pueden culparse
sólo a éstos de aquella decisión de las Indianas, y la facilidad con que
abandonaban sus maridos por seguir a los extranjeros.
Los Cubanacanes, aislados de los Tainos, posiblemente no
llegaron a conocer los sucesos de Haití, y nada sabían de la lla¬gada de los
hombres blancos, y esto explica porque recibieron a los descubridores con tanta
admiración y reverencia, mien¬tras los orientales los hostilizaron.
La llegada de Colón por segunda vez a las playas de Haití, y
la fundación de La Isabela^ causó intensa conmoción en su pueblo que ya creía
hallarse libre del dominio de ellos.
A fines de 1493 comienza, pues, la tragedia, cuyo epílogo
fué la completa extinción de toda la raza; mientras los indios pudieron esperar
que sus sufrimientos acabarían con la marcha voluntaria de sus opresores, se
sometieron en silencio y disimu¬laron su desesperación. Pero al ver a los
españoles, recorrer el territorio, fundar otras fortalezas, y extenderse por
todo el país Haitiano, convenciéronse sin duda de su inevitable desgracia y se
prepararon a la lucha.
Por otra parte la voracidad europea, para ellos que la
com¬paraban con su sobriedad, causó su desesperación; sus esfuerzos agrícolas
no bastaban nunca a colmar las necesidades de los es¬pañoles, y llegaron a
considerarlos como insaciables. A todo esto se unían las injurias más soeces,
el robo de sus mujeres, el mal trato y en fin, cuanto podía desagradarlos y
mortificarlos intensa¬mente. .
Ante agravios tan sentidos, aliáronse por segunda vez los
Caciques Haitianos, y acordaron la guerra a muerte al invasor, que destruía
además sus templos, y profanaba sus Semíes, reu¬niendo con tal fin, según
cuentan las crónicas, cerca de 100,000 guerreros para el ataque (14).
En el año 1502 fué al fin sojuzgado todo el país, y con la
cruel muerte de la bella princesa Anacoana, terminó para los Haitianos su
libertad, convirtiéndose en miserables esclavos del opresor.
La inutilidad de luchar contra elementos para ellos
invenci¬bles, después del fracaso de dos o tres intentonas heroicas, los
convenció de su triste sino, y decidieron entregarse resignados a perecer a
fuerza de sufrimientos, los que no pudiendo escapar para Cuba y otras islas
comarcanas, tenían necesariamente que permanecer en su tierra bajo el férreo
yugo conquistador.
II
Aquellos felices Cubanacanes, para los que la vida se
desli¬zaba suavemente llena de placeres, sin que nada turbara su pa¬radisiaca
existencia, no habían tenido noticias de los hombres blancos, desde 1494 (15).
Confusos rumores llegaban, sin embar¬go, a veces hasta ellos, procedentes de
Haití; pero gu indolen¬cia y debilidad nunca les permitió apreciar el problema
en toda su gran gravedad.
Hasta 1508, es decir, catorce años después del cruce de
Co¬lón, no volvieron a encontrarse con los hombres blancos, los sen¬cillos
Cubanacanes.
Con objeto de aclarar las dudas que subsistían aun en la
Española respecto a la conformación de Cuba, mandó Ovando que la gobernaba, al
piloto Sebastián Ocampo para que la bojea¬ra, tardándose ocho meses en
circunvalarla, demostrando que era una isla (16).
En su travesía llegó Ocampo a Jagua, fondeó en su puerto y
en un cayo que hoy lleva su nombre, y en donde existía una gran población
indígena, se asentó con gran contentamiento de los naturales.
El Cronista Herrera refiere, tratando de esta estancia de
Ocampo entre los indígenas:
“ ... aquí estuvo Ocampo muy a su placer, bien servido de
los in¬dios, de infinitas perdices, con gran contentamiento de ellos, que
tenían a gran honor el contarlo como huespede..
Sin embargo, la situación en Cuba era ya distinta a la que
existía cuando Colón cruzó por sus costas; el que luego fué Pro¬tector de esta
desgraciada raza, en su Historia de la Destruc¬ción de las Indias, se expresa
en esta forma:
“ . . . será bien referir lo que en la misma Cuba pasaba,
antes de la conquista. Para esto es de saber, que por las persecuciones y
tormentos que la gente de esta Isla (Española) de los españoles 'padecían, los
que podían huir, huían a los montes, y porque los de la provincia de Guahaba
estaban más próximos a Cuba, muchos indios se metían en canoas y se pasaban
huyendo a Cuba, entre los cuales pasó Hatuey... ”
(15) Aunque en
su cuarto viaje Colón arrojado por las tormentas, pasó por frente a las costas
de Cubanaeán, no se llegó a ellas.
(16) ... “Decís en nuestra carta que teníais
acordado que el Ade¬
lantado fuese a saber el secreto de Cuba... ” Carta del Bey
a Diego Co¬lón.—Documentos del Archivo de Indias en Sevilla.
La disposición de los indígenas cubanos, ante los horrores
que contaban los Haitianos, que huyendo de ella en Cuba se re¬fugiaban, era
completamente distinta a la que habían mostrado en tiempos de Colón, y así lo
probaron también los indios de la Habana* cuando ál llegar, por los años de
1507, a las costas de la actual provincia de Matanzas, un navio despedazado en
que viajaban 30 castellanos y 2 mujeres, los apresaron y dieron muer¬te,
obedeciendo las órdenes de los Caciques Habaguanex y Ya- caguex, y de ellos
sólo pudieron escapar 3 hombres y las 2 mu¬jeres, que quedaron a.1 servicio de
les mencionados Caciques (17).
Era la primera vez que en tierra americana, los indios
pu¬dieron cautivar 2 mujeres blancas, y con ellas, indudablemente, lograron
alcanzar su pequeña revancha, de lo que los castellanos hacían continuamente
con sus mujeres indígenas.
Próximos estaban ya los años de la conquista de Cuba ; una
real orden fechada en Valladolid, en 3 de Mayo de 1509, encar¬gaba al Virrey de
las Indias, Don Diego Colón que:
“ . . . porque tenernos algunas sospechas que en Cuba hay
oro, debéis procurar lo más pronto que pudiereis de saber lo cierto. . . (18).
Sin embargo, Diego Colón no decidió la conquista hasta
fi¬nes del año 1511.
El año anterior, mencionan las crónicas un suceso, que
prue¬ba hasta qué extremos había cambiado la disposición de los na¬turales para
con los españoles; el intrépido y bizarro Capitán Alonso de Ojeda, de regreso
del continente, había naufragado en las cositas del Cacicazgo de Jagua,
estrellándose la nave y salvándose milagrosamente los 70 castellanos que le
acompa–aban. .
Preparados como estaban los isleños para repeler las
agresio¬nes de los españoles, hostilizaron continuamente la marcha de Ojeda y
su gente, hasta el extremo que no pudieron entrar en ningún poblado y sólo
trabajosamente seguir por las pantanosas costas hacia oriente, en viaje para la
Española.
Las continuas prédicas de Hatuey, que se encontraba ya
es-tablecido en el oriente cubano, entre sus Tainos, y que confe¬deró sus
Cacicazgos de un modo más efectivo, instruyéndolos
(17)
Herrera.—'Décadas.
(18)
Navarrete.—Colección de Documentos Inéditos.
para la lucha, había sembrado en toda la Isla la simiente de
la guerra entre aquellos pacíficos indios.
Tenía siempre Hatuey, cuenta Guiteras, sus guerreros
ocu¬pados en ejercicios militares, acopiando armas, llenando de co¬mestibles y
granos las cavernas orientales, preparándose en fin para un largo asedio;
mediante espías, que diariamente cruza¬ban el canal y se comunicaban con Haití,
sabía todo lo que en la colonia española acontecía.
Tan pronto comenzaron los aprestos guerreros para la
con¬quista de Cuba, fué informado Hatuey detalladamente; conoció exactamente el
número de castellanos que se embarcaban, los jefes y capitanes que los
mandaban, el total de armamento que componía la expedición y los caballos que
llevaban, importante dato que para los indios convenía conocer, dado el terror
que estos animales les inspiraban.
Confederado todo el territorio oriental, y bajo las órdenes
del indómito guerrero, posiblemente también llamó Hatuey a los Camagüeyanos y
Cubanacanes en su auxilio, pero nada consta siquiera sea, que ellos lo
intentaron, y esa desunión fué la causa principal de sus desgracias.
Al avistar Hatuey en el horizonte las velas de la flota
espa¬ñola, que se dirigía a Cuba, desde una eminencia donde vigilaban noche y
día sus guerreros, cuentan las crónicas que reunió los suyos, y les dirigió
esta patriótica arenga:
‘ ‘ Helos allí, los que creimos venidos del cielo a
librarnos de la pon¬zoña del Caribe y de la muerte, más peTversos y crueles que
el Caribe mismo. Abusando de nuestra simplicidad y prevalidos de la fuerza
pre¬tenden tener derecho a nuestra tierra y a nuestra libertad, porque un
liombre a quienes ellos llaman Papa, ha dado posesión de toda la tierra a un
hombre muy poderoso, que llaman su Bey y Señor”.
‘ ‘ Dícennos que estos tiranos adoran un dios de paz e
igualdad, y nos usurpan nuestra tierra, y nos haeen sus esclavos; háblannos del
alma inmortal y de los premios y castigos eternos, y nos roban nuestras
cose¬chas, seducen nuestras mujeres, y violan nuestras hijas”.
“Incapaces de probar sus fuerzas con nuestro valor, se
cubren, co¬bardes, con esas armaduras de hierro que no pueden romper nuestras
macanas; dudosos aun de sus ventajas, usan el rayo que nos hiere desde adonde
no pueden alcanzar las puntas de nuestras flechas, y montados en esas fieras,
las manejan cual si fueran guaminicajes, mas para huir de nuestra saña, que
para correr a probar la pujanza de nuestros bra¬zos. .. ”
“Pero ellos son pocos, y nosotros muchos; ellos combaten en
tierra
•extraña y nosotros en la nuestra propia; ellas invocan un
dios sediento -de sangre y oro, y nosotros tenemos, de nuestra parte, un dios
justo y aabio ’
“Los Caciques vecinos vendrán en nuestro auxilio, las breñas
cor¬tarán el vuelo a sus caballos; el tronco de la ceiba será nuestro escudo
contra el rayo escondido y nuestros semíes harán trizas sus corazas”.
“Y sacando una cestilla de palmas que contenía algunas
alhajas y granos de oro, continuó: el Dios sabio y justo que adoran ese Papa y
ese Rey, todos ellos, no es otro que el oro vil, que se esconde en las entrañas
de nuestra tierra: éste es su Señor, a éste sirven, tras éste solamente
andan.—Yedile aquí..
“Para aplacar su ira y que les mande no nos causen mal
alguno: venid todos y hagámosle Areltos ” Después que hubieron todos bai¬lado
hasta quedar rendidos de cansancio, levantóse de nuevo Hatuey y les dijo:
“ ... ahora conviene que arrojemos a lo hondo del río a ese
Dios por quien tanto daño nos hacen los cristianos; porque en ninguna parte que
lo guardemos, aunque fuese en nuestras entrañas, no estaríamos se¬guros de que
esos Caribes, no nos lo sacasen con la vida: así no sabrán en dónde están y
dejarán tranquila nuestra tierra...”
“Y en seguida arrojó Hatuey al río, el oro y la cestilla, y
haciendo llevar al interior las mujeres y los niños, entró con sus guerreros
por las espesuras de los bosques, decididos todos a una heroica resisten¬cia.
.. ” (19).
Este acto constituyó el Areito de la libertad y tuvo notable
resonancia en todo el país, no sólo entre los Tainos, sino también entre los
Cubanacanes.
Las antiguas rencillas de familia se olvidaron, todos los
I11- -dios de la Isla se unieron, por lo menos en propósitos, y en cada región
celebróse el Areito, implorando de sus dioses la ayuda contra el temible
invasor.
Las crónicas cuentan que el estribillo del Areito era la
frase Igi Aya Bombe (primero muerto que siervo), frase que, al traducirla a
hechos, no supieron hacer buena los sencillos abo¬rígenes, dejándose sojuzgar
como indefensas mujeres, al primer fracaso que sufrieron.
En la región central, los Cubanacanes celebraron el Areito
de la libertad, en los alrededores de la Laguna dJel Tesoro, y en sus aguas
sepultaron todo el oro y alhajas que tenían, como ofrenda a los Semíes
protectores, y para esconderlas según el ritual al mismo tiempo de la voracidad
castellana.
Sólo a esto limitaron ellos su actuación, pues abandonaron-
cobardamente a los heroicos guerreros de Hatuey; los Goma- güeyamos también se
limitaron sólo a implorar gracias de sus dioses. Mientras tanto, los valientes
adalides de la libertad, pe¬leando contra elementos insuperables, sucumbían
poco a poco en los fragosos montes orientales, abandonados cobardamente por los
Tainos, y sin los auxilios de los Gamagüeyanos, ni la cooperación de los
Cubanacan.es, vencidos fueron en desigual combate después de una heroica
resistencia de dos meses...
El Areito de la libertad
Capturado, prisionero y ya en la hoguera, que consumía su
noble y hercúleo cuerpo, tuvo aun tiempo Hatuey para protes¬tar de la perfidia
de las conquistadores, rehusando les auxilios del sacerdote que le ofrecía el
cielo como lugar de bienandan¬zas, al enterarse de que en esas regiones podía
encontrarse con sus cobardes asesinos.
Con la muerte del Héroe, aceptó servilmente todo el país el
yugo castellano.
La indiferencia de los indios Camagiieyános y sobre todo de
su Cacique, el ostentoso Gaonao, fué la causa principal del aban¬dono en que
quedaron las huestes de Hatuey, y por consiguiente del fracaso de la
resistencia indígena; guiados de un sentimienr to regional egoísta, permitieron
el desembarco castellano, sini cooperar a hostilizarlo, pero pronto tuvieron
ocasión de palpar
.su gran error y convencerse del trato que les esperaba del
in¬vasor: en su propia Capital, sin motivo alguno, asesinaron los ■¡conquistadores,
tres mil indígenas, entre hombres, mujeres y
niños (20).
Suplicio y muerte de Hatuey, tomado de la obra del Padre Las
Casas. Cronan.—Historia de América.
Los Cubanacanes que nada práctico hicieron para ayudar a
repeler la invasión patria, también pudieron apreciar los mé¬todos castellanos
en aquellos tiempos de conquista. El sangui¬nario Naxváez, recorriendo sus
tierras, mataba a mansalva cuantos creía que podían constituir un estorbo a sus
planes, co¬mo claramente se dice en la carta que Velázquez escribió a los
Reyes:
"... que como le había dicho no le hiciese mal a los Indios,
Narváez decía era esto difícil, pues era voz pública de que los querían
acometer, y
(20) Padre las
Casas.—“...era el pueblo de Caonao de 5 a 6,000 ánimas y fueron muertos más de
3,000 ánimas.—Brevísima Relación, etc.
si hasta allí lo habían dejado, era por el buen recaudo que
de noche y de¬día tenían...”
“...y que de todas las peleas era culpable un indio de la
Isla Es¬pañola llamado Caguax, que ya había muerto...”
El Padre las Casas, refiriéndose al viaje de pacificación de
Narváez por las tierras de Cubanacán, dice:
“ ... no me acuerdo con cuánto derramamiento de sangre...”
Los pocos datos aislados que los Cronistas han dejado de la
invasión de Narváez por las tierras de la región central y oc¬cidental, son muy
confusos y en extremo inseguros.
Después de la matanza de Gaonao, gran trabajo costó a las
Casas, hacer que los indios volvieran a sus pueblos, y cuentan las crónicas,
que esta deserción de los indígenas proporcionó grandes privaciones a los
castellanos, que no encontraban ali¬mentos, pues todo se lo habían llevado para
los montes e isletas donde se refugiaron: de persistir los indios en esta
aptitud, hubieran evitado por el momento, la invasión española, acabando por
hambre con los pocos guerreros que componían las fuerzas de Narváez. ’
La hoguera que consumió las hercúleas formas de Hatuey, fué
el ara sangrienta donde pereció sacrificada la libertad y la existencia de la
raza indígena de Cuba (21), y a pesar de su in¬superable número, del
conocimiento de la tierra y de las venta¬jas que ellos tenían y podían oponerle
al odiado invasor, destru¬yendo las cosechas y agotándolos por hambre, sus
divisiones in¬testinas, los recelos y egoísmos Gamagiieyanos, la pereza Taina,
y la .indiferencia de los Cubanacanes, demostró que era exacto el juicio que de
ellos todos, habían formado los conquistadores como producto de una raza
despreciable de esclavos, donde sur¬gieron sólo pocos hombres dignos; héroes
sacrificados inútilmen¬te a la insaciable crueldad castellana y a la
despreocupación y apatía indígena.
. III
Cuando los españoles conquistaron la Isla, la hallaron
cubier¬ta de infinitas poblaciones (22), bien que pequeñas, pues
ordi¬nariamente se componían de 5 a 10 casas, y las mayores de 200-
(21)
Guiteras.—Historia de la Isla de Cuba.
(22) José M. de
la Torre.—Antigüedades Cubanas.
a 300. Verdad que éstas eran muy espaciosas, pues no alterándose
Jamás la paz de la familia, se albergaban en cada una de ellas, 100, 200 y
hasta 400 personas. El Padre las Casas reñere haber visto en un bohío de la
capital camagiieyana, hasta 500 personas.
Como la principal ocupación era la pesca, resultaba que las
costas estaban más pobladas que el interior, y así cuenta Colón que encontró
todas las playas cubanas y especialmente las de Cubanacán, en su segundo viaje
por las regiones meridionales de Cuba (23).
Poblado siboney según J M. de la Torre.—Tomado del periódico
“I*a Siempreviva.” 1838.
La Isla de Cuba, rodeada de costas abundantes en pescados, y
cuyo suelo es tan inmensamente fértil, pudo, desde luego, man¬tener muchos
millones de indios, por otra parte tan sobrios, que no gustaban de la carne de
los animales, y cultivaban el maíz, la yuca y otras viandas (24).
Desaparecieron, cualesquiera que fuese su número, y sobre el cual no han podido
ponerse de acuer¬do los Historiadores, en menos de 40 años de dominación
cas¬tellana.
Son, relativamente, pocos los nombres de los pueblos que nos
(23) Cristóbal
Colón.—“...a medida que avanzaban se desplegaba un país, cada vez más fértil y
poblado.“«09183 bajas cubiertas de numerosas aldeas y sembrados y cultivados
con tal gusto, que parecian .jardines y huertos...”
(24)
Guiteras.—Historia de la Isla de Cuba.
han dejado los cronistas; nombres, por otra parte,
compuestos de¬palabras cuyo principal significado tiene que haber sido la
pa¬labra hombre, y las que con él se relacionan, y así vemos a Ya- guaramas,
Caonao, Habana, Yucayo, etc., ser nombres de pue¬blos que también lo eran de
sus Caciques respectivos.
De algunos poblados muy grandes han dejado noticias los
cronistas; Baracoa, cuando Colón la visitó era un centro muy populoso, y
posteriormente al fundar Yelázquez la Villa de la Asunción, pudo, según cuenta
el Padre las Casas, destinarle para propios 200,000 indios, en repartimiento,
cifra que da idea de la gran población de aquella zona.
Además de Baracoa, tenían los Tainos Cubanos, poblados
er> cada Cacicazgo, habiéndose conservado los de Macaca, Caney^ Bayaquitirí,
Maisí, Barajagua, Bayamo, Yara, Cueibá, Guái- maros y Baní, poblaciones más o
menos grandes, repartidas en toda la parte oriental.
Los conquistadores al fundar sus villas, escogían como es
na¬tural, los lugares de más población para hacer los repartimientos de los
indios, pues encomendaban los pueblos con todos sus ve¬cinos a persona
determinada (25), o fundaban población y le entregaban a sus nuevos pobladores
cierto número de indios de la comarca; en la región oriental escogieron las
zonas de más densa población: Baracoa, Santiago, Bayamo, etc.
Los Camagüeyanos tenían poblados importantes, pero
espe¬cialmente eran grandes y muy amplias sus casas, en la capital: Camagüey;
había un pueblo cercano a éste, llamado Caonao, y existían una variedad de
pequeños centros de familias, re¬partidos por toda la provincia, cuyos nombres
se han perdido completamente. ,
Los Historiadores, basándose en la descripción del viaje de
Panfilo Narváez, discuten si Camagüey era o no la población más grande del
territorio camagüeyano, pero parecen quedar pocafi dudas, después que el
laborioso José M. de la Torre, ha demostrado, que aunque Caonao era un gran
pueblo de mucha importancia, lo sobrepujaba Camagüey, que era la Capital.
La relación del viaje de Narváez por todo el territorio
cama-
(25) Carta de
Diego Yelázquez al Bey: “ .. .y dar a cada vecino- un pueblo según su mérito...
” Sagra Apéndices a la Geografía de Oaba.
-güeyano, prueba que existían otros pueblos en esta
provincia, pues claramente se dice (26):
“ ... y atravesando aligunos pueblos que se encontraban al
paso...”
Por otra parte, ya conquistada la Isla subsistieron muchos
poblados indígenas, bastante tiempo, y en carta de Gonzalo Guz- mán al
Emperador, claramente se indican cuando dice:
il ... pusieran fuego a dos o tres poblados de indios mansos
encomen¬dados a vecinos del Camagüey...9 1
En la región central, en Sabana, que según se desprende de
la carta de Diego Velázquez al Rey (27) dependía de Cama- güey:
“ en la provincia de Cavane (Sabana) que es en dicha costa,
su¬jeta a la principal de Camagüey...”
existían dos pueblos mencionados por los Historiadores:
Cara- hata y Sabana, ambos en la costa Norte y sobre pilotaje.
La provincia de la Habana, comprendía su actual área, más
parte de la de Matanzas. Era, según los cronistas antiguos, muy poblada, y
Guiteras (28) dice:
“ ... esta provincia era una de las más grandes de la Isla,
se ex¬tendía a ambas costas con muchos pueblos y aldeas, y había en ella varios
Caciques y Señores que reconocían vasallaje al soberano y señor de todas...”
Las Casas en varias partes de su Historia de la Conquista
expresa:
“ ... corriendo de pueblo en pueblo por la provincia de la
Habana, visitaron varios pueblos antes de llegar al de Matanzas...”
No hay duda, pues, que en la Habana existían poblados
indígenas cuyos nombres sólo de algunos se han conservado.
Yucayo, que así se llamaba la capital de toda la provincia,
o Cacicazgo, estaba situado donde hoy Matanzas, y era la mayor y más
floreciente, conceptuándola Guiteras como de las más importantes de C,uba.
TTa.bn.TML, era el nombre también de un poblado que existía
según Tranquilino Sandalio de Noda, por el actual emplaza¬miento de la Villa de
Güines, y además se conocían: Mayanabo, Ajantco, Matamanó y Guarniría.
(26) Las
Casas.—Historia de la Conquista.
(27) SagTa.
Geografía de Cuba, Apéndices.
(28) Historia
de la Isla de Cuba.
Desde Matanzas al Mariel, por toda la costa Norte, donde
terminaba la provincia índica de la Habana, todo el litoral es¬taba despoblado
(29) por no existir en toda esa costa, islas y cayos, y ser pobre de pesca y
mariscos, a que eran muy dados los aborígenes.
Los selváticos e intratables Guanabatabeyes, sólo tenían, o
por lo menos de sólo un poblado ha conservado recuerdo la historia:
Guaniguanico. El resto de la costa estaba desprovista de población alguna, como
claramente manifiestan los docu-mentos antiguos.
En la información de cómo el Almirante fué a reconocer la
Isla de Cuba (30), original que se conserva en el Archivo de In¬dias, se dice:
“... porque en todas estas islas y tierras no hay pueblos a
la mar, salvo gente desnuda, que viven de pescado y nunca van a la tierra
aden¬tro, ni saben qué sea el mundo, ni de cuatro leguas lejos de sus casas, y
creen que no hay en el mundo, salvo islas y su gente, que no tienen ley ni
secta alguna, salvo nacer y morir, ni tienen ninguna población- porqué puedan
saber del mundo...”
Un español que durante cuatro años estuvo cautivo de los
indios de la Habana, llamado García Mejía, y que posterior¬mente, cuando la
conquista, fué rescatado, proporcionó intere¬santes noticias de la vida
indígena; en una carta donde Diego Velázqnez le da cuenta al Rey, de los
sucesos que originaron el •que se encontrara este castellano, dice (31) :
“... y me dijo García Mejía, que estando en tierra firme en
la provincia de Uraba, donde había ido con Alonso de Ojeda y estando siete
meses en ella y vió que por la mucha necesidad, acordaron volver a la Española
en un bergantín, Pizarro y 36 hombres y 2 mujeres. Mu¬rieron en varias formas
9, y los 27 restantes, con las 2 mujeres, llegaron a la punta de una provincia,
que se dice Guaniguanico, y se íueron a casa de un Cacique que no sabe como se llama,
y los recibió muy bien, y después se fueron a otro pueblo donde robaron algunos
de ellos, y los quisieron matar; y de allí se fueron a la provincia de la
Haibana y de¬sembarcaron en un pueblo que se dice Guanynna, donde fueron bien
re¬cibidos y yendo de pueblo en pueblo murieron todos menos Mejía y las dos
mujeres”.
“Los castellanos trataban de acercarse al-oriente, donde
estaba la
(29)
Guiteras.—Historia de la Isla de Cuba.
(30) Sagra.
Geografía de Cuba. Apéndices.
(31) Documentos
del Archivo de Indias. .
Española, y atravesaron la provincia de la Habana. El pueblo
de este nombre era un gran batey, rodeado de bohíos, con sus respectivos
ca¬neyes o casas regias para el Cacique y para su Semíes, donde los Behi- ques
celebraban sus cojobas. Estaba situado cerca de la costa Sur, en un llano
fértil y ancho sobre el río Guini-Cajina (por estos datos se deduce que el
pueblo de la Habana estaba donde está actualmente Güines, y el río a que se
refiere es eil Mavabeque).
“El Cacique se llamaba Yacuayex, pero Mejía se había alojado
en casa de Habaguanex, que era el principal. Este Cacique no lo había re¬cibido
sin gran disgusto de los vecinos que pedían su muerte. Las dos mujeres fueron
recogidas por un Cacique que vivía cerca de la costa Norte (cerca de la actual
Cárdenas), y al poco tiempo aceptaron la vida indígena con todos sus hábitos y
costumbres; andaban desnudas completamente, y su apariencia, al cabo del
cautiverio, era la de dos aborígenes completáis (una tenía unos cuarenta años y
la otra apenas llegaba a los diez y ocho).
“Otros dos españoles se salvaron; uno se casó luego con la
hija de un Cacique y se abrió las orejas y la nariz como ellos lo practi¬caban”
(32).
En otra información sobre una expedición de Alonso
Fernán¬dez Portocarrero (1519), se citan dos pueblos:
“ ... sea servido de me trocar por otro pueblo que se dice
de Agua- aybatoa, dejándome diez naborías de casa que tengo de Caneymar ... ”
El pueblo que se cita (Agua-aybatoa) no se puede localizar,
pero el otro es Canimar, que se encontraba situado en la costa Sur, en las
proximidades de la actual playa de Canimar al Sur de Alquízar.
Son relativamente pocos los nombres de los pueblos que han
llegado hasta nosotros, a pesar de que los primeros conquistado¬res por todos
ellos andaban, y todos fueron en cierto modo en¬comendados (33), pero puede
asegurarse de un modo general, que los antiguos fundos de haciendas, mercedados
origina¬riamente y que han conservado su nombre indígena, eran po¬blados
indios.
Todos estos poblados, presentaban la misma perspectiva; los
indios no cuidaban de ordenar sus casas en calles, trazadas con simetría, sino
que las tenían apartadas, aunque a corta dis-
(32) Bernal
Díaz del Castillo.
(33) “... por
causa de que corno los españoles andaban por toda la Isla, como ellos decían,
pacificándola y consigo traían muchos de los Indios que por los pueblos para
servir de ellos continuamente tomaban.— Las Casas.
tancia unas de otras, formando conucos cercados de estacas,
y sólo atendían a que los Caneyes (casa de los Caciques), estu¬vieran en lugar
principal, como que delante debía estar el Batey, gran plaza cuadrilonga, llana
y siempre muy limpia.
Si el pueblo era muy grande (Baracoa, Camagüey y Yucayo)
tenían otros Bateyes menores, y a veces uno mayor que todos fuera de la
población; el Batey servía para los Areitos y gran¬des fiestas populares, pero
especialmente dedicábase al juego de batos, a que eran muy aficionados.
Todos los Caneyes tenían una garita o chimenea que per¬mitía
desalojar el humo interior de la cocina. Las casas o bohíos estaban divididas
al interior por medio de un tabique de encu¬jado, formando dos salas; en una de
ésta se encontraba la bar¬bacoa, donde se almacenaban los granos y viandas para
el con¬sumo.
Todas las casas tenían dos puertas y su correspondiente
col¬gadizo, y del techo colgaban en su interior, cararoles, cobos y piedras,
fuertemente sujetas por bejucos.
Por lo general, la mujer india permanecía en una de las
salas interiores, hilando algodón, tejiendo redes paira pescar y haciendo
hamacas, o bien fabricando las naguas con que se cu¬brían las mujeres casadas.
Sólo salían cuando tenían que hacer el casabe o cualquiera otra faena que
requería la ayuda de otras mujeres.
Por la noche se alumbraban con hachones de jiquí y cuaba, o
usaban cocuyos encerrados en un güiro agujereado.
Como los primitivos solicitantes de mercedes de tierras, las
designaban con los nombres de los asientos, nombres indígenas casi siempre
durante los primeros tiempos, puede asegurarse, que casi todas las antiguas
haciendas de importancia, llevan el nombre del poblado indio que en su asiento
existió.
IV
En años anteriores a la conquista de Cuba, emigraron de
Jamaica, los indios del Cacique Camagiiire (34), quien los di¬rigió en canoas a
Cuba, y entrando por la Ensenada de la Broa, desembarcaron en la Península de
Corimocao, nombre que die-
(34) Datos
facilitados por el laborioso cubano Félix Hamos Duarte.
ron a la que actualmente se conoce por Zapata, y fundaron un
pueblo a la margen derecha del río Hanabana, dándole este nombre al pueblo y al
río y extendiéndolo luego a todo el Caci¬cazgo.
Cuando Colón recorrió las costas meridionales de Cuba, los
indios de Cubanacán le hablaron de los del Hanamana, y sonán- dolé este nombre
al Almirante, como alguno de los descritos por Manderville, lo designó por Anam
o Naan, que de ambas ma¬neras lo escribió en sus variadas relaciones (35).
Bemáldez, Cura de los Palacios, en la Historia de los Reyes
Católicos, dice:
“ ... de la parte del poniente de la Isla Juana, quedaron
dos pro¬vincias que Colón no anduvo, y la una le llamaban los indios Naan,
donde dicen que nacen los hombres con cola, pero no lo creo que sea allí, según
señala el majp& mundi, y que he leído..(36).
El meritísimo cubano José M. de la Torre, después de
com¬pulsar varios documentos antiguos, logró situar y demarcar este Cacicazgo,
que viene a corresponder con la actual Cuenca de Zapata.
Sus costas fueron visitadas por Colón en su segundo viaje a
través de las* meridionales de Cuba, y cuando la conquista, en el cercano
puerto de .Tagua, se reunieron los principales Capita¬nes de ella y acompañados
del Padre las Casas, decidieron la fundación de las villas occidentales y
centrales de la nueva colonia.
Mucho anites de ¿legar a Jagúa los conquistadores, conocían
el puerto por las referencias de Ocampo, y por este motivo pudo el Adelantado
participarle al Rey que “el puerto de Jagúa es muy conocido de los que navegcm
y muy necesario y provechoso d los que vienen de tierra firme”, i Es imposible
hoy fijar los poblados indios costeros que exis¬tían en estos Cacicazgos
meridionales, y al intentarlo se encuen¬tran anomalías muy curiosas en los
documentos de aquella época.
Los conquistadores que dirigidos por Diego Velázquez se
reunieron en Jagiia (Cayo Ocampo), acordaron entre otras, fundar una villa de
castellanos a 9 ó 10 leguas del puerto don-
(35) Cura de
los Palacios.
(36) Felipe
Poey.—Materiales para la Historia del Descubrimiento de América.—Mem. Soc. E.
de A¡m. del País.
de estaban, por ser “más en comarca de los más pueblos de
indios” (37).
Prueba esto, que se encontraban despobladas las costas
com¬prendidas entre Jagua y Cochinos, costas limpias de cayos e is¬lotes, y que
presentaban poco abrigo para la pesea, principal alimento del indio cubano.
Posiblemente, al igual que acontecía en todo el litoral de la extensa provincia
de la Habana, entre Matanzas y Mariel, la falta de abrigo para la pesca,
originó la despoblación de aquellas costas.
Sin embargo, algún poblado existía cuando Colón asegura en
la relación de su segundo viaje por esas costas, que recibía de los indios,
auxilios en alimentos, aunque tardíos.
Posteriormente, Bemal Díaz del Castillo, en su Historia de
Nueva España, cuenta que naufragó en esas costas y en el ex¬tenso tramo
comprendido entre Batabanó y Jagua no menciona sino a Canarreo, que se
encontraba en la banda oriental de este último puerto.
Es fácil que en toda esa costa del Archipiélago de los
Cana¬rreos, no existiese población alguna grande y sólo alguna pe¬queña con
cabañas dispersas de pescadores, en las cuales según se desprende de la
relación del segundo viaje de Colón, se avi¬tualló en su ruta.
Washington Irving refiriéndose a las costas comprendidas
entre Trinidad y Batabanó, al narrar el viaje de Colón por ellas, dice:
“ ... es imposible prescindir de los contrastes extraños que
se pre¬sentan. a veces al entendimiento. La costa aquí descrita, tan poblada y
contenta, regocijándose por la visita de los descubridores, es la que se
extiende al occidente de Trinidaid, por el golfo de Jagüa. Todo está ahora
silencioso y desierto: la civilización, que ha cubierto algunos si¬tios de Cuba
de brillantes ciudades, ha reducido éste a tristísima so¬ledad. La raza toda de
los indios hace mucho que pereció, bajo el do¬minio de los extranjeros, que tan
gozosos los recibió en sus playas...”
Humboldt describiendo su viaje a través de esa zona,
com¬prendida entre Batabanó y Trinidad, dice: '
“ que costas tan desiertas, en la que no se ve ni siquiera
una luz que anuncie la cabaña de un pescador. Desde Batabanó hasta Tri¬nidad en
una distancia de 50 leguas, no hay pueblo alguno, y apenas se encuentran dos o
tres rediles o corrales de marranos o de vacas; sin
(37) Guiteras.—Historia
de la Isla de Cuba.
embargo, en tiempos de Colón aquel terreno estaba habitado
aun a lo largo de la parte del litoral..(38).
Aquellas costas correspondían a variados Cacicazgos, que no
eran ya los mismos que existían en la época del descubrimiento; diversas
invasiones pacíficas de Tainos, Caribes y Arawacos Haitianos, y Jamaiquinos,
habían alterado por completo la ori¬ginal distribución del territorio.
En el tiempo de la conquista, ya Cubanacán no era frontero
al mar; se habían establecido dos Cacicazgos nuevos: Hanama- na y Macorix, y
hasta Jagua y Guamuhaya, habían cambiado su conformación primitiva.
Los Cacicazgos de la Cuenca de Zapata, según el^mapa'de José
Maña de la Torre.
El poblado de Tfa.nn.wifl.na. era capital del nuevo
Cacicazgo, y debido a su relativo aislamiento, pudieron retardar más sus
vecinos la esclavitud a que los sometió la conquista. No consta que ese pueblo
fuera encomendado a ningún castellano, pues en
(38) Ensayo
Político sobre Cuba.
1566 en que se mercedaron sus tierras, ya no había indios en
ella en número apreciable.
Yagnaramas, pueblo interior también, se defendió algo, pero
de éste consta que en 1518 estaba encomendado a Las Casas.
Como los españoles fomentaron sus pueblos hacia las costas
en los primeros tiempos de la Colonia, aquellos poblados que se encontraban en
el interior escaparon mejor al principio, que los, situados en las costas donde
ellos se albergaron, y a eso se debe que sean menos nombrados en los documentos
de la época, y sólo de algunos hayan llegado noticias hasta nosotros.
Oamarco o Canarreo, situado en la margen Izquierda del río
Arimao, próximamente en el asiento de la actual Hacienda Au¬ras, fué de los
primeros que encomendó Yelázquez a castellanos y fué entregado a Bartolomé de
las Casas y Pedro de la Rentería.
El poblado situado en el interior de la Bahía, en el Cayo
donde se situaron los conquistadores, conocido hoy por Q&yo Ocampo, no
consta a quién fué encomendado, y hasta su nom¬bre se ha perdido. Creen algunos
Historiadores,, que los indios llamaban este pueblo, con el nombre que le daban
a la Bahía: Xagüa.
El gran pueblo de Caonao, situado al fondo de la propia
Bahía, no se sabe tampoco a quién fué encomendado; sin embar¬go, su población
persistió gran tiempo, conservando, según in¬dica el laborioso Ingeniero Alejo
H. Lanier, en su Historia de Cienfuegos, tradiciones muy marcadas de su
primitivo origen, presentado, (según asegura en aquel tiempo, mediados del
siglo XIX) entre sus muchas familias, el tipo original en su semblante (39).
En la Ensenada de Cazones, o en sus alrededores, existió un
pequeño poblado indio, que surtió a la flota de Colón cuan¬do su viaje por esas
costas, pero los cronistas posteriores a aque¬lla época, nada dicen sobre el
mismo, siendo posible que desapa¬reciera cuando la conquista.
Asimismo existen antecedentes de un poblado situado en la
Ensenada de la Broa, a orillas del Río Hatiguanico, que aparece saqueado en el
siglo posterior a la conquista, por los Macorixes.
Estos Macorixes, huyeron en 1512 de las atrocidades de los.
(39) Memorias de
la Sociedad Económica de Amigos del País.
conquistadores en Haití, y al mando del Cacique C&yaona,
lle¬garon en canoas a Cuba, y entrando por Corimacao, se estable¬cieron bien al
interior, en el centro de la provincia, fundando el poblado de Macorix, hoy
Macuriges, en tierras pertenecientes al Cacicazgo de Cubanacán.
En varios años pudieron extenderse y llegar a constituir un
Cacicazgo independiente. Bachiller y Morales en su notable obra “Cuba
Primitiva”, nos refiere haber visto un documento que se relaciona con la
expulsión de los Macorixes, y con la guerra sangrienta que con ellos sostuvieron
los castellanos.
Poblado Siboney
En estos Cacicazgos descritos, existían al igual que en el
resto de los que ocupan la Isla, variadas poblaciones, cuyos nom¬bres no han
llegado hasta nosotros; sin embargo, la tradición ha conservado, y los guajiros
de la zona indican como poblados indios, algunos fundos antiguos de la región.
Guanos, Gaya- mas, Orbea, Jabaooa, Maitún, Sinú, Jabaco y Bijurey, asegúra¬se
que fueron poblados indios de alguna importancia.
Los primeros cronistas, de estos pequeños pueblos no
deja¬ron sino escasas noticias, confusas descripciones y contradicto-
ríos datos, y algunos importantes como Chipiona, que todos
mencionan, perdió hasta su nombre originario.
De aquella zona hoy ocupada por la cuenca de Zapata, no
existen datos precisos; Bemal Díaz del Castillo, el valiente sol¬dado y
cronista, en su Historia de la Conquista de Nueva Es¬paña, refiere el naufragio
que le ocurrió en sus costas precisa¬mente, entre Cochinos y Jagiia.
De regreso de una de las muchas intentonas de conquista de
Méjico, preparadas por Diego Yelázquez, a que el Cronista asis¬tió,
desembarcaron en la Habana, que ya se encontraba instala¬da en Puerto Carenas
(1518), el Capitán Francisco Hernández, y algunos españoles que regresaban
maltrechos de las costas mejicanas.
El Capitán siguió por tierra hasta Sancti Spíritu, donde
luego murió, y Bernal Díaz del Castillo, que se dirigía a Tri¬nidad, prefirió
embarcarse por Batabanó y hacer ese viaje por el mar.
Arrendando los servicios de un castellano que tenía una
pequeña embarcación en la costa Sur, y acompañado de varios indios, emprendió
el cronista la excursión que narra de esta manera:
“ ... pues siguiendo la costa adelante, a veces remando y
otras a- velas, ya que habíamos navegado once días en paraje de un pueblo de
indios de paz, que le dicen Camarreon, que era término de la Villa de Trinidad,
se levantó un tan recio viento de noche, que no nos pudimos sostener en la mar
con la canoa, por bien que remábamos todoa nosotros; y el Pedro de Avila, y
unos indios de la Habana,, y unos remeros muy buenos que tiaíamos, hubimos de
dar al revés entre unos ceborucos, que los hay muy grandes en aquella costa,
por manera que se nos quebró la canoa, y el Avila perdió su hacienda, y todos
salimos descalabrados de los golpes de los ceborucos y desnudos en carne”.
“Pues ya escapadas con la vida de entre aquellos ceborucos,
para nuestra Villa de Trinidad no había camino por la costa, sino malos paí¬ses
y ceborucos, que así le dicen, que son las piedras con unas puntas que salen de
ellas y que pasan la planta de los pies, y sin tener que comer”.
“Pues como por aquella costa no podíamos caminar, por causa
de que se nos hincaban por la planta de los pies, aquellas puntas y piedras de
los ceboruicoe, con mucho trabajo nos metimos en un monte y con otras piedras
que había en el monte, cortamos corteza de árboles que pusimos por suelas, y
con gran trabajo salimos a una playa de arena, y de aihí a dos días que
caminamos llegamos a un pueblo de indios que se decía Yaguaramas, el cual era
en aquella sazón del Padre Fray Bartolomé de las Casas, y los indios de aquel
pueblo nos dieron que comer”.
“Y otro día fuimos hasta otro pueblo que se decía Chipiona,
que era de un Alonso de Avila ye de un Saudoval, y desde allí a la Trinidad...”
Este naufragio tiene que haber acontecido entre Cochinos y
Jagua, donde la costa toda es acantilada y de seboruco como indica el cronista;
la playa de arena, a que llegaron después de caminar mucho, tiene que haber
estado situada en la Bahía de Cochinos, pues en todo el resto del litoral hasta
Jagüa, no existe playa alguna de arena, y no se explica que esa playa fuera la
de Jagiia, porque entonces no hubieran tenido necesidad de ca¬minar dos días
para llegar a Yaguaramas, cuando en Canarreo, Caonao, y hasta en Cayo Ocampo,
existían poblados indios que pudieron auxiliarlos.
La relación de Bemal Díaz del Castillo nos demuestra que en
todo aquel territorio no existía un solo lugar poblado por los • indios, y
fuera de Matabanó y Canarreo y otros pueblos de Ja¬güa la costa estaba
completamente deshabitada.
Y
Pacificada completamente toda la Isla, quedaron repartidos
los poblados más importantes, entre los castellanos, y fundadas las villas
principales que Diego Yelázquez creyó necesario po¬blar, para el mejor gobierno
de Cuba, se inicia su vida colonial comenzándose afanosamente por los europeos,
las labores en las minas, únicos trabajos a que dedicaron su atención durante
los primeros años.
Exceptuando los pequeños conucos y estancias que los indios
encomendados cultivaban para cubrir las necesidades de los tra-bajadores de las
minas, y la de los propios españoles, no se en¬contraba en el año 1519 una sola
hacienda de crianza en toda la Isla, salvo las que se establecieron luego en
terrenos de la Provincia de la Habana.
En esos primitivos tiempos, no existía en la cuenca de
Za¬pata, otro centro de actividad que no fuera Jagua, y en sus - minas
laboraban con grandes fatigas miles de indios sometidos a un inhumano trato;
aquel puerto era visitado por todas las naves que al continente se dirigían, o
que, de regreso del mis¬mo, allí llegaban em ruta para la Española.
La costa Sur de la Isla era la más conocida de los
españoles,.
hasta que be descubrió la Florida, y dióse comienzo a la
conquista <le Méjico, y el tráfico único se hacía con la costa continental
Sur americana, lo cual le proporcionaba una gran importancia a los pueblos y
haciendas costeras meridionales.
Gran empeño puso Diego Velázquez en ese fomento exclusivo
hacia el Sur, por desconocer la importancia de las tierras del golfo de Méjico,
aun no conquistadas, como lo prueba el siguien¬te párrafo de una carta suya al
Rey:
“ ... ando procurando de reducir toda la fuerza de la isla a
la parte Sur, paira poder dar mano en las cosas de tierra firme y acrecentar el
comercio, con cuyo objeto trabajo en fabricar na/víos”.
El astuto y ladino Gobernador, no sólo se preocupaba de la
buena gobernación de la C<olonia, sino que, con miras exclusi¬vistas y de
acuerdo con los numerosos enemigos de Don Diego Colón, intrigaba en la corte,
para conseguir la completa sepa¬ración del gobierno de Cuba, que en todo
dependía del de la Española.
Aliado a un fuerte triunvirato, formado por el Ministro
Za¬pata, el Comendador Lope Conchillos y el Obispo Fonseca, en¬carnizados
enemigos de Colón y personas de gran influencia con el Rey, consiguieron de
éste en 1517 la cédula que disponía la separación de ambos gobiernos, y con
ello la completa inde¬pendencia de Velázquez en los asuntos de Cuba.
Zapata tenía a su pariente Rodrigo de Alburquerque (4Q)
encargado del repartimiento de indios, cargo que el Rey Fer¬nando creó
precisamente para quitarle esa facultad a Don Die¬go Colón, a quien nunca pudo
mirar con buenos ojos. Era el Licenciado Zapata ministro favorito del Rey, y
persona, por consiguiente, de grandísima influencia.
Fonseca, Obispo de Palencia y director principal de los
ne¬gocios de Indias, era muy apreciado y distinguido en la corte. • Los
cronistas cuentan (41), que Zapata, Fonseca y Conchi¬llos dirigían a su antojo
todos los asuntos de los nuevos países descubiertos, y añaden que Fonseca tenía
en encomienda 800 indios, Conchillos 1,100 indios y aunque nada dicen de
Zapata, es de presumir que tuviese también sus encomiendas, pues su
(40)
Robertson.—Historia de América.
(41)
Herrera.—Décadas.
agradecido ahijado, el Gobernador Velázquez, bien cuidaría
de proporcionárselos.
Las encomiendas de Conchillos en Cuba estaban situadas en la
Bahía de Cochinos y tierras circunvecinas, y ese nombre pre¬cisamente de
Cochinos, es una corrupción de Conchillos que fué el primitivo, pues los
pueblos y las encomiendas se designaban por el nombre del encomendero y por eso
llamaba Bernal Díaz del Castillo en la relación que antes transcribimos, pueblo
de Alonso de Avila, pueblo de Fray Bartolomé de las Casas, etc., aquellos
encomendados a estos señores.
Posiblemente las encomiendas de Zapata estuvieron en la
Península que los indios llamaban de Corimocao, y al igual que Qonchillos en la
Bahía, dióle a la encomienda su nombre y con ella a toda la península,
derivando de ahí el que actualmente lleva no sólo aquella, sino toda la cuenca.
La primitiva disposición del Gran Almirante en 1496,
dispo¬niendo que los indios de algunos pueblos de Haití, en lugar de tributos,
ayudaran a los castellanos en su labores y minas, me¬dida que tomó un carácter
más general, cuando transigió con el faccioso Roldan, fué la base luego de una
ley general que esclavizó toda la raza aborígena y dió origen a las
despiadadas, encomiendas.
Con el nombre de encomiendas, se le dió la facultad a los
colonos castellanos para que pudieran tener a su servicio, enco¬mendados, como
expresa la palabra, cierto número de indígenas; pero no eran sólo los que
exponiendo su vida, cruzaron los ma¬res para fomentar nuevas tierras en este
continente, los que poseían indios a su servicio: los principales magnates de
la corte, como hemos visto, autorizados por el propio Rey, tenían sus
encomiendas, y las mantuvieron hasta acabar con la raza, y sólo la muerte del
Rey Femando, que coincidió con la llegada a la corte de Fray Bartolomé de las
Casas salvó a los pocos que quedaban, acabando con tan gran inmoralidad.
El inhumano régimen de las encomiendas que originó los
abusos, que supo poner de relieve el venerable las Casas, im¬pidiendo con sus
prédicas en cierto modo, que se generalizaran, acabó con la raza indígena que
ocupaba las Antillas, y especial¬mente con el llamado Indio Siboney, que
ocupaba las tierras de Cuba.
VI
La importancia y empeño de los españoles durante los
prime¬ros años de la Colonia, se fundaba en la posesión y comunica¬ción que
tenían con Jamaica y Costa Firme, y la ninguna idea de la Florida y Nueva
España, cuya expedición de conquista y paso de descubrimiento se dieron desde
la Isla de Cuba (42).
En aquellos primitivos tiempos la pesquisa en los aluviones
auríferos y el laboreo de las minas, constituían la única ocupa¬ción de los
castellanos, pero a medida que se iban agotando éstos y decrecían las
utilidades, y se iniciaba el tráfico y comercio entre el Continente y las
Antillas, fuéronse dedicando a la cría de ganado los colonos, y surgieron las
haciendas de crianzas.
Al morir Diego Yelázquez, primer Gobernador de Cuba, (1522),
la costa sur había perdido ya mucha de su primitiva im¬portancia; el
descubrimiento de la Florida, el del nuevo paso por el estrecho de Bahama,
Méjico, y su conquista, etc., habían anulado la originaria importancia de la
costa sur, y con ella la de Baracoa, Santiago y Jagria, convirtiéndose Puerto
Carenas, en cambio, en el más prominente e importante del nuevo mundo.
Existe un lapso de tiempo, sin embargo, que comprende des¬de
los primeros tiempos, hasta que esos descubrimientos y con¬quistas tuvieron
efecto, en que la cuenca llegó a tener grandí¬sima importancia como centro
productor de casabe y tasajo, pues en ella, poco tiempo duró el laboreo de las
minas, que por otra parte muy pronto acabó de rendir utilidades.
La falta de indios, pues casi en 1517 se habían agotado por
los malos tratos y sufrimientos, siendo necesario traerlos de las G-uanajas, y
el poco rendimiento del oro propendieron a fomen¬tar las fincas de crianzas en
la zona, para el abastecimiento de las flotas que en Jagua, hacían escala en
viaje de ida o regreso del continente.
Especialmente durante la conquista de Tierra Firme, se
de¬dicaron los españoles a la crianza de cochinos para avituallar las flotas.
Diego Yelázquez trajo a Cuba una piara de cerdos que en
tres años se multiplicaron, según cuentan las crónicas,
hasta 30,000 (43).
En variados territorios se establecieron, lo que se designó
como Estancias de “Casabe y Puercos” (44) y en ellas a la par que se sembraba
la yuca y otras viandas, fomentábanse las crías de cerdos, se mataban y salaban
sus carnes para embarques, sur¬tiéndose de ellas el Darién, Méjico, Florida,
etc.
Fué asombrosa la propagación de los cochinos en todas las
Islas Mayores de la Antillas, ocupadas por los castellanos. Co¬lón llevó a
Haití, en su segundo viaje, ocho puercas y algunos machos, y a los 10 años
escasos, se encontraban en esa Isla tal cantidad de puercos silvestres, que, según
cuentan los cronistas, pudo el Gobernador Ovando arrendar en $2,000 oro
anuales, su explotación y caza, y comentando este hecho dice el cronista Ovando
(45):
“... de ese ganado («1 que llevó Colón) vacuno y de puercos,
se ha hecho mucho dello salvaje, y de los puercos sobretodo se han alzado e ido
al monte tantos, que andan a granel rebaños hechos monteses sal¬vajes... ”
En Cuba también había acontecido algo análogo: en
manus¬crito en folio, existente en la Biblioteca de la Academia de la Historia
en Madrid, (46) se dice:
“ .. . hay en Cuba, en toda ella, gran suma de puercos
monteses, de tal suerte que sólo un hombre sin más artificio que una lanza y un
perro, puede fácilmente coger los que quiera...”
Las haciendas que se fundaron en la cuenca, con el nombre de
Hatos de Cochinos, de más importancia que las Estancias, espe¬cialmente en
Jagua, Cochinos y la Broa, contaban con una gran cantidad de puercos de
variadas clases, y ya cuando Cortés sa¬lió para la conquista del Imperio
Azteca, en varias de esas Ha¬ciendas avitualló su flota.
' Los grandes bosques de sus tierras, los buenos palmares
que existían en toda la zona, la naturaleza fragosa de su suelo, y sobretodo el
no servir luego esas tierras para lo que se llamó
(43) Carta de
Yelázquez al Rey, fecha Abril 1 de 1514.—Apéndices de la Geografía de SagTa.
(44) José María
de la Torre.—Memorias de la Sociedad Económica, de Amigos del País.
(45) Historia
de las Indias.
(46) Memorias
de la Sociedad Económica de Amigos del País.
■“granjerias de los azúcares”, que hizo abandonar en el resto de la Isla, las haciendas de
crianzas para convertirlas en fincas de cultivo, proporcionóle a la zona
grandes y remunerativos pre¬fijos de crianza.
De su zona salió la expedición de Francisco Hernández de
Córdoba en 1517, vecino y encomendero de Sancti Spíritu, quien avitualló toda
su flota en las Haciendas de esta región.
En 1518, la flota de Cortés, como hemos dicho, se proveyó en
las fincas de esta zona, y en general todos los buques que se dirigían a Tierra
Firme o venían de ella, hacían escala en el puerto de Jagiia, y allí se
proveían de tasajo y viandas. Llegó a ser tan importante la entrada de bajeles
en Jagua, que dicen las crónicas antiguas, que continuamente se encontraba
alguno en ella.
Ya en 1505, la licencia que permitía a los vecinos de
Sevilla, que contasen en ella con bienes raíces, enviar mercancías a las Indias,
y que posteriormente en 1523, fué ampliada, creando de este modo el comercio
Ínter-colonia!, como consecuencia de la gran extensión de las tierras
descubiertas y conquistadas para la Corona, proporcionó un movimiento de gran
intensidad a las costas meridionales de Cuba, donde se encontraban ya
fomenta¬das extensas haciendas de crianza, que contaban con un gran puerto de
abrigo en Jagua.
A medida que progresaba la Colonia, decrecía el número de
indios encomendados, constituyendo grave obstáculo para el de¬sarrollo de la
riqueza cubana ; con la destrucción de la raza in¬dígena, perdieron los
españoles, el medio más seguro y estable de fomentar la riqueza del país, y
conocer muchos de los secretos de su rica naturaleza, estancando las risueñas
esperanzas de en¬grandecimiento que anunciaba la actividad y aumento de
po¬blación que tuvo la Isla en el gobierno de Diego Yelázquez (47).
En la cuenca, al igual que en todo el resto de Cuba,
desapa¬recieron los Indios totalmente, y donde más tiempo en ella per¬duraron,
fué en Macorix, Cacicazgo fundado en terrenos de Cubanacán, por indios
Jamaiquinos bajo las órdenes de su Cacique Camagiiire.
Estos indios se mantuvieron en su territorio hasta el
final
del siglo XVII y en esta época mandándolos el Cacique Yota-
logo (48), guerrearon con los españoles bajo las órdenes de Cristóbal de
Sotolongo que al fin los sojuzgó (49).
Habían saqueado antes, un pueblo de indios mansos llamado
Búnico, que existía en las márgenes del Río Hatiguanico.
Las cuevas de la Península de Zapata fueron refugios de
aque¬llos prófugos que huían para salvar su vida, y en ellas, dentro del monte,
vivieron durante largos años, los de la Hanaban, Ya¬guaramas y Macorix, hasta
que, extinguidos por las penalida¬des sin cuento que pasaron, desaparecieron
totalmente.
En general, todo el dilatado espacio costero que comprende
desde la Bahía de Jagüa a la Ensenada de la Broa, fué desti¬nado a la crianza
de puercos, y los actuales cochinos jíbaros de la ciénaga, entre los cuales
existe una familia especial que los cienegueros llaman de gordo amarillo, los
cuales no pueden apro ¬vecharse por el mal sabor de sus carnes, tuvieron su
origen en aquellos primitivos cerdos franceses, y de su cruce con el criollo o
corralero, que volviéndose silvestre se corrieron a 1a. ciénaga y en la
actualidad se encuentran en algunos territorios de la Zona de Zapata, en
grandes piaras muy nutridas.
- Cuando muchos de los primitivos colonos abandonaron sus
haciendas y partieron para otros países, deslumbrados por las inmensas riquezas
que les brindaba, y el atractivo de nuevas encomiendas indias, esos hatos de
puercos corraleros de Zapata fueron abandonados y ellos se volvieron
silvestres.
La conquista de Méjico, del Perú, y en general las riquezas
que se traían del continente, ilusionaron a los primitivos pobla¬dores
castellanos, y al abandonar sus propiedades en busca de un enriquecimiento más
rápido, provocaron la decadencia de toda la colonia por el total abandono de
las primitivas y originarias haciendas, entre las cuales quedaron, como veremos
luego, aban¬donadas las de la Cuenca de Zapata.
(48) Félix
Ramos Duarte.—Dic. Lucayo.
(49) Bachiller
yMorales.—Cuba Primitiva.
LEYENDA
Los Indios de Yagmramas, Hanabana y Macorijes, lian sido
objeto de infinidad de Leyendas en la Cuenca de Zapata, y cuentan las
tradiciones de sus guajiros, innumerables hazañas de aquellos seres
desaparecidos, que en un tiempo ocuparon la re¬gión. Refieren los viejos
cienegueros, que muchos de los asien¬tos de los Hatos antiguos de la zona,
habían sido poblados ocu¬pados por los indígenas, y que especialmente ciertas
regiones muy fragosas, que en la actualidad ocupa la gran ciénaga, fue¬ron
luego, cuando el rigor de las encomiendas aconsejó a los In¬dios el abandonar
sus pueblos, y esconderse en los montes, re¬fugio seguro de muchas de las
familias que durante gran tiempo las habitaron.
En la zona oriental, cuentan ellos que algunas cuevas muy
intrincadas y extensas, fueron escondites de los sencillos e infe¬lices indios
perseguidos, y que sólo podían escapar a la persecu¬ción castellana, que
acompañada de perros bravios se hacía di¬fícil burlar, escondiéndose en
aquellas cuevas profundas, donde tenían la seguridad que ni los perros
llegaban.
Existe un lugar denominado Canarreo, ya hoy casi en plena
ciénaga, que se encuentra situado al Sur de Bolondrón y como a 5 leguas de todo
antiguo poblado, donde cuenta la tradición que se refugiaron los indios del
primitivo poblado de Canarreo que estuvo situado en la banda oriental de la
Bahía de Jagua. Lo tupido del bosque que lo cubría, lo fragoso del suelo, y lo
intrincado que se hallaba por su posición privilegiada, les pro¬porcionó poder
escapar por mucho tiempo a la persecución de los castellanos, pero sobre todo a
la de los perros ranchadores, que eran temibles por lo bravios.
Burlaron durante años y años la persecución de los rancha-
dores de oficio, a quienes la captura de un indio le proporcio¬naba su
propiedad, a pesar de que constituían variadas familias, y numerosas proles,
lograron ahí tener hasta pequeños conucos, que les proporcionaba las viandas
que necesitaban.
En Canarreo, efectivamente, existían variadas huellas de
po¬blado cuya antigüedad no nos atreveríamos nosotros a fijar, pues sólo
queremos consignar el hecho tradicional que afirman los gua¬jiros de la zona,
ser rigurosamente histórico.
Guerreros indígenas de la Floi^da en formación de combate.
Cronau. Hist. de América.
Eu Orbea, que se encuentra en la costanera Norte, en la
Provincia de Santa Clara y no muy lejos del Río Hanabana, cuenta la tradición
que se escondieron, durante 1a. cruel perse- cusión de Cristóbal de Sotolongo,
en pleno siglo XVII, nume¬rosas familias procedentes del Cacicazgo de Macorix.
Su situa¬ción de aislamiento, indudablemente pudo proporcionarles un seguro
refugio a numerosos indígenas; la abundancia en sus mon-
tes de jutías, y la gran cantidad de jicoteas y biajacas que
se encontraban en los numerosos arroyuelos próximos, alimentar pudieron toda la
población prófuga, por numerosa que hubiere sido. ,
Muchos Indios del Cacicazgo de Hanamana, también se
re¬fugiaron en esa zona, que hoy oeupan algunas fincas importantes por sus
buenas siembras de caña, y todavía existen descendientes de aquellas familias
primitivas, en individuos que viven hoy en Ir. misma región.
Pájaro, descendiente del Cacique Anaconte.
En la Finca Orbe a. lindando casi con la ciénaga y en lo más
intrincado de sus montes, encontramos, cuando recorrimos aque¬lla parte de
Zapata, varias familias en cuyos semblantes se re¬trata la huella indiana
clara, y aunque con trabajo, logramos retratar algunas.
El jefe de una de estas familias, es un individuo joven,
sim¬pático, como puede apreciarse por su retrato; alto, ligero y muy servicial,
conoce la ciénaga de aquella región como la palma de su mano.
Se llama Epifanio Díaz, y tiene por alias “Pájaro”, por la
ligereza y prontitud, con que camina sobre las tembladeras de aquella ciénaga
en caza de jutías y cocodrilos.
En conversación que tuvimos con “Pájaro”, en su casa y en
donde acampamos varios días, nos contó, después que la con¬fianza nos permitió
preguntarle por sus ascendientes, que lo era el Cacique Anaconte, que tenía su
pueblo en el Hanabana; se acordaba muy bien de su abuelo, que vivió tanto,
decía, como él pensaba hacerlo si la salud se lo permitía, y que ofrecía un
tipo indio más claro que en él, a pesar de lo marcado que en sus facciones ha
quedado la procedencia indígena.
La familia de Pájaro
Tiene varios hermanos en la zona y algunos parientes entre
los cuales sólo se casan; su hermano vive a la usanza indígena, pues, contando
con algunos más elementos de vida que “Pá¬jaro”, mantiene dos mujeres ,hermanas
ambas, pero que se lle¬van con gran armonía. La mujer de “Pájaro presenta el
tipo yueateco muy caracterizado, como puede apreciarse en el retrato, donde se
encuentra con todos los hijos.
Epifanio se dedica a la cría de puercos y siembra de arroz
en terrenos que tiene arrendados al Sr. Francisco Arango y Mantilla, actual
poseedor de la finca, y desde tiempos inmemo¬riales,, siempre han vivido en
aquellos alrededores, sin salir nun¬ca de su comarca, pues quieren estar cerca
de los restos de sus antespasados, los cuales se encuentran en el Cementerio
antiguo del que fué pueblo de la Hanabana Quemada.
Conservan costumbres indígenas, como pudimos apreciar
mientras estuvimos en su casa; hacen casabe, cosa ya rara en Cuba, pues hasta
en el tradicional Camagüey es difícil encon¬trar hoy quien lo sepa hacer bueno;
apilonan arroz, en pilongos de piedra muy bien labrados; se alumbran con
cocuyos, duer¬men en hamacas y no tienen ni una sola cama d^ esas popula¬res
colombina, pero sobretodo, como dice “Pájaro” con mucha gracia: no necesitamos
del bodeguero ni nunca hemos hecho po¬lítica, cosas ambas casi más raras de
encontrar por los campos de Cuba, que el hacer casabe indiano.
Existe una Laguna muy pintoresca, situada dentro de un Cayo
interior de la Ciénaga oriental de Zapata, que lleva el nom¬bre del Cayo: “Los
Hondones”.
Hoy es muy difícil llegar a ella, por el tramo de ciénaga
que hay que atravesar, extenso y muy dificultoso de caminar, y a cortos trechos
se encuentran variadas tembladeras difíciles de pasar.
Como uno de los pantos de referencia importantes en la
po¬ligonal del levantamiento fué situado en ese Cayo, tuvimos ne¬cesidad de
llegamos a él, y con este motivo pudimos recorrerlo y admirar las bellezas
naturales que encierra.
Un monte espeso cubre toda la superficie del Cayo, y
espe¬cialmente las palmas reales que se encuentran en gran número en su borde
N.E., le proporcionan una perspectiva encantadora,, observándolo desde la
costanera Norte.
Durante mucho tiempo, según cuentan los guajiros, vivió en
ese Cayo un indio, solo, muy viejo, cuyos restos nunca se han encontrado a
pesar de lo que fueron buscados y sólo algunos objetos de su uso han sido
hallados, en una gran seca que hizo accesible el poder llegar hasta sus
tierras.
El Sr. Benigno Mancebo, que reside en una de las fincas
próximas a la costanera, nos contó que su padre, en compañía de un amigo
llamado José Rodríguez, lo visitaron en una remota fecha, siempre con la idea
de ver si podían encontrar los restos del Indio Viejo, que, según voz general,
se hallaban en un su¬midero próximo y registrando la laguna encontraron una
holla de piedra como de 0.20 metros de diámetro, muy pulida y tra¬bajada, en
uno de cuyos bordes presentaba un suplemento que parecía servir, según ellos,
para machacar especies (?).
Esa holla se la llevó un señor de Cienfuegos, pariente de
Don Prudencio Martín del Rey, después que durante muchos años la había
conservado en su finca como bebedero de las ga¬llinas; de los restos del Indio
Viejo, nada habían podido encon¬trar, a pesar de la afanosa y dilatada pesquisa
de su padre y otros guajiros.
El Indio Viejo, según cuentan los cienegueros, sale en
noches de luna a una vereda que recorre la costanera Sur, y manea los caballos
de los que por ella pasan, y sirve a las madres de fa¬milia que viven por las
regiones próximas a esa costanera, para asustar a los muchachos, amenazándoles
con que “mira que te lleva el Indio Viejo”, personaje que es ya fabuloso por
esos parajes, y a quien se achacan variadísimos hechos.
En una finca llamada Bartolina, lindando casi con la Bahía
de Cienfuegos, existe una pequeña cueva, no muy extensa, pero en cambio
profunda y de difícil acceso; en rampa y con gran pendiente bajan sus pasajes hasta
terminar en un gran lago subterráneo muy profundo.
No la pudimos recorrer toda y sólo llegamos al primer
sa¬lón, dificilísimo de cruzar. Cuenta los guajiros, que en esa cue¬va se
refugió un Indio y su mujer, procedentes del pueblo de Caonao, bulléndoles a un
español muy malo e inhumano, a quien pertenecían. A pesar de haber descubierto
aquel escondite el es¬pañol y registrarlo durante varios días, pues tenía la
seguridad que los prófugos allí se encontraban escondidos, habiendo que¬mado en
su entrada gran cantidad de ají-guaguao para produ-cir bastante humo que los
afixiara, candela que ha dejado no¬tables huellas en su entrada, nunca volvió a
saberse más de aque¬lla pareja indiana.
Presumen los cienegueros y por cierto lo cuentan, que ese
lago interior tiene alguna comunicación con el Cayo “Los Hon¬dones”, por donde
escaparon, y que pasados muchos años, des¬pués de muerta la india, fué allí a
vivir el indio, que luego se conoció por el “Indio Viejo”, del que ya hemos
tratado.
Cirilo Jorge y su familia
El Encargado de la Finca “Cabeza de Toro”, situada en la
costanera Sur, propiedad del señor Manuel Antón Recio de Mo¬rales, es un
guajiro de atrayente figura, y simpático trato, cono¬cido por Cirilo Jorge,
aunque según nos contaron otros vecinos, no es este su verdadero nombre ni
apellido, ignorándose a qué causa, obedece el que lo haya cambiado.
Nosotros no podemos asegurarlo, pero muchos cuentan como
¡íierto el hecho, y lo atribuyen a variados motivos, pero
ninguno ileshonroso.
El simpático viejo nos decía, que al fondo de la Iglesia de
Yaguaramas, pueblo de donde procede él y toda su familia, le oyó contar muchas
veces a sus antecesores, que existía una vieja ' eeiba que un temporal tumbó, a
cuyo alrededor se encontraban situadas las casas o bohíos de los antiguos
indios de Yaguara¬mas, contemporáneos de la conquista, y que aquel lugar se
se¬ñala actualmente por un gran jagüey, muy coposo: que de cierto se sabe que
en esos alrededores se encuentran enterrorios de objetos de valor, procedentes
de los indios, cuando la con-quista y posteriormente durante las encomiendas,
tras los cua¬les han andado mucho tiempo los vecinos, haciendo excavacio¬nes
numerosas.
En cierta ocasión se rebelaron los indios encomendados de
faguaramas, y asaltaron la iglesia, destruyendo las imágenes, quemaron los
altares, llevándose cuantos ornamentos y objeto* del culto creían ellos podían
ser de valor para los españoles- íntre las cosas que se robaron, se encontraba
una mano de piat? 5[ue servia como reliquia en ella, por haber pertenecido al
Padr*' Bartolomé de las Casas (50).
Antes de la guerra de independencia, al hacer ciertas
refor¬mas en los cimientos de la iglesia, fué necesario abrir varias
ex¬cavaciones, y en una de ellas, se encontro esa mano cte plata que los indios
habían escondido allí, enterrándola, mano que dice este señor, que en la
actualidad se encuentra en la Iglesia de Ya¬guaramas, y se usa en la pila para
echar el agua en los bautizos.
En la Caleta del Rosario, Bahía de Cochinos, nos contó el
señor Jesús Bonachea, propietario de una finca llamada ‘‘La Gallina” y que
también linda con la Bahía, que había encontra¬do hace unos diez años, una gran
cantidad de piedras labradas de diferentes figuras y tamaños, las cuales las
envió para la Habana, el señor Lombillo Clark, que por aquel entonces se
en¬contraba por aquellos parajes, estudiando los terrenos de Zapata.
(50) Hasta 1858
so conservaban los vestigios de la casa que ocupó este famoso Padre en la
Hacienda Auras.—Pezuela, I)ic. Geográfi¬co de Cuba.
Estas piedras se han perdido, y posiblemente eran análogas,
a las que posteriormente encontramos nosotros, en la Finca San Isidro,
costanera Norte.
También se ha perdido, una flecha de madera de cuaba, como '
de 0.50 metros de longitud muy bien conservada, y que encontró el capataz
Severo Vázquez, cuando el emprendedor gallego Máximo Yebra construyó en su
Finca Ventura, la zanja de Ve¬nero Prieto, para desaguar los terrenos de este
nombre, y pro¬porcionarle a la bella y extensa finca de su propiedad, un fácil
camino fluvial, para la explotación de sus montes.
Entre todas las cuevas que cuentan los guajiros de Zapata .
que sirvieron de refugio a los Indios, ninguna tiene la populari¬dad que la de
los Bagazales, habitada en añejas épocas por un indio, último resto de aquella
sencilla y sufrida raza, indio que la tradición conoce como el Indio Triste de
Id Cueva de los Ba¬gazales. .
•Sobre este personaje existe una leyenda muy conocida de
to¬dos los cienegueros, y que damos a conocer del resto de los cubanos que
pudieran interesarse por las leyendas y tradiciones de nuestros montunos de
Zapata.
Cerca de la costanera Norte de la ciénaga oriental, no muy
lejos de Cienfuegos, existen dos Caseríos pequeños, de una vein¬tena de vecinos
cada uno, llamados Charcas y Guasimal; en ellos viven varios viejitos conocidos
en toda la zona y muy apre¬ciados, por su gran hombría de bien.
Se llaman, Juan Caro, Leonardo Varela, Rosario Jiménez,
Nicasio García, Cosme Jiménez y Carlos Niebla, y son persona¬jes influyentes en
la comarca, solventes, y trabajadores; ellos nos proporcionaron estos datos
soibre el Indio Triste, en una breíve estancia nuestra por esos poblados, donde
acampamos en labores de Ingeniero, mientras hacíamos los estudios para la
desecación del gran pantano de Zapata,
Con ellos visitamos la cueva, si por tal puede considerarse
el monumento, cuya fotografía damos, y especialmente el más anciano nos relató
la leyenda que oyó contar a sus antepasados.
Este monumento está pintorescamente situado en un terreno
muy fragoso, en una especie de península que se encuentra
bor¬deada por dos veneros procedentes del Río Alcalde Mayor; es de planta
circular, con dos cámaras concéntricas, altas y sóli¬das, a pesar de hallarse
hoy casi toda destruida.
La Cueva del ludio Triste
La tarde que lo visitamos hicimos algunas excavaciones en
sus alrededores, y en un pequeño montículo sobre el cual se apoya el monumento,
encontramos los restos de un valiente Te¬niente del Ejército Libertador, que
cuando la guerra muño allí de fibres en esa región donde operaba: este héroe
anónimo, según nos contaron, se llamaba Gustavo Mesa, y ahí reposan sus restos
olvidados, sobre los cuales pusimos nosotros una rus¬tica cruz que indicara el
sitio donde moran.
Siendo festivo el otro día, siguiente al de la visita y
explo¬ración de la llamada cueva del Indio Triste, aprovechamos esa coyuntura
que nos dejaba libertad completa, y nos fuimos a ■Charcas,
donde encontramos uno de nuestros ancianos acompa–antes,
el bondadoso Compadre Sacramento, como es más
cono¬cido el señor
Rosario Jiménez por aquellos alrededores,
quien nos refirió la leyenda qué tanto deseábamos conocer, pícaüa co¬mo estaba
nuestra curiosidad por cuanto de aquella zona nos referían sus pobladores.
El Compadre Sacramento era el más viejo de los ancianos
acompañantes de la excursión, baracutev como dice, sin familia ni atenciones
que cumplir, y último de una raza que según cuenta él ya había vivido demasiado
por estas andurriales.
Comienza el Compadre su narración y dice:
“Contaba mi padre, nativo de Yaguaramas, único poblado, que
por estos campos se hallaba en muchas leguas a la redonda, que en sus mocedades
había tenido la peregrina idea de ser- montero de finca, y durante cuatro meses
solamente lo había sido de la Hacienda Juraguá que ustedes conocen hoy, y
célebre entonces por las plagas de hormigas bravas que se dejaban sentir- en su
asiento.
“Por aquellos remotos tiempos, todos estos terrenos eran
rea¬lengos y estaban cubiertos de un tupido monte muy dilatado, a través del
cual era muy difícil transitar, sin un gran caballo y buenos perros, por los
jíbaros que entonces lo infestaban.
“Siempre a caza de cimarrones y jíbaros, y en busca de reses
perdidas, andaba mi padre, el cual era tan notable cazador de venados, que ha
dejado recuerdos muy intensos aun, en toda la comarca por la precisión de su
tiro.
“Cruzaba mi padre con frecuencia por una vereda que era el
único paso posible para ir de Juraguá a San Jerónimo, ve¬reda muy agosta y de
mal camino, por las seboruqueras que en ellas se encontraban, y agravado además
por el mal paso del Eío Alcalde Mayor, que para cruzarlo obliga a remontarse al
montuno, hasta sus veneros de la ciénaga.
“Jinete en una yegua baya muy apreciada, acompañado siem¬pre
por su pareja fiel de perros negros criollos, bravos y de¬cididos para los
cimarrones y jíbaros, y que al voceo del amo, registraban los más ocultos
rincones de la selva, y con sus la¬dridos indicaban la caza que habían
capturado, tenía mi padre la costumbre de recorrer aquel camino semanalmente,
en busca de reses perdidas en los profundos babineyes de Matun.
“Discurría en cierta ocasión, poco antes de partirse el día,
por aquella endemoniada vereda solitaria, ansiando sólo acabar de llegar al
término de su viaje, cuando al acercarse a cruzar el venero que forma el río al
desaguar en la ciénaga, relinchó la yegua, y contra su costumbre se negó a
pasar por el agua; re¬sistida y en plena rebeldía, no hubo fuerza humana ni
castigo que la decidiese a pasar y ni aun los golpes que incómodo mi padre, le
propinaba, con el lomo del machete, le hizo cejar en sus pro¬pósitos de rebelión.
“Cansado y sudoroso dejó que la yegua siguiera por la
ribe¬ra, para cruzar por el paso de la Jocuma, donde ya al llegar al poco rato
tranquila y calmada, cruzó la gran corriente y anchu¬ra que el mal vado en ese
lugar tenía; tratando de encontrar por la opuesta orilla, desandando el camino,
la vereda abandonada, luchó infructuosamente por conseguir del animal su
obediencia •acostumbrada, y cansado otra vez de darle espuela y castigarla -con
saña, se decide al fin atravesar aquel monte tan extenso e infranqueable.
“Luchando entre sus árboles y bejucos, encontró un ttillo,
•que parecía recientemnete traficado, y siguiéndolo a rumbo, pen¬cando salir a
algún limpio y orientarse, continuó con gran traba¬jo el viaje.
“Ya muy tarde contaba mi padre que había llegado a una
pequeña sabana, de donde arrancaban varios trillos muy abier¬tos, y dejando a
la yegua la elección del que debía seguir, prosi¬guió atravesando el monte,
cada vez más intrincado y tupido.
“Cayendo la tarde llegó a un sabanetón quemado, en media
-del cual distinguió algo como una casa cubierta de guano, y ie la cual salía
gran humareda; acércase a ella, y desmóntase, cuan¬do tropieza de vuelta de un
jobo donde había dejado e! animal amarrado, con un hombre alto, flaco, viejo y
completamente des¬nudo, que del monte próximo regresaba, trayendo en sus
hom¬bros un gran tranco de leña. Era un indio, a no dudarlo.
“Al distinguirlo dirígese a él y al darle las buenas tardes
que el ritual de cortesía montuna exige, el indio le hace señas y gestos que él
por la distancia no entendía, y dejando el leño en el suelo, resueltamente se
dirige a mi padre en una aptitud qua no parecía pacífica.
“Sin dejarlo acercar a aquella casa, pues siempre el indio
se le ponía delante, aburrido decídese al fin el Montero a montar en su
cabalgadura, llamando a los perros que no se encontraban allí; y entonces el
indio que lo siguió, cogiendo de la brida el
caballo, lo conduce a través del monte por un trillo muy
angos¬to y dilatado, hasta sacarlo a la vereda de Juraguá, donde ya continuó mi
padre el camino, llegando al amanecer a la finca.
“Nadie ha podido saber que pasó entre mi padre y el
soli¬tario indio durante aquel largo camino; a nadie le contó mi padre lo que
durante el viaje pudieron hablar, nadie lo ha sabido nunca, pero yo sí recuerdo
que estuvo enfermo bastante tiempo después, y renunciando al fin el cargo de
Montero, se retiró para Yaguaramas con la familia.
“Algo muy triste sin embargo debió contarle el Indio a mi
padre durante el camino, porque siempre que éste se refería a aquel suceso,
llamaba al Indio, el Indio Triste, nombre con que la tradición ha conservado el
de aquel desconocido sujeto”.
Andando el tiempo—cuenta el Compadre Sacramento,— arrendé un
sitio para hacer carbón entre esos montes, en tierras de la finca “Ojo de
Agua”, y buscando cierto día un lugar alto y apropiado donde sacar, tierra para
el plan de los hornos, tro¬pecé con la cueva, que todavía conservaba su
techumbre muy antigua. i
Participó Sacramento el ¡hallazgo a varios vecinos, y un
día, bien armados, un grupo numeroso de ellos y llevando a su frente la
autoridad representada por el Cabo de ronda de Yaguaramas, partieron en busca
de la cueva del Indio Triste, encontrándola igual a como cuarenta años antes la
había descrito el Padre del Compadre Sacramento.
Registráronla minuciosamente, tropezando con el esqueleto
del Indio que ellos enterraron en el lomentón, que luego escar¬bamos nosotros
en nuestro viaje, y amontonados en el centro de la cueva se hallaron muchos
objetos de piedra, una gran macana de guayacán muy reluciente, todo lo cual
cuentan ellos que enterraron junto con los restos.
Desde que estos sucesos pasaron, dejó de ser frecuentada la
vereda, que se cerró por la falta de uso, y hasta que las tumbas de los montes
no acabaron con la selva,, limpiando aquella zona,, nadie osó usar aquel camino
que pasaba cerca de la Cueva del Indio Triste.
El Indio Triste, como el Indio Viejo y como muchos otros
Indios que la fantasía guajira ha creado, haciéndolos populares.
en relatos que la tradición luego ha conservado, son
personajes actualmente muy importantes, en las supersticiosas creencias de los
Montunos Cienegueros.
Invariablemente todos son séres dotados de una maravi¬llosa
vitalidad y a pesar de que esos hechos referidos que los hizo populares,
acontecieron hace ya mucho tiempo, ellos viven todavía y pueden verse en noches
de luna en las Veredas de la Península, como lo aseguran todos los Cienegueros.
Difícilmente se encuentra uno solo, por muy joven que sea, que no se haya
tropezado ya con toda la numerosa corte de estos entes mito¬lógicos.
Sin embargo, todos estos personajes no se dedican a lo mismo
en las Veredas del país; algunos como el Indio Triste, que es serio y
reflexivo, se dedican a llorar las desgracias de su raza y las crueldades con
ella cometidas.
Por el contrario, el Indio Viejo, es un guasón; manea los
caballos de los guajiros transeúntes y ríe, ríe con ganas, extre- pitosamente,
cuando logra tumbar al jinete.
Algunas veces monta a la grupa del jinete y se hace conducir
a ciertos lugares, sin que aquel pueda oponerse en modo alguno.
Prestan tal fe a estas infantiles creencias los cienegueros,
que cuesta trabajo infinito el contener la risa que se escapa de los labios,
cuando se oyen estos relatos de boca de hombres enca¬necidos por los años, y
que con temor supersticioso, hablan muy seriamente de todas estas patrañas.
CUATRO AÑOS EN LA CIÉNAGA DE ZAPATA
CAPITULO VI
STJ3s^:A.iaiO: LA PROPIEDAD TERRITORIAL EN ZAPATA-II, Las
Ha¬ciendas nómadas de la Cuenca.—III, Los centros poblados en la Broa, Jagua y
Cochinos.—IV, El triste sino de la Hacienda Zapata y la transfiguración de la
vapuleada Hacienda Ventura.—V, Los sueños de expansión territo¬rial de los
Terratenientes de Zapata.
'LEYENDA: El legendario Tata Lechuzo y sus descubrimientos.
I
Al conquistar los españoles a Cuba, no encontraron en su
«uelo, ningún cultivo agrícola, pues no merece tal nombre el de las viandas y
raíces que los indios sembraban en los conu eos, muy limitados en extensión, y
ocupando una pequeñísima parte del territorio isleño; pero por otra parte los
españoles, tampoco se dedicaron durante los primeros años al cultivo de las
tierras, ni establecieron en ellas crianzas de ninguna clase, pues poco les
resultaba el tiempo, para tratar de alcanzar por medio de las minas el más
rápido y exclusivo engrandecimiento particular.
Después del año 1511, en que Diego Yelázquez ocupó la Isla,
las tierras cubanas podían considerarse como realengas, sin dueño alguno, y
pertenecientes todas, como es consiguiente, al Estado Español que las
conquistó.
Nadie se ocupaba de adquirir tierras en una región sal¬vaje,
tan distante de Castilla, y los que pasaron a establecerse en ella, no lo
hicieron con el objeto de arraigarse en el país, sino exclusivamente con el de
aprovechar el beneficio de las minas de oro que parecían existir en su suelo, y
que ya comen¬zaban a descubrirse en Jagua y otros puntos de la isla.
Después de fundados Sancti Spíritus y la Trinidad, y en
plena explotación las minas de Jagua, dispersáronse en busca
del oro los españoles por toda la región central, y en
varios puntos se establecieron, pudiéndose ver aún en ella, huellas de aquellos
primitivos trabajos de exploración en busca del precioso metal; algunos se
situaron en Escambray, otros en el Hato Minas Ricas, donde se nota que debió de
sacarse bastante mineral, en la Mélonera, Hato Guaracabuya, en las Lomas de San
Juan, Abra de Varona, Río Jdbabo, etc.
Con este único objeto trataban los primitivos colonos de
adquirir la posesión, no del terreno, sino de las minas y los indios a ellos encomendados
para esos trabajos.
Este estado de cosas vino a ser perturbado, por las nuevas
de grandes riquezas alcanzadas en corto tiempo, en tierras re¬cién descubiertas
y en proceso de conquista; el descubrimiento de Méjico (1516), su conquista
(1518) ; el del Mar del Sur (1513) y sus tierras costeras (1516), la conquista
del Perú y la expedición a la Florida, originaron gravísimos perjuicios por el
momento, a la novel colonia Juana, perjuicios que andando el tiempo se
tradujeron en un gran beneficio.
El inmoderado afán de lucro de que estaban poseídos los
Colonos de Cuba, las ansias de enriquecimiento rápido, y los pocos o más bien
moderados beneficios que les proporcionaban las minas, obligó a la mayoría de
ellos a emigrar, abandonando el país, y trasladándose al Continente,
ilusionados por las ri¬quezas que sus tierras brindaban.
El continuo arribo de las flotas a Jagua, procedentes
de¬Tierra Firme, conduciendo riquezas y tesoros, o las que a ella llegaban
cargadas de castellanos en son de conquista, trasladaron día tras días la casi
total y exigua población de la zona, y faci¬litaron la despoblación del
territorio; pero esa escala que ellas hacían en su puerto para avituallarse,
creó la necesidad de fo¬mentar las tierras, para producir viandas y ganados necesarios
a aquellos conquistadores.
A este arribo que causó un mal por la facilidad que brindó
para la despoblación, se debe que diera comienzo el fomento de las crías de
reses, de cerdos y sobre todo de bestias de guerra,., pues alcanzaron por la
escasez, buenos y altos precios los ganados, originando, el que se
establecieran en los terrenos que cada co¬lono escogió a su gusto y
satisfacción, haciendas de crianzas sin regla alguna; y no podían tener ellos
la más remota pre¬
sunción de que algún día sería de gran trascendencia aquel
desorden en el reparto de las tierras, reparto que no obedecía más que a la
soberana voluntad de cada encomendero, porque aquellos tiempos no eran los más
apropósitos para preveer el futuro.
Familias cienegueras y el Gobernador de la Habana Alberto
Barreras
Por otra parte, aquel desorden no podía notarse, entonces,
por la escasez de población y la gran extensión de terrenos a repartir, y era,
desde luego, el mejor método para escoger ca¬da uno su hacienda, el construir
un rancho malo de guano, en un terreno de 300 o más caballerías, y de este modo
tenían fi¬jado su predio, o más bien el derecho a fomentar reses en el que era,
y no el terreno, ló que valía.
Con las necesidades cada vez más en aumento, de ganado, para
surtir las flotas, que hicieron de la Bahía de Jagua, obliga¬do lugar de arribo
y avituallamiento de ellas, los grandes beneficios que este comercio
porporcionaba, fomentó la crianza de ganados errantes, y en esta forma se
constituyeron las pri¬mitivas haciendas, obligadas a ello, además, por la
feracidad de las tierras y la falta de brazos, para un trabajo ordenado y
metódico.
Las primeras haciendas o fundos de ganados, fueron pre¬dios
volantes, sin situación fija, ni determinada: errante el ga¬nado, pastaba por todo
el territorio, y como las haciendas todas se dedicaron a la crianza, y no al
cultivo, pudieron subsistir en esa forma, y para nada necesitaban los límites.
En aquella épo¬ca, toda la isla era un despoblado inmenso; los pocos pueblo» de
castellanos que existían, formados por unas cuartas chozas de guano, se
encontraban separados por dilatadísimas distancias, y en aquel enorme desierto,
que tal era el territorio de la isla, sólo uno o más ranchos de vara en tierra,
indicaban en algunas sabanas el refugio de los monteros, que por aquellos
lugares me¬rodeaban con sus crianzas.
Todo estaba en embrión, y hasta por crearse en aquellos
primitivos pueblos tan apartados, regidos por municipios igno¬rantes y
abandonados desde el nacer por la mayor parte de los habitantes, que emigraron
a Tierra Firme.
Los escasos y primitivos pobladores que en ella quedaron,
obtuvieron el beneficio que su corto número les proporcionó, en la crianza de
ganado, pues llegaron a alcanzar éstos precios fabulosos; y eran los hacendados
tan pocos y tan grande la exten¬sión de las tierras, que al repartírselas para
fomentar aquellas crías ambulantes, no podía originarse discordia alguna y en
com¬pleta armonía se desarrolló el negocio, sin interferir unos con otros.
Esta situación de completa paz y progreso no duró mucho
tiempo; la brillante perspectiva que la crianza brindaba, hizo afluir a Cuba
otros colonos procedentes de Haití, Jamaica y el Darién, y a medida que su
número aumentaba, y con ello la población, aquellas haciendas ambulantes, nómadas,
llegaron a interferirse, creando intereses encontrados-, y por consiguiente
pleitos, disgustos y litigios, que el Gobierno trató de evitar cuan¬do fueron
numerosos, dictando una disposición, por la cual se prohibía que los colonos
pudieran fomentar crianzas y establecer haciendas, sin un competente permiso de
la autoridad. Esta dis¬posición se condensa “en la prohibición más absoluta,
para que nadie pudiera poner asiento de crianza, sin la especial merced del
cabildo” (1).
(1) Tranquilino
Sandalio de Noda.—Memorias de la Sociedad Econó¬mica de Amigos del País.
Entre, las gracias otorgadas a los primitivos pobladores de
Cuba, por el Soberano Español, después que Diego Velázquez participó al
Gobierno la conquista de Cuba y su total pacifi¬cación, fué una, el hacer
extensiva a. ellos, las que originaria¬mente se concedieron a los de la
Española (Santo Domingo), facultando sus cabildos para esos repartos de
tierras; pero en Cuba estas entidades formadas por los propios colonos, todos
iguales y poseídos de inmoderado atan de lucro personal, nunca se preocuparon
de establecer cierto orden elemental en el reparto de sus tierras y hasta 1540,
es decir, 30 años después, bien tarde por cierto, no comienzan los cabildos a
ocuparse de reglamentar, y bien mal cuando lo hicieron, el reparto de los
terre¬nos, al dictar con esa fecha la. primera disposición que se conoce sobre
ellos.
Faisaje Cieneguero
Hasta el año 15-40, pues, los encomenderos pudieron a su
gusto y sin atender a ley alguna de beneficio general, repartirse los terrenos
cubanos, y conviene, por consiguiente, establecer estas dos diferentes etapas,
en el reparto del territorio: una anterior a
esa disposición que comprende desde 1511 a 1540 y otra
poste¬rior a ella, hasta 1729.
Durante esta primera etapa, las haciendas ambulantes y
nó¬madas que existieron, no forman predios determinados, con si¬tuación estable
y fija y a esa peculiar constitución se debe, que se encuentren en el estudio
de estos problemas, anomalías muy raras que al parecer no tienen manera de
explicarse.
Las haciendas nómadas de la Cuenca de Zapata, sin límites
fijos, sin extensión apreciada, llegaron a constituir centros pro¬ductores
importantes, verdaderas haciendas de puercos, como entonces se las designaba, y
lograron muchas veces salvar del hambre a toda la Isla; cuando en 1527 la
escasez se enseñoreaba en toda Cuba, (2) reinaba, en cambio, la abundancia en
la Cuen¬ca de Zapata, y sólo en ella existían sobrantes de casabe y puer¬co en
cantidad apreciable para poder surtir la flota de Narváez, en las haciendas que
en Jagua y Trinidad poseía el cruel caba¬llero Vasco Porcayo.
Durante esta primera etapa, los incipientes hacendados,
ex-clusivamente atendían a la crianza de ganado, para lo cual sólo fijaban el
lugar del asiento, donde fabricaban un pequeño ranchó.
Estos primitivos y peculiares hacendados, cargaban con su
Hato, esto es, su rebaño o manada de animales, que es lo que propiamente
significa la voz hato, de un sitio a otro, mudándolo y extendiéndolo a veces
con perjuicio de otros ya establecidos.
En esta forma se encontraban emplazadas en 1a. Cuenca de
Zapata, algunas haciendas errantes, que disfrutaban los terrenos de la
Península, para la crianza, y en ellos la tradición ha con¬servado muchos
nombres primitivos, que indican las faenas a que se dedicaban sus originarios
pobladores.
. En la región occidental, parece ser que existían grandes
crías de cerdos, que se beneficiaban, y con cuyas carnes se hacía ta¬sajo para
surtir las flotas, y en la finca llamada “La Tasajera”, situada frente al
litoral de la Ensenada de Diego Pérez, su nom¬bre indica claramente que a ello
se dedicaba; excelentes potros de monta, que se maneaban para domarlos en el
Hato Manea- dero frente a la Ensenada de la Broa, abundaban en esa finca, cuyo
nombre también claramente así lo indica.
Nada que no sean las vagas tradiciones de los cienegueros
occidentales, se encuentra, que pueda dar alguna referencia de esta primera
etapa de la propiedad territorial en la Cuenca, pero indudablemente,, todo
tiende a demostrar que en ella debie¬ron existir, por la buena calidad de sus
terrenos para crianzas y proximidad a la Bahía de Jagua, y ellas fueron, ya en
años próximos a 1540, abandonadas, pues recuerdos aun existen to¬davía, que se
conservan claros de esta primera etapa y abandono en toda la zona.
Las crónicas históricas de aquellos remotos tiempos nos
cuen¬tan que por los años de 1531, las discordias que se establecieron entre
los castellanos que residían en Trinidad y Sancti Spíritu, que degeneraron en
luchas armadas, pretendiendo imitar aquellas guerras de las comunidades
españolas, causó graves perjuicios; los abusos y atropellos con los indios, que
originaron suicidios a gra¬nel, deserciones y guerras, limitaron, por otra
parte, el número de brazos a disponer para el fomento, reduciendo todo esto
conside¬rablemente, junto con la disminución del tráfico marítimo por la costa
Sur, que anuló su importancia, los beneficios de las ha¬ciendas de crianzas,
obligando a la mayor parte de los hacenda¬dos de esa región a abandonarlas y
trasladarse a ciertas haciendas que tenían por la costa Norte de Matanzas, que
entonces ofre¬cían brillante perspectiva, por el arribo a la Habana de las
flotas de Tierra Firme.
A todos estos graves males se unían para perjudicar más los
intereses de los primitivos hacendados, las impopulares disposi¬ciones del
Adelantado Soto en 1538, prohibiendo entre ellas ba¬jo pena de la vida, el que:
... “ nadie vendiese caballas ni mantenimientos fuera de la
Is¬la...” (3). .
disposición que fué el golpe de gracia para aquellas
haciendas que precisamente medraban, casi exclusivamente, con la venta de
casabe y ganados, carnes saladas y cueros, a los barcos que se dirigían a
Tierra Firme.
Cuando se vino a reconsiderar éste, los graves daños que esa
absurda disposición había causado en las hacienda's de la cuen¬ca, eran
irremediables, pues todas ellas estaban ya abandonadas
y cuando comenzaron a poblarse de nuevo se liabía terminado
la época de las conquistas, como lo indica Pedro Dávila al Rey, en cartas (4)
en donde a la letra se dice:
...“la principal granjeria era la saca de yeguas e ínulas
para los descubrimientos, y como éstos ahora cesan, nadie se aprovechará...”
I^agunas en la Costanera ce la Ciénaga
Al cesar la época de las conquistas, descubiertas y
completa-mente dominadas y en fomento las nuevas tierras del Golfo de Méjico, y
conocido y frecuentado el paso por el nuevo Canal de Bahamas, ruta Norte que
luego siguieron todas las flotas que a España se dirigían, perdió su
importancia la Costa Sur; dejó Jagua de ser puerto principal de refugio, y
adquirió la Haba¬na una importancia tal, que pronto fué la Capital de toda la
Colonia, y el puerto más importante de toda la América.
Poco a poco la soledad se fué extendiendo por aquellas
cos¬tas de la cuenca, antes tan pobladas; dejáronse de fomentar sus tierras,
las reses que en ellas se abandonaron se volvieron jí¬
baras, y los perros y cochinos que no se recogieron,
formaron luego grandes piaras de cimarrones, que se multiplicaron nota¬blemente
y llegaron a causar en épocas posteriores, irremedia¬bles daños en las crianzas
de las haciendas colindantes con la -Ciénaga.
El patricio José de Armas y encargado Cieneguero
Aunque en épocas posteriores volviéronse a poblar, nunca lo
fueron con la intensidad de esta primera etapa, y el proceso ■de fomento nunca alcanzó ya jamás la importancia de esta épo¬ca, pues la supremacía del tráfico marítimo
fué adquirida por la
Costa Norte, reduciendo las del litoral Sur a nido de
piratas y contrabandistas.
En la Cuenca de Zapata existen dos fincas que han sido
cé¬lebres por sus numerosos jíbaros y cimarrones: la llamada Finca El Tejar y
el Hato Mwijuarí.
En la primera, los perros jibaros no permitieron nunca en
épocas anteriores al 1850, crianza alguna y especialmente en un lugar de ella
llamado Hoyo Jíbaro era bastante peligroso para los monteros o guajiros entrar
solos. Todavía tienen fama los jíbaros de El Tejar, y sólo al desmontarla toda
para ser sembra¬da de caña, ha logrado su actual dueño, nuestro simpático amigo
José García Robles, acabar con sus madrigueras.
La finca El Tejar, célebre además por sus extensos
guaya¬bales cotorreros, los aparecidos que sin cabezas en ella se reú¬nen los
Jueves de todas las semanas, según cuenta su viejo en¬cargado, lo ha sido mucho
más por las atrevidas excursiones hípicas y cinegéticas de su propietario, de
las cuales conserva indelebles pruebas en todo su cuerpo...
El Hato Manjuarí fué siempre notable por los cochinos
ci-marrones de sus costaneras, tan fieros y decididos que, según nos contaba su
antiguo dueño, el patricio José de Armas, no respetaban perro por bravio que
fuese, y era esta la razón por la que siempre este respetable anciano andaba
pertrechado de balas y su rifle sobre el caballo... .
II
Parece probado que entre los Ayuntamientos de la Isla, que
mercedaron tierras, fué el primero Sancti Spíritu, y con anterioridad al año
1540, ya aparecen mercedes, de este Cabildo, en fincas pertenecientes a su
jurisdicción.
Toda la zona que comprende la Cuenca de Zapata,
corres¬pondía al Ayuntamiento de la Habana, y las tierras mercedadas
pertenecientes a ella, lo fueron por su Cabildo, cuya jurisdic¬ción parece ser
que se extendía hasta esas remotas regiones.
En la cuenca, no aparecen mercedes anteriores al año 1540, y
puede considerarse esa fecha como la del origen regular de las concesiones de
tierra, por cuanto al fijar el Gobierno la obli¬gación de solicitar del Cabildo
correspondiente, permiso para fo¬mentar haciendas, indicando el lugar de su
asiento, dió con ello motivo a establecer la demarcación en cierto modo, cosa
que antes no se practicaba en las haciendas errantes de toda la Isla, en las
cuales sólo la voluntad del hacendado fijaba los terrenos don¬de se establecía
sin solicitar, ni participarlo siquiera, a autoridad competente alguna.
Sin embargo, esta primera y vaga disposición, que sólo
exi¬gía del hacendado que solicitara como mera fórmula de los Ayuntamientos
correspondientes el permiso para el fomento, indicando el lugar que escogía
para el asiento, no terminó ra¬dicalmente con la práctica en uso de las
haciendas errantes, .•ayos ganados vagaban por todo el territorio de la Isla, a
veces a muchas leguas de sus asientos respectivos.
Fué necesario ampliar, al cabo de cierto tiempo, esta
primera disposición, añadiendo:
que al pedimiento de merced para criar, se acompañase la
desig¬nación del lugar o sitió, donde había de asentarse la hacienda, y la
relación de sus confinantes.
Esta nueva disposición limitó algo los abusos, pero no
ter¬minó con ellos, pues dejaba'en libertad a los hacendados, para extender sus
ganados a la distancia que quisieran, aunque fuera a terrenos ocupados por
ganados de otras pertenencias, libertad que no originó grandes discordias
entonces, por lo escaso que eran ellos y las grandes extensiones de las tierras
que ocupaban.
En cuanto el número de hacendados creció, y aumentaron ’ is
crianzas, sobrevinieron disgustos miles, y sobretodo la poca precisión que se
usaba al fijar y describir los asientos, fué causa de que se concediesen
mercedes, con idénticos asientos, aunque con nombres distintos, en tierras que
disfrutaban varios gana¬deros.
En forma muy vaga, con nombres muy variados y que no se han
conservado, fueron mercedadas muchas haciendas, que luego, con el transcurso
del tiempo, se vió que pertenecían a va¬rios propietarios, y que, todos ellos,
tenían igual derecho; pero como aquellos primitivos colonos, nunca tuvieron la
menor idea de que las mercedes pudieran considerarse algún día como ver¬daderos
títulos de propiedad de la tierra, ni que el nombre de Hato habría de
significar una heredad, un espacio de tierra de magnitud determinad*, no le
concedieron importancia a las des-
eripciones de sus haciendas, y sólo se limitaron a disfrutar
de ellas, en la crianza del ganado.
En aquellos remotos tiempos, era sólo el ganado y no la
tie¬rra, lo que constituía el Hato o Hacienda, y la merced se con¬sideraba, no
como la propiedad de aquélla, sino simplemente la facultad de crianza dentro de
esas tierras; eran bienes semo¬vientes, y no raíces, lo contrario de como
fueron luego consi¬derados.
• •
Avance de la Ciénaga
En estas condiciones, fijándose solamente de una manera muy
vaga y confusa los asientos de las haciendas, se concedieron mercedes, que sólo
a la fijación imprecisa atendía en los asien¬tos, pudiendo los hacendados en
cambio, pues nada limitaba esta facultad, extenderse con sus ganados a partir
de él, a las distancias que creyeran pertinente.
El tiempo que hizo aumentar como es consiguiente el núme¬ro
de criadores de ganado, fué reduciendo el espacio en donde ellos podían
extenderse con sus crías, limitando de tal modo esta facultad, que llegaron a
interferirse sobreviniendo disgustos y
litigios, que para cortarlos, creyó prudente el Gobierno
hacerlo, mediante una nueva disposición más restrictiva, en cuanto a esa
extensión indefinida de que gozaban, fijando ya ese límite, que a partir del
asiento podían extenderse con sus ganados.
Esta disposición vino a terminar con las primitivas
hacien¬das errantes, dando nacimiento a la figura regular y definida de ellas,
y apesar de lo que generalmente se cree, la forma adop¬tada, el círculo, no fué
prefijada, determinada ni escojida por los Cabildos; ella fué consecuencia de
la falta de precisión y me¬dida, que hizo adoptar una distancia fija, alrededor
del asiento para que dentro de ella pudieran moverse los ganados, y como es
precisamente el círculo, la única figura que goza de la pro¬piedad de quedar
determinado por su radio, quedaron circula¬res las haciendas todas de la Isla.
'
La disposición establecía que: nadie pudiera montear a más
de dos leguas a la redonda de su asiento; con lo que no se hacía distinción
alguna entre las haciendas de ganado mayor y aque¬llas que se dedicaban a la
cría de cerdos, y tuvieron que trans¬currir 17 años, para que se pusiera de
relieve, esta injusticia, al considerar todas las haciendas como iguales, sin
estudiar sus necesidades, y en esa fecha se modificó, limitando las de ganado
menor, a la distancia de una legua de su asiento.
Esta distinción, diferenció, pues, las haciendas, y creó con
ella los hatos y corrales, según la crianza establecida, pero in¬dicando
claramente que esos terrenos limitados por los círculos que establecían esos
radios a contar desde el asiento, no eran propiedad del hacendado, quien sólo
tenia sobre ellos, la juris¬dicción de sus crianzas donde el ganado extraño no
podía pe¬netrar.
El hato, como el corral, no obedecía a magnitud alguna
de-terminada, pues eran denominaciones que sólo indicaban la na¬turaleza de la
crianza, hasta el extremo que si uno de ellos, se dividía en pequeñas partes,
seguía siendo cada una de esas pe¬queñas partes, hato o corral, según la clase
de su crianza.
La idea de la medida o extensión de las haciendas, nació muy
luego, cuando las tierras adquirieron algún valor, y ya muy tarde fué cuando se
midieron y deslindaron de un modo pre¬ciso, apreciándose la superficie del
corral completo en 421 ca¬ballerías o 4 leguas de tierra, y la del hato en 16
leguas, crean¬
do con esto otra confusión en la unidad de medida empleada
que vino a hacer más nebuloso el problema.
La división de la propiedad territorial en Cuba ha originado
por su peculiar y confusa constitución, múltiples problemas, y los pleitos
miles por ella formados, han consumido grandes for¬tunas, casi siempre
invertidas en honorarios y costas de letrados, que en ellos intervinieron. Muy
numerosos caudales se han con¬sumido en bufetes poco escrupulosos, que en
último término se han quedado con la propiedad, enriqueciendo de este modo a
las personas que en ellos tomaron parte.
Muy significativo resulta, que, cuando el Gobierno de la
Metrópoli, hizo extensiva a Cuba, las concesiones establecidas para los colonos
de La Española, facultando sus Cabildos para conceder mercedes de terrenos,
prohibió en lo absoluto con alto espíritu previsor, que a ella pasaran
letrados, por que decía la Eeal Orden, que:
... “ se había visto por experiencia que excitaban a pleitos
a los ve¬cinos. .. ”
Sin embargo, debe establecerse una marcada división entre el
letrado y el picapleito, y no es justo achacar a aquél las des¬vergüenzas de
éste.
III
Después que los originarios colonos de Zapata, abandonaron
sus haciendas en la Cuenca, quedó aquella zona desierta y com¬pletamente aislada
del resto de la Isla.
Agotados los depósitos de oro que el transcurso de los
siglos había aglomerado en los aluviones de los ríos Arimao, Damují y en otros
de la región, ocupáronse los primitivos colonos del fomento de las tierras y
constituyeron aquellas haciendas erran¬tes que posteriormente al comenzar los
Ayuntamientos a merce- dar tierras, habían sido abandonadas por completo. A
partir del año 1540 comienzan poc regla general los Ayuntamientos de la Isla a
mercedar terrenos, aunque algunos, como Sancti Spíritu, antes lo hicieron,
facultad que conservaron durante 179 años, y que con una prodigalidad sin
límites mantuvieron, hasta que en 1729 les quedó prohibida por E- O. dictada al
efecto.
Todos los terrenos mercedados en los que comprende la actual
Cuenca de Zapata, lo fueron por el Ayuntamiento de la
Haba¬na, pero como se perdieron los Capitulares de sus Justicias y Regimientos
anteriores a 1550, las mercedes más antiguas que aparecen tienen esa fecha.
Conviene que aquí digamos, que en aquel entonces los
terre¬nos que actualmente forman la gran Ciénaga de Zapata, como hemos de
probar después, no estaban ocupados por el agua, el mangle y la cortadera; eran
entonces terrenos secos, de crian¬zas, y se concedieron mercedes de sus
tierras, pues sólo las li¬mitadas y reducidas ciénagas que posteriormente se
conocieron por ciénagas de Zapata, de Matún y Cayo Espino existían, con
pequeñísimo desarrollo en toda la Cuenca.
En los terrenos costeros de la Cuenca de Zapata, durante
todo el siglo XVI, no aparece en fomento ninguna hacienda; siguiendo por la
costa, hacia Occidente, a partir de Jagua, la finca más próxima en producción,
era Matamanó, mercedada a Juan Gutiérrez en 1559. Jagua permaneció hasta 1560
abando¬nada completamente (5).
Hasta 1560 ya no volvió nadie a acordarse de este
territo¬rio, pero en este año llegaron a él varios particulares, con ob¬jeto de
explotar varias vetas metálicas con partículas de oro que parecían existir en
Jagua. Desde esta época ya fueron llegando algunos que otros pobladores muy
aislados y contados, que se situaron en esos alrededores, pues en 1574, cuando
Alejandro Olivier Dexmolin, entró en la Bahía, encontró poblados sus contornos
por varios corraleros que se hallaban muy separados unos de otros.
En los terrenos interiores de la Cuenca, aparece la Sabana
de Jábaco, próxima a Jagüey Grande, mercedada en 1569 a Francisco Zamora,
abandonada luego como lo prueba una nue¬va merced en 1573 otorgada a Antonio
Andino, y despoblada más tarde, pues encontramos otra merced a nombre de Don
Am¬brosio* de Zayas, apellido de una numerosa familia que como veremos, llegó a
constituir un vínculo en las tierras de la penín¬sula occidental de Zapata. En
el año 1718 ya esta hacienda per¬tenecía a la familia de Zayas.
Francisco López, hacienda contigua, fué mercedada también
como Sabana, a Alonso Vázquez Cuéllar, y como su
colindan¬te, fué abandonada y mercedada de nuevo en 1634.
En la cuenca oriental aparecen mercedadas las Sabanas de la
Hanabana en 1556 a Melchor Rodríguez, y su contigua Mag¬dalena a Juan Recio en
1578.
La Hacienda Cuzco de Ja Sabana, la más occidental de la
zona, apareee mercedada en 1578, a Hernando Salazar.
Avance de la Ciénaga y muerte de la vegetación árborea
En los terrenos hoy ocupados por la ciénaga, son
soli¬citadas y concedidas varias mercedes, y sólo por el nombre que la
tradición ha conservado, en ellas, puede hoy identificarse, la situación de
algunas.
Entre ellas las Sabanas de Hatiguanico aparecen mercedadas
en 1577, la llamada Eío Gonzalo en 1586; la Ciénaga de Don Pablo en 1578, y
todas estas haciendas están hoy completamente dentro de la ciénaga.
En la Historia general de la Isla, faltan documentos en los
Archivos, que se refieran a la segunda mitad del siglo XVI, pero en cambio,
sobran noticias en los Libros de Actas de to-
dos los Ayuntamientos antiguos, llenos de mercedes y
pedimen¬tos de tierras en todo el país, mercedes concedidas sin estudio previo,
y algunas de enormes superficies que llegaban a 19 y 20 leguas cuadradas.
De estos fenómenos de extensión existe en la cuenca un buen
ejemplar: la Hacienda Hanabana, con 5 leguas de radio, a par¬tir del asiento,
situada en donde estaba el antiguo poblado indí¬gena del que ya hemos hablado,
y a la margen del río de su nombre.
Sin vías de comunicación, sin brazos para trabajar aquellas
dilatadas superficies mercedadas, nada beneficioso podía pro¬porcionarle al
país, aquel vértigo de concesiones de terrenos, de que estuvieron poseídos
todos los antiguos Cabildos de la Isla.
El territorio cubano, cubierto totalmente de grandes bosques
impenetrables, muy bien descritos por los cronistas antiguos (6) con escasas
superficies abiertas, constituía, indudablemente, un obstáculo poderoso, al
desarrollo de la riqueza agrícola del país.
Estas selvas, enormemente dilatadas, no ofrecían caminos
accesibles, ya que los indios nunca los abrieron (7) y fueron los primeros de
Cuba, aquellos formados con el tiempo por las reses y monteros en las sabanas y
montes.
Los trillos o sendas que forman las reses y los monteros,
lle¬gan a constituir caminos por el uso, pues es fácil observar, que por donde
pasa la primera res, lo hace la segunda y así sucesi¬vamente todas; igual
acontece con los monteros: por donde pasa el primero, con su machete abriendo
hueco, siguen pasando los demás, y en esta forma llegan a abrir una vereda si
es por el monte o manigua, y un trillo si es en la sabana.
Ensanchándose por el tráfico esos trillos y veredas,
llegaron con el tiempo a ser los caminos de Cuba, y en muchos casos a limitar,
acotamientos de forma irregular muy marcada, debido a
(6) .. .“la
mayor parte de la Isla de Cuba es un boscaje cerrado de unos cardones altos,
muy gruesos y espesos, y en muchas partes no se puede ver el cielo, desde debajo
por ser tan altos y tan espesos y lle¬nos de ramas y en muchas partes no se
puede andar entre ellos... ' ’— Fray Bartolomé de las Casas.—Historia de las
Indias.
(7) ...“y no
eran así hollada y abierta, sino muy arborada y emboscada y sus caminos eran como
sendas de conejos o muy raros, ha¬bía que caminos fueran... ’
’—Oviedo.—Historia de las Indias.
la idiosincracia del montuno que poco a poco y huyéndole a
los obstáculos, los va rodeando.
Un rincón de El Sábalo
Todo el que ha andado por los campos puede dar fe de ello:
nosotros hemos presenciado muchas veces el hecho. Caminando a caballo por
veredas de la Península de Zapata, dentro de mon¬tes muy tupidos, hemos
encontrado un árbol caído, que el viento •de la noche ha derribado, cerrando la
vereda; el guajiro que nos acompaña, en lugar de separar el árbol o su tronco,
lo que hace es, sin bajarse del caballo, darle vuelta, y con el machete abre
una pequeña vereda nueva, que salve el obstáculo. Debido a esto, son numerosos
los recodos de las veredas de Zapata, y en general los de todos los primitivos
caminos de Cuba.
Durante los primeros tiempos de la Colonia fué necesario a
los castellanos improvisar caminos (8) y cubierto el terreno de esos bosques
seculares, sin medios de comunicación alguna, salvo los marítimos, fácil es
comprender, que serían en aquella remota época, las primitivas haciendas
mercedadas, y esto explica en cierto modo, porque los españoles al fomentarlas,
sólo estable¬cieron su cultivo en los pequeños y antiguos conucos de los
in¬dios, que encontraron en los lugares cercanos a los pueblos, y dejaron
aquellas grandes extensiones, para crianza de ganado.
Durante todo el siglo XVI, sólo existieron en la Cuenca,
agrupados en cierto modo, y muy distante unos de otros, tres centros de
fomento: en la Ensenada de la Broa, cerca de la Ha¬cienda Matamanó: Cuzco,
Sabanas de Hatiguanico, Río Gonzalo y Ciénaga de Don Pablo; al Norte de la
Laguna del Tesoro es¬taban: Jabaco, Francisco López, Hanamana y Magdalena, las
tres colindantes; en Jagua, algunos pequeños centros poblados como hemos visto.
Las Haciendas de la Broa, tenían fácil salida por ella, al
igual que las de Jagua, pero las del Norte del Tesoro, posible¬mente debieron
extenderse hasta la Bahía de Cochinos, pues no se explica en otra forma su
existencia, sin caminos ni vías de comunicación; necesariamente sus productos
debían sacarse por Cochinos, pues en aquella remota época el contacto con el
mar, era necesario para la salida de las producciones, aprovechando la vía
marítima, única rápida que entonces se conocía.
IV
Durante los siglos XVI y a principios del XVII, continuó el
Ayuntamiento de la Habana otorgando mercedes de terrenos, -en la Cuenca de
Zapata, y en el año 1636 solicita de esta corpo-
(8) Constan
las cantidades invertidas por Diego Velázquez con •este fin.
ración el Sr. Francisco Zapata, merced del sitio nombrado
Ran¬cho de Juan Caballero, próximo a la Hacienda Cuzco, a la banda del Sur y a
una distancia determinada de la Habana, que como todas las indicadas en aquella
fecha están completamente equi¬vocadas.
Este sitio se transformó con el tiempo en la Hacienda
Za¬pata, que luego le dió nombre a la pequeña ciénaga que existía en sus
terrenos bajos del Sur, terrenos que se anegaban en tiempos de lluvia; con el
transcurso de los tiempos, la anegación se extendió y convirtió en una grande y
extensa las tres peque¬ñas que existían en toda el área de la Cuenca.
Coincidencia marcada resulta, que un Ministro de la Corona
le proporcionara nombre en remotos tiempos de la Conquista a. la Península que
los indios llamaban Carimocao y que también se conoció luego con el nombre que
lleva su contigua ensenada: la Broa; y que transcurridos muchos años, más de un
siglo, un posible descendiente de aquel gran señor de horca y cuchillo, llegara
a Cuba como inmigrante, y se estableciera en ella, dán¬dole luego su nombre, no
sólo a la Hacienda que formó, sino a la ciénaga pequeña de aquella finca, y con
el tiempo a todo el gran pantano, donde tantos trabajos hemos pasado los
Ingenie¬ros que por sus tembladeras tuvimos necesidad de cruzar...
Dos individuos de idéntico apellido, muy separados en el
tiempo y en posición social, y quien sabe si descendientes del mismo tronco,
unieron inseparablemente su nombre con el gran embalse, y más felices que
Colón, que no pudo legarle el suyo a las tierras con tantas fatigas
descubiertas, lo perpetuaron ellos en el fango de esos pantanos.
Antes que 7japata solicitara la hacienda que pobló y
fomentó, a fuerzas, quizás, de cuantos sinsabores y amarguras, la pequeña
ciénaga que limitaba por el Sur, los terrenos aprovechables de ella, y que
llegaban hasta las márgenes del Río Hatiguanico, tenía variados nombres; en el
año 1578, se mercedaron esas tierras bajas como Ciénaga de Don Pablo, a
Hernández Salazar; en 1641 con el nombre de Ciénaga de Abajo a Diego López en
1713 como San Cristóbal, de la Ciénaga de Alonso Rojas al célebre Cristóbal de
Sotolongo: en 1724, al pedirse licencia pa¬ra mudar la población de la
Hacienda, se le llama Hacienda Cristóbal de la Ciénaga, y es sólo en 1742
cuando se la designa co¬mo Hacienda de Zapata en algunos documentos, y en otros
como Hacienda de la Ciénaga de Zapata, al autorizarse a Francisco Hernández,
según se desprende de las Actas Capitulares, para que pudiera ampliar su
población.
El Autor de este libro en traje cieneguero
Las crónicas no dicen nada con respecto a aquel Don Pablo
primitivo, que originariamente le dió nombre a ella, salvándose de legar a
estos pantanos su desconocido apellido, pantanos cu¬yos nombres indios se
perdieron por completo, pero sí consigna las hazañas del sanguinario Cristóbal
de Sotolongo, a quien per¬teneció luego en 1724, y de donde posiblemente salió
a efectuar la gran carnicería que llevó a efecto entre los infelices Indios
Macorixes, en sus pueblos, cerca del actual asiento del Hato Ma¬can jes. ■
Actualmente, la Hacienda Zapata ha desaparecido
comple¬tamente absorbida por el mangle y la cortadera, y su antiguo asiento, su
centro, se encuentra hoy muy distante algunos kiló¬metros dentro de ella,
habiendo borrado el tiempo los límites -de este fundo, con el fango de sus
pantanos.
, Entre varios documentos antiguos que poseemos,
pertenecien¬tes al Archivo del que fué Agrimensor e Ingeniero, José Alamo y
Millet, tenemos la copia original de una escritura, de venta de terrenos,
pertenecientes a esta Hacienda de Zapata. En ella se dice, como:
“Don Antonio José de los Reyes, vecino del partido de la
Hanabana, y residente en la Ciudad de la Habana, otorga, que vende realmente al
Sr. Coronel José Ricardo O’farril, 3 y media leguas de tierras de la Hacienda
titulada Ciénaga de Zapata, hacia el Sur, entre Naciente y Poniente, ubicada en
la jurisdicción de Macurijes, a 32 leguas a barlo¬vento de la Ciudad, y a 10 de
la de San Carlos de Matanzas...”
De la escritura se deduce que el vendedor había sostenido
pleito con el Conde de Lagunillas, por la posesión de la Hacienda y tranzado
éste, fué tasada la tierra a razón de $20 caballería, lo que indica, dado los
precios de la época, que todavía no eran tan malos aquellos terrenos.
La reducida parte de esta Hacienda, que queda fuera de la
ciénaga, lindando con sus actuales costaneras, están ocupadas hoy por varias
minúsculas fincas llamadas San José, Santa Eu¬genia, San Agustín, San Ramón,
Santa Cecilia y Santa Mar¬garita, todas con nombres de santos, pero ninguna con
título claro de propiedad que en estas cuestiones les valdría más a sus
propietarios que ese olor a santidad...
Aparece en 1734 un pedimento de merced de tierras
perte¬necientes a la Península de Zapata, por un señor nombrado Jo¬sé Antonio
Trujillo, solicitando se le conceda un realengo que decía existir, y cuyas
tierras fueron mercedadas en 1637, pero luego abandonadas, y que comprendía la
siguiente enorme ex¬tensión, mucho mayor de 3,000 caballerías: por los terrenos
del Sur y que lindan con el Mar de los Candrreos, entre Cochinos y Jagua.
Esta extensión descrita con tan pocas palabras y cuya
mer¬ced no se concedió, la ocupan actualmente las fincas: Bartolina, Quemado
Grande, Cocodrilos, Cabeza de Toro, La Ceiba, San Blas, Júcaro Quemado y Jiquí.
Todas ellas pretenden-ser ha¬ciendas, hatos, o corrales, con un indiscutible
derecho cada una al completo cupo de esas figuras, pero sin mercedes,
docu¬mentos ni planos, difícilmente se prueba, lo que pretenden dar por hecho
sus actuales poseedores. Estas tierras nunca fueron mercedadas y por
consiguiente malamente pueden tener merce¬des en que basar un derecho que no
existe.
La región occidental de la Península de Zapata, tiene en
cambio, una titulación más clara; en ella sí hubo mercedes, aun sin incluir las
primitivas haciendas, pobladas anteriormente al año 1540.
En fecha tan antigua como en 1628, aparece una merced
otorgada a Don Agustín Quirós, Teniente Regidor, para poblar un corral que
desde añejos tiempos poseía su familia, aunque quedó probado que había sido
posteriormente abandonado.
Este corral se encontraba situado en la Bahía de Cochinos, y
el asiento estaba en su banda occidental; se conocía como el Corral de la
Herradura de Cochinos, que abarcaba como su nom¬bre indica, toda la herradura
que forma la bahía.
En esta hacienda se fomentaron buenas crianzas de cochinos,
que posteriormente, cuando todo el litoral Sur, llegó a ser pa¬trimonio
exclusivo de piratas y corsarios, fué abandonada, hasta el año 1649, en que el
guapo Diego Ventura, sin temor a las in¬cursiones de éstos, y posiblemente
hasta asociados con ellos, pidió la merced de un sitio, donde está una laguna
de hicacos, fuera de las cinco leguas del Hanabana, junto a la Bahía de
Cochinos.
Este Sr. Ventura, perpetuó su hazaña, dándole nombre a la
mayor hacienda de toda la Península, hacienda que, posterior¬mente, fué también
santificada, después de convertirse el Ven¬tura, en Buenaventura, sin que lo
fuera ella para muchos de sus poseedores, entre los cuales no puede incluirse
su actual, el señor Máximo Yebra; de Buenaventura pasó a ser San Buenaventura
en cierta fecha, según consignan las Actas Capitulares.
Abandonada Ventura por los años de 1652, pues de ello
cons¬ta el pedimento que así lo manifiesta, corre la Buentí-Ventura el Sr. José
Ismael, quien solicita merced de ella, ya con ese nombre, pero no debió ser
satisfactoria ésta, cuando al año si¬guiente, y posiblemente siguiendo los
consejos de algún cura, muy dados a estos terrenos bajos, pues en la cuenca
muchos a ellos han pertenecido, pide la misma merced de aquella tierra, pero
con el nombre de San Buena-V entura, el Sr. Pedro Que- sada, que la obtuvo al
fin, poniendo la finca en fomento, sin que las crónicas históricas consignen
nada más con respecto a esta vapuleada hacienda; sin embargo, las cienegueras,
sí conservan todo el proceso de trasmisión de la propiedad en ella, como he¬mos
de ver, en la Leyenda de Tata Lechuzo, insigne descubridor de esa hacienda.
Durante la segunda mitad del siglo XVII, la Bahía de
Co¬chinos y sus tierras circunvecinas estuvieron explotadas inten¬samente, pues
además de Ventura, se solicitaron mercedes de las tierras que lindan con el Mar
de los Canarreos, Cayo Blanco y su Ensenada, por Juan Carrasco. Como todas
ellas, esta ha¬cienda, que actualmente corresponde al emplazamiento de la
Hacienda Cazones, fué abandonada, y por ello vemos en 1648 a un sujeto nombrado
Juan de la Mar, solicitar merced de un sitio nombrado La Ensenada de Cazones,
que se demarcaba con los mismos linderos señalados para la anterior finca,
petición que repite en el propio año el llamado Juan Ismael, posiblemente
pa¬riente de José, que ya tenía a Ventura.
No consta que a Juan de la Mar se le concediera merced de
aquella tierra, pero como en aquellos tiempos era tan fácil pa¬sarse sin
ella^es seguro que este individuo estuvo asentado en sus tierras, porque le dió
nombre a las que lindan con el litoral, nombre que vemos repetir en 1674,
cuando la solicitó el Sr. An¬tonio de Lima, consignando en su pedimento que:
.. .“estaba abandonado el sitio, y por eso pedía se le
concedisee mer¬ced, de uno que estaba avande de la Ensenada de Cochinos, en la
Bahía de Juan de la Mar, en la banda del Sur...
Por los años de 1735, abandonadas ya aquellas tierras y
com-pletamente improductivas, fueron denunciadas como realengas por el Sr. José
de la Pezuela, y basado en esta denuncia, solicita en ese año el Sr. José
Rodríguez Gallo, todos los terrenos que comprende la Península Occidental y la
Oriental, la Ciénaga, y parte de ios manglares de la Costa Sur de la Provincia
de la Habana, extensa área que en su pedimento demarcaba con dos palabras en
esta forma:
...“realengo entre la Ensenada de Cochinos y Mayabeque,
hasta Jagua..
La última noticia que conservan las crónicas de estas
hacien¬das son las que en su memorial a la Reina, consigna el fundador de
Cienfuegos, el intrépido De Clouet, al referirse a las despo¬bladas y
abandonadas tierras de la Bahía de Cochinos, y a la magnífica Salina,
actualmente propiedad de la Compañía de Punta Palmillas que preside nuestros
simpático amigo el dueño del gran Central Australia, Eugenio Alvarez.
En este documento consigna De Clouet que:
...“en el territorio de la jurisdicción, además, y en el
sitio llamado Ensenada de Cochinos, hay una abundan-te laguna de sal, y en los
para¬jes fragosos, multitud de colmenas, pues que es natural la cría de abejas
en aquel punto. Esta laguna y terrenos descubiertos por el que expone a costa
de su peculio, son susceptibles de grandes mejoras que no podrán verificarse
sin desembolsos. Es, al efecto, necesario, profundizar el canal de comunicación
con dicha laguna, abrir zanjas, elevar los referidos te¬rrenos haciéndolos
habitables, y practicar otras obras de igual natura¬leza, cuyo valor aproximad
ame.mte calcula el que suscribe de 100 a 125 mil pesos”.
“Mas atendida la escasez de fondos en el Erario, se toma la
libertad de proponer a Y. M. la realización de estos trabajos tan importantes,
mediante público remate, previa siempre la indispensable condición de utilizar
los terrenos mencionados, según las condiciones del citado acuer¬do. Pudiera
también ofrecerse a los empresarios como un justo estímulo, la introducción por
un espacio de 15 años, de sus sales, mieles y cera, en la Isla de Cuba y demás
posesiones de Ultramar, rebajándoles la mi¬tad de los derechos establecidos al
presente...”
Son estas las últimas referencias que con respecto a
Cochi¬nos consigna la Historia, pero apesar de las escasas noticias que sobre
esta bahía existen, puede asegurarse que cuantos fomen¬taron haciendas en
aquellas aisladas zonas, perdieron entonces el tiempo y su caudal, y
especialmente en Ventura, hacienda que por sí sola proporciona renombre a toda
la Bahía de Co¬chinos, fué Malo el prefijo que debió colocarse ante su antigua
designación, pues exclusivamente se ha justificado la Bue¬na, en nuestros
tiempos, en los cuales un laborioso gallego, Maximino Yebra, hizo de ella su
verdadera Buenaventura, alcanzando por ella, después de fatigas y trabajos
miles, la acau¬dalada posición que hoy disfruta.
Ventura, como Zapata, son de trascendentes consecuencias en
toda la Cuenca; las Haciendas que ellas representan han sido por diversos
motivos las más importantes de toda la zona, y poco faltó para que Zapata
dejara de imponerle su nombre a toda la ciénaga, y lo hicieron Ventura, pues en
1689, se conocía aquella incipiente ciénaga, como la Ciénaga de Ventura, como
se con¬signa en esa fecha en pedimento de merced de tierras, por el
Licenciado José Díaz Garondo, al describir aquellos terrenos
hoy comprendidos en este gran pantano, como:
...“terrenos que principiando en el Hatiguanico, en la
Ensenada de la Broa, terminan en la Bahía de Jagua, denominados La Ciénaga de
Ventura... ”
Los contrastes que en la vida en todo se manifiestan, ha¬cen
destacar notablemente el que fué porvenir de estas dos ha¬ciendas : Zapata,
borrada por el fango, el mangle y la cortadera, desaparece como hacienda, y de
su existencia no deja más que el legado de su nombre al gran pantano que la
absorbió, mientras Ventura, que le disputó la gloria de poder unir el suyo al
pan¬tano, al revés de aquella que muere, vive poderosa y en lucha con él se
extiende cada vez más y llega a ser la hacienda más floreciente de toda la
Provincia. Y es, precisamente, el poseedor de Ventura, a cuyas manos viene ella
a parar con el transcurso inmutable del tiempo, quien al pensar en la
desecación de la ciénaga antes que nadie, pretende llevarla a cabo, resucitando
con ello, dándole nueva vida a las tierras de la desaparecida Zapata, devorada
por ese cenagoso Saturno, que en olas de lodo se traga las tierras y llega en
su vertiginoso afán invasor a aca¬bar con la hacienda que le dió nombre.
Y
Difícilmente se encuentra en toda la Isla una titulación más
borrosa y confusa que aquellas de las haciendas de la zona de Zapata; muy pocas
son, las que pueden presentar un ligero de¬recho a la posesión de determinada
superficie de terreno en ella.
La Comisión a que pertenecimos, trató, aunque
infructuosa¬mente, de hacer un análisis ordenado de toda la parte legal de esas
haciendas, y con los datos suministrados por los propieta¬rios de ellas, y los
procedentes de los distintos Archivos y Pro¬tocolos, pretendió deslindar sobre
el papel, ya demarcada la Península y la ciénaga, esos diversos predios, con un
resultado negativo, pues encontró para ello necesario poder estirar la
península oriental para darle cabida a las extensas áreas que reclaman sus
propietarios.
Faltan más de 2,500 caballerías, para poder emplazar las tierras
del dominio privado en esa zona oriental, y eso es aun aceptando el derecho de
ellos sobre los terrenos cenagosos, que •en realidad pertenecen al Estado y por
consiguiente a la Com¬pañía concesionaria de su desecación.
En la Península Occidental, existe, como vulgarmente se
dice: más tela por donde cortar, pues es mucho mayor su ex¬tensión, y el
problema no es difícil; en la zona Oriental, tienen sus asientos actualmente,
las siguientes fincas, con pretensiones todas de haciendas y con áreas, imposibles
de emplazar.
Estas fincas son:
Bartolina
200 caballerías
■Quemado
Grande.—Laureano Gutiérrez
Falla. . . . 320 ,,
■Cocodrilo!—Celedonio Alonso de la Maza
525 „
Cabeza de Toro.—Manuel A. Recio de Morales. . . 1,000 „
Xa Ceiba.—Manuel A. Recio de Morales 300 „
TSan Blas.—Comunidad de Dominicos 631 „
Júcaro Quemado.—Manuel Carreño 1,000 „
"El Jiquí.—Walter Wilcock 800 .,
Estas ocho fincas reclaman una superficie de 5,000
caballe¬rías aproximadamente, y de acuerdo con los planos antiguos de la zona,
ellas quedan bien demarcadas dentro de ellas,, alcanzan¬do el terreno para
todos; ahora bien, como todos esos planos, es¬tán equivocados, y la verdadera
superficie que pudiera asignarse para el total de esas fincas, se reduce a
3,000 caballerías a lo sumo, faltan 2,000 caballerías para poder satisfacer las
ansias de posesión superficiales, que come extensión de sus respectivas
fii.íts, pretende cada uno de sus respetables propietarios.
En la progresista Ciudad de Cienfuegos'ha existido durante
muchos años, una Sociedad de Geófagos, que se dedicaba a crear titulaciones,
emplazar fincas, enagenarlas luego, creando sobre ellas gravámenes, y
venderlas, con pingües resultados; y cono¬cemos muchas parcelas de terrenos
situados en esta zona oriental en las cuales la titulación no reconoce otro
origen, y su extensión se debe al que la fantasía de estos aprovechados señores
les fijó ayudados por algunos letrados de maniguas...
En estos problemas que a la propiedad de muchas tierras se
refieren, el Estado Cubano se ha despreocupado mucho, y gran¬des y buenas
extensiones de terrenos de su pertenencia han pasa¬do a manos poco
escrupulosas, en esa forma ya indicada.
Con respecto a las Haciendas de la Península Occidental,
nada define mejor su situación que estos cortos renglones, del no¬table cubano
Esteban Pichardo en sus aclaraciones a la Nueva. Carta Geo-Topográfica de Cuba:
...“advirtiendo antes, que aunque la Península de la Broa
está fi¬gurada con la posible veracidad, así como la costanera de la gran
Cié¬naga de Zapata, por sus límites boreales, las Haciendas de la parte firme,
Este-Oeate, a lo largo de dicha Península, no aparecen (que yo sepa) en las
Mercedes Capitulares (9), teniendo que ceñirme a lo que pinta la Carta del
Generad Vives. En estos tiempos, algo he leído de otras Ha¬ciendas hasta aihora
ignoradas, y de algunas de aquéllas, que son bien discordantes en sus
situaciones con las que le indica dicha carta (10) y cuyas distancias hasta la
última del Maneadero, no pueden ser tales, so pena de acortarse la Península
más de un cuarto de su longitud (11), cuando la de Cochino al Cabo Matabamibre,
por donde se halla El Ma-neadero, está arreglada casi uniformemente”.
‘ ‘ Esto no es negar que existan tales Haciendas, sino que
las repetidas: como El Maíz, Ventura, etc., no pueden encontrarse ubicadas
según se- indican, ni sus distancias pueden ser las que se refieren
respectiva¬mente ...”
Durante el siglo XVIII existió una familia, Zayas, proce¬dente
del tronco formado en Cuba por el Lugarteniente Fran¬cisco de Zayas, que en
1568 gobernó la Isla; esta familia ad¬quirió grandes extensiones de terrenos
mediante mercedes de los. Cabildos autorizados para ello, y sin que conste la
forma precisa en que se adquirieron los de Zapata, lo cierto es que ellos
for¬maron el vínculo de Zayas, no teniendo por consiguiente, que de¬finirse en
las extensas tierras de Zapata ningún corral, hato,, sitio, ni estancia, y fué
sólo cuando esta familia empezó a ena- genar esas tierras, f»aulatinamente,
cuando para hacer más fácil su venta, definiendo superficies determinadas, las
agrupó, con¬signándoles áreas a cada una de ellas.
Ventura, como la más prominente, fué medida y deslindada,
por el Agrimensor Bartolomé Lorenzo de Flores, y fijado el an¬tiguo asiento que
las mercedes primitivas le asignaron, hicieron de ella un hato, que al perder,
por intersectar su círculo el mar un cantidad determinada de caballerías, fué
convertida en un
(9) Hay que
exceptuar de este juicio a Ventura, como hemos visto antes, pues, precisamente,
la gran cantidad de mercedes sobre esta finca es lo que puede producir la
confusión.
(10) Esta Gran
Carta, está completamente equivocada en cuanto se- refiere a la región de
Zapata, como pudo probar la Comisión de Deslin¬de en sus medidas.
(11)
Precisamente, hay que acortar la Península en esa longitud.
rectángulo circunscrito a su círculo por tres lados, de
manera que ofreciera una determinada área.
Santa Teresa, que como hija pudiéramos decir de la matriz, ■quedó
convertida en un sitio aparte, con una superficie deter¬minada,
y completamente fuera de los límites de
Ventura, con ■quien lindaba
solamente.
El Maíz y San Lázaro, antiguos sitios de Ventura, fueron ■también
completamente separados, asignándoseles
una determina¬da superficie a cada uno, con sus linderos correspondientes.
Este mismo proceso de división sufrieron las restantes
partes «de toda la Península, y llegó a formarse una serie de fincas que no son
como hemos dicho verdaderas haciendas de determina¬da superficie; el área que a
ellas les corresponde es la que quiso «darle su dueño y a ellas hay que
atenerse, siendo fuera de toda .juiciosa apreciación cuanto se pretenda exigir
que no sea lo indicado. .
Comprendemos que es muy delicado el despojar de risueñas
«speranzas a propietarios amigos que sueñan con poseer inmen¬sas extensiones de
terrenos, al considerar que sus fincas de la Península, por el hecho de
consignarse en algunos documentos antiguos, que son hatos o corrales, deben de
tener los cientos o miles de caballerías asignadas a estas figuras cuando son
com¬pletas; y creyendo firmemente en el derecho a esas áreas, el intervenir
entre ellos y servir de amigable componedor, en liti¬gios de esta clase,
proporciona amargos desengaños.
No hace mucho tuvimos que intervenir, al fijar linderos
en¬tre Ventura y Santa Teresa, y aunque ajustamos nuestro criterio a la más
estricta justicia, y trazamos el lindero entre ambas, se¬gún lo que nuestro
leal saber y entender nos indicaba, ninguno de los dos propietarios quedó
satisfecho, y siempre cada uno ■creyó que habíamos favorecido los intereses del
otro.
LEYENDA DE TATA LECHUZO
Positivamente existe algo de verdad en todas las
Tradiciones, y Leyendas de los guajiros cienegueros de Zapata, y aun en los.
relatos más infantiles y disparatados, palpita algo de cierto en sus cuentos.
Todas las Haciendas de Zapata han pasado por muy variadas
etapas; ellas fueron pobladas y fomentadas en tiempos muy remotos; abandonadas
todas en lo absoluto posteriormente y vueltas a fomentar de nuevo, al cabo de
cierto tiempo, y luego despobladas, de tal modo, que hasta la memoria de su
existencia se perdió entre el fango de la ciénaga.
Cuando la Costa Sur de la isla dejó de ser frecuentada por
las. naves españolas, y adquirió esa supremacía—que durante la mitad del siglo
de su conquista ella había mantenido—la Costa Norte, aquel litoral abandonado,
se convirtió en refugio de pi¬ratas, y raqueros, que hicieron imposible el
fomento de las ha¬ciendas costeras.
Las Haciendas de Zapata, cuya vida se las proporcionaba
precisamente el tráfico marítimo por la Costa Sur, dejaron de fomentarse al
terminar éste y fueron completamente abandona¬das. Por otra parte, por el Norte
de ella, la Ciénaga, que lenta¬mente iba cubriendo todos los terrenos de ella
tributarios, in¬vadiendo cada vez con más fuerza la costanera, hasta llegar a
unificar las tres pequeñas Ciénagas originarias, creó cuando ya constituía un
gran pantano inaccesible, un valladar tan in¬franqueable, que aisló por completo
los terrenos costeros del Sur de Matanzas y Santa Clara.
Aquellas primitivas sabanas, mercedadas, donde pastaban
in¬finitas reses, desaparecieron bajo el mangle y el agua, dejando sólo de su
existencia las tradiciones de sus guajiros.
Inaccesible de este modo, por la región Norte,
completamen¬te aisladas por el Sur, pues los piratas y raqueros no permitían
ningún tráfico ordenado, y sus incursiones en ellas resultaron siempre
arrasadoras, se perdieron aquellas haciendas, en la so¬ledad de la región.
Durante mucho tiempo el abandono más absoluto, la
despobla¬ción completa en sus tierras, y el total olvido de su existencia,
caracterizó esta zona, y fué preciso que las descubriera de nue¬vo, que diera
razón de su existencia, el legendario Tata Lechuzo, para que los pobladores
guajiros se dieran cuenta de que ahí existían esas tierras, y que todo no era
ciénaga como creían.
Vemos, jíues, que en esta Leyenda de Tata Lechuzo, que
va¬mos a referir, existe un hecho cierto, probado, el abandono com¬pleto de
esas tierras, y la general creencia que se tenía, de que todo en ella estaba
ocupado por manglares, creencia que se debía al aspecto que ellas presentaban
por la Costanera Nor¬te únicamente, ya que por la del Sur, por donde lindan con
el mar, no podían ser conocidas por el temor que los piratas ins¬piraban.
Cuenta la Tradición, que existió a mediados del siglo XVIII,
en la Hacienda Alcalde Mayor, un individuo incansable en el andar, y lo mismo
de día que de noche, se encontraba siempre caminando, ocupándose en arrear
ganado, de un sitio a otro, ocupación que le embargaba todo su tiempo.
Los guajiros, que muy a menudo se lo encontraban por aque:
Has veredas solitarias, a altas horas de la noche, le pusieron por nombre Tata
Lechuzo, y con ese apodo era conocido en toda la región.
Era Tata Lechuzo, según cuentan las crónicas cienegueras,
oriundo de un pequeño caserío que luego llevó su nombre, y actualmente se
conoce por Bodas; alto, enjuto de carnes, bastan¬te entrado en años, cuando
aconteció el hecho que la Leyenda
conserva, de muy pocas palabras, y muy decidido en todas
sus, empresas.
Típico bohio cieneguero
Siempre a pie y sin compañía alguna, ni perros que lo
ayu¬dasen, sin armas, pues sólo usaba el tradicional lazo terciado err los
hombros, frecuentaba en esta forma, las veredas y trillos- más solitarias de la
región, los pantanos más infranqueables, y los montes más espesos, en busca de
reses perdidas, o de anima¬les jíbaros, para cuya empresa tenía una percepción
notable, pues por ligera que fuese la huella impresa en el polvo del ca¬mino, o
en el fango del pantano, conocía la clase de animal que por ella había pasado.
En esta forma andaba buscando cierto día, ya casi al
ano¬checer, por los montes costeros de la ciénaga, unas reses esca: padas de la
hacienda, cuando notó rastro de ellas en el monte; se internó y pudo observar
un ligero trillo, que continuaba en plena ciénaga, hacia adentro, y
siguiéndolo, pudo convencerse que en ella había rastro reciente del cruce de
animales grandes, conociendo que no hacía mucho habían pasado los toros objeto
de su pesquisa.
C¡omo era ya tarde, prefirió esperar el nuevo día, y
mar¬cando el arranque del trillo entre las maniguas del monte, para reconocerlo
de día, regresó a la hacienda en busca de un com¬padre, exclusiva afección de
su vida, persona con quien única- 'mente hablaba a menudo y a quien sólo
demostraba cariño y aprecio.
El compadre, por la ley de los contrastes, era un tipo
opuesto al Tata Lechuzo; muy parlanchín, terco, hablador y pendenciero, por
cualquier motivo buscaba camorra, y lo usual entre ellos era que estuviesen
disgustados, y sin hablarse durante mucho tiempo
Apesar de esto, siempre, en todos los momentos en que se le
presentaban al Tata Lechuzo, problemas de alguna gravedad, con¬sultaba con el
compadre, y daba tregua a su rencor; y en el pre¬sente caso, que consideraba
afectar su honor de montero viejo, al encontrar una vereda en la ciénaga, de la
cual no tenía noti¬cias, ni nunca había reconocido, decidió ver al compadre y
soli¬citar de él que lo acompañase en su excursión.
Se proponía el Tata Lechuzo, seguir la vereda y registrarla
hasta su fin, de todos modos, y así se lo participó al compadre, cuyo nombre no
consignan las crónicas de los tiempos. De acuer¬do en todo, preparóse la
excursión con mucho sigilo, y una ma¬ñana fría, de gran neblina, húmeda,
salieron los compadres de Juragua, donde habían hecho noche, con dirección al
que hoy se conoce por el Paso de los Güiros, de donde partía la vereda •que
encontró, con los rastros de ganados.
Al amanecer se encontraban ya en plena ciénaga, cruzando la
vereda, que apesar de tener algún agua, demostraba ser do- un fondo sólido que
hacía fácil su cruce; antes de partirse el día. habían llegado a la otra
Costanera, notando con sorpresa que en ella existían tierras altas muy
arboladas y con espesos montes- muy tupidos.
Acamparon aquella noche en plena selva, y al despuntar el
día continuaron reconociendo aquellos terrenos; siguiendo su excursión por toda
la Costanera, dejando marcas en los árboles, más visibles, que les pudiera
indicar a la vuelta el camino que- debían tomar, caminando siempre por los
terrenos de la Cos¬tanera, llegaron a un gran limpio, formado por una gran
sabana,, en cuyo centro existía una amplia laguna, en la cual estaban-
descansando al parecer, infinidad de animales: vacas, toros, co¬chinos, venados
y caballos, en íntimo consorcio, sin apercibirse- de la presencia de los
excursionistas, que, por otra parte, absor¬tos en su contemplación, nada
intentaron por hacer notar su presencia.
El compadre hacía ya dos días que andaba en compañía de¬Tata
Lechuzo y érale ya imposible continuar en paz sin armar- una pequeña discusión,
que al poco rato degeneró en una pelea, por la cual, apesar de que siguieron
juntos, se negaron el habla, y no volvieron a dirigirse la palabra en toda
ella.
Las crónicas no cuentan cuánto tiempo emplearon en la
excur¬sión, pero sí aseguran que mientras duró ella continuaron los com¬padres
peleados, sin hablarse, apesar de la vida tan íntima que el aislamiento de la
zona y su despoblación les obligaba a llevar.
Detenidamente reconocieron la Bahía de Cochinos y la
En¬senada de la Broa, todas las tierras colindantes con la Ciénaga, y en todas
ellas no encontraron la menor huella humana, el menor vestigio de vida; y toda
aquella enorme extensión de terrenos despoblados, estaban ocupados por una gran
cantidad de anima¬les, de reses de todas las especies, silvestres, jíbaras, que
mani¬festaban gran temor a la sola presencia de los compadres.
Dirigiéndose por las marcas que habían ido dejando en los
montes que cruzban, regresaron hacia Yaguaramas, y cuenta la Tradición que Tata
Lechuzo.se dirigió a las autoridades dándole cuenta de su hallazgo, y pidiendo
la merced de aquellas tierras; por él descubiertas, y ya que el compadre
renunció a todo be¬neficio, incómodo por la última discusión que habían
sostenido en pleno monte, las solicitó él solo.
Uefieren los cienegueros, que como Tata Lechuzo no sabía
escribir, para hacer el pedimento de merced, se dirigió a un Cura del partido
de Yaguaramas, encargándole al mismo tiem¬po de cuantas gestiones fueran
necesarias llevar a cabo, para conseguir aquella merced, retirándose él en
espera de ella, a la Hacienda Alcalde Mayor, donde habitualmente residía.
Sabanas de la Ciénaga
Apesar de que en las crónicas históricas de aquella época no
aparece ningún Presbítero de apellido Zayas, insisten los cie¬negueros en
asegurar que éste era el apellido de aquel sacerdote, que quedándose con la
encomienda del Tata Lechuzo, logró la merced de aquellos terrenos, pero a su
nombre exclusivo, bur¬lando de este modo al ignorante Tata que en él había
confiado sin cautela alguna.
Triste y abatido quedó Tata Lechuzo de este fracaso, hasta
el extremo que pocos años después, y ya cuando aquel sacer¬dote poseía aquellas
tierras, quiso verlas por última vez, y fué
a morir al pie de una laguna que conserva su nombre, y se
en¬cuentra situada en terrenos de la Colonia del Sr. Juan Plasen- cia, en la
Finca Santa Teresa, propiedad del Ingenio Australia.
Esa laguna, conocida por Laguna del Lechuzo, conserva en sus
márgenes los restos del infeliz excursionista, y en la vereda que muy cerca la
cruza, dicen los cienegueros que sale el Tata Lechuzo, con su típico lazo en la
mano, a esperar que pase por ella algún Cura, en quien vengar la burla
inferida, por el que lo despojó del fruto de sus descubrimientos.
Y tan ciegamente creen ellos, que ahí se encuentra Tata
Le¬chuzo, que un cieneguero viejo de apellido Morejón, se atrevió a pasar por
ella en noche lluviosa, cubierto con una capa de agua, negra, de esclavinas, y
confundiéndolo Tata Lechuzo con un Cura, le corrió detrás, salvándose gracias a
la ligereza de su penco...
En realidad, el nombre de Tata Lechuzo es muy conocido en
toda la cuenca, desde Cienfuegos a la Broa, y todos aquellos lu¬gares más
frecuentados por él, llevan su nombre y conservan hoy con respeto su memoria.
El lugar por donde Tata Lechuzo cruzaba el Río Damají, en
sus viajes de montería, conserva todavía el nombre de este le¬gendario
individuo, y se llama el Paso de El Lechuzo; el lugar donde residió con
frecuencia, se llamó el Cuartón de El Lechuzo, y ya cuando el conjunto de sus
casas le dió al 'lugar cierto viso de pueblo, se llamó también como él, y en
1871 así se conocía al fun¬darse una Capitanía Pedánea, con el nombre de
Capitanía Pe-dánea del Pueblo de El Lechuzo; y con ese nombre figura en los
distintos Diccionarios Geográficos del País, y entre ellos en el de Invernó y
Pezuela.
En el año 1878, ya con cierto carácter mayor, cambió su
Ayuntamiento el nombre originario por el de Bodas, que actual¬mente conserva,
creyendo de mal agüero, el que la tradición le había designado como recuerdo de
su primer poblador.
prosiguen las crónicas cienegueras relatando cuanto can
aquellas tierras se refiere, y dicen que tan pronto el Cura Zayas estuvo en
posesión de aquellos terrenos, y conocido y explorado el paso que a ellos
conducía, paso que actualmente se emplea y es el único que en todo tiempo
permite cruzar la ciénaga, aun a caballo, llamado Paso de los Güiros, procedió
a su fomento, comenzando por Ventura.
Al desmontarse el hato, era tal la plaga de mosquitos y jeje¬nes
que existía, que tuvieron los trabajadores que hacer sus cam¬pamentos, en un
lugar que llamaron “La Deseada”, donde no se sentían, y mientras allí se situó
el asiento de la finca, y se establecieron los campamentos de los trabajadores,
el encargado y capataz de la finca, poblaron otro lugar no muy lejano a éste
llamado “La Criolla”, nombre que le dió al sitio una gran palma de esta clase
que ahí existía.
Se conserva por los cienegueros antiguos, hasta el recuerdo
de este primer encargado de la finca, que según ellos cuentan, se llamaba
Joseito Castro, hombre templado, muy valiente y dg- cidido. .
Andando el tiempo, se abrieron otros cortes, que se fueron poblando
poco a poco, y así nacieron: La Montdñita, por lo tu¬pido de la montaña (monte)
que en ese lugar encontraron; Filipinas, porque todo el corte pertenecía a
hijos de Vuelta Aba¬jo, que se conocía entonces como la Nueva Filipinas; San
Lázaro, nombre que se lo dió su primitivo encargado, que siendo lazarino, en
ese sitio se curó con unas hierbas encontradas en sus montes; Maíz, porque los
conucos de este grano allí se establecieron; San¬ta Teresa o Hierba de Guinea,
pues con ambos nombres fué co¬nocida, por ser designada así por sus dueños
originarios.
Santa Teresa, ocupaba entonces, terrenos que ahora se
en¬cuentran ocupados por la ciénaga, pues en documentos antiguos consta que sus
reses iban a beber agua a la Laguna del Tesoro, que se consideraba como la
aguada de la finca.
Las sabanas del Sur se explotaron por un colono llamado Juan
Luis Valdés, que andaba al jobo, es decir, prófugo de la justicia, y cada vez
que recelaba que pudieran irlo a buscar, se escondía en unos cayos que existen
frente a esta sabana, perte¬necientes al Arohipiélgo de los Canarreos, que
actualmente con¬servan ese nombre, pues se les conoce por los Cayos de Juan
Luis, al igual que la sabana.
Los cienegueros de Zapata creen tan verídica esta Leyenda,
que se ofenden si de ella se duda. Un viejo cieneguero, a quien le decíamos que
no podíamos creer todo cuanto nos relataba, de las hazañas de Tata Lechuzo, y
que sobre todo, en los anales de
Yaguaramas no se encuentra el apellido Zayas entre los
sacer¬dotes que sirvieron esa parroquia, nos contestó que si queríamos
comprobar su veracidad y convencemos del odio intenso que siente Tata Lechuzo
por los curas, convidáramos al Presbítero Martín Vilarubia, Cura Párroco de
Jagüey Grande y amigo muy estimado de nosotros, y lo paseáramos solo, por la
vereda que pasa cerca de la Laguna del Lechuzo, después de la puesta del sol, y
al preguntarle nosotros, qué podía pasarle a nuestro amigo, sólo una sonrisa
muy maliciosa en extremo fué su con¬testación ...
CUATRO AÑOS EN LA CIE/NAGA DE ZAPATA
CAPITULO VII
SUMABIO: “LA RIQUEZA FORESTAL OE LA CUENCA”.-!, Los
Primitivos Montes Cubanos.—II, Supersticiones Forestales Cienegueras.— III, Los
Montes Cubanos durante la Colonia.—IV, Perjuicios que ha origi¬nado la
despoblación Forestal en la Vertiente Norte de Zapata.-V, La for¬mación de la
Gran Ciénaga de Zapata como consecuencia de la Tala de los Montes, en la
Vertiente Norte.
— I —
La tierra, según la opinión de los hombres de ciencia más
notables, fue en los albores de su existencia, uria frondosa selva, que
circundaba los mares; y aún las estepas america¬nas y los desiertos africanos
fueron según Humboldt, frondosos bosques, cuyo suelo convirtieron luego en
estéril y abrasado, diversas causas que trastornaron la corteza terrestre (1).
Un bosque fué, la primera morada del hombre y por mucho
tiempo, vagó por él, encontrando abrigo a su miserable exis¬tencia, y
obteniendo en sus árboles los primitivos artefactos, que le sirvieron como
armas y objetos de su industria origina¬ria, los cuales de haber sido encontrados
pudieron caracterizar una era que Reclus llamó del bastón, si hubiera sido
posible que se conservaran al igual que los de piedra, hueso, etc.
T.odos los Cronistas antiguos, contemporáneos con la
con¬quista de Cuba, la describen como completamente cubierta de arbolado, y
especialmente Fray Bartolomé de las Casas (2) en varias partes de su apasionada
obra, al referirse a los montes cubanos dice: ‘ ‘era un boscaje cerradlo toda
la Isla, y en mu-
(1) Andrés
Avelino de Armenteme. “Arboles y Montes”.
(2) Historia
de la Destrucción dadas Indias.
chas partes no podía verse el cielo, desde abajo, por lo
alto y espeso del arbolado que la cubre en toda ella...”
Camino en la Península Occidental de Zapata
De aquel arbolado primitivo, en que según Humboldt, de¬bían
predominar los limoneros, sólo quedan pequeñas huellas en la Cuenca de Zapata,
pues en el resto todo de la Isla ha desaparecido, y aún las regiones donde más
se ha conserva¬do (Camagiiey y Oriente) faltan casi completamente los
ejem¬plares más robustos, y los actuales montes todos son de los llamados
criollos.
En su mayor extensión, Cuba estaba cubierta de una
ve¬getación arbórea, espesa y más densa aiui, por la multitud de plantas
trepadoras y de plantas parásitas, que llenaban los huecos y las ramas de
aquélla (3).
Esta rica vegetación producto de los siglos, llegó a formar
con sus despojos, una capa espesa en el suelo, que posterior¬mente al ser
desmontado el terreno y entregado a un cultivo nada científico, demostró una
feracidad asombrosa.
En los tiempos del descubrimiento, todo parece indicar,
según se desprende de las relaciones de los antiguos Cronis¬tas, que la
vegetación arbórea, o sean los montes, representa¬ban un 70 por ciento del
total de tierras, quedando sólo para las herbáceas de sus sabanas y llanuras un
30 por ciento.
Esta distribución se conservó sólo durante el principio del
siglo posterior a la conquista, pues pronto comenzáronse a talar los bosques
con un empeño tal, que demostraba la firme decisión de acabar con ellos.
Durante los primeros tiempos de la Colonia, la gran
superfi¬cie de los montes, impuso respeto a la escasa y nueva emigra¬ción
española, que al invadir las playas incultas y los frondo¬sos territorios
interiores, encontró por donde quiera, el vigoroso gigante forestal, que
demostraba sólo con el esfuerzo que le prestaba su vida y natural desarrollo,
ser capaz de resistir con éxito, los efímeros y débiles medios de destrucción
con que contaban los primitivos colonos.
Por otra parte (4) no había necesidad para ellos de
des¬montar tierra alguna, por cuanto la abierta, despejada y útil, les era
suficiente a aquellas reducidas colonias de pobladores, que sólo aprovecharon
para el cultivo de las viandas más ne¬cesarias, los antiguos conucos indios,
emplazados en terrenos abiertos y ya cultivados de antiguo.
Para aquellos primitivos Colonos, que sólo se dedicaron,
(3) R. de la
Sagra. Agricultura Cubana. Geografía de Cuba.
(4) In. loe.
cit. ■
después que el laboreo en las minas dejó de brindar
benefi¬cios con que soñaron, a la industria pecuaria, el monte en vez de serles
perjudicial o estorbar en algo sus propósitos, resultó favorecer el negocio,
pues allí encontraban las reses, compa¬ñeras de emigración, sombra protectora
para la cría, y ali¬mento abundante siempre, aún en las mayores secas del año.
Precisamente el estado de la vegetación forestal, tan
po¬tente y arraigada, unido a otras causas que ya hemos estudiado, de las
cuales no era la menor la escasez de la población, dió origen a la industria
pecuaria, con sus singulares medios de crianza y de multiplicación. .»
En cuanto al Gobierno (5), no podía comprender en aque¬llos
tiempos de ignorancia científica, el papel que llegarían a desempeñar algún,día
los montes, no solamente en la propie¬dad individual y colectiva, sino también
en los presupuestos de la renta pública, y dominado por ideas eminentementes
generosas, en favor de los nuevos pobladores, cedió todos los terrenos de la
Isla a particulares, sin reservarse algunos, o el derecho a los montes que lo
cubrían; y cuando las mercedes fueron consideradas como verdaderos títulos de
dominio, perdió por completo el derecho al uso de sus montes.
No muy tarde, por los años de 1623, comenzó el Gobierno a
recoger el fruto de su imprevisión, pues necesitando ampliar la Marina en la
América, pensó como es lógico utilizar, el manantial fecundo de sus bosques,
tropezando con la oposi¬ción de los Hacendados que se creían dueños absolutos
de las tierras, y de cuanto en ella existiera; y sólo basando sus
dis¬posiciones en argucias de leguleyo anticuado, buscando en las legendarias
Leyes de Indias, algún precepto que le favoreciera, dictó su resolución, por la
cual quedaba prohibida la explo¬tación de los bosques a los particulares,
basándose en la nece¬sidad que de sus maderas tenía la Marina Nocional.
Es con esa fecha que se inicia no solamente el descuaje y
despoblación de los montes cubanos, sino la polémica estable¬cida entre el
Gobierno y los terratenientes cubanos, que duró- hasta una fecha tan próxima
como la de 1815, en la cual el Supremo Consejo de Indias, falló, otorgándoles
la razón, a
los particulares, y ordenando al Gobierno la entrega de los.
montes a sus propietarios, montes que en su mayoría sólo el
La vereda del Caletón en la Finca Santa Teresa
nombre conservaban, pues completamente desmontados y en
estado ruinosos los recibieron ellos.
Durante este largo litigio, la Marina explotaba los mon¬tes
en su provecho exclusivo, pero de una manera tan impro¬pia y desconsiderada,
que por donde cruzaban los trabajado¬res de este Cuerpo arrasaban con todo,
bien es verdad por otra parte, que, cuando los Hacendados, conseguían el
permiso pa¬ra sacar maderas en beneficio de sus Ingenios de azúcar, no procedían
con los montes en mejor forma.
Durante estas dos centurias, nada de notable existe en el
dilatado pleito que la ocupa que no sean algunas afirmaciones emitidas por
ciertas entidades oficiales, que demuestran un atraso supino, y pone de relieve
aquellos felices tiempos, en que vivieron nuestros bisabuelos, caracterizados
por una impre¬visión la más absoluta..
El Real Consulado de la Habana, en 1798, casi en los
co¬mienzos del llamado siglo de las luces, sostenía :en diversos memoriales
dirigidos al Soberano, en apoyo de las aspiracio¬nes de los terratenientes
cubanos que: “los montes cubanos eran inagotables por mucho que se talasen y
que era materialmente imposible que el desmonte ejecutado por los particulares,
pu-diese acabar con los bosques del país, pues eran ellos al revés,
excesivamente numerosos.”
Esta errónea noción, sólo para una era como aquella de
imprevisión e ignorancia, puede ser admitida, como producto honrado de una
opinión equivocada, pues no hay necesidad de esforzarse mucho para comprender,
cuál tenía necesaria¬mente que ser con estas prácticas el fin de los montes
cuba¬nos.
En aquellos debates sostenidos entre el Gobierno y los
pro¬pietarios de tierras, no se encuentra entre el fárrago de papel invertido
en la polémica, nada que indique la más mínima idea previsora, por parte del
Gobierno o los particulares, para defender los montes y evitar su despoblación,
pues por el contrario, la polémica se sostuvo, para ver quien de las dos partes
acababa más pronto con ellos, y de una manera más radical.
No se puede culpar pues al Gobierno de los destrozos
ocasionados en los montes del país, y sólo su imprevisión al no dictar leyes
que reglamentaran su uso, pudiera echár¬sele en cara, en una época, en que si
bien es verdad que no
era patrimonio de ella ni el espíritu científico, ni el de
pro¬tección a las riquezas de la Isla, existía ya en la Metrópoli un Reglamento
que salvaguardaba los productos forestales.
Actualmente no podemos criticar nosotros, los Cubanos,
aquellas imprevisoras medidas del Gobierno Colonial Español; a los quince años
de establecida la República, y del manejo propio de nuestros asuntos, resulta
que no existen en el país Leyes Forestales eficientes, y las actuales, calcadas
en las españolas, lian probado a todas luces ser completamente ine¬ficientes, y
siguiendo la tradicional práctica, añeja, liemos acabado de arrasar con
nuestros valiosos bosques.
Nuestro afán de destrucción que ha llegado hasta el lími¬te,
tratando de demoler nuestras propias instituciones nacio¬nales, por rencillas
políticas, apasionadas y mezquinas, se ha extremado en los montes del país, y
un buen ejemplo de cuanto decimos, podemos presentar en los de Zapata, donde la
piratería de maderas y carbón se ha cebado durante los últimos años que hemos
pasado.
La Secretaría de Agricultura, en manos hoy de un bene¬mérito
patriota, el General Eugenio Sánchez Agramonte que ha logrado convertirla en un
Departamento de Gobierno útil, honrado, y que labora por el engrandecimiento y
mejora del país, debía indudablemente acometer esta reforma tan nece¬saria en
las Leyes Forestales, para salvar solo aunque fuera, los restos dispersos y
escasos que aún quedan de nuestros montes primitivos.
— II—
Constituyen los Montes, factores de decisiva importancia en
la vida de los pueblos; y no limitan su acción a facilitar al hombre, maderas
para construir su vivienda, leña para sus necesidades y útiles y materias
primas para labrar con pro¬vecho el suelo, sino que extendiendo su influencia
en todos los órdenes de la vida, purifican la atmósfera, amortiguan la
impetuosidad de los vientos, mantienen la coherencia de la tie¬rra, suavizan el
extremado rigor de los climas y regularizan las lluvias.
Además, constituyen los Montes, una inagotable fuente de
inspiración, relacionándose con la idealidad primitiva de to¬dos los pueblos.
No existe pueblo alguno, que en sus albores no haya
prac¬ticado el culto a los árboles, considerando los montes como sagrados; el
árbol, por su magestuoso porte y su larga dura¬ción, se presentó siempre a los
hombres primitivos como de origen divino.
Los bosques tropicales, asombran por la magnificencia, el
exceso de su vegetación y la variedad de sus especies; no son un conjunto
majestuoso y regular sino un caos de verdor, un hacinamiento de selvas
revueltas, donde la mirada trata en vano de distinguir las innumerables formas
vegetales que lo forman, constituyendo a juzgar por los restos, que de ellos
hemos encontrado en la Cuenca de Zapata, uno de los espectácu¬los más
grandiosos de la naturaleza.
Para los primitivos Indios de Cuba, la impresión que
ne¬cesariamente tenían que recibir en los salvajes montes cuba¬nos, debía ser
intensamente emotiva; al admirar la grandiosi¬dad de los bosques y selvas del
país, siempre crecientes por sus propios elementos, y compararlos con sus
pequeños culti¬vos agrícolas, necesitados siempre de penosas labores, debie¬ron
achacar sin duda alguna esa gran diferencia manifiesta, a la Divinidad, y creer
que ellos se habían hecho para los Dioses infinitos, y éstos para los hombres.
De esta comparación nació el culto a la selva, a ciertos
árboles corpulentos, majestuosos, e hicieron de los montes el lugar predilecto
de la Divinidad, y por consiguiente el de sus Dioses penates o Semíes.
Entre la infinita variedad de individuos vegetales, la
cei¬ba, el patriarca vegetal de los trópicos, la suprema fuerza forestal, fué
señalada como sagrada y nació un culto rudimen¬tario a este gigante, que es sin
duda alguna el que más se destaca, por su aspecto majestuoso, de los demás
ejemplares en la selva cubana; y al igual que los Griegos originarios
con¬sideraron el roble como representación de la Divinidad, de Júpiter, y le
rendían culto, en igual forma, pues ambas mani¬festaciones tan separadas en los
tiempos presentan una idén¬tica y sola causa, consideraron ellos la ceiba como
representa¬ción de Dios.
Y este culto originario, primitivo, que ya casi estaba muy
amortiguado en la época de la conquista, ha dejado huellas muy significativas
entre los actuales Guajiros de la Cuenca, y aparecen en ella, una serie de
supersticiones forestales, que no reconocen otra causa, que aquellas primeras
manifesta¬ciones religiosas indígenas, que se han conservado hasta nues¬tros
días, en forma de supersticiosas creencias.
¿A qué obedece sino a estas supersticiones persistentes, el
Desmonte para caña en Santa Teresa
hecho de no encontrarse un solo Guajiro Cieneguero, que se
decida a tumbar una ceiba, y por ningún dinero ni retri¬bución, por crecida que
sea, hállase un montuno que acometa esta fácil tarea?
Aquellos cienegueros, que no manifiestan escrúpulo alguno
por encasimbar, como dicen, refiriéndose a la muerte dada en una casimba; que
no demuestran temor a las empresas más atrevidas y arriesgadas, tiemblan solamente
al pensar que puedan, sin querer, dañar la corteza de una ceiba, y refie¬ren
con gran seriedad, cómo tal o cual Montuno, por lastimar
ligeramente, y en un descuido, en el monte, tal o cual
ceiba, que en seguida siguiendo su tradicional costumbre, queda de¬signada con
un apelativo especial, murió de un rayo, de un tiro, de algún accidente, que no
le proporcionó la clase de muerte tranquila a que aspiran todos, en medio de su
igno¬rancia y superstición.
No queda duda alguna, que la serie de supersticiones
fores¬tales que abundan en la Cuenca de Zapata, no reconocen más origen que las
reminiscencias de aquel culto primitivo indíge¬na, que se manifiesta en la
ceiba, con más intensidad que en ningún otro ejemplar vegetal, por sus
distintivos caracteres especiales, y por representar este gigante de los
bosques, al Dios inmortal.
Del culto indígena, existen variadas pruebas, y en él
pre¬tendió basar un laborioso Cubano, el distinguido escritor Fer¬nando Valdés,
una de las pruebas más efectivas del origen cubano, de los Nahoas mejicanos, y
al interpretar la Leyenda de Votán, objeto de tantas fantásticas teorías, dice
(6):
“ ... verificaban las indígenas cubanos, los bailes en los
Bateyes for¬mados delante de las casas, y danzaban al rededor de UNA CEIBA que
siempre existía colocada en ella, ipues su tronco magestuoso represen¬taba el
SOL, astro que veneraban y a quien rendían culto....”
El culto a la ceiba, además, se conserva vigoroso todavía en
Zapata, y no es sólo su adversión a tumbarla únicamente lo que lo constituye;
este grandioso árbol, que impresiona por su larga vida, conmemorando con su
presencia, hechos del que ha sido testigo, separados en el tiempo por muy
variadas ge¬neraciones, cuenta con ejemplares muy notables en la Cuenca, y de
una antigüedad indiscutible muy añeja.
Cerca del corral Caobillas, brota en el centro de un
legen¬dario tronco de ceiba que tiene más de 40 varas de alto, un potente
manantial, cuyas aguas están influidas, según dicen, por las raíces del cíclope
vegetal, hasta el extremo que preser¬va a las embarazadas de cualquier tropiezo
en sus partos, si al tomarlas, van acompañadas por lo menos de dos hombres, a
los cuales deja eternamente unidos por un vínculo de amistad
tal, que nada en la vida puede jamás quebrantarlo, si
mientras ella toma el agua, ellos se cobijan bajo su sombra protectora.
La ceiba vieja, milenaria, de Palmillas, eerea del pueblo de
ese nombre, árbol que por su gran copa en forma de media naranja, su inmenso
tronco que pasa de 12 varas de circunfe¬rencia, y cubre 20 varas en círculo, se
distingue desde más de una legua de distancia, y es otro ejemplar reverenciado
por los montunos de la zona, que cuentan maravillas de su influen-
í'+M ' /
« V. i
Tumba de montes en la Colonia Plasencia, Finca Santa Teresa
cia, y las leyendas que con su existencia se relacionan, son
no¬tables y numerosas.
Su antigüedad es tan remota según dicen los Guajiros, que
uno de ellos un poco más versado en las cosas del país, nos aseguró que debajo
de esa ceiba, se habían reunido en consejo los Caciques de la Hanabana y
Yaguaramas, cuando supieron de la invasión castellana de Narváez, y que allí
pre¬cisamente acordaron no hacerle resistencia.
Desconocíamos los Cubanos este notable árbol, que ya pue¬de
considerarse, siguiendo las Tradiciones Montunas, con la
significación histórica que tiene el árbol de la paz de
Santia¬go de Cuba, y que tanta influencia tuvo en nuestros destinos patrios .
Los Montes todos eran para los Indios Cubanos, morada de sus
dioses, y no se crea que al necesitar maderas de ellos, tumbaban cualquiera
clase de árbol sin reparar; al contrario tenían muchísimo cuidado en la
selección de ciertas maderas y sólo tumbaban aquellos árboles, si por su
expreso y propio mandato así lo indicaban.
Según cuenta Torquemada (7), en los Montes encontraban sus
Semies, pues:
“...cuando un Indio veía en un monte agitarse mucho un
árbol, le interrogaba, y si el árbol contestaba, íbase el Indio en busca de un
Behique, a quien éste le <lecía si quería que lo tumbasen, para adorarlo
como Semi.... ”
Precisamente las maderas que para nosotros han sido
precio¬sas, por su bellas cualidades y aspecto, como la caoba, el cedro, el
ébano, etc., no eran consideradas sino como árboles sin significación alguna,
carentes de toda influencia divina, y así los cortaban sin escrúpulo alguno, y
los empleaban en la cons¬trucción de sus canoas, piraguas, horcones de casas,
etc., pero algunos además llegaron a ser maléficos, y los tumbaban por gusto,
con objeto de acabar con su influencia.
Otra reminiscencia de estas supersticiones forestales, se ha
conservado en la Cuenca de Zapata, basada en un hecho indí¬gena acontecido ya
en la época de la colonización, y ésta se aplica al árbol copey, a quien los
eienegueros consideran como indigno soplón que revela, cuantos secretos pueda
descubrir, al hablarse cerca de su presencia.
El hecho histórico lo relatan varios cronistas, y lo copia
Bachiller y Morales en su notable obra Cuba Primitiva. En los tiempos de la
conquista, y en los primeros de la colonia, usa¬ban mucho los Españoles, de la
hoja del copey, que por falta de papel y prestarse ella a conservar cuanto se
escriba con un objeto aguzado, sirvió como medio de comunicación entre
ausentes, y sin darse cuenta los indios, llevaban a veces
(7) Monariluía Indiana.
«n sus misiones, una hoja de copey, donde estaba decretada
su muerte.
Cierto Español que residía en Jagua (8) donde tenía en «1
laboreo de las minas de Arimao, algunas encomiendas, le
Ceibas, únicos árboles respetados por el hacha destructora,
en los montes de Zapata
mandó a un compatriota que residía en Yaguar amas, tres
jutías asadas, con un indio de su pertenencia, indicándole en una hoja de
copey, el envío, y tratándole de otras cosas.
El incauto aborigen, en un tan dilatado viaje, comióse
dos de las jutías, creyendo hacerlo sin testigo alguno, y al
llegar a Yaguaramas, entrega solamente una, que para su des¬gracia llevaba
debajo de la cubierta, la delatora carta en el copey.
La Historia no cuenta más que «1 hecho; no dice la suerte
que corrió el pobre indígena, pero si asegura, que desde enton¬ces,
consideraron todos los indios cubanos al copey, como so¬plón, indiscreto y
malvado, y cuantos árboles de esta clase podían cortar lo hacían, y nunca más
trataron de sus proble¬mas, ni se reunieron a hablar, en las proximidades de un
copey, pues cuando necesidades perentorias les obligaban a ello, y existía
algún copey, por distante que estuviese, lo cortaban y lo quemaban, sin hablar
palabra alguna.
Como otra reminiscencia de esta superstición, consideran los
cienegueros de Zapata, al igual que los indios del país, el copey como árbol
maligno, enemigo de la paz y buscador e instigador de tragedias y bullas, por
las cosas que revela.
Cuentan ellos, que el desgraciado montuno que pasa por debajo
del copey, en noche obscura, sin darse cuenta de su presencia, y anda en
excursiones de sabaneo, que quiere de¬cir en empresas amorosas, pronto queda
descubierto, pues el copey nada tarda en contárselo a los vientos; la pareja
amo¬rosa que busca en la fuga, medios de satisfacer su aspiración, siempre deja
huellas, si por los alrededores de su ruta se encuentra algún copey, y llega
este infeliz y calumniado árbol a ser considerado tan mal, que copey le llaman
al flojo de lengua, que no guarda secretos.
A nosotros nos aconteció, tener necesidad de saber ciertas,
noticias reservadas, en aquellos tiempos del predominio del sable en la última
guerrita, pues amenazados estábamos con la paralización de nuestros trabajos en
la línea del ferroca¬rril Australia-Ensenada; el laborantismo, en aquellos
penosos, días era tremendo, y queriendo saber a que atenemos, quisi¬mos obtener
noticias ciertas, de algunos Jefes alzados, que se decía andaban por la zona.
Con este objeto, una mañana muy temprano fuimos al
Cam¬pamento General de trabajadores, situado en un Cayo de la Ciénaga, y
llamamos al célebre Catalán, nuestro Guardia Ju¬rado, y llevándolo caminando
sobre la línea, para separarlo del campamento, le interrogamos a cierta
distancia de aquél, cuando consideramos que nadie podía oírnos, y para sorpresa
nuestra el Catalán nada contestó, indicándonos con el dedo, «1 hilo del
teléfono.
A muy reiteradas preguntas nuestras, y siempre encerrado -en
el mayor mutismo, nos contestó casi por señas, que tenía el temor de que lo qué
hablásemos, fuese descubierto por el be¬juco, así llaman ellos al teléfono, y
no hubo fuerza humana alguna que le obligara a satisfacer nuestras preguntas.
Cuando pasaron aquellos calamitosos tiempos, inquirimos del
Catalán, el por qué de aquella terquedad tonta, y sus pa¬labras fueron el
decirnos, que él sabía que el bejuco no diría nada, pero que cerca de donde
estábamos, había un copey, que se había propuesto ser su desgracia, y que si
algo hubiera ha¬blado de la guerra, tenía la seguridad más completa que al día
siguiente, lo hubieran sabido aquellos milicianos, que sin consideración
alguna, y como hordas salvajes habían invadi¬do el campamento, y lo hubieran
colgado de sus ramas.
Por lo general los Cienegueros son grandes herbolarios, y al
igual que los indios, curan sus males exclusivamente con hierbas y resinas de
sus montes, aplicándolas en la misma for¬ma que lo hacían los indígenas, y
respetan mucho aquellos montes, que por abundar ciertos árboles, lo designan
ellos como montes virtuosos.
— III —
Escribir la historia de los Montes Cubanos, es trazar el
«urso de su destrucción, la cual en poco tiempo se llevó a cfecto.
El proceso agrícola del país, ha sido en este aspecto,
fu¬nesto para los montes cubanos; invariablemente siempre, bien en las tumbas
para nuevas siembras, o en las explotaciones fo¬restales, se ha procedido de un
modo salvaje con el monte y «us maderas.
Se talan o queman los montes, se establecen los plantíos,
caña por lo general, no en relación con las necesidades del país, sino conforme
a la demanda comercial, exclusivismo agrí¬cola 'que ha logrado hacer de Cuba,
un desequilibrado país de finanzas ilusorias, precisamente por la opulencia de
sus tierras, dedicadas solamente al cultivo de la caña de azixear.
En esas tierras desmontadas, se continúa la explotación,
mientras que es productiva, y hasta hace poco tiempo, en que se ha comenzado a
emplear el sistema intensivo en sus tierras, se abandonaban los campos como
cansados, buscando otros mejores, que iban poniendo al descubierto el hacha y
el fue¬go, enemigos implacables y destructores de la riqueza fores¬tal
permanente.
Tumbas en los montes de la Costanera Norte
La tala de los montes en relativamente pocos años, ha sido'
tan intensa, que ha hecho variar las condiciones hidrológicas forestales, y la
fertilidad, de muchas tierras cubanas.
Bajo el punto de vista de los productos forestales, ya se
siente la escasez de muchos de ellos, y dilatadas extensiones de terrenos se
han abandonado por falta de bosques; la tala imprevisora hace carecer hoy día,
así a las poblaciones como a las fincas, de ricas maderas de construcción, que
antes se prodigaban lastimosamente hasta en las cercas de los potre-ros, y a
pesar de la perfección -en los procedimientos de elabo¬ración en las fincas
azucareras, muchos Ingenios no desapare¬cieron entonces por falta de leña, por
la introducción de los trenes Jamaiquinos, y posteriormente, por los adelantos
que hoy disfrutan estas modernas industrias, que con el empleo del bagazo como
combustible, han logrado, en cierto modo, evitar la crisis.
A pesar de todo, la escasez de leña para Ingenios, es
nota¬ble, y muchos Centrales se han visto en la necesidad de usar el petróleo
como combustible en sus calderas, por la total carencia de leña.
Desde 1577, en que el Rey Felipe II solicitó del Goberna¬dor
de la Habana, los más bellos ejemplares de cedros, ébanos, guayacanes y caobas,
que hoy lucen transformados por el arte, en el monumental retablo del Coro, en
el Escorial, los montes cubanos han sido saqueados sin interrupción alguna, y
ya en fecha tan remota como 1770, comenzaron a escasear algunas maderas, y
vióse el Gobierno en la necesidad de dictar una R. O. prohibiendo el uso de
algunas, que como la que se publicó en 1790, prohibía terminantemente emplear
el sabi- cú y chicharrón en las mazas de los Ingenios, reservándose para la
marina.
Con una prodigalidad sin nombre, se usaron las bellas
maderas del país, en cercas, techos de barracones, horcones, pisos, etc., y en
muchas antiguas casas de Ingenio, huellas quedan de ese inconsciente malbarate,
que es muy elocuente. Pronto comenzaron a faltar las maderas duras de
construc¬ción, y muchas, que antes abundaban notablemente en sus bosques, como
el cedro y la caoba, se han hecho por su demanda, que ha originado altos
precios, casi prohibitivo su uso.
No limitaron el saqueo de los montes a las maderas duras y
de construcción, sino toda clase de árboles cayeron bajo el hacha demoledora,
hasta el extremo que a principios del si¬glo XVII, ya se notaba escasez de
leña, y pudo Humboldt afirmar a mediados del siglo XIX, que:
“ .. .& medida que la Isla se ha despoblado de árboles,
por la exce¬siva cantidad de terrenos que se han desmontado, los Ingenios han
principiado a tener falta de combustible...”
El encarecimiento de la madera y la falta de leña en el
país, llegó a constituir un problema de gravedad suma, y en 1841 comprediéndolo
así la meritísima Sociedad Económica de Amigos del País, acordó señalar un
premio, al trabajo que propusiese los más radicales y eficientes medios de
prevenir los funestos efectos de la devastación en los montes.
Según las Estadísticas de aquella época, se desmontaban
anualmente MIL CABALLERIAS, y la Isla sólo contaba con SETECIENTAS MIL, de las
cuales CUATROCIENTAS MIL eran sabanas, ciénagas, terrenos desmontados, etc., y
esas TRESCIENTAS MIL CABALLERIAS que existían de montes, sufrían las siguientes
pérdidas:
Corte de leña para los Ingenios 1.000 caballerías
Siembras, sitios, etc
1.000 „
Incendios
100 „
TOTAL 2.100 caballerías
Contando solo las 2.000 caballerías, y calculando que las
100 se renuevan por casualidad, pues las labradas conservan siempre algún
monte, y del que tumban, aprovechaban muchí¬sima madera, fácil es calcular a
qué se ha debido, con estas sangrías continuas, la total extinción de los
montes cubanos.
Bajo un continuo desmonte, sin repoblación alguna, ni
intento siquiera de ello, comenzó nuestro siglo, encontrando los montes
cubanos, a excepción de algunos de la Cuenca de Zapata y otros de Oriente y
Camagüey, completamente arra¬sados.
Descontando las veinte mil caballerías que aún pueden
exis¬tir en Zapata, y escasamente el doble en el resto de la Isla, a esto se
reduce actualmente la total riqueza forestal cuba¬na, en un país, que se
encontraba en sus albores de colonia, con todas sus tierras selladas de árboles.
La Cuenca de Zapata logró conservar algún tiempo, su
arbolado primitivo, la selva originaria, pero ya a principios del siglo XIX, al
fundarse la ciudad de Cienfuegos, en la Bahía de Jagua, se encontraban
desmontados los bosques de sus alrededores. De esos montes de Cienfuegos
salieron las más notables piezas forestales, y la célebre caoba de Damují, la
mayor del mundo y la más bella, fué cortada en sus bosques.
La vertiente norte de la ciénaga, conservó sus montes casi
intactos, por el alejamiento de toda vía de comunicación y conservarse aquellos
terrenos dedicados a la crianza de gana¬do y potreros de reses, pero a mediados
del siglo XIX, cuan¬do aquella fiebre de caña, parecida a la actual, invadió
Cuba, se fundaron en ella numerosos Ingenios, se desmontaron sus tierras y
desaparecieron sus montes, vestigios de los cuales sólo se conservaron en las
costaneras y terrenos interiores de la ciénaga, así como en su vertiente sur,
que modernamente se ha comenzado a despoblar.
La siembra de caña para esos Ingenios, fué rápidamente
acla¬rando la selva, y sólo se respetaron pequeñas extensiones li¬mítrofes con
la ciénaga, donde no llegó por su alejamiento el hacha destructora.
En las casas de calderas de los antiguos Ingenios de la
zona, Australia, -Mlpes, Cantabria, Niágara, Pería, etc., se encuentran aún, en
aquellos que no han sido reconstruidos, bellas piezas de madera dura,
prodigadas en vigueterías, hor¬cones y pisos, y aún colonias sin importancia
alguna entonces como la antigua finca Galdós, poseía una casa de vivienda,
exclusivamente fabricada de caoba, cedro y ébano, construc¬ción que fué
destruida en la guerra grande.
En la actualidad, en toda la vertiente norte no queda
nin¬gún monte, y ni las palmas han respetado las tumbas; y sólo alguna que otra
ceiba, algarrobo y jagüey, se encuentran por aquellas desoladas regiones, todas
ocupadas hoy por la productiva caña; sin previsión alguna se han sembrado de
caña todos los terrenos de esa vertiente, sin dejar pequeñas parcelas para
conucos, de donde pueda el colono obtener sus viandas, y no tener necesidad de
sufrir a manos del bodeguero; no se han preocupado tampoco, de los potreros, y
resulta un gra¬ve problema el mantenimiento de la boyada, en cualquier fin¬ca
grande de la zona.
La especial idiosincrasia del Guajiro lo lleva siempre a la
ruina, por muy altos precios que alcance el azúcar: su falta .de previsión lo
convierte en esclavo del bodeguero, que lo explota, y para quien únicamente
trabaja; y existen en la zona casos muy-notables de estos industriales que se
enrique¬cen con los sudores y fatigas del pobre e incauto agricultor,
que no tiene otro remedio que gastar en el establecimiento,
cuanto necesita para su sustento, cuando destinando una pe¬queña extensión para
la siembra de viandas, tendría resuelto el problema de su alimentación y no
dependería de la bodega.
La bodega de campo es algo muy notable de que no tienen
El Sr. R. G. Ward con su práctico cieneguero inspeccionando
los montes
noción siquiera los cultos habitantes de las ciudades; y
pode¬mos conocer su especial funcionamiento porque durante algún- tiempo
corrimos con una pequeña, en la finca San Isidro, donde fomentábamos una
Colonia.
Los nombres que casi siempre llevan las bodegas de cam-
pío, son sugestivos, pues tratan de este modo de sugestionar
al Guajiro; existen algunas, que cual la que se denomina “La Defensa del
Guajiro”, situada en Crimea, está destinada a todo, menos a lo que su nombre
indica, y como las cuentas en ■estos
establecimientos se liquidan con los azúcares de la
zafra, y el bodeguero refacciona en víveres al pequeño colono, esas
liquidaciones anuales, de la cual ninguna constancia lleva el -agricultor por
lo regular, resultan notables.
En los Alpes o en Cofiño existió una antigua bodega, cuyos ■procedimientos se recuerdan
entre los modernos Guajiros de la zona; su dueño, un Don Pancho, barrigón,
gordo y afable <-on sus clientes, tenía por costumbre sentarse en la puerta
del •establecimiento, en un taburete especial muy deformado por •el uso, a
observar los dientes que pasaban y no entraban en el «establecimiento..
El desgraciado Guajiro que por allí transitaba en busca del
«compadre a quien iba a negociarle la yegua o a cambiarle su potro, quedaba
enseguida señalado, y desde la puerta Don Pancho, sin molestarse mucho, tan
pronto lo perdía de vista le gritaba al dependiente: “Apúntale tal cosa a
Fulano”. A los pocos días el propio Fulano infeliz, venía a surtirse a la bo-
-dega, y en conversación Don Pancho le indicaba los efectos ■que el pobre no había llevado, pero como le recordaba que <pse día había estado hablando con tal
Guajiro, a tal hora, mon¬tado en tal caballo, etc., quedaba al fin convencido
de su ilusoria compra, de la cual no recordaba, achacándolo a infide¬lidad de
su memoria.
Este Don Pancho además, al 'liquidar las cuentas,
encabeza¬ba las sumas distraídamente con la fecha, de tal manera que el año,
escrito con números, se encontraba a la cabeza de ellas, y sumándolo en
conjunto lograba llevarle al Guajiro algunos pesos más de encuentro.
Podemos asegurar que todavía existen muchos Don Pan¬cho por
esos montes, y en cada bodega de campo, siempre se encuentra si no un Don
Pancho, por lo menos un Don Francis¬co, bodeguero, banquero, refaccionista,
colono, tasador de tie¬rras, todo eso en una sola pieza, bajo el aspecto de un
sen¬cillo comerciante.
Nosotros hemos presenciado un caso muy notable: un clien¬te
guajiro, a fin de zafra va a liquidar su cuenta de bodega, y terminada ésta,
convida al dueño; éste no desea nada por el
Materiales acopiados al pie del ferrocarril
Australia-Knsenada
momento y dice : una sidra vale un peso, te la voy a apuntar
eit
la cuenta nueva y así he aceptado la convidada
Terminada la guerra de independencia, comenzáronse ai.
«explotar los montes de la vertiente sur, y se crearon
algunos cortes importantes de maderas en las fincas lindantes con la Bahía de
Cochinos, que permitía su fácil transporte por mar, a Batabanó y Cienfuegos.
La labra de maderas de dimensión, polines, carbón y cuantos
productos forestales podían encontrarse en aquellos extensos bosques, pronto
adquirieron suma importancia, fundándose .grandes cortes para la explotación de
los montes.
Estos montes actualmente están en decadencia, por la in- ■tensa explotación que han sufrido durante 18 años,
pero da ‘idea de su potencia forestal, el hecho de
que a pesar de mante¬nerse durante tan largo tiempo una explotación continua e
intensa, existen fincas que, cual £1 Jiquí, propiedad de Walter Wilcock, en una
extensión que no es mayor de 500 caballe¬rías, conserva todavía en pie más de
DOS MILLONES DE PIES DE MADERA DE CAOBA, CEDRO Y SABICü; pueden •sacarse
durante 5 años todavía, DIEZ MIL POLINES MEN¬GUALES, de vía ancha; y a pesar de
lo relativamente alto que resulta su transporte marítimo a Cienfuegos, esa
finca deja en 'la actualidad, de pie de monte exclusivamente, $40.000 anua¬les,
libres.
Calcúlese que serían estos montes, si sus propietarios se
^preocupasen en repoblarlos; serían verdaderamente inagotables.
La Finca Ventura, es incalculable lo que deja, y de sus
«extensos montes, pues es la hacienda más grande de la zona, -salen a millares
los polines, carbón de yana y júcaro, que ya «comienza a faltar en la cuenca,
madera de dimensiones que se labran en la sierra de Venero Prieto, y cuantos
produetos forestales existen en sus bosques. La razón social 7ebra y Compañía,
propietaria de ella, abarca un negocio tan grande y es de tal magnitud su
movimiento, que posee seis goletas de 100 a 200 toneladas, exclusivamente
dedicadas al transporte de sus productos a Batabanó.
San Blas le ha dejado una millonada al hacendado Manuel
Carreño, que lo tiene arrendado por diez años, y para cuya -explotación
construyó su hijo, nuestro querido amigo y com¬pañero Alejo Carreño, el notable
ferrocarril que atravesando ¿la Ciénaga, une esa finca con el batey del Ingenio
Covadonga.
Santa Teresa, propiedad del Ingenio Australia, está unida
también por ferrocarril, del cual trataremos en Capítulo
apar¬te, con el Batey del Ingenio, y surte en la actualidad de leña, a todos
los Ingenios de la región sur de Matanzas.
La escasez de leña es tal, que el ciento de arrobas, puesto'
sobre los carros en Jagüey Grande, se lia llegado a pagar a SIETE PESOS, es
decir, ha costado más a los Ingenios, el ciento de arrobas de combustible, que
el de materia prima, caña, que sólo en promedio no llega nunca a ese alto
precio.
Materiales acopiados en la vía ferrea preparados para ser
conducidos al Batey de Australia
La finca Santa Teresa, comprada por nosotros hace varios
años, por encargo del que fué nuestro muy querido amigo Alberto Alvarez,
condueño del Ingenio Australia, desapare¬cido tan violentamente, costó $
65.000, y esa finca con sus 500 caballerías de montes tupidos, y extensos, casi
ha dejado ya, solamente en utilidades de leña, su costo.
En sus montes, abunda el sabicú, la caoba, el cedro, y
cuantas maderas hayan existido en Cuba, y es tal su abundan¬cia, que cuando
construíamos el ferrocarril Australia-Ensena-
da, nos vimos obligados a emplear caobas, cedros, etc., en
las fajinas y polines de la vía, por no encontrarse en sus alre¬dedores otra
clase de madera.
Enormes tosas de caoba nos vimos obligados a usar y picar en
los puentes de la línea, y todavía pueden verse algunas, en el denominado del
Barranco del Lobo, cerca del Caletón de Ven¬tura, costanera sur de la Ciénaga.
Algunos Cayos interiores de la Ciénaga, donde el hom¬bre no
ha podido llevar su afán dectructor, conservan en to¬do su majestuoso
esplendor, muestras de la selva originaria, aunque ellos por su pequeña
superficie, en comparación a la total área ocupada por. la ciénaga, sólo
representan un peque¬ñísimo tanto por ciento de su extensa área.
En algunos Cayos, existen ejemplares muy notables; en el
Cayo La Caoba, cerca de los derramaderos del Río Cantero, existe una caoba que
da nombre al Cayo, y que puede compe¬tir en tamaño, casi, con la célebre del
Damují. Caobas más chicas, pero muy bellas, existen en los Cayos El Toro, Los
Cris¬tales, El Pañuelo, Los Negros y otros.
Cedro, no existe ninguno en los Cayos interiores de la
Ciénaga, pero abundan muchos sabicú, acana, jiquí, y todas las maderas duras,
en el intérior del gran pantano.
El ébano, es muy raro ya en Zapata, sobre todo el ébano
real, pues del carbonero existe abundantemente, por la costa sur; sabicú y
chicharrón, en la vertiente sur, tampoco abunda. En algunos lugares de la
vertiente, sólo se encuentran en la actualidad, maderas sin valor, mucho
soplillo, algarrobo, pal¬ma cana, etc.
Por lo general los cedros grandes, están huecos, pero de
todos los que existen en pie, los mejores y más derechos son sin duda alguna
los de la finca Santa Teresa; la caoba sólo abunda, de Júcaro Quemado para
occidente, pues de esa fin¬ca al oriente, hoy no se encuentra ninguna.
Las innumerables casimbas que abundan en la Ciénaga,
cubiertas de lodo y agua, no reconocen otro origen, que el hueco que los
troncos ocupaban, antes de desaparecer el arbolado, y son tan numerosas, que
puede dar muestras de cómo se en¬contraba en un tiempo sellada aquella extensa
área, hoy ocu¬pada por el pantano, con una vegetación robusta y potente.
Estos huecos o casimbas, que el caminante 110 ve,
consti¬tuyen el vía cruxis del que recorra sus anegados terrenos; sólo la
percepción especial que tienen los cienegueros, evita el
El Cayo ‘Xas Palmas’
que caigan continuamente en ellas, y aunque no es peligrosa*
la caída, por su relativo corto diámetro, es muy desagradable-
al ir a colocar el pie, enterrarse en el fango, o irse hasta
los ojos en el agua. Algunas casimbas muy profundas, donde desaparece el que en
ellas -cae, las designan los cienegueros como casimbas de sombreros, porque
sólo deja éste flotando en el agua.
Otras casimbas, no tan profundas, se llaman de cintura, y en
fin, son tan numerosas, que en ruta de camino atravesando la ciénaga, son
innumerables las veces que se cae dentro de ellas, por muy buen práctico que
acompañe la expedición.
Cuando se aniega la ciénaga y se cubre de algunos
centíme¬tros de agua, después de completamente saturado el subsuelo, pueden
observarse bien las casimbas, si no se revuelve mu¬cho el agua por donde se
camina; y en aquellas casimbas en que el agua aparece revuelta, es muy peligroso
introducir el pie, y hay que vencerlas de un salto, pues esa turbidez indica,
que en su fondo existe algún pequeño cocodrilo, que espera confiado la biajaca,
que siempre abunda en tiempos de gran¬des lluvias.
Las casimbas proporcionan al recorrer estos pantanos, un
ejercicio fatigoso, que hace del cruce de la ciénaga una peno¬sa labor; la
serie de troncos o raíces de yana y júcaro que se conservan, después de
quemadas las sabanas y que no se ven, y contra las cuales, se golpea la pierna
continuamente el caminante, sólo puede evitarse, usando polainas de lona
do¬ble, que además del calor que proporcionan, hacen más pesa¬do el pie y más
fatigoso el sacarlo del fango, cada vez que se adelanta un paso.
Muchos amigos que nos aseguraban encontrarse con fuer¬zas
suficientes para hacer estas cansadas excursiones, y que nos acompañaron en
algunas, constituyeron verdaderas impe¬dimentas, por el cansancio que les
produjo este ejercicio, al que no estaban acostumbrados, y algunos de ellos nos
vimos en la necesidad de sacarlos casi a cuestas..
— IV —
Siempre a la destrucción de los montes acompaña, la
com¬pleta perturbación en el regimen de las aguas, pues la acción combinada del
follaje, tronco y suelo, regulan en cierto modo
\
su distribución y evitan los destructores efectos de las
grandes'- e impetuosas corrientes.
La influencia de los bosques en el regimen de las aguas es
notable, bajo todos los aspectos que se considere el problema.
Las lluvias se producen por el enfriamiento brusco de una
masa de aire saturada de humedad, pues sabido es, que mientras. el frío
condensa, el calor difunde.
Al entrar una masa de aire en un ambiente seco, pierde
humedad, y en cambio la gana, si se pone en contacto con otro medio muy húmedo,
y de este modo, un viento cargado- de vapor de agua, al pasar por regiones más
calientes y de ambiente seco, no originará la lluvia, pues sólo pierde
hume-dad; pero si por el contrario, atraviesa una columna de aire- húmedo,
precipitará el agua en forma de lluvia.
Por encima de los montes, existen columnas más frías y
cargadas de humedad, que las que se encuentran sobre los; suelos áridos,
desprovistos de montes, o lo que es igual, el ambiente de los montes es más
propicio a las lluvias, que el que reina en los suelos áridos y desprovistos de
árboles.
Además, la interposición del follaje del árbol, origina que
el agua no caiga al suelo de momento, y a la vez que facili¬ta un desagüe
uniforme, evita la acumulación de las aguas: de afluencia. El suelo del monte,
por otra parte, cubierto de una espesa capa de mantillo, asentado sobre una
tierra firme¬mente sujeta por una red de raíces, se embebe de agua, para irse
luego filtrando, obedeciendo las leyes de la gravedad.
Las raíces de los árboles, prestan al suelo cierto amarre,,
que conserva su coherencia, evita la erosión de las aguas y los arrastres de
sedimentos en las aguas de afluencia.
Es por consiguiente el regimen hidrológico que se
mani¬fiesta en una cuenca arbolada, poblada, completamente dis¬tinto al que
predomina en una cuenca desarbolada y de terre¬nos áridos.
Las lluvias no son tan frecuentes; el agua cae toda sobre el
terreno a medida que llueve, y como no existe capa pro¬tectora del suelo, y
éste no presenta la coherencia suficiente, al correr el agua sobre ellos, la
erosión va lentamente desinte¬grándolos y arrastrando la capa vegetal, de la
cual va cargada
el agua de afluencia, para ser depositada en alguna cuenca
cerrada, lago, o arrastrada hacia el mar.
Es bien distinto pues el proceso hidrológico, según se trate
de una cuenca arbolada o árida, sin vegetación alguna, y es precisamente a
causa de la tala de los montes, que se originan esos fenómenos, que llegan a
convertir, una región fértil, en desolado territorio. -
Si estudiamos el proceso provocado por la tala de los mon-
Destrucción de los montes por el avance del agua
tes de la vertiente norte de la Ciénaga de Zapata, podemos
ciertamente obtener conclusiones muy interesantes, que nos aclararán el origen
de su formación, y las causas a que se debe su constante extensión..
El terreno que constituye la Ciénaga de Zapata, está
for¬mado por una hoyada, es decir, es una cuenca cerrada comple¬tamente, por el
norte y sur de ella; su vertiente norte es muy extensa, pues abarca los
terrenos que delimitan la divisoria
de agua en los montes de San Miguel, casi toda la gran
llanu¬ra de Colón y el valle al N. W. de Jagua.
Las aguas de esta vertiente, son recogidas por algunos ríos
que las vierten en la hoyada; las aguas procedentes de la vertiente norte,
región oriental, son descargadas en la La¬guna del Tesoro, por mediación de
cinco o seis ríos de los cuales el más importante es el Hanabana. Las aguas de
la misma vertiente, pero en la zona occidental, corren hacia al sur y se
vierten en varios afluentes del Río Hatiguanico que desarrolla su curso E. W.
por el fondo de la hoyada, hasta desembocar en la Broa, en el mar. En esta zona
existen innume¬rables arroyos que vierten sus aguas en furnias y cavernas
limítrofes con la costanera de la ciénaga.
En su estado primitivo la cuenca, existía una verdadera
regularización de sus cursos de agua; la vertiente norte com¬pletamente
arbolada, no permitía erosión alguna, y las aguas de afluencia eran limpias,
sin arrastre de sedimento alguno. Existía cierta regularidad en las descargas,
que evitaban las grandes innundaciones, pues éstas, que sólo se manifestaban en
la Laguna del Tesoro, eran pronto desalojadas por el Ha¬tiguanico, que recogía
las de su procedencia, tan pronto en ella se manifestaba un nivel determinado.
En estas condiciones, los terrenos de la hoyada se
encon¬traban permanentemente secos, y eran utilizados como potreros de las
variadas haciendas que en ella existían, y sólo queda¬ban sin desaguar, cuatro
regiones bajas, anegadizas en tiem¬pos de grandes lluvias, denominadas: Ciénaga
de Zapata, al sur de Bolondrón; Cayo Espino, al sur de Aguada de Pasaje¬ros ;
Matún, al sur de Orbea, y Yaguaramas, al sur del pueblo de este nombre.
Al desagüe superficial se unía, el subterráneo, abierto por
las mismas aguas; el subsuelo calizo había sido horadado por el ácido carbónico
de las aguas, y en forma de pozos, sumide¬ros, y furnias, existían infinidad de
desagües, que propendían a mantener seca la cuenca.
Este estado de cosas se conservó, mientras los montes de la
vertiente norte no fueron talados, y de ello existen infinidad de pruebas que
tienden a comprobarlo. Las mercedes de tie¬rras otorgadas en la cuenca, en
terrenos que hoy se encuen-
tran completamente anegados, formando haciendas, que en otro
tiempo fueron prósperas, y cuyos centros se encuentran actual¬mente a muchos
kilómetros de la costanera alta, nos comprue¬ba que en cierta época, esos
terrenos, se explotaban, y por consiguiente no se anegaban.
Consultando los antiguos Diccionarios Geográficos del país,
puede además comprobarse cuanto decimos. Pezuela, Invernó, etc., claramente se
refieren a estos terrenos; como tierras de labor, donde existían variadas
haciendas en fomento. Además si observamos los planos antiguos, veremos
indicados en todos, los ríos de la cuenca, desaguando de un modo completamente
diferentes a como en la actualidad lo verifican.
El río Hanabana, que es un lindero entre Matanzas y Santa
Clara, puede verse en esos planos antiguos, que desemboca en la Laguna del
Tesoro, y el Río Hatiguanico, que es otro linde¬ro importante, puesto que
separa ambas provincias por todo el sur del territorio, nace en esos planos en
la propia laguna, estando hoy completamente vacilados es¡tos emplazamientos de
los ríos, resultando imaginarios esos linderos territoriales importantes, borrados
completamente por el fango de la gran ciénaga.
Necesariamente algo ha perturbado aquel estado especial
permanente, que existía, con respecto a los desagües de la vertiente norte, y a
la constitución de la hoyada, y ello sólo puede achacarse al desmonte del
arbolado que sellaba antes toda la vertiente norte de la cuenca, el cual ha ido
provocan¬do la serie de fenómenos, que ha denudado primero la vertiente, ha
depositado sus tierras en la hoyada, la ha ido entarquinan¬do y tupiendo sus
desagües, hasta convertirla en una gran cié- - naga, llena de los sedimentos
arrastrados por las aguas de afluencia de esa vertiente, antes fértil y
productiva, y hoy completamente árida y desolada.
— Y —
A principios del siglo XIX, tina fiebre intensa y general en
todo el país por la siembra de la caña, hizo dedicar todos los recursos de sus
hijos laboriosos a esta industria exclusivamen¬te, y dió nacimiento en los
terrenos pertenecientes a la vertiente
norte de la cuenca, a numerosos Ingenios, fundados todos
en¬tre los años 1825 y 1865, y cuyas ruinas pueden aún observar¬se a un lado y
otro de la vía férrea que de Bermeja se dirige a Navajas.
Especialmente la zona comprendida entre Unión de Reyes y
Navajas, está cuajada materialmente de vestigios de estas fábricas primitivas
de azúcar; por donde quiera se encuentran torres y chimeneas que el tiempo ha
respetado; barracones aún en pie por un milagro de equilibrio, y sobre todo
clara¬mente se distinguen arboledas pequeñas, únicas de la zona, que fueron en
aquellas añejas épocas patios frutales de las diferentes casas de vivienda.
Para la siembra de caña que molían esos Ingenios, fueron
talados esos montes de la vertiente norte, y fué tan completa la tala, que ella
arrasó con todo el arbolado, dejando la tierra completamente pelada, como puede
verse hoy, quedando sólo en pie en aquel inmenso desierto de árboles, alguno
que otro poderoso jagüey o la tradicional ceiba, únicos que abundan; al¬gún
pequeño palmar muy íimitado o estos poderosos árboles que la superstición
popular respetó, es cuanto existe en aquella dilatada extensión de tierras,
huérfanas de todo otro arbola¬do, y donde el ganado no encuentra el más ligero
abrigo a la intemperie, o a los rayos del sol que los ahoga.
Rápidamente se sintieron los efectos de aquella inconsciente
tala, y muy pronto recogieron los hacendados primitivos, * el fruto de su
imprevisión y locura-.
Dejaron de ser regulares las lluvias; se iniciaron los
des¬bordes de los ríos, y por consiguiente las inundaciones barrie¬ron las
tierras, ahogaron el ganado y causaron infinidad de males; la erosión comenzó a
manifestarse, y fué despojando esa vertiente de su capa vegetal; antes tan
fértil y productiva, y año tras año, agravándose e intensificándose estas
causas, fuéronse convirtiendo todos aquellos terrenos feraces, en esté¬riles
páramos, sin aplicación alguna.
La mayor parte de esas tierras hoy están completamente
denudadas, sin capa vegetal que las aguas han arrastrado, donde la pendiente ha
sido propicia, para engrosar el tributo de tierras que ha entarquinado la
ciénaga y ha hecho exten¬der sus dominios.
La caña, poco a poco ha ido desapareciendo de aquellas
tierras, donde la erosión ha sido más intensa, y pueden verse grandes
extensiones de terrenos incultos, rocosos, áridos, sin cultivo alguno, y para
el cual no sirven en lo absoluto, sobre¬todo donde la pendiente la ha
favorecido más, como sucede en los terrenos limítrofes con la costanera de la
ciénaga, la cual lentamente los va ocupando a medida que extiende más y más su
esfera de acción.
En Ingenios antiguos, de aquella fecha, que molían la eaña
de sus tierras circunvecinas, pueden verse hoy sus bateyes, rodeados de
terrenos incultos y. estériles, como se observa en Los Alpes, Perla, Cantabria
y otros, rodeados de comarcas ro¬cosas y estériles, y algunos como Cantabria,
tiene el Batey dentro de la ciénaga.
La tala de los montes originó esas denudaciones y cargó con
las tierras que antes constituían su capa vegetal, para engrosar el enorme
volumen que las aguas de afluencia vier¬ten anualmente en la ciénaga, y este
desmonte inconsciente y loco, llevado a cabo sin previsión alguna, ha originado
dos males incurables: ha hecho estériles los terrenos de sus ver-tientes, y ha
formado la gran ciénaga, la cual extendiéndose cada vez más llegará a ocupar toda
la vertiente.
Actualmente se observan a más de dos kilómetros de la
costanera norte, cayos de tierras que aún conservan vestigios de aquellos
cañaverales del siglo XIX, lo que demuestra «1 progresivo avance del agua, el
fango, y la cortadera, y sin necesidad de registrar mucho, fácil es
encontrarlos en los Cristales, en Cantabria y en £1 Tejar.
Esta última finca es un buen ejemplar que demuestra el
avance de la ciénaga; sus tierras hoy están salpicadas de lagu¬nas, que en
tiempo de aguas se unifican, y bajo el enorme man¬to de sus aguas, ocupan casi
toda esta fértil tierra, haciendo desaparecer bajo ella los plantíos y siembras
que existen.
Un laborioso y modesto Agrimensor, nuestro muy estimado
amigo Víctor Villar, es testigo de mayor excepción, en estas cuestiones que con
el progresivo avance de la ciénaga se refie¬re; hace varios años que don
Víctor, arrendó la finca Las Brujas, sembró caña, laboró con gran tesón, y
cuando ya le sonreía la llamada diosa veleidosa de la fortuna, una gran
inundación, una invasión potente de la ciénaga, acabó con
cuan¬to en ella tenía, como fruto de su honrado trabajo, y arruina¬do
completamente quedó nuestro buen amigo.
Es incalculable la trascendencia que para toda la región ha
tenido aquella tala desconsiderada, que se llevó a efecto
El mister de los cienegueros (Sr. R. G. Ward) incansable
andarín en la ciénaga
durante el comienzo del siglo XIX en la vertiente norte de
la cuenca. Ella sola es la causante de la formación del gran pantano y de sus
consecuencias, de su avance continuo y del peligro latente que para toda la
región significa esa vecindad peligrosa, de un • enemigo que poco a poco,
reclama mayor
tributo de tierras, y sin pedirlo ni nadie enterarse, las va
ocu¬pando insensiblemente..
El proceso de formación del gran pantano de Zapata, es bien
sencillo, después que hemos conocido su causa directa; se inicia con la lenta
tupición de los desagües superficiales y subterráneos, el estancamiento luego
de sus aguas como conse¬cuencia de ellos, y la irrupción a toda la hoyada,
provocando la formación de una capa muy profunda y espesa, producto del
cntarquinamiento del suelo.
Se manifiestan primero las obstrucciones de sumideros y
furnias, reducción y desaparición de algunos desagües, por el propio tarquín
que arrastran las aguas y los tupen, y los aluviones que llevan los ríos que
concurren a la cuenca, como materiales arrancados en el suelo de la vertiente
norte, por la falta de coherencia de las tierras.
Este proceso ha sido lento y dura aún todavía. Los
sedi¬mentos arrastrados por las aguas comienzan a, tupir los de¬sagües
subterráneos, y a medida que se va reduciendo el coefi¬ciente de descarga en la
región, debido no sólo a esta causa, sino a la misma reducción de cauce en el
río Hatiguanico y la formación de barras en su desembocadura, van sufriendo las
aguas una retenida, que origina la invasión de las zonas más accesibles a ella,
por su aumento paulatino de nivel, debido a la sedimentación que al
precipitarse, va subiendo el fondo y i educiendo el volumen a contener de la
hoyada.
Las primitivas y reducidas ciénagas que antes sólo exis¬tían
en toda) la hoyada, comienzan a extenderse, amenazan los terrenos adyacentes, y
en tiempos de lluvia se inicia la continuidad del manto de agua estancado,
hasta el extremo de formar una amplia ciénaga) de las primitivas que sólo
existían.
Ya en la época en que Pezuela escribió su notable
Diccio¬nario Geográfico Cubano, este proceso de unificación existía, aunque
sólo en tiempo de grandes lluvias, pues en esa nota¬ble obra se encuentra, bajo
el epígrafe de MATUN la siguiente descripción:
"... extensa ciénaga que toma nombre de la Hacienda a
que per¬tenece; no es mal sana y está sembrada de lagunas llamadas charcos
<jue son bastante profundos. POE SU EXTEEMO NOROESTE SE
REUNE EN TIEMPOS DE LLUVIAS CON LA CIENAGA DE CAYO
ESPINO...”
En idéntica forma se describen las otras, que también en
tiempo de lluvias se reúnen entre sí; y nótese pues que lo que sólo y
exclusivamente sucedía en tiempos de llivia a media¬dos del siglo XIX, ha
llegado a ser en nuestro siglo, el estado regular, permanente y ordinario de
toda la hoyada, pues ya estas ciénagas no existen aisladas, han sido unificadas
todas por la de Zapata, y hoy sólo se conoce un gran pantano, enor¬me, el de
Zapata.
Unificados los cuatro pequeños y primitivos pantanos que
antes existían, no terminó ahí su proceso devastador ni las consecuencias de la
tala de los montes, no, la ciénaga sigue avanzando, pues la sedimentación que
lentamente se deposita, en su fondo, va desalojando el volumen y obliga al agua
a subir de nivel, y por consiguiente extenderse más, de año en año.
Actualmente puede observarse este avance progresivo; los
lugares bajos de las fincas ubicadas en los términos munici¬pales de Manguito y
Jagüey Grande, y que lindan con la. ciéna'ga, son ocupados accidentalmente por
las aguas, en ca¬da período de lluvias, y forman lagunas de área ilimitada en
sus hondanadas y bajíos más marcados. En todas esas fincas pueden notarse, la
infinidad de lagunas que en ella existen,, y sobre todo los terrenos lindantes
con la costanera, y en con¬tacto de este modo con la ciénaga, se encuentran
salpicados de lagunas; algunas de las cuales ya1 resisten las secas más
rigurosas, indicando visiblemente su proceso de formación.
Si detenidamente se visitan estas fincas , como lo hemos
efec¬tuado nosotros, puede verse en ellas, una clara representa¬ción de la
formación de la ciénaga.. Son notables entre ellas: la Milpa, en la Finca
Boquerones; Maobal, en la Pailita; Bo¬querones, en la de su nombre; Laguna
Grande, en Galdós; La Caracola, en El Tejar; Juracal, en El Socorro; y Tierra
Prie¬ta, en Algarrobos.
En tiempos de lluvias, estas lagunas se extienden, invaden
de agua los terrenos comarcanos, y forman un solo paño, en<5r- me, de agua,
unida con la ciénaga; en la seca se reducen, pero como el nivel de la ciénaga
va subiendo año tras año..
en cada seca las lagunas vánse también extendiendo y
ro¬bando terreno alto a las vertientes, de tal modo, que de una seea a otra,
hemos encontrado nosotros, diferencias muy nota¬bles en el área ocupada por
estas lagunas, y sobre todo en la de Tierra Prieta, objeto de un trabajo de
encauzamiento, que efectuamos, notamos una ampliación de su área muy notable y
persistente.
Como en estas invasiones de la ciénaga, intervienen una
serie de factores muy variables, y que no pueden apreciarse de antemano,
resulta difícil calcular la extensión anual de ella; la cantidad de agua que
cae en la cuenca; la de sedi¬mentos que arrastra, la duración de la anterior
seca, el nivel de los terrenos comarcanos, los represamientos que sufren las
aguas en la hoyada, debido a causas locales, y otros varios, de¬terminan el
área de extensión anual, que roba a la vertiente norte la invasión de la
ciénaga.
Sin embargo, en mayor o menor grado, comparando un año con
otro, puede asegurarse, que la ciénaga avanza anual¬mente y roba terrenos a la
vertiente norte, y con el tiempo ha. de convertir fincas, ya hoy muy invadidas,
como El Tejar, Can¬tabria y Manjuaries, por su escaso nivel, en completo
cena¬gal, y aunque nuestro estimado amigo Grarcía Robles, propie¬tario de El
Tejar, siga opinando que la desecación local de la Laguna La Caracola, puede
evitarlo, desgraciadamente su bella propiedad ha de ser de las primeras que
están llama¬das a desaparecer, si antes no se deseca la Ciénaga de Zapata.
El problema del desagüe es general para toda la cuenca ; no
es posible efectuar desecaciones parciales, que nada reme¬dian, y esas arterias
de desalojos que pudieran construirse, pronto se convertirían en el primer año
lluvioso que se pre¬sentara, en arterias de inyección de aguas y fango, que más
intensificaría la acción invasora de la ciénaga
CUATRO AÑOS EN LA CIÉNAGA DE ZAPATA
CAPITULO VIII
STr^A-ieXO: "TIEMPOS DE PIRATERIA EN LA CUENCA"-I,
Et monopolio mercantil español como origen del corso en los mares
antilla¬nos.—II, Piratas y Forbantes antillanos.-lll. Bucaneros de la Península
de Zapata -IV, La Hermandad de los “Demonios de los Mares”.-V, Los Piratas de
Zapata: Diego Pérez y Girón.-VI, Los pueblos contrabandistas de la Cuenca de
Zapata.—VII, Los Raqueros de Zapata.—VIII, Los Tesoros ocultos.
LEYENDA del Pirata Inglés de Yaguaramas.
I
El monopolio mercantil, injusto, que España estableció en su
dilatado Imperio Colonial, unido a las guerras que sostuvo con varias naciones,
originó el corso y la piratería, que por espacio de más de dos siglos infestó
los mares antillanos.
Aunque los españoles consideraban como Piratas todos los
barcos extranjeros que penetraban en los mares americanos, hay que establecer
una distinción bien determinada, entre los Pira¬tas salteadores de los mares, y
los Corsarios legalmente auto¬rizados para hostilizar al enemigo.
Desde que empezó a debilitarse el poder naval de España, con
la destrucción de la Armada Invencible, en el Canal de la Mancha, surgieron
tres potencias marítimas que se conjuraron desde luego para abatir aquel
coloso: Inglaterra, Francia y Holanda.
Alternativamente estas tres potencias, separadamente o
jun¬tas, se armaban contra España, y los cortos intervalos de paz que raramente
se observaron, durante siglo y medio, sólo tu¬vieron el carácter de treguas.
En época tan temprana como en 1537, aparecen ya Corsarios en
América, faltando desde entonces la seguridad para los es¬pañoles en sus mares.
Mientras las fuerzas corsarias no eran suficientes, seguían
sólo las naves de Sevilla y San Lúcar y corriendo en sil persecución llegaron a
América, y se esparcieron especialmente por los ma¬res antillanos.
Con el tiempo pudieron atacar las flotas, y obligaron al
Gobierno Español a ordenar, que las naves de Indias no salieran de sus puertos
sino reunidas, armadas, y una sola vez al año, para luego regresar con iguales precauciones;
hasta 1581 en que
Canoa de los primitivos piratas Caribes
se organizó la Flota de Guarda de la Carrera de las Indias,
se observaron estas disposiciones.
En los mares antillanos se hicieron famosos, en las diversas
guerras que la Metrópoli sostuvo contra estas naciones, algu¬nos Capitanes
Corsarios, que llegaron a efectuar notables in¬cursiones, muy atrevidas, en los
pueblos costeros de las Colo¬nias españolas y aún en tierra-dentro, y entre
ellos se cuentan: Boverbal (1546), Jacques Sores (1554), Raichard (1586),
Fran¬cisco Drake (1585), Pitt Hein (1628) y Cornelius Jols (1629), que a la par
que servían como Corsarios a sus naciones respecti¬vas, hicieron notables
descubrimientos geográficos y marítimos.
Los Corsarios, sólo atacaban aquellos barcos de naciones,
con las que la suya estaba en guerra, y en las treguas que las épocas de paz
imponía, dedicábanse a los estudios geográficos, sin hostilizar, como lo hacían
los Piratas y Forbantes, a barco
alguno que encontraran en las rutas de sus investigaciones
ma¬rinas; sin embargo, en muchos casos la Historia no puede es¬tablecer una
división bien marcada, entre Corsarios, Piratas y Forbantes, pues en épocas de
guerra, que era en aquellos añejos tiempos el estado normal de todas las
naciones, todos procedían con la misma crueldad contra el enemigo, y muchas
veces Pira¬tas y Forbantes se asociaban con los Corsarios, y bajo su pa¬bellón
cometían las atrocidades sin cuento que caracterizan aquellas despiadadas y
sanguinarias guerras.
El propio Gobierno Español, tuvo a su servicio en 1704, al
feroz Pirata Lorenzo de Graff, Lorencillo, cuando la coalición Anglo-Austriaca
le declaró la guerra a Francia y España; y este Lorencillo, autor de
innumerables depredaciones en los pue¬blos costeros cubanos, se convirtió en
Capitán de navio de un buque francés, perteneciente a una escuadra que prestó,
exce¬lentes servicios a la nación española, y defendió el honor e in¬tereses de
los poblados cubanos, donde antes tantos horrores había cometido.
No es extraño, pues, encontrar en la Historia de aquellas
singulares guerras, bajo el mando de un Corsario eminente, buques forbantes y
piratas, que antes se distinguieron por las atrocidades cometidas en indefensos
pueblos, y que ai cesar la coalición temporal y acabarse la guerra, prosiguen
su habitual vida de piraterías incesantes...
II
En la Edad Media, la guerra marítima era una guerra de
corsarios; cuando las hostilidades cesaban, se publicaba el ban o bando de paz,
que prohibía el corso y declaraba fuera de bando, hors ban, e imponía castigos,
al corsario que en lo suce¬sivo persiguiera y apresara buques de que había sido
enemigo.
Algunos corsarios no obedecían, y continuaban persiguiendo
buques, acometiendo luego igualmente a amigos y enemigos, ya estos piratas se
les conocía y distinguía, con el apelativo de Forbantes.
El Forbante se diferenciaba por lo general del Pirata, en
que mientras éste nunca atacaba a los amigos, aquél no respe¬taba ni hacía
distingo alguno, dedicándose con ahinco al ex-
Herminio de todas las naves que encontraba y podía dar fácil
caza.
Debido a esto, el Forbante sólo podía depender de sus
pro¬pias fuerzas, y por eso siempre estaba en movimiento, sin de¬tenerse gran
tiempo en las costas,, pues precisamente su salva¬guardia la constituía, el rápido
cambio de su campo de acción.
Cierto hidalgo Normando llamado Vaudrosque Diel de Enambuco,
armó por su cuenta en 1625 en Dieppe, un barqui- chuelo y se vino a las
Antillas, para en sus mares probar la suerte, y como Forbante logró algunos
presas importantes.
Convencido, sin embargo, de que era una necesidad para el
mejor desenvolvimiento de las empresas piráticas, el asociar to¬dos los
Forbantes y Piratas que por los mares antillanos se encontraban hostilizándose
mutuamente, llevó a cabo esta idea, dando origen al Füibusterismo, que con
cierto viso legal mu¬chas veces llegó a ejecutar incursiones de grandísima
conside¬ración y provecho.
El Füibusterismo pudo revestirse de cierto carácter legal en
sus empresas piráticas, debido al Tratado de Wervins (1598) entre Felipe II de
España y Enrique IV de Francia.
Por un artículo secreto, se fijaron líneas convencionales-
llamadas “cerco de amistades” y se convino que al S. del Trópico de Cáncer, y
al W. del Meridiano de las Azores, nunca habría paz entre los súbditos de ambas
naciones, de modo que los buques españoles y franceses que se encontraran entre
es¬tas líneas, podrían perseguirse, y las presas que se hicieran, habrían de
considerarse tan legítimas, como si se hubiesen ve-rificado en tiempo de
guerra.
Este absurdo tratado, que sólo se explica por los belicosos
tiempos a que se refiere, donde los Monarcas tenían que bus¬carle ocupación
guerrera a los aventureros que infestaban sus ejércitos y marinos, en las
épocas de tregua, puede estimarse «orno el origen de las piraterías de los
marinos franceses, en el Mar de las Antillas, y que tantas desazones causó a
las nacien¬tes Colonias fronteras a estos mares.
Siguiendo el ejemplo de Enambuco, los marinos y armado- Tes
Normandos, fueron los primeros en aprovechar la autori¬zación que el Tratado
concedía, y dedicándose al Corso y Con¬trabando, en buques bien artillados,
combatían y apresaban los navios españoles, y cuando lograban ocupar las naves,
las con¬ducían a Francia.
En progresión siempre ascendente, y con recursos numero¬sos,
llegó a considerarse como muy lejana la base de operacio¬nes europea, para
internar las presas, siendo necesario ocupar, alguna de las infinitas islas de
las Antillas, que los españoles no habían colonizado, para tener cercano el
campamento gene-
Navegación por la Ciénaga
ral de aprovisionamiento y depósito; con este objeto
acordaron Ingleses, Franceses, Holandeses y otros extranjeros piratas, tan
pronto quedó constituida la Sociedad “Demonios de los Mares”, establecerse
cerca de Santo Domingo, y acometer en gran es¬cala las operaciones por los
mares antillanos.
III
Junto con los Forbantes nacieron los Bucaneros, palabra de
origen francés, que significa (boucanier) curar carnes, hacer tasajo.
Aquellos primitivos cerdos y toros, que con el abandono de
las haciendas, se habían vuelto silvestres, aumentándose de nú¬mero hasta
llegar a formar grandes piaras, abundaban en Cuba, Santo Domingo y Jamaica, y
en 1623, Franceses e In¬gleses, procedentes de barcos piratas, se establecieron
en la Isla de San Cristóbal., de donde fueron arrojados por los Españoles el
año 1630.
La mayor parte de estos piratas fugitivos que querían ser
colonos, refugiáronse en la costa Norte de Santo Domingo, completamente
deshabitada, comenzando pronto sus incursiones en las Haciendas, para cazar
reses huidas, cuyos cueros y car¬nes, convertidas estas últimas en tasajo,
vendían a corsarios y mercantes dedicados a este tráfico.
Estos Colonos bucaneros, llegaron a constituir núcleos muy
típicos por sus hábitos de vida; vivían en cabañas muy exten¬sas, en cuyo inmenso
hogar colocaban una parrilla de madera para asar o ahumar las carnes y secar
las pieles: el humo espeso que llenaba estas cabañas, el olor insoportable que
exhalaban carnes y pieles, sus groseras costumbres, todo, contribuyó a que se
diera a tales viviendas el nombre de Boucon; al método que usaban para asar y
secar las carnes, Boucaner, y a ellos mis-mos, Bucaneros.
Usaban un traje especial: vestían calzones cortos siempre
teñidos de sangre, zapatos de piel curtida al sol, y como arma de la cual nunca
se separaban ni aun en el hogar, llevaban pen¬dientes del cinto, un afilado
machete y dos o tres cuchillos y puñales de diversas clases, para degollar
reses y sacar los cueros.
Acompañados siempre de una jauría de perros muy exper¬tos, y
un largo fusil de 1.60 metros de longitud, conocido co¬mo fusil de bucanero,
salían en parejas a caza de toros y puer¬cos, y su excelente puntería y
destreza en esta caza, siempre les proporcionaba abundante resultado, que
hacían conducir a sus esclavos al campamento o pueblo donde residían.
Estos pueblos o campamentos estaban situados alrededor de
una gran plaza, donde tenían lugar las asambleas magnas de todos los
filibusteros; las cabañas estaban siempre abiertas y cada cual tenía el derecho
de tomar en casa del vecino, lo que necesitase, sin más obligación que
advertirlo al interesado.
Su exclusivo alimento consistía en carne asada, sazonada con
pimienta y jugo de limón, y no usaban pan ni casabe, ni tomaban licor de
ninguna clase.
^.1 principio los Españoles de Haití, no le dieron
Importan¬cia a los nuevos colonos, pero pronto éstos llevaron sus correrías
hasta los pueblos y casas de aquéllos y comenzóse por ambas par¬tes, una guerra
cruel y despiadada, que duró bastante tiempo, y sólo terminó por la extinción
total de las reses, pues viendo los Españoles que por las armas no podían
vencerlos,, dedicá¬ronse a destruir y exterminar la caza, y sólo cuando no
quedó ni una sola res, los últimos bucaneros de Haití, tuvieron que vivir
pacíficamente dedicados a la agricultura.
En el año 1665, el Gobierno Francés, tomó a su cargo la
protección de los colonos bucaneros, y les envió un Gobernador y un cargamento
de mujeres recogidas por la Policía en las ca¬lles y lupanares franceses;
muchos no aceptaron el nuevo gé¬nero de vida que tenían que observar, y se
trasladaron a. las
El Rio Sábalo al desembocar en Cochinos
Tortugas, donde se fomentaba un imponente núcleo, que ya
con¬taba con propios medios de vida.
La Península de Zaptíta, tuvo también sus Bucaneros, pues su
extensa costa, sembrada de caletas y ensenadas muy abri¬gadas, y la abundancia
de ganado silvestre en aquel deshabita¬do territorio, proporcionaba a estos
singulares colonos, un ex¬celente campo de operaciones para la caza y embarque
de ear- xies curadas y cueros.
La Tradición conserva recuerdos de los Bucaneros de Za¬pata,
en las Fincas Tasajera, Ventura, Sabanas de Juan Luisr Cazones, Cocodrilos y
otras, donde existían ganados silvestres en grandes piaras; tenían los
Bucaneros de Zapata, productivos establecimientos, restos de algunos de los
cuales, se conservan, aun, en Juan Luis, en varios horcones de quiebra hacha
muy antiguos, que aseguran los Montunos que pertenecieron a las casas de estos
Colonos de Zapata.
Cuando los Bucaneros de Zapata, tenían reunida suficiente
cantidad de cueros y carne salada, la vendían en Cochinos o en Jagua, en
Cazones o alguna de las innumerables Caletas, donde por lo general siempre
había algún buque pirata o for¬bante, corsario o contrabandista,
avituallándose.
Para ayudarlos en sus quehaceres, tenían establecidos los
Bucaneros antillanos, la esclavitud blanca, y existían buques des¬tinados a
traer de Europa, colonos blancos engañados, contra¬tados por siete años; por
mezquinas pagas, y alimentos exiguos, acompañados frecuentemente de desmedidos
castigos, mantenían siempre la disciplina entre ellos, y por infernal
refinamiento de codicia, extremábanse con ellos el rigor, al aproximarse el
término de su compromiso, a fin de que en su desesperación implorasen su
reventa, aunque dilatando el tiempo de su ser¬vidumbre.
Mientras duraban los contratos, eran esclavos esos
desgracia¬dos, que al igual que los negros, pertenecían por completo a sus
amos, y es de notar que todos los grandes Piratas y Forbantes- antillanos,
Morgan, Dexmelin, el Olonés, etc., comenzaron su vida aventurera como esclavos
de los Bucaneros antillanos.
IV
Unidos los Forbantes, Piratas, Bucaneros y Filibusteros
an-tillanos, fúndase por aquel Normando ya nombrado, la Fra¬ternidad de
Hermanos de la Costa o Demonios de los Mares, y justifican las atrocidades que
cometían con las Colonias espa¬ñolas del Nuevo Mundo, erigiéndose en vengadores
de te raza indígena, tan cruelmente extinguida, declarando, que al hacerle- la
guerra sin cuartel a todo lo que fuese o perteneciese a la nación española, no
hacían más que devolverles a ésta, todo el mal causado a los indígenas.
Se establecieron en la que luego fué famosa Isla de la
Tor¬tuga, y amantes de una libertad absoluta, nunca acataron las leyes de
ningún país; formada la asociación por ingleses, fran-' ceses, holandeses,
cubanos y sur-americanos, eran todos sin dis¬tingos de raza ni religión,
completamente iguales, y sólo sopor¬taban la autoridad de un Jefe, mientras
duraban las empresas piráticas a que se dedicaban.
Sin mujeres ni familia de ninguna clase, se asociaban por
parejas en sus excursiones, y eran los bienes comunes hasta el •extremo, que en
caso de muerte, quedaban a favor del super¬viviente, cuanto el fallecido
dejaba.
Tenían reglamentadas y distribuidas sus ocupaciones, for¬mando
tres clases distintas en su población: Habitantes, que se -ocupaban del
comercio, de los campamentos y de cuanto podía relacionarse con el tráfico
comercial; Bucaneros, que sólo se de¬dicaban a la caza y salazón de la carne de
cochinos y toros, y -que conduciéndola a los campamentos, era entregada a los
habitantes para el comercio; Filibusteros, que venían a ser los marinos que se
ocupaban de cuanto se refería a las incursijr.es pirátieas y a la defensa de la
Colonia.
Todos tenían, sin embargo, iguales derechos; (yran entre
ellos muy honrados, y las desavenencias que pudieran surgir quedaban terminadas
en duelos personales, donde se observaba la más escrupulosa justicia, pues si
el vencedor había procedido alevosamente, le quitaban la vida.
La palabra empeñada debía ser cumplida religiosamente, y al
perjuro lo abandonaban en alguna Isla desierta, imponiéndole -al traidor o
cobarde la pena capital.
Desde que nació esta singular asociación antillana, dejaron
de existir los Forbantes y Piratas independientes, pues todos lle¬garon a
pertenecer a ella, no atacando más que a las naves es¬pañolas exclusivamente, y
tenía tal carácter igualitario esta aso¬ciación, donde se respetaban todas las
creencias, que convivían perfectamente, los católicos intransigentes con
luteranos y pro¬testantes apasionados, sin que en ningún caso cuestiones de
re¬ligión turbaran jamás su paz interior.
Nunca se sentaban a la mesa, ni acometían empresa alguna,
sin cumplir con sus prácticas religiosas; los católicos entonando el miserere,
los protestantes leyendo algún versículo de la Bi¬blia, y los indiferentes,
silenciosos y recogidos, escuchando con gran respeto las prácticas de sus
hermanos.
Mientras la intolerancia religiosa y sectaria, hacía
imposible- la vida sosegada y pacífica en Europa, en países que se decían
en¬tonces civilizados, existía un rincón del Nuevo Mundo, entre- bandidos y
perdidos, según lo clasificaban los españoles, donde ella no era turbada por
las estúpidas querellas religiosas, que tanta sangre inocente hizo derramar; y
era sólo entre aquellos salvajes del mar, donde podían encontrarse hombres de
distin¬tas creencias religiosas, conviviendo en gran armonía, dedicados a lo
que ellos entendían que era su deber y cumpliendo religio¬samente sus
compromisos. i
Contraste elocuente resulta, que mientras el Clero en Cuba
se hallaba entregado, a cuantas bajas pasiones pueda llegar la bestia humana,
comerciando con los corsarios, prostituyendo monjas, acusando con calumniosos
escritos a las autoridades hon¬radas del país y entregado en fin a todo lo que
significara re¬lajamiento y crueldad, dirigidos precisamente por el delegado de
la Inquisición, navegaba por sus costas, un cubano llamado Diego Grillo, pirata
afamado, perteneciente a la Asociación de la Tortuga, excomulgado por ese
indigno ministro, representan¬te en Cuba del odioso Tribunal
¿Y ante la moral universal, quiénes resultaban herejes,
sal¬vajes, piratas y bandidos: esa horda de curas que presididos por el
Delegado de la Inquisición, cometían a mansalva cuan¬tas indignidades y
desafueros pueda concebir la mente humana,, o aquella banda de Diego Grillo,
que con exposición de sus vi¬das, atacaban los galeones españoles, con objeto
de abatir el poderío español en América?...
Donde existía más refinada crueldad, mayores instintos
de¬bestia salvaje, en las huestes piráticas formadas por hombres in¬cultos y
sanguinarios, o entre los ministros del Señor, que con pretexto de heregía,
condenaban a la hoguera, al prójimo más inocente del que pudieran incautarse su
fortuna, o heredar los favores de alguna bella interesada... ?
Las expediciones que preparaban los Filibusteros se
llama¬ban de caza-partida, y acordada dónde y cuándo debía efec¬
tuarse, tenían que presentarse a bordo los filibusteros que
se hubiesen comprometido a asistir, pertrechados con pólvora y balas
suficientes.
En grandes reuniones que periódicamente celebraban, se
acordaban los planes de ataque, y en ellas todos se considera¬ban iguales, y
podían exponer libremente su opinión, acatan dose sin embargo la de la mayoría.
Acordada una expedición, se señalaban de antemano los puntos
donde debían proveerse de carne, favorito alimento de todos, especialmente de
puerco y tortuga, y como muy a menú-
El Rio Sábalo en Jiquí
do tenían necesidad de cruzar por las costas meridionales de
Cuba, habían establecido en ella, en varias regiones entre las cuales se
encontraban Jagua, Cochinos, Cazones y Pinos, de¬pósitos bucaneros dependientes
de la Tortuga, donde se avi¬tuallaban.
Antes de llevar a efecto la expedición, se contaban los que
la formaban, se redactaban unos contratos determinados para el reparto de la
presa, y se estipulaban las ganancias que cada filibustero debía alcanzar,
señalancW cuánto tocaría al Capitán nombrado y a su buque, y las
indemnizaciones que debían per¬cibir los heridos y hasta los asociados de los
que muriesen.
Por lo general se establecía que la pérdida en combate del
brazo derecho, debía indemnizarse con $600 o 6 esclavos; con $500 o 5 esclavos,
la del izquierdo o pierna derecha, y un dedo o un ojo se tasaba en $100 o un
esclavo.
Con leyes sabias y ordenadas y rigiéndose con una justicia
escrupulosa, que ningún país civilizado de aquella época había logrado
alcanzar, los de la Tortuga, con el tiempo, formaron un núcleo tan poderoso y
floreciente, que llegó a ser mayor de 8000 habitantes; y en 1655 eran famosos
los filibusteros de la Tortuga, hasta el extremo de reforzar a Penn, que así lo
soli¬citó de ellos, con 5000 guerreros veteranos para la captura de la Isla de
Jamaica.
Ocupada Jamaica, contaron siempre con un baluarte protector
muy potente, y tenían resguardos tan segu¬ros como la Tortuga, Barbado y Pinos,
se militarizó en cierto modo la asociación, que llegó a contar con Jefes
permanentes de todas las nacionalidades.
Legraud, Mombdrs, Miguel del Basco, Fouqué, Brouage, Scott,
Mansfield, David, Van Horh, Morgan, el Olones, Pie de Palo, etc., fueron
caudillos de estas bandas de filibusteros, que esquilmaron las posesiones
españolas, y solamente en el año 1665, arrasaron con más de 200 haciendas de
crianza.
Ya al finalizar el siglo XVII, comienza la decadencia de los
Filibusteros, y gradualmente llegan a desaparecer como agrupa¬ción organizada,
quedando sus restos esparcidos dedicados al contrabando.
V
La Península de Zapata, despoblada, rodeada de Cayos y
Ensenadas muy abrigadas, y con las Bahías de Cochinos y Jagua, que ofrecían un
gran calado y protección, cerca todo ello de la Isla de Pinos, avanzado
vigilante del Sur, por donde necesariamente cruzaban las naves españolas que de
tierra fir¬me se dirigían a la Habana, fué durante los años de apogeo de la
Piratería Antillana, intenso campo de acción de los “Demonios de los Mares”.
La Ensenada de la Broa, la de Cazones, Cayo Blanco y otras,
ofrecían excelentes condiciones naturales de abrigo y re¬fugio, para las
reconcentraciones de bajeles, y así lo consigna Daexmelin en su obra “Piratas
de las Antillas”, al referirse al litoral que demarca la gran extensión de
tierras comprendi¬das entre Trinidad y Batabanó, extensión despoblada
completa¬mente, hasta la fundación a principio del siglo XIX, de la Ciu¬dad de
Cienfuegos y colonización de la Isla de Pinos.
A pesar de que mucho antes de esa fecha, el Gobierno
colo¬nial había costruido en Jagua un castillo, para evitar que los buques
piratas y corsarios, carenaran sus naves en el interior de ella, donde
habitualmente lo venían haciendo, en el Cayo hoy conocido por Cayo Carena, de
nada sirvió esa fortaleza que sólo evitó la entrada en el puerto, dejando el
litoral sin salva¬guarda alguna.
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I*a Ciénaga inundada
Zapata, por sus excelentes condiciones de abrigo; su total
despoblación e incomunicación por tierra, debido a las ciénagas que la
limitaban por el norte, tuvo como es consiguiente sus Piratas, formados por
gente de mar muy práctica entre aque¬llos laberintos de Cayos, Bajos e Islas,
que la rodean, los cua¬les fueron siempre eficaces auxiliares de sus hermanos
de la Tortuga, en cuantas expediciones era necesario usar de su pericia por
aquellos intrincados mares.
La falanje de piratas de Zapata, contó en dos épocas
dis¬tintas, con jefes muy nombrados, pero especialmente dos, han dejado
recuerdos imperecederos de sus hazañas: Diego Pérez y Francisco Girón.
Español el primero y Francés el último, ambos fueron je¬fes
respetados y queridos entre la banda de piratas y forbantes de la Península de
Zapata. Diego Pérez, como español, disimu¬laba ante los pobladores costeros de
Cuba, con los cuales man¬tenía el contrabando, sus ansias e instintos de
pirata, y sus ha¬zañas como tal, sólo las efectuaba muy lejos de las costas
cu¬banas, donde tenía su refugio.
Al sur de la Península occidental, entre la Punta de Don
Cristóbal y la de Palmillas, existe una ensenada muy abrigada, cerrada hacia el
sur por dos cayos altos, de vegetación fron¬dosa, que algunos llaman la
ensenada de Cazones y otros la de Diego Pérez; esos Cayos, hoy se conocen por
los Cayos de Die¬go Pérez, en ellos tuvo su campamento este célebre pirata,
hi¬pócrita y sanguinario, durante muchos años del siglo XVI.
Poseedor de dos barcos pequeños, de poco calado,
aparen¬temente dedicábase Diego Pérez al contrabando entre Santiago de Cuba,
Trinidad, Batabanó y algunas veces la Habana; y mientras en traidoras
excursiones contra sus propios paisanos del litoral de tierra firme, atesoraba
el producto de su rapiña, aparecía como contrabandista sencillo y honrado, ante
los pue¬blos cubanos con los que comerciaba.
En esas dos Islas, depositaba Diego Pérez, el producto de
sus merodeos por el Caribe, y todavía aún pueden verse en ellos, vestigios de
las casas de este forbante, del cual cuenta la tradición innumerables
episodios, asignándole una fortuna enorme, enterrada en las Islas señaladas,
fortuna que la muer¬te no le permitió transportar a España, como eran sus
inten¬ciones, por haberle sorprendido descuidadamente, en una de sus traidoras
expediciones a tierra firme, donde pereció a manos de otro forbante
sanguinario, que heredó sus campa¬mentos y buques. '
Diego Pérez fué el primer pirata conocido de Zapata, y de
haber vivido en el siglo siguiente, en que las empresas de esta naturaleza
llegaron a alcanzar por su natural desenvolvimien¬
to, mayor auge, contando con bases seguras de
aprovisiona¬miento y defensa, hubiera hecho de Zapata un baluarte pode¬roso, al
igual que la Tortuga.
Habiendo surgido a la vida pirática en una época en que
to¬davía ella no contaba con los elementos que llegó a poseer en •el siglo
siguiente, Diego Pérez, no podía acometer las empresas que luego hicieron
famosos a los piratas franceses e ingleses, y su condición de español le obligó
a ser muy cauto y prudente, para no descubrir su verdadero carácter forbante,
revistiéndo¬se como contrabandista y enemigo por consiguiente de los pi-ratas y
forbantes extranjeros, de una aureola de bravura y ■decisión
completamente fingida.
El Inca Garcilaso en su “Historia de la Florida”, relata «1
siguiente episodio acaecido en 1538 en la Bahía de Santiago -de Cuba:
• “A mediados del mes de Mayo entró en puerto una
embarcación «corsaria o pirata, mandada por un francés cuyo nombre no pudo averi¬guarse,
pero que se tuvo por cierto fué dirigida al saqueo de la ciudad, •así por su
calidad y armamento como por las continuas hostilidades que llevó a efecto esta
nación en las más plazas de las Indias: mas no¬tando en su Bahía otra igual
embarcación española, que mandada por Diego Pérez en corso y mercancía, había
entrado en ella tres días an¬tes, deliberó rendirla sin emprender otra acción”.
‘‘Diego Pérez, que era hombre de espíritu y que reconoció
poT la bandera ser el buque enemigo, resolvió igualmente abordarla, por lo que
levantando las anclas se acercaron recíprocamente con ese intento”.
“Comenzó a jugar la artillería y ballestería, trabándose una
batalla ■naval dentro del
puerto, que con asombro de los vecinos duró en
lo más sangriento hasta la puesta del sol”.
“Divididos por la obscuridad de la noche y a poco rato de
usar las armas, se remitieron mutuos presentes de vinos, dulces y frutas, con
expresiones que desmentían la calidad de enemigos; porque asentaron que
siéndolos en el día, conservarían amistad y buena fe de noche, y que suspendido
el fuego de la artillería, que sólo destruiría ambas naves, dejándolas inútiles
al servicio del vencedor, usarían sólo de las armas blancas, en cuya decisión
se vinculaba la prueba del valor, porque los arcabuces y ballestas eran
invención de hombres de poco ánimo”.
“Sobre esta convención descansaron en la noche, no sin el
cuidado de centinela, que aseguren la justa desconfianza que ha de tenerse en
palabras de enemigos. Amaneció el día y atracaron los costados, pelean¬do
obstinadamente con anmas blancas, hasta que el cansancio y la ne¬cesidad de
alimentarse los cuerpos, los separó algún trecho y rato”.
“Tomaron aliento y esfuerzo y volviendo a pelear duró sin
reco¬nocerse ventaja, hasta que la obscuridad de la noche les obligó a
se¬pararse. Repitiéronse los oficios de urbanidad, ofreciéndose medicina» para
sus heridos y ratificaron los miamos pantos, pasándola también a buena
centinela”.
“En esa noche envió Diego Pérez un recado a la Ciudad de
Santiago;, recomendábale lo que a su vista estaba practicando, sobre rendir
aquel enemigo para libertarla de su insulto y que aun no había podido
con¬seguirlo por hallar mucha resistencia”.
“Ofrecía continuar hasta vencerlo o morir a sus manos, pero
que- suplicaba a la Ciudad que en remuneración de este servicio, le ofreciese-
indemnizar a él lo que su embarcación podría valer. Negó enteramente- la Ciudad
la indemnización que se solicitaba, y desagradó esta ingrati¬tud a Diego Pérez,
esforzó su ánimo a continuar en lo comenzado por- sólo su propio honor”.
Durante cuatro días duró el combate que cesó en esta última,
noehe por la fuga del buque francés.
Todo tiende a demostrar que este combate no fue sino una
burda trama del forbante Diego Pérez, que pudiendo capturar y rendir el buque
francés, empleando sus cañones, dándosela de caballeroso, propuso el empleo
sólo de las armas blancas, como' más dignas de hombres valerosos.
Los piratas de Zapata, bajo las órdenes de Diego Pérez,
extendieron sus correrías hasta Tierra Firme, mientras que en las aguas del
litoral cubano, aparecían como simples contra¬bandistas; en una de esas
excursiones piráticas contra el con¬tinente, fué apresado el buque de Diego
Pérez, por el de otro forbante llamado Bartolomé el Portugués, el que acabó con
to¬dos, capturando campamentos y buques pertenecientes a aquél.
Sin embargo, el Portugués al ocupar el campamento de Die¬go
Pérez con cuanto contenía, no se quedó en él, pues su con¬dición de extranjero
le hacía más difícil el poder representar la farsa de su antecesor, cambiando
éste hacia Cayo Piedra, don¬de se estableció.
Durante el final del siglo XVI y hasta 1604, aparece como-
Jefe de los Piratas de Zapata, el célebre Francisco Girón, que establece sus
campamentos en una caleta y playa de la Penín¬sula oriental, conocida hoy por
CaHetd y Playa de Girón.
En una expedición que efectuaron a Bayamo, pereció a ma¬nos
del negro esclavo Golomon, el célebre pirata y quedándose- sin jefe los de
Zapata, se dispersaron por sus cayos.
Al fundarse la Tortuga como baluarte de la piratería
anti¬llana, las costas de Zapata fueron empleadas como lugar de
reconcentraciones de bajeles para las empresas piráticas, y en esta forma
verifican en sus caletas y ensenadas las preparacio¬nes previas al ataque:
Cornelius Jais en 1629, antes de atacar la Habana; el feroz Olones en 1630
antes de ocupar a Reme¬dios; en 1652 reúnense en Cochinos todos los Piratas de
la Tor¬tuga para ir contra la Habana; en 1665 celebra en ese mismo
La caleta Girón
lugar la reconcentración el famoso Legraude, para atacar
Sancti Espíritu; en 1668 Morgan para atacar la Habana por tierra,
-desembarcando en Batabanó, y fracasando en esto, dirígese a Camagüey; Springer
en 1675 para tomar a, Trinidad; y en 1683 Grandmond asociado con Graff para
tomar la Habana.
La última reconcentración de bajeles piratas efectuada en
las costas de Zapata tuvo efecto el año 1712 para atacar a Tri¬nidad.
Al comenzar el siglo XVIII comienzan a desaparecer los fi-
libusteros y se organiza con sus restos dispersos, el
contraban¬do, con la completa complicidad de las autoridades de la Isla.
VI
El contrabando en Cuba llegó a ser institución nacional de
la cual vivían todos y medraban muchos, desde las más altas- autoridades, hasta
el pobre campesino, lo cual no era sino re¬sultado de las absurdas
restricciones impuestas al comercio co¬lonial, por el ignorante Gobierno de la
metrópoli.
Puerto Príncipe, Santi Espíritu y Villa Clara comerciaban,
con los ingleses y holandeses por las caletas de ambas costas; Baracoa y
Remedios recibían directamente el contrabando; y la. Habana lo efectuaba por
Matanzas, Mariel y Batábanó.
Existieron varios pueblos de la Isla, donde el contrabando
ilegal se sostuvo mucho tiempo después de haber cesado en los demás; en 1607
por la cédula de división de la Isla en dos go¬biernos, no quedó mencionado en
ninguna de sus demarcacio¬nes la villa de San Juan de los Remedios.
Alegando hallarse los pueblos de Trinidad y Santi Espíritu,
fuera de los términos jurisdiccionales de la Habana y Santiago de Cuba,
hiciéronse independientes sus justicias ordinarias, no reconociendo más
superioridad que la de la Audiencia, y por espacio de doce años se aprovechó
aquel vecindario de su su¬puesta acefalía, para fomentar sus tratos
clandestinos.
La continua presencia de corsarios, y la imposibilidad de
rechazarlos, indujeron naturalmente a los vecinos a entrar en tratos ilícitos
con ellos. Se organizaron asociaciones para re¬cibir alijos extranjeros,
usualmente dirigidas por curas, que por escarpar a la jurisdicción civil,
podían impunemente cometer¬las mayores desvergüenzas.
En tratos directos con corsarios, piratas y forbantes que se
dedicaron al contrabando, llegó a regularse la introducción clandestina, de tal
modo, que las asociaciones que con este fin se crearon eran de tal importancia
que tenían sus Estatutos, donde claramente se determinaban los deberes,
derechos y par¬ticipaciones de los asociados, especialmente cuando el artículo
de contrabando que se especificaba, se refería al ébano afri¬cano (esclavos
negros).
Eran lugares de desembarco intenso y continuo, aquellas
ba¬hías y ensenadas de Cuba no pobladas, y prestándose con este •objeto la
Península de Zapata, fueron las bahías de Jagua y Cochinos, puertos de alijo de
enormes contrabandos.
Los pequeños núcleos poblados que existían en su interior,
en comunicación continua con sus costas, se dedicaban afano¬samente al
contrabando, y por esto pudo decir el Dr. Labadie, -en su notable estudio
titulado “Descripción de la Isla de Pi¬nos”, refiriéndose a la colonización
proyectada:
...“todos los habitantes de la costa Sur, y en primer lugar
los de Batabanó, tienen el mayor empeño en que no se fomente la Isla de Pinos.
El terror de que poblada la Isla, la costa estaría defendida y custodiada, lo
que les privaría del escandaloso tráfico del contrabando, de la comu¬nicación
diaria que tienen con los corsarios...”
El ilustre Barón de Humboldt, refiriéndose a su excursión
por la costa de Zapata, en su “Ensayo Político sobre Cuba”_ ■dice:
“Nadie entra en la rada de Batabanó sino los
contrabandistas: o -como allí se dice con más cortesía, los tratantes...”
La más famosa asociación contrabandista que existió y que
recuerda la Historia, es aquella dirigida por el célebre cura Garaondo,
Comisario de la Inquisición, que tanto dió que hacer a las autoridades honradas
del país, con sus desvergüenzas, y cuando este cínico sacerdote, creía
encontrar resistencia por parte de alguna persona honorable que quería cumplir
estric¬tamente con su deber, lo amenazaba con la excomunión, por tratar de
discutir siquiera fuera, los designios santos y benditos del delegado del alto
Tribunal de la Inquisición.
Si los sacerdotes en las capitales de provincias dirigían
las asociaciones contrabandistas, no debe llamar la atención, que los pequeños
pueblos costeros de Cuba, con sus autoridades a la cabeza, se dedicaran
completamente a este comercio ilícito, y existió una dilatada época que la
Historia señala, durante la cual, el contrabando se llevaba a efecto en todos
los pueblos de la isla, con el consentimiento y participación muchas veces, de
las más altas autoridades.
Los pequeños núcleos poblados de la Península de Zapata
y costas circunvecinas, fueron naturalmente contrabandistas,
y todavía hoy en plena era republicana, sus sucesores lo efectúan, pues la voz
pública ha señalado ciertos lugares de los cayos, que la rodean, como lugares
de desembarco de grandes cantidades, de opio, seda y café.
VII
Los raqueros de Zapata, que cual cuervos hambrientos an¬dan
siempre a caza de algún bajel perdido en sus cayos, han sido siempre numerosos,
y muchos años en que la falta de ci¬clones o mal tiempo no les ha proporcionado
segura presa, se-, las han proporcionado, asaltando las que descuidadamente se-
acercaron a sus costas, infestadas de estos bandidos del mar.
Numerosos casos se cuentan de las fechorías de estos
sal¬teadores de los mares, que con apariencia de honrados pesca¬dores de
tortugas, disfrazan sus instintos de hiena insaciable.
La Bahía de Cochinos fué hasta una fecha tan próxima que- aproximadamente
corresponde a los años 1903 o 1904, un lugar de donde huían todos los buques
veleros que por su litoral cru¬zaban; nadie se atrevía a entrar en esa Bahía,
nido de raqueros- muy osados, y hasta la fecha indicada, cuando Maximino Yebra,
(como modesto trabajador, sin fortuna alguna se ganaba la vida en los cortes de
leña para carbón de las playas de Carapachivey en la Isla de Pinos), se enteró
de los productivos montes que existían en esa parte de la Península de Zapata,
el primer- obstáculo serio con que tropezó para trasladarse a ella fué el no
encontrar embarcación alguna en Batabanó que se decidiera a conducirlo a
Cochinos.
Era tanto el terror que inspiraban aquellas despobladas
cos¬tas de la Bahía de Cochinos, que por largo tiempo tuvo Yebra necesidad de
esperar, para poder llevar a cabo el viaje de re¬conocimiento de aquel litoral,
donde tanto abundaba la madera, pero donde tan difícil se hacía el salvar la
vida y salir indemne de la asechanza de los raqueros de aquellas costas.
Años antes había acontecido un suceso que durante cierto
tiempo permaneció en el misterio más profundo; un bergantín que huyéndole a un
ciclón, se refugió en la BaMa de Cochinos, encallando en el Caletón de Ventura,
se perdió y fué remata-
-do por la Casa que tenía asegurado su casco y carga, y dos
hon¬rados vizcaínos apellidados Esterna, se lo habían adjudicado, y como
hombres de limitada fortuna, fuéronse a vivir en el en¬callado buque, que
todavía el año 1914 podía verse incrustado en el diente de perro del Caletón.
Uno de los hermanos llamado Clemente, tuvo necesidad de
trasladarse a Cienfuegos, en busca de unos aparejos y motones que ellos creían
necesarios para el salvamento del barco, que¬dando su hermano para la custodia
del buque; pasaron quince días que invirtió en el viaje y compras necesarias, y
cuando lle¬gó a él de regreso de la excursión se encontró, con que toda la
El Dr. Fernando Ortiz y varios excursionistas en viaje hácia
Cochinos
carga del buque náufrago había sido extraída, no encontrando
por parte alguna al hermano que se quedó allí viviendo.
Afligido, suponiendo que algo le había pasado, regresó a
Cienfuegos y dió parte a las autoridades de lo acontecido; vino el Juzgado, se
hicieron infructuosas pesquisas sin resultado: no apareció nada que pudiera dar
luz en aquel asunto que parecía destinado a quedar en el misterio más
profundo...
Clemente abandonó la empresa después de agotar toda clase de
investigaciones; dejó el buque y partió para otras tierras, llevándose sólo el
intenso dolor que le causó 1a. pérdida de su hermano.
Frente a la Caleta del Rosario, perteneciente a la Finca
Jiquí, situada en el litoral Este, de la Bahía de Cochinos y casi en la boca de
entrada del puerto, distante como seis leguas del Caletón de Ventura, donde acontecieron
los hechos narrados,
existe una minúscula Isla, escasamente de 20 metros en
círculo^ y separada bastante de la costa, donde vivía un mulato llamado- José
Triana.
Hombre joven, musculoso, fuerte, gran tirador, era el tal
Triana, único ser humano que aparentemente vivía en aquel extenso litoral; en
un pequeño cayuco que poseía, dedicábase a la pesca y de su producto, junto con
lo que lograba alcan¬zar en la caza, manteníase este raquero, de quien se
contaba una- historia que al fin pudo comprobarse. -
En efecto, cuando se descubrió la culpabilidad de Triana
Caletas dentro de Cochinos
pasados muchos meses de cometido el hecho, por encontrarse
en su poder algunos efctos que habían pertenecido al vizcaíno de¬saparecido, se
comprobó que tenía cautiva en aquel cavo, una bella joven de Yaguaramas, la
cual se había robado, y para que nadie la viese, ni pudiese comunicarse de
algún modo con ser viviente alguno, la dejaba mientras se ausentaba en sus
excur¬siones raqueras, completamente aislada.
Esa muchacha que hoy vive todavía y se llama Ramona Sie¬rra,
padeció lo indecible, durante los varios años en que estuvo cautiva de Triana,
sin ver persona alguna fuera de aquel fas— cineroso. *
Casi transcurrido un año del suceso, algunos pescadores que
habían conocido a los hermanos vizcaínos, hablaron en Cienfue¬gos de cierta
escopeta que se encontraba en poder de Triana y que ellos aseguraban había sido
robada del buque, y ya con ese hilo conductor, fuese la justicia a Cochinos, y
estando au¬sente Triana., pasaron por Rosario y registraron su litoral,
en¬contrando al fin el refugio de aquel bandido.
Todo lo descubrió la muchacha: el día que salió Triana para
acometer al infeliz vizcaíno, los objetos que luego de realizado el hecho,
trajo a su casa, y la ropa ensangrentada con que volvió posiblemente de la
lucha que cuerpo a cuerpo tuvo que sostener con el indefenso Estenza.
Comprobada que fué la relación de la muchacha, procedió el
Juzgado con gran cautela a aprender a Triana, que siendo un gran tirador y
encontrándose ausente, podía fácilmente evadir la acción de la justicia, o
defenderse con valentía si veía peli¬grar su libertad.
Durante varios días y en acecho, estuvo la fuerza pública,
hasta que cierta mañana temprano, vióse venir la canoa de Triana y rápidamente,
dos guardias escondidos esperaron que desembarcara, y echándosele encima lo
capturan, única manera como desfachatadamente decía luego el Juez, que hubieran
po¬dido prenderlo.
Convicto y confeso fué condenado a presidio, donde murió no
fyace mucho, después de referir cínicamente cómo había lle¬vado a cabo el
crimen, y declarando que el cuerpo de Estenza nunca jamás podía aparecer,
porque él lo había llevado des¬pués de asesinado, amarrado por una soga al
pescuezo, a la poceta de Palmillas, donde abundan los tiburones.
Los numerosos cómplices de que necesariamente se valió,
nunca logróse que los designase, y ese secreto se lo llevó a‘la tumba; y
probado fué que la carga del bergantín no pudo de ningún modo transportarse sin
la ayuda de numerosos auxi¬liares, para ser conducida a otras playas, de las
cuales nunca se ha sabido nada.
VIII
Los buscadores de tesoros ocultos, enterrados por piratas,
corsarios, bucaneros y bandoleros, siempre han sido numerosos en nuestra
patria. .
La región de Zapata es intenso campo de exploración en busca
de soñadas riquezas, escondidas en sus bosques o ente¬rradas en sus campos, y
nada tiene de extraño que en ellos se hayan llevado a efecto grandes pesquisas
en busca de fabulosos tesoros, cuando actualmente y próximo a esta capital, hay
toda¬vía quien se dedique a estas empresas.
Según nos cuenta nuestro estimado amigo Emilio Battle¡
existe una finca denominada “Santo Domingo”, que antigua¬mente perteneció a una
Comunidad Religiosa, y propiedad ac¬tualmente del “Country Club Park” en
Marianao, donde inva¬riablemente por Navidad, se ven seis curas haciendo
excavacio¬nes en busca de tesoros pertenecientes a las ánimas, según dicen.
Si esto acontece en nuestros tiempos, en terrenos tan
cer¬canos a la Habana y ya tan explorados y removidos, que no tie¬ne que
suceder en aquellas remotas regiones deshabitadas, mis¬teriosas, de Zapata,
campo de acción durante 200 años de toda una numerosa falanje de piratas,
bucaneros, corsarios y ban¬didos, que acostumbraban a esconder el producto de la
rapiña más desenfrenada, en sus vírgenes tierras. •
Cuando comenzamos las labores del deslinde en la Ciénaga,
nos llamó la atención, el gran interés que todos los cienegueros demostraban
por cargar nuestro tránsito de campaña, y cierto día en que perturbaciones
magnéticas influyeron en la aguja de la brújula, no permitiendo anotar los
rumbos de sus líneas, nos fijamos cómo aquellos montunos marcaban con grandes
crucetas los árboles que rodeaban la estación, donde se había manifestado la
perturbación.
Marcando el lugar, según decían, tenían la seguridad de encontrarlo
fácilmente, y se proponían volver para excavar en los alrededores, seguros de
encontrar ahí un gran teso¬ro que el aparato había puesto de manifiesto, y al
tratar nosotros de demostrarles el error, contestaron que con un apa¬
rato análogo al tránsito llamado máquina de buscar dinero,
muchos individuos se habían hecho ricos.
Los tesoros enterrados ha trastornado el juicio a mucha
gen¬te y muy a menudo se encuentran en los montes de Zapata, ár¬boles marcados
con señales muy llamativas, y grandes excava¬ciones efectuadas, que indican la
naturaleza de los trabajos que en el lugar se han ejecutado.
Se cuentan infinidad de historietas donde se relata como tal
o cual individuo al abrir un pozo, tumbar un árbol o excavar para hacer los
cimientos de alguna casa, ha tropezado con una pequeña caja de latón, dentro de
la cual ha encontrado el com¬pleto derrotero de un entierro importante de
dinero y alhajas; y cómo ya sobre el terreno ha podido con esas indicaciones
encontrar grandes riquezas.
Las fortunas de los piratas de Morgan, del Otones, de Diego
Pérez de Girón o Diego Grillo, ha excitado la codicia de muchos cienegueros,
que guiándose por los cuentos de los viejos del lu¬gar, han consumido gran
tiempo en pesquisas casi siempre in¬fructuosas, para encontrarlas.
Positivamente es cierto, que en los albores de la piratería,
los de Zapata, escondían sus riquezas, producto de las depreda¬ciones cometidas
en el mar Caribe, bajo tierra, y especialmente Diego Pérez en el C,ayo de su
nombre, y algunos bucaneros de San Lázaro y Cazones, dejaron perdidas con su
muerte, las for¬tunas enterradas
Cuéntase de cierto señor de Cienfuegos, que con un
derro¬tero encontrado en la Caleta Cocodrilo, logró extraer de Cazones un
tesoro que los cienegueros hacen fabuloso, y dan detalles de la numerosa
comisión de auxiliares que necesitó para transpor¬tarlo a un pequeño buque, que
durante varios días estuvo ocu¬pado en esta operación cerca de Palmillas.
No hace aun mucho tiempo, algunos infelices montunos de
Santa Teresa, que afanosamente buscaban un tesoro, encontra¬ron, según nos
referían, unas bolas de hierros, que al golpearse para abrirlas reventaron,
causando la muerte a varios de ellos; y esas llamadas bolas no eran sino
granadas sin explotar, que por esas tierras dejó la expedición del General
Molina, cuando en nuestra última guerra de independencia por allí anduvo
va¬rios días.
El afán con que se han buscado tesoros ocultos, depositados
por los piratas y corsarios, ha trastornado el juicio de mucha gente
cieneguera, y hasta personas extrañas a la cuenca, guián¬dose por los cuentos
de ellos, invirtieron pequeñas fortunas en pesquisas, que en ningún caso, a
pesar de lo que cuentan, han dado resultado alguno.
En la Caleta Redonda, perteneciente a la Finca Cocodrilos,
existen unas pequeñas cuevas cerca del litoral, donde son in¬numerables los
trabajos llevados a cabo para encontrar los tesoros enterrados en su suelo por
piratas pertenecientes a la banda del Olonés.
En la Caleta del Toro, litoral de la Finca Cabeza de Toro,
puede todavía encontrarse un enladrillado, en realidad muy sig¬nificativo, y
que partiendo del mar se interna en el monte; tiene la forma de un encachado de
piedra unido sin mezcla a] guna, y a poco que se le siga en el monte, termina,
por haberse destruido completamente. •>
Cerca del asiento de la finca, hacia el Norte de ella y
salien¬do del monte frondoso que la cubre en su mayor parte, encuén¬trase otra
vez el enladrillado que termina frente a un monu¬mento muy raro: un rectángulo
de piedra como de 0.60 metros de alto y 2 metros de base, formado con grandes
rajones muy bien colocados; y toda el área que cubre 20 metros de radio,
aparece completamente removida y excavada, habiendo desapa-recido el bosque que
cubría aquella superficie.
Cuentan los cienegueros, que ese enladrillado y monumento,
son señales hechas por los piratas, que indican o fijan, el lu¬gar de un gran
entierro, el cual no ha sido todavía encontrado, a pesar de las continuas
pesquisas que se han llevado a efecto.
En la Caleta del Avalo, perteneciente a la Finca Jiquí,
exis¬te otro importante entierro de mucha consideración, y que apre¬cian los
cienegueros en su exaltada fantasía, que no es menor de 3 millones de pesos;
aunque, según dicen, se conoce el lugar preciso del entierro, nunca ha podido extraerse,
porque lo im¬pide un fantasma, que no es otro que el célebre bandolero Carlos
Agüero, y el cual vive en un destruido bohío próximo a la
caleta.
Cada vez que se ha tratado de sacar el tesoro, se ha visto
salir la sombra del bandido Agüero, y esconderlo de nue¬vo, muy interesado en
que no se encuentre el producto de la rapiña de los piratas, que él también,
mientras vivió, se de¬dicó afanosamente a buscar, sin lograrlo nunca.
En la Fincá Ventura, en una Caleta llamada de la Jocuma,
encontró nuestro amigo Jesús Bonachea, hará como quince años, -dos argollas de
bronce muy macizas, unidas a un almendro que todavía existe; y excavando algo
aquel terreno hoy cubierto por el monte firme, encontró diversos objetos
antiguos, perte¬necientes a los piratas y entre ellos llama la atención un gran
güijo de hierro con números romanos, que demuestra una an¬tigüedad muy
respetable.
Una gran ancla perteneciente a un bajel pirata, fué
encon¬trada no hace aun mucho tiempo, en la pequeña abra que exis¬te entre los
dos pequeños cayos que forman el Cayo Piedra, donde surgen varios manantiales
de agua dulce bastante po¬tentes.
Restos de argollas, de cadenas y otros objetos marinos,
hemos encontrado nosotros en el litoral de Cayo Blanco, y algunos más han
aparecido entre el médano de las Caletas de Farallo¬nes y del Inglés, cerca de
Cienfuegos.
En un naufragio que sufrimos en viaje de Batabanó a la Bahía
de Cochinos, frente al litoral de Cayo Blanco, maltre¬cha la pequeña
embarcación en que viajábamos, tuvimos nece¬sidad de continuar la excursión a
pie, siguiendo la costa, y de este modo recorrimos todo aquel extenso litoral,
cuajado de pe¬queñas caletas, apreciando las excelentes condiciones que ofrece
para la piratería, tal como aquellas hordas las aprovecharon durante dilatado
tiempo.
Entre los náufragos se encontraban Maximino Yebra, Julio
Montejo, un Ingeniero de apellido Ledón, perteneciente a la Je¬fatura de Obras
Públicas de Santa Clara y nosotros, y en aquel azaroso día, en que la necesidad
nos obligó a recorrer a pie aquella deshabitada costa muy extensa, y que nos
parecía inter¬minable, pudimos reconocer lugares, que nunca jamás, a partir de
la desaparición de los piratas y corsarios, había hollado plan¬ta humana
alguna.
Aquel mar embravecido, alborotado por el fuerte viento del
Sur que soplaba en la mañana del naufragio, y que causó el siniestro, le
proporcionaba al bellísimo panorama que en esas tierras se goza, una
perspectiva encantadora, y especialmente la. Ensenada de Cazones con los
contiguos Cayos de Diego Pérez, feudo en un tiempo de tan sanguinario forbante,
aparecían de una belleza suprema.
Aquel limitado peñón guarda fielmente todavía, defendido por
el fuerte oleaje del mar, cuando el viento sopla del Sur, las riquezas de que
cuentan maravillas los montunos costeros,
Viaje en goleta por los Canarreos
riquezas que reunió la codicia unida a la rapiña de la banda
pirata, que por cierto tiempo hizo de él su refugio y su ba¬luarte.
Diego Pérez, según cuentan los montunos, después de una
expedición victoriosa, llegaba a Palmillas, donde tenía lugar el reparto del
botín, y cada cual tomaba lo suyo. Terminado éste, quedábanse todos los de la
banda allí, y Diego Pérez, acom¬pañado solamente de un hombre, dirigíase al
Cayo donde ente¬rraba la parte que le correspondía.
La banda no podía regresar con el buque hasta pasado cierto
tiempo, el necesario para que su Jefe ocultara el lugar donde tenía escondida
la fortuna.
Posiblemente el suelo de Zapata conserva en su seno, tesoros
■ocultos enterrados por los
piratas, y desde la célebre caja de hierro, unida a una cadena silbante en la
Laguna del Tesoro, que cuentan los cienegueros que contiene inmensas riquezas,
hasta las modestas ollas cubiertas de cera y procedentes de entie¬rros
parciales de los bucaneros y forbantes, encuéntrase lleno el área de Zapata, y
todo su litoral marino, al igual que la fan¬tasía de los montunos, que sueñan
continuamente, con tesoros ignorados...
LEYENDA DEL PIRATA INGLES
Cerca de la Bahía de Cienfuegos y en la costa acantilada que
forma el litoral Sur de la Península oriental de Zapata, siempre batida
duramente por el mar, se encuentra una pequeña y hospitalaria Caleta muy
abrigada, conocida por Caleta del Inglés.
Nace en ella estrecha Vereda, solitaria e intransitable en
parte, abierta en un suelo de piedra casimbosa, donde deja el calzado el
paciente caminante que por tan fragosas regiones cruza, y esa Vereda hoy ya
abandonada, que en un tiempo lle¬gó hasta atravesar la corta Ciénaga de Matún,
la conocen los montunos por la Vereda del' Inglés.
Terminaba ese escabroso camino frente a un Cayo de monte
tupido y frondoso, que hasta mediados del siglo XIX desafiaba las destructoras
hachas guajiras, ocupando el actual emplaza¬miento del poblado de Horquita, en
las sabanas de Yaguaramas, cayo que los vecinos de aquellos contornos
conocieron por el Cayo del Inglés.
¿Qué Inglés le dió nombre a esa escondida Caleta, donde nace
casi en sus médanos aquella Vereda solitaria, que ponía en contacto con la
costa, un cayo de monte separado del mar por la ciénaga; qué tráfico, qué
movimiento ignorado establecía ese camino de vericuetos,, verdadera senda de
bandidos, estre¬cha, pesada y difícil de recorrer, a través de tierras
despo¬bladas ?...
El nombre que la tradición ha conservado para la Caleta, el
Cayo de monte, y la vereda que los une, derívase de un suceso cuyo recuerdo,
perpetúa una Leyenda cieneguera, bajo el nom¬bre que encabeza este artículo.
Un desconocido hijo de Albión, proporcionóle nombre a esos
lugares solitarios y escondidos, donde la mente guajira ha en¬contrado propicio
campo para desarrollar su tropical fantasía.
El héroe Inglés de la Leyenda, perteneció, sin duda, a una
I*a Caleta de El Inglés
banda de Piratas; posiblemente formaba parte de las
temibles, huestes de Enrique Morgan, del Olonés, o quien sabe si más modesto
sólo fué Forbante de las que comandaba nuestro paisa¬no Diego Grillo.
Las crónicas cienegueras no fijan fecha al suceso que
mo¬tiva la Leyenda, ni consigna nombre alguno para sus persona¬jes más
importantes; se limita a relatar el hecho, contándonos cómo varios veleros
españoles, cargados de cueros, tabaco y ca¬fé, navegaban cierto día,
custodiados por un pequeño guarda- costa, hacia Batabanó, procedentes de Sancti
Spíritus.
Cerca de la Bahía de Cochinos, fueron de improviso ataca¬dos
por varios navios ingleses piratas, trabándose un violento combate muy
encarnizado, que terminó con la rápida fuga, en completa derrota para los
ingleses, los «cuales en infructuoso abordaje contra la mayor nave española,
dejaron en ella varios prisioneros, casi todos muy heridos.
Aconteció que en uno de los buques españoles, viajaba en
calidad de pasajero, cierto Capitán de Partido, que con su fa¬milia compuesta
solo de la mujer y una hija, dirigíase a ocupar ese cargo en Yaguaramas, los
cuales necesariamente fueron tes¬tigos de aquel desenfrenado zafarrancho, que
terminó con la huida del pirata.
Victoriosos los españoles, reanudan el viaje, que termina
felizmente el propio día, llegando sin más novedad a su des¬tino ; ya en
Batabanó, desembarcan los pasajeros, entréganse los piratas, y sin que cuenten
como las crónicas, consigue la hija del C,apitán de Partido, que se guarden a
uno de los pri¬sioneros heridos, mayores consideraciones que las que
usualmen¬te acostumbraban a emplear los españoles con los piratas. •
Las pocas garantías de seguridad que entonces ofrecía el
caserío, obligó a transportar a la Habana los prisioneros heri¬dos que podían
soportar el viaje, y juntos ya el pirata, objeto de los cuidados de la guajira,
con la familia y parte de la tri¬pulación, emprenden la excursión por tierra
hacia la capital.
El viaje por tierra en aquella añeja época, de Batabanó a la
Habana, hacíase en varias etapas, cansadas y dilatadas; sin ca¬minos
accesibles, infestados los montes de cimarrones y bando leros, sabíase cuándo
se partía, pero nunca cuándo ni cómo se llegaba; a través de aquellas
deshabitadas tierras, tardábase más de una semana en recorrer la corta
distancia que separa ambos puntos, después de hacer noche en los asientos de
las Ha¬ciendas que a su paso encontraba la única vía existente, cono¬cida por
el “Camino Real del Bejucal”.
No dice la Leyenda cómo pudo salvarse de la horca aquel
pirata, ni debido a qué medios pudo fugarse durante el viaje, para ir a
esconderse en el Cayo de monte cercano a Yaguara¬mas, donde precisamente iba a
residir la familia del Capitán de Partido.
Cuentan las crónicas, que muy a menudo veían los contados
habitantes del caserío de Yaguaramas, a la valiente muchacha,
acompañada de un negro esclavo, ambos en briosos caballos,
partir hacia desconocido destino, tardando mucho en regresar.
En esta forma, menudeando todo lo posible las visitas de la
amada, hacia el Cayo donde residía el Inglés, transcurría apa-ciblemente el
tiempo para ambos, pero a medida que el amor de la guajira crecía más y más,
sentíase el pirata aburrido, can¬sado, de aquella monótona vida, extrañando
sobremanera la azarosa carrera del mar, donde había nacido.
Con el tiempo su aspiración más vehemente llegó a ser, el
volver a contemplar el mar, y esta idea atormentábale tanto, y tantos desvelos
le causaba, que llegó a serle indiferente la vida.
Sin participarle sus afanes a la amada, que sin embargo,,
había ya notado algo extraño en su amante, propúsose satisfa cer aquella pasión
que le dominaba, buscando los medios de lle¬gar hasta la costa para visitarla a
menudo.
Fácil creyó esta labor; pensando abrir un camino que le
facilitara el acceso al mar donde pasar los días que la mucha¬cha no le
acompañaba, comenzó a abrir la vereda, con un tesón inquebrantable, para
llevarlo a buen fin poniéndolo frente a las azuladas ondas del mar Caribe,
objeto de todos sus sueños.
Con su exclusivo esfuerzo logró abrir la vereda que tomó el
nombre de su nacionalidad, y con acelerada agilidad, termina¬da ésta,
transportábase el inglés a la Caleta, donde llegó a pasar todo el tiempo que no
embargaba su amor, en las periódicas visitas que le hacía.
Ignoraba el Inglés que sus ocultos afanes habían sido mal
interpretados por la muchacha, quien creyendo que su amado se proponía abandonarla,
al sorprender su vista fija en el sen¬dero que a la vereda conducía, y notar
distracciones en las res¬puestas por ella provocadas, quiso evitar su
desgracia, aban¬donando a sus padres,, pensando volver con tal fin al siguiente
día sin participárselo al Inglés para sorprenderlo.
El Inglés, tan proúto amaneció aquel desgraciado día, fuese
a la costa, donde pasó los días que transcurrían sin la visita de- la muchacha;
la guajira salió muy temprano de Yaguaramas,. donde no volvió a saberse más
nunca de ella...
Consigna la tradición, que todos los años, por cierta época,
■veíase
llegar a la Caleta, un velero pirata todo cubierto de luto, y del cual
desembarcaba una numerosa banda, que con .silencio fervoroso y mandados por un
joven inglés, en cuyo semblante se retrataba
la desesperación más intensa, dirigíanse por la vereda hasta el Cayo de monte,
del cual regresaban a las pocas horas en la misma forma, abatidos, tristes, y
sin que nada turbara aquel silencio de muerte.
Esa Caleta, donde por tantos años en una misma época vióse
aquel bajel misterioso, se llama hoy la Caleta del Inglés; y la vereda que
todavía existe y que recorrían pesarosos y en¬ternecidos aquellos salvajes del
mar, con su Capitáij a la ca¬beza, conócese por la Vereda del Inglés, vereda
solitaria, nunca recorrida por ningún guajiro, pues todavía cuentan ellos que
se oyen los tristes suspiros del Capitán pirata, y los reproches -de la amorosa
guajira...
CUATRO AÑOS EN LA CIÉNAGA DE ZAPATA
CAPITULO IX
STT:M:A.:RIO: “EPOCAS DE ESCLAVITUD,'”-l, Recuerdos déla
Escla¬vitud en la Cuenca de Zapata-II, Los primitivos ingenios de la zona.—
III, El Monte-Carlos de Zapata.-IV, Las industrias de la Ciénaga: pieles de
cocodrilos y plumas de garza real.
— I —
En toda la cuenca de Zapata, existen intensos recuerdos de
la esclavitud africana, y son innumerables los Cayos interiores de la Ciénaga
que conservan los nombres de les prófugos ne¬gros que los habitaron hasta el
cese de la esclavitud.
Los negros cimarrones se apalanqueaban en los Cayos de la
Ciénaga, es decir, formaban para su defensa común unos pequeños
atrincheramientos, amontonando troncos de árboles; les marrones nacidos en
Africa, o sean los bozales, eran fáci¬les de capturar, porque con la vana
esperanza de hallar su tie¬rra, marchaban siempre día y noche, hacia el Naciente.
Extenuados de fatiga, eran pronto capturados, pero ago¬tados
por lo general, casi nunca podía salvárseles la vida.
Los marrones criollos, solo salían de noche a merodear,
es¬condiéndose de día.
Toda la Ciénaga de Zapata fué intenso campo de los cima¬rrones,
que encontraban seguro refugio entre sus tierras inun¬dadas, y no existe región
en ella, donde no se cuente alguna Leyenda que con esta época de la esclavitud
se relacione.
Frente a la Finca Zarabanda perteneciente al Municipio de
Manguito, y situada en la costanera Norte de la Ciénaga, existen tres Cayos
interiores, conocidos como Cayo Toro, Cayo Verde y el más grande, como el Cayo
de los Negros; en estos tres Cayos, se refugiaban durante la esclavitud los
negros, prófugos, que se convertían en cimarrones, y allí encontraban
por su inaccesible situación, seguro albergue, los que por
cual¬quier causa, casi siempre justificada, abandonaban a sus amos y desertaban
de los Ingenios.
En esos Cayos llegó a existir una potente Colonia, muy
numerosa, de negros cimarrones, apalanqueados, donde exis¬tían conucos y
siembras de todas clases, animales domés¬ticos y cuantos elementos son
necesarios para la vida.
Cuentan las crónicas, que los primeros prófugos que se
establecieron en estos Cayos, encontraron en el del Toro, y precisamente de ahí
deriva su nombre, gran cantidad de gana¬do donde predominaban éstos, sin que
nadie se explique como pudieron llegar hasta allí esos animales, de los cuales
se apro¬vecharon los cimarrones, domesticándolos.
El hecho es histórico, pues todavía pueden verse en ese Cayo
restos de potreros, hierba sembrada y corrales, y en Cayo d© los Negros
encuentránse aun bastantes vestigios que prueban, la existencia dilatada de una
gran Colonia o Compamento humano.
.Los implacables ranchadores, pretendieron varias veces
lle¬gar hasta la Colonia, para capturar los negros cimarrones, y cuentan los
guajiros de esa costanera, que una de las últimas expediciones intentadas
contra ella, tuvo que disolverse a la fuerza, por haber matado un rayo, al jefe
o capitán que los conducía.
Los célebres jefes cimarrones conocidos por Caoba y Sabiqú,
negros minas, hermanos, y de gran influencia entre los suyos, y caudillos al
parecer del Gran Palenque de la Cueva del Ca¬bildo, en Bartolina, residieron
hasta el comienzo de la guerra grande en estos Cayos, donde tenían sus mujeres;
y otro jefe muy conocido por las dotaciones negras de los Ingenios de la zona,
llamado Miguel Vientos, negro cimarrón muy valiente y esforzado, también tuvo
su refugio primitivo en estoe Cayos, frente a Zarabanda.
Desavenencias que surgieron entre estos caudillos de las
hordas cimarronas, causaron una gran escisión, que hizo di¬vidir el Palenque,
abandonando algunos, bajo la tutela de Miguel Vientos estos Cayos, y
refugiándose en Júcaro Que¬mado, finca de la Costanera Sur de Zapata, cerca de
la Bahía de Cochinos, donde todavía existe un lugar que se conoce co¬mo el
conuco de Vientos, donde se encuentran sembrados in¬finitos árboles frutales,
bastante añejos.
Después de la división del Cabildo, en dos bandos, nunca
El caudillo Caoba
más volvieron a unirse, y aunque no se llegaron a hostilizar
mutuamente, tampoco se prestaban ayuda alguna, ni reinó ja¬más la armonía entre
sus jefes, que mantuvieron cierto rencor entre ellos ya nunca más borrado.
En el Ingenio Australia encontramos un negro muy viejo
conocido por Perico, que perteneció a la dotación del Ingenio Alpes, y desertó
luego, refugiándose en los Cayos de Zara¬banda hasta el final de la guerra
grande; Perico nos contaba que Miguel Vientos, no era un negro vulgar,
corriente, sino que por el contrario era de descendencia regia, Príncipe en su
tierra, y acostumbrado a mandar y ser siempre obedecido.
La famosa partida de ranchadores comandada por el gua¬jiro
Armona, tan temible para los cimarrones, dió muerte casi al final de la guerra
grande a Miguel Vientos, cerca de Cien- fuegos, y cayó luego sobre el
campamento de Júcaro Quemado, quemándolo todo, y obligando a las huestes de
Vientos a es¬parcirse por los Cayos interiores de la Ciénaga.
Disuelto el Palenque de Vientos, quedaron sus dispersos
Testos en los Cayos de la Ciénaga, dando origen cada uno de estos aislados
grupos, que se situaron en Cayos determinados, a infinidad de Leyendas entre
sus montunos, que conocen y «señalan una gran variedad de ellos que
invariablemente deno¬minan como Cayo de los Negros.
Existe otro Cayo muy notable al Sur de la Finca Carmelo,
jurisdicción de Jagüey Grande, conocido como el Cayo del Campamento de los
Negros, donde se conducían las expedicio¬nes negreras que clandestinamente se
introducían por Cochinos, después que fué prohibida la trata; y en ese Cayo se
distri¬buían, clasificaban y preparaban los negros, que luego poco a poco, y en
pequeños lotes, eran introducidos en el corazón de la Provincia.
Cuentan los cienegueros, que cerca de este Cayo donde existe
un pequeño lometón muy reducido, se enterraban los negros que se morían,
mientras estaban en el campamento, y que son incontables los que se encuentran
enterrados en tan pequeña superficie.
En los Cayos de litoral marítimo, perteneciente al
Archi¬piélago de los Canarreos, existen algunos que llevan la deno¬minación de
los negros que durante mucho tiempo los ocupa¬ron, negros procedentes de un
buque negrero, que frente a Cochinos, viéndose perseguido por un crucero
inglés, y en in- mínente peligro de ser capturado, echó su carga de ébano al
agua, borrando de este modo toda huella del contrabando; y de esos infelices
que todos se ahogaron, sólo se salvaron al¬gunos que lograron alcanzar a nado
la costa, refugiándose en esos Cayos.
Este salvaje procedimiento era muy empleado por los
Ca¬pitanes de buques negreros, cuando se veían perdidos, por la persecusión de
los cruceros ingleses, y en la notable obra últi-
Campamento en los Cayos
mámente publicada por nuestro querido amigo, el muy
inteli¬gente Sociólogo Fernando Ortiz, titulada LOS NEGROS ES¬CLAVOS, pueden
encontrarse citados infinidad de casos aná¬logos ; y esta inhumana crueldad no
era la mayor cometida con estos infelices, como demuestra en el curso de su
interesan¬te libro nuestro amigo.
Los recuerdos de la esclavitud que existen en Zapata son
numerosos todavía; cualquier Cayo del interior de la Ciénaga o litoral, cuantos
accidentes topográficos existan en la zonar las innumerables ruinas de ingenios
antiguos, esparcidos por sus montes, todo, conserva en cierto modo, alguna
remem¬branza de aquella despiadada época de nuestros bisabuelos...
Las numerosas ruinas de Ingenios que tanto abundan a lo-
largo de la vertiente Norte de la Ciénaga, constituyen un re¬cuerdo muy vivo de
aquellos crueles tiempos; los restos de los. antiguos barracones de esclavos,
donde se alojaba la dota¬ción de los Ingenios, testigos mudos son, de infinitos
abusos e inconcebible salvajismo, y cada piedra procedente de esas des¬truidas
paredes, puede señalar sin duda alguna, algún hecho indigno, cometido entre sus
muros.
Siempre que hemos podido visitar las ruinas de aquellos
antiguos Ingenios de Zapata, lo hemos hecho y con franqueza podemos decirlo:
sintiendo cierta emoción al penetrar entre ellas, tratando de revivir las
escenas que en su interior tenían efecto, especialmente en los barracones, que
como construccio¬nes amplias, pueden siempre distinguirse, por muy destruida
que se encuentre todo el conjunto.
Léase la magnífica obra de Fernando Ortiz, y se compren¬derá
claramente que podía representar en aquellos añejos Ba¬teyes, el Barracón, el
Hospital, y otras casas para esclavos; léase detenidamente el magistral
análisis que sobre esa época hace nuestro amigo, y visítese luego, después de
saturada el alma de esos episodios corrientes que pinta Ortiz en su libro, las
ruinas de aquellos Ingenios antiguos, y dígasenos, si no debe sentirse emoción
intensa al traspasar aquellas ruinas, emblema de una vergonzosa época en nuestra
patria
Entre las ruinas se siente palpitar aún la sensación cruel
de aquella época del Foete y Boca-Abajo, y rememoran ellas- todas las
iniquidades sin cuento cometidas por nuestros an¬tepasados, en aquellos
mataderos de negros, llamados Inge¬nios, donde cada libra de azúcar fabricada,
representaba, por lo menos, una vida humana extinguida a fuerza de salvaje»
malos tratos...
Algunos barracones se mantienen aún intactos; el del
In¬genio Juraguá, típico caserón rectangular con una sola en¬trada, de torniquete,
altas ventanas cubiertas de hierro, so¬turno interior húmedo y frío, produce
una sensación indes¬criptible. Se entra con gran repugnancia y después de
'pen-sarlo mucho, y ya recorriendo su horrible interior, siéntese frío en la
médula de los huesos.
Aquellos de los antiguos Ingenios Perla y Niágara, parecen
por sus escasas ruinas que fueron espaciosos, y se asemejaban a grandes
corrales cubiertos para albergar una pequeña piara de ganado humano, y no de
otra manera eran tratados los es¬clavos.
El Laurel milen rio de Australia bajo el cual ee hacían
transacciones de esclavos
Algunos presentan un exterior de fortaleza, de prisión
dis¬puesta a resistir los más potentes asaltos, y esto debió de parecer el de
los Alpes, donde las paredes medían, según in¬dican sus ruinas, ¡1.30 metros de
espesor... !
Actualmente los poblados cercanos a estos antiguos Inge¬nios
que ocupaban un emplazamiento paralelo a la costanera de la actual ciénaga,
tienen poblaciones donde predomina el elemento negro, como puede observarse en:
Amarillas, Jagüey
Grande, Crimea, Torriente, Pedroso, Navajas, Pedro Betan-
court, Güira, Bolondrón, Unión de Reyes, Alacranes y Ber¬meja.
Son numerosos también los negros que viven en el cam¬po
dedicados a las faenas agrícolas, y la mayoría conservan sus pequeños sitios de
viandas o colonias de caña. Por lo- general es mejor el negro de campo que el
que habitualmente reside en estos pequeños poblados, viviendo de limitadas
labo¬res, o dedicados a estéril política. .
Los negros africanos del campo, o que tienen próxima su
descendencia como tales, están entregados por completo a prácticas de brujería,
y esos bárbaros ritos son públicamente ejercidos sin que la autoridad local
haga nada por evitarlos.
La zona de Zapata está perdida de brujos, cuajada de
prácticas y ritos ceremoniales dignos del centro del Africa, y nosotros
precisamente, estando acampados en labores del des¬linde de la ciénaga, en el
antiguo Ingenio San Joaquín de Pedroso, hemos presenciado un hecho que no
sabemos cómo a ciencia y paciencia de las autoridades fué pertuitido.
Precisamente era por la época en que se había cometido por
los brujos el horrible secuestro del niño Onelio, y en que afanosamente se
buscaban sus restos, por las autoridades ju¬diciales; y a pesar de la
indignación que existía contra los brujos, presenciamos una tarde una nutrida
manifestación de ellos, que en peregrinación, en grupos compactos y nume-rosos,
se dirigían a las ruinas del antiguo Ingenio Cantabria, cantando ciertos salmos
y regando maíz tostado, a través de los cañaverales.
El desgraciado niño Onelio, sacrificado a las prácticas
sal¬vajes africanas, nunca más volvió a aparecer, a pesar de qu& la opinión
pública de aquella zona, los guajiros de la cuenca todos, podían indicar
claramente, señalándolos, los brujos de la región y los lugares que ellos
tenían para sus templos.
Además del barracón, y tal vez más intensamente, produ¬cen
cierta especial emoción los antiguos cementerios de los ingenios primitivos, ya
demolidos, donde se enterraban los esclavos de la finca y en algunos, hasta sus
dueños cuando fallecían en el Ingenio; y nos contaba el viejo Perico, que
ciertos negros que creían que al morir volvían a su tierra,
trataban que tal cosa no les sucediera en la finca, para
evitar que al enterrarlos les echaran tierra a sus restos, impidiendo lá
libertad de movimiento para regresar a la patria africa¬na, y estos negros
cuenta Perico, que se dirigían a los Gayos interiores de la ciénaga,
despidiéndose antes de sus compa¬ñeros de cautiverio, para morir libremente a
la intemperie, siendo pasto de los cocodrilos.
n
El famoso Pedro de Atienza, primer colono europeo que en
tierras americanas plantó la caña de azúcar, por los años de 1520, y el catalán
Miguel Ballestro, que construyó pren¬sas por medio de cilindros, para sacar el
jugo a la caña, no pudieron nunca pensar, que aquella sencilla operación
lle¬garía a ser la base de la industria más floreciente de Cuba, y que con el
tiempo haría de la Isla un emporio agrícola, de¬bido a este importante renglón
comercial. .
BI primitivo Ingenio de Cuba
La historia del desenvolvimiento de los primitivos inge¬nios
de Cuba, no es rano la historia de la esclavitud africana en nuestra tierra; la
libertad para introducir esclavos en Cuba, otorgada en los comienzos del siglo
XTX, hizo aumen¬tar considerablemente el número de ingenios, mejorándose el
sistema de elaboración, debido a la influencia ejercida en
Cuba por las Antillas extranjeras.
La libertad de comercio, la paz general, el inmenso número
de esclavos introducidos, fueron los factores que más influyeron en el
desarrollo de esta riqueza en Cuba, hasta lograr hacer de ella el primer país
productor de azúcar.
A los cueros y pellejos que hasta el siglo XVIII consti¬tuía
el único renglón de importación en Cuba, sucedió el cul¬tivo del tabaco y las
abejas, que pronto fué sobrepujado por el del azúcar, que alcanzó la supremacía
comercial.
En los albores del siglo XIX, la arroba de azúcar se pa¬gaba
a 16 y 20 reales, y la caja a $24. Un Ingenio de me¬diana capacidad producía
800 cajas, valuándose su cosecha en $19,200.00; siendo muy contados los que
producían 2,000 o 3,000 cajas.
Los mayores y más intensos cambios sufridos por los
in¬genios se verificaron durante los años de 1796 a 1800, época en que se
comenzaron a sustituir los trapiches de muías por los de bueyes, a cambiar los
trenes donde se cocinaba el gua¬rapo, perfeccionándose de un modo general y
ampliándose la maquinaria de fabricar azúcar en Cuba.
Todas estas circunstancias trajeron, como es consiguiente,
un aumento notable en el número de fábricas de azúcar, has¬ta el extremo que de
473 Ingenios que existían en Cuba en 1775, llegaron a principios de 1817 a 780.
En los comienzos del siglo XIX, un ingenio que producía de
30 a 40,000 arrobas de azúcar (1), tenía una superficie de campos de 50 a 60
caballerías, de las cuales sólo la mitad sembraban de caña, dedicándose el
resto a potreros y viandas.
Estos Ingenios, que hoy nos parecerían inferiores a
cachim¬bos, eran colosos en aquella época, pues para poder hacer sus zafras
necesitaban por lo menos una dotación de 300 negros, cuyo valor intrínseco era
de $150,000.00.
A mediados del siglo XIX empezáronse a desmontar las tierras
de la vertiente norte de Zapata, para sembrajr caña en ella, y se inicia la
fundación de innumerables ingenios de la Cuenca.
El priprer Ingenio fomentado en la Cuenca fué San Joaquín de
Pedroso, el año 1846; siguieron Flora, en 1859; San Miguel de Soparda, Socorro,
Juraguá y Europa, en 1860 ; Australia, Cuba y Carmen, en 1862; Niágara, San
Rafael, Dichoso, Mesa, ChapeUe o Bell Park, San Lorenzo, Casuso, San Benito,
Victoria y La Clemencia, entre los años de 1865 a 1866; Combate, en 1867;
Rosario y Alpes, en 1868.
Todos estos ingenios, a excepción de Australia, Cuba,
So¬corro, Juraguá, Flora y San Rafael, fueron demolidos antes de la última
guerra de independencia.
Causa asombro la gran cantidad de cachimbos que exis¬tían en
la zona, y la reducida área de caña que tenían sem¬brada; Australia y San
Joaquín de Pedroso eran de los ma¬yores, pues hacían una zafra de 16,000 cajas
de azúcar, con una extensión de caña de 40 caballerías escasas, y una do¬tación
no mayor de 200 negros esclavos (2).
Por lo general estos ingenios hacían una zafra de 150 a 200
bocoyes de azúcar de mascabado, y sólo contaban con dotaciones que nunca
llegaron a ser mayores de 100 escla¬vos, y esto explica porque al cesar la
esclavitud se demolie¬ron, convirtiendo sus campos en colonias de otros
centrales.
Sin vías de comunicación, estos ingenios sacaban sus
pro¬ductos en carretas, y causa asombro hoy el contemplar esos endiablados
vericuetos llamados caminos en el campo, a tra¬vés de los cuales se conducían
los frutos y el producto de las zafras, que en total no lograban alcanzar
siquiera la mitad de producción de cualquier pequeño central de los actuales.
Existen las ruinas de casi todos esos ingenios, respetados
en cierto modo por el tiempo, y aún muchos conservan su primitiva maquinaria,
en deformes montones de hierro inú¬til, carcomido por la herrumbre...
El Ingenio Australia posee una antiquísima máquina, de
aquellas primitivas locomotoras contemporáneas con la im¬plantación de los
ferrocarriles en Cuba, en todo análoga a
(2) Todos los datos que se relacionan con ¡el historial de
los Inge¬nios lo debemos a la generosa amabilidad de nuestro amigo el
compe¬tente Agrimensor Víctor Villar. Nadie con más competencia que nues¬tro
amigo para reseñamos cuanto con los Ingenios de la zona se relacio-na, pues
durante cuarenta años puede decirse q¡ue los ha dirigido y ad¬ministrado todos,
con una ejecutoria de honradez probada.
la que exhiben los Ferrocarriles Unidos en la gran Estación
Terminal de la Habana; locomotora que fué la segunda que corrió por las líneas
de Matanzas, siendo luego cedida al Inge¬nio que la adquirió para el movimiento
interior de sus trenes.
Para nosotros siempre ha sido una agradable excursión el
visitar las ruinas de los antiguos Ingenios de la zona, y por lo general, nos
hemos fijado que siempre todos presentan la
La segunda locomotora que corrió por las líneas de Matanzas
misma perspectiva, igual reparto en sus edificios del Batey,
como si todos estuvieran construidos por una misma persona que siguió un
idéntico patrón.
Dentro del gran rectángulo que demarca el Batey de to¬do
antiguo ingenio, se encuentran emplazadas iguales cons¬trucciones : casa de vivienda,
casa de mayoral, en un lado; frente, el barracón, enfermería u hospital y
cocina; en el otro lado, tejar u horno de cal, caballerizas, etc.; y frente,
los conucos de los negros. En el centro de aquella gran plazue-
la se encuentran: la casa de trapiches, la de calderas y
ba¬gazo; algunos destinan una construcción especial dedicada a alambique, y la
casa de purga separada del resto de las cons¬trucciones.
Ingenio de antaño
Con razón decía el dulce y sentimental escritor cubano
Anselmo Suárez y Romero, que “...visto uno, puede decirse
que se han visto todos” (3). Sus bellas producciones
titula¬das: “Ingenios”, “Bohíos”, “Los Domingos en los Inge¬nios”, “El
Guardiero”, “La Casa Trapiche” y “El corte- die caña”, que forman la colección
de Costumbres del Campo, son tan gráficais, que palpita en ellas la vida de
aquellos pri-mitivos Ingenios cubanos, y al recorrer sus interesantes pági¬nas,
y visitar luego las innumerables ruinas que existen es¬parcidas por todos los
campos de Cuba, se siente todo el ho¬rror que inspiran aquellos bárbaros
tiempos coloniales en nuestra tierra.
Debido al inhumano trato que corrientemente recibían los-
esclavos de las dotaciones de los Ingenios, necesariamente te¬nían que haber
continuas insubordinaciones y alzamientos, re¬primidos a costa de mucha sangre
negra, vertida inútilmen¬te, y se conservan recuerdos de estas despiadadas
tragedias, entre los actuales guajiros de la costanera norte, que cuentan cómo
en los Ingenios se acostumbraba a dominar los levanta¬mientos de negros
esclavos, causando horror estos relatos.
III
Dos años escasos antes de fundarse el Ingenio Australia,,
por los patriotas hermanos Mora, que tanta notoriedad alcan¬zaron luego, cuando
provocaron la célebre reclamación de su nombre establecida por el Gobierno
americano, un hacendado- llamado Mateo de los Reyes, propietario entonces de la
ha¬cienda Jagüey Grande (4) donó una caballería de tierras de su fundo para
fomentar un pueblo, que debía llevar el nom¬bre de la hacienda.
Hasta 1874, sin embargo, no se comenzó a formar el nue¬vo
poblado, que al año siguiente en plena guerra quedó com¬pletamente arrasado, al
tomarlo y quemadlo el Jefe cubano Cecilio González.
En toda aquella zona que demarcan Cienfuegos, Colón y
Güines, no existían más que dos pequeños caseríos de bastan¬te poca
importancia: Yaguaramas y el Caimito de la Hanabana-
.(3) Colección -de artículos. 1859. '
(i) Datos facilitados por el apreciable amigo Víctor Villar.
Yaguaramas, antiguo poblado, centro de un cacicazgo
in¬dígena de gran importancia, llevaba por la época a que nos referimos una
miserable vida, lánguida y atrasada; las tres •o cuatro chozas de madera,
agrupadas alrededor de la Igle¬sia, construidas por los primitivos colonos, y
rodeadas de al¬gunas docenas de bohíos de guano y yagua, constituía toda la
población, pequeña por cierto y aislada en medio de la ex¬tensa sabana donde se
encuentra emplazada.
Horno de carbón en Ventura
El Caimito del Hanabana, villorrio a que fué trasladada la
parroquia de la Hanabana, era, a pesar de su aspecto mise¬rable y reducido, el
caserío de más animación de toda la Isla, por ser el Monte-Carlos de la
Provincia.
De aspecto genuinamente campestre, eran todas sus vivien¬das
de yagua y guano, y sólo alguna que otra, se permitía el lujo de formar sus
paredes de embarrado de eujes, y las ■construcciones
de tabla y manipostería no llegaban a tres, y -eran
consideradas como verdaderos palacios.
El bullicioso movimiento de gentes que siempre reinaba •«n
su única calle, era sorprendente, y durante los doce meses del año, de día lo
mismo que de noche, veíanse desfilar por ella y en confuso tropel, militares,
paisanos, montunos y en¬copetados propietarios de Ingenios; todos los días de la
se¬mana eran de fiesta, de feria, como entonces se decía, para, los habitantes
del Caimito del Hanabana, que en su tota-lidad se dedicaban al juego, pues en
todas las casas de la localidad, existía siempre abierta Una banca más o menos-
importante.
Mientras los grandes jugaban en el interior de aquellas-
miserables casas, los pobres, los humildes, pero viciosos gua¬jiros, lo hacían
en la vía pública, para lo cual existían a un lado y otro de aquella vía,
innumerables mesas de ruleta,, monte, etc.
Kecuerdos de los banqueros más famosos del Caimito del
Hanabana, quedan aún latentes entre los actuales guajiros,, que mencionan los
famosos González, Viera, Menéndez, Blan¬co y Madruga, como valerosos caudillos
de aquella horda de viciosos...
Es notable el riguroso hecho histórico, que todo aquel
mo¬vimiento y animación producido por el juego, que enervó durante tanto tiempo
las actividades de muchos de los hijos- de esta tierra, cesó, como por encanto,
tan pronto termina la guerra grande; en el año 1879, un año después de
termi¬nada la desigual lucha, desapareció el poblado, quedó sin ha-bitantes, y
fué necesario trasladar la Parroquia Nuestra Se¬ñora de Altagracia a Jagüey
Grande, que comenzábase en¬tonces a poblar.
En aquel bullicioso caserío del Caimito del Hanabana,
in¬tenso campo de jugadores, perdidos y rufianes, donde no des¬deñaban su
asistencia, algunos respetables propietarios de fin¬cas azucareras que a la
pata de un gallo, o a una carta, ju¬gaban su fortuna, y donde corría el oro en
un día, má« abun¬dantemente que en una semana en cualquier pueblo de
im-portancia de la Isla, cesó todo movimiento, con la paz del Zanjón.
Señalado por la mano del destino aquel caserío, centro- de
tantas desvergüenzas, quedó arrasado completamente, y por los años de 1880, sólo
existía en el Caimito del Hanabana. ruina y desolación en su pueblo, y donde
imperaba antes tan¬to bullicio y contento, el silencio sucedió, quedando sólo
en
pie la antigua necrópolis, que con sus destruidos muros
se¬ñala actualmente el lugar donde estaba un pueblo ya des¬-aparecido.
Aquel centro de corrupción y engaño fué borrado del
te¬rritorio cubano, y de la memoria de las generaciones futuras, tan pronto
terminó aquella épica hazaña de 10 años de in¬cruentos sacrificios, y la paz
que sólo alboreaba como tregua para reanudar más luego aquella hazaña, inició
un período -de reconstrucción y calma, que le dió auge y nueva vida a Jagüey
Grande, perdiéndose en la soledad de aquellos cam¬pos, hasta el recuerdo de la
existencia del Caimito de la Ha- nabana.
. S* .
A partir del año 1879, Jagüey Grande' comienza a poblar¬se,
crece y se desarrolla y ya en plena era republicana, de¬bido a los esfuerzos
del patriota Gonzalo de Quesada, créase
La zanja Yebra
su Ayuntamiento segregándose de la jurisdicción de Colón, y
comienza la verdadera era de progreso y adelanto para los jagüeyenses, con el
fomento del gran Central Australia. Todo lo que actualmente es Jagüey Grande,
se lo debe al
Central Australia, y causa asombro que los nombres de los.
hermanos Alvarez, Eugenio y Alberto, que tanto bien le han. proporcionado al
pueblo con el fomento del Ingenio, no se- consigmen de algún modo en cualquiera
manifestación de su Ayuntamiento, que indique por lo menos el agradecimiento
de- los hijos de ese pueblo por los beneficios recibidos. , ¿Acaso creen los
jagüeyenses no deber nada, y tener sal¬dada ya la deuda de gratitud contraída
con Australia, o es. que nuestra peculiar indiferencia criolla nos hace
aparecer in gratos hacia nuestros benefactores... ?
IV
La ciénaga de Zapata, ese enorme pantano, popular feudo- de
cocodrilos y mosquitos, cuya magnitud tanto se ha exage¬rado por la fantasía
criolla, tiene también sus industrias pe¬culiares, entre sus silvestres
pobladores que en ella moran.* convertidos en seres casi acuáticos, y con
hábitos tan espe¬ciales y distintivos, que son únicos entre todos los cubanos-
El cieneguero de Zapata, sólo en Zapata se encuentra, por- mucho que se le
busque fuera de ella.
Entre el fango de sus cenagales se encuentra siempre el
montuno habitante de Zapata, dedicado a la caza del traicio¬nero cocodrilo y de
la tímida garza real, tan abundantes am¬bos en toda la zona; y obtienen de esta
faena muy producti¬vos resultados, objeto del único comercio en toda la
ciénaga- Por lo general, el cieneguero tiene la familia en la partfr alta de la
costanera? sur, donde posee un miserable bohío, pe¬queñas siembras de viandas y
algunos animales, los cuales, atienden las mujeres. Los hombres, grandes cazadores
por lo general, salen temprano en la mañana, provistos de algu¬nas provisiones
para la semana, y en grupos, se internan en la ciénaga; sitúan sus campamentos
en algún cayo alto, y durante toda ella se dedican a matar cocodrilos, sacar la
piel,, salarla y empaquetarla, o cazar garzas y guardar las plumas, si es época
para ello.
Los sábados por la tarde, o domingo por la mañana, re¬gresan
a sus hogares, con el producto de la cacería, el cuaL llevan a vender a
Cochinos, o la Broa, donde siempre hay al—
guria goleta costera cargando carbón o madera, que por lo
general adquieren las plumas o las pieles, a precios ya deter¬minados de
antemano.
Los cocodrilos de la Ciénaga de Zapata, son famosos, y han
merecido la consideración de muy notables naturalistas que por sus pantanos han
cruzado en excursión científica de in¬vestigación. Desde el Barón de Humboldt,
hasta nuestro sa¬bio Maestro Carlos de la Torre, todos se han ocupado de esas
Cazadores de cocodrilos
especies de lagartijas grandes, que tanto terror inspiran a
las gentes que no los conocen, discutiéndose mucho entre ellos si son los de
Zapata caimanes o cocodrilos.
Existe la creencia muy arraigada, de que en la época del
•descubrimiento y conquista de Cuba, no existían cocodrilos en Zapata, y en
realidad, las relaciones de los cronistas contem¬poráneos con estos sucesos, y
que por esas regiones cruzaron, .nada dicen sobre ellos.
El Padre las Casas, que vivió en la zona, tratando de
los
cocodrilos de Cuba, dice en la página 468 de su interesante
Historia de las Indias:
.. .“a la parte o costa del sur o austral, sale cuasi al
medio de1 ella, un xío poderoso que los Indios llaman Cauto, de muy hermosa
ribera, en el cual se crían infinitos cocodrilos. EN TODAS ESTAS ISLAS, CUATRO
NO HAY NI HA HABIDO DESTOS COCODRILOS, SI NO EN LA DE CUBA, Y EN ELLA SOLO EN
DICHO RIO Y LA BANDA AUSTRAL.”
En un interesante folleto escrito por el ingenioso cubano
José I. de Armas, titulado Zoología de Colón y de los prime¬ros descubridores,
se dice a este respecto:
“En 1538 un caballero
portugués que acompañó a Hernández de¬Soto & la Florida, publicó sus
aventuras, donde cuenta los estragos quft en Bayamo causaron los cocodrilos
procedentes del Cauto, entre los Indios. Perturbados en su quietud los que
existían en el río Cauto, atraídos por el poderoso cebo de carne humana que se
les brindaba, salieron de eu retiro y se esparcieron por las costas y
propagáronse de- tal modo, que antes de un siglo ERAN NUMEROSOS EN JAMAICA, E
IBAN GANANDO TERRENO POR LA COSTA SUR DE CUBA, PA¬SANDOSE DE ESTE MODO A LA
ISLA DE PINOS, ZAPATA Y BATABANO QUE LES BRINDABA EXCELENTE REFUGIO.”
Igual opinión sustentaba el notable naturalista F. Arandi,
pues en el Congreso Americanista de 1894, celebrado en Ma¬drid, decía en su
conferencia titulada La Fauna Americana:
“Los cocodrilos no existían en ninguna de las Antillas en
tiempos, del descubrimiento, pues solamente se encontraban en las Islas
Cai¬manes y en Cuba; pero solamente en esta última isla en el río Cauto, lo
cual solo se explica admitiendo que unida Cuba anteriormente a la. América
Central, el río Cauto, ¡hoy de 60 leguas de curso, tenía entonces 300,
desembocando tal vez en el Pacífico; y téngase presente que las Islas Caimanes
están en la misma línea de prolongación de aquel río... ”
De cualquier modo que sea, existieran o no los cocodrilos-
que hoy infestan esas regiones .en aquella época, el hecho es- que su número es
tan crecido, que ha permitido establecer la industria de sus pieles, a la que
se dedican con ahinco todos- los cienegueros, grandes y chicos.
Cada piel de cocodrilo se paga a $0.50 en Cochinos, y son
lugares de intensa caza la Laguna del Tesoro, donde los cie¬negueros tienen
establecidos campamentos permanentes y es¬tacadas, y el pequeño Tesorito, más
inaccesible de abordar que el anterior.
Como la piel no debe dañarse en parte alguna, es necesa¬rio
matar el cocodrilo, golpeándolo por la cabeza, o cortán¬dosela de un tajo
rápido, no empleándose, por consiguiente, las armas de fuego, sino en easos de
defensa muy apurada.
En caza de cocodrilos
No deja de tener grave exposición la manera quie emplean los
cienegueros para matar cocodrilos, pues aunque es animal cobarde y tímido si
tiene fácil retirada, se convierte en fiero y peligroso cuando herido y cercado
se encuentra próximo a pe¬recer.
Un cocodrilo de regular tamaño, de 3 metros de largo,
im¬pone grandemente, y causa pavor en el ánimo más templado, no siendo
cieneguero, pues éstos, aun los pequeños muchachos, juegan de un modo
inconcebible con ellos antes de propinarles el golpe de muerte.
Se dice que hay algunos cocodrilos que han llegado a te¬ner
seis varas de largo, pero nosotros nunca los hemos visto; el más grande que
hemos conocido, lo mató nuestro querido amigo Eugenio Alvarez, en la Zanja de
Yebra, en Ventura, y escasamente llegaba a cinco metros de largo.
En los primeros tiempos de nuestra estancia en la ciénaga,
nos causaba verdadero terror, el pensar que podíamos encon¬trar, en ruta por
ella, y enterrados en el fango hasta la cin¬tura, los cocodrilos; y nos
preocupaba tanto esta idea, que siempre teníamos un cieneguero de guardia al
lado nuestro, por si veía acercarse algún animal, y hasta que la necesidad nos
obligó a matar con nuestro machetín pequeño de cam-paña, y entre los pies, un
incauto cocodrilo pequeñín, que casi parecía una lagartija, y nos convencimos
lo fácil que era matarlos, no le perdimos el miedo.
Durante nuestra dilatada permanencia en la ciénaga, nos
El mayor cocodrilo matado en Cochinos
hemos habituado a ver los cocodrilos con indiferencia, hasta
el extremo que muchas veces en viaje por ella, durante la construcción del
ferrocarril, cruzamos por lugares donde se encontraban cinco y seis reunidos,
tomando el sol, sin pres¬tarle nosotros atención alguna.
El cocodrilo es un animal torpe y cobarde; siente ruido
y su primer decisión es huir, y sólo cuando está herido y
sin tener por dónde escapar, acomete con fiereza y es temible en¬frentarse en
lucha para matarlo.
En estos casos, de nada sirven las armas de fuego, y es sólo
el machete o un palo fuerte, el arma que decide la con¬tienda; hemos tenido que
defendernos de uno que a pesar de la gravedad de sus heridas, por estar
acribillado a bala¬zos, acometía con instintos salvajes, de tal modo que
nuestra salvación la encontramos sólo subiéndonos en una palma ca-na y
esperando su muerte después de mucho rato.
Conservaremos recuerdos para toda la vida del mayor sus¬to
que hemos pasado en Zapata. Regresábamos de Santa Teresa, una mañana temprano,
después de amanecer, y vol¬víamos a San Isidro, donde teníamos el campamento
general de las obras del Ferrocarril Australia-Ensenada, acompaña¬dos de
nuestro práctico, Ningo Arencibia, su hermano Cata¬lán, Pío Miranda y otros,
formando en total un grupo de cinco a seis personas. '
Como el ferrocarril lo estábamos construyendo por ambas
cabezas, para unirse la vía al centro de la ciénaga, muy a menudo teníamos
necesidad de cruzarla, en viaje de inspec¬ción, y en una de esas excursiones y
ya de regreso, nos su¬cedió el accidente que tanta impresión nos produjo.
Salíamos de la costanera sur, entrando en las sabanas de la
ciénaga, cubiertas de junco y cortadera tan altas, que nos tapaban a todos;
caminábamos de uno en fondo, por un camellón abierto entre el junco, muy
estrecho y pe¬noso, lleno de casimbas y agujeros, cuando al salir de un
pe¬queño mont¡e conocido por la punta del Sinú (íbamos noso¬tros delante, por
conocer ya bien el camino) y doblar un recodo del trillo, nos enfrentamos con
un cocodrilo que se nos vino encima, tan pronto nos distinguió.
La impresión fué tremenda; no podíamos retroceder ni
mo¬vernos del lugar, y al rehuir el choque con el animal, res¬balamos y caemos
precisamente sobre el cocodrilo, y tan íntimamente unidos, que recibíamos su
asqueroso aliento en la cara; el lugar era tan estrecho, se encontraban todos
tan imposibilitados de hacer nada, que durante un lapso de tiem¬po que a
nosotros nos pareció interminable, nadie se movió y
era sólo el cocodrilo y nosotros los que azorados nos
movía¬mos entre el fango y el junco de aquel lugar.
Más asustado que nosotros se encontraba el cocodrilo, que no
hizo la menor gestión por causarnos daño alguno, cosa fácil si hubiera querido,
dada la posición en que nos encontrá¬bamos y la imposibilidad de socorrernos en
quie se encontraba el resto de la partida.
Cocodrilos tomando el Sol en el Tesoro
No recordamos qué tiempo duró aquella unión en el suelo
entre el cocodrilo y nosotros, que terminó con la huida del animal sin habernos
causado el más leve daño, pero sí pode¬mos asegurar que cuando nos levantaron
del junco, las pier¬nas no podían sostenernos, tal era nuestra agitación y
sor¬presa por encontramos vivos y sin el más ligero rasguño.
Después de este suceso, -muchas veces hemos luchado con
cocodrilos, y nos hemos tenido que defender y andar bien li¬geros, pero nunca
sufrimos la emoción de aquel día del Sinú, que todavía recordamos con horror.
Para sacar la piel y venderla, es necesario abrir el
coco¬drilo por el lomo, y su cuero debe ser salado en seguida pa¬ra
preservarlo; en esta forma se han sacado de la ciénaga de
Zapata más de 90,000 pieles de cocodrilo en los últimos diez
años.
Junto con la caza del cocodrilo dedícanse los cienegueros a
la de garza real, y aprovechando la época de cría, las ma¬tan, causando enormes
destrozos en los nidos; cada garza sólo da una pluma de valor, cuyo precio
fluctúa de $25 a $50 en Cochinos.
Es inconcebible la paciencia de que el cieneguero tiene que
Tevestirse para matar la garza. No es posible matarla al vue¬lo, y con gran
sagacidad debe descubrir el nido, que con un notable instinto esconden estas
aves.
Escondido tras los árboles, sin moverse, tiene el
ciene¬guero que pasar horas y horas, acechando el instante para tirar,
disputándole la presa al cocodrilo que pacientemente también espera el momento
que caiga para cogerla.
CUATRO AÑOS EN LA CIÉNAGA DE ZAPATA
CAPITULO X
SUMARIO; “SOCIOLOGIA CIENEGUERA.'-I, La familia cieneguera.
—II, La mujer cieneguera.-lll, El matrimonio en Zapata.-IV, Organización social
de. loa montunos cienegueros.
I
La Península de Zapata, inaccesible por tierra al
interpo¬nerse la gran ciénaga de su nombre, despojando de litoral Sur a toda la
Provincia de Matanzas, e inabordable por el mar, de¬bido al infinito número de
cayos y bajos que la rodean, lu ori¬ginado que aquella región de Cuba, aislada,
sola, haya sido el Africa Tenebrosa de nuestra tierra, región misteriosa,
temida, fantástica y poblada por seres que en su completa orfandad, perdieron
el contacto con la civilización y el progreso, mante¬niéndose estancados en su
cultura, y en un estado de barbaris- mo casi completo.
Separados del resto del país, y completamente aislados,
ha¬bitan los terrenos pertenecientes a la Península de Zapata, di¬versas
familias cienegueras, no muy numerosas, que hasta hace poco no tuvieron trato
alguno con el exterior, conservando, de¬bido a ello, peculiares hábitos y
costumbres silvestres, que hace de su rudimentaria organización social, un caso
digno de es¬tudio.
Hasta la guerra grande, aquellos incipientes núcleos
socia¬les que habitaban la Península, estuvieron alejados de toda in¬fluencia
extraña, y sometidos a sus propios medios culturales; y esos núcleos formados
con descendientes de los restos disper¬sos de piratas, bucaneros, filibusteros
y bandidos, que infestaron los mares antillanos y especialmente el Caribe,
durante dos -siglos de nuestra historia, permanecieron encerrados en sus tra-
diciones y costumbres, conservando hábitos peculiares y
dis¬tintivos.
La guerra grande y más intensamente la última de
inde¬pendencia, ejerció cierto benéfico influjo sobre ellos, y un há¬lito de
civilización aunque pequeño, invadió esas tierras de Za¬pata, influenciando sus
habitantes que apesar de su atraso e ignorancia, proporcionaron héroes a la
causa de la libertad de nuestra tierra, rindiendo el tributo de sangre en las
dos epo¬peyas libertadoras.
Cuando a principios del siglo XIX se fundó Cienfuegos en la
Bahía de Jagua, se pobló la Isla de Pinos y adquirió Bata- banó cierto aspecto
de lugar civilizado, acabándose la piratería . y el contrabando, se refugiaron
en terrenos de la Península de Zapata, familias descendientes de aquellos
originarios bucane¬ros, cuyos establecimientos estaban situados en Cochinos,
Diego Pérez y la Broa; y en terrenos interiores apropiados para ellos, se
establecieron diversos núcleos.
Alrededor de estos primitivos centros, se fueron agrupando con
el tiempo individuos prófugos de la sociedad, que huyendo de la justicia se
refugiaban en Zapata y encontraban en aquel medio un seguro retiro, y en esta
forma llegaron a constituir lugares poblados, de alguna importancia, los
primitivos asientos eitnegueros del interior de la Península.
Circundando un gran batey, que los cienegueros utilizan como
corral, se levantan numerosos bohíos, donde habitan las familias cienegueras, y
en esta forma se encuentran en la Pe¬nínsula asentados cuatro núcleos principales
poblados: Santa Teresa, Maíz, San Lázaro y Montadero.
En cada uno de esos poblados, existe un Jefe cuya volun¬tad
acatan sus pobladores; entre ellos, todo es común, y al igual que sucedía entre
los indígenas cubanos, desconocen la palabra propiedad, lo mío y lo tuyo.
El ganado lo poseen en comunidad; el producto de la caza y
las siembras, las pieles, los cueros, todo, en fin, pertenece a. la comunidad;
y hasta la voluntad individual está enagenada por entero al Jefe de la tribu,
sin cuyo consentimiento nada puede hacerse, y las empresas diarias más
triviales, deben de ser ordenadas por él de antemano.
Demás está el decir que esas familias no conocen más ho¬
rizonte que el que demarca la ciénaga, y el mundo para ellas
se reduce a los miles de caballerías comprendidas entre la ciénaga,, el mar, la
Broa y Cochinos, en la generalidad de los casos.
El amalgama formado con los restos descendientes de
aque¬llos conspicuos personajes que en vida se llamaron Diego Gri- Uo, Matagás,
Tuerto Matos, Olonés, Girón, Carlos Agüero y to¬da la falange de prófugos de
presidio, que en ella se refugiaron, pertenecientes al más ínfimo estrato
social, unido al aisla¬miento del medio en que se han desarrollado esas
incipientes sociedades pseudo civilizadas, ha originado la permanencia de
muchos hábitos que aun en la actualidad, revelan su origen por mucho que se han
desvanecido a través del tiempo transcurrido.
Resulta curiosa la investigación en este caso, y muy
prove¬choso su estudio, apesar de lo atenuado que se hallan entre ellos muchas
costumbres silvestres, que el trato con el exterior casi ha abolido por
completo.
Cuando en el año 1914, en labores del deslinde de la
cié¬naga, íbamos recorriendo sus tierras, y después de medir toda la costanera
Norte, nos internamos en la meridional, nos llamó mucho la atención, aquella
diferencia tan marcada que encon¬trábamos entre las tierras del Norte y del
Sur, y especialmente entre sus moradores.
A medida que nos separábamos de Juraguá y nos interná¬bamos
en el corazón de la Península de Zapata, encontramos el terreno, más salvaje y
despoblado, hasta el extremo, que a partir de la Hacienda San Blas, que se
encuentra situada al centro de la Península oriental, no volvimos a percibir
huella alguna de gente, hasta llegar a Cayo Ramones, cerca de la En¬senada de
Cochinos, recorriendo algunos miles de caballería en el desierto más absoluto.
La llegada a Cayo Ramones fué intensamente emotiva:
aque¬llos cienegueros, habituados a no ver gente extraña nunca, hu¬yeron tan
pronto llegamos al poblado; los bohíos se quedaron desiertos, y en el cercano
monte se refugiaron todas las fami¬lias que allí habitan, temerosas de nuestros
propósitos; y sólo después de transcurrido algún tiempo, se apareció un viejito
eieneguero, que sin acercarse a nosotros, y machete en mano, nos preguntaba en
tono enérgico que queríamos, disimulando mientras conferenciaba, bastante
distanciado de nosotros, cor¬
tando ramajos con el machete que ni un solo instante llegó a
guardar.
Durante dos días que estuvimos acampados en el lugar no
logramos verle la cara a nadie, y esa misma conducta de recelo y sospecha
encontramos en toda la Península; y sólo cuando el continuo trato con ellos
engendró la confianza, y accedieron a trabajar con nosotros, fuimos mirados sin
recelos y suspicacias.
Desde el principio nos captamos la confianza de un ciene-
guero influyente, de apodo Catalán, cuya ayuda de mucho nos ha servido en
varias circunstancias, llegando a ser nuestro prác¬tico continuo y hombre que
jamás se separaba de nuestro lado; él nos ha proporcionado variados
antecedentes que con el ori¬gen de las familias cienegueras se refiere, y
cuanto relatamos aquí a este respecto, no es sino lo que oyó contar a sus
antee- pasados, el propio Catalán.
La constitución de la familia cieneguera es muy particular;
unida temporalmente la mujer a un hombre que en la genera¬lidad de los casos no
ha sido elegido libremente, fórmase el ho¬gar, llevando ella el peso de todas
las obligaciones, y todos los 'deberes imaginables para su sexo, y ninguno de
los derechos por ligeros que éstos sean.
Por encima de la voluntad del esposo, está la del Jefe de la
especie de tribu, que ellos forman, y esta última prevalece siempre, pues toda
la familia debe obediencia absoluta a sus mandatos.
Por lo general, las casas cienegueras no tienen más que una
sola habitación, donde habita toda la familia y a veces varios matrimonios en
íntimo consorcio y sin recato alguno.
La mujer se levanta al amanecer, busca la leña en el monte
para lo cual sale preparada con su hacha y machete; recoge las vacas, las
ordeña, y separa los temeros; carga el agua; hace el café, limpia la casa;
cocina el almuerzo, lo sirve y no se sienta a la mesa; come después en la
cocina, pues mientras almuerza la familia la mujer se encuentra sirviendo la mesa;
atiende a las gallinas, suelta las reses; desensilla los caballos y hasta el
obscu¬recer, está haciendo algo sin descanso alguno.
El cieneguero sale temprano después que toma café, en
ex¬cursión de caza o pesca; si es la época de sacar pieles, o buscar plumas de
garza, permanece fuera del hogar por una temporada.
La familia no hace distinción alguna entre los días de la
semana, pues todos son iguales para ella, y sólo a la natural división del día
y la noche, atienden.
Por lo general se acuestan al anochecer, salvo que algún
velarlo o ccmturíd cercano, los obligue a dejar la casa para tras¬ladarse
fuera; si esto acontece, la cierran, y toda la familia, con sus animales
domésticos, se traslada al lugar de la diversión y queda aquélla completamente
sola.
El caudillo cienegaero Lobato y su familia
Es notable el número de animales domésticos que poseen las
familias cienegueras; en cada casa se encuentran por lo general tres o cuatro
perros, flacos, hambrientos y escandalosos, que hacen las delicias del forastero,
por la noche; dos o tres gatos,, no en mejor estado de presencia que los
anteriores; varias coto¬rritas, periquitos, cateyes, etc., procedentes todos de
la ciénaga, que es un surtidor inacabable de todas las especies, pero
espe¬cialmente de pájaros.
El que por primera vez, pase una noche en una casa cieñe-
güera, conserva recuerdos de ella durante toda la vida; nosotros no olvidaremos
jamás, una noche que pasamos en un bohío cie¬neguero de Júcaro Quemado,
habitado por un matrimonio an¬ciano, y diez o doce animales de todas las
clases, donde predo- jninaban los perros de venado, muy valiosos, según decía
su propietario.
En los bohíos cienegueros, se vive en la comunidad más
ab¬soluta; puercos, chivos, perros, gatos y hasta caballos, duermen juntos con
las personas en la misina casa, y acompañan a sus moradores; y entre el ladrido
de los perros, las tragedias con los gatos, las pulgas, la niguas que
fácilmente se cogen, y los mosquitos, resultan toledanas esas noches.
El viejito de nuestro cuento ,cada media hora nos
desperta¬ba con sus gritos, llamando a la mujer, sólo para decirle que callara
los perros, que, según decía, no nos dejaban dormir; otras veces venía en
persona para brindarnos café, costumbre muy extendida entre los cienegueros; a
lo mejor está el foras¬tero entregado a un sueño plácido y reparador, y se
encuentra despertado bruscamente por el dueño de la casa, que lo llaíua para
brindarle café o participarle que empieza a llover.
El quejido de los perros, rascándose, pues es increíble la cantidad
de pulgas que esos escuálidos canes conducen, y defen¬diéndose de las picadas
de los mosquitos; el gruñido de los puercos por debajo de las hamacas, en
excursión de reconoci¬miento, buscando comida; el maullido de los gatos y sus
luchas con los perros, y hasta las caricias de los caballos, que entran en el
bohío cieneguero, desprovisto de pared o defensa exte¬rior alguna, hacen
insoportables las noches, en las casas cié- negueras.
Apesar de este cuadro estábamos tan rendidos de cansancio,
que nada nos estorbaba para dormir la noche a que nos refe¬rimos, y que nos
quedamos en Júcaro Quemado; y'eran sólo las gritos del que quería de ese modo
ser atento propietario, llamando a la esposa para que callara los animales, que
no oía¬mos, lo que precisamente no nos dejó pegar los ojos en toda aque¬lla
bendita noche.
Esa noche memorable sólo es comprable a la que pasó nues¬tro
compañero Juan Plasencia, con un Ingeniero americano re¬comendado por un alto
funcionario de la Compañía, para que
trabajara con nosotros en la ciénaga; este joven profesional
yankir era tan aficionado a la bebida, que con sorpresa notó nuestro com¬pañero
Plasencia, la primer noche que pasaron juntos, que a la hora de acostarse,
colocó a la cabecera de la cama una bo¬tella de whisky, y cada media hora
despertaba al paciente Pla¬sencia, para decirle solamente antes de trincar: a
su salud se¬ñor, únicas frases que conocía en castellano, y que con una
fre¬cuencia asombrosa prodigó durante toda la noche.
II
Es bien triste por cierto el papel que la mujer cieneguera
desempeña en ésos grupos sociales atrasados; y sólo a partir de la última
guerra de independencia, se ha modificado algo la situación de la mujer en la
familia.
Antiguamente la mujer pertenecía a todos los hombres del
clan, pues en épocas en que escaseaban y había en cambio ex¬ceso de hombres,
decretaba el Jefe, lo que era conocido por el sabaveo, por el cual se facultaba
a hombres y mujeres para que ejercieran el amor libre, debiendo ésta acceder al
primer reque¬rimiento de cualquier hombre de la tribu, costumbre abolida desde
la guerra de los diez años en Zapata.
En aquellas salvajes épocas era corriente encontrar los
pa¬dres viviendo con las hijas, hermanos con hermanas, pues sólo se atendía en
esas bárbaras uniones, al sexo, sin respetar pa¬rentesco de ninguna clase, y
todavía se encuentran uniones de esta clase por aquellas misteriosas regiones
deshabitadas...
Actualmente, cuando la mujer llega a ser señorita y la
soli¬cita un hombre, debe antes que nada participárselo al Jefe de la tribu y
obtener su consentimiento ’; después se lo da a cono- cecr a sus padres o
parientes más cercanos, como mera forma¬lidad, pues éstos no deben oponerse.
De acuerdo todos, se señala una junta de cienegueros para
construir entre todos un nuevo hogar, y durante una semana o más días, es un
jolgorio continuo, y las lechonatas, velorios, y canturías se suceden, sin
interrumpción alguna; se abandonan todas las labores, nadie se ocupa de nada
que no sea la próxima unión de tal muchacha con fulano, y es de ver el trabajo
que
el infeliz fulano soporta, atendiendo y siendo el blanco de
todas las guasas cienegueras.
Unidos ya, por acuerdo mutuo se separan, y corresponde a la
mujer el llevarse todos los bijos, varones y hembras; mien¬tras encuentra otro
marido, ella debe titularse viuda del últi¬mo hombre con quien vivió, cesando
este estado, transitorio y muy rápido, por ser las mujeres muy solicitadas, tan
pronto se va con otro hombre, cuyo apellido toma en seguida.
Campamentos cienegueros
Es muy corriente cambiarse las mujeres, y es notable el poco
celo que los cienegueros demuestran en estos problemas •que con la mujer se
relaciona; indiferentemente contemplan la fuga de sus mujeres, y sin darle
importancia alguna buscan en seguida otra, y continúan en iguales relaciones
con el raptor y con ella, sin reconocer rivalidad alguna en este proceso.
Es completamente el de una bestia de carga el papel que
desempeña la mujer en 1a. familia cieneguera; todas las más ru¬das labores de
la casa y del conuco, tienen que ser ejecutadas por ella, y aun muchas faenas
de campo, impropias de una mu¬jer, como el guataqueo de las tierras que
componen el sitio, y el cuidado de las bestias de monta y carga que tenga el
mon¬tuno a su servicio, tienen que ser desempeñadas por las mu¬jeres.
Antes que la mujer abandone el hogar de la familia
siguien¬do los requerimientos amorosos del primer hombre que la soli¬cite, y
desde su más tierna edad, no para la infeliz de trabajar continuamente, todos
los días del año, sin descanso alguno, en labores tan duras y desproporcionadas
para su sexo, que a ello debe achacarse indudablemente la pérdida en temprana
edad, de todos los atractivos femeninos de su clase; y ni aun esa gracia de los
quince años que tanta seductora influencia, ejerce en los hombres de edad ya
madura tienen, pues se en¬cuentran marchitas y arrugadas en su juventud, y el
aire hom¬bruno que despliegan, las hacen parecer poco deseables.
Las cienegueras a los 27 años parecen viejas; arrugado el
sem¬blante, les falta la conformación del busto, abandonadas por completo en su
cuerpo y descuidadas en su porte, aparecen feas y sin ningún atractivo.
Como por lo general no han conocido el peine ni el objeto
que desempeña en los cabellos de la mujer, ni conocen tampoco la más
rudimentaria limpieza personal, ni vestigios siquiera de la higiene más
elemental, presentan un aspecto con el camisolín típico que usan, sobre el cual
sólo llevan una saya tiñosa y he¬cha girones, desagradable y altamente
repulsivo.
En un lugar conocido por Cayo Ramones conocimos en 1915, una
muchacha cuyas facciones no eran feas, y apesar de sus cor- tob años, pues
escasamente llegaba a los cuatro lustros, no tenía una sola pieza en la boca; y
contaba ella con cierta gracia como cuando le había dolido una muela, se había
amarrado un alam¬bre en ella, asegurando el otro extremo a un poste de cerca, y
librándose del dolor por medio de un simple tirón rápido y fuerte, que la
obligaba sólo a caer al suelo sin más daño alguno...
Hasta que se convierten en señoritas, andan casi en cueros,,
sin recato alguno, y aun después de arrimadas a un hombre,, llevan una
indumentaria tan raida y ligera, que prácticamente siguen estando en igual
forma.
Sin embargo, este cuadro tan salvaje y primitivo no se
en¬cuentra ya en Zapata, entre los núcleos principales, que hasta saben algunos
leer y escribir, y sus jóvenes guajiras presentan un aspecto más civilizado y
en armonía con el conjunto, que también ha cambiado notablemente entre ellos.
Es necesario internarse en el corazón de la selva, casi en
las costaneras de la ciénaga, para encontrar familias cienegueras que aún
subsisten en estas condiciones descritas.
Por lo general, las actuales muchachas cienegueras de
Zapa¬ta, se visten ya más de acuerdo con la civilización y el propio decoro,
pero conservan cierto aire hombruno muy desagradable, y continúan usando la
mayoría de ellas todavía, un aceite de coco en el cabello tan desagradable, que
molesta su olor intensa¬mente.
Bailan en los velorios y canturías un danzón muy zapateado,
que parece un papalote de aquellos de antaño, y son los ins¬trumentos de música
de que se valen, tan primitivos, que pro¬porcionan una música sin compás alguno
y muy difícil de bailar.
Prodigan en sus adornos las flores y cintas de un modo
lla¬mativo, y como las mujeres de todos los núcleos primitivos y carentes de
cultura, escogen los colores más chillones y llama¬tivos en sus trajes,
llevando a veces una indumentaria tan rara, que causa el asombro de los
forasteros, que nó saben cómo con¬templar aquellas escenas que se presencian en
los bailes cie- negueros. .
Son dignas de verdadera compasión estas mujeres cienegue¬ras
de Zapata, sometidas en la mayoría de los casos a un trato brutal; y tan
dóciles, buenas y resignadas, que por nada protes¬tan, y solícitamente acuden
siempre al primer llamamiento del marido, que la suerte o la desgracia, les ha
deparado.
Desde su más temprana edad no hacen otra cosa que no sea
trabajar, y hasta cuando van a ser madres, no dan tregua al¬guna a las diarias
faenas que constituyen el único motivo de toda su vida.
A las veinte y cuatro horas de dar a luz, se levantan de la
cama o hamaca, y prosiguen en sus labores, aumentadas por el cuidado que tienen
que dedicar ahora a sus crías; y víctimas del trabajo y esclavas del deber,
sucumben temprano, sin haber conocido ninguna de las satisfacciones y goces que
proporciona la vida civilizada.
El Zapata es muy frecuente, que la mujer sucumba antes de
los treinta años, y mientras el cieneguero dura muchos años, la mujer tiene una
vida demasiado corta, por el exceso de tra¬bajos desproporcionados para su sexo
a que se les somete desde temprana edad.
En los más mínimos detalles se nota la desconsideración con
la mujer, y corrientemente se encuentra por las veredas de la Península, un
matrimonio de viaje en esta forma: sobre un escuálido jamelgo va el cieneguero
que lleva en sus brazos el pequeñín de la familia; detrás, siguiéndoles y a
pie, va la mujer con el resto de ella, jadeante, sudorosa, pero resignada y
con¬tenta ...
La anemia, la tuberculosis implacable, y otras afecciones,
pronto dan fin con la naturaleza de las pobres cienegueras, que ni en su último
refugio, llegan a alcanzar la deseada paz, pues enterrados sus despojos en los
cementerios de las playas, entre arenas, los cangrejos poco a poco van
horadando y comiéndose¬las a pedazos.
Cienegueros de la Comisión de Desecación
Sólo la civilización que paulatinamente va introduciéndose
en Zapata, reivindicará la mujer, haciendo que ocupe el pues¬to que en ella
tiene, como madre de la humanidad; y desapa¬recerá para siempre con la
desecación de ese gran pantano, esa inferioridad irritante y abusiva, en que
todavía hoy se encuen¬tra la mujer eieneguera, pobre víctima del atraso de los
núcleos sociales de montunos, que ocupan sus tierras.
III
La presencia de la mujer cieneguera, hace meditar
profun¬damente; desprovista de todas las gracias de su sexo, ataviadas
andrajosamente, presentando un conjunto poco seductor, tor¬túrase la mente el
forastero pensando, donde encontrará en ella atractivos el cieneguero, que en
loco afán y en una muy tem¬prana edad, solicita con aihinco sus favores,
demostrando una- decisión inconcevible.
Sólo al furor sexual puede achacarse esa pasión ficticia del
cieneguero, que loco corre detrás de la hembra, siguiendo sus; impulsos
genésicos, sin parar mientes en su aspecto, cualidades- ni edad, en la mayoría
de los casos.
La explicación es muy sencilla, y la han dado todos los
so¬ciólogos, que se han dedicado al estudio de las agrupaciones hu¬manas
primitivas, y atrasadas.
Por los campos y lugares aislados e inaccesibles a todo
pro¬greso, como en Zapata, está más concentrado en el hombre, el estímulo
sexual, que en las ciudades y lugares más civilizados, principio general
aceptado como axiomático en todos los casos.
Como por esos lugares completamente huérfanos de todo
con¬tacto civilizador, hay poco de que abusar y menos de que ele¬gir, la
primera que viene a mano es buena para mujer, y no' bien le apunta el bozo al
cieneguero y siente las manifestacio¬nes del estímulo sexual, se encuentra
heeho padre de familia,, uniéndose a la primer mujer que encuentra.
Lo que para los hombres civilizados resulta primordial en el
trato con la mujer, no tiene importancia alguna para el ciene- guero, que rinde
a su manera tributo al amor; la rusticidad de la mujer, la falta de expresión
en el rostro, la grosería de su con¬versación, la carencia de modales, el
aspecto repugnante por la suciedad que revela, y cuantos detalles influyen
notablemente sobre el hombre civilizado en presencia de la mujer, carecen
de¬importancia alguna para ellos y no disminuye ni influye en modo alguno en la
pasión por la hembra dé sus afanes.
No buscan la mujer, que no la encontrarían y se dedican
sólo- a perseguir la hembra que satisfaga sus instintos genésicos; só¬lo el
instinto de macho lo lleva a buscar la mujer, sin atender a consideración
alguna de otra índole.
Es esta por coñsiguiente la base en que descansan osas
unio¬nes sexuales de Zapata, uniones de forma primitiva, originarias •en todos
los núcleos sociales incipientes, y que precisamente dan la norma de adelanto o
atraso de las sociedades.
El aumento que con la cultura toma la pasión, no es sólo una
consecuencia-sino un principio estable y fijo, de tal modo que si fuese posible
disminuir o alterar la pasión, la sociedad retrocedería hacia el estado
salvaje.
Mientras más atrasadas son las sociedades, mayor
identifi¬cación tiene el hambre con los animales, en sus procedimientos
sociales con la hembra, que elije, y sólo así se explica, teniendo «n cuenta la
gradualidad cultural, esas monstruosas uniones entre padres e hijas y entre
hermanos, que no obedecen sino al furor genésico en el hombre inculto y
silvestre.
Se explica también en esta forma, la institución del sabaneo
-cieneguero del que ya hemos tratado; ese estado transitorio apa-rentemente,
durante el cual se establecía un verdadero amor libre, tenía por objeto
satisfacer de cualquier modo él instinto sexual de aquellos macihos, que por
escasez de mujeres se encon¬traban sin hembras, y dentro de su atraso social,
era la mejor forma de disfrazar el adulterio, permtiéndolo, sólo como una
es¬pecie de razón de estado, que evitaba males mayores.
Consecuencia de toda esta organización es que en Zapata
nunca se conoció el crimen pasional, y nunca jamás tampoco hu¬bieron serias
desavenencias entre cienegueros, por cuestión de faldas. Lógico era que
resultara así, dada la forma establecida en esas uniones sexuales corrientes,
donde existía una válvula de escape llamada sabaneo, que permitía desahogar en
épocas ■determinadas el
furor sexual incontenible de otro modo.
Todas las desigualdades primordiales, básicas,
fundamenta¬les, en el mundo entero, proceden de la edad y del sexo, y en Zapata,
como agrupamiento atrasado, se encuentran más inten¬samente marcadas estas
diferencias, que en cualquier otro rin¬cón de Cuba.
Sobre todo, las desigualdades procedentes del sexo, son
pecu¬liares en la Península de Zapata, donde se encuentran verda¬deras
anomalías muy características, en los núcleos que habitan sus tierras.
A medida que los pueblos se civilizan, se diferencia más el
».
trato y la educación del hombre, del que se le da a la
mujer, y mientras más atrasados son los agrupamientos humanos, más- idénticos
resultan el trato y la educación, del varón y la hembra.
Durante la primera edad el trato es idéntico; pero gran
cui¬dado tienen las sociedades más cultas en resguardar la mujer durante la
adolescencia, de todo contacto que puede contami¬narla, y bruñen con gran
empeño el alma de la joven, prepa¬rándola para llenar su misión de madre en la
sociedad, rodeán¬dola de un cuidado exquisito y de una vigilancia efectiva, que
impida cualquier acto que la desmerite.
El anochecer en la ciénaga
Por el contrario, en las sociedades atrasadas, se crían y
edu¬can ambos en igual forma; viven igual, trabajan a la par y sus. labores
caseros son idénticos e inapropiados; libremente apren¬den lo bueno y lo malo
sin tener sentido ponderativo alguno, y déjase sólo a la naturaleza que actúe
en la educación de los. jóvenes en la edad peligrosa.
Con un lamentable sistema, traíanse delante de las niñas-
problemas que ellas no debieran conocer; se avivan y despiertan en ellas
instintos genésicos perjudiciales, y llegan en esta for¬ma a desconocer el
recato y el pudor, únicas armas naturales que la educación les entrega para su
salvaguardia.
Criados de idéntiea forma el hombre y la mujer, nada que no
sea el sexo los diferencia entre sí, y ya adultos se hallan in¬capacitados de
conocer la pasión amorosa, que no pueden sentir en ningún caso y es siempre
reemplazada por la sensualidad en los amores.
Esta es la diferencia que la educación llega a establecer
entre los núcleos atrasados y los cultos; mientras más inculto y rústico es el
hombre, más sensual se siente y menos capaz se encuentra de sentir una pasión,
formas muy distintas de un único sentimiento.
El recato mengua gradualmente del estado salvaje al culto y
de las clases bajas a las distinguidas, y llega en éstas la pasión a perder
toda su forma grosera; en el hombre culto, la pasión en vez de dirigirse a lo
animal, se dirige a lo racional, y en vez de desear conquistar el cuerpo, se
dedica a doblegar la voluntad, sucediendo lo contrario entre hombres silvestres
y poco educados.
Es por consiguiente el furor sexual y no la pasión amorosa,
lo que obliga al cieneguero a escoger la hembra, no como com¬pañera de su vida,
sino como objeto que sacie sus ansias genésicas.
La finalidad que persigue el matrimonio en Zapata, es indén-
tico al de todos los agrupamientos primitivos, carentes de pro¬greso alguno, y
donde la influencia exterior es nula por completo..
En las sociedades primitivas, el amante oculto de una mu¬jer
fué el casado originario; en aquella organización, no hay necesidad ni
posibilidad de que el casado haga vida con su mu¬jer, como tampoco lo hacen
actualmente los amantes en las ciu¬dades, y «1 matrimonio en esta forma, no
siendo estado no in¬funde carácter tampoco, pues el ser casado o ser amante no
constituye profesión alguna.
El progreso y la civilización no podían permitir que
subsis¬tieran en esta sencillez las cosas, por los abusos que traerían, y fué
necesario que la Ley reformara tal estado, dándole al ma¬trimonio la forma que
actualmente tiene en las sociedades ci¬vilizadas.
Está comprobado que el matrimonio fué sólo originaria¬mente
un mero estado de amantes, modificado luego en cierto modo por la civilización
y la cultura.
En esta forma, con el progreso de las sociedades, los amores
públicos tuvieron apodos: el amante se llamó casado, y la amis¬tad privada se
llamó amistad solemne o matrimonio, creándose éste como una protección política
del derecho natural o lo que es lo mismo, del instinto de los amantes.
Dentro del atraso en que viven los núcleos de Zapata, quedó
el matrimonio en una forma intermedia, como necesidad o sa¬tisfacción del
instinto genésico o furor sexual, atendiendo so¬lamente a la diferencia de
sexos, única que subsiste y se toma en consideración. "
Sintiéndose hombre el cieneguero, busca una mujer sin
aten¬der a ninguna otra cualidad, y muchas veces no le detiene ni la diferencia
en edad; si llega tarde y las mujeres jóvenes ya están comprometidas, quédase
con la que encuentra así sea vieja y fea, y son innumerables los casos en que
un hombre que apenas llega a los veinte y cinco años de edad, se encuentra
unido a una octogenaria decrépita, y mantiene esta unión hasta que encuentra
alguna más joven con quien unirse temporal-mente.
Todas las uniones matrimoniales de Zapata que hemos
co¬nocido, durante nuestra larga permanencia entre ellos, tienen por base
exclusivamente el instinto sexual; en ningún caso he¬mos podido encontrar un
matrimonio cieneguero que se expli¬que el matrimonio en otra forma, y a ello
hay que achacar esa indiferencia que demuestran por todas las mujeres, pues
uná¬nimemente nos decían, que para ellos todas las mujeres eran iguales.
Es lógico, pue, que no sepan aprecial la belleza ni la
virtud : que desconozcan la hermosura y se reían disimuladamente cuan¬do
tratábamos de explicarles el papel de la mujer en las socie¬dades civilizadas. .
Nada define mejor el concepto que ellos tienen del
matri¬monio, que la contestación que le dieron al Párroco de Jagüey Grande,
cuando éste pretendió legalizar esas uniones de Za¬pata; y tratándoles el
problema de la prole cierto día, estuvo este señor cerca de dos horas
perorando, para que después de . escucharlo religiosamente, contestara uno en
nombre de todos:
“Mire Padre, conforme el caballo, el toro, el perro y todos
los animales de la creación buscan sus hembras y para nada interviene usted,
nosotros que no hacemos más que imitarlos, creemos que no nos hace falta su
ayuda en este caso; y tal como hasta ahora nos hemos pasado sin ella,
seguiremos, pues es inútil su concurso para buscarnos la mujer, que nosotros
bien sabremos encontrar ”
IV
Si se observa detenidamente la organización social
ciene¬guera, se encontrará en ella un fiel reflejo de los comienzos de todas
las sociedades civilizadas.
En todas las sociedades embrionarias, las dignidades van
creciendo con el grado de adelanto, y sus comienzos son en to¬dos los casos
idénticos.
El Cayo de los Pavos
Si se estudian los comienzos de las sociedades llamadas
ci¬vilizadas, se encontrarán bastantes analogías de fácil aplicación, y se
observará como en todas es exactamente igual el ciclo que han tenido que
recorrer para alcanzar sus progresos ulteriores.
Originariamente, el monarca o Jefe de una nación, era un
particular poderoso cuyo respeto o influencia se invocaba para reunir las
gentes en las expediciones y para resarcir agravios; el sacerdote era un
timorato de ejemplares máximas; el sóida- do un vecino robusto y decidido que
se llamaba a combatir; el juez era un hombre discreto e imparcial; artesano era
todo el que necesitaba labrarse algo, y el casado como hemos visto, sólo era el
amante privado de una mujer.
Con el progreso de las sociedades, lo mismo que se
dividie¬ron las artes mecánicas, constituyendo con el tiempo oficios a.partes,
con gran ahorro del tiempo y del trabajo, así también la religión y las armas,
la justicia y el gobierno, han llegado gradualmente a ser incumbencias o
dignidades separadas.
Este proceso de deslinde, ha originado con el adelanto de
las sociedades, un estado cultural, donde han llegado a estar bien demarcadas
estas dignidades; pero en sociedades atrasadas, se nota claramente, los
comienzos embrionarios de ella.
En Zapata no existe otra dignidad que no sea la que nace de
la diferencia de edad, constituyendo rango.
Los menores llaman a los mayores tíos; los iguales se dan el
tratamiento de Compadres, y por eso nosotros fuimos también Compadres de
ciertos cienegueros que así nos consideraban.
Basándose la desigualdad que engendra el*rango, en la edad,
necesariamnete hace falta (un límite de comparación estable, por donde
graduarla; y este límite es para ellos la igualdad, que para no suponerla
arbitraria la consideran como la amis¬tad perfecta, hasta el extremo que todos
los Compadres quedan unidos por ella, con vínculos indisolubles que nada puede
que¬brantar jamás.
Al igual que las sociedades primitivas, basadas en la
igual¬dad, eligen entre ellos el más poderoso y lo llaman Jefe, y de hecho lo
es siempre; el más discreto e imparcial queda conver¬tido en Juez,
repartiéndose las demás dignidades en la pro¬pia forma.
El cazador más diestro y entendido, pronto se convierte en
consejero militar; el herbolario más práctico y conocedor de las virtudes
curativas de las plantas, queda como Curandero de toda la tribu, y es notable
el hecho, que a poco de hablar con un cieneguero desconocido, se conoce la
dignidad que tiene en la familia y a lo que se dedica en la tribu o núcleo
social a que pertenece.
Los jóvenes no tienen voz ni voto; pues los tíos lo
resuel¬ven por ellos y hasta que no llegan a cierta edad y pasan» a ser
compadres, dejando sus puestos para otros que ya surgen, son
■componentes sin influencia
alguna en aquellos agrupamientos «cienegueros.
*
Almacén de Ventura
Entre ellos existe una verdadera compenetración en todos
sentidos; la ofensa- inferida a un cieneguero, la recojen todcs y
pronto es vengada; los favores en cambio no merecen esa
apre¬ciación entre ellos.
En sus venganzas son muy crueles, y pinta bien la cruel
perseverancia cieneguera, el siguiente hecho acaecido a raiz de la terminación
de la última guerra de independencia: el padre de la familia Arencibia
compuesta de 5 hermanos hombres, fué alevosamente asesinado por una guerrilla
durante la guerra; y tan pronto se terminó ésta, se juramentaron los cuatro
hijos.de Arencibia que quedaron con vida, y pacientemente fueron bus¬cando y
matando los guerrilleros que habían tomado parte en la muerte del padre. Esta
misión duró más de un año, pues fué necesario indagar el paradero uno a uno de
todos los guerri¬lleros.
Como desconocen el derecho de propiedad no lo respetan y es
muy común el robo al forastero.
Son los cienegueros amigos fieles, siempre dispuestos a
pres¬tar cualquier servicio por duro y arriesgado que sea; son desin¬teresados
y no le prestan gran ateción al dinero que hasta hace poco tiempo no tenía
valor alguno entre ellos.
Como práctica heredada de los antiguos Bucaneros, puede cualquiera
entrar en sus casas y tomar lo que le convenga, y al participárselo al
propietario, no demuestra ningún enfado, pues lo toman como una distinción de
confianza.
Practican miles de supersticiosas operaciones para todos
los. accidentes de la vida, y casi todas ellas tienen un origen indí¬gena
marcado. Las leyendas de los cienegueros tienen también este origen.
Si bien las mujeres tienen poca vida, en cambio los hom¬bres
llegan a pasar de los cien años, y últimamente murió en el Maiz un cieneguero
de 112 años; este cieneguero no podía resistir la tentación de huir al monte
tan pronto veía un foras¬tero, por lo que nunca pudimos celebrar con él, a
pesar de nues¬tros deseos, una conversación sosegada.
CUATRO AÑOS EN LA CIÉNAGA DE ZAPATA
CAPITULO XI
ÍSTT:M:.A-£¿XO; “EL FOMENTO DE UN GRAN CENTRAL-.-I, Viaje a
. Australia.-ll. La vida en el Batey de un Ingenio
en-fomento,-III, LO que es el Central Australia.
I
En viaje para Australia, el paciente viajero cambia de tren
en Navajas, entronque de varias líneas, y de la cual parte el ra¬inal de Jagüey
Grande; con el cambio de tren, comienza el •calvario a que tiene sometido el
pasaje que hace uso de esa vía, la Empresa de los Ferrocarriles Unidos.
Después de una espera indefinida, pues los itinerarios no se
cumplen, en una Estación sucia y anticuada, sin bancos media¬namente limpios
donde sentarse, por lo menos a engañar el tiem¬po ; agrupado el pasaje dentro
de una nave descubierta parcial¬mente, y a merced de toda la inclemencia de los
elementos, suena al fin la campana de un tren casi prehistórico, por la
respetable antigüedad de sus unidades, contemporáneas de aquellos pri¬mitivos
artefactos, que allá por los albores del establecimiento de los ferrocarriles
en Cuba, corrían a paso de cangrejo por las líneas de la antigua Empresa de
Matanzas, infundiendo su-persticioso pavor, en nuestros montunos antespasados.
De aquella remota época, queda todavía en esta línea, vesti¬gios
muy característicos, en la máquina del tren que nos va a ■conducir, y en el carro que
debemos tomar en nuestro viaje al •Central
Australia.
Apresúrase el viajero a tomar el carro, y ya en posesión de
su asiento, ve desfilar por la anticuada ventanilla, innumerables pordioseros,
restos algunos de época añeja; pero entre todos fija .su atención en los dos
chinos de báculo y jicara, inseparable pareja octogenaria, formada por un ciego
y un ladino, limosne¬ros incansables, en cuyo oficio laboran día tras días,
desde los tiempos de mari-castaña. j
Mientras el chino ciego presenta por la ventanilla su güiro
pedigüeño, el otro con sonrisa enigmática invoca en lenguaje in¬comprensible la
piedad del pasaje, e imperturbable, paciente, re. corre todas las ventanillas,
sin que se altere un momento la enig¬mática sonrisa del guía ni la estraña faz
del ciego.
Transcurre el tiempo, es desesperante tan larga espera, el
tren no marcha, y sigue el cuadro inalterable; necesariamente el curioso
viajero tiene que meditar, rememorando cuanto le han contado o ha leído de
aquellos tiempos del foete en Cuba, y que ya parecen tan lejanos, y cuyo
recuerdo en presencia de los ele¬mentos que le rodean, viene en seguida a la
mente más irreflexi¬va; y ya de lleno enfrascado en un cálculo de antigüedad de
todo lo que a la vista tiene, le asigna sin vacilación alguna, la mayor, al
respetable caserón a cuya vera sigue el tren inmóvil esperando la señal de
partida.
En marcha, lentamente transcurren las horas en el incómodo
carro; sufre el pasaje toda clase de golpes, por los variadísimos, movimientos
que provocan los vaivenes del tren sobre la desni¬velada vía...
Los contados kilómetros que separan Jagüey Grande de
Na¬vajas, los recorre el tren en un tiempo que varía de tres a seis horas, y
feliz debe sentirse el viajero, si sólo emplea tres ho¬ras de viaje, el día que
se decide a emprender la excursión al bello Ingenio Australia.
La llegada a Jagüey, estación final de la peregrinación, se
hace de modo especial; penetra el tren en un triángulo que obli¬ga al convoy a
entrar reculando, y lo primero que del pueblo se contempla, es la mansión de
los muertos, abandonada, sucia, demostrando un completo olvido de los vivos, y
gran egoísmo por parte del Párroco que la administra en beneficio de la
Iglesia.
Al dejar el carro, la vista se extiende sobre la reducida
área del poblado, y detiénese asombrada ante un soberbio edificio de dos
plantas, dedicado a Escuelas Públicas, y que se destaca notablemente sobre el
resto de las construcciones jagüeyenses en completa pugna con ellas;
efectivamente, aunque parezca men¬tira, esa construcción fué levantada en
Jagüey, debido a un.
•error, pues se proyectó para ser construida en Sagua la
Grande, sólo que los primeros interventores confundieron, Jagua, Jagüey Grande,
y Sagua la Grande.
A este error debe Jagüey la magnífica construcción que
po¬see dedicada a Escuelas Públicas; y ya en la actualidad después de haberse
construidos varios edificio» buenos, de ladrillo y -cantería, no llama tanto la
atención, como cuando conocimos el poblado, hace cuatro o cinco años
En uuo de los numerosos y populares Fords, y conviene aquí
-decir que Jagüey tuvo el alto honor de hospedar a Mr. Ford, cuando este
conocido millonario americano visitó en su Inge¬nio a Don Eugenio Alvarez,
puede el viajero dirigirse al In¬genio; una amplia carretera, que el veloz auto
recorre en pocos minutos, pone en contacto el pueblo coa el Central.
Es otro actualmente el aspecto de Jagüey Grande, después -de
fomentado el Ingenio: carreteras, travesías, alumbrado, re¬parto de ensanche,
agua,, teléfono, etc., y cuanto constituya con¬fort en la vida civilizada, lo
debe este pueblo a Eugenio y Al¬berto Alvarez, propietarios del Central, que
con su fomento con¬virtieron aquella zona aislada y triste, pobre y
desamparada, en centro productor floreciente.
II
El primitivo Ingenio Australia que nosotros alcanzamos a
conocer, era uno de los tantos cachimbos que existían esparcidos sobre el
territorio cubano. El enorme caserón de tablas, que constituía la casa de
calderas, con suelo de tierra y techo de te¬jas, estaba en perenne lucha con
las fuerzas de gravedad que lo atraían al suelo; los barracones se sostenían en
pie por un mi¬lagro de equilibrio; la casa de vivienda, con sus paredes aspi-
lladas, demostrando el procedimiento empleado para lograr es¬capar de la
candela general en las guerras de independencia, -auxiliados por numerosos
fuertes que rodeaban el batey; en fin, todo aquel conjunto estaba en completa
pugna con los métodos actuales en construcciones de esta naturaleza.
Decididos los propietarios de Australia, a arrasar con los
vetustos caserones inservibles, con el hierro viejo de sus maqui¬narias
anticuadas, declaróse guerra sin tregua a todo lo añejo, proponiéndose demoler,
cuanto no respondiera a las exigencias^ más cumplidas de la técnica moderna en
esta clase de industrias^ El Australia de hoy es completamente moderno; nada de
lo antiguo se aprovechó. Desde los cimientos al techo de cualquiera
construcción en el batey, desde el baseulador de caña a las cen¬trífugas de
azúcar, todo es moderno, nuevo y de acuerdo con la última palabra de la ciencia
industrial en la fabricación de azúcar.
Montura de las naves y vista del antiguo Ingenio
Demoler un Ingenio antiguo, y levantar en el mismo Batey, un
coloso Central, todo en menos de un año de término, esa fué la labor que nos
impusimos, cooperando con los dueños, un gru¬po de individuos jóvenes y
animosos, empeñados en este gigan¬tesco esfuerzo.
La severa crítica, despiadada muchas veces, ha tratado de-
ensañarse en Australia, encontrando graves errores constructi¬vos y económicos
en el colosal conjunto ejecutado, pretendiendo hacer resaltar pequeños defectos
sin importancia, cometidos de¬bido a la premura con que todo se hizo, y estos
esfuerzos han sido estériles siempre; y para aquellos envidiosos que
vaticina¬ban con énfasis que Australia no llegaría a hacer su primera.
zafra... ahí están las tres magníficas que ya lleva, sus
182,000 sacos molidos últimamente, y los altos rendimientos alcanzados.
Sin preocupamos de la crítica infecunda que nada ejecuta y
que por el contrario sólo demuele, comenzáronse los trabajos en Australia con
gran empeño; y era natural que a la enorme labor que pretendían llevar a cabo
sus dueño, respondieran los perjudicados, por la zona de eaña que con la
construcción de Australia perdían, con aquellos vaticinios quiméricos, producto
de la envidia y la codicia.
La' famosa firma francesa, constructora de maquinaria para
Ingenios, la Casa Cail, por mediación de su representante señor Zurich,
secundado por el que indudablemente resulta ser el me¬jor maquinista de
Ingenios en Cuba, el incansable Mercavide,
' asumió la dirección de la parte mecánica-industrial del
conjunto: y asegurados los rápidos envíos de la maquinaria, aprobados los
planos de las nuevas construcciones y resueltos todos los proble¬mas
fundamentales que con la futura molienda se relacionaba, comenzóse el trabajo,
asumiendo la dirección sobre el terreno de aquella magna empresa Don Eugenio
Alvarez, y reservándose en la Habana las cuestiones de Oficina, su hermano Don
Alberto, condueño ambos del Ingenio.
Nosotros, como Ingenieros Civiles, procedentes de la Ciénaga
de Zapata donde trabajamos, cooperamos con nuestros modestos esfuerzos, a
llevar a buen fin aquel colosal esfuerzo, donde la¬boraron bajo las órdenes de
Don Eugenio, Mariano Vico, José F. García, Ramón Gutiérrez, Benito Loygorri,
Carlos Ducassi, Marcial Fació, José García, Juan Plasencia, Esteban Silveira,
muchos de los cuales fuimos luego Colonos del propio Ingenio.
Durante el día las labores de aquellas tareas que nos
había¬mos impuesto, ocupaban todo nuestro tiempo, y era sólo al llegar la
noche, cuando nos veíamos, al reunimos para la comida, en la casa de vivienda,
y apesar del rudo bregar continuo, no ,se perdía el buen humor y entusiasmo,
dando el ejemplo su sim¬pático propietario.
Conservaremos recuerdos imperecederos de aquellas veladas de
Australia, donde se comentaba festivamente todo; los progre¬sos hípicos del
simpático Pepé y de vez en cuando alguna famosa caída de su montura, que
formaba época en los anales de Aus¬tralia; escuchábamos los interesantes
cuentos de Ducasi, que a vuelta de una gloriosa campaña en Marruecos, como
Capitán del Ejército Español, había llegado a Cuba, su patria, entusiasma¬do
con la caña; las humoradas de Plasencia, que con sutil in¬genio a todo sacaba
punta como vulgarmente se dice; nos con-dolíamos de las nostalgias de
Gutiérrez, que' rememorando la lejana patria, siempre estaba triste y
pensativo...
Muchas noches quedaban interrumpidas las veladas; alguien
venía en busca de Don Eugenio para solucionar un conflicto, huelga o algo que
interesaba al Ingenio; y sin fijarnos en hora, comenzábase a trabajar, dando
Don Eugenio el ejemplo, hasta resolver el problema.
Invariablemente, los miércoles, a las 10 de la noelxe,
llegaba a la casa de vivienda, conducido por la Policía del Batey, un obrero
muy particular.
Elíseo era un excelente trabajador, honrado, callado y
labo¬rante infatigable, pero era necesario darle un día a la semana para que se
excediera en la bebida, de la que se abstenía por completo, en el resto de
ella. Nosotros, con autorización del propietario, le habíamos concedido los
miércoles de todas las se¬manas, y ya por la noche estaba tan saturado de ella,
que alte¬raba el orden en el Batey, y era conducido a presencia de Don Eugenio.
Cada vez que esto sucedía, alegaba su derecho con estas
pa¬labras : fíjese Don Eugenio, y la compaña que hoy me toca y no la suelto,
con lo cual terminaba el acto, pues se iba en seguida a acostar.
Durante muchas noches fué tema de sobremesa muy comen¬tado,
las aspiraciones de un morenito de la Habana, empeñado en escoger la Finca El
Tejar, propiedad de José García, Pepé, para el fomento de una Colonia de caña.
Recomendado a Don Eugenio, por el estimado amigo Alberto
Barreras, llegó al Ingenio un moreno joven, que, según decía la carta donde lo
recomendaban, sólo quería trabajar, por su an¬gustiosa situación económica; y
este individuo, que sólo aspiraba al principio a una modesta plaza de peón,
convirtióse tan pronto llegó al Batey de Australia, en quimérico aspirante a
Colono, y tradujo la cortés acogida que en honor al que lo recomendaba ¿e hizo
el dueño, como indicio que podía permitirle aspirar, a una Colonia, que debía
además ser elegida en terrenos por él asignados.
Las zozobras de Pepé cada vez que tratábamos del moreno, no
son para contarlas; y llegó alguna vez a temer que parte del Tejar sería
entregado por el Sr. Alvarez al morenito del cuento.
Resulta muy curioso el estudio de los hábitos y costumbres;
de un numeroso núcleo de trabajadores de distintas nacionali¬dades, obligados a
llevar una vida común, y pudimos anotar en¬tre los mil y pico de trabajadores
que teníamos en el Batey, mientras estuvimos encargado de los trabajos de
construcción, notables casos.
Entrada al Ingenio por la carretera de Jagüey Grande
El Batey de un Ingenio en construcción es algo curioso v
digno de estudio, es un pequeño pueblo y por consiguiente, in¬fierno grande;
por lo general nada resulta más difícil de orga¬nizar que la Ponda, lugar donde
concurren todos los trabaja¬dores a horas determinadas; por otra parte, la
falta de vivien-
das para tantos obreros, causaba desazones sin cuentos, al
Ad¬ministrador Vico. '
Todos estos pequeños problemas que algunas veces de 110 ser
resueltos bien, originan grandes trastornos, se comentaban en las veladas de la
casa de vivienda, y era pintóresco escuchar las so¬luciones que cada uno le
presentaba al dueño, soluciones que, como es natural, estaban afectadas,
influidas, por la pregenie de cada uno de nosotros, por su profesión, hábitos,
costumbres, etcétera. ,
Queríamos nosotros resolver cuantas dificultades se
presen¬taban, sometiéndolas al logaritmo perturbador; Vico, notable aficionado
a las armas, creía encontrar en todo solución que evitara males mayores,
estando siempre en guardia; Loygorri, como primer y notable aviador español,
pretendía encontrarlas al vuelo, zanjando en seguida la dificultad; Ducasí,
parango- neando lo que el Coronel del Batallón había hecho en parecidas
circunstancias, aconsejaba inflexrbilidad para conservar la dis-ciplina en el
Batey entre los trabajadores, y por el estilo discu¬tíase con calor todo cuanto
podía ser susceptible de arreglo o mejora,
Nadie es capaz de imaginarse las intensas labores que se
lle¬varon a cabo en Australia, durante el período de reconstrucción del
Ingenio, ni la vida que hacíamos en aquel caos de trabajo febril y continuo,
para lograr en menos de ocho meses, demoler un Ingenio completo, levantar otro,
y echarlo a andar, sin gran¬des tropiezos ni dificultades.
Desde el amanecer y mucho antes de salir el sol, todos
em¬pezando por el dueño, estábamos en pie; y desde ese momento, cada uno
marchaba a su labor, la cual no terminaba hasta el anochecer; y hubo un tiempo,
cuando se hacían las bases para los trapiches, en que la premura obligaba de tal
modo, que sólo dormíamos cuatro horas en la noche, dedicando veinte horas
continuas de labor, al trabajo más descomunal qvie pueda ima-ginarse.
Aquellos que todo le merece crítica y siempre es susceptible
todo lo que ven de mejora, deben visitar Australia y fijarse en el notable
esfuerzo, jamás superado, que presupone la construc¬ción de aquel enorme
conjunto, en un corto plazo, afectado ade¬más por la guerra europea, pues
cuando se comenzó la construc¬
ción del Central, ya las fábricas americanas que construían
ma-quinarias para Australia, estaban en plena locura constructiva de materiales
de guerra; y fué preciso en muchos casos resolver en Cuba, mandando a esas
fábricas emisarios de Australia, huel¬gas y conflictos ajenos al Ingenio, que
eran necesarios solucio¬nar sobre el terreno para que ellas pudieran entregar a
tiempo, las maquinarias a que se habían comprometido.
Nuestro amigo Martial Fació, fué el encargado de trasladarse
a los talleres americanos, donde se estaban construyendo los molinos para Australia,
y es curioso oirle relatar a este simpá¬tico compañero de labores en Australia,
los innumerables tra¬bajos que pasó para resolver una grave huelga entre los
em¬pleados, que de continuar hubiera afectado seriamente los pro¬pósitos de
moliendas en Australia.
III
Los antiguos Ingenios de Cuba, en su mayor parte, resultan
ser completamente iguales en el emplazamiento de sus construc¬ciones y en el
reparto interior de ellas.
Por lo general, se han ido reformando, según las necesidades
requerían, las maquinarias de los antiguos cachimbos, sufrien¬do a veces
modificaciones radicales, que han hecho variar por completo la cantidad de
sacos capaces de producir y la extrac¬ción obtenida^ pero sin cambiar en lo
absoluto su aspecto exte¬rior que sigue siendo el mismo que cuando se empleaban
los trenes jamaiquinos.
Exceptuando los grandes Centrales, fabricados de nuevo,
desde los cimientos al techo, siguen siendo el resto de los Inge¬nios de Cuba,
antros de abandono sanitario y despreocupación higiénica por parte de sus
propietarios, y de las autoridades que lo consienten.
El Batey de estos Ingenios, es una gran lodazal inmundo, en
cuyo centro se levanta la casa de calderas, y rodeándolo se encuentran añejos
edificios casi en ruinas, sustituidas mu¬chas veces, por impropias
construcciones de madera, estrechas, sucias y mal olientes, donde se ve
obligado a vivir el desgraciado que tenga necesidad de trabajar en ellos y
ganarse el sustento a fuerza de fatigas sin cuentos.
Al ha'eendado sólo le preocupa tener, buenas máquinas;
ha¬cer grandes zafras, a bajo costo y altos precios; poseer un con¬fortable
apeadero como casa de vivienda, para los tiempos de zafra, y todo lo demás
huelga, es inútil.
Si se visita la Tienda, Fonda, Barracones, etc., de la
mayo¬ría de los Ingenios de Cuba, sale el curioso forastero, verdade¬ramente
asombrado de la falta de higiene y sanidad que en ellos se nota: es
inexplicable cómo existen seres humanos, que se con¬formen a vivir en esos
impropios lugares, sin las más elemen¬tal limpieza, donde, hasta para sus
necesidades más perentorias, debe caminar cientos de metros, buscando el
cercano platanal o la caña encubridora.
Basculador de caña
Hemos visitado todos los Ingenios de la Provincia de la
Habana, y casi todos los de Matanzas, y siempre nos ha llamado la atención, en
su inmensa mayoría, los inadecuados edificios llamados Tienda, Fonda,
Barracones, etc.; en ellos viven como piaras de animales los empleados del
Ingenio y los trabajadores, algunos ya acostumbrados a dormir en el suelo sobre
un saco de .harina extendido y una piedra por almohada...
De las casas donde habita el guajiro colono y su familia,
nada hay que decir, tanto se ha escrito ya sobre éstas, que huel¬ga cuanto
sobre ello se indique; este mal es general en toda la Isla, y nada hace el
colono pequeño o el sitiero por mejorar su vivienda, pues por mucha que sea la
ganancia de la zafra o las viandas, todo resulta poco para ios gallos o la
lotería.
Todas estas mejoras necesarias la tuvieron muy en cuenta los
^hermanos Alvarez, cuando se propusieron levantar el Australia; y con gran
filantropía, pocas veces demostrada por nuestras Hacendados, se interesaron en
resolver, no sólo aquellos pro¬blemas que con la maquinaria y construcciones
del Batey se re¬fiere, sino con los albergues de los nuevos colonos en sus
tierras.
En Australia se olvidó la tradicional costumbre del
Hacenda¬do, que con inconcebible egoísmo sólo le preocupan los problemas •del
campo, la siembra, y su casa de caldera; y al fomentarse este nuevo Central,
trataron de resolver de una vez para siem¬pre, los distintos problemas que con
las viviendas del Batey y del Colono se refieren.
Antes de nada se pavimentó todo el Batey, rodeándolo de
amplias vías de comunicación, afirmadas con Telford-Mac Adam, y se construyó la
carretera a Jagüey, que atraviesa el nuevo ensanche del poblado. Se construyó
un moderno abasto de agua, bombeándola de un magnífico pozo, a un tanque de 40,000
galo¬nes; queda distribuida en todo el Batey, por mediación de un sistema de
tuberías de 8 y 6 pulgadas de diámetro. Este sis¬tema es completamente
independiente de la casa caldera y ali¬menta también las bocas de fuego en el
Batey.
Exactamente lo mismo se hizo con el alumbrado, que es
tam¬bién independiente del Ingenio, y da luz al propio tiempo al pueblo.
Todas las nuevas construcciones ejecutadas, tienen luz y
agua en abundancia, sin costo alguno para el que en el Batey habita, y un buen
sistema de drenaje, completa la higienización “total del Ingenio.
Los mostos y cachazas son bombea'dos a través de una zanja
«cubierta, a una laguna bastante distante del Batey.
Se abolió el empleo de la madera como material de
fabri¬cación y fueron construidos de ladrillo y cemento todos los nue¬vos
edificios.
Fonda, con capacidad para 500 trabajadores; cocinas
espe¬ciales y suficientes para poder dar abasto al número de concu¬rrentes
calculados.
Hospital, con dos salas independientes para diez enfermos
cada una; botiquín, cuarto de médicos y practicante y sala para operaciones de
emergencia. La sala para operaciones, llena los¬illas exigentes requisitos
sanitarios; su luz es zenital, los ángu¬los de paredes 110 tienen entrantes, y
un alto zócalo sanitario de vitriolita, recubre las paredes de este
departamento. Todas las puertas y ventanas están cubiertas de tela metálica de
cobre.
Refriadero y tanque de abasto
Escuela, con tres aulas para niños y niñas; inodoros
especia¬les para éstos; fuente de agua automática para evitar el uso -de
vasijas para tomar, y cuanto la técnica más rigurosa exige en estos
departamentos.
Oficinas, divididas en varios departamentos, con aquellos
destinados a Correos y Telégrafos públicos y Centro Telefónico del Ingenio;
sala del Administrador, Mayordomía, etc.
Los pisos de estos edificios son todos de terrazo, y cuentan
-con* sus respectivos cuartos de toilet, amplios, sanitarios y de .acuerdo con
lo que las Ordenanzas Sanitarias de la Ciudad de la Habana exige en estos
casos.
Almacén de material, de azúcares, de sacos vacíos, de
efec¬tos para la tienda, etc., fueron construidos también de acuerdo eon las
necesidades del Ingenio y con la higiene más absoluta.
Las casas para empleados y barracones son únicas en
Aus¬tralia, e invitamos al qne pudiera interesarle estas cuestiones, para que
visite este Central, y nos diga si es posible encontrar más confort en las
residencias todas, desde aquellas destinadas al primer empleado de la Finca, o
al más humilde obrero del Batey.
El Matadero, que por lo general en todos los Ingenios es un
lugar de completo abandono, mal oliente y sucio, puede visitarse •en Australia
a cualquier hora; construido de cemento, resulta un pequeño Matadero
Industrial, con corralietas de higiene, jpara la observación del ganado y su
reposo; fosas de sangre y desperdicios y sistema mecánico de matanza. El
matarife dis¬pone de una ducha anexa, y su cuarto para cambiarse la ropa, pues
usa uniforme para la matanza.
La Carnicería, no tiene que envidiar nada en materia de
hi¬giene a la más perfecta de la Ciudad de la Habana; las caba¬llerizas de
mulos, las de animales de monta y en general todas las construcciones del
Batey, han sido levantadas obedeciendo a un plan sanitario y constructivo de
primer orden.
Los parques de la casa de vivienda, pérgolas, lagos, huerta,
■vaquería, etc., son lugares dignos de visitar.
Podemos asegurar que no existe un Ingenio en toda Cuba,
•donde el trabajador o el empleado se sienta tan confortable¬mente instalado
como en Australia; y a ello se debe indudable¬mente, que en las tres zafras que
ha hecho, haya tenido siempre sobra de personal de todas clases, mientras los
Ingenios vecinos, han clamado por ellos.
Ultimamente las grandes dotes administrativas y
organiza¬doras de nuestro amigo Mario Páez, actual Administrador de
Australia, encontraron propicio campo ¿3 acción donde
exten¬derse y brillar intensamente.
Con el Administrador que tiene en la actualidad, preparado
aquel colosal conjunto para el máximo de rendimiento con el mínimo de costo;
con una casa de calderas insuperable; sus mil doscientas caballerías de tiérra;
carreteras y ferrocarriles propios y una zona virgen que ahora se comienza a
fomentar, no es dudoso el porvenir de este colosal Ingenio.
Vista de la casa de Calderas
Cuando la producción mundial afectada por la guerra se
restablezca, y la afluencia del producto haga bajar su precio en el mercado,
muchos Centrales que hoy elaboran cientos de miles- de sacos, dejarán de moler,
impedidos por los costosos transpor¬tes, que consumirán todo beneficio.
Es precisamente para esta época, cuando Australia se
en¬cuentra mejor preparada para hacerle frente a la crisis. Con su. gran
extensión de terrenos propios, sembrados a bajo costo en la Península de
Zapata, ferrocarril propio con salida inmediata.
a la costa, habilitará el puerto de Cochinos, sacando sus
produc¬tos a muy bajo costo, sin arrastres ni fletes excesivos; y las vír¬genes
tierras de Zapata, le proporcionarán caña en abundancia, rica en sacarosa, sin
necesitar emplear en su siembra, costosos abonos, ni ejecutar grandes limpias.
Al igual C[ue Australia, los Ingenios bien preparados en su
maquinaria, y cercanos a los puertos, podrán vencer las crisis que sobrevendrá
tan pronto el precio del azúcar baje, pero entre to¬dos ellos, ninguno como
Australia, podrá salvarla más fácil¬mente, por su privilegiada posición y los
elementos con que cuenta en lo que a zona de caña se refiere.
En este particular el culto Ingeniero y Colono Juan Plasen-
cia, ha sido vidente: el porvenir de Australia está en Zapata, de ello no cabe
duda alguna.
CUATRO AÑOS EN LA CIÉNAGA DE ZAPATA
CAPITULO XII
stt:m:.a.iiio: el FERROCARRIL A TRAVÉS DE LA CIÉNAGA de
ZAPATA.-I, Estudios diversos del problema para cruzar la
Ciénaga—II, Nuestra solución adoptada.-lll, Construcción de la via.—IV, La
noche trágica.
I
La extensa Ciénaga de Zapata que bordeando el límite
meridional de la Provincia de Matanzas, la ha despojado de costa sur, haciendo
inaccesible por tierra, la productiva re¬gión de la Península, obligó a pensar
a numerosos propieta¬rios de Centrales situaidos en la región inferior de esa
Pro¬vincia, en la necesidad de cruzarla, buscando nuevas zonas y salida al mar
para los productos de sus zafras.
Desde muy antiguo se trató, por los particulares, de
re¬solver este problema, tomándose con gran empeño el proyec¬to de cruzar la
ciénaga con una vía férrea, y entre ellos destacóse siempre por su tesón, don
Antonio Alvarez Yaldés, padre del actual poseedor idel Ingenio Australia, que
intentó varias veces llevarlo a vías de hecho.
Jamás alcanzaron éxito alguno estos proyectos, debido al
fantasma de la ciénaga, que imponía gran respeto a nuestros antiguos
ingenieros, disuadiendo a sus promotores de acome¬ter una obra que fué calificada
entonces, como quimérica e irrealizable.
Para los profesionales de antaño, la Ciénaga de Zapata,
enorme pantano inconsistente, donde el material firme pro¬pio para soportar el
peso que presupone el tráfico de una vía, se encontraba a muy profundas honduras,
hacía irrealizable tolda obra estable que la cruzara, y no parecían presentar
aquellos inundados terrenos cenagosos garantía alguna de éxi¬to, para una
empresa que por su naturaleza tenía que ser -excesivamente costosa.
A pesar de las ventajas que indudablemente se derivan de la
construcción del ferrocarril que atravesara la ciénaga, to¬dos los intentos de
ejecución no pasaron por estos motivos, del carácter de estudios preliminares,
y las energías de las empresas y particulares, que pretendían acometerla,
quedaban anuladas por compleito ante el valladar de la ciénaga y sus turbios
pantanos.
luundación de la ciénaga
La ciencia del Ingeniero de la época de nuestros abuelos,
estaba en Cuba aún en mantilla y declarábase desde luego im¬potente para resolver
el cruce de esas inundadas tierras, que en todo caso siempre tendría una ruta
mayor de quince kiló¬metros de desarrollo, longitud que imponía pavor en el
áni¬ma de nuestros más esforzados profesionales ide antaño.
Diversos estudios se llevaron a efecto, ¡tratando de
encon¬trarle solución a este problema, durante el curso del siglo XIX, por
empresas y particulares.
El notable Ingeniero Cadalso, ascendiente en grado muy
cercano de nuestro muy culto maestro Alejandro Ruiz Cadal¬so, una de las pocas
reputaciones con que contamos en nues¬tra desdichada Escuela de Ingenieros de
la Habana, albergue
de tantas nulidades pedagógicas y profesionales, llevó a
efec¬to a principios del siglo indicado, un notable estudio enco¬mendado por la
Empresa del Ferrocarril de Matanzas, y que al igual de los reconocimientos
ejecutados por orden de los. particulares, nada práctico pudieron nunca
alcanzar.
Estaba destinado a los descendientes de ¡don Antonio
Al¬varez Yaldés, sus hijos Eugenio y Alberto, el acometer esta empresa; y a
nosotros modestos Ingenieros, proyectar y dirigir las obras.
K1 autor del libro en trabajos de campo
La construcción de este ferrocarril formaba parte del plai*
de reconstrucción del Central Australia; proponíase el Inge¬nio, prolongar una
vía anclia nueva, que había construido des¬de el Batey a las Colonias que se
encontraban en la costa¬nera norte de la ciénaga, fomentadas por Mariano Vico,
Car¬los Ducasi y nosotros, prolongación que debía cruzar la cié¬naga, en toda
su latituid y en una longitud de 15 kilómetros;: seguir la costanera rocosa de
la Península, hasta la Bahía de Cochinos, donde se proyectaban construir
grandes muelles y almacenes para los embarques del azúcar.
En diversas épocas se llevaron a efecto variados estudios;
los primeros fueron encomendados al Ingeniero E. Anderson,
profesional que trabajaba con los eminentes Ingenieros ame¬ricanos,
"William Barclay Parsons. Eugene Klapp y L. Dear- born.
En 1913 verificó Anderson los estudios de la vía, siguien¬do
la ruta “Los Cristales-Ventura”, complementando éstos con experimentaciones
sobre el suelo de la ciénaga, en terra¬plenes formados con el fango de sus
pantanos.
Estas experiencias tenían por objeto conocer y determi¬nar
la estabilidad y duración de las explanaciones formadas con esos productos,
resolviendo de una vez estos dos puntos de capital importancia:
Terraplenes de ensayo formados por el Ingeniero E. Anderson
1. —Si el
suelo de la ciénaga era o no suficientemente firme para soportar las
explanaciones, sin recurrir tal costoso pilotaje.
2. —Si los
terraplenes formados sobre el suelo de la ciénaga, con productos térreos
procedentes de ella, darían o no una explanación suficientemente re¬sistente
para soportar una vía férrea.
Con este objeto se construyeron diversos terraplenes y se
estudiaron cuidadosamente los asientos que se manifestaban con diversas cargas,
anotándolos escrupulosamente, sobre to¬do durante las épocas de seca y lluvia
intensa, durante todo un año, en tres lugares distintos de la zona, donde
existían va¬riadas clases de terrenos.
El resultado obtenido demostró, que el suelo era lo
sufi¬cientemente firme, no sólo para soportar los terraplenes, sino que ellos
resultaban de buena calidad tal como se formaron con productos del propio
suelo, sin temor a desintegración alguna posterior.
Como el producto terreo de que está formado el suelo d£
Zapata, tiene un alto coeficiente de materia vegetal, era ló¬gico pensar que
durante los primeros tiempos, el asiento que estos terraplenes ofrecerían,
serían notables; requiriendo al¬gún tiempo para su completa consolidación y
estabilidad.
Con el resultado de los
estudios y observaciones ejecuta¬dos,
procedió Anderson a redactar
el presupuesto de la obra
en la forma siguiente.
Limpieza del monte $ 5.000.00
180.0 metros
cúbicos de terraplén acep¬
tando un 25% de asiento. . . $0.35 63,000.00
980 cetros lineales de
viaducto de
madera sobre pilotaje
en apro¬ches y cursos de agua. . . . 30.00 29,400.00
30.0 metros
cúbicos de balastro. . . 1.25 37,500.00
40.0 polines de
madera dura. . . . 1.00 40,000.00
2,060 toneladas de carriles de 70 libras
de peso 40.00 82,400.00
86.0 libras de
clavos 0.04 3,440.00
200.0 libras de
mordazas 0.04 8,000.00
Clavado de línea
20,000.00
Línea telefónica
3,000.00
Estudios, etc 15,000.00
Expropiaciones, etc
15,000.00
Gastos de dirección e inspección.
. . . 20,000.00
Imprevistos
20.000.00
Interés del dinero
20.000.00
Total .$381,740.00
Beneficio Industrial 15% $
57,260.00
Presupuesto total $439.000.00
Los señores Alvarez, encontraron muy subido el presupues-
La oficina de las obras del Ferrocarril
to de las obras, y desistieron por el momento de la
construc¬ción de la vía, y sólo pasados algunos años, insistieron en ella,
llamando entonces al competente Ingeniero Fitzgerald, •con objeto de que
redactara un nuevo estudio y proyecto de las mismas.
El señpr Fitzgerald cambió radicalmente el trazado, pero
-su presupuesto resultó más alto todavía que el de Anderson,
■debido a que recomendó el empleo del pilotaje para toda la ruta.
Después de transcurrido algún tiempo insistieron los
se¬ñores Alvarez en su intento de construir la obra, y llama¬ron con este fin
un Contratista, alemán de nacionalidad, para que ejecutara un nuevo proyecto,
que resultó con un presu¬puesto más crecido todavía que el de Anderson y
Fitzgerald, pues casi alcanzaba los tres cuartos de millón, como costo total de
obras a ejecutar.
Durante las sobremesas de las velaidas de Australia,
dis¬cutíamos nosotros apasionadamente el problema de la cons¬trucción del
ferrocarril sobre la ciénaga, con Eugenio, Al¬berto y muchos profesionales que
concurrían al Ingenio por •diversos motivos; y eran ya tan apremiantes las
necesidades para construir la vía, que durante un viaje de Eugenio al Norte,
resolvió Alberto llevarlo a cabo, ofreciéndonos el ne¬gocio, dejándonos la
libre elección de la ruta, el costo que según le aseguramos no debía pasar de
$350,000 excluyendo los carriles que ya existían acopiados en el Batey.
¡ Quién iba a pensar entonces, que no vería el pobre
Al¬berto terminada la obra de toldos sus afanes, y que precisa¬mente en ella,
encontraría la muerte en noche .trágica y me¬morable !...
II
Cuando nos encargamos de la obra del ferrocarril, éramos
Colonos del Ingenio, y sólo nos preocupaban los problemas que con la caña se
relacionan; conocíamos sin embargo muy bien la ciénaga, donde habíamos pasado
algún tiempo en la¬bores del deslinde de la misma, como Ingeniero Jefe de la
Comisión de Desecación y especialmente, ese trayecto de pan¬tanos, que debía
recorrer la vía para llegar a la otra costa¬nera, por lindar nuestra Colonia de
caña con ella.
Siempre opinamos que existía una fundamental equivoca-
-ción, en la apreciación del problema del cruce de la ciénaga, por parte de
todos los profesionales que habían llevado a ca¬lo estudios en ella, los cuales
por las molestias que su cruce
Trazado del Ferrocarril Austral La-Cochinos
proporciona, habíanse limitado a efectuarlo, sin estudiar
lo» diversos terrenos que se ofrecían a un lado y otro de la ruta elegida en el
estudio; ellos salían de la costanera norte con su línea de estudio, seguían
por la ciénaga avanzando siem¬pre, y sólo les preocupaba el salir cuanto antes,
de aquellos mal¬ditos pantanos, donde en realidad la vida se hace
insopor¬table.
Antes de internarse con el estudio en la ciénaga, sólo
in¬quirían el rumbo de la Bahía, y adoptado éste, se limitaban a seguirlo a
través de toda la ciénaga; como es natural, de este modo sólo estudiaban una
estrecha faja en la distancia más corta, cruzando pantanos insondables,
¡tembladeras sin fondo y terrenos en general de muy variada constitución, pero
obligando el trazado a la línea por ellos recorrida, sin más. investigación posterior.
El procedimiento que empleamos nosotros fué completa¬mente
distinto: sin preocupamos por el momento de la me¬jor ruta para el trazado, nos
limitamos a levantar un plano estadimétrico de toda la región de la ciénaga,
comprendida entre las dós costaneras tde las fincas San Isidro y Santa Te¬resa,
que debían quedar unidas, y cuidadosamente se anota¬ron en él los accidentes
interiores de la ciénaga, los cursos- de agua, naturaleza del suelo, cayos,
etc.
Con el plano a la vista, se estudiaron varias rutas y
ele¬gida la mejor sobre el terreno, sin preocuparnos del desarrollo total de la
vía, atendiendo sólo al mínimo costo de ejecución, se replanteó en el terreno,
estacándose minuciosamente.
Como podrá observarse en el trazado de la ruta que se
acompaña, diversos cayos que encontramos en el interior de la ciénaga, nos
sirvieron como puntos de apoyo de la vía, ami¬norando la mala ruta a seguir, y
obteniendo de este modo,, que la vía recorriera en su cruce sobre la ciénaga,
un 60% de terrenos buenos; y limitando los malos, sólo a un 40fo, lo cual
reducía el costo considerablemente.
Un sondeo de la ruta sobre el mal terreno, nos demostró que
exclusivamente en el Pajaral y en dos kilómetros de desa¬rrollo, la vía
insistía sobre terrenos malos, cuyo firme se en¬contraba a 3 metros de la
superficie del terreno, quedando en los restantes tramos, a profundidades que
nunca llegaban a 1.50 metros.
Con el resultado de los estudios comenzamos a planear
nuestro sistema; quedaba desechado como es natural el segui¬do y recomendado
por Anderson: explanaciones formadas ex¬clusivamente con productos de la
ciénaga; asimismo el de Fitz- gerald no tenía aplicación alguna, y el ide
García mucho me¬nos.
Lógico era que empleásemos en tales condiciones el
proce¬dimiento de enfaginado, formado con madera dura proceden¬te de los cayos
interiores de la ciénaga?; relleno posterior¬mente con piedra, y balastrado con
arena de la playa mez¬clada con tierra; procedimiento cuyo costo no llegaba ni
con mucho, a la cantidad señalada por Alberto Alvarez como dis¬puesta para la
obra.
Mucho vacilamos antes de adoptar el procedimiento ele¬gido,
pues habíamos consultado el caso con diversos compa¬ñeros, que no tuvieron a
bien recomendarlo; y sólo recorda¬mos el juicio favorable de un solo Ingeniero,
pero dada su in¬discutible competencia, nos decidió a emplearlo. .
El Ingeniero Ernesto Balbín, uno de los más cultos
profe¬sionales cubanos que hemos tratado, investigador minucioso de cuantos
problemas se sometan a su consideración, y miembro de la antigua “Comisión del
Agua” de nuestra Sociedad de Ingenieros, aprobó nuestras ideas, y nos
manifesitó que tam¬bién en esa forma se había construido el ferrocarril Habana-
Batabanó, en el tramo del pueblo al Surgidero, con gran cconomía.
Como conocíamos al señor Balbín por sus estudios en la
mencionada Comisión del Agua, y sus juicios siempre habían resultado correctos,
exactos, le dimos a su consejo toda la fuerza que tiene, y ya nos /decidió al
empleo de las faginas en el ferrocarril que nos ocupa.
Queremos desde estas páginas hacer cumplido elogio de las ■dotes profesionales del eminente
Ingeniero Ernesto Balbín, ac¬tual
Ingeniero Jefe del Negociado de Faros en la Secretaría de Obras Públicas,
compañero que honra la profesión en nues¬tra desdichada tierra, donde otros
profesionales se empeñan en empequeñecerla, sirviéndose de ella sólo para su
exclusivo medro personal, con procedimientos que nada la enaltecen.
ni
Adoptado el procedimiento que debíamos emplear dimos;
comienzo á las obras, embargándonos durante cierto tiempo- una grave
preocupación; conocíamos y apreciábamos la gran responsabilidad adquirida con
nuestro amigo Alberto Alvarez, y aunque estábamos seguros del éxito,
desconfiábamos de los- medios auxiliares de que teníamos necesidad para llevar
a cabo la obra.
Tres problemas :de ardua solución se nos presentaron tan-
pronto comenzamos las obras:
1?—¿Debía construirse la vía por un solo lado o aco¬meterse
la obra por ambas cabezas?
‘ 2?—¿Dónde encontrar el personal adecuado para tra¬bajar en
el fango?
3?—¿Qué motores de poco peso, para que pudieran recorrer la
vía en esqueleto, con carros de polines- y carriles, podíamos elegir que nos
dieran resul¬tado ?
Poco vacilamos en resolver el primer punto; teniendo ea
cuenta la premura del tiempo para llevar a cabo la obra, ¡to¬do cuanto la
abreviara debía adoptarse, a jpesar de que esa división de trabajo, nos
resultaba altamente perjudicial bajo- el punto ide vista del costo mínimo a
alcanzar.
Como los carriles estaban acopiados en el Batey del
In¬genio, era necesario transportarlos por ferrocarril a Bataba¬nó,
trasbordarlos a una goleta, y conducirlos de esta manera a la Bahía de
Cochinos, resultando el precio de colocación y~ clavado de ellos, notablemente
aumentados, comparados con los de la división norte del ferrocarril; además se
nos hacía, altamente molesta la inspección de la obra, pues era nece¬sario
cruzar toda la ciénaga, lo cual nos demoraba un día. entero, sólo en el
tránsito.
A pesar de estos graves inconvenientes, quedó acordado
comenzar las obras por ambos extremos, duplicando como es
consiguiente el personal técnico del trabajo.
El problema del personal, sólo pudimos resolverlo al cabo
La entrada en la costanera Sur
de cuatro meses de continua lucha, pues con la fama de
in¬salubridad que la ciénaga gozaba, era dificilísimo encontrar
obreros que se decidiesen a trabajar diez horas continuas
en¬tre el fango, residiendo en los campamentos de los cayos in¬teriores.
I,a linea cubierta por el agua en la inundación de 19:7
Después de infructuosas tentativas para organizar
cuadri¬llas completas y resistentes, logramos al fin conservar diez cuadrillas
de 15 hombres cada una, con personal entendido y
resistente; nn estadio minucioso de los fracasos que en ese
sen¬tido habíamos sufrido, nos convenció que era mejor fonna*r las cuadrillas
diversas, con obreros de la misma nacionalidad, agru¬pándolos según su
procedencia y dejándoles a ellos la elección del Capataz y del Cocinero.
En poco menos de cuatro meses, habían pasado por las obras
cerca de 3,000 obreros, muchos de los cuales sólo estu¬vieron en ellas pocas
horas; y sólo al final de este tiempo, la selección más cuidadosa nos proporcionó
el personal nece¬sario.
Las condiciones en que trabajaban los obreros del
ferro¬carril y sus jornales eran los siguientes:
1?—Cuadrillas de tumba ¡de fajinas y polines, arras¬' tres
por la ciénaga; jornal $3.00 y diez horas dia¬rias de labor.
2?—Cuadrillas de clavado de línea y colocación de polines;
jornal $2.50 y diez horas de labor.
3?—Cuadrillas de relleno de piedra y nivelación de la vía;
jornal $2.00 y once horas de trabajo.
4?—Cuadrillas de arrastre en la vía, jornal $1.75 y doce
horas de trabajo. _
Todas las cuadrillas trabajaban medio día del domingo,
cobrando día completo; eran mantenidas, tenían médico y asistencia gratis en
caso de enfermedad, y medio jornal de indemnización durante los diez primeros
días de ella; y se¬gún la clase de trabajo se les proporcionaba desde un litro
y medio de aguardiente a medio litro diario, por cabeza.
Durante los quince meses que duró el trabajo sólo tuvi¬mos
un 63% del personal enfermo ligeramente, y un 5% de bajas definitivas,
distribuidas en esita forma:
18%
38%
2%
5%
Paludismo
Mazamorra
Accidentes en la vía. Heridos en los cortes
Éste 63% del personal sólo comprende los enfermos que
temporalmente no pudieron seguir trabajando en las obras,
tardando de 5 a 15 días en curarse, pues en los meses de Febrero a Mayo de 1917
puede asegurarse que el 78% del personal padecía de mazamorra, aunque esta
afección no les impedía trabajar; cuando ella era persistente, trasladábamos el
personal enfermo, dedicándolo a trabajos en terreno seco, hasta que desaparecía
la afección que rápidamente se curaba con petróleo y descanso.
Cruce del Rio Venero
Dos brotes fuertes de paludismo sufrimos, entre los obre¬ros
de las obras, que sólo logróse vencer, después del más completo aislamiento de
los enfermos, y de haber provisto los campamentos de mosquiteros para todos los
trabajadores, ha¬ciéndoles tomar como preventivo, cierta dosis de quinina,
re¬cetada por el médico de las obras.
A propósito de estos brotes 'de paludismo, es curioso
con¬signar aquí, que cuando el Jefe de Sanidad de Jagüey Gran¬de puso en
conocimiento de la superioridad, la existencia de esos casos, hubo un Jefe de
Negociado de la Dirección de Sanidad, que según nos refirió el propio doctor
Páez, Jefe local, había dispuesto, ordenándoselo urgentemente, procedie-
ra a la petrolización de la ciénaga, disparate que sólo se
ex¬plica por la completa ignorancia de la extensión de Zapata.
La selección de Los trabajadores nos llevó a clasificar las
•cuadrillas en esta forma:
En la cantera y carga de trenes de piedra sólo trabajaban
.gallegos y portugueses.
Para los arrastres en la vía, negros criollos.
Blancos cienegueros en los cortes de faginas y polines.
Gallegos y asturiamos, en su mayor parte, pero todos
pe¬ninsulares, en el clavado de la línea y tendido de polines.
Cruce del Gfeyo de los Americanos
Los guajiros exclusivamente trabajaban en seco, en
arras¬tres de materiales por carretas.
Como Ingeniero Jefe de los estudios y replanteo de obras,
figuraba el Ingeniero Luciano Goicoechea, auxiliado del tam¬bién Ingeniero
Eugenio Cosculluela. Resultan innarrables los trabajos que sufrieron estos dos
Ingenieros, durante los es¬tudios del ferrocarril, haciendo una vida nómada y
ambulan¬te en el interior de la ciénaga.
Podemos asegurar, en honor de la verdad, que no todos los
profesionales se hubieran encontrado dispuestos a sufrir
las desazones sin cuentos, y trabajos que pasaron estos dos
Ingenieros durante el curso de los estudios; y debe consti¬tuir para ellos, un
timbre de resistencia y gloria muy mere¬cida, el haber vencido tantas
dificultades casi insuperables,, permaneciendo impávidos en la ciénaga, basta,
la completa terminación de todos los estudios.
Estos dos Ingenieros, Luciano Goicoecbea y Eugenio
Cos¬culluela, puede decirse que fueron el brazo derecho de noso¬tros, en la
construcción de la vía, y gran parte del éxito- que obtuvimos, a ellos se lo
debemos indudablemente.
Clavado de carriles
Como Ingeniero Encargado de la División Sur de las obras,.
tp.vimos durante todo el tiempo que duró la misma, al com¬petente compañero
Felipe Llano, amigo muy estimado nues¬tro y empleado que mucho nos sirvió en el
desempeño de su difícil tarea.
No podemos olvidar los servicios del Superintendente de- las
obras, Juan García, quien durante gran parte de los tra¬bajos fué un excelente
empleado; lástima grande que al final, su comportamiento hacia nosotros no
fuera todo lo correcto- que de él esperábamos.
El costo total de las obras puede dividirse en la siguiente
forma: „
:MANO DE OBRA í
Por administración 34% ITOTAIJ
52%
*■ Por
ajuste directo 18 % >
{
Relleno y balastro 12% \
Polines y faginas
8% [TOTAL....'. 37%
Carriles, mordazas y clavos. 17% i
.Dirección y Administración
8 %
Estudios y replanteo
1.43%
¿Sanidad (excluyendo lo invertido por el Ingenio en las
curas que
se hacían en
el Hospital del Batey) : 1.30%
Xmprevistos en accidentes
0.27%
El costo total de las obras fué de $302,467.00 sin incluir
los carriles, mordazas, ni clavos y tornillos.
Entrada al Manglar
Los carriles eran usados, y pasados de nuevo por la
cepi¬lladora de fábrica; eran de dos y tres agujeros, y su peso fluctuaba entre
60, 65 y 70 libras por yarda.
Incluyendo los carriles que fueron adquiridos a bajo pre-
-cio por Eugenio Alvarez, antes de la guerra, y directamente «en fábrica, el
costo por kilómetro resultó a $19,850.00.
En estas cifras no están incluidos el costo del carbón
em¬pleado por la pequeña locomotora que trabajaba en las obras,, durante el
tiempo de ejecución de las mismas; ni el materiaL de teléfonos que fué
directamente suministrado por el Inge¬nio; tampoco se incluyen algunas
reparaciones de motores ve¬rificadas en los Talleres del Ingenio y obras de
carpintería en carros para el arrastre de la piedra y carriles.
Inspección de faginas
El problema del arrastre para materiales al extremo de la
vía, quedó resuelto, adoptando los motores del automóvil Ford; compramos en la
Habana, varios autos de carrocería muy des-tartalada, pero de buenos motores, y
después de colocarles rue¬das de línea, fijando la dirección, le construimos de
madera dura una carrocería especial adaptada a la clase de trabajo- a que
fueron destinados; suprimimos el radiador, y le adap¬tamos un gran tanque de
agua para enfriamiento del motor,, quedando estos carros en la forma que indica
el grabado.
Estos motores nos dieron un excelente resultado no supera¬do
por otro alguno, pues por su poco peso podían traficar con seguridad sobre la
vía en esqueleto, conduciendo un carro de polines y carriles.
Para cambiar- de dirección, construimos unos cambia vías.
-de madera dura, que giraban sobre un soporte central de
pasa¬dor, y estos aditamentos siempre se tenían en los lugares donde se
presumía era necesario cambiar la dirección de los motores.
Cuando el amable y simpático millonario Henry Ford visitó
las obras del ferrocarril, celebró mucho esta peculiar adapta¬ción de su carro,
a obras de esta naturaleza, y tuvo especial interés en recorrer la vía sobre un
motor de esta clase.
El motor Von Kluck
Estos motores Ford adquiridos a un precio menor de $300.00,
rindieron excelente labor, y dos de ellos especialmente, estuvieron en continuo
servicio, recorriendo diariamente un promedio de distancia no menor de 200
kilómetros, arrastran¬do una carga que fluctuaba entre 4 y 8 toneladas.
Los trabajadores designaban estos dos motores con
apela¬tivos especiales; uno de ellos, el más resistente lo llamaban Yon Kluck y
el otro Pancho Villa,
Organizado el trabajo regularmente en la División norte
se siguió hasta la terminación de las obras, el siguiente
plan, de ejecución:
Construcción de la vía en terreno alto
1. —ENFAGINADO.
Esta operación se efectuaba por- tres cuadrillas de 15 hombres cada una, cuya
labor incluía el arrastre de las faginas, desde los cayos-
COMPAÑIA AZUCAHCTTj+Crr/mAL AUSTKAUA,
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Sección transversal ele la vía
■ próximos a la obra. La mayor parte de estas faginas fueron
cortadas por ajustes con contratistas cie¬negueros,
que se comprometían a tumbarlas y aco¬piarlas en los Cayos.
La longitud de arrastre fluctuaba entre 20 y 350 me¬tros, y
una pareja de obreros, arrastraban en prome¬dio, 30 faginas de 20 a 30 pies de
largo, de sección ro¬lliza y de 6 a 8 pulgadas de diámetro. Dos parejas
colocaban 25 metros de enfaginado.
Para apreciar lo duro de esta labor, basta considerar que
las parejas de arrastre tenían que caminar en¬terrados, tirando de los maderos,
con fatigas imposi¬bles de describir.
El personal de arrastre de faginas y polines, consu¬mían una
gran cantidad de aguardiente diariamente; en promedio puede calcularse 1 litro
y cuarto por hombre por día de labor.
2. —TENDIDO
DE POLINES. Alcanzada la rasante de faginas procedían tres cuadrillas de 10
hombres cada una a colocar polines y arrastrarlos hasta la obra. .
Cada kilómetro de vía requería 1.500 polines. Mientras se
encontró ¿ distancias accesibles para el arrastre, madera dura, se emplearon
exclusivamente polines de esta clase, de 9 pies de largo y de sección superior
a la de 6X6 pulgadas de escuadría; pero en la última sección de la División
Norte, hubo ne¬cesidad de emplear maderas de todas clases.
En promedio cada pareja arrastraba 20 polines dia¬rios y
colocaban 90 metros de vía.
3. —CLAVADO
DE LA LINEA. Detrás de las cuadri¬llas de polines, seguía la de los clavadores
y ajus- tddores, compuesta de dos cuadrillas de 10 hom¬bres cada una, y que
trabajaban asi mismo por pare¬jas; colocaban los carriles, los clavaban y
colocaban las mordazas asegurando un solo tornillo en cada carrilt
Las juntas iban alternadas y la mordaza se colocaba a
presión por medio de cuñas de acero para obtener el poder abrir toda la junta
de expansión al amor¬dazar la vía.
Sobre esta línea en esqueleto funcionaban los moto res que
mucho abreviaban las operaciones; cada cua¬drilla de 10 hombres clavaba al día
un promedio- de 150 metros de vía o sean 300 metros de carriles. Además nivelaban
y calzaban los polines, abriendo- en ellos con barrenas los agujeros para los
clavos.
4. —RELLENO
DE PIEDRA. Una pequeña locomotora de 20 toneladas, alijo cargado y 10 carros
pequeños, de 8 a 10 metros cúbicos de capacidad, constituía el tren que conducía
la piedra desde la cantera a la obra para el relleno.
Entraba en la obra reculando, y solo llegaba hasta, el lugar
donde ya estuviese rellenado de piedra la- vía; empujaba los carros que se
distribuían sobre la vía en esqueleto y comenzábase a vaciar los carros¬a mano.
Como es natural esta cuadrilla solo rellenaba y des¬cargaba
en la vía, sin alcanzar una nivelación pre¬cisa de la misma, y no eran notables
los asientos, que la vía sufría después de cruzar la locomotora. Entre los
kilómetros 3 y 5 llegó el asiento al cabo de un mes de tráfico a ser de 1.25,
enterrándose toda la vía en el fango; en promedio nunca pasó de 0.45 me¬tros.
La piedra sobre los carros y en el chucho de la. cantera
costaba! $1.50 por metro cúbico; el arrastre valía $0.16 por kilómetro por
metro, incluyendo la descarga, y cada veinte metros de vía consumió des¬de 53
metros cúbicos de piedra hasta 340 metros cú¬bicos.
Los primeros diez kilómetros de vía tuvieron un in¬tenso
tráfico, y pudo llegarse en poco tiempo al asien¬to final, alcanzando la
estabilidad de la vía; el resto- no sufrió ese tráfico tan necesario para su
estabilidad. Se había calculado que durante ios primeros dos. años de tráfico,
debía mantenerse una cuidadosa y continua reparación de la vía, para evitar el
que-
\
se intensificaran los asientos que necesariamente de¬bía
sufrir la vía, pero tenemos entendido que des¬pués que nosotros" hemos
entregado la vía a princi¬pios de 1918, nada ha hecho el Ingenio en ese
sen¬tido, y apesar de que existe por el ferrocarril un continuo movimiento de
trenes de leña y caña, la vía se encuentra completamente abandonada, y se-gún
nuestras noticias es una completa montaña ru¬sa, donde el día menos pensado se
desarrolla una catástrofe.
5. —NIVELACION
Y BALASTRADO. Dos cuadrillas llevaban a efecto esta operación, empleando como
bal'astre arena de mar mezclada con tierra; se recal¬zaba la línea y se
nivelaba, operación muy dificul¬tosa pues es fácil darse cuenta de los
inconvenientes que un terreno tan deleznable presenta, para poder nivelar la
vía, máxime cuando estaba sometida a cargas muy diversas y era el tráfico por
ella intenso y muy de continuo.
Apesar de todo quedó la línea bastante nivelada, so¬lo que
como no existe conservación ni se ha reparado en lo absoluto, la vía ha perdido
por completo su ra¬sante y la última vez que la visitamos en 1918 esta¬ba llena
de baches, algunos muy considerables.
Dimos comienzo a los trabajos de construcción el día 3 de
Ju¬nio del año 1916 y a mediados del mes de Junio de 1917 tomamos la obra por
contrata y la terminamos, entregándosela al Ingenio en Noviembre le 1917.
IV
No podemos tratar de la construcción del' Ferrocarril
Aus¬tralia a Cochinos, sin hacer mención de la noche trágica, en la cual perdió
la vida nuestro amigo Alberto Alvarez, promotot entusiasta de la obra, y que
nos honró con su confianza, encar¬gándonos de ella, a pesar de las severas
críticas que sufrió, de los infinitos envidiosos que siempre abundan.
Especial interés tenemos en relatar tan triste suceso,
dedi¬cando con ello un recuerdo a la memoria de ese excelente ami¬go, que en
vida se llamó Alberto Alvarez y Hernández.
Tan pronto se comenzaron las obras, embarcóse Alberto a los
Estados Unidos, donde hacía poco lo esperaba su hermano Eugenio; importantes
problemas que con el Ingenio se refe-
Cruce de la Laguna del Junco
rían, hacían necesaria la presencia de ambos en aquella
ciudad.
A mediados del mes de Octubre; regresó Alberto de Nueva
York, y tan solo pocas horas estuvo en la Habana, deseoso de visitar las obras,
y apreciar el adelanto alcanzado en tan corto tiempo de ausencia.
La llegada de Alberto Alvarez al Ingenio fué sensacional en
cierto modo; se había apoderado de su espíritu una acti¬vidad febril, y todo
quería impulsarlo de modo vertiginoso, sin atender a consideración de demora
alguna. Sobre Australia cayó una tromba, un ciclón, que no era otro que nuestro
pobre amigo Alberto en su afán de concluirlo todo más rápido de lo que era
posible humanamente.
Su estancia en el Ingenio, hasta que sucumbió en noche de
triste recordación, fué un continuo movimiento, un desate de actividades
inarmónicas, de esfuerzos estériles y mal dirigidos,
Construcción de la línea en el kilómetro 10
que solo podíamos apreciar bien, los que en continuo trato
con él, conocíamos eu carácter, e idiosincracia especial, pero que pa¬ra los
restantes empleados, resultaba un misterio inexplicable, un sueño algo raro,
que los hacía estar cohibidos en su pre¬sencia.
Era Alberto, la negación más absoluta del reposo; nune?
pudo estar tranquilo, y todo lo que le rodeaba debía estar
siem¬pre en movimiento, aunque de esa actividad nada provechoso se derivase. -
- , •
Diariamente, por la tarde tomaba el automóvil de línea, y
acompañado de varios amigos, se dirigía a visitar las obras del ferrocarril,
donde lo recibíamos, y no recordamos un solo caso en que el adelanto realizado
en la obra, fuese apreciado debidamente, pues siempre nos forzaba a más
rapidez, y todo le parecía despacio y pausado.
Estremo de la vía en el kilómetro 15
Transcurrían los días en esta forma hasta que llegó el 24 de
Octubre del año 1916, en que el hado despiadado, había dis¬puesto sesgar ocho
vidas útilísimas a la Patria, teniendo lugar la catástrofe de Australia, que
todavía a pesar de los años transcurridos nos parece tan reciente...
El Administrador del Ingenio, nuestro pobre y buen ami¬go,
Esteban Díaz Silveira, excelente ciudadano y joven dotado de muy grandes
virtudes, víctima también del triste suceso, hacía meses que se había
enfrascado en una polémica interminable •con el contratista de la vía a San
Isidro, discutiendo quien •debía costear el tendido del hilo telefónico entre
el Batey y •el Chucho de San Isidro; polémica, que demoraba la instala¬ción y
obligaba a los trenes que recorrían esa vía, a transitar por ella al azar, sin
medio de comunicación prudente alguna.
Entre los diversos trenes que se dirigían al Ingenio, y
vice¬versa, se había designado uno especial, cuya misión era el trans-
Cruce de la vía sobre el Cayo Manglar
porte de carriles, para las obras que estábamos ejecutando,
y como la falta de teléfono obligaba a adoptar ciertas elementa¬les
precauciones, se ha'bía acordado que el tren de carriles, in¬variablemente,
debía salir de San Isidro a las 3 p. m., llegando al Ingenio a las 3 y 30,
donde permanecía hasta las 6 p. m., que regresaba con el tren cargado. El
convoy cargado debía venir reculando, para que en esta forma pudiera entrar el
tren en la prolongación, abandonar los carros mientras los descargaban ■en el Chucho, siguiendo para la
cantera.
De 4 a 4 y 30 p. m., recibíamos invariablemente la visita,
de Alberto y sus amigos en las obras; como el automóvil de¬vía tenía capacidad
para nueve pasajeros, contando el chauf¬feur, diariamente venía lleno a la
prolongación donde traba-¬jábamos.
El automóvil no salía del Batey hasta que no llegaba el tren
de carriles, y por lo regular no regresaba, hasta tanto- no se encontrase
enchuchado en San Isidro, de vuelta el mismo tren; y siempre en la excursión de
regreso al Batey, acom¬pañamos a Alberto y su comitiva en el mismo auto, menos
el día del suceso, que algo providencial nos obligó a bajamos en San Isidro,
salvándonos de las garras de la muerte.
El triste día de la catástrofe, salieron del' Batey, Alberto
Alvarez; Esteban Díaz Silveira, Administrador; José Ramón
El primer kilómetro de vía
Rojas, Mayordomo; Pedro Ariz, Inspector de Colonias; y
Oc¬tavio Delgado, (único superviviente) que había llevado al In¬genio a varios
amigos, los cuales todos perecieron: Julián Uce- lay, comerciante de Jagüey
Grande; Antonio Mateu y Juan Cruz, colonos de Crimea que querían visitar el
Central y a, quien invitó Alberto para el viaje a la Ciénaga, y el chauffeur
Gonzalo de la Torre.
A las 5 y cuarto de la tarde, y detrás del motor que
condu¬cía el personal al campamento de San Isidro, salimos en el íiuto, las
nueve personas que desde el Ingenio venían y noso¬tros, pero al pasar por
frente a la guardarraya de la Colonia -que teníamos en San Isidro, nos
esperaban varios familiares, -que nos obligaron a abandonar el auto, no sin
antes hacerle la observación a Alberto y al Chauffeur, que debían esperar
en¬chuchado en la cantera, el regreso del tren de carriles que toda¬vía no
había llegado.
Contra su costumbre, habían ido ese día a esperar el cruce ■del auto, nuestros tres hijos, y
el más pequeñín,
escasamente de un año, con sus gritos y lloros nos
obligó a abandonar el co¬che,
viéndonos precisado a! cargarlo y conducirlo
a la casa.
La via cruzando las sabanas de la ciénaga
Por el teléfono que teníamos en la obra, pedimos al
cam¬pamento un motor para irnos al Ingenio, y escasamente habían transcurrido
tres cuartos de hora, cuando al tomarlo, recibimos la noticia del choque,
aunque por el momento, ya dispuestos a llegarnos al lugar donde se nos decía
había tenido efecto, no le dimos gran importancia, pues pensábamos que el auto
de Alberto estaría enchuchado en Algarrobo, esperando el cru¬ce del tren de
carriles.
Desgraciadamente, las cosas habían pasado de manera muy-
distinta; Alberto y sus acompañantes en lugar de esperar en el chucho de la
cantera o en Algarrobo el cruce del tren, se- habían demorado por un ligero
descarrilamiento que sufrieron ya de noche con un animal que estaba en la vía,
y sin luce» de ninguna clase habían partido para el Batey, tratando de llegar
antes de las 6 p. m., hora de salida del tren de carriles,, sin observar la más
elemental precaución, y a una velocidad, vertiginosa, pretendiendo recorrer,
ganando el tiempo perdidor cerca de 10 kilómetros en menos de 15 minutos.
Lanzados a toda velocidad en noche obscura, impenetrable,,
no se dieron cuenta del tiempo transcurrido, y en una curva, muy cerrada, a
cinco kilómetros del Batey, se enfrentaron eL ligero auto en que viajaban
nuestros amigos, y el tren de ca¬rriles que Venía reculando y cargado hacia las
obras.
El choque debió de ser horroroso, y sin poderse evitar, se-
estrelló contra aquel peine de carriles de punta, el pequeño- coche cargado de
las víctimas y tuvo efecto Ja catástrofe...
Nosotros habíamos salido de San Isidro pensando que tal vez
alguna pequeña contrariedad había sufrido el auto, y quien sabe si el Chauffeur
o algún acompañante estarían sufriendo- alguna ligera fractura, pero nunca nos
pudimos imaginar que- era tal la magnitud de la catástrofe; y creyendo
firmemente- en esta idea, nos conseguimos en la bodega de San Isidro, al¬gunos
elementos que pudieran servir de primeros auxilios a nuestros amigos.
A las 6 y 35 llegamos al teatro de los sucesos; la
catástrofe- fué a las 6 y 10.
Al dejar el motor, la primera impresión fué de horrorosa,
emoción, aquello ponía los pelos de punta...
Como el tren de carriles no había podido frenar
inmedia¬tamente, el convoy había arrollado cerca de 200 metros el ligero-
vehículo, y le había pasado por encima a todos los pasajeros, dejando sus
cuerpos regados sobre la vía en un tramo de 50 metros.
Más que cuerpos humanos eran despojos, en pequeños pe¬dazos,
de nuestros amigos, aun calientes; Alberto y Rojas es¬taban todavía vivos, y
éste último habló algo quejándose, por lo que lo cargamos y conduciéndolo al
talud del terraplén, don¬de tratamos aunque inúltimente, de reanimarlo, dándole
un poco de cognac.
El pobre Silveira tenía todo el cuerpo fuera de la línea y
la nuca sobre el carril: la cabeza en la Ada, pues había sido horriblemente
degollado; Pedro Arias se encontraba sin pier¬nas- en la cuneta, sobre un gran
charco de sangre y los ojos enormemente abiertos; las piernas que fueron
arrancadas por los carriles, se encontraban a más de 150 metros debajo del
tren...
Preparación del enfaginado
En presencia de cuadro tan terriblemente desgarrador,
su¬frimos una intensa emoción y en cierto modo durante algún tiempo
experimentamos una completa partlización cerebral, que nos obligaba a no poder
pensar en nada, sin darnos cuenta de aquello, y solo al cabo de algún tiempo,
en aquella triste y obscura noche, recobramos la actividad y comenzamos los
trabajos, para reunir los despojos en pedazos, que por donde quiera se encontraban
esparcidos sobre la vía...
Alguien avisó al Ingenio y vino un tren de auxilio, el
Juz¬gado, los médicos, otras personas, etc., y en estas condiciones nos
dirigimos al Batey, terriblemente impresionados por la ea- tástrofe, para
cumplir con la dolorosa misión de ver los fami¬liares de las victimas y
notificarles la desgracia.
Al conocer el suceso, medio pueblo de Jagüey había inva¬dido
el Batey, y nunca olvidaremos la gran emoción que sufri¬mos al enfrentarnos con
la primera persona que encontramos en la casa de vivienda: la que desde pocos
momentos antes era la viuda del pobre Alberto Alvarez, que ansiosamente nos
pre¬guntaba donde se encontraba.
No sabemos cómo ni de qué manera cumplimos el tristísimo
deber de participarle la desgracia a aquellas pobres viudas y familiares, y
las,escenas que con este motivo se desarrollaron resultan innarrables...
Ya muy entrada la noche llegaron los despojos de las ocho
víctimas de la catástrofe, y nos parece aun, a pesar del tiempo transcurrido,
todo aquello un sueño terrible, una penosa pe¬sadilla, de la cual estamos
seguros que hemos de conservar in¬tensos recuerdos para mientras vivamos. •
CUATRO AÑOS EN LA CIÉNAGA DE ZAPATA
CAPITULO XIII
/ .
SUMARIO: ‘PROYECTOS DE DESECACION PARA LA CIÉNAGA. DE
ZAPATA”.—I, La Zapata Land Company.-ll. La Comisión de Dese¬cación.—III, Los
Estudios da Desecación.
I
Impropiamente se ha llamado a! desagüe de la Cuenca de
Zapata, desecación, y aunque incurrimos aquí nosotros en eL propio error, que
se manifiesta primeramente en los documen¬tos oficiales que dieron origen a la
concesión, conviene sin em¬bargo, dejar sentado claramente que el problema de
las tie¬rras de Zapata, que tiene por objeto ponerlas en condiciones de ser
dedicadas al cultivo, no es de desecación, sino de desagüe
Si los terrenos que comprenden la llamada Ciénaga de
Za¬pata, estuvieran permanentemente bajo el agua; si el desalo¬jo de ellas
exigiera la implantateión de un sistema artificial de desagüe por razones
altriméticas, el problema sería de dese¬cación indudablemente, pero teniendo en
cuenta que en cierta época del año la ciénaga se seca completamente, que no
exis¬ten inconvenientes altimétricos algunos, que hay pendiente natural y que
solo la obstrucción de los desagües ha provo-cado el retardo en la descarga de
las aguas, el problema den¬tro de un estricto tecnicismo hidráulico es de
desagüe natu¬ral y no de desecación.
El conocido agrimensor Alejo H. Lanier, describe en esta
forma Ia ciénaga: (I)
...“los terrenos de la parte oriental son quebrados y aun
montañoso y los de la parte occidental llanos. En esta última existen dos
grandes ciénagas: la de Zapata que se ex¬tiende desde la Ensenada de Cochino
hasta la de la Broa, y la segunda desde la misma Ensenada de Cochino
dirijiéndo- «e hacia el Puerto de Jagua y dejando un espacio de dos le¬guas
entre ella y la costa”.
“Todos los ríos y arroyos que surcan el partido de Ya-
guaramas llevan sus aguas a la Ciénaga, la rebosan y for¬man una especie de
inundación que borra hasta los cauces de *us tributarios”.
“Esta pintura que a primera vista ofrece graves
inconve¬nientes es a nuestro juicio, el gérmen fecundo e inagotable de
fertilidad de estos terrenos. Es verdad que la falta de de¬sagüe de aquellas
ciénagas produce el estancamiento de las aguas a las que no ha podido todavía
dar curso la mano del Tiombre auxiliado del arte y de la industria; aun existen
allí incalculables montes, en donde no ha penetrado todavía per¬sona alguna;
pero luego que desaparezcan estas poderosas causas, esos mismos terrenos, que
boy se desdeñan, serán el objeto de una producción rica y abundante; cesarán
lais inundaciones, huirán las miasmas y aparecerán campiñas de eterna
duración”.
“Esta es también la causa principal de que en aquellos
bosques existan todavía abundantes maderas preciosas y de construcción, estando
dedicados estos dilatados terrenos a la crianza de ganados, casi en su
totalidad”.
Durante el siglo XIX se hiceron infructuosos estudios pa¬ra
le desecación de Zapata; numerosos ingenieros infor¬maron sobre este problema,
que fué objeto de mi notable es¬tudio del ingeniero Albear.
El proceso de unificación progresiva del agua hasta ocu¬lar
toda la hoyada, tiene en la actualidad una continuación que se manifiesta
enérgicamente y que no es sino la prolon¬gación, en cierto modo, del primitivo
proceso de extensión del agua hasta ocupar toda la zona. Los lugares bajos de
las fincas ubicadas en los términos municipales de Manguitos y Jagüey Grande y
que lindan con la Ciénaga, son ocupados ac-cidentalmente por las aguas y forman
lagunas de área limi- -tada, en gran número sin embargo, hasta el extremo de
que los terrenos de esas fincas están completamente sallpicadós de lagunas,
algunas de las cuales resisten las secas más ri¬gorosas indicando visiblemente
el proceso de formación de la ciénaga, tal cual ha acontecido en época anterior
en el resto de la hoyada.
Estas lagunas tales como las de la Milpa en la finca La
Juanita, Maobal en La Pailita, Boquerones en la de su nom¬bre, Laguna Grande en
Galdós, La Caracola en El Tejar, del Juncaral en El Socorro, invaden en tiempo
de lluvia toda la zona y forman un paño de agua continuo que abarca toda la
región y constituye en esa época una prolongación de la cié-naga. De año en año
se intensifica el fenómeno, se amplía su área y la ciénaga al retirarse las
aguas, se queda con una par¬te del terreno invadido, inutilizando de un modo
completo los terrenos de Ja finca.
Este proceso lento pero progresivo ha acabado con los
ca¬ñaverales de la zona lindante con la ciénaga y al par que de¬muestra la
necesidad inmediata del desagüe de ella, e| un ejemplar del peligro a que están
sometidos los terrenos contiguos por las irrupciones de las aguas y extensión
de la ciénaga.
La necesidad del desagüe de la ciénaga hace años que ha sido
reconocida; antes que ella alcanzara la enorme extensión qué hoy, había sido
objeto de preocupaciones por parte de los terratenientes de la zona, y los
siguientes documentos nos de¬muestran algunas tentativas para efectuarlo.
El año 1854, según datos sacados del Legajo 182 de la Junta
de Fomento que radica hoy en el Archivo Nacional, presentó el señor Ramón
Pintó, al Gobierno Superior de la Isla, una solicitud para desaguar los
terrenos de la Ciénaga de Zapata, haciendo constar que ya en esa época sus
tierras estaban abandonadas, pudiendo considerarse como realen¬gas. En 1872, el
señor Claudio de la Vega, (Legajo 366, Ar¬chivo Nacional), hizo al Gobierno la
misma petición pero ha¬cía constar que: “el desagüe como es natural se proyecta
pa¬ra utilizar los terrenos públicos y particulares que se inunden, por los
confluentes del Bío Hatigmanico que desemboca en la Ensenadla de la Broa”.
En informe del Ingeniero Jefe de Santa Clara al Inspector
General del Ramo, que obra en el Archivo de la Jefatura de-
la Provincia citada dice: “que el Río Hatiguanico que de-
«agua en la Ensenada más oriental que hace la de la Broa, se ha cegado
parcialmente, produciendo en compensación otras hocas de salida, a grandes
distancias de la principal, aumen¬tando el caudal de otros ríos o arroyos, como
sucede entre otros, con el de Hayaboque y llevando su influencia anega- dora a
distancias mucho mayores y al parecer increíbles; que aguas arriba de su
desembocadura, presenta este río. un bra¬ceaje notable por lo profundo, pues
hay quien llega a asig^ narle 18 brazas; que hay un punto más aguas arriba en
que se presenta un surtidor caudalosísimo cuya corriente no po- • drían
contrarrestar por el medio ocho hombres a todo remo, según dicen; que anterior
o posterior con este hecho y en es¬trecha dependencia o independiente de él, se
da el de un es¬tero (canal de descarga), que aun hay quien ha navegado con ocho
piés de agua y que ya no ofrece el ventajoso paso que daba de la Ensenada de la
Broa a la a la de Cazones; que babía otro de ésta a la de Cochinos, de más antiguo
y más extinguido de aquél; y que a la consumación de estos hechos se cree
observar que acompaña siempre una mayor extensión de la Ciénaga de Zapata,
unida al parecer en sus dos seccio¬nes de oriental y occidental con la “Laguna
del Tesoro”.
El estancamiento de las aguas provoca el entarquinamiento,
pues merced a su reposo se van despojando de los materiales que llevan en
suspensión, depositando sobre el suelo rocoso la futura cafpa laborable, típica
hoy en la ciénaga y que cons¬tituye su actual capa vegetal.
Este proceso aun subsistente ha sido lento y todavía
po¬demos decir que no ha terminado. Con el transcurso del tiem¬po la reducción
de los desagües continua efectuándose, al¬canzando el estado actual-de
aminoración de ellos, que aun¬que ha llegado a ser mínimo, no ha dejado sin
embargo, de de¬- saguar algo la cuenca, pues aunque los cauces de los ríos,
so¬bre todo del Hatiguanico, han desaparecido en gran longi¬tud, han sido
borrados casi por completo por la sábana de agua, mangle, cortadera, juncos y otras
plantas acuática?, continúa este Río desaguando algo la ciénaga, existen
toda¬vía sumideros que funcionan y aunque el coofíciente de sa¬lida en su
reducción ha quedado grandemente limitado con
relación a'l de entrada, el poco desagüe ayudado en cierta
época por la evaporación, hacen desaparecer el agua de la ciénaga, dejándola
completamente seca.
El entarquinamiento del suelo de Zapata ha tenido efec¬to y
lo que la mano del hombre necesita provocar en otras regiones, para proveer de
capa vegetal a los terrenos inun¬dados, lo ha hecho la naturaleza en la hoyada
de Zapata, pro¬porcionando una capa vegetal de excelentes cualidades para
cualquier cultivo a, que se dedique, después de desaguada.
En la primer fase, la cuenca, como 'hemos visto regulari¬zó en
cierto modo sus desagües; equilibró sus descargas con relación al agua que
afluía; creó el gran colector del Hati- guanico con sus confluentes, de tal
modo que, recibiendo la Laguna del Tesoro, el enorme tributo de aguas que le
envia¬ba la Vertiente Norte, por mediación de sus ríos, el gran co-lector, el
Hatiguanico, el nervio principal del desagüe, desa¬lojaba los excesos de
embalse que no podía retener la Lagu¬na y mantenía un equilibrio, en cierto
modo perfecto, entre lo que entraba y debía salir.
El río Hatiguanico, paladín principal del desagüe, man¬tuvo
su eficiencia, desalojó hacia el mar cuanto le enviaban los terrenos altos,
evitó los remansos, estancamientos, desbor¬des e inundaciones en 'la zona,
mientras duró ila primera fase, mientras el agua de afluencia era pura,
cristalina, sin sedi¬mentos o arrastres. Los terrenos denudados de la hoyada
los mantuvo drenados superficialmente, secos, en toda época mientras el hombre,
por su ambición al comenzar la tala de bosques de la cuenca superior para preparar
nuevas tierras para la siembra de caña, y sin saber que iba a mudar la ho¬yada
y a proporciarles a aquellos terrenos denudados y es¬tériles una capa vegetal
de que iba a desproveer los propios, inició la tumba de montes y el descuaje
completo de los bos¬ques cubanos a que hemos llegafdo, con detrimento de
nues¬tro suelo.
En la segunda fase que hemos estudiado y que comienza con el
entarquinamiento del suelo de Zapata, el gran colector se convierte en enemigo
violento del desagüe y de vía de de¬salojo que era en la primer fase, pasa a
ser en esta, rémora del desagüe, contructor de barras en sus desembocaduras y
creador de tierras en su propio cauce. Comienza por perder
el contacto con la que le dió ©1 ser, con la Laguna y estre¬chando su cauce
vase retirando y cediendo su zona hasta re¬ducirse al estado actual en que se
encuentra, alejado ya tan¬to de su original nacimiento, el Tesoro, que hasta se
le discu¬te hoy su origen y dependencia de él.
De la red de desagüe que existió en ila primer fase, solo quedan
unas cortas arterias, tan desfiguradas, que difícilmen¬te se concibe hoy su
antigua eficiencia; y donde existieron verdaderas líneas de avenamiento
superficial, y potentes ma¬nifestaciones del raudal subterráneo, y todo un
sistema per¬fecto de drenaje que el agua, el mangle y ila cortadera han
borrado, solo queda una enorme extensión de terrenos entar¬quinados, con una
capa vegetal profunda, rica en composi¬ción química, y de una fertilidad
asombrosa, adquirida en la segunda fase, en la etapa que pretendemos acaba
ahora, ini¬ciando la tercera, que comprende ql desagüe de la hoyada,
desalojando el agua, que existe depositada y encauzando la que puede afluir, de
manera de proporcionar en toda época, ni. desagüe perenne, eficaz y rápido.
II
Trabajos extensos de desecaciones se han ejecutado en
Eu¬ropa, de los cuales una descripción lijera y parcial aparece en el Apéndice
H. En los Estados Unidos, pocos trabajos deísta naturaleza se han acometido,
debido a la gran extensión de terrenos cultivables que existen sin necesidad de
invertir su¬ma alguna en su desagüe. Además la gran mayoría de las cié¬nagas
existentes, están cubiertas de un bosque espeso de ma¬deras gruesas, cuya tumba
muy costosa, ha impedido que el Go¬bierno Americano acometa estas clases de obras.
El Estado de Luisiana, sin embargo, ha desecado una pe¬queña
parte de su área cenagosa. Cerca de un 35% de 15,930 millas cuadradas (313,000
caballerías) es ciénaga, de las cua¬les gran parte son desecables. Esta
desecación ha permaneci¬do sin ejecutar durante muchos años, porque era
necesario an¬tes, confinar el Río Misissipi en su cauce, de tal modo que sus
crecientes no causaran desbordes en sus riberas.
El desagüe de los Everglades de la Florida, que cubren un .
M!apa de Cuba, indicando la situación de la Ciénaga de
Zapata
área de 4,000 millas cuadradas aproximadamente (78,000 ca-
“ballenas aproximadamente) y que incluyen el Lago Okeecho- "bee de área
aproximada de 725 millas cuadradas (14,000 caba- Herías), ha estado en proyecto
durante setenta años y actual¬mente el trabajo está en ejecución habiendo
comenzado en "1848. Teniendo eñ cuenta la gran área que se va a desecar y ■*1 hecho de que lo primero que
debía acometerse era la deseca-ción del Lago, sé ha ido dilatando
la desecación real de los Uverglades. -
La desecación de la Ciénaga de Zapata! es algo diferente al
•desagüe de las ciénagas de la Luisiana, porque en aquéllas prácticamente su
viabilidad depende de la pendiente, mien- “tras que en Luisiana es necesario
bombear toda el agua que ¿leude a ella y que no es evaporada o transpirada por
la vege- ■taciqn. En los
Everglades el problema es similar a Zapata, pe¬TO
el desnivel, por kilómetro disponible es menor.
El problema que se nos presenta en Zapata; teniendo en
•cuenta su baja elevación sobre el mar es diferente a cualquier •otro trabajo
análogo, aun de parecidas condiciones que se ha- ;ya ejecutado. La Ciénaga
tiene 128 kilómetros de largo, una máxima latitud de 26 kilómetros y una
elevación máxima so¬mbre el nivel del mar de 2.2 metros. La dificultad de
desaguar -ésta Ciénaga se aumenta por la necesidad de desaguar asimis-mo los
extensos terrenos altos tributarios cuya área es cerca de -dos veces la de la
Ciénaga. El área de la Ciénaga es de 204,520 liectáreas y el área total de
desagüe es de 566,000 hectáras.
Es evidente que una gran parte de la sección occidental de
la Ciénaga (Zona de la Broa) puede ser desecada ensanchan¬-do y profundizando
las vías existentes y prolongándolas por •canales. La distancia a la cual
pueden llegar estos eanales, es una función del nivel del terreno y de la
pendiente necesaria •en la arteria para desaguar el terreno. Después de muy
cui- •dadosas consideraciones de estos dos principales factores( he-mos
determinado el límite del área que puede ser desaguado ■por el Río
Hatiguanico y sus afluentes, como la zona occiden- -tal limitada por la línea que corre de Santo Tomás a
las pro¬jimidades de Torriente.
En la primera zona, que ocupa el área comprendida desde la
Broa a la línea arriba descrita, la elevación media del te¬rreno sobre el nivel
medio del mar es de 1 metro y la distan¬cia máxima que tiene que recorrer el
agua para llegar al mar es de 26 kilómetros. Si fuera posible en las
proximidades de- la línea divisoria de esta zona y la de la Laguna, elevar el1
fondo del canal de desagüe a la superficie del agua en estos canales hasta
prácticamente el nivel del terreno, el problema- sería en cierto modo más
simple y los canales serían más pe¬queños que lo que -han sido proyectados como
necesarios en la actualidad con objeto de que el manto hidráulico subterráneo,,
normalmente se encuentre lo suficientemente alejado de la superficie del
terreno para que permita el cultivo, tomando en- consideración el asiento del
terreno cuando sea desecado y cultivado.
Con objeto de obtener terrenos firmes que puedan sopor¬tar
el peso de las máquinas de cultivo y animales necesarios & las operaciones
agrícolas, el agua debe ser bajada por lo me- nes (se refiere al manto
subterráneo) 0.30 mts. o 0.35 mts. en condiciones normales, pero con objeto de
poder cultivar caña, el manto debe conservarse por lo menos a esa profundidad!
siendo preferible que se encuentre de 0.60 a 0.90 mts. por deba¬jo de la
superficie del terreno. La caña ha sido cultivada con éxito en terrenos en los
cuales el manto subterráneo está a 0.30 mts. por debajo de la superficie del
terreno, pero bajo estas condiciones no es tan capaz de ser cosechada y la
produc¬ción generalmente es inferior a aquellas donde el manto hidráu¬lico subterráneo
es más bajo.
Es asimismo necesario considerar el asiento de las tierra»
cuando el terreno haya sido desecado y cultivado. Una inves¬tigación cuidadosa
del asiento en terrenos similares, en con¬diciones análogas nos ha hecho llegar
a las siguientes concluí siones. Si el manto se baja de 0.45 a 0.90mts., el
asiento in¬mediato será de 0.10 a 0.15 mts. Cuando el estrato superior al manto
subterráneo establecido esté seco, este terreno dre¬nado será muy esponjoso y
contendrá pequeñas grietas y fi¬suras, de tal manera que si bien puede soportar
el peso de un hombre, no será así para el de los bueye’s y mulos. Es nece¬sario
primero, con objeto de cultivar la tierra, mover los ara- «los por medio de
máquinas de tracción especial. Cuando se •áre por primera vez} probablemente se
verificará un asiente adicional de 0.10 mts. que en total será antes del
cultivo de <0.20 a 0. 25 metros.
En la Luisiana donde el cultivo es más intensó que lo que
puede ser aquí el asiento adicional debido al cultivo ha llcga- do a ser
afparentemente tanto como 1.25 a 2.50 centímetros al año en un período de 10 a
15 años. El suelo de Zapata es más firme y por consiguiente es razonable
admitir un asiento adi¬cional solo de 0.15 mts. por cultivo, en cuyo caso el
asiento de la superficie de la Ciénaga en aquellos parajes donde el man¬to se
ha bajado de 0.45 a 0.90 mts. será de 0.30 a 0.40 mts. 7?ajo condiciones
nórmales de cultivo.
Al proyectar los canales se ha tenido en cuenta los
coefi¬cientes de desagüe superficial proyectados, en la hipótesis que el manto
subterráneo durante la estación de lluvia en los te- Trenos bajos más
dificultosos de desaguar, es decir, aquellos de la zona oriental de la Broa
será deprimido formalmente por lo menos 6 pulgadas (0.15 mts.) por debajo de la
super- íicie del terreno. En la porción occidenta de esta zona el man¬to será
deprimido cerca de 22 pulgadas (0.55 mts.) por debajo de la superficie del
terreno en esa época. Durante la seca el manto subterráneo estará a 16 pulgadas
(0.40 mts.) por deba¬jo de la superficie del terreno en la porción oriental de
la Broa y probablemente 22 pulgadas (0.55 mts.) en su porción occi¬dental. La
altura teórica del manto sobre el nivel medio del mar se indica por curbas de
nivel en el dibujo 13.
La elevación del agua en los canales primarios en la por-
<sión occidental de la Broa ee toma al nivel medio del mar. Es¬to dá una
pendiente 'hidráulica en los canales principales y primarios de cerca de 1.5
pulgadas por milla (24 mm x kmts). Tía pendiente hidráulica en los laterales es
de cerca de 3 pul¬gadas por milla. Esta proporciona una velocidad en los
ca¬nales principales y primarios que varía de 0.40 a 0.76 millas por hora.
Si fuera posible obtener mayor pendiente, sería deseable, ■con objeto de disminuir la
cantidad de excavación, conser¬vando los canales sin vegetación. Esto no es
posible por la
poca elevación de los terrenos de la Zona de la Broa sobre
eí nivel medio del mar, el cual queda acentuado por el asiento» que tendrá
lugar cuando la zona sea desecada.
El problema en la Zona de la Broa es en cierto modo
com¬plicado debido a que durante los ciclones el agua, de la Ense¬nada de la
Broa se fuerza tierra adentro de 2 a 10 kilómetros,, llegando el nivel del agua
a ser de 2 mtc. más alto que el ñor- mal. -
Es necesario por consiguiente una de estas dos cosas: o
de¬jar de cultivar el terreno de la costa en una distancia de 3 ki¬lómetros o
construir un dique que los reguarde.
El problema en la zona de la Laguna consiste antes que¬nada
en adquirir una conexión a la Bahía de Cochinos a través- del camellón que es 3
a 4 mts. de altura sobre el nivel medio- del mar y que tiene una latitud
aproximada de 5 a 7 kilómetros. Este camellón es grandemente rocoso pero en
parte consiste de . materiales descompuestos formados de roca y tierra.
Aparece- ventajoso abrir dos canales a través de este camellón.
1?—Con objeto de disminuir las dimensiones del canal y por
consiguiente el costo por unidad del dragado.
2?—Con objeto de permitir un fomento parcial de esta zo¬na. . .
El canal mayor y más oriental denominado K, junto con- el F.
se proyectan para formar un sistema de desagüe para el/ Río Hanaíbana y los
otros seis ríos o. arroyos de los alrededores^.
Los canales principales y primarios, en esta sección de la
zona han sido proyectados para conducir el agua directamen¬te de los ríos que
desembocan en la Ciénaga procedentes de la vertiente Norte y qué en la
actualidad se disgregan en la Cié¬naga. '
Se piensa que cuando los canales K y J estén construidos,
tal como han sido proyectados y los siete ríos estén conectados a este desagüe,
habrán quedado resueltos los problemas más:, importantes de esta zona.
Debe tenerse en cuenta que si se produce un asiento de las
tierras en esta zona después de desecada, bajando el manto- subterráneo aun a
0.45 mts. de la superficie del suelo, la ma¬yor parte de esta zona quedará de
0.30 a 1.20 mts. por encimaf*' de este manto en la época de seca.
III ‘
Los decretos números 556 de 21 de Junio de 1912 y 83 de 31
de Enero de 1913, otorgaban la concesión para la deseca¬ción de la ciénaga a la
“Compañía Territorial de Zapata”, cuyos derechos fueron traspasados a la
“Zapata Land Co.”, estableciendo el primer decreto una Comisión de tres
Ingenie¬ros que debían supervisar y resolver los problemas que con los trabajos
se relacionasen, comisión que fué formada por los ingenieros, José Primelles,
J. A. Cosculluela y Juan Pla- 6encia, informando ella sobre el problema de la
ciénaga en la siguiente forma:
La Comisión Técnica! Encargada de la Inspección, Re¬planteo
y demás operaciones para la desecación y saneamien¬to de los terrenos del
Estado y de particulares en la Ciénaga Oriental y Occidental de Zapata, tiene
el honor de informar a usted, lo que sigue:
Según el artículo 8? del Decreto Presidencial número 556 de
21 de Junio de 1912, la Comisión que suscribe debe deter¬minar las ampliaciones
y modificaciones necesarias al pro¬yecto de desecación, presentado en 15 de
Febrero de 1911 y ampliado en 5 de Agosto del mismo año, habiendo sido
apro¬bado en el propio Decreto dicho proyecto, pues es necesario, como
claramente estatuye el citado Artículo del Decreto men-cionado, que el proyecto
de ejecución de la obra de desaca- ción y saneamiento resulte eficaz al objeto
que se pretende. La ejecución de estas modificaciones y ampliaciones son oV-li-
gatorias a la Compañía Concesionaria.
Presentadas a esa Secretaría las Actas y Plano del des¬linde
ejecutado por’ esta Comisión, de acuerdo con lo estatui¬do en el Artículo 9?
del propio Decreto número 556, fueron aprobadas por Decreto fecha 7 de Febrero
del corriente año.
Terminada la fijación de la línea de ciénaga, obtenida las
Actas levantadas con motivo de dicha operación, y aproba¬das por esa
Secretaría, la Comisión procedió de acuerdo con lo indicado en el ya mencionado
Decreto de concesión, a es¬tudiar detenidamente las 'modificaciones y
ampliaciones ne¬cearías al proyecto primitivo de desecación.
El proyecto primitivo para la ejecución de las obras ,es a
todas luces insuficiente. Con el plan proyectado no es po¬sible desecar la
total área de ciénaga de un modo eficiente. Refiriéndonos al Plano número 1 del
Proyecto primitivo, fá¬cil es demostrar la? poca eficiencia del mismo; la falta
de ar¬terias de desagüe superficial, es manifiesta, pues la única ar-teria
importante proyectada para el saneamiento de las zo¬nas de la Broa y La Laguna
que comprenden casi la mitad de la total área de la ciénaga, es el canal, que
ocupando el cen¬tro de esa región nace en la Laguna del Tesoro y desagua en la
Ensenada de la Broa. Este canal debía desaguar una ex-tensión mayor de 7000
caballerías, y sin embargo, su sección transversal era solo de 3.75 metros en
el fondo, 5 metros en la superficie y 1.25 metros de profundidad, que
proporciona un área de descarga de 23.43 metros cuadrados, sección to¬talmente
insignificante para la arteria principal de la red.
La falta de vías suficientes de desagüe, lo reducido de las
secciones proyectadas y el deficiente emplazamiento de las pocas líneas de la
red, teniendo en cuenta las peculiares condiciones existentes en la gran área a
desecar, hacen que el proyecto primitivo no alcance la eficiencia necesaria
para obtener el saneamiento total de la región.
La Comisión que suscribe pudo darse cuenta exateta de la
imposibilidad técnica de ejecutar la obra de acuerdo con el proyecto primitivo,
pobre en datos y antecedentes dónde ba¬sar los cálculos de desagüe necesarios.
El conocimiento pos¬terior que adquirió del terreno y sus dificultades, le
conpro¬bó ese juicio, a tal extremo, que ya con criterio preciso, ba¬sado en el
conocimiento de las necesidades que el terreno re-clama:, procedió a solicitar
de la Compañía Concesionaria, más datos y antecedentes que los encontrados en
el Proyecto, para poder fundamentar los modificaciones y ampliaciones que la
obra requiere. '
Con este fin la Compañía Concesionaria, encargó a los eminentes
ingenieros americanos Mr. William Barclay Parsons y Mr. Eugenio Klapp, de
renombre mundial, la ejecu- sión de los trabajos de campo necesarios, para
obtenerlos, y designó al conocido ingeniero Mr. W. L. Dearborn, para que
representara a la Compañía Concesionaria, ante la Comisión
El plan general de desecación, de la Ciénaga
de Deslinde y Replanteo, formada por los ingenieros que
sus¬criben.
En el mes de Mayo del año próximo pasado, designado ya el
personal de campo, comenzaron los trabajos, bajo la di¬rección inmediata del
ingeniero Mr. S. J. Gass, que asumía en el terreno la representación de la
Compañía.
Teniendo en cuenta las especiales condiciones del terreno,
lo aislado e inaccesible de la zona que iba; a demarcarse y su extensión, fué
acordado previamente el plan de ejecución más viable y rápido, considerando
necesarios obtener los da¬tos siguientes para poder basar luego las
modificaciones, que se estimaban convenientes:
1?—Plano topográfico de toda la región comprendida en la
concesión.
2?—Nivelación general de la zona, referida al nivel medio
del mar.
3?—Estudios de mareas en la Ensenada de la Broa, y Ba¬hías
de Cochinos y Cienfuegos.
4?—Aforo y estudio de todos los cursos de agua que aflu¬yen
a la Ciénaga.
5?—Datos pluviométricos comparativos.
6?—Sondeos para determinar la naturaleza del suelo y
subsuelo de la Ciénaga, referida al plano general.
Con objeto de obtener las datos 1? y 3? se formaron seis
comisiones, con su Ingeniero Encargado correspondiente, per- spnal técnico
necesario y el peonaje consiguiente. Cada Comi¬sión de Estudios operaba en una
zona determinada y con ob¬jeto de regularizar su funcionamiento más preciso, se
dividió de Este a Oeste la región en 20 zonas, de 10 kilómetros de ancho cada
una; y como la Comisión del Gobierno iba deslin¬dando la Ciénaga por sus
costaneras, colocando los puntos permanentes de separación, cada Comision,
partiendo de es¬tos puntos, y en dirección Norte-Sur, debía correr líneas de
tránsito y nivel que cerraban los polígonos de levantamiento.
Esta labor ejecutada en un medio desprovisto de todo
ele¬mento, con todos los inconvenientes posibles y sin ninguna ventaja,
trabajando incesantemente en fango o agua, nunc^ en seco, con difícil y escaso
aprovisionamiento por las difi¬cultades del tráfico fué terminada felizmente,
debido a la . .* * ♦ ■
; ' ' ’
perseverancia y tenacidad del personal técnico escogido y a
las brillantes dotes ejecutivas del Ingeniero Mr. S. J. Gass y su segundo Jefe
el Ingeniero Mr. W. H. Tufts.
La Comisión que suscribe, que directamente ejecutó el
deslinde de los terrenos cenagosos, desea hacer mensión es¬pecial, de los
Ingenieros señores Alfonso Luáces y René Mu- jica a cuyo cargo estuvieron los
trabajos de tránsito en todo el perímetro de la Ciénaga.
Para los datos de marea (3) y sondeos (6) fué nombra¬da una
Comisión especial y el aforo (4), y datos pluviomé- tricos (5), los obtuvo el
Ingeniero Mr. W. H. Tufts.
En terminar la total labor encomendada a las distintas
Comisiones, se invirtió todo el resto del año, desde el mes de Mayo a
Diciembre, trabajando con ahinco continuamen¬te, y dará una idea de la
importancia del trabajo, el gran per¬sonal que fué necesario llevar a la obra,
que ascendió algu¬nas semanas a más de 400 trabajadores, sin contar el
exclu¬sivamente técnico, que no se incluye.
La Compañía Concesionaria necesitó invertir en estos
tra¬bajos ejecutados, grandes sumas, con objeto de cumplir en un todo el plan
acordado.
A principios del corriente año, la Compañía había obteni¬do
todos los datos de campo necesarios y que fueron solici¬tados por la Comisión
para redactar el proyecto de mejoras y ampliaciones. Con ellos se procedió a
redactar el proyecto por la casa Barclay Parsons y Klapp que quedó encargada
por la Compañía con ese objeto, proyecto que ya aprobado por la Comisión
sometemos a la consideración de esa Secre-taría. „
En la redacción del Proyecto ha habido necesidad de
in¬vertir gran tiempo, por las condiciones especiales de la obra y su gran
extensión.
La gran área que pretende desecarse, las dificultades in¬herentes
a todo trabajo de cálculo hidráulico obligaron a los señores Barclay Parsons y
Klapp y por consiguiente a la Co¬misión, a proceder lentamente y contrariando
los deseos de ambos, fué necesario tomarse todo el tiempo transcurrido pa¬ra la
determinación de las mejoras y ampliaciones que eran necesarias introducir en
el proyecto primitivo.
Se ha procedido con gran cautela en la adopción de las ■cifras que forman los
coeficientes de cálculo, pues no habién¬dose verificado nunca en Cuba
estudios de esta clase, ha ha¬bido necesidad de adoptar los resultados
obtenidos en los Es¬tados Unidos, en lugares de latitud lo más próxima a la
nues¬tra y en condiciones las más semejantes a la Ciénaga.
El Proyecto de mejoras que presentamos comprende -lh
•desecación total de la Ciénaga de Zapata, de acuerdo con la concesión
otorgada. Se pretende desecar un área de 204,52*) hectáreas o sean 15,239
caballerías, comprendidas en los lími¬tes fijados por esta Comisión, y ya
aprobados por esa Secre¬taría, en Decreto de 7 de Febrero del corriente añó,
área «me •demuestra el Plano general aprobado por la misma.
Para el desagüe y saneamiento de esta área, es necesario
fijar previamente los tres factores siguientes: 1? Lluvia vnual, '2° Area de la
cuenca tributaria de la Ciénaga. 3? Area de la zona a desecar; estos factores
minuciosamente fueron estu¬diados, basándose en los datos obtenidos por
diversos r*iedios.
Xluvia En los apéndices de la Memoria redactada f»or los
anual Ingenieros de la firma Barclay Parsons <S Klapp, se
incluyen unas Estadísticas de la cantidad de lluvia caída •en los años 1910,
1911, 1912 y 1913 en las Estacioné Pluvio- métricas más cercanas a la Ciénaga;
Batabanó, Alacranes, Cienfuegos y en las de Aguacate, Cruces, Güines y Limonar,
así como una de la cantidad diaria de lluvia para 1912, en las mismas
Estaciones. Se acompañan también una Estadística de lluvia anual que comprende
todos los años desde 1858 hasta 1913.
Con las cantidades medias deducidas de las Estadísticas
mencionadas, los Ingenieros de Barclay Parsons & Klapp, han adoptado un
coeficiente de lluvia media para dos meses con¬secutivos de 30 pulgadas o sea
0.5 pulgadas diaria*', teniendo en cuenta que un mes con otro, el promedio de
lluvia bimen¬sual no alcanza esta cifra. Sin embargo, la Comisión entien¬de que
este coeficiente es pequeño, pues si bien un mes con -otro el promedio de
lluvia nunca suele ser mayor de 15 pul¬gadas, en cambio sucede muy
frecuentemente que la lluvia total mensual tiene efecto en un solo día o en
varios del mes, cayendo aguaceros tan fuertes que alcanzan 5 y 6 pulgadas en
muy pocas horas. -
Si se examina la tabla de lluvia que comprende 55 añosr
observaremos que durante ese tiempo, el promedio anual de lluvia ha sido de
47.50. (En el cuadro estadístico de la Me¬moria existen algunas ligeras
equivocaciones en los totales)- El promedio mensual ha sido en 49 años de 4.11
pulgadas.
Hay que tener en cuenta, sin embargOj para deducir el
coeficiente de lluvia medio diario, la irregularidad de la llu¬via en Cuba, que
se hace notar por el hecho de que en 49 año» o seanse 588 meses, la mitad de la
lluvia total cayó en 131 me¬ses, es decir el 50% del agua cayó en un período
que repre-senta el 22% del total de meses y asimismo porque la mitad de la
cantidad del agua de lluvia, todos los años cae en uní período medio de 2.7
meses. El hecho es que durante 49 años, no ha habido un solo año en que más de
la mitad de la llu¬via, no haya caído en menos de cuatro meses. (Estación Agro-nómica,
Boletín No. 17).
La Comisión, sin embargo, ha aceptado ese coeficiente,,
teniendo en cuenta, que si bien este factor es reducido, en cambio el área de
cuenca de afluencia es bastante amplio, compensándose su producto y
obteniéndose una cantidad con. gran margen de seguridad.
... El área
de la cuenca tributaria de la
Area de la cuenca ,
Ciénaga, ha sido necesaria cacularla,
sirviendo de base, los planos existentes de las Provincias
de Matanzas y Santa Clara y los niveles suministrados por las. Compañías de
Ferrocarriles. Los Ingenieros autores de es¬tos cálculos señalan como área de
la cuenca de afluencia, la. superficie de 362,000 hectáreas (1,400 millas
cuadradas apro-ximadamente) y teniendo en cuenta que eL largo aproxima¬do de la
Ciénaga es de 80 millas, tendremos que el área tri¬butaria estará limitada
aproximadamente por los pueblos dé Sabanilla, Jovellanos, Agramonte, Guareiras,
Bodas y Cien- fuegos, con una latitud media de 15 millas y la superficie
in¬dicada. :
Esta extensión de cuenca es algo exagerada en cierto mo¬do,
pero teniendo en cuenta lo mencionado con respecto aí.
VA
PLANO TOPOGRAFICO
Secciones de la Ciénaga
-coeficiente medio de lluvia, creemos conveniente aceptar la
superficie de cuenca indicada.
■Area de
la *rea de la zona que se pretende desecar,
zona desecable limitada por la línea poligonal, fijada por
esta Comisión, es de 204,520 hectáreas, o s^an 15,237 caba¬llerías, que
comprenden cerca de 800 millas cuadradas de te- ‘ rrenos, llanos sin accidente
topográfico alguno. En el plano número 4 puede apreciarse esta superficie con
sus curvas de nivel correspondiente. •
El área de la zona a desecar es estrecha de Norte a Sur,
pues su máxima latitud no es mayor de 26 kilómetros y su mínima escasamente
llega a ser de 3 kilómetros, teniendo en cambio una longitud en sentido
Este-Oeste mayor de 120 ki¬lómetros.
Al Oeste y como límite de la zona, linda con el mar del Sur,
■en el abra que forma la
Ensenada de la Broa y en el Sur ha¬cia la
parte media, la fractura de la Península de
Zapata, al •quedar dividida en dos porciones y formar la Bahía de 'Cochinos, ha
dejado un pequeño paño de tierra alta de 5 ki¬lómetros de ancho que separa la
Ciénaga del mar en dicho punto .
Lo quebrado de la línea de ciénaga que la limita, hace de -ella
una superficie muy irregular, con diversas proyecciones hacia el Norte, debido
a que la línea de ciénaga norte es muy •sinuosa, por las desembocaduras de los
ríos que afluyen del norte en esta costanera y que determinan variadas entradas
y salidas.
foffififfltw Debido
a la falta de estudios y obser-
adoptados vaciones en Cuba, sobre coeficiente de
•«vaporación, filtración y transpiración vegetal, ha habido ne- -cesidad de
adoptar los indicados en el Proyecto, que han sido -deducidos de experiencias
ejecutadas en condiciones análo¬gas a las que predominan en la Ciénaga. (2)
Con respecto a la evaporación, se aplican los coeficientes
(2) En la Escuela de Ingenieros de nuestra Universidad
Nacio-nal existe un Laboratorio de Hidráulica, y a pesar de llevar da exis-
“tencin. veinte años, nada se ha hecha en este sentido.
deducidos y observados por Mr. J. O. Wright en las Ciénagas;
de la Florida, conocidas por “Everglades”, análogas en con- . diciones de
terreno, temperatura, vientos reinantes y canti¬dad de lluvia caída a las de la
Ciénaga de Zapata, pues mientras, en la primera la cantidad de lluvia caída en
dos meses sucesivos, fué de 22 pulgadas, la temperatura media de 79 graidos Fa-
renheit, la velocidad media del viento 8.5 millas por hora y la humedad del
ambiente de 82%, en la Ciénaga de Zapata en loe meses de precipitación máxima,
el terreno está saturado o cubierto de agua, la temperatura media es de 80? F.,
la ve¬locidad media del viento es de 9.4 millas por hora y la hu¬medad del 79%.
Las condiciones análogas que prevalecen en circunstan¬cias
más desfavorables que en la Ciénaga, hacen muy admi¬sible el coeficiente que se
ha adoptado en Florida para la evaporación, es decir, 0.25 pulgadas por día,
que proporcio¬na un gran márgen de seguridad.
Con respecto a la transpiración vegetal, por igual
circuns¬tancia se ha adoptado el indicado en el Proyecto de 0.125 pul¬gadas,
según se indica en la Memoria en las observaciones que- se citan. -
Con respecto al coeficiente de filtración del terreno y
de¬sagüe subterráneo nada ^cierto y preciso puede indicarse has¬ta tanto no se
localicen en algún modo las innumerables fur¬nias y sumideros de que se halla
sellada el área de la Ciéne¬ga, pero como coeficiente de ensayo la Comisión
acepta las; 0.0587 pulgadas por día, indicadas en la Memoria.
La Ciénaga de Zapata se halla materialmente cuajada
de¬furnias y sumideros ,especialmente en la región oriental, don¬de la
naturaleza caliza de la roca que forma su suelo, deno¬minada de campanario, por
el sonido agudo que produce al chocar con un cuerpo duro, ha favorecido el
proceso químico- de descomposición de ella por el ácido carbónico del agua,
dando lugar a la formación de infinitas furnias, cuevas y su-mideros aí través
de las cuales funciona un completo sistema hi-drográfico subterráneo de
desagüe.
El suelo de la región oriental está completamente lleno de
furnias y cuevas y a tal extremo ha tenido lugar la desintegra¬ción subterránea
de la caliza, que en la costanera Sur, en las;
fincas Cocodrilo, Quemado Grande y Bartolina, el suelo se
mantiene sobre bóvedas de gran extensión, siendo los de¬rrumbes muy frecuentes,
como pueden observarse en la pri¬mera de las fincas mencionadas a la orilla del
camino que conduce a la Caleta de Cocodrilo.
Es completa la red hidrográfica subterránea que existe en
toda la región de Zapata, y en la Memoria, pueden verse citados los principales
cursos subterráneos que desembocan •en el mar.
I«os promotores de la desecación de Zapata
La identidad de origen de estas grandes corrientes
sub¬terráneas, es de fácil prueba, y existe un hecho concreto que demuestra la
identidad de la corriente subterránea en la. Cié¬naga y su enorme extensión.
En años de lluvias fuertes, el terreno que forma la cuen¬ca
de afluencia de la Ciénaga se satura de tal modo, que a lo largo de la
Costanera Norte, surgen por donde quiera ma¬nantiales de más o menos caudal que
solo perduran «orto tiempo.
El señor Fermín Carrasco, propietario de la Finca “Los-
Pinos”, ubicada en el Término Municipal de Jagüey Grande, colindante con la
Ciénaga y que reside en ella de un modo- estable desde hace cuarenta y seis
años, le ha proporcionado- a la Comisión, precisos datos sobre la intensidad
del fenóme¬no, que pone de manifiesto la importancia del manto subte¬rráneo de
aguas en la Ciénaga.
Resulta que de 20 años a la fecha, el nivel del manto
sub¬terráneo ha subido grandemente, a tal extremo que los po¬zos que antes tenían
5 y 6 varas., ¡hasta el nivel del agua, en la actualidad solo se hallan a 1% y
2 varas; subida de nivel que ha sido gradual y conjunta con la del nivel
general de- las aguas en la Ciénaga. La identidad del manto subterránea en la
cuenca y su prolongación en la Ciénaga, es evidente; los terrenos cercanos a la
costanera, están sujetos en su ren¬dimiento agrícola a las variaciones de nivel
en la Ciénaga. En la época de seca aunque no -llueva en todo un período- largo,
las siembras .en los terrenos lindantes con la Ciénaga, se mantienen frescas y
lozanas mientras no baja cierta can¬tidad -del nivel del agua subterránea en la
Ciénaga, pero tan. pronto como esto acontece, comienza a secarse la vegetación:
porque les falta la humedad capilar por bajar el nivel sub¬terráneo y hacerse
este inaccesible a sus raíces.
El problema de desagüe subterráneo, no puede resolverse
hasta tanto no se efectúen algunas observaciones, que la Co¬misión piensa
llevar a efecto tan pronto comienzen las obras- de desagüe, lo cual como es
consiguiente puede alterar la si¬tuación de la rea implantada.
£1 problema Con los datos obtenidos respecto a los diversos
coeficientes hidráulicos necesarios para el cálculo, los Ingenie¬ros de la
firma Barclay Parsons & Klapp han procedido st proyectar las mejoras y
ampliaciones recomendadas por es¬' ta Comisión.
Deducidas las diversas pérdidas y fijada la cantidad de¬agua
de afluencia o coeficiente de evacuación en la Ciénaga,.
«
PLANO TOPOGRAFICO
INDICANDO LA CLASE DE LA VEGETACION
E\ La
CIENAGA DE ZAPATA
[ HECHO PARA'THE Z,APATA LA\D COMRANY'
POR
BARCLAY PARSONS & KL\PP
JULIO DC 1914
Mapa de la Ciénaga indicando la naturaleza de la vegetación
se han proyectado las mejoras, de acuerdo con el sistema
es¬cogido.
Por su nivel superior al medio del mar, es seguro desa¬guar
la Ciénaga, empleando el sistema continúo de gravedad, pues teniendo en cuenta
las fluctuaciones de las mareas de las Ensenadas de la Broa y Cochinos, el
nivel del terreno es superior siempre, al de la alta marea, y solo existe una
pe¬queña área inferior a él, en la rgeión oriental; y parte de la Laguna del
Tesoro, que conservará siempre su carácter na¬tural de embalse, muy beneficioso
para utilizar la red de de¬sagüe, como vía fluvial de transporte e irrigación.
La altura media de los terrenos sobre el mar es suficiente
para el total desalojo de las aguas de la zona, empleando di¬versos desagües
independientes unos de otros, pues el área que es posible desecar, depende del
número de arterias que se emplazen, limitadas en cada caso,- de la desecación
de ella y de su pendiente hidráulica.
Debido a la forma estrecha y alargada de la zona y su
emplazamiento en la región, el número de arterias principa¬les de desagüe,
quedan señaladas de antemano, y solo su sec¬ción y pendiente fijará la
descarga, que es el factor que in¬dica la superficie que es posible desecar,
mediante dichas vías,- y en tales condiciones se considera necesario, dividir
la total área, en zonas parciales de desecación, con sus desa¬gües
independientes, con objeto de que cada arteria princi¬pal pueda descargar el
agua procedente de la desecación en cada zona.
La desecación completa de la Ciénaga exige como es na¬tural
la parcial de la zona. Como la pendiente hidráulica que puede alcanzarse en
cada canal, está limitada por la del te¬rreno y la descarga de cada arteria
depende de este factor y su sección, resulta que es limitada por consiguiente
la ac¬ción de desagüe de cada arteria y aunque se proyecten cana¬les de
dimensiones exageradas dentro de un orden económico no prohibitivo, su acción
de drenaje será limitada.
Cada arteria, pues, no puede desecar más de cierta área
determinada de terreno, y aun la multiplicación de las vías de desagüe
principales sería ineficiente, teniendo en cuenta la estrecha zona de contacto
de la región con el mar, que e*
hacia donde \ran en último extremo las aguas productos de la
desecación.
En una sola zona de contacto con el mar, no hajr espacio-
para desalojar todas las aguas dentro de un plan unitario de de- sa'giie. Es
necesario buscar varias.
Dos lugares de desagüe principales saltan a primera vis¬ta :
las Ensenadas de la Broa y Cochinos y ambos han sido escogidos con tal objeto
en .el Proyecto. El tercer desagüe es subterráneo y amerita estudiarlo
detenidamente.
Campamentos en la Ciénaga
La Ciénaga se considera' pues dividida en el Proyecto en
tres Zonas: Zona de la Broa, con
88,000 hectáreas de su¬
perficie a desecar, o sean 6,557 caballerías, situadas a una
elevación media de un metro sobre el nivel medio del mar. 2?, Zona de La
Laguna, con 98,400 hectáreas de terreno o sean 7,332 caballerías, situadas a
una elevación media de 1.5 metros, sobre el nivel medio del mar y 3?, Zona de
Cienfue¬gos con 18,100 hectáreas de terreno o sean 1,348 caballerías,, situadas
a 1.5 metros, sobre el nivel medio del mar.
DE L-\ aHOL
Mapa de la Ciénaga indicando las elevaciones del torren o
PLANO
IXDICVNDO ELEVACIONES DE L\ SUPEKTR U DEL TEKHEXO
EX LA
CIENAGA I)E ZAPATA IIBC1IO KXllVTHE ZAPATA LAXD CONU!YM
POR
HVHCLVY PAR SONS & KLAPP
JOUO DC t9M ESCALA ORATICA
El desagüe independiente de estas tes zonas proporciona el
total de la Ciénaga de un modo eficiente tal como se indi¬ca en el Proyecto. El
emplazamiento de la red de drenaje que¬da subordinado pues en cada zona a los
tres desagües indi¬cados.
La Comisión entiende que la desecación por zonas ha sido
implantada, con un alto espíritu técnico de viabilidad ejecu¬tiva, que
proporciona una segura eficiencia en sus resultados ulteriores. Dada la
extensión de la obra no puede conjun¬tamente desecarse toda de un solo golpe y
a través de un so¬lo desagüe, haciéndose indispensable distribuir el área dese-
cable según vaya aconsejando la marcha de las obras, en multitud de zonas
pequeñas, las cuales pueden agruparse en las tres grandes zonas naturales
expuestas.
En conjunto el plan general de emplazamiento de la red, ha
sido aprobado por la Comisión, dejando sentado, sin em¬bargo de un modo
concreto que esto no implica la ejecución de todas las líneas principales y
secundarias, según el Pro¬yecto lo establece.
El establecimiento definitivo de las líneas de la red no
puede implantarse hasta tanto no se obtengan directamente en el terreno los
perfiles de ejecución, que en una obra de la naturaleza de la que nos ocupa, no
es posible obtener hasta tanto no comienze la obra.
En una red tan extensa y complicada, siempre faltan
de¬talles de estudios para fijar todas sus líneas y en tales con¬diciones y
teniendo en cuenta las razones expuestas, la Co¬misión desea hacer constar que
se reserva el derecho a cam¬biar o alterar las secciones de los canales que
forman la red de distribución, dentro como es consiguiente, de las lineas
generales del plan proyectado.
La Cuenca Si se estudia el Plano número 4 que indica la
superficie a desecar con sus curvas de nivel correspondientes y secciones
transversales en sus cortes, se notará una parti¬cularidad que es de capital
importancia y viene a comprobar el origen de la Ciénaga; la situación de la
roca que forma el subsuelo de ella. -
La Ciénega está formada por una depresión u hondonada al Sur
de la Provincia de Matanzas y Santa Clara, como in¬dica el subsuelo de la roca,
que añora en sus costaneras Nor¬te y. Sur, con una flecha máxima mayor de cinco
metros en algunos lugares. La máxima depresión corresponde precisa¬mente al
centro de la Ciénaga en sentido Este-Oeste.
Originariamente las aguas afluían hacia al Thalweg de e?a
hollada, constituida por la línea media de la Ciénaga, y desaguaba hacia el
mar, y de esta manera, se explica la for¬mación del Río Hatiguanico y sus
tributarios. En esa gran hondonada existe una depresión que recogía antes las
aguas de los ríos que afluían de la costanera Norte en su parte me¬dia
oriental, depresión que constituye actualmente la Lagu¬na del Tesoro.
El proceso lento de sedimentación y entarquinamiento, por
arrastres de las aguas, favorecido por la obstrucción de los desagües
superficiales y subterráneos, que proporcionan remansos y estancamientos, ha
ido entarquinando la hollada, rellenando la depresión y levantando el nivel del
terreno hasta casi emparejarlo con los adyacentes; se han formado nuevas capas
de terreno vegetal laborable con la descomposición de los detritus y restos
orgánicos arrastrados por las aguas que allí afluyen de la vertiente Norte.
El entarquinamiento dé la Ciénaga ha ido emparejando su
relieve, obstruyendo los desagües, y haciendo retirar los cauces de los ríos, a
tal extremo, que en la actualidad el Río Hatiguanico, se pierde a muchos
kilómetros antes de llegar a la Laguna del Tesoro, donde nacía antes y el
Hanabana, Alcalde Mayor y Yaguaramas, no llegan a ella que eran don-de vertían
primitivamente sus aguas.
Con el transcurso del tiempo, lentamente pero de un modo
seguro, la naturaleza sola, sin la ayuda del hombre y aprove¬chando su incuria
y abandono, ha logrado convertir la hon¬donada primitiva, estéril y rocallosa,
en ciénaga insalubre, robando por la erosión de las aguas sobre la capa vegetal
de sus vertientes, la que necesitaban estos terrenos denudados, para emparejarlos
y dotarlos de masa vegetal en proceso de formación.
La naturaleza ha terminado su obra ; la Ciénaga de Za¬pata
es un pantano enorme formado de tal modo y tócale
ahora al hombre imitando el proceso natural, convertir esos
terrenos incultos e insalubres en productivos, desalojando las aguas,
regularizando sus salidas e impidiendo que éstas vuel¬van a estancarse.
Cieneguero oriental
Esto prueba pues que el restablecimiento de las condi¬ciones
de desagües primitivos, facilitaría grandemente el pro¬blema, y aseguraría el
éxito del desagüe, pues la experiencia prueba que cada vez que en asuntos
hidráulicos el hombre pretende modificar la naturaleza, el fracaso es seguro,
mien¬tras que si facilita su actuación y la favorece, el éxito es fran¬co,
decidido e inevitable.
En el plan adoptado por los Ingenieros de la firma Bar¬clay
Parsons & Klapp, se ha tratado de seguir en «1 empla¬zamiento de la red,
las condiciones naturales restableciendo las que predominaron antes.
A este fin los siete ríos de la Zona de la Laguna se hacen
afluir a ella, restableciendo aproximadamente sus cursos an¬tiguos y solo el
Río Hatiguanico queda independiente de la Laguna. La Comisión cree provable que
al comenzar los traba¬jos y ya en posesión de los perfiles específicos de cada
vía, será posible substituir el costoso canal K, por la prolongación del
Hatiguanico que en esta forma volverá a formar parte del sistema hidrográfico
del Tesoro y acaso suprimir algunas de las líneas de desagüe principales de la
red.
La Broa ^ona ®roa Ia arteria principal de desa¬
güe es el Río Hatiguanico y sus afluentes regula¬rizados;
los canales secundarios y terciarios desaguan direc¬tamente en el mar en estas
arterias primarias. La pendiente hidráulica es en todos de 24 milímetros por
kilómetro.
Los límites de área de desecación para cada arteria, su
sec¬ción y longitud pueden verse en la Tabla No. 1 del Apéndice de la Memoria.
La longitud total de las arterias proyectadas es de 171
ki¬lómetros y el movimiento total de tierra es de 3.830,000 me¬tros cúbicos.
l actina En la Zona de la Laguna se han proyectado dos del
Tesoro arterias principales que desaguan en la Bahía'de Cochinos, el Canal F. y
el K. Esta Zona es la más importante no sólo por su mayor extensión
superficial, sino por la gran afluencias y concentración de las aguas. En
efecto, en esta zo¬na desaguan los siete ríos que de la vertiente Norte
aflu¬yen a la Ciénaga. Por la posición central de la Laguna se
ha escogido como embalse permanente y a ella son conducidas
las aguas de dichos ríos.
La pendiente hidráulica de todas las arterias de desagüe es
igual que la anterior de 24 milímetros por kilómetro.
La total longitud de las arterias de esta Zona, cuyas
sec¬ciones y demás antecedentes pueden verse en la Tabla núme¬ro 2 de Apéndices
de la Memoria, es de 273 kilómetros y el to¬tal movimiento de tierras es de
8.000,000 metros cúbicos.
-Cienfue* Esta Zona es la más pequeña y su desagüe tiene
lu¬gos gar a través de los sumideros de la Finca “Coco- •drilos”. La Comisión
teniendo en cuenta su altura sobre el resto de la Ciénaga, opina (que
provablemente no habrá nece¬sidad de ejecutar los canales proyectados, pues tan
pronto como quede desaguada la zona continua correrán las aguas hacia -ella y
quedará naturalmente desecada de un modo estable.
La longitud de las arterias proyectadas, es 6 kilómetros y
el movimiento de tierras es de 1.056,000 metros cúbicos.
Canales Con objeto de evitar que las aguas de afluencia de
de cintura la cuenca corran por ella, se hafn proyectado, pró¬jimo a la
costanera Norte canales de cintura cuya finalidad es precisamente deseargar la
aguas de afluencia.
Las secciones, pendientes, longitudes, etc., pueden verse en
las Tablas No. 1, 2 y 3 de los Apéndices de la Memoria.
Cálculos el Apéndice C de la Memoria, se
explican los
cálculos ejecutados para la formación de las Tablas 1, 2 y 3
de los Apéndices.
En el cálculo de secciones de los canales de cintura, que
recogen las aguas de afluencia, la sección depende principal¬mente del valor de
la eantidad de lluvia que cae en la cuenca, Este va'lor está dado por la
fórmula:
en la cual S es la superficie de la cuenca en metros
cuadrados, H la la altura máxima de lluvia diaria y m un coeficiente que ■depende de la naturaleza del
terreno.
Se adoptan en el proyecto las siguientes cifras:
S=l,400 millas cuadradas =362.000,000 mts. cuadrados H=0.5
pulgadas diarias = 0.0125 mts.
PERDIDAS
Transpirateión 0.125
Filtración y desagüe subterráneo. 0.0587 Coeficiente de
evacuación 0.0663
Evaporación .. 0.250 pulgadas=0.00635 mts.
=0.00317 „ =0.00149 ,, =0.00168 ,r
0,0016 „,oJ
m= =0.134
0,0125 ’
Sustituyendo valores tenemos:
0.0125
R—0.134X3,620.000,000 —
7017 mts. cub. X seg.
70.17
q= 3.51 mts. cub.
por segundo que son 123.94 piés
20 ’ \ por segundo lo que está de acuerdo con los 125 pies
cúbicos en¬contrados en la Memoria
Con respecto a los canales principales tenemos:
100000 X m X S X H
Q=
T
H= cantidad de lluvia en el mes =15 pulgadas =0.375 mts. S=
área de la cuenca 800 millas = 204520 hectáreas.
T= tiempo = 2592000 segundos.
PERDIDAS
H = 15 pulgadas mensuales = 0.375 mts.
P = 9.5 ” ” '
C = 5.5 ” ” = 0.139 mts.
0.199
in=—————0.379 0.375
Sustituyendo valores tendremos:
_ 100,000X0.379X204,520X0.375
C¿— - =112.14
2592000.
■Q =
112.14 mts3 X seg. en toda la cuenca que representan 3958. 54 pies® por segundo en toda la cuenca y como ésta
tiene Í00 millas cuadradas.
3958.54
q = :
4.94 piés3 X seg. X milla que es valor en-
800
'Contrado en la Memoria.
El área tributaria de los canales primarios se ha calculado
ser de 16 millas cuadradas por cuanto su longitud es de 4 mi¬llas y están
espaciados cada 4 millas.
Estos canales deberán descargar pues:
Q = 16X4.9 = 78.4 piéss por seg.
Los canales principales deberán desaguar los 49 piés3Xseg.
por milla de área tributaria.
Con estas descargas indicadas se ha aplicado en el Proyec¬to
la fórmula de Manning.
0 775
v = 52.8r s}
que es una variante de la de Chezy, y se han comprobado sus
resultados, tabulados en los cuadros 1, 2 y 3 del Apéndice de la Memoria por la
fórmula de Kutter. -
a Las secciones adoptadas son todas trapezoidales,.
Secciones conforme puelen verse en el Plano No. 6. Los- taludes son 1:1 a
excepción del canal K. La Comisión entiende que si bien estos taludes son
suficientes en secciones abiertas- en rocas, en tierra habrá necesidad de
modificarlas, suavizán¬dolas.
Los cálculos verificados para determinar las secciones, han-
sido hechos a base de una lluvia de 5.5 pulgadas en 30 días,, pero al calcular
las áreas de las secciones, se ha fijado la línea de agua, en el corte, 6
pulgadas más abajo que el nivel del te¬rreno adyacente, y de esta manera el
área total hasta el en- rrase, aumentará en un 20% y con esta ampliación de
área, los canales podrán descargar 6 pulgadas en 30 días en lugar de 5.5
calculadas en el mismo período de tiempo.
Los productos de las excavaciones serán depositados en las
márgenes, formando banquetas, lo que incrementará el área de descarga sobre el
nivel del terreno para lluvias excepcio¬nalmente fuertes.
Plazo de Tenniendo en cuenta las demoras que la Compañía
ejecución Concesionaria se ha visto obligada a sufrir sin po¬der comenzar las
obras, por exigir esta Comisión que previa¬mente se le facilitaran los datos
solicitados para el estudio de las ampliaciones y mejoras, recomendamos a esa
Secretaría se sirva modificar las fechas fijadas con tal objeto ya que el plazo
concedido para comenzar la ejecución natural de las- obras lo ha invertido esta
Comisión en estudios diversos, sin poder por tal motivo comenzarse.
La Compañía Concesionaria no ha podido en el plazo mar¬cado
comenzar las obras, por ser de imposible realización sin haber obtenido
previamente este Estudio que sometemos a la- aprobación de esa Secretaría.
Terminado ya estos Estudios la Comisión de acuerdo con lo
estatuido en el Art. 9? del Decreto No. 556 del 21 de Junio de 1912, se propone
proceder a la determinación y fijación del área de terreno que resulte ser de
dominio público y aquella que pertenezca a particulares, así como a la valorización
de los mismos, todo de acuerdo con el Artículo indicado.
Estos trabajos no han sido posible ejecutarlos aún, por
estar
la Comisión atareara de continuo con el estudio de las
mejo¬ras, pero quiere aquí indicar fundándose en el conocimiento que tiene de
la región, que su ejecución en conjunto es de im¬posible realización.
La Comisión opina que en lo que se refiere al deslinde de
propiedades, es conveniente hacerlos parcialmente, en aque¬llos lugares donde
se comienzen a ejecutar las obras, por zo¬nas determinadas por ejemplo de 500 a
2,000 caballerías que fije esta Comisión, pues de otro modo, podían presentarse
di¬ficultades innecesarias de carácter dilatorio para la ejecución de la obra.
El estudio adoptado de desecación por zonas obligan a
se¬guir este procedimiento en todas aquellas operaciones que se relacionan con
la obra y en tal virtud creémos necesario, pro¬ceder al deslinde, fijación de
área y valorización también por zonas, y dentro de ella en aquellos puntos que
la Comisión es¬time necesario e inmediato.
Esto no quiere decir que la Comisión no ejecutará todo el
trabajo; reclamamos solo establecer un orden de prelación que harmonice con las
necesidades de la obra y no vemos obliga¬dos a seguir de un modo continuo,
colindante tras colindante, sin poder alterarlo, obigando a la Compañía a
seguir un orden de ejecución de obra contrario al espíritu y complejidad del
Proyecto y su natural desenvolvimiento.
CUATRO AÑOS EN LA CIÉNAGA DE ZAPATA
CAPITULO XIV
StrMAEIO! "EL FUTURO DE LA CUENCA".-!, El problema
agrl- cola.-ll, Er proceso industrial según los planes del Sr. R. G. Ward en la
cuenca de Zapata.
I
El Sr. R. G. Ward, inteligente financiero, promotor
incan¬sable de muy variadas ¡empresas establecidas en Sur América, Méjico y
América del Norte, y constructor del gran ferrocarril central cubano, ha
asumido, desde hace pocos años, la suprema dirección de la emprpsa “Zapata Laúd
Company”, concesiona¬ria de la desecación de ese gran pantano; y si no se ha efec¬tuado
todavía, débese a la guerra europea primero, y a las dificultades creadas por
ella luego, después del armisticio, todo lo cual ha impedido el completo
financiamiento de la obra, re¬tardando su comienzo.
El magno plan, tanto financiero como técnico, para llevar a
cabo la desecación de las tierras de Zapatas y su fomento correspondiente, obra
son del propio Sr. Ward, que con incan¬sable actividad ha logrado v.encer
infinidad de veces, obstáculos que parecían muchos de ellos insuperables.
Entre los planes del Sr. Ward figuran no sólo la desecación
de ese gran pantano y la preparación adecuada de sus tierras, para un fomento
posterior importante, bajo el punto de vista agrícola, sino su extensión a toda
la cuenca, la creación de nu merosas industrias, el lestablecimiento de una
extensa red de vías férreas y canales de navegación, y la habilitación del gran
puerto de Cochinos, como lugar de reconcentración! de los di¬versos productos
(exportables.
No existe duda alguna con respecto a la solución del pro-
Mema agrícola, y la certeza más apetecible se tiene sobre la
bondad de las tierras después de desecadas. Los análisis de muestras obtenidas
en toda la zona, prueban, según la “Dear- bom Chemical Company”, que los
.estudió, la fertilidad del excelente suelo para el cultivo; esas muestras
recogidas en nú¬mero de 400, han podido ofrecer la prueba más concluyente con
respecto a la solución del problema agrícola de Zapata, y -demuestran ellas
que:
lo—Con pocas excepciones, el suelo es: “a muek soil”, es
decir, un suelo muy abonado, compuesto de materias vegetales en
descom¬posición.
2°—Que su contenido en nitrógeno es extremadamente bueno,
pre¬sentándose bajo la forma orgánica, demostrando con ello, que el suelo :io
necesita fertilizante alguno por un período de tiempo indefinido.
3?—Que la cantidad de potasa' que presenta es
ligeramente^baja.
4?—Que la cal que contiene es excelente.
5°—El ácido fosfórico encontrado en las muestras resulta
algo bajo.
6?—Resulta pobre asimismo el contenido mineral.
Los químicos de la “Dearbom Qhemical Company” resu¬men el
problema de análisis en los siguientes términos:
“Con referencia a estos resultados, podemos establecer que
en todo el suelo, el contenido de nitrógeno es extremadamente bueno; el humus
se presenta en grandes cantidades y el nitrógeno orgánico, aparece también en
proporciones muy satisfactorias. La principal deficiencia aparentemente, en
todos los suelos, es el contenido de ácido fosfórico en términos de F2. 02., en
los cuales de diez casos, ocho resultan me¬nores de 6,000 libras por acre. Con
un ligero aumento en P2 02 y po¬siblemente también en potasa, estos suelos
resultan excelentes para cual¬quier clase de cultivos a que se dediquen...”
La experiencia obtenida en terrenos análogos a los de
Za¬pata, algunos pertenecientes a la propia cuenca, otros de la Louisiana y
regiones Sur Americana, prueban que las tierras de Zapata son productivas para
varios cultivos; muchas de ellas proporcionarán excelente caña, rica en
sacarosa; otras darán maíz; algunas serán apropiadas para el cultivo de las
frutas cítricas; en algunas zonas se dará muy bien el arroz, qu,e ac¬tualmente
existe silvestre; y en los terrenos altos y pedregosos,
el remunerador henequén, y en las partes bajas los potreros
de cría y ceba de ganados.
La ciénaga actual de Zapata, puede dividirse en tres zonas
distintas, en lo que r,especta a su suelo:
lo—“Zona de la Broa”.—Porción occidental de 27 kilómetros de
largo por 25 de ancho.
2?—“Zona del Tesoro”.—(Porción central de 53 kilómetros de
largo por 26 de ancho.
3?—“Zona de Cienfuegos”.—Porción oriental de 33 kilómetros
de largo por 5 de ancho.
La primera zona presenta un terreno densamente
entarqui¬nado; se presume que después de desecado debe ocurrir un. asiento en
sus tierras de 0.35 metros. El manto hidráulico sub¬terráneo, podrá mantenerse
de 0.15 a 0.25 metros por debajo del nivel del suelo, en la porción oriental y
en tiempos de lluvias; y a 0.50 metros en 1a. occidental. En estas condiciones
es reco¬mendable que sólo se cultiven en esa mitad de la región orien¬tal,
pastos; en la mitad occidental, puede sembrarse caña, si se establece una
pequeña planta de bombeo, que obligue a perma¬necer el manto, aun en
condiciones las más desfavorables, por debajo de 0.80 metros.
En la zona del Tesoro, las condiciones altimétricas y de
com-posición del terreno son más decisivamente favorables al cultivo de la
caña, y puede con toda certeza asegurarse, que sobre-
13,0 hectáreas
resultarán de excelentes tierras para este fruto.
La zona de Cienfuegos es bastante pedregosa, y en parte de
ella puede sembrarse henequén y en el resto pastos.
En la actualidád las tierras de las vertientes se dedican en
gran parte a caña, y en la del norte, ,especialmente existen en producción 16
ingenios de mayor o menor importancia.
De una producción mayor de 250,000 sacos muelen: Con¬chita y
Socorro; mayores de 150,000 sacos: Australia, Cuba,, y Constancia; de 100,000:
Félix, Plora, Perseverancia, y Co- vadonga; y menores de esa cifra: Armonía,
Araujo, Esperanza, Por Fuerza, María-Victoria, Cieneguita, y Juraguá. En total
produce la vertiente norte crca de 2.100,000 sacos de azúcar.
Actualmente los Ingenios “Cieneguita”, “Covadonga” y
“Australia”, cuentan con productivas colonias de caña en tie¬rras de la
vertiente sur, pero entre todas, las colonias de Aus¬
tralia, y especialmente la del Sr. Joan Plaaencia,
sobrepujan las restantes.
Las cañas de las Colonias de San Blas y Jácaro Quemado,
pertenecientes al “Central CSovadonga”, rinden cerca de 80,000 arrobas por
caballería, y llevan con el actual, seis cortes, sin que se note cansancio en
la tierra; las cañas de Santa Teresa y especialmente las del Sr. Plasencia, en
su primer corte dan
110,0 arrobas, y
son, según los análisis hechos en el laborato¬rio del Ingenio, de una riqueza
asombrosa. Llaman la atención por su grueso y largura; algunas hemos visto
mayores de cinco metros de largo.
En el plan inteligentemente preparado por el Sr. Ward, se
dedican las tierras de Zapata a diversos cultivos, y exclusiva¬mente se han
fijado, obedeciendo a las cualidades* dominantes en el terreno, con objeto de
conseguir de éste isl mayor rendi¬miento posible, científicamente.
La caña de azúcar y el henequén son los que parecen do¬minar
en el plan del Sr. Ward, y aunque parezca difícil co¬nectar ambos, resultan que
ellos se complementan en cierto modo.
No existe problema de orden agrícola alguno que no haya sido
resuelto por él Sr. Ward; los incovenientes que presentan los braceros y su
escasez en tiempos dé zafra, han sido satisfac¬toriamente previstos por el Sr.
Ward en su plan agrícola de Zapata; actualmente nace la dificultad para los
Ingenios de azúcar en conseguir trabajadores para los 180 días de zafras, y
estos obreros que sólo ese limitado tiempo trabajan en los in¬genios, por lo
regular vuelven a su patria, España, a esperar la próxima zafra. Con el plan
del Sr. Ward, esos trabajadores tienen un trabajo permanente: los 180 días de
molida en la caña, y el nesto en labores de siembra y corte de henequén,
proporcionándoles un jornal continuo durante todo el año, y asegurando de este
modo la permanencia del personal nece¬sario para todo el tiempo.
II
Los proyectos de fomento del Sr. R. 6. Ward en las tierras
de Zapata, alcanzan un alto grado de desarrollo económico y abarcan el
establecimiento de diversas industrias complemen¬tarias entre sí. No sólo se
limita a producir azúcar corriente,
Ked de canales principales
sino a refinarla y .exportarla directamente por Cochinos; se
aprovecha el bagazo en la fabricación de pulpa de papel y ex¬tracción de fertilizantes
para abono de las tierras d.e caña; fo¬menta y cultiva el henequén en sus
diversas aplicaciones indus¬triales, y los potreros que siembra en las tierras
pedregosas, mantienen el ganado necesario para los fines agrícolas, y las
necesidades de abastecimiento ds carne para el enorme pueblo obrero necesario
en las diversas faenas de Zapata en fomento. Las frutas, legumbres y vegetales;
d pescado de sus mares ad¬yacentes, y los moluscos, solucionan el problema de
las subsis¬tencias en toda la cuenca.
Este magno plan queda complementado introduciendo en el
problema de fabricación y refinado del azúcar, una mejora tan notable que
revoluciona los principios adoptados en Cuba hasta el presente. Siguiendo .si
actual sistema, sería necesario crear en Zapata, para moler la caña que sus
tierras pueden producir un número determinado die ingenios, cada uno con su
planta completa y personal independiente; cuyos productos transpor¬tados a la
Bahía de Cochinos por ferrocarril, harían posible la extracción y exportación
de sus azúcares.
El plan del Sr. Ward consiste, en crear un cierto número de
plantas moledoras de caña en el campo, donde exclusiva¬mente se ejecutarán las
faenas de la molienda, defecación y co¬cinado del jugo, bombeándose luego todo
el producto por medio de una tubería a la planta central, establecida en la
Bahía de Cochinos, lugar donde únicamente se fabricará toda el azúcar y su
refinado para la exportación.
Comparando las ventajas e incovenientes de manufacturar
azúcar blanca y granulada en los Centrales (sistema actual) y en el puerto solo
(sistema Ward), manifiesta su autor lo que sigue:
“Si comparamos ambos sistemas podemos llegar a la
conclu¬sión de que por el primer procedimiento actualmente en prác¬tica, se
obtiene la aparente ventaja de evitar el recalentado d“l sirope, que requiere
el otro sistema, y puede utilizarse así mismo el bagazo como combustible en la
propia industria. Estas dos ventajas son compensadas en cambio con creces, si
pensamos que ese bagazo empleado en otra forma sería más productivo, «obre todo
teniendo en cuenta que nunca es el suficiente, ne-
«esitándose en cambio combustible adicional en las
necesidades de toda zafra. Si tenemos en cuenta que ni la leña, el carbón o el
aceite, pueden utilizaras en las circunstancias presentes como combustible
económico en fornallas construidas para quemar bagazo eficientemente, fácil
será comprender la nulidad del argumento”.
“Según el criterio de las más altas autoridades en la
mate¬ria, la madera del álamo y el bagazo de la caña de azúcar son casi
idénticos como productores de pulpa de papel; se requie¬ren 2 cuerdas de 6,400
libras de madera a un precio de $8.00 cuerda, para hacer la tonelada de pulpa,
que cuesta en con- -diciones normales, unos $35.00 y vale cerca de $60.00 por
tone¬lada ; 3 toneladas de bagazo serán suficientes para hacer 1 tone¬lada de
pulpa que tendrá un valor ño menor de $5.00 por to¬nelada .entregada en el
Puerto de Cochinos”.
“Moliendo 200 toneladas diarias por tándem, se obtendrán
sobre 500 toneladas de bagazo, el cual se consume en el campo como combustible
con el sistema en uso; con el plan propuesto, por lo menos 200 toneladas
diarias, o 20,000 toneladas anuales -de este bagazo podrán emplearse en la
fabricación de la pulpa de papel para lo cual ha existido siempre gran demanda
sin que hubiera existencia”.
“Las 30 plantas de molinos proyectados, proporcionarán un •
excedente no menor de 500.000 toneladas y posiblemente
750.0 toneladas de
bagazo anuales; estas podrán ciertamente aer vendidas en una cantidad mayor que
la que representa el costo de carbón necesario para operar la refinería y
planta de azúcar”.
‘ ‘ Bajo el sistema actual de fabricación de azúcar, cada
moli¬no extrae 25,000 toneladas de azúcar y 5000 toneladas de me- lasas por
año, produciendo y necesitando cerca de 30,000 tone¬ladas de carga que debn
trasportar los ferrocarriles al puerto. Bajo el sistema propuesto, es bombeada
al puerto toda esa ma¬teria y .el exceso de bagazo que alcanza cerca de 20,000
tonela¬das debe ser transportado, lo que indica un ahorro en fletes de
10.0 toneladas
por molino o un total de 300,000 toneladas .anuales”.
“El bagazo acarreado es una nueva fuente de ingresos, y
puede utilizarse muy bien en la fabricación de barriles,
cajas y sacos dé embase para la propia azúcar exportada”.
“Una tonelada de bagazo proporciona aproximadamente:
700 libras de pulpa.
300 „ fertilizante aprovechable en abono.
4 galones de alcohol de 96 grados.
-teniendo en cambio un valor pobre como combustible, pues
com-parándolo con el carbón y el aceite, tiene:
5,780 B. T. U's, 13,500 ,, „ „
el bagazo el carbón el aceite
16,500 „ „ „
“El tonelaje aproximado del plan del señor Ward es como
sigue:
7.500,000
750.000
150.000
600.0 250,000
CaSa
Azúcal
Hieles
Bagazo sobrante . Combustible y cal
pudiendo fabricar en condiciones normales la libra de
azú¬car cruda a 1.45 libra, mientras actualmente en las propias con¬diciones
cuesta 1.65 centavos; y, la refinada a 1.67 contra 1.85 centavos.
El porvenir de la región de Zapata no puede ser más hala- ■güeño, lástima grande como décimos al final del Prólogo, que
no sean los propios cubanos los fomentadores y haga falta con¬seguir capital extranjero, para esta Empresa, la más
productiva ■que en Cuba
puede hoy existir.
INDICE DE MATERIAS
CAPITULO I
“LOS TIEMPOS GEOLOGICOS EN ZAPATA”.—I Cuenca y Pe¬nínsula de
Zapata.—II Ligazón Continental de Cuba.—III Los estudios 'Geológica en Cuba.—IV
Geología de la Cuenca.—V El Suelo de Zapata.—
VI Las
Cuevas Prehistóricas de la Península.—VII El gran abismo del Tesoro.—VIII
Hidrografía de la Cuenca.—PREHISTORIA.—I La Pre¬historia Guajira.—II
Prehistoria Cubana.—III El hombre Paleolítico "Cubano.—IV Leyendas
Cosmogónicas Antillanas.
CAPITULO II
“LOS TIEMPOS NEOLITICOS EN LA CUENCA”.—I El hombre neolítico
de Zapata.—II Los Kiokemodingos de Santa Teresa.—II Los ■Caneyes (Mounds) de muertos.—IV
Estudio de los Caneyes.—V El Indio constructor de los
Caneyes y su cultura.—VI El poblado lacustre del
"Tesoro.—Leyenda del Manjuarí.
' CAPITULO
m
# r
“EL INDIO CUBANO DE LA CIENAGA DE ZAPATA” por el "Dr.
Luis Montané, Catedrático de Antropología de la Universidad “Nacional.
CAPITULO IV
“LOS TIEMPOS PRE COLOMBINOS DE ZAPATA”.—I El con¬junto
etnológico antillano y su influencia en Cuba.—H La familia Ara- •waca.—M La
nación Carina.—IV Emigraciones, guurras y conquistas 'indígenas en las
Antillas.—V Los Tainos.—VI Los llamados Siboneyes.—
VII Diversas
culturas antillanas.—VIII Los cacicazgos de la Cuenca
de Zapata: Cubanaean, Sabaneque y Yaguaramas.—Leyenda de
Haya- boque. '■
CAPITULO V
“Los TIEMPOS HISTORIOOS EN LA CUENCA”.—I El Colón de- la
leyenda por las tierras de Cubanacán.—II El Areito Igi Aya Bombé- y la
eonquista.—111 Los pueblos indios de Cuba durante la invasión de Narváez.—IV
Cubanacán, Hanamana, Jagua y Yaguaramas.—V La» encomiendas en la cuenca:
Zapata, Conchillos y el Gobernador Veláz- quez.—VI Los primeros años de la
colonia Juana en la cuenca de Za¬pata.—Leyendas Indígenas. -
CAPITULO VI
“LA PROPIEDAD TERRITORIAL EN ZAPATA”.—I Las Ha¬ciendas
nómadas de la cuenca.—H Cómo nacieron las mercedes de tie¬rras.—III Los centros
poblados de la Broa, Cochinos y Jagua.—IV Et triste sino de la Hacienda Zapata
y la transfiguración de la Hacienda. Ventura.—V Los sueños de expansión
territorial de los actuales terra¬tenientes de Zapata.—Leyenda: El legendario
Tata Lechuzo y sus des¬cubrimientos.
CAPITULO vn
“LA RIQUEZA FORESTAL DE LA CUENCA”.—I Los primiti¬vos montes
cubanos.—II Supersticiones forestales cienegueras.—III Loa- montes cubanos
durante la Colonia.—IV Perjuicios que ha originado- la despoblación forestal en
la vertiente norte de Zapata.—V lia forma¬ción de la 'gran ciénaga como
consecuencia de la tala de los montes eifc la vertiente norte.
CAPITULO VIII
“TIEMPOS DE PIRATERIA”.—I El monopolio mercantil español’
como origen del corso en los mares antillanos.—II Piratas y Forbantes-
antillano s.—m Bucaneros de la Península de Zapata.—IV La Herman¬dad de los
Demonios de los Mares.—V Los Piratas de Zapata: Diego* Pérez y Girón.—VI Loa
pueblos contrabandistas de la cuenca de Za- pata.—VII Los raqueros de
Zapata.—VIII Los tesoros ocultos.—Leyen¬da del Pirata Inglés de Yaguaramas.
CAPITULO IX
“EPOCAS DE ESCLAVITUDI Recuerdos de la esclavitud en
tf&pata.—II Los primitivos Ingenios de la zona.—ilII El Monte Carloit de
Cuba.—IVLas industrias de la ciénaga; pieles de cocodrilos y plumas de garza
real. - -
CAPITULO X
“SOCIOLOGIA CIENEGUERA.—I La familia cieneguera.—II La mujer
cieneguera.—III El matrimonio en Zapata.—IV Organización so¬cial de los
montunos cienegueros.
. CAPITULO
XI
“EL FOMENTO DE UN GRAN CENTRAL”.—I Viaje a Australia. —II La
vida en el Batey de un Ingenio en fomento.—III Qué es el Central Australia.
CAPITULO XII
“EL FERROCARRIL A TRAVES DE LA CIENAGA DE ZAPATA. —I
Estudios diversos del problema, para cruzar la ciénaga.—II Nues¬tra solución
adoptada.—III Construcción de la Vía.—IV La noche trágica.
CAPITULO XIII
“PROYECTOS DE DESECACION PARA LA CIENAGA DE ZA- PAÍA”:—I La
Zapata Land Company.—II La Comisión de Desecación. —III . Los estudios de desecación.
• CAPITULO
XIV
“EL FUTURO DE LA CUENCA”.—I El problema agrícola.—II El
proceso industrial según los planes del Sr. R. G. Ward en la cuen#a de Zapata.
(8) C. C. Jones.
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