Americo Vespucio, el viaje de 1501-1502, Roberto Levillier

 ROBERTO LEVILLIER

AMERICO VESPUCIO

EL VIAJE DE 1501 - 1502  BUENOS AIRES 1962

Homenaje a su memoria en el 450° aniversario de su muerte.

Roberto Levillier

NAVEGÓ SIN PERDER DE VISTA NUESTRA COSTA HASTA 50° SUR

Estos comentarios tratan de la hazaña náutica atribuida a Vespucio en el descubrimiento del Plata y la Patagonia. Ofrecí en 1948 constancias del hecho dando acaso insuficiente valor a los testimonios escritos. En 1951, describí con más detalles las cartas de Vespucio 2. Desde entonces, he segui­do investigando, en varias oportunidades, en bibliotecas y archivos de Lon­dres, Florencia, Venecia, Madrid y Nueva York. Encontré nuevas referen­cias relativas a Mundus Novus 3, leí tratados de cosmografía del primer tercio del siglo xvi 4, y conocí globos y mapas recientemente encontrados 5. Antes de publicar estas nuevas constancias y porque el tema es de interés público, me es grato evocar ante los lectores de esta revista de alta cultura, los primeros contactos de las Españas con nuestras costas australes.


Los descubrimientos se inician desde España por el rumbo del Oeste, audazmente abierto por Colón. Ocho años después, Cabral topa —al des­viarse de su ruta a la India Oriental— con una isla o tierra firme que lla­ma de la Vera Cruz. Vespucio, a los dos años, la recorre más largamente y la proclama de un continente. La odisea náutica prosigue y alcanza su apo­geo emocional con Magallanes, gracias a cuya tenacidad cierra El Cano el círculo en el cual ha envuelto España a la esfera.

1                                                                          América la bien llamada.     Buenos Aires,  t. II,    C. Kraft, 1948.

2                                                                          El Nuevo Mundo. Cartas relativas a sus viajes    y descubrimientos. Editorial Nova,        1951.

Prólogo de R. L.

3           Véase el Boletín del Instituto de Historia, de la Facultad de Filosofía, el estudio sobre­dicha carta. Abril-Junio 1956, ps. 6-113.

4           Leí los autores aquí mencionados, casi exclusivamente en el Museo Británico y en la Biblioteca Nacional de Madrid, donde el eminente Padre José López Toro, de la Real Aca­demia de la Historia tuvo a bien traducir del latín los extractos de las obras que menciono en estas páginas.




1492-1522


Esos treinta años: 1492-1522, son únicos en la historia, por la temeri­dad de los marinos, la fragilidad de sus naves, la escasez de sus instrumen­tos, el espíritu inquisitivo de su voluntad de dominio, su exigencia de ir “Plus Ultra” para saber más; y lo son también por la importancia de des­cubrimientos que originaron nuevas vías marítimas, denunciaron la existen­cia de un continente insospechado y crearon la unidad definitiva de tierras y mares, antes aisladas por la gravitación de leyendas seculares. El mundo fue uno, una el agua, y todo al alcance de la voluntad. Una densa cerrazón se disipó, apareciendo con la nueva claridad constelaciones lejanas, que orientan desde el cielo a los marinos. Esa seguridad, lejos de aquietarlos, acicatea su audacia.


Las Españas se prodigaron como dueñas exclusivas de los rumbos abier­tos; pero los pueblos cultos de Europa, meros espectadores todavía, no per­manecieron ciegos, ni sordos, ni indiferentes a ese impulso vertiginoso del hombre, tan puesto en órbita. Los cosmógrafos y astrónomos, sobre todo los jóvenes, vivían exaltados por las sorpresas del Cosmos. Los cartólogos utilizaban los esquicios de los descubrimientos, los filósofos comentaban la naturaleza de la nueva gente, los geógrafos añadían a Tolomeo, quitaban a Sacrobosco y sopesaban las primicias: efervescencia primaveral traducida en pequeños tratados científicos.


Entre 1503 y 1528, las prensas de Italia, Alemania, Francia y Holanda imprimieron cuarenta y una ediciones de Mundus Novus —la carta más im­portante de Vespucio— en forma de tratado independiente o incluido en colecciones de viajes [5]. En ese despertar del análisis y la intuición, poco fal­taba ya para que Copérnico, Tycho-Brahe, Képler y Galileo, penetrasen nuevos secretos del orbe, y alcanzaran las leyes de los cuerpos celestes.

EL PRIMER VIAJE AUSTRAL DE VESPUCIO Y SUS CARTAS

Es en esas horas de euforia y de fe cuando nuestro estuario, y el cerro que lo realza, reciben el bautismo traído por mar. El descubridor es parco en sus relatos, si bien emite conceptos que revolucionarán la cosmografía de la época. Por marzo de 1502, lejos de la línea equinoccial y frente e nuestra costa, Américo Vespucio resuelve el milenario problema de los an­típodas; al declarar en Mundus Novus: existen y son habitables. Y cuando su proa sobrepasa en más de quince grados la latitud del Cabo de Buena Esperanza —que se creía el punto más austral del mundo— entonces certifica por ocho veces en cinco páginas de la citada carta: éste es un conti­nente. Aclara su pensamiento con esta otra sentencia: es lícito llamarlo mun­do nuevo. Al intuir así el conocimiento de una cuarta parte del globo reve­laba un recorrido de la playa hasta la vecindad de los 50°.


La expedición llevada a cabo por orden de don Manuel de Portugal hacia las tierras del S. S. O. fue para corroborar si el hallazgo de Cabral era de isla o tierra firme, y luego, seguir explorando hasta dar con un paso que llevase por occidente hasta oriente. Vespucio, insistentemente invitado por el rey, había aceptado como una orden el honor de servirle y hubo de ir en calidad de asesor cosmógrafo, acaso de suplente si faltara el capitán mayor, Gonzalo Coelho.


El viaje fue largo y penoso por el mal tiempo, pues las tres naos, que dieron a la vela el 10 de mayo de 1501, recalaron en la vecindad del Cabo San Roque el 7 de agosto; mucha demora para tal travesía. Después de alcanzar en la costa oriental el Cabo San Agustín, en 8o 28', fueron borde- jeando para familiarizarse con las tribus indígenas. Conocieron y bautiza­ron en noviembre, como lo recuerda en la Lettera, en el relato del cuarto viaje, la Bahía de Todos los Santos y no descubrieron, como pensó Varnha- gen, la de Río de Janeiro, dado que no figura en ningún mapa hasta el de Pedro Reinel de 1519-1522 '. Más probable es que el hallazgo fue de Juan Díaz de Solís, a principios de 1516.


El 15 de febrero se produjo una incidencia que ocasionó múltiples con­troversias. Los hechos del viaje se conocen principalmente por cinco cartas de Vespucio, dos de las cuales fueron impresas en su tiempo: Mundus No- vus, en latín, en 1503, dirigida a Lorenzo Pier Francesco de Médicis, en París, que vivía en esa ciudad, y la Lettera, en italiano, en 1505, en Flo­rencia, enviada a Piero Soderini, Gonfaloniero de la República. Las otras tres existen en copias escritas años después, e impresas: la Carta de Lisboa 1502, en 1789; la llamada del Cabo Verde en 1827, y la Fragmentaria [6], descubierta y publicada en 1937. La del Cabo Verde limita su relato a la primera mitad del viaje, o sea hasta su llegada a Bezeneghe (Dakar) donde la escuadra en que iba Vespucio coincidió con dos naves de Cabral, que volvían de la India.


Conviene tener presente una divergencia esencial: Mundus Novus y la Carta de Lisboa, ambas de 1502, pintan el viaje hasta 50 grados S., pegado a la costa. En cambio la Lettera y la Frgmentaria de 1504 consignan que al llegar la armada a 32 grados, se desviaron por S. S. E. arribando después de navegar 500 leguas, a una tierra fría e inhóspita, situada por 50 gra­dos S. ¿Cómo explicar esta discordancia, siendo de Vespucio las cuatro cartas? Interpreto así el hecho.


Ya en la carta de Lisboa J502, poco anterior a Mundus Novus. Ves­pucio había precisado el rumbo y el término del viaje: “Viajamos tanto por esos mares, que entramos en la zona tórrida y pasamos la línea equinoccial por el lado del austro y del trópico de Capricornio, tanto que el polo del Mediodía estaba arriba de mi horizonte 50 grados, y otro tanto con mi lati­tud de la línea equinoccial. . Añade esa altura a la de Lisboa, obtiene

7           En Am. I. b. U., tomo II, p. 76 y siguientes, se encuentran los comentarios sobre el hecho.

90 grados y resume lo andado: “Finalmente fui a la región de los antípo­das, que por mi navegación fue una cuarta parte del mundo; mi cénit más alto en aquella parte hacía un ángulo recto esférico con los habitantes de este septentrión, que están en la latitud de 40 grados, y esto baste. . . ” [7].

Esta palabra: antípodas, tenía vital importancia para los cosmógrafos, pues según fuesen partidarios del sistema heliocéntrico de Pitágoras, o dis­cípulos ortodoxos de los Padres de la Iglesia u otros filósofos, adherían al principio de la rotación o de la inmovilidad de la tierra, y aprobaban la existencia o negaban la posibilidad de creer en antípodas australes. Siendo la definición de antípodas: “cualquier habitante del globo terrestre con res­pecto a otro que more en lugar diametralmente opuesto”, y habiendo reve­lado Vespucio su paso por una región austral opuesta al Septentrión, causó su noticia honda impresión; era el fin de una controversia de siglos. La extensión del viaje hasta una latitud jamás franqueada, como era 50 gra­dos S., emocionó aún más.

Vespucio la repite en su Mundus Novus del mismo año 1502: “Convi­nimos navegar siguiendo el litoral de este continente hacia oriente y no per­derlo nunca de vista. . . Siguiendo esta playa, tan largo tiempo navegamos que pasado el trópico de Capricornio encontramos el polo antártico en su horizonte m&s alto de 50 grados. Contraría la idea de los antiguos de que las tierras australes fuesen inhabitables, diciendo: “esta opinión es fal­sa y totalmente contraria a la verdad; lo he atestiguado con esta mi última navegación, ya que en aquella parte meridional, yo he descubierto el conti­nente habitado por más multitud de pueblos y animales [que] nuestra Eu­ropa o Asia o bien Africa. . . ”. Y no pasa a la ligera sobre esa noción con­tinental; la reitera en varias partes de su carta: “plugo al Altísimo mostrar ante nosotros el continente y nuevos países y un otro mundo desconocido”. A poco andar conocieron “que aquella tierra no era isla sino continente por­que se extiende en larguísimas playas que no la circundan. . . ”.

La altura alcanzada de 50 grados, exaltó a los cosmógrafos, dio popu­laridad universal a la carta y difundió la noticia del descubrimiento; pero a los dos años surgió una variante que rebajó la hazaña.

En 1502 había referido Vespucio, a su patrón y amigo, Lorenso Pier Francesco de Médicis, el resultado de su viaje y la importancia que atribuía al hallazgo. Destacó lo trascendente, que con toda espontaneidad dedujo de lo acaecido, y su carta salió de Lisboa sin que la leyera don Manuel, es decir, sin censura. En cuanto a la Lettera, escrita dos años después a Piero Soderini, jefe del Estado de Florencia, cuando ya había muerto el Médicis y corrían impresas las extraordinarias noticias dadas por Mundus Novus, es verosímil que el rey de Portugal quiso utilizar a esa carta y a la Frag­mentaria para disimular que las carabelas lusitanas habían traspuesto el límite de 24 a 25 grados, violando así las prescripciones del Tratado de

Tordesills. No quería que su suegro dedujese de Mundus Novus, que la es­cuadra lusitana había penetrado muy dentro de la esfera española. Unas cuantas leguas, pase ¡pero cuatrocientas!. . • La latitud de 50 grados pre­ocupó a los consejeros de don Manuel y se sentiría en Lisboa, después del éxito mundial, inmediato, de Mundus Novus, la necesidad de echar arena sobre sus llamas provocativas.

En cambio, la Lettera refiere que la escuadra abandonó el rumbo cos­tero: “Tanto navegamos hacia el austro, que ya estábamos fuera del trópico de Capricornio (23° 30') donde el polo del mediodía se alzaba sobre el horizonte 32 grados y ya habíamos perdido completamente la Osa Menor y la Mayor estaba muy baja, y apenas aparecía en la línea del horizonte”. Esa coordenada es el eje en torno al cual giran las carabelas, al alejarse de la costa.



 


a)              Interpretación del viaje de 1501 - 1502 relatado por Vespucio en la Carta de Lisboa de

1502 y en Mundus Novus de igual año. El itinerario es costero hasta 50° S.

b)              Interpretación del viaje de 1501 -1502 relatado por Vespucio, en la Lettera y la Fragmen­taria de 1504. El itinerario costero se corta en 32°, recorre 500 leguas por S. S. E. y

regresa a la costa. El puntillado señala una variante


más seguras que existen de la presencia de Vespucio en la Patagonia. En 44° proclama Magallanes que hasta allí estuvo Vespucio y que por lo tanto él ha de ir más lejos antes de volver. ¿Puede dudarse, con esta fiereza del orgullo, que el viaje del florentino fue hasta esa región y esa tierra?


Quienes esto lean, acaso se sorprendan de que me alargue en una di­vergencia, al parecer nimia, entre Mundus Novus y la Lettera; pero debo hacerlo para suministrar elementos de juicio, pues lo que se ha dado en llamar el problema de Vespucio, es principalmente ese desvío en 32°, mucho más importante de lo que se suele pensar a primera vista. Si las carabelas hubiesen alterado su ruta para rumbear hacia el océano, estando en la costa en 32°, no se habría descubierto el Plata, entre 341/9 y 36°, ni la Patagonia que empieza por 41°. En cambio, al seguir la costa hasta la vecindad de 50°, los nombres que figuran en el Plata y al sur, en los mapas, des­de 1502, patentizan que son de esa fecha, como la expedición, o bien ante­riores. Ruego al lector excusar que para guiarlo por ese laberinto, ponga a prueba su paciencia. Y por ahora sólo trataré de testimonios escritos.

TESTIMONIOS COETÁNEOS DE DIPLOMÁTICOS Y NEGOCIANTES

Existen alusiones antiguas de gran calidad acerca del verdadero rumbo del viaje descripto por Vespucio en Mundus Novus y todas confirman el largo itinerario por S. S. O. Otros comentarios señalan después el anhelo de don Fernando y de Vespucio de descubrir, costeando lo más lejos posible el litoral, un paso que permitiese llegar a un segundo océano, y por él, a las Molucas. Salvo estos últimos, los demás son de diplomáticos o de agen­tes cuya tarea esencial era lograr verdades y comunicarlas a su soberano, o a su casa de banca. Esos negociantes en especias y piedras preciosas, esta­ban duramente afectados por la creciente preponderancia de Portugal en el Océano Indico, y tanto Venecia como Florencia y Génova, necesitaban noti­cias, sobre todo de tipo secreto. Para que los informantes reportasen algún beneficio a su mandante y a la república, era indispensable que se basasen en relatos ciertos. Y éstos subsisten, principalmente en los archivos de Venecia, Florencia y Sevilla.


Los Diarii de Marino Sanuto, en el Archivio di Stato de Venecia, son fuente abundante y fidedigna de historia europea de principios del siglo xvi. Allí, en los tomos iv y vi se encuentra correspondencia diplomática, por cierto divulgada ya. El 12 de octubre de 1502, el embajador Pasqualigo, envía a la señoría de Venecia, desde Zaragoza, una carta de Juan Francisco Affaitato, del 10 de septiembre de 1502. En ella comunica que “las cara­belas enviadas el año pasado para descubrir la tierra de los papagallos o sea Vera Cruz (Brasil) han vuelto el 22 de julio y el capitán declaró haber descubierto más de 2.500 millas (600 leguas) de costa nueva sin encontrar el fin de esa costa”. El capitán era Gonzalo Coelho. Vespucio volvió en septiembre.


El término costa nueva merece atención, pues significa que las leguas habrían do contarse desde lo descubierto antes de dicha expedición, o sea desde Monte Pascual y Puerto Seguro, por 17°, escalas de Cabral en 1500. Las 2.500 millas de costa nueva, o sea 600 leguas, equivalen a 31 grados a razón de 17J/9 leguas por grado geográfico. Sumados éstos a los 17° antes alcanzados, forman un total de 48°, que mucho se acerca a los 50° declarados en Mumlus Novus. Esta distancia coloca el término del periplo, en Patagonia, no por el Océano o en una isla. . .


Piero Rondinelli se dirige desde Sevilla a la señoría de Florencia el 3 de octubre de 1502, dándole noticias de Américo Vespucio en esta forma: “Américo Vespucio regresará en breve aquí, el cual ha soportado hartas fatigas y sin provecho, pues ciertamente merecía más que lo ordinario, y el rey de Portugal ha arrendado la tierra que él descubrió a ciertos cristianos nuevos”. Esta comunicación confirma que se trata del viaje de 1501-1502,

Restablecimiento de los topónimos de acuerdo con itinerario de Mundus Novus y la confrontación de la cartografía.

pues a raíz de sus descubrimientos, el soberano resolvió, efectivamente, realizar otro viaje: el de 1503-1504 para el cual contrató con Noronha el arrendamiento “a cristianos nuevos”, de la tierra descubierta en el litoral.
Valentín Fernández, notario de Lisboa, firmó en 1503 un acta oficial, certificando el envío de un cocodrilo o yacaré a Brujas. Ese documento, después de describir el viaje de Cabial de 1500 agrega:

Después de dos años, otra escuadra armada por el mismo Christianísimo Rey (de Portugal) destinada a ese fin, habiendo seguido el litoral de esa tierra casi 760 leguas, encontró en esos pueblos una sola lengua, bautizó muchos y avanzando hacia el sud, llegó a 53° de altura del polo antártico, y habiendo hallado grandes (ríos en el mar, volvió a la patria.

Este acta notarial corrobora el viaje por S. S. O. No dice dónde empiezan las 760 leguas, pero se deduce, al declarar catgeóricamente, que la expedi­ción siguió el mismo litoral conocido por Cabral. Esa cantidad llega muy al sur del Plata, pues según Enciso y Oviedo, la distancia del cabo San Agustín (8o 28'), al río de la Plata (341/9 —36°) era de 600 leguas. Mani­fiesta al final que los informes le fueron dados por los propios pilotos y capitanes de los barcos que hicieron el viaje, confirmando así el rumbo, tal cual se lo consigna en Mundus Novus. 53°, es probablemente errata por 50°.

Desde España seguían también los diplomáticos de Venecia los movi­mientos de Vespucio. Siendo, en 1506, rey consorte de Castilla, Felipe el Hermoso, fue Américo a Burgos primero y a Zaragoza luego para entrevis­tarse con él, en preparación de un viaje; pero murió el joven soberano en setiembre, y todo se paralizó.

En 1508, el embajador Córner escribió varias cartas a Venecia acerca de los viajes proyectados por Vespucio entre ellas ésta del 18 de julio que termina diciendo: Américo “e per andaré a provedere di buone navi a Bi- scaglia, le quale tutte par le vuol fare investire di piombo et andar per via de ponente a trovar le terre che trovano Portoghesi navegando per levante, et partira infallanter questo marzo. Nec alia”. Tal era el viaje que VesDU- cio intentó en 1501-1502, reiteró en 1503-1504, y no pudo realizar en 1508; pero el rumbo fue siempre el mismo: “andar por vía de occidente para descubrir la tierra que los portugueses hallaron navegando por oriente12.

La alteración del viaje de 32° tenía evidentemente por finalidad erigir un biombo para disimular el Plata, y alejar a todo lector de la verdadera ruta seguida por la flota. Sin embargo, convenía justificar tan extraña de­cisión, y la explicación la inventa también la Lettera: “fue porque no había minas”. El pretexto es inverosímil. Cuando nadie pesaba sobre la volun­tad de Vespucio, escribió en la carta de Lisboa de 1502: “Porque fuimos con el propósito de descubrir, y con tal orden partimos de Lisboa y no de buscar provecho...'”. Esta espontaneidad de 1502 basta para anular la ficción de 1504.

Tampoco es aceptable que por no encontrar “minas” en tierra, acor-

12 Estas citas son muy conocidas, desde que las publicara en 1893 la Raccnlta Colom­bina, pero originariamente las registró Marino Sanuto en sus Diarii.

claran “ir a explorar el mar”. ¿Con miras a qué? Salvo que salieran a cazar ballenas azules, no se ve qué otro “provecho” pudiesen hallar en el desierto desesperante del mar austral. Estas explicaciones son ardides y sólo pueden atribuirse a quien busca excusas capaces de poner a salvo la razón de Estado.

COMENTARIOS DE COSMÓGRAFOS DEL SIGLO XVI

Para dar una idea de la fuerLe impresión sentida por cosmógrafos y estudiosos del tiempo, mencionaré algunos tratados de comienzos del si­glo xvi, del Museo Británico, escritos en latín o en alemán. Hice copiar y traducir muchos, que divulgaré oportunamente. Representan, en suma, la opinión pública universal sobre Vespucio, sus viajes y sus conceptos y ofre­cen el interés de la sensación espontáneamente expresada. Además, son casi todos inéditos en castellano.

Matías Ringmann, filósofo alsaciano, formaba parte del grupo de cos­mógrafos y humanistas de la Academia de San Dié, en Lorena, a quienes se debe la traducción latina de la Lettera de Vespucio, la Cosmographia Introductio, y el mapa famoso de Waldseemüller de 1507 con el nombre de América. Este profesor de la Universidad de Basilea, fue el primero en expresar públicamente su admiración por los viajes y las ideas del floren­tino. En la edición alemana de Mundus Novus publicada en Estrasburgo, en 1505, con el nombre de De Ora Antárctica insertó como prólogo una epístola suya a su amigo Jacobo Bruno. Este párrafo interesa:

Nuestro Virgilio lia cantado en su Eneida, que más allá de los astros que sigue el sol en su ruta anual, se extiende una tierra donde Atlas sostiene sobre sus hombros el eje del mundo de estrellas brillante?. Si alguien lo ha dudado hasta ahora, dejará de hacerlo leyendo con atención lo que Alberico Vespucio, hombre de gran espíritu y no menos experiencia, ha relatado sin ficción alguna de un pueblo que habita en ol sur, casi en el polo antártico.. Más lejos, dice: “¿para qué más? El opúsculo de pequeño tamaño, de Américo, contiene la descripción del lugar y las costumbres de ja gente descubierta.

Martín Waldseemüller, dedica en 1507 la Cosmographia Introductio al emperador Maximiliano. En ella se lee:

Ocurrió que al reunir para mi propio trabajo con la ayuda de algunos amigos los libros de Tolomeo, colacionándolos con el texto griego, me propuse añadir un estudio sobre los cuatro viajes de Américo Vespucio. He preparado para el uso común de los estu­diantes como introducción preliminar una figura de la tierra representada en superficie plana, y otra en forma de globo y he resuelto dedicarlo a Vuestra Magestad que sostiene e.n la mano el imperio del mundo... En el globo que acompaña el planisferio nos hemos conformado a la descripeción de Vespucio...

Juan Stamler, publicó en Colonia, en 1508, una obra entre drama y comedia titulada: Dyalogus. En una carta a modo de prólogo, dirigida a Tin amigo, dice: “no menciono las islas nuevamente descubiertas, pero sí a

Cristóbal Colón el descubridor de un mundo, y a Alberico Vespucio a pro­pósito del descubrimiento del nuevo mundo a quien nuestro tiempo está particularmente obligado. Fíjate que tratado te mando”.

Ruysch, célebre cosmógrafo alemán y cartógrafo, se asoció a fray Mar­co Beneventano, para producir en 1508 un Tolomeo en el cual tomaron en cuenta los descubrimientos de nuevas tierras. El interés de esta obra, fuera de su mapa, se encuentra en esta anotación al pie del mismo: “los nautas portugueses han examinado esa parte de la tierra y alcanzado el grado 50 de la elevación del polo antártico sin encontrar su fin austral”. Evidente­mente los autores se refieren al viaje de 1502. Lo importante es que repiten la alta latitud indicada por Vespucio en su Mundus Novus, pues teniendo entonces todos los medios para informarse, la dan resueltamente por va­ledera, en tierra y, sin encontrar su fin austral.

Gruninger, famoso editor, publicó en Estrasburgo en 1509, una reedi­ción de la carta de los cuatro viajes de Vespucio en latín, con el título de Globus Mundi. Es la versión errónea que dio lugar a las protestas de Las Casas y más tarde a las de Herrera, Solórzano, Santarem y Navarrete. Re­produzco parte de su título para que se observe la importancia acordada a la cuestión de los antípodas:

El Globo del Mundo. Es posición o descripción del mundo y de la esfera terreetre construida como globo redondo, semejante a una esfera sólida por la cual todo hombre, aun de modesta cultura, puede ver con sus ojos que existen antípodas, cuvos pies re oponen a los nuestros... así como muchas otras cosas relacionadas co.n la cuarta parte de la tierra recientemente descubierta por Américo.

Jorge Tanstetter, editor alemán, publica en 1514, en Viena, el Liber Cosmographicum de Alberto el Grande, y al comentar la obra de este pen­sador, que fue llamado el príncipe de los filósofos, exclama: “Su conclu­sión es que más allá de la eclíptica, en 50° de latitud, era habitable esa región que Vespucio en sus viajes de años pasados descubrió y describió”. 50° de latitud, siempre 50. . . ¡Jamás 32!. . .

Humboldt comenta esta frase diciendo: el editor “se siente tan mara­villado ante las suposiciones de Alberto el Grande sobre las tierras del he­misferio austral, habitado hasta 50° de latitud, que reconoce en ellas una profecía cumplida por la navegación de Américo Vespucio”.

Joaquín Van Watt, estudioso suizo que tomó el seudónimo de Vadiano, se consagró desde joven a la cosmografía y en consecuencia tomó interés en las revelaciones de Vespucio. En una conocida carta suya, de 1514, a su amigo Rodolfo Agrícola, evoca la doctrina de San Agustín sobre los antí­podas comparándola con las teorías de Macrobio, Lactancio y otros filó- sfos. De paso alude con entusiasmo a Vespucio, cuyo viaje hasta los 50°S, había actualizado el problema de*los antípodas.

Juan Stoeffler publicó en Tubinga, en 1534, un libro titulado In Procli Diadochi, etc., pero siendo desde 1518 el tema de sus clases, a esa época deben retrotraerse sus conceptos. Era contemporáneo de Martyr de Angle- ría, que al tanto de las navegaciones de ultramar y de las cartas de Ves­pucio, escribía por 1515: “En adelante se conocerán los antípodas, como conocemos nuestra propia casa”. Stoeffler disculpa a San Agustín: “Vivía en un siglo de ignorancia; si hubiese vivido en nuestra época, si se le hu­biese enseñado lo que sabemos hoy, esto es, que el continente se extiende sobre un largo de 180° y que en ambas extremidades viven hombres, jamás hubiese negado los antípodas. .

Pedro Apiano, acaso el más conocido de los cosmógrafos de esa época, publicó en Viena en 1520, un planisferio que fue insertado en una obra de Juan Camert. El título rezaba así: “Descripción de todo el mundo, prepa­rada de acuerdo con la enseñanza de Tolomeo el cosmógrafo y los viajes de Américo Vespucio y otros”. Estaba bien informado, y en el continente meridional incluye esta nota: “Año 1497, tierra firme con islas aydacentes, descubiertas por Colón, genovés, por mandato del rey de Castilla”.

Mateo Shamotulien, cosmógrafo polaco, publicó en Cracovia en 1522 un libro de comentarios a la Sphera Mundi de Sacrobosco y en él se ocupa de los descubrimientos marítimos. Algunos de sus párrafos son de notable precisión:                                                                                                                                         ;

Los hombres de nuestra época que con más exactitud han recorrido la Tierra, como Américo Vespucio con sus compañeros en las 4 navegaciones que realizó, entre el año 1497 y el de 1504, por cuenta de los reyes Fernando de Castilla y Manuel de Portugal, descubrieron que la mayor parte de la tierra era desconocida de los antiguos...

Recuerda las diferentes regiones del globo, y luego agrega: “A éstas empero se les ha añadido hace poco una cuarta que se extiende en una vastísima amplitud por el océano ocidental. Llámanla América, por haber sido Américo su descubridor, mas, vulgarmente, se le dice el Nuevo Mundo”.

Tomás Aucupario, conocido cosmógrafo, escribió en 1522 un prólogo a los Comentarios puestos por Lorenzo Friess a la Geografía de Tolomeo. De él desprendo estas líneas:

De un aprecio no inferior son dignos quienes después de Tolomeo, llegaron con increíble agudeza de ingenio a nuevos descubrimientos de tierras e islas. Debe celebrarse entre todos ellos, en primer lugar y con honras no comunes, al ilustre Américo Vespucio, famoso y noble descubridor, visitante y primer huésped de la Tierra de América, «jue ahora llaman América, nuevo mundo o cuarta parte del mundo.

Terminamos esta enumeración con la obra de Francesco Giuntini sobre La Sphera de Sacrobosco, publicada alrededor de 1530. Se refiere a los progresos recientes de la cosmografía y dice:

Américo Vespucio fue pues un noble florentino, perito en astronomía y excelentísimo en disciplinas matemáticas. Qué cosa diré, más agradable de ser conocidos que los nacimientos de los astros en los respectivos momentos de las horas, y los ocasos, tanto rectos como oblicuos, e igualmente los puntos de nacimiento o de ocaso de los res­pectivos astros de los cuales depende el conocimiento... de la longitud de las regio­nes y de las ciudades... En estos temas, nuestro Américo fué bastante versado y po­demos con razón contarlo como el primero entre los pilotos del océano.


LA CARTOGRAFÍA CORROBORA EL VIAJE HASTA 50°

Los testimonios cartográficos constituyen elementos probatorios fun­damentales, y son además muy concretos. Estudiándolos directamente en el original en Europa, o en reproducciones, y clasificándolos en familias, lle­gué en 1948 a establecer la relación de cada viaje con los mapas que de él derivan. Es relativamente fácil vincular un itinerario a la nomenclatura cartográfica que corresponde, pero si se hace con insuficiente información, puede determinar errores capaces de desorientar a varias generaciones. Así por ejemplo, Yarnhagen, fiado de la Lettera para la reconstrucción del viaje de 1501-1502, sostuvo en 1854 y 1865, que las carabelas se dirigieron mar afuera desde 32°, navegaron 500 leguas por S.S.E. sin ver más que agua, y dieron con la Georgia del Sur 13. Tuvo el respaldo de comentaristas que como Madero, Hugues y Fiske 14, respetaron su autoridad, sin verificar la verosimilitud de tan insensata carrera. No existen relatos de pilotos infor­mes o mapas coetáneos en los cuales apoyar tal conjetura, y al revés, los documentos conocidos le son contrarios. Esas islas no empiezan a figurar en la cartografía hasta fines del siglo xvn. Además, Duarte Leite ha for­mulado la objeción técnica de que ese recorrido oblicuo, habría sido de 700 leguas hasta 52°, no 500. Y la Georgia austral se encuentra entre 54° y 54° 50', de manera que la distancia era aún mayor lo.

Dos de los primeros cartólogos del siglo pasado, los profesores Kunst- mann y Kohl interpretaron en 1859 y 1860, respectivamente, la toponimia de los mapas del mundo austral, de acuerdo con el itinerario de Yarnhagen y estimaron por lógica que habiendo zarpado la escuadra mar afuera, desde 32 grados, todos los nombres indicados en la costa no podían pasar de esa latitud y pertenecían a la jurisdicción del Brasil, aun cuando parecieran fi­gurar en una altura más austral.

El daño era un hecho e incluye a Vignaud, en 1917. Los autores que en otro trabajo analicé, trataban en realidad de temas distintos y no qui­sieron gastar tiempo en investigar en los documentos y la cartografía, a pesar de enriquecerse ésta continuamente en el siglo xx. Les pareció más práctico arrimarse a los maestros como a un buen refugio, contra la crítica futura. Salvo una que otra excepción, no alteraron el itinerario de Varnha- gen, más que en la última etapa. Algunos, ajustándose a la Lettera, no qui-

Historia Geral do Brasil, 1854, y Américo Vespucci, 1865. Trigoso, de la Academia de Ciencias de Lisboa, cr<;yó como Humboldt que después de navegar las 500 leguas por SSE. volvió Vespucio empujado por los vientos a la costa de Patagonia. Groussac fue de igual parecer, todos sin más base que la imaginación... y el error de seguir el itinerario capcioso de la Lettera.

14         En Am. I. b. II. quedan comentadas las tesis de estos y otros ilustres historiadores y cosmógrafos que prefirieron la Lettera a Mundus Novus. Además tocaron el tema del itine­rario sin ahondar suficientemente en la cartografía. Tomo II, pp. 297-322.

sieron seguir a Varnhagen, y consideraron que los barcos, después de reco­rrer 500 leguas en el océano, fueron impulsados por un viento huracanado hasta una costa desconocida. La actitud general fue similar ante los mapas; y los nombres unánimemente juzgados de la jurisdicción del Brasilie.

Alberto Magnaghi fue el primero, en 1924, en ajustarse a la caita de Lisboa 1502, que él prefirió a Mundus Novus, si bien ambas señalan idén­tico rumbo, y predomina la segunda, por conceptos sin precedente que pro­vocaron el entusiasmo de editores y cosmógrafos y dieron a Vespucio su fama. Él juzga que el florentino no se apartó de la costa, pasó ante el estua­rio del Plata sin entrar en él y siguió navegando hasta 50°, siendo la última escala, la Bahía de San Julián 1T. Luego, en 1929, rectificó algo de los escrito en 1924, y sostuvo que Vespucio había entrado en el río llamado en los mapas, desde 1502, Jordán, y que éste por su forma y su latitud no podía ser sino el Plata [4]. Como bien se sabe, la tesis de Magnaghi, fue seguida por Federico Pohl, Enrique Ruiz Guiñazú, Amando Melón y Tomás Marconde de Souza [5]. Para todos ellos, Vespucio no abandonó la costa y fue su descubridor hasta 50°. No se abocaron al problema de los mapas y su toponimia.

Desde 1940 me dediqué a una nueva pesquisa en la documentación escrita y gráfica y presenté sus resultados en 1948, dando particular relieve a lo que había hallado en los mapas por ser un aspecto menos tratado y conocido[6]. Además resultaba tercera en discordia la cartografía entre las versiones contradictorias de las dos         cartas. Yo no                                                                       dudé    nunca de            que

se    necesitaba de todas las    fuentes para    discriminar y   expresar   la verdad,

pero fié también de que era en los mapas donde residía la lección señera. Hoy juzgo suficientes los ejemplos de configuración de costas y ríos y la presencia y posición reiterada de ciertos topónimos para afirmar que la cartografía concuerda con la enseñanza de Mundus Novus y la Carta de Lisboa. El viaje hasta 50° a lo largo de la costa, fue auténtica hazaña. Germán Arciniegas en su Amerigho y el nuevo mundo [7] lo ratifica.

Si explorar la costa hasta 32 grados, y luego a pura pérdida el océano austral, hubiese sido el miserable premio de la empresa, habría engendrado caritativo silencio o sarcásticas sonrisas. Viaje tan frustrado es inconci­liable con la descripción que Vespucio hizo de lo descubierto en sus cartas de 1502: lo es asimismo frente a los testimonios contrarios de observado­res secretos, lo recusa la cartografía y lo descarta la repercusión de las 40 ediciones de Mundus Novus en las obras de cosmógrafos coetáneos, que sabiendo dónde y cómo informarse, loaron a Vespucio por su extraordi­nario avance y la trascendencia de sus nuevos conceptos. Proclamar la continentalidad del mundo austral y dar la certeza de que en los antípodas era normal la vida del blanco, no podía hacerse sino a base de una insó­lita latitud, alcanzada en tierra habitada.

¿Es ésta la última palabra sobre los hechos de esa época? Ni pen­sarlo. En veinte años de expatriación, Vespucio debe haber escrito a fami­liares y amigos en Florencia. Y así como dio a su jefe, Lorenzo Pier Francesco de Médicis y a Piero Soderini noticias de sus proyectos, actos e ideas, lo seguiría haciendo después desde Sevilla. Entre 1508 y 1512, siendo piloto mayor, estuvo en contacto epistolar con las autoridades espa­ñolas, Felipe el Hermoso y Fernando el Católico. Y las cartas de embaja­dores de Venecia a la señoría, dan a su respecto la impresión de que participó con Juan de la Cosa y Juan Díaz de Solís en viajes que no ha,n sido identificados. Esos papeles descansan probablemente en archivos de España y de Italia o en pueblos sajones que fueron de Maximiliano y de Carlos V°

La conquista del pasado, tarea larga pero fecunda, proseguirá sin interrupción, porque gracias a Corrigenda y Addenda, avanza la historia, dotada de movimiento perpetuo, a la par del tiempo.


5                Se trata del planisferio de Maiollo (1504),       un globo de          Gaspar    Vopell de         1536,

olio, de Waldsseemiiller llamado            de Brixen. de   (circa) 1515, y uno          de   los   primeros ensayos

de planisferio dibujado con husos, de 1506 ó 1507 del mismo Waldssemüller.

Instituto de investigaciones, y también en Anales de ¡a JJniversidad de Chile,                         104, d^ 1956.

15 Duarte Leite, Descobridores do Brasil, Oporto, 1931, pág. 173, “E perfeitamente ¡n- explicavil a ¡navegacáo pelo sueste a cata nao se sabe de que... Um percurso de 500 leguas pelo sueste, comegando em 32° austrais, condiz a 42° e nao a 52° S.”.

16 Ku.nstmann publicó su Atlas zur Entdeckunggeschichte Amerika                      en, Munich, en    1859,

y                        el Profesor Kóhl su Die beiden altestem general Karten von Amerika en, Weimar, en     1860.

Ayudaron con sus comentarios a difundir el erróneo rumbo de la Lettera y de Varnhagen. La repercusión de estos extravíos en la apreciación del itinerario y de los topónimos puede ob­servarse en los grabados C y D.

17    Amerigho Vespucci, 2 vols., Roma, 1924.



[5] El lector encontrará, detalles sobre las distintas ediciones, en el artículo citado del

[6] La Fragmentaria fué traducida y publicada por primera vez en castellano, en El Nuevo Mundo, de la Editorial Nova, 1951.

[7] Véase en El Nuevo Mando las frases alusivas de la carta de Lisboa 1502 y de Mundus Novus relativas al itinerario, y en este artículo, la indicación del mismo y su extensión cos­tera (grabado A).

[4] II planisferio del 1523,                    della Biblioteca         del Re, Firenze, 1929.

[5] Federico Pohl, Amerigo Vespucci Pilot Mayor, New York,                            1944.   Dr.   Enrique     Ruiz

Guiñazú, Proas de España en los mares magallánicos, Buenos Aires, Peuser, 1945. Amando Melón, Los viajes de Vespucio, Madrid, 1946. Tomás Marconde de Souza, Amerigo Vespucci e suas viagens, Sao Paulo, 1949.

[6] Am. I. b. II., tomo II.

[7] Este ilustre historiador y ensayista publicó con éxito su libro                             en Buenos Aires, en

1955 (Sudamericana) y Rizzoli lo tradujo al italiano y lo editó en 1960,                            en Milán.

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